Sí, no, sólo un ratito


Hace unos días, la periodista Àngels Piñol entrevistó a Raúl Romeva. Pueden leerla aquí:

¿Quién es Raúl Romeva? Un señor que dice ser de izquierdas y progresista y para demostrarlo se presenta como cabeza de lista por una coalición de derechas, la que pretende que Artur Mas repita después de cinco años y tres elecciones a la Generalidad de Cataluña. 

Que han sido cinco de los peores años. Cinco años de políticas brutalmente neoliberales y de la peor derecha posible, en los que ha echado a la calle a 8.000 empleados públicos (la mayoría, de sanidad o educación), ha privatizado parcialmente la sanidad pública, ha recortado salvajemente, a discreción y sin criterio las ayudas sociales, ha amparado tramas de corrupción tremendas, ha votado junto con el Partido Popular la reforma laboral, la desregularización de los consorcios sanitarios, etc.

Muy coherente. Como es de izquierdas (eso dice), apoyará al señor Mas.

Más de uno se pregunta si será un tonto útil o un listo inútil. Es decir, si se ha dejado engañar fácilmente o a cambio de una silla. En cualquier caso, es una persona de palabra volátil, tan volátil como sus principios, y eso nos proporcionará tardes de gloria, que dijo aquél.

Uno de los problemas del señor Romeva es que le gusta tanto hablar que no calla ni bajo el agua.

La primera fue hace unos días, cuando el señor Romeva afirmó que en ningún punto del acuerdo entre ERC y CDC ponía que Mas tendría que ser el candidato a presidente. Así, tal cual. Le preguntaron si no se le había subido a la cabeza eso de encabezar la lista y el tipo dijo que no. Mejor dicho, respondió lo mismo, que en ningún punto del acuerdo entre ERC y CDC ponía que Mas tendría que ser el candidato a presidente. Porque a esta gente les ponen una frase en la cabeza y no cabe otra, responden con ella a todas las preguntas. Los periodistas insistieron: ¿Eso quiere decir que usted...? Y él respondía que en ningún punto del acuerdo, etcétera. No lo sacaron de ahí.

Al día siguiente, los periódicos amanecieron con toda clase de desmentidos. Rull, Turull o Tururull (no sé, siempre me los confundo) ya dijo que no, que el señor Mas sería presidente, ¡faltaría más! En ERC dijeron que sí, pero no, un sí descafeinado; es su costumbre. 

El señor Romeva tuvo que salir a decir que él no había dicho lo que había dicho, sino que quiso decir lo que no había dicho, que era, en verdad, lo que quería decir, pero que lo leyeron mal. Los periodistas, entonces, pidieron ver el acuerdo entre CDC y ERC, para ver quién mentía, y aquí todos se hicieron el sueco. En parte, porque sostienen que con la independencia esto será como Suecia (alcoholismo, depresión, asesinatos, noches infinitas...) y en parte, porque se sospecha que ERC y CDC todavía están negociando el famoso acuerdo, que todavía no está disponible porque ahora mismo ocupa un par de folios que no dicen nada.

Es decir, no, ¿quién dijo que no?, ¡sí! Pero con matices. Ningún matiz, que sí. En cualquier caso, es un sí, porque lo pone en un documento que no te vamos a enseñar.

Era obligado preguntarle al señor Romeva si era sí o no. Cualquier periodista con ojos en la cara explotaría este filón de noticias. En la entrevista que he dicho, Àngels Piñol (P) pregunta al señor Romeva (R), y copio:

P. ¿Figura o no en el acuerdo que Mas será presidente? Usted dijo que no...

R. Dije y repito que si hay mayoría clara, saldrá un Gobierno plural y de concentración con un mandato de avanzar el proceso. Y en este contexto Mas tendrá un papel como quien venga de ERC. No gira alrededor de él. Si no lo entendemos, fallamos el análisis.

P. No me ha contestado.

R. Es que no es relevante.

P. Pregunto si figura o no.

R. Hay un acuerdo de dos partidos que dice lo que dice y está supeditado a una mayoría parlamentaria. No importa quién será el presidente. Es irrelevante.

P. Pregunto si Mas seguirá pilotando el proceso.

R. ¡Le niego la mayor! Lo han pilotado 1.500.000 personas desde 2012. O dos millones el 9-N. No lo pilota ni Mas ni Convergencia. Lo hace una sociedad movilizada y eso condiciona que haya elecciones. Es lo que ha hecho que CiU se haya roto o se haya sumado gente del PSC. Nos han dicho: 'Pónganse de acuerdo y hagan lo que pedimos'. Llámense Mas, Romeva o Junqueras.

P. Deduzco que no figura…

R. No estoy diciendo eso, es irrelevante. Entiendo la voluntad de circunscribir esto a una persona, pero es lo contrario. Somos instrumentos para responder al movimiento más masivo de Europa de los últimos años.

Vaya, que es irrelevante, con dos cojones. Que no importa quién vaya a mandar en el país, a montar un gobierno, a negociar con Madrid, a pilotar (sic) la desconexión (sic), que ahora se llama así, desconexión. Irrelevante.

De la noche al día, irrelevante es la palabra de moda en la política catalana.

El pacto de la izquierda catalana...
...y yo soy Julio César, ya puestos.

Otra vez, se montó la de Dios es Cristo, o la de Mas es el Mesías o no lo es. 

Mas, de vacaciones en Menorca (¿de vacaciones? ¿a un paso de la revolución?), no dice nada. Rull, Turull o Tururull (no sé, siempre me los confundo) diciendo que de irrelevante, nada, que el Mesías y Gran Timonel es Mas y sanseacabó. En ERC, lo mismo, un sí, pero suavecito, no vaya a interpretarse como un sí sin duda alguna. 

El señor Romeva volvió a sostener que donde dije digo digo Diego, que han interpretado mal mis palabras, que no quise decir lo que dije, que lo que dije quería decir eso que no dije, aunque dijera lo que dije que no es lo que quería decir cuando no dije lo que quise decir, no sé si van siguiéndome.

Al tipo no se le ocurre nada más que desmentir lo que dijo mediante veinte (veinte) mensajes en Twitter, que nadie ha podido leer seguidos y que dudo que alguien haya podido leerlos todos. En confianza, tampoco vale la pena leerlos. ¡Ay, qué mundo éste! ¿Ya nadie sabe escribir un comunicado de prensa? ¿Un artículo de opinión? Incluso unas declaraciones públicas, ante los micrófonos. No, no. A tuitear, que es más chachi.

La primera en la frente. Vean cómo empieza su veintena de tuits, proporcionando pólvoras al enemigo. 


Yo nunca lo hubiera dicho mejor, es la respuesta de muchos tuiteros. ¡Hay que ser torpe...!

Ahora, después del sí, pero no, o del no, pero sí, el señor Romeva sale con un sí, pero sólo un ratito. Porque lo de decir claramente, en voz alta, que Mas será presidente, le jode mucho, porque los antiguos compañeros de la izquierda se lo echan en cara y quizá también porque ser el primero de la lista se le ha subido a la cabeza. Ahora, dice que sí (en voz bajita) y añade inmediatamente por un período transitorio (sic) y cuanto más breve, mejor.

Es decir, sí, no, sólo un ratito, según el día.

Y Mas, y todo su gobierno, y toda su coalición, de vacaciones a las puertas de la revolución, a un mes de la toma del Palacio de Invierno. Esto no es serio, de verdad que no. 

El demonio de Caravaggio


¿Cómo era Caravaggio? Físicamente, quiero decir. Como él mismo se pintó y autorretrató en varios lienzos, ahora joven, ahora adulto, podemos adivinarlo. En la capilla Contarelli de Roma, se pintó huyendo del escenario del martirio de San Mateo, echando la vista hacia atrás con cara de pena. Cuando pintó el prendimiento de Cristo que hoy puede verse en Dublín, se pintó sosteniendo una linterna e iluminando la terrible escena. Hacía años se había pintado como Baco, en el Baco (o Bacchino) malato. Etcétera. 

