Singin'in the rain (Gran Premio del Canadá 2011)

Los aficionados de Ferrari siempre dicen que en Canadá les va muy bien. Que en Canadá esto, lo otro y lo de más allá, ya verás tú. Pues, ya he visto. Qué horror. Este año, no nos comemos un rosco, definitivamente.

Llovió, llovió y llovió, y ganó Button (McLaren). Alonso (Ferrari) quedó fuera de la carrera al subirse a un arcén; las ruedas tractoras quedaron al aire y ahí se acabó todo. Button ganó a Vettel (Red Bull) en la última vuelta, porque el coche de Vettel resbaló. Massa (Ferrari) quedó sexto adelantando en la misma línea de meta, por una cabeza, que dice el tango. El coche de seguridad salió cinco veces a la pista, la carrera quedó interrumpida durante dos largas horas, y Button batió una marca en la Fórmula 1: el ganador que más veces ha cambiado de neumáticos en una carrera (seis).

Así las cosas, que preparen el bólido del año que viene. Si no...

El peso del progreso

Las estadísticas nos dicen que en tiempos de Napoleón, había que gastar el peso de un soldado enemigo en balas para cargárselo. Dígase de otra manera: había que quemar dos mil trescientos cartuchos para darle un balazo que lo dejara para el arrastre.

En 1968, el ejército de los EE.UU. calculó cuánta munición se gastaba para darle a un vietcong. La estadística dijo que causar baja a un enemigo costaba un promedio de 57.000 balazos. Dígase como antes: había que dispararle el equivalente al peso de cuarenta y cinco enemigos para dejarlo fuera de combate.

Progreso, quizá, pero puntería...

Northwest Carbon, la empresa camellicida

Una gran parte de Australia es desértica o semidesértica. Durante años, muchos años, el dromedario ha sido una bestia imprescindible para la colonización y civilización de Australia. Como no había dromedarios en Australia, los importaron. Pero alguien inventó el automóvil y el aeroplano y de la noche al día, zas, el dromedario fue abandonado a su suerte. ¿Y qué hacen los dromedarios abandonados a su suerte? Pues ¿qué van a hacer? Se reproducen.

El asunto de los dromedarios se suma al de los conejos, las ovejas y los canguros, que también se han apuntado al carro. El paso del hombre blanco por Australia ha dejado tras de sí colonias de animales foráneos (y canguros aborígenes) que no hacen más que chingar todo el día.

(Paréntesis. Según la RAE, chingar es importunar, molestar. También, malsonante, practicar el coito. En este caso, chingar vale por una cosa y por la otra. Cerrar paréntesis.)

En éstas, se calcula que cada año nacen más de ochenta mil dromedarios salvajes australianos. La población camellera ya supera el millón doscientos y pico mil dromedarios y la plaga del rumiante afecta a una tercera parte del país.

La plaga, porque el bicho causa estragos. Los aborígenes acusan a los dromedarios de comerse las hierbas medicinales que ellos emplean en vez de la aspirina. Además, se hacen caca y pis en los manantiales. Los ambientalistas también se llevan las manos a la cabeza. Los camellos no tienen manías y devoran lo que se les pone por delante. A la que entran en un parque natural, lo dejan todo patas arriba. Los agricultores europeos, acusan a los camellos de zamparse ellos solitos cosechas enteras de cereales, frutas y verduras. En lo que va de año, han engullido ocho millones de euros de productos agrícolas. Además, se cargan molinos, cercas, depósitos, se comen el pienso del ganado, etcétera. Unos angelitos.

Las compañías de seguros tampoco ven con buenos ojos a los camélidos. Las manadas errantes de camellos australianos causan accidentes de automóvil e invaden las pistas de los aeródromos, y las indemnizaciones por colisión contra un camello ya superan los once millones de euros en lo que llevamos de año. Además, no hace falta que lo jure, una colisión con un camello puede ser muy grave.

¿Qué puede hacerse con el dromedario australiano? ¿Fumigarlo?

Quizás comérselo.

En 2008, los investigadores del Centro de Estudios sobre el Desierto (traduzco el nombre con cierta libertad) organizaron una barbacoa para los parlamentarios australianos y el personal de sus oficinas. ¿El plato principal? La chuleta de dromedario. La intención era promover la industria cárnica camellera. A decir de los gourmets, es una carne muy sabrosa, pero la idea no llevó a ninguna parte.

(Paréntesis. Lo de comerse a los canguros, en cambio... Todavía se recuerda en Sevilla a ése que vendió miles de colas de canguro haciéndolas pasar por rabo de toro. Cerrar paréntesis.)


A lo que íbamos. Este año, una sequía se ceba con Australia. Y los camellos, como cualquier hijo de vecino, salen a buscar agua donde sea. Pero cuidado con un camello sediento, porque puede beberse doscientos litros de agua en una sentada, en un pispás.

