Los fósiles más modernos


Los rastros de los dinosaurios, en el sitio web de El Mundo.

Los periódicos dicen que son las pisadas fósiles más modernas de Europa, pero luego sueltan que tienen 65 millones de años. Hay que aclarar de lo que estamos hablando. No existen huellas de dinosaurio más modernas en Europa, eso es lo que quieren decir. Si acaso, más antiguas, pero más recientes, no. Huellas fósiles más modernas, un montón, pero ninguna de dinosaurio.

Todo porque se han descubierto huellas fósiles de Arenysaurus en Arén (Huesca) y de Pararhabdobon en Isona (Lérida), en los Pirineos. Alguna más, pero sin especificar. Todas tienen alrededor de 65 millones y medio de años, mes más, mes menos, y pertenecen a unos dinosaurios pico de pato, o hadrosáuridos. Estos bichos vivían tan tranquilos en las orillas de los ríos y los lagos, rodeados de flores y tan felices, hasta que les cayó el cielo encima, literalmente, y se murieron todos en un pispás. Es lo que cuentan, al menos.

Estos dinosaurios no eran dinosaurios de alta montaña, que la montaña vino después. Eran dinosaurios de llano, que los Pirineos surgieron cuando lo que es ahora la Península Ibérica se dio de narices contra Francia. Se arrugó el país y surgió la cordillera, con pisadas de hadrosáuridos y todo.

Los paleontólogos celebran el hallazgo. Los lerdos, entre los que me incluyo, contemplamos el rastro de un pato Lucas de varios metros de alto con cierto reparo, con un sentimiento de incredulidad. Cómo cambia el mundo, y parece que fue ayer.

Las tripas del Ratoncito


En agosto de 2011 dediqué seis entradas para hablar de un carro de combate que no llegó a combatir, diseñado por Porsche y conocido popularmente como Maus, el Ratoncito. Si tienen afición por estas cosas y por los inventos absurdos, pueden leer lo que escribí entonces (utilicen el índice, en el margen derecho del blog). Hoy me limito a colgar un vídeo que he pillado en el yutú (pronúnciese YouTube) en el que un caballero muy amable nos enseña un Maus por dentro y por fuera.

    


Un café con leche



A relaxing cup of café con leche se ha convertido en la frase de moda. Fue la (des)afortunada propuesta que Ana Botella, alcaldesa de Madrid, hizo a los miembros del Comité Olímpico Internacional. 

El pitorreo que ha provocado el café con leche de Annie Bottle (así la llaman ahora) ha sido lo nunca visto. Llueven palos sobre la alcaldesa de un lado y del otro. Quizá pueda tener éxito en la farándula, con un espectáculo de cuenta cuentos (en inglés botellero), pero su carrera política ha sufrido un severo revés. Surgen las burlas de hasta debajo de las piedras. 

Hasta Trias, alcalde de Barcelona, se ha sumado al jolgorio diciendo que en España sólo Barcelona da el nivel para competir con Toquio, y ahí queda eso, porque supongo que lo habrá dicho en broma. Porque luego sale con más chanzas. ¿Barcelona se presenta como posible sede de los Juegos de Invierno? ¿Los de invierno? ¡Vamos, hombre! ¡No será verdad! ¿Dónde montarán los saltos de esquí? ¿En la Atalaya del Tibidabo? ¡Qué cachondo, Trias! No le suponía tanto sentido del humor.

También se afirma que el peluquero de la señora Botella era un estilista japonés, Tokatokyo Akinotoka, o que aprendió inglés en Estambul, pero no podemos asegurar ni una cosa ni la otra. En todo caso, uno se pregunta si la señora Botella acabará como otro famoso Botella, Pepe, largándose a los EE.UU. para no ser vista durante una larga temporada.

Sin embargo, damas y caballeros, permítanme disentir. No será tan malo su inglés si he podido entender todo lo que ha dicho. (Quien pille la ironía, premio.)

Un artículo de opinión


El señor don Joaquim Coll escribe en El País un artículo titulado Cataluña, democracia o populismo, que considero interesante leer, esté uno de acuerdo o no con lo que dice. 

Véase en:


El señor Mascarell ¿bebe o fuma?


Parece que piensa, pero no se lleven a engaño.

Nos ha tocado vivir una encrucijada política, económica y social muy compleja gestionada por memos. Me temo que ésta es una conclusión irrebatible.

Si prestamos particular atención a Cataluña, mi barrio, uno se lleva las manos a la cabeza. Tanto da que usted quiera que su barrio siga formando parte de la gran ciudad o que se convierta en un municipio aparte, tanto da. El problema de la memez es universal y muy nocivo, para unos y para otros. 

Los memos más peligrosos son los que, no sabemos muy bien cómo, han pasado por mentes preclaras y brillantes los últimos años. Cuando, al final, se descubre su memez, sobrecoge el ánimo que un personaje semejante haya llegado tan lejos. Algunos de estos memos son, además, estúpidos. Especialmente, los memos al poder. 