Caravaggio, visto por Ottavio Leoni.
Ottavio fue compañero de juergas del pintor.

Aparte, Ottavio Leoni dibujó el que se considera el retrato más fidedigno de Caravaggio, que se conserva entre otros dibujos del autor en la Biblioteca Marucelliana de Florencia. Es un retrato muy conocido, donde el pintor aparece en su edad adulta, en los treinta y tantos, con bigote y perilla alrededor de unos labios sensuales, el rostro avejentado, quizá cansado, ojos un tanto saltones, grandes cejas peludas, el pelo sucio y desordenado, una expresión entre triste, airada y melancólica (según se mire), que es cosa digna de ver (aunque hubiera sido el retrato de cualquier otra persona). Sabemos que Leoni conoció al de Caravaggio y aunque pintara el retrato incluso después de su muerte (como sostienen algunos), es indudablemente él y así sería, más o menos, porque coincide en lo esencial y en el detalle con los autorretratos que conocemos.

Pero los que se preocupan de estas cosas suelen pasar por alto un retrato contemporáneo que pintó su biógrafo, Giovanni Baglione, con una gran historia detrás.

Hacia 1602, Caravaggio ya había saltado a la fama y asombraba a propios y extraños con su obra. En algunos producía un profundo rechazo y en otros, una desmedida admiración. Baglione era un buen pintor, pero no un genio, y se esforzó mucho por triunfar a lo largo de su vida profesional. Comenzó como manierista y pronto lo vieron medrando en la Academia de San Lucas, el gremio de los pintores, por decirlo así, el nido de los academicistas. Gracias a la política, pero también a sus lienzos, haciendo amigos aquí y allá y recibiendo encargos gracias a ellos, Baglione se permitió triunfar en Roma.

Que un tipo como Caravaggio, que se saltaba todas las convenciones del momento, que vivía de regalo en el palacio Madama del cardenal del Monte y que fuera un reconocido juerguista, un follonero, un tipo de moralidad dudosa, amigo de putas y chaperos, se convirtiera de la noche al día en el pintor mejor pagado de Roma y que él, Baglione, tan obediente y formal, tuviera que ser considerado detrás de él... La verdad, la verdad, no le hizo mucha gracia. 

Peor todavía. En secreto, admiraba su obra y la consideraba espléndida. No lo decía en voz alta, pero se descubrió imitando caravaggerías en sus lienzos.

En éstas, a principios de 1602, don Vincenzo Giustiniani tuvo una genial idea. Antes de decir qué idea tuvo, hay que añadir que don Vincenzo tenía mucho dinero (era banquero) e influencia política, que era amigo íntimo del cardenal del Monte y mecenas de muchos artistas. Del Monte y Giustiniani competían por ver quién era el mayor coleccionista de obras de arte en Roma y por los favores de Caravaggio, al que los dos ayudaron y protegieron siempre. Giustiniani, además, era el pagano de la Academia de San Lucas, y cualquier pintor en Roma sabía que, para triunfar, mejor le sería tener a los Giustiniani a favor que en contra.

Giustiniani tuvo la genial idea de enfrentar a la Academia con Caravaggio. Es decir, a Baglione con Caravaggio. El tema, el amor que todo lo puede (amor omnia uincit, o uincit omnia, como prefieran). Es de suponer que el vencedor se llevaría una propina y Baglione vio en ese reto la oportunidad de lucirse ante su principal cliente (y de pasarle la mano por la cara a un Caravaggio cada vez más pendenciero). 

Amore sacro e amore profano, de Baglione.
Primera versión, la del concurso.

Baglione puso todo su arte al servicio de un lienzo que tituló Amore sacro e amore profano, que hoy puede verse en el Staatliche Museen de Berlín, porque fue uno de los lienzos de la colección Giustiniani que compró Federico Guillermo III de Prusia un día que le dió por el arte.

Paradójicamente, Baglione intenta deslumbrar a Giustiniani en particular y al público en general con la inspiración de su adversario, Caravaggio. Aplicó la técnica del claroscuro y el amor profano (Cupido) a los pies del amor sacro (un ángel con coraza) es típicamente caravaggesco. Aunque no sea una obra maestra, es un cuadro de mucho mérito.

Aparte de los amores sacro y profano aparece en un segundo plano, de espaldas al público, un personaje terrenal que podría pasar por fauno, por sus orejas puntiagudas. Por tierra, las flechas de Cupido, rotas, y el arco, y Cupido con cara de susto, viéndolas venir. Es un muchachito ya crecidito, no es un querubín, pero su piel es blanca e inmaculada. El ángel, el amor, perdón, victorioso, está desnudo bajo la más rica armadura (a la que le falta toda la parte superior por encima del pecho) y es también un jovencito de largos cabellos ondulados y rostro griego clásico. El amor verdadero puede con los caprichos de la carne, viene a decir Baglione (diciendo lo que se esperaba que cualquiera dijera en tiempos de Contrarreforma).

Amor omnia uincit, de Caravaggio.

Cuando Caravaggio descubrió su Amor omnia uincit, se quedaron todos de una pieza. Porque en efecto, hubiera vencido sobre cualquier otro lienzo. Hoy se conserva junto al Amor sacro y amor profano de Baglione, en el mismo museo de Berlín y por las mismas razones. Dicen que se convirtió en la pieza más estimada de don Vincenzo, que la tenía tapada con una tela y sólo la enseñaba a unos pocos elegidos porque decía que si el visitante la veía al entrar a su colección, no vería ningún otro cuadro. 

A título personal, cuando me enfrenté a esta obra en la Mostra romana de 2010, quedé absolutamente fascinado. ¡Tantas veces la había visto en fotografías...! ¡Nada! ¡Como si no la hubiera visto! Fue verla y no poder apartar la vista de ella, asombrado, consternado, sin saber qué decir. Creo que es uno de los cuadros que más impresión me ha causado nunca y comprendo todas las precauciones de don Vincenzo para no dejarlo ver al primero que pasase por su casa.

Es un cuadro obsceno, el desnudo frontal de un muchacho (seguramente, el que luego sería el Cecco di Caravaggio) que parece que está pedo (ebrio), y seguramente lo estaría (el cuadro se pintó en invierno, hacía frío y el vino ayuda a calentarse, ¿no?). No es un amor divino, sino un tunante callejero, que no es adulto, pero casi, que pisotea sin cuidado las artes, las ciencias, mostrándose triunfante sobre cualquier obra del intelecto humano, triunfante absoluto y sin remedio. 

Descarado, lascivo, es todo, absolutamente todo lo contrario del amor que pinta Baglione, de los dos amores que pinta. Y con esa inocencia tan cruel con la que pisa instrumentos musicales, partituras, corazas, orbes, escuadras y demás, con esa inconsciencia tan brutal, pasa por encima de la obra de Baglione y vence, vence irremisiblemente, obligatoriamente, sin remedio, sin discusión. 

Hagan la prueba y pongan un cuadro al lado del otro. No hace falta que entiendan de pintura, que lo verán con sus propios ojos.

Caravaggio recibió 300 escudos de don Vincenzo (¡una millonada!). No cobró más por pintar toda la capilla Contarelli y se consolidó, una vez más, como el artista mejor pagado de Italia.

A Baglione le pilló una rabieta de padre y señor mío. Su derrota había sido completa, monumental. Apabullado y aplastado por una obra maestra, se tuvo que tragar el orgullo y la bilis, que de tanta envidia que le vino se le agrió el carácter. Furioso, con la ira de quien se ve superado por un imbécil, Baglione declaró la guerra a Caravaggio y lo hizo volviendo a pintar Amore sacro e amore profano.

El amor sacro, el profano... ¡y el demonio de Caravaggio!
La venganza de Baglione.

