La Maurer y la maletita de los recuerdos


¡Anda! ¡Lo que he encontrado en el armario!

Uno de los primeros recuerdos que guardo en mi memoria es haber seguido por televisión el primer viaje a la Luna. El despegue del Apollo XI quedó grabado en mi sesera entonces y sigue fascinándome ahora. Perdemos de vista que esa aventura ha sido la culminación de muchos años de ciencia, tecnología y civilización. Quizá ese recuerdo me haya vuelto un poco lunático, como demuestra la lectura de El cuaderno de Luis. Lo siento, qué le vamos a hacer.

Armstrong, con barba de un par de días, camino de la Luna.

Si hoy volviésemos nuestra vista al proyecto Apollo, nos llevaríamos las manos a la cabeza. El ordenador de la NASA que dirigió todas las operaciones no sería tan potente como uno de nuestros modernos esmarfones (pronúnciese, smartphones) y el ordenador que llevaban los astronautas consigo era poco más o poco menos equivalente a una calculadora a pilas. 

La nave misma sería, vista con nuestros ojos, un montón de chatarra. Interruptores, bombillas, cables, donde hoy tendríamos pantallas táctiles multifunción chachiguays, leds y fibra óptica. Un ingeniero de la época dijo que las naves del proyecto Apollo eran muy fiables, pues tenían un 50% de posibilidades de devolver a los astronautas a la Tierra vivitos y coleando. Del otro 50% mejor no decimos nada. Cada viaje en el Apollo era una apuesta a cara o cruz. Cara, salimos vivos de ésta. Cruz... ¡Pum!

La bolsa en 1969, camino de la Luna. Ella también estuvo ahí.

Tal era el cachivache que la NASA diseñó una bolsa portaobjetos (sic) para guardar cosas averiadas. Cada dos por tres había que cambiar una bombilla, un interruptor, apretar un tornillo... Los astronautas tenían mucho trabajo de chapucillas durante el vuelo, aparte de sus muchas otras ocupaciones. A veces, no había tiempo de dejar las cosas en su sitio y de ahí el invento de la bolsa. Si había prisas o urgencias, las piezas sueltas se metían en el interior de la bolsa y luego ya se guardarían en su sitio. Dentro de la bolsa, para no dejar que flotaran por ahí e hicieran daño a alguien. 

Era un bolsa de tela blanca y acababa llena de cosas inservibles. Hace unos días, la viuda de Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, encontró una bolsa como ésas en un armario de su casa. Era (atención) la bolsa. Si, sí, la bolsa que el astronauta llevó consigo en el primer viaje a la Luna. 

La mujer no sabía que era eso que había encontrado, exactamente. Había cables, interruptores, lo que parecían unas correas y una cámara tomavistas. Lo fotografió todo y envió las fotografías al Museo del Aire y del Espacio en Washington, DC, preguntando si les interesaban para su colección, preguntando qué era todo aquello. El encargado del museo dió un brinco de puro contento. Aquellos objetos, afirmó, habían viajado a la Luna.

Imaginen la escena. Armstrong con la bolsa en la mano, preguntando qué hago con esto. El ingeniero de turno, encogiéndose de hombros. El astronauta, preguntando si podía quedárselo. Pues, por qué no, es sólo chatarra. Y no se habló más de este asunto.


Dos vistas de la Maurer de 16 mm que se encontró en el interior de la bolsa.

La estrella de la maletita de los recuerdos es una cámara de 16 mm, una Maurer. Para la NASA, era una Cámara de Adquisición de Datos (Data Acquisition Camera). Para nosotros, un tomavistas de 16 mm modificado, y fue un modelo estándar en todas las misiones Apollo. Su misión era filmar y fotografiar las operaciones de la nave, para que los ingenieros comprobaran su funcionamiento, y fue la cámara que fotografió el primer paso del hombre en la Luna. ¡Esa cámara! Había otra igual, que servía en el módulo que orbitaba la Luna, en manos del astronauta Collins.

El equipo fotográfico de la misión Apollo XI.
Observen las dos Maurer, tres Hasselblad, la Nikon... 
Al lado de las Maurer, una Maurer adaptada como cámara de mano.
También descubrirán un reloj Omega y otros útiles.

Normalmente, los aficionados se centran en las tres Hasselblad de 70 mm que llevaban encima los tripulantes del Apollo XI, lo mejor de lo mejor en su época. Se habían diseñado para disparos (fotografías) de oportunidad (sic), es decir, para fotografiar todo lo que se les pusiera por delante, vivo o muerto. ¡Qué fotografías que hicieron! También llama la atención una Nikon de 35 mm, estereoscópica, que se empleó en distancias fijas, con trípode, para fotografiar objetos inmóviles (sic). Pero fue la más modesta Maurer la que pasó a la historia echando fotos.



 Fotografías y croquis de la época, mostrando la Maurer.
Lo más revolucionario del tomavistas era el sistema de cartuchos para cargar la película.