¿Dónde situaríamos al señor Mascarell?

Como dijo Carlo M. Cipolla, un estúpido se distingue de los demás seres humanos porque hace daño a los demás sin obtener beneficio para sí. Nunca hay que despreciar ni el número ni la capacidad de los estúpidos para hacer estupideces.

Todo eso porque el consejero de Cultura, don Ferran Mascarell, se ha dejado ir en un discurso en Sant Miquel d'Escornalbou (Tarragona), este domingo, que pretendía ofrecer al público razones históricas para justificar su postura (actualmente) secesionista. Nos queda claro que es un memo, pero ¿es también estúpido, según Cipolla?

Vayamos por partes. Las razones históricas son las menos razonables de todas. Hoy estamos aquí, nos ha tocado esto y la pregunta es: ¿Qué hacemos ahora? Lo hecho, hecho está y no hay nada que hacer con ello.

Hegel, memo genial e inspirador de grandes memeces.

Por eso, en un Estado democrático, social y de derecho, o como quieran llamarlo, la Historia es una disciplina académica, no algo que procure legitimidad. Porque el historicismo no es un argumento legal, es sólo una teoría filosófica, y la política se basa (tendría que basarse) en los hechos. Pero, ya que nos ponemos a imitar a Hegel y nos ponemos históricos, lo mínimo que puede pedírsele a uno es que no diga (muchas) memeces. El señor Mascarell, en cambio, las dijo una detrás de otra. Flaco favor hace a quienes pretende ayudar.

Ejemplo de anomalía.

Ha llamado la atención de todos (y no es para menos) que calificase España como el fruto de una anomalía histórica (sic). Sale en todos los titulares. A decir del señor Mascarell, somos únicos, singulares, y uno tiene que preguntarse por qué.

Además, la anomalía española no es una anomalía cualquiera, del montón. No, no, es ella misma una anomalía anómala. Vean, si no. Según don Ferran Mascarell, llevamos siendo anómalos tres siglos seguidos, ni más ni menos. ¡Coño! Tres siglos de anomalía son muchos siglos. 

Una anomalía histórica podría ser el reinado de Ajenatón y la cultura de El-Amarna, que duró lo que duró. Una anomalía es una singularidad estadística y no hay singularidad que aguante tres siglos, ni en los mejores sueños ni en las peores pesadillas. Por lo tanto, tres siglos... ¿Acaso España ha vivido ajena a la historia de Europa, del mundo, de las ideas, del progreso o de la climatología durante tres siglos? La pregunta tiene más enjundia. Tendría que ser: ¿Existen las anomalías históricas? Si existen, ¿cómo distinguirlas?

Sólo Pemán, que era un facha, creyó que España era una anomalía histórica. En general, creer que la historia de mi nación es singular (ergo, anómala) es el fundamento de cualquier nacionalismo. La anomalía convierte a mi nación en única, en especial, en una delicatessen histórica que no puede ser otra cosa que una unidad de destino en lo universal, que diría Hegel.

El señor Mascarell también cree en estas tonterías. Digo tonterías, con todas las letras. Las anomalías históricas o nacionales son gilipolleces para entretener al personal y pagarle la cátedra a Hegel. Lo peor es que se defiende que existen con manifiesta ignorancia sobre lo acaecido en el pasado y entonces surgen los memos, los estúpidos y Mascarell.

A decir del consejero chaquetero, la anomalía histórica española se inició en 1714. Exactamente, el 11 de septiembre de 1714. No podemos precisar la hora, pero estamos en ello. En ese momento tan singular de la historia, se impuso un modelo autoritario y jerárquico (sic) sobre un republicanismo monárquico (sic), dijo el consejero de Cultura (sic) y hay que ser burro para sostener semejante majadería.

Escena heroico-patriótica de la Guerra de Sucesión. Ésta, en Francia.

La Guerra de Sucesión fue una larga guerra civil (también europea) en la que se enfrentaron los partidarios de un rey de España Haubsburgo y los de un rey de España Borbón. Perdieron los partidarios de la monarquía austríaca y ganaron los partidarios de la monarquía francesa, y eso es lo que se celebra el 11 de septiembre. Nada más lejos del republicanismo que los Haubsburgo, nada más próximo al autoritarismo y la jerarquía que la monarquía austríaca. O la francesa. O cualquier otra, porque todas las monarquías europeas adoptaron el absolutismo a lo largo del siglo XVIII. Si no hubiera sido Felipe, hubiera sido Carlos, si no hubiera sido en 1714, habría sido antes o después. 

Y, por favor, hablar de democracia y parlamentarismo tal como se entienden ahora antes de las revoluciones americana o francesa es una bobada mayúscula. La guillotina impuso la democracia en Europa.

A decir del señor Mascarell, España se formó (cito) en manos de una élite alejada del pactismo, con un espíritu autoritario y jerárquico, sin más objetivo que construir un Estado único, unificado, centralizado, radial, jerárquico [repite jerárquico], que unificara en una sola nación de matriz castellana todo lo que respiraba bajo sus dominios

Felipe V, el que ganó la guerra, el malo de la función.

