La primera travesía del Solar Impulse



Ya hablé una vez del Solar Impulse. Estos días vuelve a ser noticia porque este curioso aeroplano que cuesta ochenta millones de euros sigue dando de qué hablar, atravesando largas distancias sin más ayuda que la del piloto. En 2010 voló 26 horas seguidas, pero no salió de Suiza. El pasado 24 de mayo aterrizó en Barajas (Madrid), donde ha estado esperando a que mejore el tiempo para lanzarse de nuevo a la aventura y volar hasta Marruecos, donde se espera que llegue pasadas las once de la noche. Es su primera travesía internacional. La primera etapa de este vuelo lo elevó hasta los 9.000 metros de altura y lo impulso a la escalofriante velocidad de 50 km/h por encima de los Alpes y los Pirineos.

Tiene mérito, porque el piloto tiene que abrigarse bien y respirar a través de una máscara porque la cabina no está ni presurizada ni climatizada, y ahí arriba pega un frío...

En cada etapa se van turnando los señores Piccard (uno de los impulsores de la aventura) y Borschberg (un piloto militar e ingeniero suizo). Comenzó Borschberg, que trajo el avión desde Suiza, y continuará Piccard, que lo llevará hasta Marruecos.

Piccard viene de familia de inventores locos y aventureros de la mejor especie, de los que convendría que hubieran más en cada generación. Su abuelo, Auguste, fue el primero en alcanzar la estratosfera, en globo, en 1931. Su padre, Jacques, por el contrario, inventó un batíscafo y se fue para abajo en vez de para arriba, descendiendo hasta los casi 11.000 metros por debajo del nivel del mar en la fosa de las Marianas. Y él, Bertrand, fue el primero en dar la vuelta al mundo en globo sin escalas y querrá ser el primero en darla, en 2014, a bordo de un avión solar.

¡Suerte!

Rumor y pesadumbre



Llega a mis oídos un rumor. Los ciento cincuenta trabajadores de Barcelona Activa, SA, temen por sus puestos de trabajo. Muchos tienen contratos temporales o de obra o servicio, porque la calidad del trabajo nunca ha sido una prioridad en esta empresa. Barcelona Activa, SA, es una empresa pública del Ayuntamiento de Barcelona que se dedica a la promoción de la actividad empresarial en la ciudad, fomenta la creación de nuevas empresas, etc. Se llenan la boca con el verbo emprender y derivados.

Hasta hace poco, Barcelona Activa, SA, contaba con ocho altos cargos directivos (es decir, ocho personas que se llevaban un salario de unos cien mil euros per cápita al año, de media). Eran, son, cargos digitales: los escoge a dedo el mandamás. Se dispararon las alarmas y los rumores cuando se dijo que la contribución del Gobierno de la Generalidad a Barcelona Activa, SA, disminuiría un 54%.

Acto seguido, los altos cargos directivos de Barcelona Activa, SA, pasaron de ocho a diecisiete, sin previo aviso ni publicidad. Repito, de ocho a diecisiete de un día al siguiente. El organigrama ha cambiado. Ahora hay tres nuevos cargos de confianza (sic) en la alta dirección y un total de trece nuevas direcciones operativas. Una repentina inflación de cargos, inexplicable.

Cuando los periodistas preguntaron a los responsables de Barcelona Activa, SA, por qué razón se había doblado el número de altos cargos directivos sin avisar a nadie, la empresa respondió (cito textualmente) que la actividad empresarial había disminuido en Barcelona.

Piensen lo que ustedes quieran, pero éste es sólo un ejemplo, y así nos va.

Remordimientos y banalidades (I)


La televisión alemana entrevistó hace pocos días a Shalom Nagar. El señor Nagar vive en Holon, en las afueras de Tel Aviv. Hoy tiene 76 años, pero entonces, cuando le tocó ser el verdugo, contaba apenas con 26. Yo no quería hacerlo, confesó. Se hizo un sorteo, y yo extraje la paja más corta. El reo fue ejecutado en Ramala, cerca de Jerusalén, a medianoche, hace cincuenta años. Le colocamos la soga alrededor del cuello, cuenta el señor Nagar. A continuación apreté el botón que abrió la trampilla. Durante un año tuve pesadillas. Aún las tengo de vez en cuando.

El señor Nagar era entonces y sigue siendo un judío sefardita. El Gobierno de Israel seleccionó con mucho cuidado a un grupo de veintidós soldados de leva para que hicieran de guardias del preso. Procuraron que sus familias no hubieran sido afectadas por el Holocausto, para evitar la venganza personal o el maltrato del prisionero. Querían juzgar a Adolf Eichmann por sus crímenes, pero también convirtieron el proceso en un instrumento de propaganda, tanto para justificar la misma existencia de Israel como para anunciar que los asesinos nazis no podrían vivir tranquilos en lo que les quedase de vida. En consecuencia, el prisionero recibió un trato exquisito por parte de sus carceleros.