La copia, que hoy puede verse en la Galleria Nazionale di Arte Antica del Palazzo Barberini en Roma, es la misma en cuanto a la forma y el contenido. El amor profano es prácticamente idéntico, sólo que esta vez sostiene una flecha rota con la mano derecha. Nada, un detalle. El amor sacro lleva un peto, pero ahora muestra la pierna blanca y desnuda, se ha desprendido de su brillante armadura. Es el mismo modelo, se mantiene en la misma posición... Pero ¡fíjense en el fauno!

Quien antes volvía la espalda al público, ahora se da la vuelta y contempla la victoria del amor sacro con espanto. ¡Quizá sea ése su destino! Y no esperamos otro, porque es un personaje grotesco, seguramente malvado, en cualquier caso rastrero y villano. Es un demonio. Es... ¿No adivinan quién es? ¡Es Caravaggio! 


Esos ojos saltones, esas cejas, la nariz ancha, los gruesos labios... Es él.

Pues éste, damas y caballeros, es el único retrato contemporáneo de Caravaggio que se conoce, pintado al momento. ¡Y vaya retrato!

Si hasta el momento se habían respetado el uno al otro, a partir de entonces comenzaron a buscarse las cosquillas. Ese mismo año, 1603, Baglione pintó una Resurrección en la Iglesia de los Jesuitas (Chiesa del Gesù), que le salió rana, a decir de todo el mundo. No se conserva, se perdió en algún momento de la historia. Pero sí se conservan unos versos que celebran el lienzo.  Comenzaron a circular bien pronto e iban sobre Giovan Coglione (por Baglione, y por cojones), y no hace falta que entre en los detalles. A Baglione le faltó tiempo para denunciar a Caravaggio y sus amigotes Orazio Gentileschi, Ottavio Leoni (el mismo que lo retrató) y Onorio Longhi, arquitecto, por difamación. Caravaggio tuvo la caradura de elogiar la pintura de Baglione ante el tribunal (imagino las risas).

Baglione ganó el juicio, pero ya se había convertido en el hazmerreír de Roma. Abandonó cualquier rastro de caravaggismo en sus cuadros y regresó al academicismo puro, resentido y doblegado. Muchos años después, muerto el de Caravaggio hacía ya tiempo, Baglione escribió su biografía. Hay que reconocer que, pese a todo, no abusó del poder del biógrafo y mantuvo una cierta ecuanimidad en el relato. Dejó escapar alguna, pero visto el percal, más vale perdonársela.

Firenze? Orrore!


Hace días, un buen amigo mío me anunció que iba a pasar una semana en la Toscana, en una villa, invitados por no sé quién (tampoco viene al caso). Inmediatamente, me carcomió la envidia y con apenas un hálito de voz biliosa (los celos...) le pregunté qué pensaba hacer por ahí. Me dijo que iba a invertir un par de días en visitar Florencia, quizá un poco más, y que luego visitaría Siena. De hecho, quería pedirme consejo. Se lo dí, muy emocionado.

Luego, partió. 

Cada vez que un servidor habla de Florencia, asoman las lágrimas a sus ojos, pues la tengo por una de las ciudades más bellas del orbe. Ahí he pillado yo verdaderos empachos de arte (de Arte, perdón) y me he dejado arrastrar por la belleza como el Arno arrastra las aguas hacia el mar. Mi entusiasmo se comprende por esa ligazón emocional que da haber pasado ahí algunas de las horas más felices de mi vida.

De ahí mi interés por conocer la opinión de mi amigo a la vuelta de su viaje, que sólo verme maldijo Florencia. Fea, fea, muy fea, y sucia, muy sucia, llena de gente, calurosa, muy calurosa... Yo ya le había advertido de los inconvenientes de Florencia en julio: turistas, turistas, más turistas y mucho calor. 

Cuando me había dicho que su intención era conducir por Italia, me había llevado las manos a la cabeza. Mi amigo, tan señor en el conducir, no ve más allá de un cambio automático y una autovía castellana, amplia y vacía, siempre al volante de un sedán de buen tamaño. Te va a dar algo si conduces en Italia, le había advertido. Acerté.

Su viaje comenzó con el trayecto por carretera del aeropuerto a la villa en cuestión. En vez de viajar treinta kilómetros en línea más o menos recta, viajó más de cien dando vueltas y revueltas y no disfrutó del paisaje. Se perdió (y eso que le advirtieron en la agencia de alquiler de automóviles para que se llevara un GPS). Dos horas tardó en dar con un pueblecito que nunca supo dónde estaba. Ni ahora, cuando le pregunto. 

La personificación del Enemigo, en la mente de mi amigo viajero.

Peor todavía, en los días siguientes, cuando viajó con sus amigos, su mujer, su niño, en un convoy formado por tres coches, se sintió acosado (sic) por los automovilistas italianos y su particular manera de conducir, por las carreteras de la Toscana (estrechas, sin arcenes y mal asfaltadas) y por el aparente descuido con el que los italianos tratan a sus coches pequeños. Mira que te lo dije... Pero él, entre furioso y asustado, todavía se altera cuando oye las palabras Fiat Panda. ¡Son un pueblo bárbaro!, se irrita todavía. ¡Brutos, bestias!

Los Uffizi, a rebosar de gente.

En Florencia le dió un soponcio. Literalmente. Le recomendé la Galleria degli Uffizi, cómo no, donde pilló un ataque de nervios. La gente, la gente, tanta gente, tan maleducada, dando empujones... Como no es muy ducho en las cosas del arte (del Arte, perdón) y viajaba en grupo, los cartelitos que anunciaban las obras le parecieron insuficientes, porque no explicaban nada, y la disposición del museo le pareció no mala, sino malísima. Se perdió algunas grandes obras, o las vió y no se enteró, y hasta tuvo sus palabras con un turista francés aficionado a dar empujones. Le dió un flato nervioso y salió de ahí irritado es poco. ¡Parecía la Sagrada Familia!, se queja todavía (es de Barcelona).

A los Uffizi hay que ir estudiado, le dije, con la guía comprada y leída antes de entrar, y a ser posible fuera de temporada alta. Lo mismo sucede en el Louvre, que a poco que se acerca uno a la Gioconda penetra en lo peor de la muchedumbre. Pero él, la verdad, no vió nada y disfrutó menos. Aunque a él le parezca que no, le comprendo. Pero considera (y no hay quien le saque de ahí) que es uno de los peores museos que ha conocido en su vida.

Los calores del verano y la muchedumbre de turistas.
La tormenta perfecta.

¡Hay que pagar para todo!, se queja todavía. No se sacó la Firenze Card y no visitó ni la Santa Croce, ni Santa Maria Novella, ni la Academia, ni San Marco, ni el Palazzo Pitti, ni... Nada. En parte, normal, que sólo tenía un par de días, pero es que no visitó nada. 

Incluso en medio del horror, surge la belleza.

Nada, nada... No. Recordó que le había mencionado el Bargello, uno de los más bellos museos de Florencia, que no suele recibir muchas visitas. Allá fue y gracias a Dios (¡gracias!) se dejó impresionar por el Davide de Donatello. El de bronce, no el de mármol. Quedó fascinado y no para de hablar de ese muchachito esculpido con tanta gracia. A su hijo, videojugador compulso, el Davide le pareció... Bueno, no les digo lo que le pareció. 

Comió así asá. Estuvo tentado a comer en un chino (peccato!). Se perdió los puestos callejeros de tripería o embutidos, la porchetta y otras maravillas. El bistecco alla fiorentina pensado para turistas no le provocó tanta emoción como los cochinillos de Segovia (eso lo comprendo) y su afición por comer en un restaurante con mantel, cuchillo, tenedor, largas sobremesas y cierta categoría lo alejó de la gastronomía más divertida. Además, como no es aficionado a los helados... (doppio peccato!). En fin, un desastre. ¡Menos mal que le gustó el caffè!