Era una cámara de 16 mm, con lentes de 5, 10 y 75 mm. La que se empleó en el módulo lunar también tenía una lente de 18 mm. Como se ve, las operaciones exteriores de la nave se filmaron casi todas con grandes angulares. Llevaba consigo unos cuarenta metros de película y podía filmar a 1, 6 o 12 imágenes por segundo en automático o a 24 imágenes por segundo en semiautomático (cuando la controlaba el astronauta). La velocidad de obturación era de 1/60, 1/125, 1/500 o 1/1000 segundos, para todas las lentes. Tenía baterías, pero podía conectarse al sistema eléctrico de la nave (28 V), con el mismo cable que empleaban las Hasselblad. Sin película, pesaba 800 gramos, más o menos.

Me fascina esta cámara por una razón. Era la más modesta y no más que un instrumento de los ingenieros de la NASA para evaluar el funcionamiento de sus aparatos o de las operaciones de a bordo de la nave. No se pretendía que fuera la protagonista del viaje. Pero el pequeño tomavistas hizo historia y se alzó con la fotografía del instante, del magnífico instante, en que pisamos la Luna. 

Si quieren saber (ver) más:

Sobre lo que contiene la bolsa (entre otros muchos enlaces):
Sobre lo que se fotografió en la Luna (en su mayoría, con las Hasselblad de 70 mm):

Del enlace antes citado, lo siguiente, el contenido de la bolsa (en inglés, pero se entiende):


1. Temporary stowage bag, the 'purse'
2. Power cable
3. Power cable and utility light
4. Power cable and utility light
5. Utility clamp
6. Utility clamp
7. Crewman Optical Alignment Sight mirror device
8. Filter for COAS (number 7)
9. Light bulb assembly
10. Waist tether 
11. Helmet straps
12. 16mm camera used to film landing and flag planting
12a. Bracket for camera
12b. 10mm lens for camera
13. Lens shade
14. Eye guard assembly
15. Mirror
16. Wrench
17. Waste management cover 
18. Netting 


La verdad oculta en el lavavajillas


¡Qué gran invento!

Si es cierto lo que dicen las estadísticas, tres de cada cuatro hogares españoles tienen lavavajillas. Eso son muchos lavavajillas. De ahí la importancia de la investigación del doctor en ingeniería química por la Universidad de Birmingham, don Raúl Pérez-Mohedano. Se licenció en Salamanca, pero ha tenido que emigrar para poder trabajar en investigación y desarrollo de nuevos productos, algo cada día más frecuente y ciertamente preocupante. Volviendo a nuestro asunto, la especialidad del doctor Pérez-Mohedano es el desarrollo y validación de métodos para mejorar el rendimiento y la utilidad de las pruebas que hacen a los productos de limpieza, un trabajo que realiza en el extranjero para la multinacional Procter & Gamble. 

¿Qué ocurre en el interior del lavavajillas cuando no podemos abrir la puerta?

En pocas palabras, sabe de lavavajillas lo que está y no está escrito, porque el doctor Pérez-Mohedano conoce al dedillo el comportamiento físico-químico de lo que ocurre en el interior de esos electrodomésticos. Y he aquí que nuestro héroe va y pregunta, con buen criterio, si los lavavajillas lavan las vajillas, realmente. 

Este planteamiento tan audaz pone a la industria de los electrodomésticos en el punto de mira, pero también cuestiona muchos de nuestros hábitos. Porque, si los lavavajillas no lavan las vajillas... ¡ya me dirán ustedes!

De obviedad en obviedad, el doctor Pérez-Mohedano deconstruye una realidad que creíamos firmemente asentada y la desmenuza ante nuestros ojos. Escalofriante, lo menos, pero la ciencia es así, qué le vamos a hacer, y los hechos saltan a la vista. 

Todo dispuesto en ordenadas filas.

La pregunta original era obvia: ¿lavan (realmente) las vajillas los lavavajillas? La primera observación del doctor Pérez-Mohedano es igualmente simple, pero sus consecuencias son tremendas. Hagan como él hace: échenle un vistazo a su lavavajillas. Los platos, los vasos y demás cacharros se ordenan en líneas paralelas, en dos o tres bandejas. El interior (y el exterior) es cúbico o prismático; cuadrado, para entendernos. En cierto modo, esa disposición responde a nuestra necesidad de disponer las cosas de un modo simétrico y ordenado; también hay que pensar que tendrá que situarse entre varios muebles de cocina; finalmente, hay que notar que es más fácil y más barato fabricar un lavavajillas cuadrado que uno redondo. 

Ahora fíjense en cómo limpia el lavavajillas. Los lavavajillas, para lavar las vajillas, emplean movimientos circulares. Unos aspersores van dando vueltas y echan agua caliente y jabón sobre las bandejas llenas de platos. Pero ¿no se disponían los platos de manera lineal? ¿No sería más correcto disponerlos formando círculos? Correcto, no sé, pero más efectivo y eficiente, ¡desde luego!

Curiosamente, los lavavajillas antes llevaban bandejas circulares.

Hechas estas observaciones, el doctor Pérez-Mohedano llega a una conclusión inevitable y lógica: no todas las piezas de la vajilla se limpian igual o con la misma intensidad. Unas se limpian más que otras. El investigador sugiere que los platos y demás piezas de la vajilla tendrían que disponerse circularmente, para que la limpieza fuera más eficiente y homogénea, pero ya que eso no puede ser, acaba dando algunos consejos.