Su detención había sido más polémica. El 11 de mayor de 1960 un grupo de agentes israelíes secuestró y drogó a Eichmann, y éste despertó en un avión de El-Al rumbo a Haifa, en un asiento de primera clase. Como el avión ya era territorio israelí, fue debidamente arrestado. Al principio, el gobierno israelí dijo que él no había sido, que habían sido unos judíos que habían actuado por su propia cuenta y riesgo, ¿y quién iba a negarse a arrestar a Eichmann servido en bandeja de plata? Luego se supo lo que ya todos sabían, que había sido capturado por el Mossad.

Hasta entonces, Eichmann había vivido en Argentina. Se dice que había escapado fácilmente de Europa, que los servicios secretos aliados lo dejaron ir. Los peronistas, que nunca habían ocultado su simpatía por el nacionalsocialismo alemán, lo recibieron con los brazos abiertos y rechazaron las numerosas demandas de extradición. Israel optó por la vía directa e ilegal, pero muy efectiva, de saltarse los convenios internacionales a la torera. Argentina se puso de los nervios, pero no pudo protestar demasiado porque había dado amparo a un criminal de la peor especie. Con todo, el asunto provocó agrios debates en las Naciones Unidas.

Sí, Eichmann fue tratado con mucho cuidado e innumerables precauciones. El señor Nagar declaró a la televisión alemana que era él quien llevaba la comida al prisionero, y quien la probaba antes, por si la habían envenenado. A decir del verdugo, el comportamiento del señor Eichmann era correcto, amable, rutinario. Si yo no hubiera sabido qué había hecho ese hombre, hubiera dicho que era un santo, exclamó delante de los micrófonos, un tanto contrariado. No me atrevo a decir que el señor Nagar, después de dos años cuidándolo, había entablado amistad con el prisionero, pero sí que es evidente que la ejecución le ha provocado remordimientos durante mucho tiempo.

Hubiera dicho que era un santo, dijo el señor Nagar de Eichmann.

De santo, nada.

Remordimientos y banalidades (II)


Adolf Eichmann era austríaco. Pertenecía a una agrupación de extrema derecha de antiguos combatientes y tenía experiencia en organización industrial. Se apuntó a las SS para hacer carrera (sic). En 1934, había trabajado en la administración de Dachau. En 1938, ya era un tipo importante en la organización: había ayudado a organizar los Servicios de Seguridad de las SS en Austria y se había convertido en un funcionario de la Oficina Central para la Emigración Judía, que pronto hizo suya. Entonces, la emigración judía era el eufemismo que ocultaba los planes para hacer desaparecer los judíos de Europa.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Eichmann era ya Hauptsturmführer de las SS (capitán) y trabajaba en la RSHA (Reichssicherheitshauptamt o Oficina Central de Seguridad del Reich). Pronto sería el jefe de la RSHA Referat IV B4 (Subdepartamento IV-B4 de la RSHA), es decir, la unidad encargada de los asuntos judíos y de su evacuación. Siguen los eufemismos. En 1940 ya era Sturmbannführer de las SS (comandante); pocos meses después, Obersturmbannführer de las SS (teniente coronel).

En otoño de 1941, su jefe, Heydrich (el Carnicero) ya le dijo que el objetivo de la RSHA Referat IV B4 no era expulsar a los judíos, sino eliminarlos. Matarlos, a todos. En 1942, Heydrich convocó la Conferencia de Wannsee, una reunión de miembros de las SS, políticos, empresarios y militares que discutieron los aspectos prácticos de la Solución Final, el genocidio. Eichmann fue el secretario de la reunión y salió de ella como Administrador del Transporte de la Solución Final de la Cuestión Judía. Es decir, Eichmann organizaría el transporte y almacenamiento de los judios necesario para echarlos de su casa y llevarlos a las cámaras de gas en Polonia.

Aunque el III Reich era un pozo de corrupción, ineptitud e ineficiencia monumental, hasta límites difícilmente imaginables, la capacidad administrativa de Eichmann hizo posible que se transportaran millones de judíos de su casa hasta uno de los varios campos de exterminio. Fue un esfuerzo logístico desproporcionado y criminal. Desproporcionado, porque el servicio ferroviario alemán, ocupado como estaba con la Solución Final, no pudo satisfacer las necesidades logísticas del ejército en tiempos de guerra; criminal, porque aquellos trenes se destinaban al exterminio de millones de seres humanos inocentes.

Además, Eichmann estuvo implicado en más aspectos de la Solución Final: trabajó en el Museo de la Cuestión Judía; contempló las ejecuciones masivas en Rusia y propuso alternativas más económicas (sobre el tipo de munición empleada, por ejemplo); estudió de cerca los autobuses de la muerte y colaboró en la selección del Zyklon B (el compuesto principal de un insecticida) como gas genocida; ayudó a diseñar los campos de exterminio; distribuyó los guetos polacos cerca de los nudos ferroviarios, para facilitar su evacuación; negoció con los aliados el (fracasado) plan de conseguir camiones y material de guerra a cambio de judíos, con la promesa de que ese material sólo se emplearía contra los eslavos (i.e., los rusos); se encargó personalmente de la Solución Final en Hungría, los últimos meses de la guerra, siendo responsable directo de la ejecución de casi medio millón de húngaros; etc.

Eichmann informó a sus superiores que, gracias a su organización, a principios de 1945 se habían eliminado cuatro millones de judíos en instalaciones fijas (campos de exterminio) y dos millones más in situ (Einsatzgruppen y guetos). El balance de su trabajo era positivo, pues antes de la guerra vivían en Europa once millones de judíos y la Solución Final que él había organizado se había aplicado sólo durante dos años, aproximadamente.