Hace unos días, seis mil camellos (repito: seis mil) invadieron el poblado de Kaltukatjara y destrozaron todo hasta dar con los tanques de agua de la población. Los vaciaron. A la que ven un pozo o un abrevadero, lo secan, literalmente. Su número y tamaño envalentona a las bestias, que ya se atreven con las ciudades. Las manadas de dromedarios irrumpen en los barrios residenciales. No son tontos: han aprendido a obtener el agua que acumulan los aparatos de aire acondicionado (hay que romper el aparato para echar un trago) y las piscinas son un dulce que no piensan desperdiciar. En algunos casos, son tantos los camellos que se precipitan a beber que algunos caen al agua y se ahogan. Imagínense el asunto: Charles, ven a ver, que tenemos un camello en la piscina. Pues, sí, querida, y parece que flota.

Hasta ahí podríamos llegar.

El gobierno australiano piensa tomar medidas. No se andan con chiquitas. Ha dispuesto varios helicópteros, unas docenas de agentes rurales, armas automáticas y munición. Los planes del gobierno son tirotear a todo camello que se les ponga por delante y matarlo. Con prisas. Abandonarán los cadáveres a su suerte e irán a por más. Quieren cargarse a cuatrocientos mil camellos, pero deprisa, porque el coste de la matanza costará un pastón al erario público.

Lo peor del asunto es que los expertos dicen que cuatrocientos mil camellos menos no son nada. En un par de años estaremos en las mismas, aseguran.

En este momento del debate surge la empresa Northwest Carbon y propone que le dejen hacer a ella. Northwest Carbon se dedica a comerciar con la reducción de las emisiones de carbono, que consigue, eso dice, gestionando más eficazmente el medio rural australiano.

Como todo el mundo sabe, los camellos se tiran pedos. El pedo es, básicamente, metano. El metano es un gas que provoca el efecto invernadero. Fíjense que una molécula de metano provoca el mismo efecto invernadero que veinticinco de dióxido de carbono. Hagan las cuentas, porque un camello pee, de media, cuarenta y cinco kilogramos de metano al año. Los pedos del camello salvaje australiano suman unas emisiones de efecto invernadero equivalentes a las de 300.000 automóviles que recorran 20.000 km al año.

Northwest Carbon propone el exterminio puro y duro del camello salvaje australiano. Cuenta con helicópteros, vehículos todo-terreno, armas y cuentan con los datos del Proyecto para el Control de Camellos Salvajes en Australia, una organización del gobierno que quiere controlar las manadas de dromedarios por satélite (CamelScan). Northwest Carbon se compromete al camellicidio más brutal de la historia a cambio de poder comerciar con el ahorro de toneladas equivalentes de dióxido de carbono procedentes de los pedos de los camellos y procesar su carne para alimentar perros, gatos y animales de granja.

Parece... ¿inverosímil? Pues sepan que el gobierno australiano está evaluando seriamente la propuesta de Northwest Carbon, para incluirla en el plan nacional para la reducción de gases contaminantes del sector agrícola, plan que obedece a los compromisos de Australia sobre la limitación de gases causantes del cambio climático.

Piensen un poco y verán que hay gato encerrado. Calculen, si no, cuánto metano peen las hormigas australianas... y nadie habla de exterminarlas.

La crisis del pepino (II)

En la fotografía, doña Clara Aguilera, consejera de Agricultura de Andalucía, engulle pepinos delante de la prensa, como si le fuera la vida en ello. Ñam, ñam, en dos bocados desaparece la mitad de la hortaliza... La imagen me da un repelús tremendo, porque un servidor de ustedes no puede con los pepinos. Oler un pepino me provoca bascas; su sabor, arcadas. Y va doña Clara Aguilera y le clava el diente a un pepino crudo, así, tal cual, aquí te pillo y aquí te mato, y se pone a masticarlo a dos carrillos, ñam, ñam, y yo me pongo enfermo. Contemplo la imagen desde el horror y la consternación.

La cuestión es que doña Clara Aguilera es, quizá, el ejemplo más obsceno de engullir pepinos que hemos visto estos días, pero no ha sido el único. Los políticos y especies afines han considerado un deber sacrosanto, una obligación patria, un no da más del heroismo, engullir pepinos en público. Aquí vemos a doña Esperanza Aguirre mordisqueando una rodaja de pepino delante de las cámaras; aquí, a don Mariano Rajoy repartiendo pepinos como quien reparte caramelos; se le echa en cara al señor Rodríguez Zapatero no comerse un pepino delante del país, que es lo único que le faltaba al pobre hombre; los debates televisivos y radiofónicos se llenan de patriotas que, pepino en mano, ensalzan sus virtudes sin par; la ministra Pajín anima a comer pepinos, que van muy bien para la salud...