Por poner un ejemplo, los platos que han servido carbohidratos (patatas, pasta, por ejemplo) tendrían que colocarse en el centro y los que han servido proteínas (carne, pollo, pescado), a su alrededor, en una disposición lo más circular posible. Eso porque la química de los carbohidratos es diferente a la de las proteínas y requiere más esfuerzo por parte de la máquina. Otra de sus recomendaciones (ésta, más polémica) es no llenar del todo, hasta la bandera, el lavavajillas. Según el doctor Pérez-Mohedano, el mejor rendimiento de la máquina se da cuando está llena, pero no del todo. Llenita, digámoslo así. Siempre, eso sí, desde el punto de vista de la máxima limpieza. El punto de vista del ahorro de energía es diferente, pero ahora no vamos a discutir de eso. Son cosas de ingenieros.

El futuro pertenece a los lavavajillas redondos.

El doctor Pérez-Mohedano concluye sus observaciones recomendando cambios de importancia en el diseño de los lavavajillas. El principal, una disposición circular de los platos, vasos y cacharros que facilite una mejor limpieza. Ahora falta saber si le van a hacer caso.

No está muerto, medita


Eso es lo que han dicho unos monjes budistas de Mongolia, hace una semana, cuando los forenses del lugar se han personado a investigar sobre la desaparición y posterior aparición de una momia. No está muerto, medita

Más exactamente, han dicho que está en un estado de profunda meditación, en un trance que los budistas llaman tukdam. Viendo las fotografías que publica la prensa, más parece una mojama que un monje meditabundo, con la piel negruzca, reseca y apergaminada, y por lo que cuentan, respirar, lo que es respirar, no respira. Pero ellos insisten: de muerto, nada.

El doctor Kerzin, médico de cabecera del Dalai Lama.
Sostiene impertérrito que la momia no está muerta, sólo meditabunda.
Si lo ven entrar en su consulta, huyan, por su vida.

El doctor (de filosofía) Kerzin se ha sumado a esta teoría, que publican los periódicos del lugar y sus alrededores, ávidos de sensaciones. Ha añadido, además, que si el meditabundo aguanta un poco, un poquito más, a poco que siga en ese estado de meditación amojamada podría convertirse en un Buda. O en cecina, digo yo. 

Los monjes emplean estas trompetas para despertar a los meditabundos.
El monje-mojama está sordo y por eso no despierta, han concluido.
Su lógica no admite discusión.

El doctor (de filosofía) Kerzin es ni más ni menos que el médico de cabecera del Dalai Lama, agárrense. Le dieron el título en la Universidad de California, pero, después de lo que va diciendo por ahí, sospecho que no le aprovecharon las clases. ¡Ay, pobre Dalai Lama! Que no pille un resfriado. Si su médico confunde una mojama con un estado de meditación transcendental, no quiero ni pensar en el tratamiento del mal. Usted vaya meditando y verá cómo se le pasa. Quedará transitoriamente amojamado, pero no se preocupe.

Los forenses se preguntan por qué la mojama, digo, el monje, se conserva en tan buen estado (sic), pero sospechan que las bajas temperaturas del lugar y un ambiente tan seco (hablamos de la Siberia profunda) podrían tener relación con el caso. Para que nos hagamos a la idea, en verano es como si estuviera en el frigorífico y en invierno, en una cámara de congelación industrial. Recordemos que se han encontrado mamuts congelados por ahí cerquita. Lo que consiga un mamut, ¡no lo va a conseguir un monje!

No confundan. Esto es un mamut, no un monje.

El monje-mojama está en la llamada posición de loto, sentado en el suelo con las piernas cruzadas delante de sí, dobladas por las rodillas. Es la posición en la que suelen sentarse los monjes a meditar y se supone que de ahí nace la confusión de los monjes. No decía nada, pero como estaba meditando... Lo normal, vamos. Meditaba protegido por varias capas de piel de búfalo, yak o como se llame esa especie de vaca peluda y fea de la que se sirven en Mongolia. Abrigadito, quietecito y meditando ha pasado el tiempo y ¡nadie se había dado cuenta de que hacía años que estaba ya fiambre! 

Esto ha sucedido en la provincia de Songinokhairkhan (o Songinojairján), Mongolia. Y se ha sabido porque un tipo que pasaba por ahí tropezó con el meditabundo fiambre y lo robó (sic) para venderlo en el mercado negro. Por lo visto, hay un mercado negro de monjes-mojama budistas, cada día se aprende algo nuevo. La cuestión es que el tipo iba con el monje a cuestas y se cruzó con una pareja de la Guardia Civil (o de lo que sea que tengan en Mongolia) y le preguntaron: Eh, tú, ¿qué llevas ahí? Pues, nada, qué voy a llevar, respondió el caco, un monje meditabundo. A ver, a ver, trae para acá, que te veo mal. Y así dieron con el descuidero y con el monje.

El descuidero está ahora mismo a disposición del poder judicial, mientras se discute si el delito ha sido el secuestro de un monje o la profanación de un cadáver. El cuerpo del delito, el monje, reside estos días en la cámara frigorífica del Centro Nacional de Expertos Forenses de Mongolia, donde le han echado un vistazo y han dictaminado que no medita, que está fiambre. Es más, quizá lleve fiambre más de un siglo, si no dos, digan lo que digan los monjes o el médico del Dalai Lama. La duda que todos quisieran resolver es saber quién es (fue) el monje-mojama.

