Malos tiempos para la lírica


Me han llegado por varios amigos y conocidos noticias de compañías de teatro y gentes de la farándula que, con independencia de su postura política y afición por uno u otro bando, contemplan con preocupación el acontecer de estos últimos días y de los días que se avecinan. No estoy hablando de política, sino de teatro. Más allá de una crisis institucional, de una población enfrentada y una masa poseída por una pasión enloquecida, aparte del siempre poco recomendable dominio de la emoción sobre la razón en las cuestiones políticas, sin olvidarnos de la posibilidad de recibir palos en cualquier momento, dejando a un lado todo eso, la gente no va al teatro.


"El teatro está en la calle", me dice una. "De un tiempo a esta parte, las salas están más vacías de lo normal", señala otro. "Son tantas cosas que la última vuelve a ser el teatro", se lamenta una tercera persona. Incluso me he tropezado con un aficionado pesimista que, irritado, observa que el resultado evidente de todo este follón es que tendrán que prorrogarse los presupuestos del Estado y que, en consecuencia, el 21% de IVA que soporta el teatro seguirá vigente, una vez que habían prometido rebajarlo. "También es mala suerte", añadía, al final. Esta queja tiene un punto egoísta, pero no deja de ser cierta.

¿Qué hacer? Una compañía ofrece descuentos a las parejas que asistan a la función, por ejemplo, y otra pone un día del espectador de más, con entradas más baratas. Es inútil apelar a la publicidad, porque el ruido mediático es tan alto estos días que pasaría desapercibido cualquier anuncio. Muchos echan mano de las redes sociales y envían guasaps a sus amigos, por ver si así consiguen alguna cosa, a tal extremo ha llegado su impotencia.

Quizá convenga regresar al teatro, descubrir que existe vida más allá de las banderas, dejarse llevar por emociones trágicas o cómicas que nada tengan que ver con patrias o cuestiones de fe, ésas que dividen más que unen. Un escritor ruso (soviético, en verdad), Vasili Grossman, dijo algo así, que se quedó grabado en mi memoria: Siempre que alguien predica el Bien acaba haciendo daño. No creo en el Bien. Creo en la bondad. Seamos bondadosos, por favor.

Suena cursi, lo sé, es cursi... ¡Con lo poco que me gusta la cursilería...! Entono el mea culpa y no sirve como excusa que viva malos tiempos. Eso sí: al menos agradezcan que no sume gatitos a la propuesta. Y vayan al teatro.

Fundamentos de la comunidad política


La comunidad política ha de establecerse alrededor de los derechos (y deberes) políticos de las personas (básicamente, sus libertades) y la justicia social (que ha de permitir ejercerlas), en relación con la república (la res publica, lo que es de todos). De esta máxima se deduce que el gobierno ha de basarse en la democracia (por lo general, representativa) y en la separación de poderes, diseñada para impedir que la voluntad de una mayoría no suprima los derechos políticos de las minorías. Lo de siempre, nada nuevo bajo el sol. Lo he resumido, pero creo que ya se ve por dónde voy, por una sociedad abierta a la alteridad.

Si la comunidad política se establece alrededor de la identificación con una creencia, ideología o sentimiento, que suele ser ajena a lo objetivo y se mueve en el terreno de la fe, no en el ámbito de la razón, en el que ha de moverse lo concerniente a la república, si es así, digo, la minoría que no crea, piense o sienta lo que cree, piensa o siente la mayoría está vendida y sus derechos se verán amenazados, y sus personas. Incluso si el gobierno es democrático será así. La república deja de ser de todos para convertirse en un coto privado de los que comparten una fe que no atiende a razones, por definición. Es una sociedad cerrada a la alteridad.

Dicho esto, soy partidario del primer caso, el de una sociedad abierta. A partir de ahí, habrá que ponerse a trabajar para mejorar lo que es de todos y procurar más justicia, libertad y felicidad a las personas, aunque el sistema, ay, nunca será perfecto y la justicia, la libertad y la felicidad nunca sean del todo completas. Pero para eso estamos, para mejorar y progresar, ¿no?