Visitó Siena y le gustó (normal). En parte, porque había muchos menos turistas. Le fascinó su catedral y luego, buscando dónde comer, dió con un local que le pareció muy señor, a su medida, en la mismísima Piazza del Campo di Siena, donde, cuando le pasaron la factura, le robaron todo menos los calzoncillos, hecho que su señora insiste en recordar (y recriminarme a mí, cuando me ve). Pero, hijo, cómo se te ocurre..., me defiendo, inútilmente. Él no responde, por no iniciar una escena con su señora, que no me quita los ojos de encima, hostil.

En fin... Supongo que si Stendhal se levantara de su tumba y visitara hoy la Santa Croce, se volvía corriendo por donde había venido y el síndrome de Stendhal sería otro. 

Pero qué pena, me digo, qué pena.


Sitges, de catástrofe en catástrofe


No lo supe hasta hace pocos días, pero Sitges es la población de Cataluña donde más catástrofes ocurren. Simuladas, he de añadir. 

Es un dato prácticamente desconocido, pero Protección Civil, la Policía, la Guardia Civil, los Mossos d'Esquadra, los Bomberos, Rescate Marítimo, la Cruz Roja y ya puestos, las Hermanitas de la Caridad simulan catástrofes continuamente en la Blanca Subur. Ahora, un incendio; ahora, un crucero cargado de turistas que se va a pique; ahora, un atentado terroristas; ahora, una epidemia mortífera... De hecatombe en hecatombe, Sitges se ha hecho un nombre entre los expertos en catástrofes de todo tipo.

¿Por qué? La respuesta no me tranquiliza. Dicen los expertos en catástrofes que Sitges es un escenario ideal. Tiene un buen clima, con la autopista y la RENFE es además, accesible, tiene puerto, playas, el macizo del Garraf... Lo tiene todo para simular cómodamente cualquier catástrofe que uno pretenda simular. Hasta un mal gobierno, añade con guasa un caballero opuesto al actual gobierno, que prefiere permanecer en el anonimato. ¡No sea malo, hombre! 

Después de la simulación, con disimulo, unas copas, la playita, lo que se tercie. Qué bien que se está aquí, chicos. La próxima vez, repetimos. ¿Qué será? ¿Un accidente de aviación? Mejor una fuga radioactiva, que mola mucho, con esos trajes como de astronauta y las cajitas que hacen bip, bip, bip. Vale.

Pero, la verdad, si simulan catástrofes en Sitges porque es todo tan cómodo y tan bonito, ¿qué pasará el día que, Dios nos libre, suceda una catástrofe de verdad en un lugar feo, inaccesible, un día de lluvia? Los señores encargados de apechugar con el suceso, tan mal acostumbrados, ¿darán la talla? Ojalá, pero si los criterios para escoger Sitges han sido los mencionados, que Dios nos pille confesados.

Hace muchos años que Sitges soporta toda clase de catástrofes.

En fin, cosas de la prevención. Pero además de las catástrofes simuladas por las autoridades, también constan catástrofes cinematográficas. El Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges (me gusta llamarlo así) se anuncia con un gorila gigante desembarcando en la playa de la Fragata, a los pies de la iglesia de San Bartolome y Santa Tecla. Desde hace poco, además, la población sufre una invasión de zombis que coincide con el festival. Además, los anuncios del evento han reproducido Sitges postapocalípticos y en las pantallas de cine han sobrado desgracias para dar y repartir. Lo de las catástrofes en Sitges hace tiempo que ya es el pan de cada día así que llega otoño.

Sitges cocacolero, con chiringuitos con letreros en inglés que venden salchichas.

Los últimos en simular una catástrofe en Sitges han sido los publicistas de Coca-Cola. Con el follón de los cierres de plantas embotelladoras y los ERE tumbados por los tribunales, a los que sumar un maltrato y un desprecio por los trabajadores bastante indecente, Coca-Cola se ha ganado a pulso una mala fama entre el personal. No es la primera vez y los directivos saben que ya se nos pasará, porque tenemos poca memoria. Pero, por si acaso, se ha exigido un esfuerzo publicitario para superar el mal trago. Han cambiado el envase, los colores, se han lanzado a por todas para intentar que la marca vuelva a ser la sonrisa de la vida. ¿Y dónde mejor que Sitges para transmitir ese mensaje optimista?

Un caballero tratando de olvidar sus penas donde las salchichas.
En vez de darle al güisqui, opta por una coca-cola.

Después de varios anuncios en los últimos meses en los que Sitges aparecía como plató cinematográfico, Coca-Cola se decidió a llenar el Paseo Marítimo de tenderetes con nombres ingleses (el anuncio se podría emitir en todo el mundo, mejor internacionalizarlo). Acto seguido, se puso a simular un encadenamiento de desgracias, cada una mayor que la anterior, que sólo un botellín de Coca-Cola es capaz de remediar. Acaba con un meteorito espachurrándose en la playa y con algo más gordo (que no sabemos qué es) echándose encima de la Blanca Subur. Aunque, leído de otro modo, parece la historia de un botellín maldito y de mal fario. La verdad, cada vez que ahora veo una de esas botellas pienso en la que me va a caer encima.

Yo solía tomar el sol aquí mismo mismamente y mira tú qué desgracia.

En fin, Sitges ha hecho de la catástrofe un negocio y una señal de identidad. ¡Quién lo iba a decir!


Luchando contra la Bestia


El arte popular amaga verdaderos tesoros. No me refiero al folclore (que también), sino a la cultura pensada para las masas, especialmente la que ya forma parte de la historia. La propaganda, si quieren. Las caricaturas que adornaban los panfletos y los diarios británicos a finales del siglo XVIII y principios del siglo XX son uno de los mejores ejemplos que me vienen a la cabeza. Además, uno de mis favoritos. Hay quien las conoce como los grabados georgianos (por el rey Jorge, que ahí es George).

Son especialmente interesantes las caricaturas que advertían del peligro de la ginebra, recién llegada a la Gran Bretaña. El daño que hizo la ginebra entre las clases populares fue tal que las autoridades iniciaron la primera campaña antidroga de la historia contemporánea, apoyándose, precisamente, en estas caricaturas. Y luego están mis favoritas, las que atacan a la Revolución Francesa primero y a Napoleón Bonaparte después. ¡No tienen desperdicio! Son dignas de sesudos doctorados sobre arte, política, sociología o eso que llaman marketing

Una lectora muy amable me ha hecho llegar una de estas caricaturas, que proviene del Bodleian Museum de Oxford, y que seleccionó The Guardian entre otras muchas. Es la que copio a continuación. 

Pueden ampliar la imagen aquí.

Está firmada por uno de los mejores, G. S. Farnham, y publicada el 22 de julio de 1808 por R. Achermann. Se titula La Bestia, y se añade como está descrita en el Apocalipsis (Cap. 13), asemejándose a Napoleón Buonaparte (sic).

¡Empezamos bien! De entrada, los británicos dicen Buonaparte y no Bonaparte, para irritar a Napoleón, y para subrayar el origen corso de la Bestia, Napoleón. Que ahí es adonde quería ir a parar, a identificar a la Bestia con Napoleón. 

Fíjense que es una hidra con cuerpo felino y varias cabezas (mejor dicho, testas coronadas). Su piel parece manchada, como la de un leopardo, y lleva en un costado el número maldito, el 666. La Bestia se asienta en sus patas traseras en Córcega y lucha contra un tipo armado con un sable, que ya lleva dándole algunos tajos a la Bestia y al menos uno de ellos se ha cobrado un daño. A los pies del guerrero, yace un trozo de la Bestia. El gesto recuerda al de la Virgen pisando a la Serpiente, una iconografía más conocida en el Continente que en la Gran Bretaña. Quizá sea casual, pero llama la atención de los lectores del lado católico de Europa.

Sigamos con la Bestia. El caballero del sable ya le ha soltado un tajo que casi decapita a una de sus cabezas. Si se fijan, esa cabeza que ha perdido la corona, que mira hacia arriba medio colgando, echando fuego y espumarajos por la boca es, en efecto, ¡Bony! Es decir, Napoleón Bonaparte. 