Pero el fin estaba tan cerca que Eichmann recibió la orden personal de Himmler de detener la Solución Final y procurar que desaparecieran todas las pruebas, mientras él negociaba con los Aliados (separadamente) una paz que le permitiera seguir combatiendo a los rusos. Pero él, Eichmann, siguió en Hungría, ejecutando judíos, pese a las órdenes recibidas.

Los rusos entraron en Hungría, como una tromba. Cuando le tocó hacer de soldado y luchar en el frente, Eichmann... desapareció.

Remordimientos y banalidades (III)


El juicio a Adolf Eichmann finalizó el 15 de diciembre de 1961. Tras quince minutos de deliberación y pruebas que señalaban su culpabilidad más allá de cualquier duda, los tres jueces que formaban el tribunal lo condenaron a morir en la horca.

El señor Nagar, su verdugo, relató su muerte en la televisión alemana. Lo vi ahorcado. Su rostro estaba pálido, los ojos le salían de las órbitas, le colgaba la lengua, y de ella goteaba un poco de sangre. Las últimas palabras de Eichmann fueron un recuerdo para Austria, Alemania y Argentina y esa insistencia en su inocencia, pues él sólo había cumplido órdenes; algunos dicen que también dedicó un recuerdo a la familia y que moría creyendo en Dios.

Durante el juicio, celebrado a la vista de todo el mundo, la revista The New Yorker envió a una corresponsal de excepción: Hannah Arendt. Esta filósofa, especializada en teoría política, que compartía algunos puntos de vista con el existencialismo, la fenomenología o el marxismo (además de compartir durante un tiempo cama con un reconocido cantamañanas nazi, Heidegger), era ciertamente una reportera excepcional. Porque la teoría política de la señora Arendt puede (debe) ser discutida, pero su lucidez, su crítica y su capacidad de obseración, no, desde luego que no.

De su experiencia en ese juicio escribió un ensayo celebérrimo: Eichmann en Jerusalén (Un informe sobre la banalidad del mal). Lo recomiendo (aunque Arendt nunca es de lectura fácil, siempre es interesante).

Uno esperaba que la persona correspondiente al currículo de Eichmann fuera la personificación del Mal, un personaje escalofriante, capaz de congelarle a uno la sangre. Pero, qué va, Eichmann era un tipo vulgar, soso, un amante de la rutina, un funcionario eficiente, ambicioso, que hacía lo que le decían de la mejor manera posible, sin plantearse si estaba bien, mal o regular. La burocracia se había comido a la ética; lo importante era un trabajo limpio, eficiente, bien organizado, y eso era bueno; lo malo sería no trabajar bien; no había sitio para el bien o el mal en esta moral genocida.

A ver, Arendt dice (y lo repite con insistencia) que Eichmann no tenía disculpa posible y sostiene su culpabilidad, pero observa que tanto mal que hizo no lo hizo porque fuera un personaje tremendamente cruel, brutal o peligroso, ni porque fuera un sádico monstruoso, sino que hizo tanto mal porque era, en el fondo, un operario eficiente de un sistema que procuraba el exterminio de los judíos (o de quien fuera). Deja entrever que el sistema es el verdadero culpable y entonces...

Pero de ahí surge la idea de la banalidad del mal, una expresión acertadísima. El malvado es en verdad un tipo anodino que no se preocupa por lo que significa lo que hace, sino por cómo hacer lo que le han dicho que hay que hacer. Se trata de un trabajo, del cumplimiento de un reglamento, de unas órdenes que hay que cumplir... El espíritu crítico se ha ido al carajo por el camino, en alguna parte, y el monstruo más peligroso es aquél que actúa sin remordimientos. No hay compasión, pero tampoco sadismo.

La señora Arendt dispara todas las alarmas, porque insinúa que la condición humana es tal que cualquiera puede caer en la banalidad del mal. Se trata de evitarlo, dice, y en eso estamos.

La teoría de la banalidad del mal (en principio, una teoría filosófica-política) fue (y es) muy criticada. Los críticos afirman que esos personajes banales saben en verdad que cometen un crimen, pero encuentran en su trabajo una justificación suficiente; también aseguran que en un régimen totalitario y brutal (pero también en un sistema democrático), el mal puede ser considerado trivial, superficial y uno puede manipular la ética a su antojo, como si fuera una cuestión puramente burocrática. ¿Es el miedo el que nos obliga a expulsar la capacidad crítica a patadas de nuestro yo? ¿El miedo a qué? Si no es el miedo, ¿qué es?

Curiosamente, algunos experimentos de psicología parecen indicar que la banalidad del mal no es sólo una reflexión filosófica, sino parte de la condición humana.

Suerte que nos queda un verdugo con remordimientos. Para el señor Nagar, no fue banal el acto de matar al responsable de tanta muerte y tanto horror. El señor Nagar, un recluta, pensó en lo que estaba haciendo. Quizá sea esta la clave: basta con pararse a pensar un momento para alejar de uno el cáliz del mal. Y quizá por eso mismo la maldad tiene tanto éxito: nos dispensa de pensar.

