Me cuenta un amigo que en la Italia inmediatamente anterior a Berlusconi se publicó un estudio sobre psicología y corrupción política. Según los doctores que examinaron a los diputados del Parlamento Italiano, aquéllos que estaban limpios, que no habían participado en ningún caso de corrupción, sufrían depresión y ansiedad en grado más o menos notable. ¿Por qué?
La explicación la dio uno de los diputados deprimidos. Si nadie quiere sobornarme ni pedirme favores a cambio de dinero, es que no soy nadie, que no importo nada, que no tengo ni poder ni influencia y pueden prescindir, y de hecho, prescinden, de mí, dijo el señor diputado. ¡Vaya! Qué triste.
Sólo diré, para inquietar a mis amigos lectores, que nuestros diputados no parecen muy deprimidos, ahora mismo. Al contrario, se los ve con mucha ilusión. Qué miedo.
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