Entrevista en 10contra1


Ayer me entrevistó Rafa Gamboa, del programa 10contra1 de Radio Sant Vicenç (90.2 FM). La verdad es que me lo pasé muy bien y ¡mira por dónde! No sólo me grabaron el sonido, sino también la imagen.



Los archivos de sonido están en:

Por lo que vale un bolso...




Triste


En tiempos de los grises, uno recibía la primera comunión el día que por primera vez recibía una hostia (un porrazo) de los grises. Hoy tengo amigos que han celebrado la primera comunión, y amigos entre las fuerzas del orden, amigos que han acudido a los colegios electorales y amigos que se han encerrado en casa, helicópteros sobrevolando mi barrio, un lío enorme en la calle y odio a paletadas por todas partes. 

Estoy triste. Hace ya un tiempo, pero ahora mucho, mucho más que antes, vivo silencios incómodos, no puedo discutir (como tanto me gusta) de política, ni mucho menos llevar la contraria (algo que me encanta), porque luego tengo amigos y conocidos que frecuento desde hace cuarenta años que me han gritado fascista en la cara y quienes han organizado todo esto siguen arrojando bilis y mentiras por todas partes, regando la tierra en la que crece un fanatismo estúpido. Veo supremacismo por aquí, ceguera por allá, irresponsabilidad por todas partes y me encuentro solo, desamparado. Es lo que siento, qué quieren, y creo que mi situación la comparten algunos. El fanatismo asusta a la razón y aborrece el humor. Ni reír se puede. Mal asunto.

Mi posición política no creo que importe demasiado. Es pública, además. Tengo mis razones para pensar como pienso. Algunas son personales y sentimentales, circunstanciales, pero intento que prevalezcan las razonables y objetivas y defiendo mi punto de vista con argumentos, esperando que el otro haga lo mismo, para que ambos podamos aprender y comprender. ¿Para ponernos de acuerdo? No tiene por qué, pero sí para ser mejores. Lamentablemente, hace ya mucho tiempo que las discusiones no hacen más que envilecernos a todos, porque ya no se atiende a razones.

A quien lo ha hecho posible, gracias. Ojalá te duela.

Ahí seguimos (Gran Premio de Malasia 2017)


Ahí seguimos, sí, pero no da para tirar cohetes. Ferrari sigue plantando cara, pero con problemas en el motor. Concretamente, me dicen, en el turbocompresor. De hecho, Raikkonen ha tenido que abandonar la carrera (ni la ha empezado) porque el motor no empujaba y Vettel ha tenido que salir último porque ha tenido que cambiar el motor, lo que tendrá mucha importancia en las carreras que quedan. Todo y salir último, ha acabado cuarto, ha marcado no sé cuántas veces la marca de velocidad de la pista y ha dado de qué hablar. No ha ganado Hamilton (Mercedes-Benz), pero ha quedado segundo. Ahora les separan 36 puntos. Son muchos, pero todavía... Siempre queda un rayito de esperanza.

Y justo acaba la carrera, esto.

Renovarse o morir (si le dejan a uno)


Camino de la sala de armas, hoy.

A los dos años de darle al sable, el equipo comienza a mostrar signos de necesitar renovarse. En lo más elemental, como la careta, el asunto comienza a ser urgente; en cuanto a la chaquetilla, acuciante.

Es norma que los tiradores vistan chaquetilla blanca, lo que me deja pocas opciones para escoger. Pero no me preocupa en absoluto, porque siento una especial afición por el 5.º Regimiento de Húsares (de la Grande Armée), llamados los Blancos por el color de su chaquetilla. Así que ¡ningún problema!