El espectáculo es grotesco, no me digan que no.

La crisis del pepino (I)

Theodore von Escherich descubrió un microbio al que bautizó Bacterium coli. Años más tarde, los científicos rebautizaron al bicho, que pasó a llamarse Escherichia coli, en honor del caballero. Por abreviar, la llaman E. coli. Es una de las bacterias que más interés ha despertado entre los biólogos porque, atención, es uno de esos bichitos que viven en nuestro tracto digestivo. Las E. coli fermentan la glucosa y la lactosa, retienen para nosotros las vitaminas B y K... Son bacterias anaerobias, que se desplazan de aquí para allá con la ayuda de flagelos peritricos (moviendo unos pelitos, para entendernos) y que vive, literalmente, en (y de) la mierda.

Eso sí, la E. coli, tan buena que parecía, tiene una mala idea que para qué. Si usted pilla una E. coli, que Dios le pille confesado: puede sufrir infecciones generalmente graves, del aparato intestinal o del aparato excretor (provocando, por ejemplo, diarreas hemorrágicas), cistitis, meningitis, peritonitis, mastitis, septicemias y hasta neumonías.

A tal punto llega la mala leche de la bacteria que los biólogos clasifican las E. coli por el daño que provocan en los animales o en el ser humano. Son agresivas, patógenas convulsivas y tóxicas un montón. Pero nos cruzamos con ellas prácticamente todos los días, a todas horas.

La principal vía de contagio de la E. coli es fecal. A la que hay mierda por medio, hay E. coli. Si usted no se lava las manos después de quedarse tan a gusto y manipula un alimento, las más de las veces alguien pillará un dolor de tripas. La limpieza, la correcta manipulación y la cocción de los alimentos alejan el peligro. Sin duda, la E. coli es una de las principales causas de intoxicación alimentaria.

De ahí surge la llamada crisis del pepino. En Alemania, una cepa de E. coli altamente tóxica ya ha dejado tras de sí una treintena de muertos y el suplicio intestinal de miles de personas. Las autoridades de Hamburgo, desbordadas por la epidemia, comentaron en voz alta que la E. coli había salido de una partida de pepinos españoles. Aquí se armó la de Dios es Cristo y mucha gente ha quedado en evidencia, especialmente las autoridades sanitarias alemanas y de la Unión Europea, que no han dado la talla.

Hay que decir, sin embargo, que los inspectores alemanes habían interceptado pepinos patrios con E. coli. Que éstos pillaron la bacteria aquí, allá o yendo de aquí para allá, quién sabe, pero ahí están los análisis. Sin embargo, la E. coli de los pepinos españoles no era la misma E. coli que estaba haciendo una escabechina entre los consumidores alemanes.

Luego le tocó el turno a la soja. También pillaron E. coli en la soja alemana, pero tampoco era la E. coli culpable de la epidemia. La situación sanitaria alemana comenzaba a parecer deficiente. Pepinos, soja, tomates, lechuga...

Al final, tras mucho darle vueltas, han dado con el foco de la infección: el cultivo biológico de brotes de semilla en la Baja Sajonia. En pocas palabras, los agricultores biológicos de la Baja Sajonia no siguieron las más elementales normas de higiene. Es una pena, porque ciertos personajes confunden lo biológico, lo ecológico, lo natural, lo sano y la porquería, y al final acabamos pagándolo todos.

Una agricultura tradicional puede ser limpia y segura, y no es contraria a las normas de higiene que reducen al mínimo la contaminación de E. coli u otros problemas sanitarios. Tendrá sus ventajas y sus inconvenientes, pero bien hecha es tan segura (o tan poco segura) como cualquier otra. Sobran los ejemplos.

Si me permiten, un apunte final sobre tanto palabro y tanta tontería. ¿Qué es un cultivo biológico? ¿Conocen ustedes algún cultivo que no sea biológico? ¿No podrían llamar a las cosas por su nombre? Por ejemplo, agricultura artesanal, tradicional o algo parecido. Con ecológico, tres cuartos de lo mismo. ¡Cuánto cuesta hablar con un poco de propiedad! Parece que a nadie le importe un pepino hablar bien.

Chiste

--Perdone, ¿puedo serle franco?
--Sí, faltaría más.
--Pues queda inaugurado este pantano.

Malo, ¿verdad?