Es interesante notar que los caricaturistas británicos todavía dibujen a Napoleón con el aspecto que tenía como Primer Cónsul. Fíjense en el corte de pelo, y en un rostro todavía delgado. Rota la paz de Amiens, dejaron de tener a su disposición retratos de Bonaparte. No conocieron la nueva imagen de Napoleón I, Emperador de los Franceses, Rey de Italia, etc., al que sus soldados llamaban le Petit Tondú (el Peladito) por su manía de cortarse el cabello muy cortito. 

A Bony se le han caído algunas coronas, que la señora Hope (Esperanza) recoge con su delantal. La señora Hope tiene como atributo un ancla, símbolo de la Royal Navy, la Real Armada Británica, que aparece de lejos, al fondo a la derecha, con una leyenda que menta al almirante Purvis (Nelson ya ha muerto). Caen de la cabeza de Bony cuatro coronas. Dos, de Francia (¿por qué dos?), una de Portugal y otra, la más grande, la corona de España. La señora Hope está muy contenta y ríe abiertamente.

Las otras cabezas coronadas son feas y monstruosas, con apariencia de felino algunas de ellas. Sus bocas amagan colmillos, sus narices son anchas y chatas, son peludas, deformes, son las coronas de Rusia, Prusia, Dinamarca, Austria, Holanda y Nápoles (ésta, más que furiosa, parece triste).

El tipo que va dándole tajos a la Bestia y que parece que le hace daño es España. Luego le prestaremos más atención. En agosto de 1808, los británicos desembarcaron en Portugal a las órdenes de sir John Moore, que meses después moriría en medio de una abrumadora derrota en La Coruña. En julio de 1808, se estaba preparando esa expedición en auxilio de Portugal, aliada de la Gran Bretaña, si es que no había partido ya, y la situación en Europa era la que era, no muy buena para los británicos.

En Holanda, Nápoles y España, reinaban monarcas puestos a dedo por Napoleón (de su propia familia, además). Rusia, Prusia y Austria habían sido derrotadas y ahora eran incluso aliadas. Lo mismo, Suecia (Dinamarca en el grabado). Portugal iba a ser la siguiente. El Reino Unido luchaba solo y aislado contra la Bestia. 

Y en éstas, ¡zas! España se alza en armas contra Bonaparte. El 2 de mayo de 1808, en Madrid, la sublevación del pueblo es aplastada por las tropas de Murat. Una matanza. Cinco mil madrileños (tirando por lo bajo) mueren a cambio de algunas docenas de franceses, pero la sublevación se extiende. 

En junio, los milicianos catalanes y tropas del ejército español derrotan a una columna de 3.800 hombres al mando del general Schwartz en dos enfrentamientos que suman la llamada batalla del Bruch. La mayoría de la columna francesa la formaban tropas napolitanas, gente de muy mala fama, por ser saqueadores, violadores y malos soldados. Los franceses pierden unos 300 hombres y se retiran, mientras las juntas catalanas proclaman la defensa de la corona española en la cabeza de Fernando VII. En los primeros meses de la Guerra de Independencia, Cataluña fue el escudo de España, como en la caricatura, pues barró el paso de los refuerzos y aisló prácticamente a las tropas francesas en la península.

Cádiz fue sitiada, pero no tomada por los franceses. Andalucía se subleva toda. Asturias, Galicia, Valencia... El 19 de julio, 21.000 soldados franceses a las órdenes del general Dupont se rinden ante los 28.000 del general Castaños. Esa derrota fue celebrada en Europa como una señal. ¡Los franceses no son invencibles! 

Pero no nos emocionemos. Cuando Farnham dibujó este grabado, quizá supiera del Bruch, de las Juntas, de la sublevación en toda España, pero no tendría todavía ninguna noticia de la batalla de Bailén.

Napoleón llegaría a España en otoño de 1808. Allá por donde pasó derrotó a todo el mundo y le dió una soberana paliza a los ingleses. Se volvió a Francia poco después, pero España siguió sublevada, en guerra, y así seguiría hasta 1814, desangrando a los ejércitos franceses todos y cada uno de los días que siguieron aquí. El Emperador tuvo 200.000 hombres permanentemente acuartelados en España, desangrándose y muriendo en una guerra larga y sucia que ayudó mucho a precipitar la hecatombe del Imperio Francés.

Eso nos lleva a prestar atención a la figura que representa a España. Viste de modo un tanto estrafalario, con calzas acuchilladas, coleto y capa (capote, mejor dicho). También gasta un bigotillo ridículo y lleva pendientes. Los británicos nos veían así, como caballeros salidos de un cuadro de Velázquez. Hoy nos hubieran dibujado disfrazados de toreros. En eso, los británicos siguen siendo los de siempre, como puede apreciarse en las similitudes entre Badajoz (1812) y Salou, hoy en día.

Vayamos a las alegorías.

El tajo (premonitorio) que casi decapita a Napoleón hace caer la corona de España, porque la llevaba José I, Joseph, el hermano mayor de Napoleón (un buenazo, en el fondo). El sable que esgrime España es (eso dice) genuino toledano, que el acero de las espadas de Toledo seguía siendo de los mejor considerados de Europa. El tahalí lleva la leyenda Madrid, por la rebelión del 2 de mayo. El brazo que esgrime el sable lleva dos leyendas. Una, Asturias, donde el bíceps. La otra, en el antebrazo, Patriotismo español. Porque el público se lanzó a la guerra contra el francés alentado por ese patriotismo, la miseria, la Iglesia y qué sé yo. 

Como hablamos de la Iglesia, hay que prestar atención a la mitra que lleva España en la cabeza. Parecen las torres de la Sagrada Familia, pero es una mitra en la que se lee San Pedro y Roma. En un dibujante protestante, es todo un mensaje subliminal. El fanatismo católico calienta los sesos de España y despierta su violencia, quizá. También podría servir para recordarnos que Roma, pese al concordato con Bonaparte, no veía al Corso con buenos ojos. Ahí lo dejo, que tiene mucha miga.

Una pierna lleva la leyenda Córdoba y el pie que aplasta un trozo de Bestia, Cádiz. Pero es el escudo de España el que llama la atención a los británicos, y ese escudo es Cataluña, según reza la leyenda, porque en el momento en el que se dibujó esta caricatura alegórica, Cataluña era la región donde había triunfado el apoyo popular a favor de Fernando VII y donde Francia había sufrido sus primeras derrotas.

Así nos veían los británicos, valientes, alocados, dándole tajos a la Bestia, vestidos con ropas antiguas, desafiantes y al mismo tiempo sometidos a Roma, católicos fanáticos. La violencia de la Guerra de Independencia y lo que sucedió entonces fue un trauma que nos marcó durante muchos años, si es que no continúa marcándonos. Sentó las bases de las guerras carlistas y de la oposición entre progreso y conservadurismo en nuestra sociedad, que siempre se ha interpretado de manera un tanto peculiar, con Dios de por medio y la patria (cualquiera) en la punta de la lengua, sin saber distinguir una cosa de otra.

Siempre me he preguntado qué habría sido de nosotros de habernos sumado a Bony contra los ingleses. Pero eso es ficción y no se puede saber.

Caravaggiomanía, en La Venus del Espejo


En el blog de Ana de Blas, La Venus del Espejo, dedica un artículo a los caravaggiomaníacos... ¡entre los que me cuenta! Dejando aparte ese desliz, que un mal día lo tiene cualquiera, el artículo es muy interesante si usted está interesado en Caravaggio en particular o en el arte, en general. Léanlo.

Pueden encontrarlo en:

Por cierto, éste, el de Ana de Blas, es un gran blog.

Profanación y censura


Tengo que decir que soy muy despistado y que se me escapan las cosas más interesantes que ocurren en la ciudad. Así ocurrió hace casi un año, el pasado 8 de septiembre. 