Me presenté en la sala de esta guisa:


Pero, ¡ay!, aunque se toleran los burros en la sala (yo mismo soy ejemplo de ello), el entrar a caballo está mal visto y mejor que no, me insinuaron. Además, los alamares, el chacó, el colbac... En fin, que por un día, vale, por hacer la gracia, pero mejor que no. Que sí, que tiramos con sable, pero no vestimos à la hussarde. ¡Lástima! ¿no creen?

Total, que ya me ven buscando un equipo estándar. Parece fácil, pero la esgrima es un deporte de caballeros y no están los tiempos para la lírica. Seguiremos informando.



Curso de terapia forestal del Departamento de Salud


De un tiempo a esta parte, comienza a ser notoria la labor de denuncia de algunas asociaciones de escépticos que, sobrados de razones, señalan la promoción de las pseudociencias con dinero público, en colegios profesionales o en aulas universitarias, donde la ciencia y no una tomadura de pelo tendría que ser la norma. Suyo es el mérito de comenzar a hablar en voz alta de la homeopatía como un timo, por ejemplo. 

Permítanme dos cosas. La primera, felicitar a estas organizaciones, cuyo trabajo es tantas veces anónimo y despreciado, pero que resulta tan necesario. La segunda, aportar mi granito de arena con una denuncia de un caso semejante, perpetrado por las autoridades que gestionan la salud pública (precisamente, la salud pública) donde vivo, en Cataluña. La noticia me ha llegado por dos fuentes que no se conocen entre sí y ha sido confirmada por una tercera.

Remitida por la Secretaría de Salud Pública del Departamento de Salud de la Generalidad de Cataluña, y a su vez remitida por los subdirectores regionales, jefes de servicio, etc., a todo el personal sanitario del departamento, se ha enviado un correo electrónico que dice (traduzco):

Para vuestro conocimiento y para que hagáis difusión entre el personal de vuestras unidades estratégicas, os envío el programa de la sesión formativa Presente y futuro de la terapia forestal en nuestro país (código 160124/2017-1), organizada por la Subdirección General de Promoción de la Salud, que tendrá lugar el día 20 de octubre, de 9.30 a 11 horas en la sala Altell del edificio Salvany.

Esta sesión se podrá seguir por videoconferencia en las sedes regionales.

A continuación, dice dónde apuntarse, mediante la intranet del departamento, etcétera. 

Aquí un empleado público del Departamento de Salud abrazando un árbol para apaciguar el estrés que sufre por culpa de los directivos de su departamento, que no hay más que verlos.

La información sobre la Secretaría de Salud Pública sólo está disponible en catalán en el sitio web de la Generalidad de Cataluña, en esta dirección:
o en esta otra:
Su responsable es el señor Joan Guix i Oliver, cuya retribución bruta anual (2016) es de 85.769,10 €.

En cualquier caso, no hace falta saber mucho de idiomas para comprender que la terapia forestal no es (cito) una prestación necesaria para preservar, proteger y promover la salud de las personas, en el ámbito individual o colectivo, prevenir la enfermedad y tener el cuidado de la vigilancia de la salud pública y la salud laboral. Pero ahí va el cursillo de hora y media sobre terapia forestal, que se adjunta en el correo mencionado en formato pdf.

Aquí tienen una copia:





Como podrán comprobar, eso de la terapia forestal es chachi. Traduzco la presentación (con incisos).