Así, pues, por favor, sean críticos. Es un ruego.

Le parrocchie di Regalpetra


Leonardo Sciascia era un profesor de elemental de una escuela de Racalmuto, en Sicilia. Era un personaje culto, que había escrito y publicado un par de libros de poemas y un ensayo sobre Pirandello. Sus letras habían llamado la atención de Passolini y de Calvino. En 1954 publicó en una revista literaria un relato (quizá un ensayo) autobiográfico sobre un maestro de escuela que tiene que enfrentarse cada día que pasa con la miseria, la pobreza y la necesidad de sus alumnos en una pequeña escuela de un lugar imaginario llamado Regalpetra, que es, en verdad, Racalmuto. El título, Cronache Scolastiche. Con crudeza, sin sentimentalismos ni concesiones, pero con un tono extraordinariamente sensible, describe tanto lo que ve como lo que siente al verlo.

El texto causó tanta sensación que en 1956 publicó todo un libro, Le parrocchie di Regalpetra, que resume las crónicas de ese lugar inexistente y a la vez tan real que es, era, Regalpetra. Sus Crónicas Escolásticas son una de las partes en las que se divide el libro.

Con un finísimo sentido del humor, pero también con el firme propósito de disponer la verdad sin concesiones ante los lectores, Sciascia denuncia, señala, observa, la vida miserable de sus conciudadanos más pobres, la violencia que rige sus vidas y la decadencia de los que fueron señores de Sicilia. Sciascia habla mucho del fascismo, aunque, en palabras de Sciascia, el fascismo es algo más que una camisa negra, e incluye la extorsión de la mafia, la opresión de la burguesía, la corrupción de la Democracia Cristiana... Sciascia es de los poquísimos escritores que han conseguido escribir con un clarísimo sentido político sin caer en maniqueísmos y preservando la buena escritura. Uno podrá estar o no de acuerdo con lo que sostiene, pero, ¡caramba!, qué bien lo sostiene. Le parrocchie di Regalpetra es un libro magnífico, altamente recomendable y casi imprescindible para los amantes de Italia. Está lejos, lejísimos de lo que se entiende por un panfleto.

Esto viene a cuento porque recuerdo una conversación entre don Arturo Pérez-Reverte y el señor Saramago. El señor Saramago (que me caía antipático y me aburre mucho como escritor) dejó ir un largo discurso sobre el compromiso político del escritor. Bla bla bla... Don Arturo respondió con brevedad y contundencia: Quien pretenda convertir la literatura en un instrumento de propaganda política, dijo, acaba escribiendo panfletos, y dijo panfletos por no decir mierda. El señor Saramago le dedicó una mirada atroz, pero el otro había sacado la filosa y estaba dispuesto a medirse con quien fuera. El portugués dejó ahí la cosa y se acabó el debate.

Sciascia, pues, corría el riesgo, el grandísimo riesgo, de dejarse llevar y acabar publicando un panfleto (o una mierda); pero, tranquilos, no lo hizo. Sciascia cree en la fuerza de la palabra para transformar la realidad, pero es ante todo poeta, y escritor, y nos da a leer unas crónicas que da gusto leer, y si uno tiene mientes entre las orejas, ya sabrá qué conclusiones sacar de un relato escrito con pleno conocimiento de causa, sin necesidad de que nadie le vaya a uno con recetas. La verdad no necesita adornos.

También vale la pena comparar Sciascia con Lampedusa. Il Gattopardo fue escrito más o menos por la misma época que Le parrocchie di Regalpetra. Sciascia y Lampedusa quizá se conocieran, pero no se habían leído mútuamente. Aunque Sciascia creía en la historia y el progreso (en aquel entonces era comunista), y en la capacidad de la escritura como instrumento en la lucha contra la injusticia, Lampedusa (un noble venido a menos), en cambio, no, pues creía en la existencia de un espíritu siciliano ajeno al cambio, al progreso, a la historia en general. Es curioso como uno y otro definen casi con las mismas palabras a la antigua nobleza siciliana, y cómo ambos cargan las tintas contra la nueva burguesía y la corrupción política. Muchas de las conclusiones de ambos autores son idénticas, porque ambos, cada uno por su cuenta y desde una posición completamente diferente, hacen de la sinceridad una bandera y de la verdad, un credo, y ambos aman Sicilia y a los sicilianos.

Hablando de corrupción, por cierto, y de política, me sobrecogí leyendo los tejemanejes políticos de la Sicilia de los años cincuenta. Si uno cambia DC por CiU, y llama misinis o liberali a los populares, y socialistas a los socialisti, y en vez de Regalpetra menta una población catalana cualquiera, uno se diría en casa, y eso da mucho en qué pensar.

¡Dejemos a un lado estas nimiedades! Es un buen libro. Aunque lo he leído en italiano, sé que está disponible en lengua española: Las parroquias de Regalpetra. Si tienen pensado leer, prueben con éste.

Buzos suicidas japoneses (I)


En Occidente los conocemos como kamikazes, aunque lo correcto sería llamarlos Tokubetsu kogeki, o más comúnmente, Tokko. La traducción de Tokko sería Fuerza de ataque especial, y muy especial.