Sostenible e insostenible

El ínclito señor don Josep Antoni Duran i Lleida, líder de la fracción carca de CiU y famoso por lo que se cuenta de él y de las señoras que fuman, aseguró el otro día que el sistema sanitario público actual era insostenible. ¡Valiente perogrullada! Sostenible quiere decir, a la RAE me remito, que puede mantenerse por sí mismo, pero todos sabemos que la sanidad pública no se mantiene ella sola por sí misma mismamente, sino que la mantenemos entre todos, pagando nuestros impuestos, que administran los Presupuestos del Estado o de la Comunidad Autónoma que a uno le ha tocado en suerte. Por lo tanto, evidentemente, la sanidad pública es insostenible, por definición, y no puede ser de otra manera: no es un negocio. Para que tire adelante, está el Estado. Punto.

Quizá el calvo no hablaba de la sanidad, sino de la salud. En catalán, muchas veces se dice salut por sanitat, y aunque está mal dicho, tenemos un Departament de Salut, no de Sanitat, y no me pregunten por qué. Ojo al dato: la salud también es insostenible, seguro. Porque, aunque parezca sostenerse, al final morimos, ya ven qué cosas.

Lo que venía a preguntar el señor Duran i Lleida es para qué invertir en la sanidad (o la salud) pública, si al final, la diñamos todos. Lo mejor es dejar de malgastar el dinero, dejar de pagar impuestos que no servirán para nada y si un rico quiere pagarse un médico, que se lo pague de su bolsillo. Así, con el tiempo, los pobres vivirán menos, disminuirá el número de parados y se reducirá el gasto del sistema de pensiones.

Sin embargo, no es insostenible el modelo de radio y televisión públicas en Cataluña. La Sindicatura de Comptes ha publicado el resultado de sus pesquisas sobre TVC (Televisió de Catalunya) y se nos ponen los pelos de punta. Entre 2007 y 2009, el Gobierno de la Generalidad de Cataluña se gastó casi dos mil millones de euros para eliminar la deuda de nuestra televisión. En pesetas, más de 300.000 millones, que ya son millones, fíjese usted. Es que, en euros, parecen menos.

Lo peor del asunto es que los gastos corrientes de TVC en 2007 se cubrían casi en un 45% por los ingresos publicitarios; en 2009, sólo un 25%. Eso quiere decir que cada vez hay más competencia publicitaria, que baja la audiencia y los catalanes pagamos cada vez más por ver cada vez menos el NO-DO, perdón, el Telenotícies.

Pero la pregunta que me escama es... Tanto dinero ¿en qué lo gastan?

De verdad, en serio, ¿en qué? El sueldo medio de un trabajador de la TVC es de 65.000 euros al año, pero los sueldos de tanta gente no suman dos mil millones. Se contrata a dedo, dice la Sindicatura, pero ¿tanto? ¿Cuesta dos mil millones de euros levantarse con la verborrea del señor Cuní y acostarse después del NO-DO? Por Dios, que me lo expliquen. ¿Por dónde se va toda esa pasta?

Eso sí, de la boquita del ínclito señor Duran i Lleida jamás saldrá la palabra insostenible referida al actual modelo de TVC, que es realmente, objetivamente, inapelablemente, insostenible. Antes que reconocer tal cosa y obrar en consecuencia, mejor será cerrar quirófanos de urgencias, aulas de primaria o dejar sin ayuda a unos cuantos abuelitos, que, total, para lo que les queda...

Qué bonito ser neoliberal con los pobres y pagar con el dinero del Estado la máquina de propaganda de los ricos. Sí, esto que he dicho es pura demagogia, pero me importa un pimiento, porque es la verdad.

Lo que me faltaba por ver

Zapeando, que es gerundio, tropiezo con Intereconomía, un canal que... En fin, un canal de televisión. En el programa Dando caña, doña Pilar Rahola es jaleada por los tertulianos de rigor. No sabría decir quién se ha mostrado más furibunda contra la progresía, si dicha señora o la reunión de habituales del programa. Sigo zapeando, mientras me pregunto qué me queda por descubrir.

Fotógrafos, fotografías y presidentes

La fotografía de un Presidente de la Generalidad de Cataluña es un asunto serio. De entrada, se tiran tres mil copias de gran formato, para que adornen los despachos de los altos cargos, para que éstos sientan en la nuca el aliento del líder patrio y guiados por su ejemplo, ejerzan el cargo con la discreción, honestidad, generosidad y profesionalidad que todos esperamos de ellos. A la vista está que la mirada orgullosa y la expresión satisfecha del líder patrio de turno no consigue los efectos deseados, pero ésa es otra historia que no concierne al caso. Lo que importa es que la fotografía en cuestión es y será el símbolo del poder político e institucional de un cargo público, de nuestro representante y nuestro primer servidor. Por lo tanto, ojo con la fotografía del president, que es un asunto de mucha enjundia.