El lama Dashi-Doszho Itigilov, según parece.
Si todavía vive o ya está amojamado cuando le tomaron la foto, no lo sé.

No hay más remedio que acudir a sus antiguos compañeros del monasterio. ¿Podremos fiarnos de gente tan despistada? ¡No hay otra! ¿Y qué dicen? Apuntan que podría ser el maestro del lama Dashi-Dorzho Itigilov. Y llegados a este punto, ay, la historia se repite.

Porque la historia del lama Dashi-Dorzho Itigilov también se las trae. En 1927, el lama Itigilov residía en el monasterio de Buryatia, que entonces pertenecía a la Unión Soviética (y hoy, a Rusia). Justo entonces, se volvió a sus discípulos y les anunció que iba a morirse, ahí mismo, en un pispás. Les pidió que treinta años después de darle sepultura exhumaran su cuerpo. Dicho esto, se sentó en la posición del loto, meditó y murió delante de todos.

Pero el régimen soviético no toleraba demasiado bien esta clase de negocios. Cuentan que los monjes de Buryatia desenterraron el cuerpo del lama Dashi-Dorzho Itigilov en 1957 (el último año del estalinismo) y se llevaron una gran sorpresa. Lo encontraron incorrupto, pero temiendo que las autoridades se personaran en el templo y preguntaran a qué estáis jugando con los muertos, lo volvieron a enterrar. Quizá entonces no estaba muerto, sino meditabundo, y al volverlo a enterrar se lo cargaron definitivamente, quién sabe.

Como dice la canción, el tiempo pasará. En 2002, los discípulos del lama Dashi-Dorzho Itigilov (o los discípulos de sus discípulos, mejor dicho) desenterraron por segunda vez el cuerpo del maestro. Esta vez, con la fanfarria correspondiente a un acontecimiento religioso de primera magnitud, porque el régimen soviético había pasado a mejor vida y el régimen putinesco no manifiesta interés por los monjes-mojama. El cadáver gozaba de muy buena salud y se conservaba casi intacto (como hoy el cadáver del que fuera su maestro). Fue trasladado al templo budista más cercano para facilitar su viaje hacia la eternidad, donde todavía espera a que llegue y quien quiera, puede verlo. 

Es más, parece que la conservación de monjes budistas amojamados no es tan rara como parece y existe la tradición de conservarlos y venerarlos. Quien ría, que no ría tanto. Los frailes capuchinos tienen aficiones parecidas y quien no me crea, que se plante en Roma, visite su cripta y verá qué susto.


Esta es una noticia completamente verídica, que he leído en el noticiario de la BBC. Para que luego digan que no pasa nada interesante en el mundo. Eso sí, les ahorro las fotografías de la momia amojamada. La verdad, no apetecen.

Ladrones, no más


¿Otra vez fútbol?

Soy uno de esos personajes que se aburre muchísimo viendo un partido de fútbol. Eso ha facilitado el desarrollo de mi inteligencia, pero ha ido en contra de mis relaciones sociales. En algunos círculos, la confesión de mi renuncia al balompié y el rechazo instintivo, inevitable, que me produce la masa vociferante que llena los estadios de fútbol son motivos más que suficientes para convertirme en un apestado. Soy objeto de chanzas y burlas, desconfían de mí, me señalan con el dedo. En el fondo, me temen, porque soy capaz de alumbrar la estulticia y la insensatez de la fe balompédica, modestia aparte. 

Champán para los más selectos habitantes del palco del Barça.
Así celebran nuestra estulticia y los goles que nos marcan y nos dejamos marcar.

En Cataluña, además, fútbol es Barça y el Barça es más que un club, es un instrumento de propaganda política manipulado por las élites de la burguesía catalana y la mafia política que depende de ella, una especie de engañabobos colectivo que desvía la atención de lo que realmente importa. Ya está, ya lo he dicho. Ya me he ganado media docena de enemigos, fijo.

El lujo de palcos y tribunas es norma en el fútbol.
El balompié es el opio del pueblo y los traficantes de opio celebran el negocio.

Cuánto se echa en falta ese pasado en el que los burgueses catalanes, tan canallas como los de hoy, no nos engañemos, eran (o pretendían ser) al menos más cultos y subvencionaban las letras, las artes y las ciencias, se reunían en las salas de exposiciones, las plateas de los teatros, en la ópera y en los discretos burdeles de la parte alta, y mandaban construir casas, fábricas y escuelas de artes y oficios a los mejores arquitectos del lugar. 

Hoy, la burguesía catalana y la clase política que aúpa se reúnen todos en la tribuna del Camp Nou y se dejan llevar por las pasiones propias de energúmenos y plebeyos, carentes de las cualidades estéticas e intelectuales de sus ancestros. Qué penita me dan. Y si esos son los que nos mandan, qué penita los que obedecemos. Qué penita todos juntos.

¡Ay! ¡Hacienda me reclama 35 millones de euros! ¿Por qué será?

A lo que iba. Esta religión institucionalizada, que satura y monopoliza los medios de comunicación y las relaciones sociales, ha reaccionado muy malamente cuando Hacienda y la justicia han pillado a directivos y jugadores de la balompédica institución catalana evadiendo el pago de impuestos. Hablamos de millones de euros. De muchos millones. Contando lo que han evadido algunas de las principales estrellas y lo que ha evadido el mismo club, porque hablamos de más de un caso, sumamos docenas de millones de euros. Cien, si mis cálculos no fallan, docena de millones más o menos. ¡Cien!