Ese día, dos artistas hicieron una performance que molestó a la ideología predominante. Tal fue la molestia que la acción se censuró casi de inmediato. La profanación fue considerada sangrante e inadmisible y la reacción del poder, fulminante. 

Les pido que recuerden el follón que se organizó cuando el MACBA quiso cancelar la exposición colectiva La bestia y el soberano. Todo por una obra de Ines Doujak, Haute Couture 4. Transport, que había sido expuesta meses antes en la Bienal de Sao Paulo. La escultura de papel maché de la austríaca costó dimisiones y polémicas el pasado mes de marzo, busquen en las hemerotecas. El asunto se arrastró durante días en los periódicos, dejó huella.

Pero la performance de Álex Giménez y Jorge Rodríguez-Gerada duró menos que un pastel a la puerta de un colegio y apenas se habló de ella. Para ser exactos, se silenció. De la performance hablaron pocos y de la censura que sufrió, casi nadie.

La historia es que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) organizó una exposición temporal llamada Nonument. Se trataba de algo así (copio):

Nonument es un proyecto con el que el MACBA invita a 28 artistas de su entorno para que reflexionen sobre cómo se puede incidir hoy, desde las prácticas del arte, en los problemáticos vínculos entre acontecimiento, conmemoración, estética y ciudad. El resultado es un conjunto de propuestas inéditas (específicamente concebidas para esta exposición), donde se observa de qué modo reinterpretan los lenguajes artísticos la tradición del monumento.

En pocas palabras y que se entienda, los artistas invitados iban a cuestionar la función de los monumentos. Según todos ellos, son instrumentos de propaganda política del poder que invaden el espacio público, poco más o menos. La tesis es conocida, pero siempre es interesante darle vueltas a la versión oficial de la historia para descubrir que muchas veces es interesada. La crítica es siempre bienvenida.

Hay que señalar que el acto se organizó a la sombra y bajo el amparo de los actos del Tricentenario del 11 de septiembre de 1714, contando con el beneplácito de las autoridades que se llenaron la boca de epopeyas patrióticas... y que fueron víctimas de la crítica de los artistas invitados a la exposición. Eso tuvo consecuencias, porque hubo quien se molestó.

De entrada, Miquel Calzada (Calçada, perdón), comisario de los actos del Tricentenario, no acudió a la inauguración. Por el simple hecho de descubrir que muchos artistas eran críticos con el prusés (incluso estando a favor de él). Así que surgieron problemas de agenda y se escaqueó. No puedo, lo siento, adiós.

Se presentaron veintiocho artistas. Daniela Ortiz cuestionó algunos de los monumentos de Barcelona con Contestació, donde mostraba la documentación que los ciudadanos habían reunido para solicitar la retirada de esos monumentos (la estatua de Colón entre ellos). Otros, Elvira Pujol y Joan Vila-Puig, presentaron Resolució d’inadmissió (Resolución de inadmisión), que no era más que la resolución del Departamento de Presidencia de la Generalidad de Cataluña que no consideraba admisible su propuesta de monumento para la celebración del Tricentenario. Tal cual. 

Victor Pimstein proponía rehacer (o simplemente destruir) las actuales sedes de la Generalidad de Cataluña y del Parlamento de Cataluña para adaptarlas a una Cataluña independiente, ciertamente chocantes y originales, pero que provocarían urticaria a cualquiera en el poder (y a cualquiera, en general). Antoni Arola proponía una escalera para entrar al Palacio de la Generalidad por una de sus ventanas, para poner énfasis en la relación entre el poder y la gente (dando por sentado que ahora no existe, a lo que se ve). Etc.

Pero todas estas locuras se guardan dentro de la exposición, no se habla de ellas y ya está, que la gente que acude a los museos de arte contemporáneo son cuatro friquis mal contados. El aparato del régimen optó por un silencio opresor y aquí paz y después gloria. 

Pero, ay, ay, la que organizaron Álex Giménez y Jorge Rodríguez-Gerada. Se acercaron al Mercat del Born, donde el Born Centre Cultural, la Zona Cero del nacionalcatalanismo, el monumento per excellence de la ideología que tiene las riendas del poder político en Cataluña, donde se enterraron noventa millones de euros para mayor gloria y propaganda de lo chachiguays que somos. 

La performance, fotografiada por El País.

Frente a tal centro, se alza el mástil de una bandera que mide 17,14 metros de altura y que costó (sólo el mástil) la friolera de 60.000 euros. Pues van Álex Giménez y Jorge Rodríguez-Gerada alzan al lado del mástil un grandísimo preservativo transparente que también mide 17,14 metros. Para alzarlo enhiesto y desafiante, lo llenan de globos de helio y allá van, con su condón patriótico, hasta plantarlo donde la bandera, ocultándola. Acto seguido, comenzaron a repartir 1.714 condones entre el público asistente. Asistieron al acto Josep Bohigas, famoso arquitecto y comisario de la exposición, y Bartomeu Marí, director del MACBA (el que luego tuvo que dimitir por La bestia y el soberano). Era un acto programado y anunciado.

Se me ocurre aquello de ¡A ver quién la tiene más grande!, pero los artistas sostuvieron otras motivaciones. Copio:

Es una invitación a reflexionar sobre la ocupación del espacio público. La mayor aportación del urbanismo a la democracia fue crear esos vacíos, el espacio que era de todos y que después se ha llenado. [...] Claro que también se puede tomar como una gamberrada, ganas de hacer sonreír a la gente que pasaba por allí.

La Vanguardia publicó la fotografía de la maqueta de la performance.
La ofensa no fue bien digerida.

Me parece muy bien reírse de todo. Si alguien censura la risa, mal asunto. Pero los fanáticos de la fe no tienen permitido reírse de sus símbolos más sagrados y tan pronto se alzó la goma al lado de la bandera, ¡zas!, salió hecho un basilisco el mismísimo director y alma mater del Centre de Propaganda... perdón, del Centre Cultural del Born. 

A gritos, o poco menos, se indignó ante semejante afrenta y profanación y tan burro se puso que la performance se suspendió. Bien poco tiempo aguantó el preservativo gigante ante la bandera y la acción cultural dejó de tener lugar en el Centre Cultural del Born. Porque una cosa es la cultura contemporánea y otra la Cultura del Régimen (la que levanta monumentos, precisamente).

Sólo nos queda recordar que el acontecimiento pasó despercibido. Yo no me enteré porque soy un despistado, pero ni la radio ni la televisión públicas, ni los medios subvencionados (casi todos) mencionaron el caso. Como si no hubiera existido. Aquí nadie alza condones al lado de la bandera, ni en broma. Ni soñarlo.

Ese director del Centre Cultural del Born que salió echando espumarajos por la boca gritando sacrilegio y profanación es Quim Torra. 

El Guardián de la Fe, que no quiere preservativos en el Templo.

Trabajó veinte años en cosas de seguros; luego montó una editorial y el 30 de abril de 2011 fue elegido consejero permanente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y poco antes, o poco después, vicepresidente de Òmnium Cultural. Al año siguiente, en 2012, fue nombrado director del Born Centre Cultural. Él en persona dirigió la musealización de las ruinas (tremenda). Cuando Muriel Casals, la presidenta de Òmnium Cultural, dejó el cargo para presentarse en la lista de ERCDC (la lista de Mas), el tipo ocupó el cargo de presidente de la sociedad patriótica. También es famoso por sus tuits, que no hacen más que subrayar lo que pensábamos después de haberlo visto ante el preservativo. Es un tipo de fanático que confunde la crítica con la herejía, la profanación y la ofensa. Un imbécil, vamos. Y así nos va, cediendo libertades ante esta gente.

Más información en:

Pipí en Barcelona


No sé qué tiene el pipí que vuelve locos a los munícipes de Barcelona. No conozco a ningún alcalde de mi ciudad que no haya hecho una campaña contra la micción en la calle, que no se haya obsesionado con la manía de hacer pis en los árboles o las esquinas, que no haya convertido la cuestión en el casus belli de alguna cruzada contra los meones. 