Las unidades Tokko más conocidas fueron los escuadrones de pilotos suicidas, que se lanzaban con un avión cargado de explosivos contra un buque enemigo, pero también hubo unidades Tokko de torpedistas, que se lanzaban a bordo de un torpedo contra la flota americana, hubo submarinos enanos, lanchas explosivas, tanques suicidas... La historia de los tanques suicidas la explicaremos otro día.

La táctica suicida más elemental la practicaba la infantería, aunque sin el auxilio de la organización Tokko. Un soldado cargaba su mochila de explosivos y así que asomaba un tanque enemigo, se arrojaba debajo de él. Algo más sofisticada era la táctica de sujetar una mina magnética Tipo 99 al extremo de una pértiga. Al otro extremo, el soldado japonés, que esperaba agazapado a que pasara un tanque por ahí cerca. Asomaba el tanque y saltaba el tipo a por él. Sujetaba la mina en el costado del tanque mientras estiraba del cordón que activaba el detonador. Las más de las veces, la explosión averiaba el tanque y provocaba algunas bajas, pero del soldado que había sujetado la pértiga no quedaba nada. A estas tácticas tan interesantes las llamaron Nikaku, abreviatura de mina humana.

Si funcionaba con los tanques, ¿por qué no iba a funcionar contra los buques de guerra?

Existen dos casos documentados de nadadores suicidas, los dos en las Filipinas. El primero de ellos fue un fiasco: los marineros de un buque de desembarco vieron a un japonés que nadaba hacia ellos más mal que bien, gritando insultos y amenazas. Lo tirotearon y de repente ¡pum! explotó. Por lo visto, llevaba al cuello un petardo que pretendía adherir al costado del buque y una bala le prendió fuego. En el segundo caso, vieron al nadador demasiado tarde, pues fue verlo y ¡pum! El explosivo dañó uno de los costados del buque, pero sólo provocó daños menores.

La Marina Imperial Japonesa pronto aprendió la lección: un nadador no puede llevar mucho peso a cuestas, porque se cansa, se hunde y se ahoga antes de llegar al barco. Además, como nada, se le ve llegar y pueden tirotearlo fácilmente. Dedujeron, tras mucho pensar, que sería muy diferente aproximarse al buque enemigo (atención) caminando por debajo del agua.

Así nacieron los Fukuryu, o buzos suicidas japoneses.

Buzos suicidas japoneses (II)


Si se quería un cuerpo de buzos suicidas, se precisaba un aparato que proporcionase oxígeno a los buzos. Si no, ya me explicarán.

Los alemanes habían cedido al Japón la patente de uno de estos aparatos de respiración autónoma. Como hacía recircular el aire, no dejaba una estela de burbujas. Era ideal para que un buzo se aproximara al enemigo sin ser visto. Eso sí, como recirculaba el aire y lo purificaba mediante carbonato cálcico, si uno se sumergía más abajo de diez metros, acababa respirando ácido.

Para que el buzo no flotara, le ataban nueve kilogramos de plomo a los pies. Porque era un traje de buzo, no un vestido de submarinista moderno. Llevaba la mochila con el aparato de respirar alemán a la espalda, el lastre, el casco de bronce con mirillas... Dentro del casco, el buceador podía beber zumos o alimentos líquidos que llevaba consigo gracias a un tubito, y el detalle es interesante, porque los japoneses calculaban que uno de estos buzos podía permanecer entre seis y ocho horas debajo del agua y avanzar hasta dos kilómetros andando... siempre que no se deshidratara por el camino.

El arma del buzo era parecida a la pértiga Nikaku. Al extremo de un mástil de unos tres metros se había instalado una mina de ataque del Tipo 5 modificada, con espoleta de contacto. Eran quince kilogramos de explosivos y una cámara hueca que hacía de cámara de flotación. Podía abrir un buen agujero en la quilla de un buque de desembarco.

La táctica Fukuryu era la siguiente: así que la flota de desembarco enemiga se aproximase a la playa, los buzos saldrían de su escondrijo. Unos, se meterían en el agua caminando desde la playa; otros, habrían esperado escondidos entre los restos de un naufragio, por ejemplo, o avanzarían por una cañería oculta, una especie de boca del alcantarillado, que los llevaría a varios cientos de metros mar adentro. Una vez allí, a unos seis metros de profundidad, un batallón de buzos formaría en tres líneas (tres compañías de 150 buzos cada una de ellas) separadas entre sí unos sesenta metros. Los buzos activarían unas minas convencionales situadas bajo el agua y se apartarían de ellas. Los buques enemigos procurarían evitar esas minas y se meterían justo donde los esperaban los Fukuryu. Entonces comenzaría el ataque.

Los Fukuryu tenían que procurar apartarse de los buzos suicidas más próximos, para evitar morir sin querer cuando éstos se suicidaran debajo de un buque enemigo. En caso de ataque suicida, se consideraba que había suficiente con mantener unos cincuenta metros de distancia entre buzo y buzo.

Se organizaban en secciones de seis buzos, cinco secciones por pelotón y cinco pelotones por compañía. A la que se les acercaba un buque de desembarco enemigo, los buzos se aproximaban a él sujetando la pértiga apuntando hacia arriba, como en la figurita de la fotografía, y cuando la quilla rozaba la mina...