Le faltó tiempo a don Artur Mas para hacerse la fotografía oficial. El fondo oscuro e incierto se ve iluminado por una brillante bandera catalana, que aporta luz a la escena. La bandera, medio desplegada, está situada a la derecha del president (no iba a ser a la izquierda, por favor). Artur Mas, en primer plano, levemente inclinado hacia delante, gira su cabeza para mirarnos a la cara y sonríe sin mostrar los dientes. Quiere inspirar amabilidad y confianza. Parece satisfecho, orgulloso, aunque me da que también se le ve cansado. Lleva una chaqueta de color azul oscuro; el escudo de la Generalidad de Cataluña en la solapa, en oro, como le corresponde al cargo; una camisa blanca de cuello entre italiano e inglés, a la moda, y una corbata plateada y azul, de ésas de seda natural que debe de costar un pastón que no les cuento.

Lo que sí que sabemos es lo que nos ha costado a todos la fotografía. La hizo Pedro Madueño, un fotógrafo de La Vanguardia, que se sacó unas pesetillas echándole unas fotos al jefe. La factura sube a los 324,78 euros. ¿Les parece mucho?

Sabemos lo que nos ha costado la fotografía porque doña Laia Ortiz, diputada de IC-V, lo preguntó al Gobierno, lo que está bien, pues para eso está la oposición, para no quitar el ojo a lo que hace quien manda. El problema es que la respuesta del Gobierno añadió que el Departamento de Presidencia se había ahorrado, agárrense, 7.385,62 euros, pues la anterior fotografía oficial del president, entonces don José Montilla, había costado... ¡7.710 euros con 40 céntimos! Pero ¿cómo es posible?

El president Montilla fue fotografiado por Maria Espeus, una fotógrafa profesional que ha publicado en tantas revistas de moda y que ha retratado a muchos famosos y famosillos. En política, ha retratado a la élite socialista (la fotografía es ideología, que dijo aquél), ya sea para ilustrar campañas electorales o ya sea para tener un retrato oficial que repartir a los tuyos. La fotografía que le hizo a don José Montilla en 2006 es ésta, que publica en su sitio web junto a la fotografía que le hizo antes para pasar más mal que bien la campaña electoral.

¡Qué diferente es la fotografía de uno y otro president! Don José Montilla posa a pie firme en el Pati dels Tarongers (el Patio de los Naranjos) del Palau de la Generalitat. Al fondo, entre los naranjos, alguien ha plantado una bandera catalana, que aparece claramente en el fondo, levemente desenfocada, pero también a la derecha del president (es lo que tienen las banderas, que rara vez asoman por la izquierda). Montilla y Mas coinciden en el color y el cuello de la camisa. Las dos corbatas tienen tonos plateados de fondo, aunque Montilla lleva una corbata a rayas negras y Mas, decorada con una red de rombos azules. Montilla viste de color marengo, lleva una chaqueta de tres botones, completamente abrochada, que le da un aire de morcilla (aunque el traje es excelente, hecho a medida). Montilla lleva las manos a la espalda, saca pecho, sonríe ladinamente, queriendo parecer accesible y bonachón. Si el retrato de Mas es un primer plano, el retrato de Montilla es un plano americano. Si Mas se inclina hacia delante y ladea la cara para mirarnos, Montilla se planta de frente, muy tieso.

Estas diferencias no cuestan más de siete mil euros, me dirán ustedes. Pero el personal busca excusas. La fotografía como tal costó apenas 3.500 euros, dicen los montilleros. Lo demás, añaden los que explican el sucedido, fueron gastos de personal, de edición y otros gastos. Así, por ejemplo, como hacía mucho frío, llenaron el Pati dels Tarongers de estufas apuntando al president, para que el resultado de la sesión fotográfica no fuera el de un anuncio de merluza congelada. Eso sí, se ahorraron mucho maquillaje porque, a decir de la señora Espeus, el cutis de Montilla era perfecto y no requería apenas retoques. Será fácil caer en el chiste del president inexpresivo y soso, incapaz de gestionar el rostro en busca de un reflejo emocional, pero yo me remito a lo que dijo la fotógrafa, preguntada sobre este asunto.

En fin, que a uno le vienen ganas de ganarse la vida disparando a los presidentes. Disparando fotografías, se entiende, no vayan a pensar ustedes según qué.

Se questo é un uomo...

Primo Levi publicó Se questo é un uomo... (Si esto es un hombre...) en 1947, en una editorial de segunda fila. Se tiraron 2.500 ejemplares y ahí quedó la cosa. Veinte años más tarde, Einaudi, que ya había rechazado el manuscrito la primera vez, había vuelto a publicar esta obra, revisada por el autor, y ésta había tenido al fin el éxito que merecía. En Italia, ha sido un libro de lectura obligatoria en las escuelas.

Primo Levi era un licenciado en química al que nadie hubiera pronosticado una carrera literaria. Fue capturado a finales de 1943 por las milicias fascistas. No queriendo acabar fusilado como partisano, descubrió su condición de judío. A principios de 1944, Levi fue a parar a manos de las SS.