Cambién España por Francia, Austria, Rusia o Prusia y tendrán un resumen del siglo XVIII. Entonces nació el Estado como lo entendemos ahora, como un sistema de gestión unificado, burocratizado y ejercido por estadistas profesionales, funcionarios públicos. Como el señor Mascarell se ha pasado del socialismo a la extrema derecha, ahora defiende la liberalización y privatización del Estado, no quiere ni ver a los funcionarios y lo que no sea repartir el pastel entre los amigos es autoritarismo.

Según Mascarell la anomalía continúa vigente (sic). Por cierto, ¿las anomalías son vigentes? ¡Vaya consejero de Cultura...! La anomalía sigue ahí porque (cito de nuevo) España está configurada por un conjunto de instituciones estatales perdidas en su propio laberinto, incapaces de pensar en los intereses de los ciudadanos. Vaya, que sufrimos un mal gobierno. Naturalmente, no se refiere al gobierno del que forma parte, sino al otro. Porque el gobierno del que forma parte el señor Mascarell no es malo, no, qué va a ser malo, por favor. ¡Jamás!

Para resolver (sic) esta anomalía histórica, Mascarell propone, atención, la creación de un Estado propio para Cataluña. Esto (cito) resolverá el problema español de siempre. Además es el camino para dar estabilidad y progreso en el sur de Europa (sic). Peor o mejor todavía: el nuevo Estado catalán [favorecerá] un renovado iberismo [...y...] una alianza entre Cataluña, España y Portugal. ¡El señor Mascarell quiere regresar a los tiempos del Conde-Duque de Olivares!

El conde-duque de Olivares, modelo de Mascarell.

Hay una frase que no entiendo, ni en versión original ni traducida, porque el consejero de Cultura no sabe hablar. Dice: Los catalanes entendemos definitivamente que el Estado es de parte y no de todos. ¿De parte de quién(es)? ¿Aparte? ¿De qué parte? ¿Parte hacia alguna parte? ¿Parte y reparte? En fin, es una parte del discurso que carece de importancia, como el resto.

Luego sale con éstas. Aquí me siento particularmente ofendido. Dice que sólo pueden oponerse a la creación del Estado catalán (cito) los autoritarios, los jerárquicos y los predemócratas o los que confunden España con su finca particular

Se me ocurre que pueden oponerse a la creación de un Estado catalán los que, por amor a los catalanes, no quieren verlo en manos de caballeros como usted, señor Mascarell. Es lo primero que me ha venido a la cabeza.

Díganle tonto, pero es consejero de Cultura. En qué país vivimos.

¿Seguimos o arrojamos la toalla? (Gran Premio de Italia 2013)


Alonso, dando el callo en Monza.

Monza es La Meca de los ferraristas. Los de Maranello echan el resto en Monza, lo que haga falta. Esta vez, tal como iba el Campeonato del Mundo, o Ferrari se recuperaba en Monza o mejor lo dejamos para el año que viene. 

Ferrari ha echado el resto, pero Red Bull sigue adelante. Alonso, después de una gran carrera, ha quedado en segunda posición, detrás de Vettel; Massa, cuarto, detrás de Weber. Es decir: Red Bull, Ferrari, Red Bull, Ferrari... y los demás. En el Campeonato de Marcas hemos ganado algunos puntos; en el de Pilotos, no.

Visto lo visto, estamos en ese punto en que no sabemos si seguir o arrojar la toalla. El año que viene llegará con tantos cambios en el motor, la aerodinámica, el consumo de combustible, etc., que traerá muchos dolores de cabeza. ¿Nos dedicamos a prepararlo en serio o intentamos ganar ahora a Red Bull? Que anda muy, muy lejos. 

Fotografía procedente de la Scuderia Ferrari, con el título Aloooonso!, Aloooonso!

Parezco pesimista, ¿verdad? Pero, no, qué va. Soy de Ferrari desde que tengo uso de razón, mi sangre es roja desde mucho antes y lo que ustedes quieran. Pero lo cortés no quita lo valiente y uno tiene que hacerse estas preguntas, para ver qué es lo mejor y luego hacer cualquier otra cosa. Con todo, aunque no ganemos ni para pipas, no hay otra escudería como Ferrari, aunque pierda, ni carrera como Monza. Ya me entienden.

Por lo demás, una buena nota para Hulkenberg, que ha sorprendido a todos, y felicidades para el equipo McLaren, que ha cumplido 50 años. ¡Enhorabuena!

Los trenes a hélice


A principios del siglo XX, en Rusia, inventaron el aerosan (plural, aerosani), que se traduce como aerodeslizador. Sergei Nezhdanovsky construyó los primeros, entre 1903 y 1905. 