Pese a las comodidades y los beneficios de la sociedad actual, las personas estamos expuestas a múltiples situaciones de estrés que pueden afectar nuestra salud y que condicionan la necesidad de buscar alivio de diferentes maneras. [A veces es el alivio que buscamos el que pone en peligro nuestra salud, pero ésa es otra batalla. Sigamos.] Uno de los sistemas que proponemos para conseguirlo es el contacto y la reconexión con la naturaleza. [Lo de la reconexión ya me pica la curiosidad.] Muchas personas manifiestan espontáneamente que han observado que el contacto con la naturaleza, aunque sea de corta duración, les disminuye el estrés y hace que estén más relajadas. [Pues, claro, mientras no estén en la oficina...] Desde la década de los noventa numerosos países, sobre todo Japón, han llevado a cabo estudios para evaluar científicamente los beneficios de la relajación en un entorno natural. [¿Qué estudios?] Los paseos por los bosques, sobre todo cuando se realizan con técnicas orientadas hacia lo que se denomina "terapia forestal" mejoran la inmunocompetencia de las personas a través de la relajación fisiológica derivada del equilibrio natural de la permanencia en el bosque y de las sustancias que emanan de los árboles y, en general, de las plantas. [¿Mande?] En diferentes estudios realizados hasta ahora [¡Dale con los estudios! ¿Cuáles?] se ha mostrado que en la terapia forestal esta "inmersión en la atmósfera de los bosques" modifica algunos parámetros fisiológicos, que el estado de relajación fisiológica es un efecto propiciado por los ambientes forestales y que, desde un punto de vista médico, el contacto con la naturaleza es fisiológicamente beneficioso [a no ser que te coma un oso].

Sumario: Pasear por el bosque es agradable, claro que sí, y hacer ejercicio es sano, y olvidarse por una hora del cabrón de tu jefe, también. Entonces, ¿a qué tanto cuento?

Hasta lo de abrazar árboles se pone como el autobús.

Luego vienen los objetivos de esta charla-debate o lo que sea. Traduzco y comento.

Conocer, a través de la revisión de la literatura científica, los últimos estudios realizados sobre terapia forestal.
[Los famosos estudios. A ver. ¿Resistirán una revisión crítica?]
Evaluar y comentar la metodología utilizada por los investigadores en los estudios más relevantes sobre el beneficio de la terapia forestal en la salud y el bienestar de las personas.
[Por ejemplo, si el bosque ha de ser japonés o no, si es más sano pasear por el bosque de día o de noche, qué tipo de bosque va mejor según diversos parámetros, si es imprescindible abrazar árboles o vale con acariciarlos...]
Estimular a los asistentes para que aporten propuestas para la realización de estudios sobre terapia forestal en nuestro entorno.
[No especifica si en serio o en broma. ¡Si me dejasen ir a mí a este curso...!]
Conocer el potencial de Cataluña en relación con la creación de una red de bosques con finalidad terapéutica.
[Ah, no valen todos los bosques.]

Atención: ¿A quién va destinado el curso? Traduzco: Mandos intermedios y técnicos de salud pública del Departamento de Salud y profesionales que desarrollen su actividad en el ámbito de la salud y el bienestar de las personas. Comentario: Con el trabajo que tienen ¿no hay nada mejor con qué formarlos? ¿No tienen nada mejor que hacer?

El programa de la jornada comienza con la bienvenida y la presentaión de Carmen Cabezas Peña, subdirectora general de Promoción de la Salud, que, por lo visto, propone promocionar la salud enviándonos a todos al bosque (y luego todo serán esguinces, ya verán). Luego viene una charla de Secundino López-Pousa, neurólogo, (véase esto para conocer sus ideas), titulada La certeza sobre los efectos fisiológicos y psicológicos de la terapia forestal, donde demostrará que usted se encuentra más a gusto un día libre en el bosque que recibiendo órdenes del cabrón de su jefe en la oficina y sin cobrar las horas extraordinarias. La segunda charla tiene más guasa, y es de Jaume Hidalgo Colomé, que hablará de Los bosques más maduros de Cataluña y la configuración de una red de bosques con finalidad terapéutica. Porque no vale cualquier bosque, no.

Aquí un grupo de gente haciendo terapia forestal en un claro del bosque. Mmmm...

El señor Hidalgo es ingeniero de montes y está fichado por la Asociación Sèlvans (http://selvans.ong/), que nace y se mantiene con el apoyo de la Diputación de Gerona y la Universidad de Gerona, cuyo origen se centraba en la protección de viejos bosques centenarios (un propósito muy loable), pero que, últimamente, se inclina hacia cosas un tanto extrañas (véase http://selvans.ong/salut/, en catalán). Proteger los bosques está bien, pero lo de abrazar árboles para curar el estrés, no sé.