Levi fue enviado al campo de Morowitz, uno de los campos satélites de Auschwitz. No fue gaseado, sino que sirvió como mano de obra esclava en la fábrica Buna Werke de la IG Farben, un conglomerado de industrias químicas alemanas. La Buna, como la llamaban, fabricaba goma sintética, y los prisioneros de Morowitz (luego rebautizado como Auschwitz III) trabajaron en condiciones brutales e inhumanas para la maquinaria de guerra nazi. Las SS cobraban a tanto por esclavo (entre uno y tres marcos al día), y la IG Farben (de donde luego surgieron empresas como Basf, Hoechst, Bayer, Agfa, etc.) hacía un negocio redondo con la muerte y los verdugos.

No llegó a sobrevivir el 5% de los prisioneros que pasaron por Auschwitz III y trabajaron en la Buna. Prácticamente nadie vivía más allá de tres meses en el campo, pero Levi sobrevivió.

Dejó por escrito sus experiencias en el campo de concentración. Son estremecedoras. Narra de modo impresionante y duramente objetivo las condiciones de vida en el campo, y esa frialdad es aterradora. La máquina de exterminio nazi no destaca en la obra de Levi por la matanza, sino por el paso previo, la deshumanización, la conversión de hombres en bestias, en menos que bestias...

Dejando a un lado el testimonio como tal, Levi sorprende a todos con una gran calidad literaria. Pocos libros sobre el Holocausto están tan bien escritos. La versión original (la que he leído) es clara, límpida, concisa, engañosamente fácil de leer (que no de escribir).

Les recomiendo leer Se questo é un uomo... en su versión original o, en su defecto, traducida. No puedo obligarles a leerlo, pero me gustaría que lo hicieran.

Leyenda urbana documentada

Habrán oido la leyenda del suicidio con una taladradora, y no la habrán creído. Pero resulta que es cierta, por una vez es cierta. Ocurrió hace un par de años, en las Urgencias del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Les llegó un paciente que no podía mover la pierna derecha.

Estaba en casa, me caí y ya no recuerdo nada más, declaró el paciente. El relato prosigue en boca del neurocirujano Rodríguez Boto, que participó en la exploración del paciente. Vimos que tenía tres pequeñas heridas en el cuero cabelludo, sin sangre, cuenta. Pero, cuando le hicimos un escáner, pudimos ver un hematoma intracerebral y, muy cerca, un artefacto metálico. Pensamos que forzosamente tenía que haberse introducido ese artefacto por alguno de esos agujeros, pero el paciente repetía que no sabía nada del asunto, y tampoco había ningún testigo presencial del incidente.

Acabaron en el quirófano, para hacerle una craneotomía, acceder al cerebro y aliviar la presión del hematoma. Fue entonces cuando vimos asomar por uno de esos orificios una pieza metálica; al extraerla, resultó ser una broca de taladro, de cuatro centímetros, que se había roto. Ahí es nada.

Cuando el paciente se recuperó, le preguntaron qué había hecho para meterse una broca en la cocorota. El doctor Rodríguez Boto prosigue el relato: Nos contó que estaba trabajando en asuntos de carpintería y que, de pronto, se había puesto el taladro en la parte posterior del cráneo. Se había taladrado, literalmente, la cabeza. Y, además, lo había hecho tres veces, hasta que algo sucedió y la broca se rompió.

El caso es extraordinario por varias razones, y la mayor de ellas es que los anteriores intentos de suicidio con broca registrados en los anales médicos habían acabado con la muerte del suicida. En cambio, no se ha publicado ningún caso de paciente vivo como el nuestro, explica el doctor Rodríguez Boto, que publicó el caso en el Clinical Neurology and Neurosurgery.

Fue asombroso que el paciente sobreviviera y, también, que no presentase más lesiones que las de la pierna. Parece que la lesión había afectado neurológicamente a esa extremidad, pero, al retirar la broca y desaparecer el hematoma, la pierna fue mejorando y, de hecho, cuando se marchó de aquí ya podía caminar. No le quedaron secuelas, finaliza el doctor.

¿Qué hicieron cuando le dieron de alta? Pues, se derivó a Psiquiatría, tal y como se hace siempre que se detecta un intento de suicidio.

Para que luego digan que la realidad no supera la ficción.

La «ley ómnibus» y la victoria de Anglada

Todo el mundo critica al señor Anglada, populista, racista, que se ha formado políticamente en el fascismo y el negacionismo, que ha dejado atrás la bandera con la gallina y que ha adoptado sin problemas una bandera libre de pájaros, pero con más rayas colorás. Un tipo como éste, tan poco recomendable en política como dañino en la vida pública, utiliza un lema con el que hay que ir con mucho ojo: Primero, los de aquí.