Ladrones, eso es lo que son, y si los catalanes tuviéramos decencia, los abuchearíamos y los insultaríamos por la calle. Ladrones. Que cien millones son muchos millones. Es el coste de un hospital público de 300 camas de primera línea a pleno rendimiento durante todo un año o lo que cuesta el sueldo de 3.400 empleados públicos o la renta mínima de inserción de 17.000 familias en el mismo período de tiempo. Son 700 viviendas de protección oficial, 2.500 ambulancias de cuidados intensivos, siete millones de libros o 300.000 ordenadores para escuelas o bibliotecas... Cataluña dedica treinta millones a las becas-comedor de todo un año y esos ladrones se llevan tres o cuatro veces eso sin chistar y encima les aplaudimos.

¡Cien millones de euros! ¡Nos han robado cien millones! ¡Vaya gol!

Encima, se ríe. 
Si pintan bastos, la culpa la tiene Madrid, y si pintan oros, para mí.

Entre jugadores, directivos y asesores, se han llevado todo eso y más. Ladrones. Es que no hay más palabra que ésa. Es lo que pienso. Ahora, miren hacia el palco, ustedes que van al fútbol. Ésos, ésos de ahí, ésos son los ladrones. Y cuando, dejándose arrastrar por la propaganda, echen las culpas a Madrid, pregúntense quién acaba de meterles un gol.  

Se llama invierno



Van todos dándole cancha al notición. Hace frío, llueve, ¡nieva! Bajan las temperaturas, la gente tiene que ponerse abrigos, hay que circular con cadenas por los puertos de montaña, ¡hasta podríamos ver nieve en la costa! 

No se habla de otra cosa en los periódicos, en la radio, en la televisión, en el ascensor, en la oficina, en la cola del paro o matando el tiempo dando de comer a las palomas. Por si no lo sabían, ¡se llama invierno! Como si nunca hubieran visto uno.

Fraude en Antifraude, suma y sigue



Ya les dije que iba a seguir informando, y no me equivoqué. La semana y el mes comienzan con más noticias sobre la directora adjunta de la Oficina Antifraude de Cataluña, doña Maite Masià. El Mundo nos obsequia con un nuevo artículo que relaciona a doña Maite con el cónsul honorario de Albania. 

Éste es el artículo, firmado, como los anteriores, por Víctor Mondelo y Javier Oms:

El señor don Josep Maria Calmet, cónsul honorario de Albania.
Fue contratado por doña Maite Masià con 70 años para trabajar en el Instituto Catalán de Energía entre 2011 y 2013. Él mismo ha reconocido que su trabajo no era útil. 
Doña Maite despidió, mientras tanto, al 20% de la plantilla.

El artículo explica que doña Maite, siendo directora del Instituto Catalán de Energía, contrató a don Josep Maria Calmet en noviembre de 2011, mientras despedía al 20% de la plantilla. El personaje fue obsequiado con casi 51.000 euros anuales y según el periódico dejó el trabajo al ver que no podía ser útil (sic), en mayo de 2013. Hay que añadir (no lo dice el periódico) que el señor Calmet merecía estar jubilado, dada su avanzada edad de 70 años en aquel entonces. 

Los periodistas afirman que han hablado con el señor Calmet y que éste ha dicho que llegó al Instituto Catalán de Energía porque así lo ordenó el entonces consejero de Empresa y Ocupación, el señor Mena, de memorable tupé. El consejero, dice el señor Calmet, le pidió que ocupara ese trabajo basandose en (cito) cuestiones meramente profesionales.

Pero ¿quién es el señor Calmet? Había sido presidente de Petrolis de Catalunya, PETROCAT, una empresa pública, cuando el famoso Prenafeta dejó la presidencia (obligado por las circunstancias y los casinos). Mantuvo el cargo hasta 2004. Además había sido director general de la Entidad Autónoma de Juegos y Apuestas de la Generalidad de Cataluña y vicepresidente de la Diputación de Barcelona por CiU, dos bicocas. 

En suma, un alto cargo de CiU y además (eso dicen) un amigo personal de don Jordi Pujol, el de Banca Catalana, el evasor confeso y paterfamilias de su señora y seis hijos imputados. Todos esos méritos más que suficientes para sospechar que el contrato de un trabajador de 70 años (sic) por 51.000 euros al año se debía más a un favor que a cuestiones meramente profesionales.

Albania, patria querida,
Albania de mis amores,
¡Quién estuviera en Albania
en todas las ocasiones!

El señor Calmet también fue cónsul honorario del Canadà, hasta que Québec pasó de moda. Hoy es el cónsul honorario de Albania, y lo era cuando trabajó (es un decir) en el Instituto Catalán de Energía.

Queda meridianamente claro de qué estamos hablando.

Para concluir, el artículo recuerda otras hazañas de doña Maite en el Instituto Catalán de Energía: Otorgó contratos a dedo (sin concurso público) por valor de 123.000 euros Entorn, SA, (relacionada con las familias Pujol y Sumarroca) y a Dribbling, SL, (relacionada con la familia Sagi). El entendido sabrá que los Sumarroca y los Sagi son protagonistas en la creación de Convergència Democràtica de Catalunya y en el escándalo de Banca Catalana, e íntimos de la familia Pujol. 