En fin, ahí queda eso. Dejo el caso sobre la mesa y ustedes mismos dirán. Sean escépticos y pregúntense dónde acaba la ciencia y dónde comienza la tontería. Patrocinada con dinero público, que conste.

A vueltas con el sable



Celebrando mis dos años empuñando el sable, recibí un regalo inesperado. Ahí lo tienen, alegrándome el día. 

Lo leeré todo con mucha atención, porque contiene detalles que me interesan para documentar un trabajo que tengo entre manos. Iremos informando.

Comienza la promoción



Queridos lectores, si alguno tengo: 

Comienzan las citas para promocionar la Historia torcida de la Filosofía. De aquí a unos días, sufriré una entrevista en una emisora de radio y luego, en otra. No me supone un problema y lo admito como parte del trabajo de un autor. Pero, si me paro a pensar en ello, impone un poco.

Un coche de policía


Si alguna simpatía tuve por Ciudadanos, hace ya tiempo que se marchitó. Se arrojaron a la piscina del neoliberalismo y algunas de sus formas me desagradan. No respetaré sus ideas, pero sí su derecho a sostenerlas y defenderlas, siempre desde la razón y la crítica, la suya y la mía. Lo dicho vale para todas las demás formaciones políticas: cualquier idea merece ser tenida en cuenta y ha de ser discutida de manera crítica y racional; a la que interviene la fe y el fanatismo (una cosa y la otra son inseparables), a la que la república (la res publica, lo que es de todos) se convierte en una creencia, en un nosotros frente a un ellos y no en un ejercicio responsable de la confrontación de políticas e ideas, mal asunto, muy mal asunto.

Cerca de donde trabajo está la sede de Ciudadanos de Barcelona. Es llamativa, porque el color naranja de la formación no es precisamente discreto y sus ventanales ocupan toda una planta baja y un entresuelo, que se ven de una hora lejos. Esta mañana, al pasar por delante de su sede, un coche patrulla de la policía montaba guardia y se acababa de retirar otro que había reforzado la vigilancia esta noche pasada. Hasta ahora, y llevo un año pasando por delante cada día, no había visto policías de guardia; pero la situación (así, en cursiva) lo ha aconsejado.

En el mismo orden de cosas, una sede del PSC que lleva unos meses en mi barrio, que visitan de vez en cuando dos y el cabo (qué dedicación a la causa tienen algunos militantes, no deja de asombrarme a mí, que soy tan vago)... Esa sede, decía, fue apedreada ayer con unos ladrillos de considerable tamaño y dos personas que estaban ahí dentro sufrieron una agresión a manos del tipo que, a ladrillazos, se abrió paso hasta el interior de la sede. Un exaltado, me cuentan, y no hace falta que me lo juren. No es la primera, ni será la última, agresión que un partido político sufre en Barcelona. Añado, inmediatamente, que quienes más agresiones sufren son aquéllos cuyas ideas no coinciden con las que se exaltan desde el poder de la plaza de Sant Jaume, dato a tener en cuenta.

Lo que tendrían que ser anécdotas aisladas (pues siempre habrá cafres de uno u otro signo) se convierte en, hace ya tiempo que es, un síntoma de enfermedad política. Si no puedo decir en voz alta lo que pienso por miedo al insulto, al descrédito..., no creo que vayamos bien. Lo que quería decir desde el principio y digo ahora es que todo esto me produce una insondable tristeza. La sociedad en la que vivo está enferma y no veo médicos cerca.

