¿Qué celebramos el 12 de octubre?



¡El Día Mundial del Huevo!

En efecto, así es. Hace ya unos años, la IEC, International Egg Commission (Comisión Internacional del Huevo) decidió celebrar el World Egg Day, o Día Mundial del Huevo. Fue en 1996, y los representantes de 150 países (que no son pocos) decidieron que tal egregia jornada se celebrara el segundo viernes de octubre de cada año. Este año, el lema del Día Mundial del Huevo es Think Egg!; es decir ¡Piensa huevo!


El lema, como todos los lemas, da un poco en qué pensar. ¿Me están llamando huevo (o huevón), me están diciendo que piense como un huevo o sólo que piense en huevos? La polémica está servida, pero al Día del Huevo se le perdona todo, porque la causa bien lo vale.


La jornada es reivindicativa, porque se atribuyen a los huevos males sin tasa y los empresarios del huevo quieren sostener que tan rico alimento es muy bueno y beneficioso para la salud. Se habla, pues, de las propiedades nutritivas del huevo, de la cantidad de proteínas, vitaminas, minerales y demás que lleva dentro, de lo rica que está la cocina con huevos, del papel del huevo en la lucha contra las hambrunas y la desnutrición, etcétera.

El huevo es también un instrumento político. En los países donde va todo bien, se regalan huevos a los gobernantes, por dar las gracias; donde no va tan bien, se les arrojan huevos. El huevo proyectil imita las características del gobernante. Por poner un ejemplo, los huevos que tendrían que arrojarse al Gobierno de los Mejores serían huevos corruptos (podridos), de talla pequeña y baja calidad; se trata de una metáfora, por supuesto, no crean que promuevo semejante obsequio.


Otras son, sin embargo, las propuestas de los organizadores del Día Mundial del Huevo. Por ejemplo, distinguir al cocinero capaz de cocinar más rápido una tortilla, o de hacerla más buena. Se proponen fiestas familiares, donde el huevo sea el protagonista: concursos de dibujar huevos, de lanzamiento de huevos, de cocinar huevos, además de música, baile y atracciones. Las editoriales, por su parte, aprovecharán el evento para publicar libros de cocina donde el huevo sea el principal ingrediente. Se harán exposiciones sobre el huevo y su mundo y no serán pocos los seminarios (algunos, de muy alto nivel) sobre los beneficios del huevo en la dieta, la salud y la vida de las personas.

Este año, coincide el Día Mundial del Huevo con el Día de la Hispanidad, y he aquí que aparece un huevo famoso, el llamado Huevo de Colón. La anécdota del Huevo de Colón la relató por vez primera un italiano, Girolamo Benzoni, que publicó su Historia del Nuevo Mundo en Venecia, en 1565. Cuenta Benzoni que Colón compartía mesa con unos nobles españoles que aseguraban que, de no haber sido Colón, hubiera sido cualquier otro el que hubiera cruzado el Atlántico y descubierto América.


El Almirante, mosca, mandó que trajeran un huevo y retó a los presentes a que lo pusieran en pie sobre la mesa. Copio lo que sucedió después, según Benzoni: Todos lo intentaron sin éxito y cuando el huevo volvió a Colón éste al golpearlo contra la mesa, colocándolo sutilmente lo dejó de pie. Todos los presentes quedaron confundidos y entendieron lo que quería decirles: que después de hecha y vista la hazaña, cualquiera sabe cómo hacerla.

Pero ¡cuidado! El asunto del Huevo de Colón lleva consigo otra polémica histórica, que no tiene nada que ver con el origen genovés del Almirante, sino con el título de Primera Persona que puso un Huevo en Pie. Véase.

Quince años antes que Benzoni escribiera su Historia del Nuevo Mundo, Giorgio Vasari escribió su famosa Vida de pintores, escultores y arquitectos. Eso fue en Florencia, en 1550. Cuenta Vasari que Filippo Brunelleschi había resuelto al fin el problema de la cúpula de la catedral de Santa Maria delle Fiore y estaba dispuesto a levantarla él mismo. Pero los gobernantes de la ciudad y los arquitectos rivales querían ver el modelo que había hecho Brunelleschi, por ver cómo pensaba levantarla. Ese modelo se conserva y exhibe en el Museo dell'Opera del Duomo, pero entonces lo guardaba Brunelleschi bajo llave.