A ver, no me malinterpreten. Mear por ahí, a la buena de Dios, es feo, está mal visto y es una guarrería. En verano, huele muy mal a poco que te descuides. Luego están los microbios y esas cosas. Que un caballero pueda aliviarse con facilidad, sacando la chorra y regando las plantas sin pedir permiso, no quiere decir que tenga que hacerlo. Si fuera tal caballero, no desenfundaría la culebra con tanta alegría para marcar el territorio, que somos civilizados. O lo éramos.

Le echamos la culpa al turismo, que de un tiempo a esta parte nos ha invadido. Son ellos los que hacen pipí por las calles, no nosotros. Lo hacen porque son unos bárbaros del norte, unos borrachos carentes de sensibilidad y con una vejiga minúscula. Son turismo de pandereta, de turoperador barato, chusma meona, decimos. Prueba de ello es que no se mean en el paseo de Gràcia, dicen. Eso habría que verlo.

En fin, que la señora Colau no iba a ser menos y se ha lanzado al problema urinario con ansia y celos dignos de las cruzadas antimeones de Clos, Hereu o Trias. Y ha faltado tiempo para que se le echen encima con los colmillos afilados.

A ver, que no defiendo a la señora Colau, que está metiendo la pata cada dos por tres y está cometiendo una torpeza política tras otra. Pero no mete más la pata ni comete más torpezas que los anteriores alcaldes, que no es que hayan sido para tirar cohetes. La ecuanimidad no existe, no se juzga igual a unos que a otros. ¡Un poco de calma, por favor! Si es tan mala, pero resulta que hace lo mismo que hiciste tú... Pues, eso. Vigila, no salgan a relucir las hemerotecas.

El nuevo emplazamiento de los urinarios públicos, cerca de la Zona Cero.

El plan antimeones de la señora Colau ha sido contundente. Oficialmente, parte de un plan de choque para la gestión del turismo que llega a la ciudad (sic). Ha repartido seis urinarios, seis, como seis toros de lidia, por la ciudad. Los tendrá instalados hasta que pasen las fiestas de la Mercè y luego, en vista de su efectividad, ya se verá. Seis urinarios, repito, seis, y ha liado una de seis pares de c... calcetines, por decir algo. Que es verano y la gente se aburre y seis puntos públicos de micción dan para mucho.

Urinarios públicos en Ámsterdam, del mismo modelo que ahora se prueba en Barcelona.

Se han instalado los seis en la parte vieja de la ciudad, dicen. En el Born, la plaza Terenci Moix, Sant Pau del Camp, la plaza Jean Genet, en la playa del Somorrostro (Barceloneta) y en la plaza Salvador Seguí. Dicen que funcionan las veinticuatro horas del día (si ven las fotografías, comprenderán que eso no tiene mucho secreto) y que disponen de un servicio de limpieza y mantenimiento (automático, que ya no funciona). El Ayuntamiento dice que se han colocado por parejas; uno está abierto al público (masculino) y al público en general, porque puede ver al meón mientras orina; el otro parece una caja de plástico y está pensado, en origen, para que hagan pipí los impedidos, que son de peor ver meando que los que pueden aguantarse de pie (y son los que sufrirán más la falta de higiene y de papel higiénico, que en estos lugares vuela). 

Hay que reconocer que en Estocolmo hacen pipí con clase y elegancia.

Aquí surge la primera polémica. Las mujeres, a través de los diarios progresistas, piden urinarios para ambos sexos, porque ellas ¿adónde van a mear? Que los varones sean unos cochinos incontinentes, eso ya lo sabemos, pero las mujeres también tienen pis y quieren lugares públicos para sus micciones. El orinar no es un privilegio masculino, concluyen, y acusan al Ayuntamiento de los vicios machistas de siempre. Eso duele, siendo el actual gobierno tan chachiprogre.

Los vecinos también se quejan, pero eso es lo normal. A nadie le hace gracia que le pongan un urinario público al lado de casa. Si el público, además, es cochino y guarro, como es la costumbre (recuerden, son turistas borrachos, del norte de Europa, bestias carentes de educación), con más razón. En fin, esta queja es inevitable.

Pero la queja más llamativa es la que se ha extendido en todos los periódicos del régimen, ésos que subvenciona la Generalidad de Cataluña. Como la lista unida-unitaria es de la derecha extrema y como el prusés está en horas decisivas (dicen), ahora mismo la bestia parda es la izquierda (Podemos et Co.), que resta votos, y la reacción contra la decisión de Colau era inevitable. ¡A por ella!, son las instrucciones. 

Emplazamiento original del urinario en una de las esquinas del Mercat del Born.
Sacrilegio en la Zona Cero.

El resquicio para hacerse popó encima de la política del pipí de Colau es el urinario que los técnicos municipales instalaron en el Born. Porque lo instalaron, qué cosas, en la esquina del Centre Cultural del Born, que algunos, cachondeándose, llaman la Zona Cero. 

Ahí se montó, en la Zona Cero, por un monto total de casi noventa millones de euros, una museización de unos restos de la ciudad de Barcelona del siglo XVII que se encontraron restaurando el mercado del Born para convertirlo en biblioteca pública. Seguimos sin biblioteca y sin mercado, pero el lugar se ha convertido en un centro de culto nacional(ista) para celebrar, reivindicar o lo que quieran, la derrota de los partidarios de un rey español Haubsburgo a manos de los partidarios de un rey español Borbón en 1714. 

Al grano. Al fervor nacionalista le ha dolido que uno pueda echarse una meadita en el sancta sanctórum patriótico. El grupo municipal de CiU, a través de las páginas de su clarín, La Vanguardia, y de las páginas de otros panfletos adictos al fervor nacional, ha dicho (copio) que éste no es el mejor emplazamiento para un habitáculo donde evacuar aguas menores. También, que es inapropiada, innecesaria y puede herir los sentimientos de muchos ciudadanos (sic). No nos olvidemos del menosprecio por el patrimonio y la historia (sic), de una falta de respeto al patrimonio y la memoria, así como a la estética y al paisaje urbano (sic), de algo desafortunado, etc.

¡Qué piel más fina! Han cambiado el urinario de sitio. Antes no molestaba a los vecinos, pero ofendía al sentir patriótico. Quizá no fuera bonito, pero... Ahora molesta a los vecinos, pero la Zona Cero está libre de urinarios. Se comprueba que cambiar de sitio un urinario es fácil, pero qué difícil es lo otro.


El ministro Soria, honesto


¿Qué países...?

En una entrevista en un medio digital, el ministro Soria es preguntado por la política del Gobierno de España en relación con las energías renovables. Sin entrar a valorarla, es nefasta; si entramos a valorarla, es mucho peor. 

Pero el ministro Soria no es de nuestra misma opinión y corre a defenderla con mucha palabrería. Después de ponerla por las nubes, afirma rotundamente que la política de energías renovables de su gobierno es tan buena que otros muchos países están corriendo a imitarla.

¿Qué países?, pregunta el periodista.

Pues, aún no lo sé, responde el ministro Soria, textualmente.

Sin comentarios.

Juego de palabras


El Cap de l'Oposició, principal soci del Govern.

Si entrevistes al Cap de l'Oposició, no entrevistes a cap de l'oposició.

Anónimo, corre por las redes.

Que me tomen el pelo



Uno de los pequeños placeres de esta vida es la visita al barbero. La insultante alopecia, cada día más crecida, reduce la periodicidad de estas visitas, pero menor la cantidad, mayor el placer. Es un lugar conocido, refugio varonil repleto de revistas de automóviles, de señoras y tebeos, a la antigua, donde te toman el pelo con gracia, sin esperar instrucciones, porque te conocen desde niño y ya saben qué hay que hacer. Cortito y andando, que es gerundio, mientras ojeo revistas de meses atrás en las que salen automóviles pasados de vueltas.