En una democracia, la voz discrepante ha de ser atendida y combatida siempre desde la razón, si uno no está de acuerdo con ella, y su libre expresión ha de ser un tesoro, mientras no atente contra el bien común acudiendo al fanatismo (entonces, ni agua). Entre otras cosas, porque incluso el personaje más imbécil puede tener una buena idea o decir algo sensato. Quien, automáticamente, tilda de fascistas a los que no piensan como él se aproxima algo más que la media a lo que es un fascista, o demuestra muy a las claras que no sabe, no conoce o no ha experimentado el fascismo de verdad y que quizá tendría que conocerlo o experimentarlo, para hablar con propiedad y darse cuenta de lo idiota que ha sido; posiblemente el bocazas no sea más que un estúpido, en la mayor parte de los casos, y la estupidez es algo lamentablemente común. Pero también es cierto que hay quienes se aproximan más al fascismo que otros, y son aquellos que van con la fe por delante, la verdad a medias y la razón, de vacaciones en el exilio.

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Antepasados ilustres


Hacia 1740 (no recuerdo la fecha exacta), el conde don Juan de Soravilla tuvo que poner los pies en polvorosa perseguido por una muchedumbre de maridos cornudos y padres de doncellas desfloradas. Salvó la vida de milagro y vivió en el exilio el resto de sus días. Ahí queda eso, pero nada que ver conmigo, que no me como un rosco y que perdí el título nobiliario hace lo menos un par de siglos por eso que llaman línea de primogenitura. Con este ejemplo quiero ir a parar a que una cosa es lo que hicieron tus abuelos o tus padres y otra es la que hagas tú ahora. Tú eres responsable de tus actos, no de las tropelías que cometió un antepasado, eso ha de quedar claro. 

Eso viene al colación porque la prosperidad de Cataluña (quizá, mejor dicho, de algunos catalanes) se fundamenta en sucesos poco convenientes y vergonzosos para el discurso oficial, sea el nuestro, el de ahora mismo, o sea el de hace aproximadamente un siglo. Véase.

La primera, en la frente. Gracias a los Decretos de Nueva Planta (publicados entre 1707 y 1716) se abolieron las servidumbres medievales en los reinos de Valencia, Aragón y Mallorca y del Principado de Cataluña, como también las del reino de Castilla, que suelen pasarse por alto. La manufactura y el comercio conocieron un importante beneficio al librarse de tales ataduras y en fecha tan temprana como 1724 ya había en Barcelona varias salas de esgrima y se solicitaban permisos para abrir algunas más. Recordemos que la esgrima era, entonces, una afición limitada a gentes adineradas y no es baladí notar la llegada de maestros de armas italianos y franceses a Barcelona. 

Pero la acumulación de capital que permitió dar el gran salto se produjo a mediados del siglo XVIII, cuando se derogó el monopolio de las Américas y los marinos catalanes pudieron comerciar desde Barcelona, Tarragona o los puertos del Maresme, entonces los más activos. El capital que luego explicaría el auge industrial de Cataluña procedió de dos actividades que... eh... En fin, procedió del contrabando de licor y el tráfico de esclavos.

En aquel entonces, el vino catalán era de muy mala calidad y la uva recolectada se empleaba para hacer aguardiente, a falta de nada mejor. Entonces surgió el negocio: los suministros de ron de la Royal Navy escaseaban y sin ron no había flota capaz de batirse. Algún corsario inglés pasó por Cataluña, compró ese aguardiente amarillo que aquí se producía, vio que, pese a no ser excelente, tenía mucho alcohol y de ahí a suministrar de grog a la Royal Navy, un paso. El grog, ese legendario licor de los marinos británicos, es, en su origen, groc, que en catalán es amarillo, por si no lo sabían. Ah, y por si no sabían otra cosa: todas esas ventas (que sumaron mucho dinero) se hacían de contrabando, porque, por aquel entonces, la Royal Navy era... ¡el enemigo! Es decir, los primeros terratenientes catalanes que acumularon el capital necesario para las inversiones comerciales e industriales eran, directamente, delincuentes (lo menos, oficialmente, hasta 1808).