No queda ahí la cosa. De nuevo sin concurso público, doña Maite adjudicó a dedo cinco contratos por valor de 185.000 euros a NOVATEC, una consultoría, unos a nombre del señor Beleta (antiguo jefe y amigo de doña Maite) y otros a nombre del señor Gallardo (socio del señor Beleta). 

La actual directora del Instituto Catalán de Energía echa pelotas fuera. Dice que todos estos contratos fueron aprobados por el Consejo de Administración. ¡Por favor! ¡Todos sabemos cómo funcionan esos consejos de administración! Sin ir más lejos, los periódicos publicaron no hace mucho que doña Maite cobraba dietas por asistir a esas reuniones, que se celebraban... en su propio despacho. ¡Brava! Supongo que esa costumbre se habrá erradicado, pero veo que sigue vigente la de echar la culpa a los demás.

Etcétera. Un comenzar y no parar.

El señor de Alfonso escogió a la directora adjunta.
Él sabrá por qué, pero no parece que haya sido una buena idea.
Ahora mismo, toda su gestión queda bajo sospecha.

Cada día que pasa se hace más evidente que no era ni es ni puede ser la persona más adecuada para luchar contra la corrupción y el fraude en las administraciones públicas catalanas. Se disipan las dudas y se aprecia la verdadera naturaleza de sus funciones, la de una obediente y activa parte del engranaje de la mafia convergente.

Por lo tanto, no queremos que dimita. Queremos que acuda al Parlamento de Cataluña, se justifique delante de una comisión parlamentaria y acto seguido sea cesada, de manera fulminante, mientras la fiscalía abre una investigación sobre el caso, por si hubiera delito en todo ello. Porque así se tratan estos casos en los países civilizados. 

Mientras tanto, me permito recordar que todo esto ya había sido publicado en El cuaderno de Luis. Por ejemplo:

Etc.

¿Con qué nuevas noticias despertaremos mañana?

Más noticias sobre fraude y corrupción en la Oficina Antifraude de Cataluña


¡Más noticias! ¡Fraude en Antifraude!
Pasen y lean.

El 30 de enero, El Mundo ha publicado más noticias sobre la nueva directora adjunta de la Oficina Antifraude de Cataluña, doña Maite Masià. ¡La cosa se anima! Es más: ¡ya les avisamos!

Éste es el enlace a la noticia publicada en la web del periódico, firmada por Víctor Mondelo y Javier Oms:

Aquí les obsequio con el recorte de prensa en papel, por si les interesa.



La noticia publicada por El Mundo ya había sido publicada por El cuaderno de Luis el pasado 20 de noviembre. Eso fue posible gracias a la inestimable colaboración de una fuente que mantendré en el anonimato, pero que me había provisto de material muy interesante. Agradezco igualmente los mensajes de felicitación y soporte que he recibido tanto de empleados del Instituto Catalán de Energía como de la Oficina Antifraude de Cataluña.

A tenor de lo publicado, queda todavía mucha tinta en el tintero. Si esto sigue así, seguiremos informando.

Más en:
Etc.
Hay material de sobra.

Caca o chocolate


ERCiU están por repartirse el pastel.

Recuérdese: Cuatro veces, cuatro, solicitaron la comparecencia del señor Mas los parlamentarios de la Comisión Pujol (que se llame luego como se quiera, oficialmente). Cuatro, insisto. Y ERC se negó las cuatro. Porque ahora es ERCiU, ya saben, y hace tiempo que viene siéndolo.

ERC y CiU peleándose por el chocolate.
Al final, ¿quién se lo comerá?

Pero las aguas bajan revueltas y la alianza ERCiU es en verdad una pelea a cara de perro. ¿Quién se quedará con el pastel, tú o yo, cuando esto termine? De eso va todo, es evidente, y no hay más. Pues, algo debió de cocerse en la última reunión que tuvieron para ponerse de acuerdo (¡ja!), que a la salida aceptaron (a la quinta va la vencida) que el señor Mas tuviera que presentarse en la comisión antes dicha. ¡Cómo será una de esas reuniones! De vergüenza ajena, imagino.

Razones para que declare y responda el señor Mas (algo que no hará, ya les digo yo ahora), razones, decía, no faltan. Su única experiencia lejos de la Generalitat fue a las órdenes de una empresa del señor Prenafeta, donde conoció a los hijos de su papá político, Pujol. Era consejero en los tiempos de las prácticas tresporcentuales, un alto cargo del partido, el hijo político del ladrón confeso Pujol, luego se convirtió en presidente del partido... del partido que acabó hasta el sobaco de mierda (perdón) por el caso Palau. Era también el tipo que accedió a las peticiones del hijo biológico de su papá político, Oriol Pujol, en el caso ITV, para poner las cosas fáciles a unas empresas que dejaron a miles de catalanes en el paro con su permiso y beneplácito. 

Como se está viendo, son capaces de cualquier cosa por llevarse todo el chocolate.