Eran trineos muy ligeros, de madera contrachapada, impulsados por un motor a hélice, como un avión. Estos trastos podían alcanzar una gran velocidad sobre nieve o hielo, en terreno llano. No eran muy maniobrables y apenas subían las cuestas, con mucha dificultad, pero a ver quién los pillaba sobre un lago helado. 

Luego volveremos a Rusia, pero hagámosnos una pregunta: Si somos capaces de impulsar a gran velocidad un trineo con una hélice, ¿por qué no un tren? Los raíles hacen las veces de hielo y un vagón de pasajeros, de trineo. 

El fabuloso aerovagón de Abakovsky. No me digan que no impresiona.

Cómo no, los rusos fueron los primeros en lanzarse a la aventura. Un jovencísimo ingeniero, comunista hasta la médula, Valerian Abakovsky, inventó el aerovagón (se pronuncia, en ruso, aerovagonyi, o algo parecido). El primer aerovagón se construyó en plena Revolución Rusa, en 1917, y era algo así como el símbolo de los nuevos tiempos. Porque era la cosa más moderna que uno podía echarse a la cara: un vagón de tren de alta velocidad propulsado por una hélice y un motor de aviación. 

Prosiguió el desarrollo del aerovagón porque se pretendía que transportara a los oficiales del Ejército Rojo con rapidez, de uno a otro lado del país, en medio de una guerra civil y otra con Polonia. En aquella época, el ferrocarril era el único medio de transporte válido para tan largas distancias como las había en Rusia, y los aerovagones podrían ser utilísimos para la Revolución. 

Entonces sucedió algo terrible. El 24 de julio de 1921 embarcaron una veintena de comunistas de alto copete para disfrutar de un viaje en aerovagón y comprobar la maravilla del invento. De Moscú a las minas de carbón de Tula en un pispás, sin problemas. Todos quedaron admirados de la velocidad del aparato. Pero en el viaje de regreso se torció el asunto. El aerovagón descarriló y se espachurró cuando iba a toda máquina. Murieron seis personas, entre ellas el mismo Abakovsky, que acababa de cumplir ¡25 años! Todos fueron enterrados con honores en las murallas del Kremlin, porque el Progreso también tiene sus mártires (y mejor si comunistas). 

Los padres del Schienenzeppelin.

Ahora quédense con este nombre: Franz Friedrich Kruckenberg. Se había graduado como ingeniero naval, y mientras Abakovsky construía su aerovagón él se había pasado la Primera Guerra Mundial diseñando y construyendo aeroplanos y zepelines para los alemanes. Cuando acabó la guerra, se había convertido en experto en aerodinámica de los talleres de la Luftschiffbau Zeppelin GmbH, o Fábrica de Aeronaves Zeppelin. 

Después del paréntesis de la guerra, la DELAG, la primera compañía aérea del mundo, volvió a ofrecer un servicio de pasajeros en zepelín. En éstas, Kruckenberg se enfrentó a sus jefes. Criticó abiertamente que se empleara hidrógeno para sustentar a los zepelines: ¡era demasiado peligroso! También señaló el principal inconveniente de los zepelines: su coste de mantenimiento. 

El diseño del Schienenzeppelin se inspiró en la estructura de aluminio de los zepelines.

Justo entonces se le ocurrió la idea de construir un tren ultraligero y rapidísimo, tan rápido que fuera capaz de igualar la velocidad de un zepelín y sostenerla. Si lo equipaba con un motor de gasolina o diésel, podría prescindir de las pesadas locomotoras de vapor y su coste de mantenimiento sería muy bajo. Entre ciudades europeas, ni aviones ni zepelines podrían competir con estos trenes veloces. Fue dándole vueltas a la cabeza. Cabe preguntarse si conocía el caso de los aerovagones rusos. 

En cualquier caso, Kruckenberg se asoció con Hermann Föttinger y fundó la Flugbahn-Gesellschaft mbH, con la intención de diseñar y construir un tren impulsado por hélices. Así nació el Schienenzeppelin, o zepelín sobre raíles, el nombre que le quedó al aparato. 

Comenzó a construirse a principios de 1930 en los talleres Hannover-Leinhausen, de la Deutsche Reichsbahn (los ferrocarriles alemanes de entonces). En otoño ya habían construido el primer prototipo. El aparato medía casi 26 metros de largo y se aguantaba sobre dos ejes, que distaban entre sí 19,6 metros. Se pensó en impulsarlo con dos motores de aviación sincronizados, dos BMW IV, que moverían una hélice de cuatro aspas, que luego cambiarían por otra de dos. Pronto se cambiaron los dos motores por uno más grande, un BMW VI de 12 cilindros que daba de sí 600 CV e iba mucho más fino. 

Comparen una cosa y la otra. ¡Qué cara pondrían los contemporáneos!

El secreto del Schienenzeppelin es que chasis y carrocería eran de aluminio, como los zepelines y aeroplanos. Así consiguieron un aparato ligerísimo; el tren pesaba muy poco más de 20 toneladas. Kruckenberg había cuidado mucho la aerodinámica, lo que facilitaba las cosas. El interior era muy moderno (estilo Bauhaus) y podían acomodarse hasta 40 pasajeros. Lo nunca visto, vamos, una maravilla de la tecnología germánica. 