No crean ustedes que este grito simple e instintivo surge de la nada. En Cataluña llevamos muchos años a vueltas con la inmigración, a la que explotamos al tiempo que señalamos como causa de todos los males. Nos podemos remontar a la ideología de clara inspiración racista de los años veinte, que combatió el socialismo y el anarquismo desde la defensa de los valores patrios ante el extranjero, porque el extranjero, ya saben, venía a fastidiarlo todo; podemos leer lo que escribió Jordi Pujol en los años cincuenta sobre los inmigrantes (entre ellos, algunos que habían nacido en Cataluña en el siglo XIX); y no hay más que oír lo que dice su señora cuando le dejan un micrófono y le preguntan por un negro; no citaré a Heribert Barrera, racista visceral, pero podemos citar a Coll i Alentorn sosteniendo que los catalanes son diferentes al resto de los mortales (y por tanto, gozan de más derechos y privilegios) porque la composición geológica del suelo del Principado es granítica, y eso mola. Etcétera.

Cuando uno juega a sostener que uno, por el simple hecho de ser de aquí, tiene más derechos que otro que no es de aquí, y este ser de aquí no es un hecho administrativo, sino ideológico, la tenemos liada y nos enfrentamos a un mal asunto. Y ésta es una de las principales aficiones de la clase política catalana, y siento decirlo en lo más profundo de mi alma, porque me gustaría que nuestros representantes fueran de otra manera.

Con esos antecedentes políticos, uno se da cuenta de las fuertes y sólidas raíces del racismo en Cataluña, que es también clasismo. Pero también podría acudir a la distribución de la renta per cápita en los diferentes barrios de la zona metropolitana de Barcelona, por ejemplo, lo que es un dato, no una opinión. También podría observar qué alumnos acuden a qué escuelas, o echar un vistazo a la composición del Círculo de Economía, el Patronato del Liceo o ver quién acude al palco del Barça cuando hay una copa de por medio. El poder está en manos de quien está, de los de aquí, de la Casa Nostra.

De esos lodos surge el contrato del inmigrante propuesto por CiU, del que se habla poco porque ahora lo ha recuperado el PP y no hace más que jalearlo en voz alta y desagradable. El vergonzante comportamiento de la antigua alcaldesa de Cunit, y también senadora, Alberich, del PSC, o la turbia ideología del alcalde de Vic, Vila d'Abadal, de Unió, que convive con el señor Anglada en sus cosas, y tantos otros, demuestran que el populismo, el racismo y la estupidez son herramientas empleadas para ganar votos. Peor que eso: guían el pulso del gobierno de la res publica en nuestro país. Desgraciadamente, añado.

¿Que el populismo y el racismo también tienen éxito en España? ¡Qué descubrimiento! No lo dudo, ni lo niego, y nunca he dicho lo contrario. Pero yo vivo aquí, y estas cosas que digo suceden a mi alrededor.

A lo que íbamos. El mensaje del señor Anglada, simple y directo, primero, los de casa, ha triunfado, y ésa es la mala noticia. Plataforma por Cataluña quizá no haya ganado muchos votos, o quizá demasiados, pero su mensaje, más o menos diluido, ha calado en lo más hondo de nuestros líderes patrios. De todos nuestros líderes patrios.

Quizá el último ejemplo es el de la llamada Ley Ómnibus, que acompaña a los Presupuestos de la Generalidad de Cataluña de 2011, que es un golpe contra el Estado del Bienestar dado con muy mala leche y peores intenciones.

Es paradójico, porque omnibus en latín significa para todos (es un ablativo, que será agente o circunstancial), pero en el Parlamento de Cataluña significa para los de aquí. Fíjense que he escrito Ley Ómnibus con tilde, porque es así como lo escriben los periodistas y los políticos catalanes, creyendo que hablan de un vehículo de transporte público. Uno no puede pedir peras al olmo y ya se sabe lo que don Baudilio y sus amigos piensan de las Humanidades.

Esta ley de acompañamiento de los presupuestos las deja ir contra los de fuera. Por ejemplo, se piden cinco años de empadronamiento en Cataluña para acceder al cheque-bebé (y se tardan otros cinco años en cobrarlo, añade un padre indignado). Puede darse el caso de una familia legalmente establecida en España desde hace un montón de años, que hace tres se haya trasladado a Barcelona, por ejemplo, y por no ser de aquí...

Primero, los de casa, Anglada dixit. Legalmente, uno está cubierto por los servicios sociales, educativos y sanitarios catalanes si está empadronado en Cataluña, punto, y legalmente, a efectos de ciudadanía (derecho a voto, por ejemplo) un catalán es un español que reside en Cataluña, aunque su residencia o empadronamiento tenga apenas un día, aunque sea recién residido, aunque no sea de aquí.