En agosto de 1945, los japoneses ya tenían preparados mil trajes de buzo, pero tenían previsto haber acabado ocho mil en septiembre. En octubre, los Fukuryu sumarían seis mil buzos suicidas, entrenados y dispuestos a todo. La 71.ª Unidad de Ataque Especial (en Yokosuka) contaba, al final de la guerra, con dos batallones de buzos a punto y cuatro más entrenándose, y esperaba contar con cuatro mil buzos para defender la bahía de Tokyo y las playas de Honshu en otoño. Otra unidad Tokko, la 81.ª, pretendía desplegar a mil buzos en Kure y Sasebo. Los planes de la Armada Imperial Japonesa eran muy ambiciosos, pues pretendía que fueran 40.000 los buzos suicidas que defenderían las playas y puertos de Japón antes de final de año. Ahí es nada.

A Dios gracias, los Fukuryu nunca entraron en acción, porque se acabó la guerra antes.

La historia es completamente verídica. Si no me creen a mí, lean The Fukuryu Special Harbor Defense and Underwater Attack Unit - Tokyo Bay (S-91, 1946), un informe de la Misión Técnica de la Marina de los EE.UU. en Japón, que pueden leer aquí mismo.

Otro mundo (Gran Premio de Mónaco 2012)

Es lo que dicen siempre del Gran Premio de Mónaco, que es otro mundo. Hablan mucho del glamour, los yates se amontonan por docenas en el puerto y se suceden los fiestorros. Se corre en Mónaco desde los años veinte, desde mucho antes de que existiera la Fórmula 1, y se seguirá corriendo, aunque sea un circuito lento, estrecho, incómodo y peligroso. Por un je ne se pas qua, o como se diga en francés. Porque es Mónaco.

Esta año, la cosa ha estado movidita. Que si llueve, que si no llueve... Un montón de abandonos... Y lo que en televisión, con mucho recochineo, han bautizado el trenecito, algo que hacía mucho que no se veía tan seguido. En un puño, los siete primeros automóviles, uno detrás del otro, esperando a que pase cualquier cosa. Se despista uno y gana otro, y eso le puede pasar a cualquiera. ¡Qué campeonato más apretado!

A Ferrari no le ha ido mal. Los dos bólidos han puntuado, y uno ha hecho un podio. Alonso es ahora el piloto con más puntos en el Mundial de Pilotos, aunque Ferrari todavía está atrás en el de Constructores. Mercedes da mucha guerra, ha ganado un Red Bull, a McLaren no le ha ido tan bien... En fin, que parece que será verdad que este año nos vamos a divertir.

Mas y la bolsa canadiense

Me huelo que Canadá no va muy bien. Hace apenas dos días, la prensa económica anunció que la bolsa canadiense ya llevaba tres días sin pérdidas. El regocijo era notable. Parecía que se trataba de algo excepcional, el final de una pesadilla. De repente, todo se torció, y de la manera más inverosímil.

Muy lejos de Canadá, el presidente de una comunidad autónoma va y desayuna con la prensa extranjera. Los canadienses no saben qué es una comunidad autónoma y la verdad, les importa bien poco. A los periodistas también les importa poco lo que sea una comunidad autónoma, pero hay churros, hay hambre y el sitio es de mucho postín. Acuden todos.

El presidente de esa comunidad autónoma se había trasladado a Madrid para ver un partido de fútbol (una festividad religiosa europea). Si invita a los periodistas a chocolate con churros es porque quiere dárselas de líder presumiendo de inglés. Es la segunda vez en toda su vida que hacía tal cosa; de la primera no se acuerda nadie. Los periodistas le preguntan en castellano.

Habla de fútbol, que es lo que le va, y entonces pierde de vista con quién está reunido. Va el tipo y suelta que no le llega para pagar las nóminas a final de mes, y que suerte que es España la que le paga las deudas, que si no... Deja ir, como quien no quiere la cosa, que sería conveniente depender de la deuda española y no de la catalana, que está al nivel del bono basura, y lo dice con tanto arte y salero que los periodistas extranjeros, todos a una, creen que la región más industrializada de España se ha venido abajo, está arruinada y pide la intervención del Gobierno de España para poder afrontar todas sus deudas antes de final de mes. Es decir, en cinco días. ¡Alarma general! ¡Todos a correr para redactar el artículo! 

A las pocas horas, los sitios web de la prensa extranjera sacaban humo: la administración regional española en general y la catalana en particular piden el rescate de Madrid porque no puede afrontar sus deudas, dicen. España va mal, deducen, peor de lo que nos decían. La prima de riesgo se dispara. Los mercados se tambalean. Todo se va al carajo.

De nada sirven los desmentidos y las aclaraciones. No dijo tal cosa, sino que quiso decir tal otra, se apresuran a precisar desde Barcelona. ¿Cómo que quiso decir...? ¿Cómo sabe uno que no estuvo ahí lo que quiso decir si no lo dijo? En fin, dijo lo que dijo y así lo entendieron todos, no hay vuelta de hoja, y si no dijo lo que dijo, sino que quería decir lo que no dijo, que no era lo que dijo, pues entonces, por favor, que no hubiera dicho nada.