Bello, veloz, impresionante.

El 10 de mayo de 1931, el Schienenzeppelin superó por vez primera los 200 km/h. De la noche al día, se convirtió en una de las máquinas más famosas de Alemania y los ferrocarriles la exhibieron por todo el país. El 21 de junio de 1931 alcanzó los 230,2 km/h, convirtiéndose en la máquina sobre raíles más veloz de la historia (de entonces). Esa marca no pudo superarse hasta 1954, que se dice pronto, y todavía conserva el título de la máquina impulsada por un motor de gasolina más rápida sobre raíles. 

Kruckenberg quería más. En 1932 pensó en modificar significativamente el Schienenzeppelin. Le cambió el morro y le puso uno más aerodinámico. Cambió el eje delantero por un boje de dos ejes. Conservó el motor de aviación, pero en vez de propulsar una hélice, propulsaba una transmisión hidráulica formada por dos circuitos Fottinger, que movían las ruedas del boje delantero en ambos sentidos de la marcha. Donde la hélice, colgó una luz trasera, que quedó la mar de bien. 

Desapareció el tren a hélice, pero apareció el primer tren moderno de alta velocidad, que alcanzó los 180 km/h en 1933. En 1934 le cambió el motor. El BMW dio paso a un Maybach GO 5. Luego, se vendió todo por 10.000 marcos (Reichsmarks) a la Deutsche Reichsbahn-Gesellschaft (DRG). Dicen que se desguazó en 1939, tan pronto comenzó la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, la DRG, aprovechando la experiencia del Schienenzeppelin, construyó el Fliegender Hamburger (el Hamburgués Volante) en 1933. Pero sin darnos cuenta hemos abandonado el reino de los trenes a hélice y tendríamos que volver a él, y a Rusia. 

Los soviéticos tomaron a mal la marca de velocidad del Schienenzeppelin. Como no habían abandonado del todo la idea de los aerovagones, el 1 de septiembre de 1932, el ingeniero Grokhovsky (o Grojovsky) presentó en Leningrado un tren impulsado a hélices. En palabras de los periódicos del régimen, el tren de Grokhovsky se había diseñado para cubrir la línea Moscú-Leningrado y podía alcanzar una velocidad (agárrense) de 300 km/h. Las autoridades del ferrocarril aseguraron que podría cubrir la distancia entre las dos capitales en un par de horas. El coste de este rapidísimo tren se calculó en dos millones de dólares (¡de entonces!). 

A diferencia del diseño alemán, el diseño soviético tenía dos motores, uno tractor, delante, y uno impulsor, detrás. Además, el vehículo contaría con un sistema giroscópico para equilibrarlo y balancearlo debidamente en las curvas. En pocas palabras, a decir de las autoridades soviéticas, le daba sopas con onda al diseño alemán. Pero no se volvió a saber de él y no sabemos si llegó a volar por las vías. En todo caso, nos gustaría verlo en fotografía.

Durante unos años, el Schienenzeppelin cautivó la imaginación de todo el mundo.

¿Por qué no triunfaron los trenes a hélice? Básicamente, por cuestiones de seguridad y por falta de potencia

Combinen una hélice de más de dos metros de diámetro con un andén lleno de gente e imaginen la matanza posible. Ahora imaginen un tren a 200 km/h con la tecnología de entonces: ni frenos de disco ni controles electrónicos ni nada. 

Lo de la potencia parece mentira, ¿verdad? Porque en llano el tren alcanzaba grandísimas velocidades, pero en una cuesta... El Schienenzeppelin tuvo que ser remolcado más de una vez pendiente arriba y hasta se pensó en dotarlo de un pequeño motor para superar desniveles. Es un problema propio de estos diseños, porque no transmiten la potencia del motor a los bojes y no es lo mismo empujar en llano, donde sólo se vence la resistencia de los raíles, a empujar en subida, donde sumar parte del peso del convoy.

   

Pero ¿quién dice que fracasaron, estos trenes? El TALGO, el AVE, el TGV... tantos trenes modernos son los descendientes directos de los trenes a hélice. 

Y ya vale. Pongamos fin a esta larga entrada, pero sepan ustedes que no acabó ahí la historia, y que hay más trenes a hélice en los primeros años del siglo XX y que la idea no se descartó del todo hasta 1960, más o menos.

Pueden saber más en: 
Etc.

Informe sobre la sanidad pública

Para que sirva de referencia, adjunto un enlace al sitio web de la FADSP (Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública) sobre la calidad del sistema sanitario público en España, comparando los niveles de cada una de las Comunidades Autónomas.

Será:

Presupuesto consultivo y presupuesto alimentario


Doña Irene Bótox Rigau, señalando por dónde muere el pez.