El asesor personal del señor Mas en sanidad pública ha sido el señor Prat, directivo de la sanidad privada mientras era presidente del Instituto Catalán de la Salud (!?) e imputado por el caso Innova, y siguió siendo asesor aún imputado y reconocida su baja catadura moral. Otros altos cargos de su gobierno andan metidos en asuntos muy feos; sólo hay que mirar hacia Puig, hacia los nuevos cargos de la Oficina Antifraude (qué triste paradoja) y hacia don Baudilio Ruiz y sus secuaces, por ejemplo. Etcétera. 

En suma, ¡es el mandamás de una cueva de ladrones! ¿Que no sabe que son ladrones? Que se vaya, por tonto e inútil. ¿Que lo sabe? Peor. En fin, es un suma y sigue que es un empezar y un no acabar y que el señor Mas no se presentara en la dicha comisión no tenía excusa posible.

A la vista del chocolate, todo son prisas.

Pues, no quería presentarse, no quería, decía que no tenía nada que decir, nada que declarar, nada que explicar y nada que ocultar (sic) y de repente, de un día al otro, va y escribe una carta a la Presidenta del Parlamento de Cataluña pidiéndole por favor, por favor, declarar lo antes posible, cuanto antes mejor, en menos de quince días. ¿A qué, de repente, tantas prisas?

Sabemos qué ocurrirá. Querrá sacarse bien pronto de encima la murga de la sospecha y salir a la palestra con su cara de cemento y esa soberbia tan propia del personaje. Lo que quieren ustedes, dirá, es ir contra Cataluña, y tal dirá, como dijo Pujol, su papá político, cuando lo pillaron robando millones y millones a los socios de Banca Catalana en particular y a todos los españoles en general. Hará como su papá político, se envolverá en la bandera como una barrita de chocolate se envuelve en papel de aluminio, para no ensuciarse.

Porque ya ha anunciado elecciones y no es de recibo que el Líder del Pueblo que señala con Su Dedo el Camino hacia la Libertad muestre un dedo lleno de caca. Porque eso que ven no es chocolate, ya les digo yo, por mucho que venga envuelto.

Mientras tanto, hay que sumar a las prisas el olvido. El padre político del señor Mas, el señor Pujol, no se acuerda de nada delante de los jueces. Sus seguidores salen a defenderlo diciendo que la historia sabrá juzgarlo a la luz de sus servicios a la patria (sic) y se olvidará (también) de sus pecadillos, que no son nada al lado de tantos méritos. Porque aunque parezca caca, eso que ven es chocolate, insisten. 

Sea lo que sea, es un marrón de cuidado, del que no se va a librar fácilmente, y ya veremos quién se lo come.

Se lo tendrán que comer con patatas.
Éste, en el restaurante Modern Toilet.

Grecia, de chiripa



Escuchando estos días la pronunciación de los señores locutores de radio y televisión, parece que Grecia haya ganado de chiripa.

¡Pobre Cervantes!


¡Pobre Cervantes!

Don Miguel de Cervantes Saavedra, que fue soldado, preso, manco y funcionario de medio pelo, por si no tuviera suficientes desgracias en vida, las sufre una vez muerto.

Por un lado, andan removiendo en su tumba, en el Convento de las Trinitarias, en Madrid, por ver si dan con él o con lo que quede. Se trata de localizar los restos, dicen, con esa manía que tienen de clasificarlo todo. No sé qué pensaría don Miguel de este meneo de huesos, pero imagino a Alonso Quijano votando a bríos, lanza en ristre y argumentando razones de peso para cargar contra esos demonios de bata blanca. ¡En fin! ¡Son los tiempos que corren!

Pero una cosa son los huesos y otra, el papel. Porque no se contentan con meter mano al cuerpo, sino que tienen que jugar con el alma.

¿Quién no los conoce?
Pero ¿quién ha leído de verdad El Quijote?

Se discutirá si El Quijote es lo mejor que escribió Cervantes, que quizá tuviera otros textos de menor extensión y mayor valía. En ésas me he topado con algún filólogo y no será éste el lugar para ponernos a discutir de méritos, pero les diré la verdad: me importa muy poco. Yo he leído El Quijote de pe a pa, la primera y la segunda parte, y mi asombro es todavía mayúsculo. Es un monumento literario, una de las maravillas del mundo de los libros y no hay más que decir. ¡Cómo disfruté leyéndolo! Me reí, me emocioné, me lo pasé en grande. ¿No lo han leído? Qué pena me dan.

Pues, como les iba diciendo, no contentos con remover sus huesos, ahora removemos El Quijote. La excusa es una estupidez. Se dice que El Quijote no se lee porque no se entiende. ¡Mentira! No se entiende porque estamos criando burros, no porque sea difícil. A poco que uno persevere, se verá atrapado por las aventuras del caballero andante y su escudero Panza, y si bien es cierto que el lenguaje no es que se emplea hoy en día, no es menos cierto que se entiende perfectamente a poco que uno ponga de su parte. Es decir, quede claro, que el problema no es el libro, sino los lectores. Hace muchos, demasiados años que la escuela no enseña a leer. 

Don Arturo, en plan Quijote, luchando contra la estulticia.
Algunos creemos que erra el blanco, pero así están las cosas.