Con todo esto, nuestra imagen roza el ridículo... y los inversores canadienses pierden lo ganado en tres días por culpa de la deuda catalana. No es broma. Quién nos lo iba a decir. En Canadá... ¡Cómo está el patio...!

La lámpara y el diputado

Una vez en el círculo minero se presentó un diputado nacional; escuchó a los mineros que contaban sus miserias, y su excelencia cerraba los ojos como si padeciera de manera insufrible, hasta que al fin le dió una patada a la mesa exclamando ¡Cagüendiós! ¡Habrá que hacer algo!; de la mesa cayó una lámpara que se hizo añicos; su excelencia prometió grandes cosas; a los mineros les tocó comprar una lámpara nueva.

De Leonardo Sciascia, Le parrocchie di Regalpetra
(Trad. Luis Soravilla)

TV3 contra los pobres

La plantilla de futbolistas del F.C. Barcelona es la que más dinero ingresa de toda la Liga Española de Fútbol Profesional. Sus veintitantos jugadores cobran casi 250 millones de euros al año (libres de impuestos). La Generalidad de Cataluña, a través de TV3 y otros medios, subvenciona al club de fútbol (una entidad privada) con más de 90 millones de euros al año.

90 millones de euros al año es lo que la Generalidad de Cataluña gasta, pero no quiere gastar, en el programa de la Renta Mínima de Inserción, que proporciona una renta que no pasa de 420 euros por persona a los 120.000 catalanes más pobres.

Dicho esto, véase:

Este fin de semana se organiza un telethon especial: Marató per la pobresa, que ningú es quedi fora de joc (Maratón por la pobreza, que nadie se quede fuera de juego). Muy futbolero, el lema, muy apropiado.

Los mismos que creen que no se puede prescindir de la subvención a dos docenas analfabetos hipermillonarios que le dan de patadas a un balón son los mismos que privaron durante semanas a miles de personas de una renta mínima, porque no querían gastar tanto dinero en combatir la exclusión social. Son los mismos que organizan el telethon para recaudar dinero para los pobres. ¡Qué buenos que somos, que organizamos una rifa para los pobrecitos pobres, tan sucios ellos...!

Pero ¡por Dios! ¡Qué cinismo! ¡Qué asco! Los que más están haciendo para joder a los pobres (perdón) se están pitorreando de todos nosotros organizando un espectáculo morboso de caridad obscena. Me da repelús.

Protesten, damas, caballeros, gentes en las que todavía queda un rastro de decencia: ¡protesten! Como quieran. Como se les ocurra. Pero, por favor, protesten y luego, cuando toque votar, ustedes mismos. Pero no dejen que pase por buena esta tomadura de pelo carca e insultante. Que tenga consecuencias.

Si no saben de qué les hablo ni por qué me irrito, déjenlo para otro día y no me tomen en serio. Están en su derecho. Pero a todos les digo que, bien mirado, tanto ustedes como yo merecemos lo que nos está pasando, porque somos cómplices de tanta estupidez.

Si tienen tuiter y esas cosas, pueden cagarse en sus muertos en http://www.tv3.cat/maratopobresa. Si no, escriban a los diarios, a los señores diputados, a televisión... Hagan algo, lo ruego. No dejen pasar la oportunidad de tener razón.

¿Nadie vio lo que estaban haciendo? (El caso de las bandas asesinas)

A finales de 2009, el Ayuntamiento de Barcelona no quería perder la ocasión de gastar millones de euros del Fondo Estatal de Inversión Local. Es decir, se preguntaba en qué iban a gastar los millones del Plan Zapatero, para no quedarse sin ellos. Había prisa, mucha prisa, y la prisa es mala consejera.

A los munícipes se les ocurrió la muy loable y genial idea de hacer de Barcelona una ciudad más agradable para los discapacitados visuales, que es como llaman ahora a los ciegos y cegatos, perdonen ustedes. Pero no preguntaron a los afectados, sino que se lanzaron a la piscina sin saber nadar.

Se les ocurrió que unas muescas en el suelo de las paradas del autobús guiarían a los ciegos hasta las puertas del vehículo. Lo ideal, a decir de los propios ciegos, es que se utilicen unas baldosas hidráulicas (es decir, las de toda la vida) con un dibujo diferente. Pero el Ayuntamiento de Barcelona tenía otra idea en la cabeza. Nada de obras: se cortaba una banda de caucho a medida, se engancha sobre la acera, deprisa y corriendo, y andando. Naturalmente, contrataron a una empresa para hacerlo. Un trabajo fino, el de la banda de caucho: el ciego tropieza con la banda de caucho (nunca mejor dicho) y siguiéndola, llega hasta el autobús.

El plan municipal que se presentó al Fondo Estatal de Inversión Local pretendía instalar 1.800 bandas de caucho en las 2.135 paradas de autobús que tenía entonces. Acabó instalando sólo 1.500 de estas bandas. La empresa instaladora, por cierto, tuvo que volver a instalar el 12% de las bandas de caucho a poco de estrenarlas, dentro del período de garantía, porque, sencillamente, se despegaban. No habían acertado con la cola.