Como se pusieron tan pesados, Brunelleschi los retó a poner un huevo en pie sobre una mesa de mármol. Quien consiguiera ponerlo en pie, construiría él mismo la cúpula, les dijo. Los arquitectos rivales pusieron manos a la obra, pero el huevo se negaba a sostenerse en pie, hasta que Brunelleschi le dio un golpecito y allá lo dejó, tieso y firme. Los otros protestaron, porque creían que Brunelleschi les había tomado el pelo; Brunelleschi contestó que cualquiera de ellos sería capaz de levantar la cúpula después de haber visto su diseño, pero no antes, como cualquiera hubiera puesto el huevo en pie de saber cómo. Así les dio una lección.

Ahora viene el caso que traerá cola: la Primera Persona que puso un Huevo en Pie ¿fue Colón o Brunelleschi? En todo caso, parece ser que fue un italiano. ¡Manda huevos!

Seguiremos informando.

Verità e fantasie


La filosofia sembra che si occupi solo della verità, ma forse dice solo fantasie, e la letteratura sembra che si occupi solo di fantasie, ma forse dice la verità.

Antonio Tabucchi, en Sostiene Pereira.

XII edizione della Settimana della Lingua Italiana nel Mondo

Sí, damas y caballeros. A instancias de las autoridades italianas, se celebra la duodécima edición de la Semana de la Lengua Italiana en el Mundo, lo que nos satisface y congratula muchísimo.

¡A celebrarlo! Cent'anni!

La asquerosa muerte de Edward Archbold



Morir es un asco, pero hay maneras de morir especialmente asquerosas. Pregunten, si no, a los que presenciaron la muerte de Edward Archbold en Deerfield Beach, condado de Broward, Florida, EE.UU.

Fue en una fiesta, la noche del pasado viernes, en la Ben Siegel Reptile Store, The Night of the Midnight Madness. El señor Archbold quería ganar un concurso por quedarse el premio, una serpiente pitón, que pensaba vender a un amigo. El día anterior, el señor Archbold afirmó en su feisbuc (pronúnciese facebook) que lo hacía por la gloria de la victoria, no por dinero (sic). Competían treinta concursantes, a ver quién comía más cucarachas gigantes (vivas) en cuatro minutos.

Han leído bien. El que zampase más cucarachas gigantes (vivas) en cuatro minutos se hacía con la serpiente pitón. Comenzó el espectáculo y los testigos cuentan que el señor Archbold engulló docenas de bichos (sic). Se mostró imbatible y ganó el concurso.

Se apuntó al siguiente: a ver quién comía más gusanos gigantes, también en cuatro minutos. Comenzó a tragar gusanos, uno tras otro.

Volvió a ganar, pero pronto dijo no encontrarse bien. Comenzó a vomitar. Se desplomó ahí mismo, entre los concursantes. Después, murió.

El asunto está en manos de la policía y se investigan las causas de su muerte. El finado tenía antecedentes penales por exhibicionismo y conducta desordenada, pero no vienen al caso. ¿Murió por la ingesta de cucarachas y gusanos?

Los otros comedores de cucarachas no notaron nada raro en los bichos, pero lamentan la suerte de Eddy (el señor Archbold). Todos le queríamos, dicen. A todos los amigos de la Ben Siegel Reptiles nos entristece no haber tratado más con él, pero en el poco tiempo que lo conocimos, se ganó el aprecio de todos nosotros.

En cualquier caso, el propietario de la tienda de animales se hace el sueco, porque los concursantes habían firmado un documento librándole de cualquier responsabilidad. En un comunicado, la tienda de bichos explica (traduzco) que el consumo de insectos está extendido por todo el mundo, y los insectos presentes en el concurso fueron obtenidos en un estabulario de insectos criados para el sector doméstico en un hábitat seguro y controlado como alimento de reptiles.

Preguntado por este asunto, un entomólogo de la Universidad de California, Michael Adams, ha reconocido no haber oído nunca de nadie que muriese después de haber comido cucarachas. Si no es que éstas estén contaminadas, explica, ya con alguna bacteria, ya con otro patógeno, no creo que comer cucarachas sea peligroso.

Las cucarachas, por su parte, se han negado a hacer declaraciones.

Algunos datos de la última encuesta del CIS

Las entrevistas se realizaron en 47 provincias españolas entre el 3 y el 11 de septiembre, con un error real estimado en más o menos un 2% y un margen de confianza del 95,5%.