No hace mucho, me quejé del gasto (inútil) de 30 millones de euros en el material necesario para montar la consulta, aquí

¿Inútil? Pues, sí, he dicho inútil. Por varias razones. Si la consulta se celebra legalmente, el material lo cede el Estado. Si no puede celebrarse legalmente... Pues, no se celebra.

Fíjense cómo va todo que ni se sabe qué se quiere consultar exactamente ni existe fecha para la consulta. De hecho, si alguien asomara con la fecha o la pregunta no podría asegurar ni una cosa ni la otra. Imaginemos que al final se celebrara la consulta, legalmente. Se celebraría, quizá, el próximo lustro, de seguir el ejemplo de los países que se han encontrado con problemas nacionalistas similares y los han resuelto sin bajarse de la legitimidad del Estado de derecho. 

Por lo tanto, sea usted favorable o contrario a la consulta y sea cual sea la pregunta que proponga o la respuesta que quiera dar, tendrá muy difícil negarme de manera razonada y razonable que gastarse 30 millones de euros en urnas y papeletas, ahora, con la que está cayendo, es una gilipollez como la copa de un pino. Más exactamente, una estupidez, porque no beneficia a nadie, pero perjudica a muchos.

Es estos planes andaba el Gobierno de los Mejores cuando asomó las narices el problema de la desnutrición infantil. ¡En qué mal momento!

Don Baudilio Ruiz, consejero de Salud (sic), responde a la denuncia argumentando que es poco científica y asegurando que no pienso tomar ninguna medida extraordinaria para resolver un problema que no es real. Literalmente, tal dijo. El muy cabrón, añado de mi propia cosecha.

Mientras tanto, ayer mismo, un funcionario de la Generalidad de Cataluña afirmó ante las cámaras de televisión que sólo en la comarca del Vallés Occidental se habían detectado más de 5.800 niños que no tenían asegurada una comida al día. 

Al funcionario en cuestión le habían preguntado por el incremento del número de becas-comedor que acababa de anunciar doña Irene Rigau, consejera de Enseñanza. El funcionario, apenado, respondió: La mitad de las solicitudes de beca-comedor no podrán ser atendidas. Sólo podremos atender a 2.900 niños.

El rostro del funcionario, el gesto, decía mucho más que las palabras. Pues ¡qué iban a decirle a él don Baudilio o doña Irene! El cabrón de don Baudilio o doña Irene Bótox Rigau pueden cantar misa, si quieren, pero él se enfrenta, cada día que pasa, a casi 2.000 niños que no saben si hoy van a comer y a los que no puede atender por falta de medios. 

¿Por qué entrevistaron al pobre funcionario? Porque doña Irene Rigau va y anuncia ayer el incremento de becas-comedor en Cataluña. Un grandísimo incremento, fíjense. Ningún niño pasará hambre en Cataluña, dijo, y tan pronto las palabras abandonaban el cerco de sus labios de salchicha, la realidad las privaba de contenido.

Este año, antes de los recortes, se había previsto un gasto en becas-comedor de 32,2 millones de euros. Como el Síndic de Greuges los ha puesto a todos en evidencia, doña Irene incrementa el gasto en becas-comedor hasta los 34 millones de euros, con una generosidad desmedida, para que no se diga que no atiende a las necesidades sociales de los niños catalanes. Tanta generosidad de la señora Rigau se traduce en algo entre 2.000 y 3.500 becas-comedor más para toda Cataluña

En 2013, se habían concedido 64.000 becas-comedor en Cataluña. Hasta ahora, sólo cubrían la mitad del coste de la comida en el colegio. La otra mitad la pagaba la familia del niño. Si la familia no podía pagarla, el niño se quedaba sin beca... y sin comida. Se han dado casos, es cierto.

Ahora, por primera vez en muchos años, sólo en casos de extrema pobreza se permite que la beca cubra todo el coste de la comida. ¡Bueno! ¡Esto es un avance! Hay que reconocerlo.

Pero ¡ojo! Hay que reconocerlo todo. Desde que manda doña Irene Bótox Rigau el presupuesto de becas-comedor ha disminuido más de un 25% en valor real. En 2010, el presupuesto era de 40 millones de euros y se consideraba insuficiente. En tres años se ha doblado (sic) la demanda de becas-comedor por la crisis, pero sólo destinamos 32,2 millones de euros a cubrirla.

Resumen: En el presupuesto que viene, la Generalidad de Cataluña gastará 6 millones de euros menos que en 2010 en becas-comedor, pero tirará por el váter 30 millones de euros para preparar la consulta

El Gobierno de los Mejores, no hay duda. De los mejores para los niños.

El tren del miedo de Barcelona


Fotografía publicada por El País.

En cualquier parque de atracciones que se precie existe el tren del miedo. Pasea a sus pasajeros por unos paisajes de cartón piedra en los que asoman autómatas disfrazados de fantasmas, monstruos o qué sé yo, que dicen Uuuh, Aaah y cosas parecidas. En su versión cutre pueblerina, don Ceferino se disfraza de bruja y se lía a escobazos con los pasajeros del tren.