Esto es la ruina y nos vamos a la calle


Según el Tribunal de Cuentas, auditadas las cuentas de 2013 de los partidos políticos españoles con representación parlamentaria, hay seis formaciones políticas con patrimonio neto negativo (es decir, que deben más de lo que tienen). Antes se decía en bancarrota.

El señor Duran i Lleida comprobando la magnitud de la deuda de Unió desde su suite del Hotel Palace, en Madrid.

El partido peor parado es UDC, Unió para los amigos, el partido del ínclito Duran i Lleida, que en 2013 tenía un patrimonio neto negativo de más de 13 millones de euros. En aquel entonces, todavía existía CiU y UDC hacía las funciones del que consigue dinero para las campañas y las suites del Palace. La coalición CiU se ha mantenido tantos años unida por razón de esta capacidad de Unió de sacar dinero de hasta debajo de las piedras. La deuda de Unió con los bancos sumaba en 2013 poco más de 17 millones de euros.

Le sigue Izquierda Unida, que va de mal en peor y ahora que está Podemos, ni les cuento. Su agujero estaba en 2013 entre los 11 y los 12 millones de euros. Hay que sumar la sucursal catalana de IU, IC-V, que tenía un agujero próximo a los dos millones. El BNG gallego tenía un agujero de 2,6 millones y el BNV de Valencia, de menos de 500.000 euros.

El señor Mas anunciando el patrimonio neto negativo de CiU, más de 8 millones.

CiU, que tenía entidad propia como coalición aparte de ser CDC por aquí y UDC por allá, tenía un agujero de más de 8,5 millones de euros y estaba en bancarrota. CiU, como tal coalición, debía a los bancos en 2013 más de 9 millones de euros. Al dejar de ser CiU y convertirse en CDC y UDC, queda pendiente el reparto de esta deuda entre ambas formaciones, que será un campo de batalla cruel y despiadado. Para sentarse y mirar, con palomitas al alcance de la mano.

El señor Mas anunciando la deuda de CDC con los bancos, más de 4 millones.

Aparte, CDC (sin contar con la que les puede caer encima por el caso Millet, quizá más de 8 millones de euros), debía casi 4,5 millones de euros a los bancos en 2013.

Lo que más impresiona de estas cifras, aparte del mareo de millones y millones, es que el patrimonio neto negativo de CiU llevaba arrastrándose cinco años. Cinco. Cinco, que se dice pronto. La deuda de CiU es equivalente a un euro y veinticinco céntimos por catalán. A la que sumar algo más de dos euros por la de Unió y algo más de cincuenta céntimos por la de CDC. En total, en números redondos, cuatro euros por catalán. No está mal.

Sin contar las comisiones, ya me entienden. Que la corrupción en Cataluña mueve... ¿cuántos cientos de millones al año? ¿Y cuántas pérdidas y sobrecostes provoca? Privatizaciones, desregulaciones, recortes... Dejémoslo. No nos amarguemos el verano.

Resumen: La gestión de CiU ha sido fenomenal desde que manda Mas. Dejando a un lado que ha sido llegar él y meterse de cabeza en la bancarrota, el partido ha pasado de tener 62 diputados en 2010 a 50 en 2012, buscando una Mayoría Excepcional, y se estima que podría quedar entre 30 y 40 en las elecciones de este septiembre, lista único unitaria mediante, sumando independientes y gracias. (Porque sólo seis de cada diez candidatos los escoge CDC y el resto los escoge ERC.)

Además, CiU ya no es CiU: se ha roto en CDC y UDC. Por eso, quizá ocho de cada diez diputados de CiU que hoy ejercen ya no repetirán y no menos de 1.000 altos cargos y asesores tendrán que ceder sus asientos a los socios de ERC y buscar trabajo en otra parte. Entre estos, al menos cien cargos públicos que cobran más de 90.000 euros brutos al año (el total de estos cargos, en Cataluña, se sitúa alrededor de los 250, hoy todos convergentes). Eso, si gana la lista ésa. Si alcanza para formar gobierno. Si no... ¡más de tres mil altos cargos de designación política a la calle! CiU rota, CDC rota, Unió rota, ERC no sé, y la deuda... En fin, un pollo.

Parque de la Ciudadela, Barcelona, poco después de la constitución del nuevo Parlamento de Cataluña. 
Los señores diputados de CDC que se han quedado sin asiento, regresan a sus hogares.

Si al señor Mas le sale mal la aventura de la lista única unitaria chachi guay del Paraguay, tendrá problemas para salir de casa. Podría echársele encima una turbamulta de exdirectores generales enfurecidos y la cosa acabaría muy mal. Al grito de ¡Con Pujol vivíamos mejor! ¡Devuélvenos lo que es nuestro! lloverían los palos. Física o metafóricamente, eso ya no lo sé, pero la política tiene sótanos y subterráneos que emiten fétidos olores y cuando esas pestes se inflaman, sabe Dios qué puede salir de ahí.

Éxodo y una de zombis


Este fin de semana ha ocurrido lo que me temía. Lo llevaba esperando hace ya tiempo y ya lo decían en televisión, que vendrá una especie de apocalipsis y la ciudad será abandonada por sus habitantes, que huirán y la dejarán abandonada a merced de los zombis. ¡Y así ha ocurrido! Pardiez, que así ha sido.

Barcelona, arrasada y poseída por criaturas del inframundo.
¿Es ése el futuro que nos espera?

Despertarse y sentirse más solo que la una. Caramba, ¿adónde ha ido todo el mundo? Sales a la calle, nadie. En el súper, nadie (menos la cajera, que te mira de arriba abajo con cara de susto, con evidentes ganas de marcharse de ahí). En el metro, nadie, prácticamente, porque supongo que alguien conducirá los trenes. Como si hubiera caído una bomba de neutrones, no, pero cerca.

De repente, a la que pongo el pie en la plaza de la Sagrada Familia o visito el paseo de Gràcia, se me ponen los pelos de punta. Cuento por cientos los personajes que forman una muchedumbre apelotonada, los seres que, apretujados los unos contra los otros, se mueven torpemente, oscilan como un campo de trigo, emiten voces que parecen salidas de un diccionario triturado y murmuran insistentemente Godí, Godí, fotofoto, Godí... 

Un amigo me había hablado de Cthulthu y de su gran misterio (¿cómo se pronuncia Cthulhu?), pero nunca me imaginé enfrentado a las huestes de ese arcano dios... o quizá sean zombis, ahora que pienso. Porque había dicho zombis, ¿no? Pues, eso, zombis. O lo que sean, que de eso no entiendo.

Tienen todos la piel enrojecida y emiten un olor dulzón, a medio camino entre la sangría y la crema de bronceado, no sé si me explico. Otros, en cambio, que forman un grupo numeroso, tienen los ojos rasgados y el cabello negro como ala de cuervo. Ay, qué cosa de ver... Caminan todos como hipnotizados, haciéndose fotos a sí mismos y gruñendo sin parar Godí, Godí, fotofoto, Godí... serán zombis, digo yo.

He escapado de sus manos de milagro y he llamado a mi amigo experto en Lovecraft. Está en la playa, me cuenta, buscando dioses calamar y no sé qué de los Antiguos. Le digo de los seres de piel achicharrada y me dice que no, que no tienen nada que ver con Cthulthu. ¿Tienen tentáculos? ¿No? Pues, ya está. Nada de Cthulthu. Tampoco tienen que ver con los zombis. Los zombis no dicen nada, sólo gruñen o se lamentan. Aaah... una cosa así. Y éstos, por lo que me cuentas, dicen cosas. Godí, Godí, ¿verdad? Yo diría que no son zombis, que son guiris, me explica, que vienen de la arcana Thule y adoran al gigante Godí.

Zombis, guiris, Cthulthu o Thule, qué más da. ¿Alguno sabe si muerden? Mejor ir prevenido.