Eso se dijo el miércoles. El viernes se añadieron restricciones al acceso a la sanidad pública catalana. Quedan fuera del sistema sanitario catalán los extranjeros no comunitarios que no lleven empadronados en Cataluña, como mínimo, seis meses y que además acrediten que no tienen cobertura sanitaria pública. No es por nada, pero resulta que esta propuesta contradice la Ley de Extranjería, porque un extranjero no comunitario puede tener perfectamente en orden un permiso de residencia en España hace años, pagar sus impuestos y cumplir con sus obligaciones, y cambiar de residencia por cualquier razón (trabajo, familia, qué sé yo). Si tiene la mala suerte de pillar un dolor de tripas en Cataluña, recién llegado, ¿qué hacemos con él?

Quizá le atiendan si paga, porque esta Ley Ómnibus no es, definitivamente, una ley omnibus (en latín), sino una majadería. El Gobierno pretende que los hospitales públicos puedan ofrecer servicios de medicina privada a la población. Esto es, en primer lugar, una barbaridad y en segundo lugar, una burrada. ¿Cómo se delimitará la separación entre lo público y lo privado? ¿Cómo impedir que se deriven los enfermos de las listas de espera de los quirófanos públicos a los privados? La patronal de los hospitales está que trina y el Colegio de Médicos avisa del peligro de facilitar actuaciones poco éticas, favoreciendo el negocio de unos pocos con los recortes de la salud pública, negocio hecho a cuenta de los más pobres, por supuesto.

Pero éste es otro asunto, otro triste, lamentable y penoso asunto. Quosque tandem, Baudilius, abutere patientia nostra?

La consecuencia lógica

El racismo es instintivo en el ser humano. Pero cuando el racismo se convierte en ideología, la consecuencia lógica es el Lager.


Primo Levi, Se questo è un uomo..., traducido por un servidor de ustedes.

Feliz cumpleaños, E

El Jaguar tipo E (E-Type para los anglófilos) cumple 50 años. Enzo Ferrari, el mismísimo Enzo Ferrari, dijo de él que era el coche más bello que se había fabricado nunca. El más bello, no sé, pero uno de los más bellos, sin duda. Celebremos, pues, la belleza, aunque sea sobre ruedas. Feliz cumpleaños, E.

Negro sobre blanco

Finalmente, el Gobierno de la Generalidad de Cataluña ha puesto negro sobre blanco su presupuesto, el de las retallades (los recortes). Es en situaciones críticas donde uno ve cuál es la preferencia de un gobierno, qué antepone a todo lo demás, qué considera superfluo, qué considera prescindible y qué, imprescindible.

Por alguna oscura razón que nunca he entendido muy bien, la sanidad pública en Cataluña se presupuesta siempre por debajo de su coste real. Así, desde tiempos del president Pujol, ha sido la costumbre tener un sistema sanitario público deficitario. En vez de ajustar los presupuestos a lo que sucede en la realidad, los sucesivos gobiernos han tirado de este déficit contable para obtener tal o cual fondo de compensación del Estado.

En números redondos, el coste real (quizá debiera de haber dicho inversión) del sistema sanitario público por catalán y año superaba en algo los 1.300 euros. En España, la media está por encima de los 1.600 euros. Sabiendo que el resto de Comunidades Autónomas dedican más recursos per càpita que nosotros a la sanidad pública, tiene mérito que los mejores hospitales españoles sean todavía catalanes.

No será por mucho tiempo. Boi Ruiz mediante, con la inestimable ayuda de un gobierno neoliberal, en el peor sentido de la palabra liberal, pompeufabrista y conservador a ultranza, ha rebajado el presupuesto de la sanidad pública un 6,5%. Eso dice, y tal es así en la partida de los presupuestos que se han presentado en el Parlamento Catalán. Pero ¡atención! Que hay trampa. En términos de gastos reales en sanidad pública, el recorte supera ampliamente el 10% y el gasto por habitante y año se reducirá a algo más de 1.200 euros por año.

Se cierran quirófanos y salas hospitalarias ya hace meses, los pacientes tienen que traer las toallas de casa, se despide a los interinos, no se cubren las bajas... ¿Un 6,5%? Anda allá. Vuelven a darnos gato por liebre, y esta vez pinta mal.

En cambio, el presupuesto de este Gobierno sólo reduce un 4% el presupuesto de la CCRTV (la Corporación Catalana de Radio y Televisión, para entendernos). Como en el caso de la sanidad, este presupuesto es siempre inferior al gasto (aquí sí que no diré inversión). En términos reales, TV3 sufrirá una reducción... de... eh... de... Pues ¡no sufrirá reducción!

He aquí qué prefieren nuestros líderes para el pueblo, más Barça y menos hospitales, y sobran los comentarios. Que les den.