En Barcelona no hemos llegado a tanto, pero todo se andará. Ya que hacemos de Barcelona un parque de atracciones (que ahora llaman temático), pongamos un tren del miedo. Ése será el que pasa por la estación de Plaza Catalunya de los Ferrocarriles de la Generalidad de Cataluña (FGC). 

El 19 y 23 de julio, el 1 de agosto y ahora el 5 de septiembre, exactamente en el mismo sitio cada vez, han descarrilado convoyes de pasajeros. ¡Qué susto!

Nadie sabe por qué se descarrilan los trenes en ese cambio de agujas, justo cuando el tren entra en la estación. ¡Que ya van cuatro veces este verano! 

A Dios gracias, el tren va despacito en ese tramo y los pasajeros no se han hecho daño (por ahora). Eso sí, han tenido que abandonar el tren, caminar por las vías hasta el andén y preguntarse por dónde anda don Ceferino, disfrazado de bruja.

Los Magnomenes en Australia



Los lectores de El cuaderno de Luis ya habrán oído hablar de Los Magnomenes en peligro. Pues sepan ahora que la cinta ha sido seleccionada para competir en el Sydney International Festival of Films by Children, ahí es nada. Como Sydney International Festival of Films by Children es un nombre bastante largo, los aussies lo han bautizado KidzFlicks.

Los Magnomenes en peligro, pues, parte para Australia, donde será proyectada en los cinematógrafos y subtitulada en inglés el año que viene, en 2014. ¡Bravo!

Ya saben, si pasan por Australia...

Más información sobre la película en:

Nos ha vuelto guapa de vacaciones


Pequeña, pero de armas tomar, dicen.

Doña María Soraya Sáenz de Santamaría Antón, que así se llama, es la vicepresidenta, ministra de la Presidencia y portavoz del Gobierno de España, que preside don Mariano Rajoy. Es decir, que nos guste o no, es un peso pesado en la política española. Por eso mismo, merece la atención de los medios de comunicación. 

Sucede lo que tiene que suceder y lo que es bueno que suceda. Su proceder en ese cargo público está expuesto a las críticas. Los partidos de la oposición se esfuerzan en pillarla en falta y la prensa, según le va. Unos periodistas la dejaran por los suelos y otros, por las nubes. Pero a veces no sé qué es peor, porque algunos amigos hacen las veces de enemigos.

En este artículo del diario ABC, que tiene apenas un día, se da la bienvenida a doña Soraya al inicio del nuevo curso político. ¿Cómo? Como podrán leer:

Soraya Sáenz de Santamaría vuelve coqueta de las vacaciones, dice el titular. La entradilla añade: La vicepresidenta del Gobierno empezó el curso político muy favorecida con un nuevo look. ¡Caramba! Look sin cursiva. 

El artículo no aparece en la sección España, que es la de Política en el ABC. Aparece en la sección Gente, donde se leen las aventuras de famosos y famosillos. Pero da lo mismo. Empieza por ahí y sigue en la misma línea.

Según parece, la vicepresidenta había tomado el sol durante sus vacaciones y regresó morena(za), y el periodista dijo que el lúcido bronceado (sic) la favorecía mucho. El audaz reportero prosigue criticando la ropa que lleva siempre la vicepresidenta (chaquetas y blusas holgadas) y alabando la que escogió para la ocasión. Cito: Un top sin mangas en color negro, que estiliza su figura, al que cruzaba una raya vertical mostaza, uno de los colores de la temporada. Impresionante.

Luego habla de los complementos y menciona (citamos de nuevo) un maxianillo negro, muy de tendencia [sic], y un reloj de correa metálica marrón con esfera y cierre dorados, también muy en boga este verano. Esta vez apareció con las uñas pintadas con esmalte granate. Etcétera.

El nuevo look superchachi y megachulo, en una foto de ABC.

Sea dicho: no tengo el gusto ni el placer de conocer a doña Soraya en persona y no comparto la mayor parte de las cosas que defiende. Cuando aparece en televisión, me da la impresión de ver una niña asustada ante una sala llena de periodistas, y digo esto sabiendo que me engaña la vista, porque un cargo como el de doña Soraya no se obtiene así como así. Pero nunca, nunca, se me habría ocurrido describirla como han hecho en el ABC. Menos, en un periódico que presume de serio.

El cachondeo y el pitorreo en eso que llaman redes sociales es de órdago. Imagino las risas en los bancos de la oposición y en los pasillos del Congreso de los Diputados. No pocos populares se sumarán a la fiesta. Hasta puedo llegar a imaginar a dos diputadas diciendo que no hay para tanto, que el top que llevaba Soraya era hortera, por ejemplo.

El casposo artículo, que parece provenir de un ¡Hola! de los años del racionamiento, ha puesto en un brete a doña Soraya, y no por haber hecho o dicho nada conveniente o inconveniente, sino porque un periodista de un periódico afín ha querido dorarle la píldora. ¡En mal día! Es el periodismo sacarina, que de tan dulce deja mal sabor de boca y además carece de sustancia.