¡Y tanto que se despegaban! El despropósito comenzó a llevarse por delante, a fuerza de tropezones, a los sufridos usuarios del autobús de Barcelona y a un nutrido grupo de peatones. No tenían bastante con los ciclistas, que ahora se enfrentaban a las bandas asesinas (de caucho).

Las bandas asesinas estaban diseñadas a posta para provocar el tropezón del caminante. Además, se despegaban, arrancaban las baldosas sobre las que se habían enganchado... Los ciegos no se atrevían a acercarse a las paradas del autobús. En fin, un desastre. Tan mal fue el asunto que el Ayuntamiento de Barcelona tomó cartas en el asunto: se sacó las pulgas de encima y echó las culpas a la empresa contratada. Con ese cuento, no le devolvió el aval de 140.000 euros que la empresa había depositado al ganar el concurso y los munícipes responsables de semejante disparate pudieron eludir sus responsabilidades, echándole las culpas a otro. Pero siguieron las quejas.

Muchas protestas e ingresos en urgencias después, el Ayuntamiento de Barcelona ha tenido que reconocer su error. El Ayuntamiento de Barcelona arrancará las bandas de caucho y las sustituirá por las baldosas que pedían los ciegos. Se desconoce el coste de arrancar las bandas de caucho y reparar los daños que éstas han causado en la acera (que no son pocos), pero las nuevas baldosas para los ciegos costarán a los barceloneses 800.000 euros.

Eso no es nada: las bandas asesinas (de caucho) habían costado 3,7 millones de euros, aunque el Ayuntamiento de Barcelona sólo había aportado 1,3 millones.

Según la aritmética más elemental, cada banda de caucho nos costó, aproximadamente, 2.500 euros, 2.000 euros más de lo que nos hubiera costado poner las baldosas que pedían los ciegos el primer día.

No sabemos cuánto dinero ha supuesto el mantenimiento de las bandas de caucho, pero si el primer año se tuvieron que reponer el 12% de todas ellas, en los dos años en que han estado puestas se habrán tenido que reponer, a ojo, una cuarta parte, a 2.500 euros por parada de autobús... Tampoco sabemos cuánto dinero costaron los sueldos y las dietas de los jefazos que se reunieron tantas veces, pensaron tanto y decidieron, al fin, enganchar unas gomas con cola en el suelo, a precio de oro, en vez de hacer las cosas bien hechas.

Calculadora en mano, la broma de las bandas de caucho nos ha costado tanto dinero como atender en estos dos años de gilipollez y sufrimiento a más de 550 pacientes aquejados de una enfermedad grave, con intervención quirúrgica, tratamiento y medicación incluidos, en uno de los grandes hospitales de la sanidad pública catalana (sin recortes, a pleno rendimiento). Las bandas asesinas se llevaron gente por delante a base de tropezones, pero también privando de recursos a la sanidad.

Y yo me pregunto: ¿nadie vio lo que estaban haciendo?

Aprender

No es necesario aprender a escribir, pero sí a ver. Escribir es una consecuencia.

Antoine de Saint-Exupéry, piloto de aeroplanos y escritor.

¿Cómo tendría que llamarse la ciencia que estudia las ventosidades del vientre que se expelen por el ano?

No se trataba de una adivinanza, sino de pedir una opinión, un parecer a los amables lectores de El cuaderno de Luis. Se trataba de bautizar la ciencia que estudia las ventosidades del vientre que se expelen por el ano, llamadas generalmente pedos. Pese a la capital importancia de este estudio desde el punto de vista antropológico (la aproximación cultural al pedo varía de una sociedad a otra) como desde el punto de vista físico (la generación de biometano ¿afecta nuestro sistema climático?), sin olvidarnos de cuestiones éticas, químicas o médicas de la mayor importancia (peerse ¿es pecado?, ¿qué compuestos químicos convierten una función orgánica sana y deseable en un martirio para el prójimo?, ¿es posible detectar enfermedades por el olor del pedo?), pese a la capital importancia de esta disciplina científica, decía, ésta no tiene un nombre universalmente reconocido. He aquí la razón de la encuesta y el motivo de tan original método reivindicativo de una nueva disciplina científica.

Se propusieron varias palabras, basándonos en las raíces griegas y latinas del sustantivo pedo y del verbo peer(se). En griego, cabe distinguir entre una voz popular y malsonante que designa al pedo (que se pronuncia algo así como claniós) y una voz culta (panitós, más o menos). Los romanos, en cambio, no hacían ascos a ninguna de las voces, pues el cuesco era pájaro de buen augurio, y tanto el verbo pedere como el sustantivo peditum eran de uso común.

Las palabras propuestas, en orden alfabético, fueron: Clanialogía, Panitariología, Pederelogía, Peditología, Pedología, Perdología y Perdonalogía.

El público se inclinó mayoritariamente por la raíz latina y votó Peditología, que se llevó la mitad de los votos. Añado, a modo de comentario, que me hubiera gustado una victoria de Panitariología, la que hubiera sido mi elección, pero el público tenía, en este caso, la última palabra. Panitariología se llevó una tercera parte de los votos y Pedología, el resto. Las demás opciones no merecieron la consideración del común.

Como concluyó Dante en el Capítulo XXI de su Inferno: Ed elli avea del cul fatto trombetta. Amén.