Lo del tráfico de esclavos es más jodido y menos divertido, por razones obvias. Aunque Cádiz era el puerto principal de este mal negocio, los capitanes catalanes hicieron una gran fortuna con este mercadeo de personas y los terratenientes catalanes que se instalaron en Cuba, también. Las grandes fortunas catalanas que se iniciaron a partir de 1830 provienen, en su mayor parte, de ese tráfico abyecto. Suenan apellidos como Güell, Vidal-Quadras, López, Blanco, Rovirosa... que ya sabíamos, y muchos más que no sabemos.

Eso que tanto disimulamos, que es nuestra historia.

Un libro reciente sobre este asunto, muy serio, ha sido publicado por la Editorial Icaria, Negreros y esclavos (http://www.icariaeditorial.com/libros.php?id=1668) y gracias a él sale a la luz que don Artur Mas, que fuera presidente de la Generalidad de Cataluña y maestro de la tijera, luego devorado por sus propios hijos (metáfora política), tiene antepasados negreros.

Eh, ya vale. No tiene la culpa. No pasa nada. El tipo no es responsable de lo que hicieron sus antepasados. Eso he dicho y eso mantengo. Pero ¡vaya antepasados! 

Su tatarabuelo, Joan Mas Roig, capitán del falucho Pepito, transportó a 825 esclavos de África a Brasil durante la segunda mitad de 1844.  Pere, el Pigat (el Pecoso), su hermano, ya era capitán de una goleta negrera con 18 añitos de edad y siguió traficando con esclavos veinticinco años más, lo menos, capitaneando varias naves a lo largo de su carrera y transportando, en total, algunos miles de esclavos. En 1861 todavía viajaba con esclavos a bordo de Barcelona a Cuba.

Aquí, el señor Mas haciendo ver que trabaja, posando para el fotógrafo.
Al fondo, la famosa rueda de timón de la que presume tanto.

El personaje se valora por lo que hace, no por quién fue su tatarabuelo. Ya saben que mi valoración del señor Mas no es muy positiva y la causa es su nefasta política de recortes, exaltaciones patrias e ideologías carcas; no tenía ni idea de quién era o qué hacía su antepasado tal o cual, y no importaba demasiado, ni me importa, a la hora de opinar sobre sus actuaciones. Ahora bien, ¿no se acuerdan de su afición a dejarse ver con la rueda del timón de sus abuelos? 

El señor Mas, posando con la rueda del timón y esa modestia natural en él.

Recuerden: Durante los primeros meses del prusés, no se hablaba del choque de trenes, sino de un viaje a Ítaca, y el señor Mas se autonombraba el timonel que nos llevaría por la derrota más segura hacia ese anhelado puerto, y venga a fotografiarse con la rueda del timón de marras, aquí y allá. ¿No se acuerdan o prefieren olvidar? Porque también es mala suerte que después de presumir durante tantos años de un linaje marinero, resulte que los marinos en cuestión eran, ay, negreros.

¡Cras! y adiós (Gran Premio de Singapur 2017)


Pintan bastos después de esta carrera para Ferrari, y eso que pintaban oros después de una clasificación excelente. Mercedes-Benz no parecía estar en su mejor momento ni en el mejor lugar y la pole fue a parar al primer Ferrari. El día de la carrera, hoy, ha llovido a raudales y todos los equipos han cambiado neumáticos. Luego, se han dicho, ya se secaría la pista.


La lluvia fue premonitoria. Nada más salir... ¡Cras! Raikkonen intenta avanzar por el exterior y por un quita de allá que vengo yo, choca y desmonta su coche. Con tan mala fortuna, además, que le da por detrás a Vettel, que tiene que abandonar tres curvas después, por daños. Así, sin dar siquiera una vuelta, los dos Ferrari se han visto fuera. Ha ganado Mercedes-Benz, claro, quién, si no.

Hay quien dice que no sólo hemos perdido la carrera, sino también, seguramente, el campeonato.