Pero ahí está la leyenda del farragoso, enjundioso, carpetovetónico e incomprensible Quijote, y no faltan voluntarios para resolver el problema inexistente. El último, ay, don Arturo Pérez-Reverte, que ha podado el texto. Así, con un par de tijeras. Chas, chas. Este capítulo, a tomar viento; este párrafo, fuera; esta expresión, que podría ser mal leída, se quita y no se pone; y así hasta cargarse, literalmente, más de la mitad del texto. Argumenta que ahora los adolescentes españoles y latinoamericanos podrán leer lo que queda del Quijote y hacerse a la idea. ¡Ay, Dios!

Conste que don Arturo me cae muy bien y me gusta como escribe. A veces se le va la lengua, que es muy bruto, y a veces dice cosas sensatas y las dice muy bien. Sus aventuras de espadachines con Alatriste a la cabeza me han entretenido mucho y soy de los que leyó El húsar en su primera edición, ahí queda eso. Pero esta vez comparto la opinión del doctor Becerra, que arremete contra el académico con todo lo que tiene a mano y lo pone de vuelta y media por mutilar al Quijote. Digo bien, mutilar.

El doctor Becerra pone a Arturo Manostijeras (sic) a bajar de un burro en un artículo de El Confidencial que merece ser leído, se esté o no se esté de acuerdo. Yo, ya les digo, leí El Quijote tal cual y espero volverlo a leer pronto, y les recomiendo que lo lean tal y como está, sin poda. Pero como los chavales españoles llegan burros a la universidad, se creyó conveniente... Ay, pamplinas. Una versión mutilada del Quijote no los vuelve más sabios, sólo les da licencia de estulticia y cae en el pecado de perdonar el esfuerzo y regalar los frutos del árbol del Bien y del Mal.

Nunca es tarde para aprender y conversar.
Si no lo han leído, ¡léanlo!

Pero ésta es una opinión, la mía, y allá cada uno con la que lleve consigo. No pretendo sentar cátedra, dictar sentencia o condenar al infierno, sino señalar la pena que me da que un chaval de dieciocho años sea incapaz de leer El Quijote. Ésta no es la Europa con que soñé.

¡Fraude en Antifraude! (De los periódicos.)



Les remito a una noticia publicada por El Mundo ayer mismo, domingo. Como podrán comprobar mis lectores, los periodistas (Víctor Mondelo y Javier Oms) confirman algunas cosas que hace tiempo venía anunciando El cuaderno de Luis

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TVE suspende en matemáticas


Observen el gráfico que ha publicado TVE sobre la evolución del paro en las redes sociales. No sé qué me preocupa más, que manipulen los gráficos tan descaradamente o que sean tan malos en matemáticas.

Según los gráficos de TVE, 4.447.711 es menor que 4.100.073.
Por si no se habían fijado.


Orinar de pie, la eterna polémica



Leo en los periódicos que un tribunal de Dusseldorf, Alemania, ha fallado que no puede condenar a un varón por orinar de pie. Tal cual les digo, tal cual dice la sentencia, aunque lo diga en alemán. 

Este caso en particular se inició cuando un ciudadano alemán dejó un piso en el que vivía de alquiler y quiso recuperar la fianza que había depositado, 3.000 euros. El propietario del piso, sin embargo, retuvo 1.900 euros porque aseguró que la costumbre del inquilino de hacer pis de pie había llenado el baño de salpicaduras y se veía obligado a reparar el suelo de mármol. Uno imagina que el inquilino era un meón sin puntería, que no acertaba una, o una especie de manguera del cuerpo de bomberos, que lanzaba unos chorros que levantaban salpicones por doquier. En cualquier caso, parece innegable que el inquilino era un poco guarro.


Que esos 1.900 euros son míos, decía uno, y mira cómo me has dejado el baño, decía el otro, y así, sin ponerse de acuerdo, acabaron en los tribunales. El juez consideró la denuncia del inquilino, que solicitaba esos 1.900 euros injustamente retenidos por orinar de pie, y atendió a las explicaciones del casero, que explicó que el meón, sabedor de cómo dejaba el baño después de cada micción, se negó a resolver el problema meando sentado. Lo dicho: examinó el caso y dictó sentencia.


Ni les cuento la polémica que ha desatado el señor juez. En primer lugar, observa que hacer pis de pie es un hábito muy extendido (al menos, entre los alemanes). ¿Que salpica? Bueno, sí, salpica, es un cochino, pero ¿qué daño puede hacerle eso a un suelo de mármol? Afirma el señor juez que sería un daño (cito) apenas conocido

Pero va más allá de estas obviedades y se suelta, el hombre. Dice que (vuelvo a citar) a pesar de la creciente domesticación del varón (sic), sigue siendo una costumbre generalizada orinar de pie. ¡Toma! ¡La creciente domesticación del varón...! Sigue, sigue diciendo que quien siga haciendo sus necesidades de la manera que antes (sic) era la más practicada debe esperar conflictos con el resto de habitantes de la vivienda, especialmente si son mujeres... ¡La madre! Dicho esto, el juez asegura que el varón meón no está obligado a orinar sentado por consideración al piso del lavabo, y ahí queda todo dicho.

Pueden imaginar la que ha organizado el señor juez entre los varones que mean sentados y las feministas  de Dusseldorf. Si Pilar Rahola fuera alemana, nos íbamos a reír un rato.