Una de espías



El asunto de Método 3 hace ya un tiempo que me sobrepasa y he dejado de seguirlo con atención. La de mierda que corre por este caso... La dimisión del señor Zaragoza, del PSC, ha sido el último acto de un vodevil que tiene más de autopsia de cuerpo corrupto y agusanado (el de nuestra clase política) que de espectáculo cómico, o tragicómico. 

Que el señor Zaragoza, que no ha dimitido ni perdiendo elecciones como las ha perdido, ni teniendo el partido como lo tiene, tenga que dimitir por éstas, en un país donde no dimite ni Oriol Pujol (que sólo delega el cargo), un tipo que ha sido pillado en un caso de mamoneo de primera especial, que dimita, insisto, es mucho decir sobre la gravedad del caso. 

También dice mucho de la catadura moral de estos y otros personajes que del escaño no dimite nadie, ni Pujol, ni Zaragoza ni su abuela.

No se salva nadie, ¡nadie! Caen sospechas sobre el PP, que si sabía, que si no sabía; sobre el PSC, que ordenó o no ordenó espiar a éste, ése o aquél; sobre CiU, que se espiaba a sí misma... ¡Todos compraban los informes sobre todos los demás! ¡Y sobre uno mismo! Todos.

Hasta el Barça, que es como decir la misma esencia esencial del espíritu nacional o de la querencia colectiva, hasta el Barça, decía, espiaba por encargo de terceros y el señor Guardiola, ilustre sacerdote y santo varón de esta religión futbolera, ordenó espiar a las estrellas del balompié a su cargo, no se echaran novia o andaran por ahí de juerga. Lo dicho, que no se libra ni el apuntador.

Queda preguntarse si no sería conveniente reunir a todos los dirigentes patrios en un salón muy grande y de ahí enviarlos al exilio, lejos, bien lejos, y pedir a un país lejano y desconocido, como Nueva Zelanda, que nos enviase un recambio de dirigentes, por ver si es problema del motor o si, definitivamente, esto ya no tiene remedio.

¿Es esto lo suficientemente lejos?

El peaje de la Vía Catalana


La Vía Catalana no es una carretera, sino un acto lúdico-reivindicativo que cortará cinco horas seguidas, de la una a las siete de la tarde, algunas de las principales carreteras de la costa catalana en un día festivo de finales del verano. Es decir, o te diviertes con nosotros o te olvidas de divertirte en la playa con la familia.

Asombra que, a) dejen hacer tal cosa y b) que Abertis, concesionaria de las autopistas catalanas, tenga que asumir el coste de perdonar los peajes tantas horas seguidas. 

Les aseguro que, si ese acto fuera para protestar contra los recortes en materia de sanidad o educación, no se toleraría que cortase carreteras y Abertis cobraría los peajes de la primera a la última peseta. Pondría la mano en el fuego.

Según la prensa, las negociaciones entre el Gobierno de los Mejores y Abertis duraron lo que dos reuniones, que sumadas no llegaron a una hora, contando besos, abrazos y qué tal por Cadaqués, qué tal tu señora y qué es de tu vida. Abertis ha decidido no liarla y no pedirle a los organizadores una compensación porque a) tiene miedo (de provocar incidentes, de cosechar una mala imagen, de ganarse la enemistad del gobierno) y b) ya se cobrará los peajes con disimulo cualquier otro día, que alguna prórroga caerá, como tantas han caído ya. 

Sirva el favor como descuento de comisiones, que diría un amigo mío.


Pienso, existo



Una de las frases más famosas de la filosofía es la primera del Discurso del Método de Descartes. También es una de las frases más famosas en latín. Es Cogito, ergo sum. Les suena, ¿verdad? Pienso, luego (en consecuencia, por lo tanto, entonces) existo.

Sin embargo, lo correcto sería escribir Cogito [ergo] sum. Lo más correcto, Cogito, sum. Porque Descartes no escribió ergo, sino que eso lo escribió alguien después. 

Sutil, si quieren, pero interesante. Cogito, sum, es una proposición afirmativa o enunciativa. Pienso, existo. En cambio, Cogito, ergo sum, es una deducción, que no es lo mismo. Cierto que si no pensara no sabría de mi existencia, pero existiría igualmente. O quizá no, pero eso ya depende de la escuela filosófica de cada uno. 

Cabe preguntarse por ese ergo. Si es correcto, si no lo es, y por qué. Luego, hay que preguntarse si falta o sobra. Wittgenstein, que es mucho más moderno y además, vienés, dijo que lo que no podía enunciarse tenía que mostrarse. Pienso, existo, ¿es un mostrarse? Con el ergo en medio, es un enunciado, que ya no se muestra, sino que se (de)muestra.

Esta observación que dejo aquí anotada ni es mía ni es nueva, pero da que pensar. La dejo a merced de los estudiantes de filosofía enfrentados al comentario de texto del Discurso del Método. No sé si les servirá.