A la pregunta ¿Cuál es el principal problema que existe ahora mismo en España?, si uno cita varias respuestas, se cuentan las tres primeras. El resultado es que el primer problema es el paro (79,3%); el segundo, los problemas de índole económica (49,4%); el tercero, la clase política, los partidos políticos en general (26,9%); el vigésimo segundo, el Estatuto de Cataluña (0,9%); el vigésimo sexto, los nacionalismos (0,5%). Si se responde espontáneamente (sólo se cuenta el primer problema que me viene a la cabeza), los tres primeros problemas son los mismos, el Estatuto de Cataluña pasa a ser el undécimo problema (mencionado por un 0,5% de la población) y los nacionalismos, el vigésimo tercero (mencionado por uno de cada mil encuestados).

El CIS también dice que la mayoría de los españoles se sitúan en el centro político, muy ligeramente hacia la izquierda; por eso mienten cuando dicen qué votaron en las pasadas elecciones (quizá habían mentido antes); tres de cada cuatro dice ser católico, pero no pisa una iglesia ni una vez al año; un 39% suprimiría las Comunidades Autónomas o les quitaría competencias, un 29,4% las dejaría como están, un 9,1% les daría más autonomía y un 8,9% reconocería su derecho de secesión, después de haberlas dejado con más autonomía que antes (vascos y catalanes suman el 25% de los encuestados).

En resumen, socorro, sáquennos de ésta y déjense de tonterías.

Compañia K



William March fue uno de tantos miles de norteamericanos que combatió en la Primera Guerra Mundial. Fue condecorado varias veces y regresó como un héroe. En 1933, publicó Company K (Compañía K).

El libro denuncia el horror de la guerra con simplicidad, sin rodeos. Un horror que tiene que ver con la muerte y la destrucción, pero también con la estupidez y la ruina moral, con el Gran Absurdo. Ahora quizá estamos acostumbrados a este tipo de lecturas, pero en los Estados Unidos causó una gran conmoción, al menos entre los escritores. Compañía K enseguida se convirtió en un clásico, por méritos propios.

En cuanto a su estructura, Compañía K es también novedosa e interesante. Es una novela coral narrada por 131 personajes. Cada capítulo (brevísimo) cuenta lo que le sucedió a un soldado en tal o cual momento, tanto antes como durante o después de la guerra. Algunos soldados aparecen en varios capítulos, o no vuelven a aparecer nunca más. La gracia está en la suma de tantos puntos de vista. Es una manera como ninguna otra de aproximarnos a una cosa indescriptible, la realidad de una guerra.

March dijo que la novela respondía a lo que sucede en una guerra y que pretendía una afirmación de la vida incluso en medio de la matanza. Es cierto. Pero los críticos incluyen Compañía K entre las novelas antimilitaristas y antibelicistas, y tampoco les falta razón. En todo caso, es una magnífica novela, muy recomendable.

En España, la ha publicado Libros del Silencio, muy bien traducida por Bianca Southwood. Un consejo, y síganlo. El libro viene con un prólogo de Philip D. Beidler, que no está mal como comentario de texto. Pero, si no han leído Compañía K, ¡no lean el prólogo! Si les apetece leerlo, déjenlo para el final y lean antes Compañía K. El señor Beidler es de ésos prologuistas que se empeña en contarnos lo que vamos a leer, chafarnos las sorpresas y explicarnos lo que tenemos que pensar. ¡No lean el prólogo antes, sino después! Me lo agradecerán.

La pobreza mata (y una mala política social, también)


Responsables de la política social del Gobierno de los Mejores. Sólo falta don Baudilio.

Se ha anunciado que Cataluña protagonizará parte de las investigaciones de un proyecto subvencionado por la Comisión Europea. Será el proyecto Sophie, que quiere analizar y evaluar el impacto de las decisiones políticas en la salud pública. Más concretamente, evaluar cómo una decisión política puede exagerar o disminuir las desigualdades en salud en una población.

Se trata de cuantificar en lo posible el impacto sobre la salud de la población de las políticas estructurales de un gobierno, su política sobre vivienda o trabajo, o incluso la planificación macroeconómica (si da preferencia a los gastos sociales o no, por decir algo). Querrán compararse los resultados de determinadas políticas de género (es decir, orientadas a una igualdad efectiva de derechos entre personas de diferente sexo), el trato que recibe el inmigrante, la fiscalidad, etc., de diferentes países y regiones. La investigación se cerrará en 2015.

Cataluña entra en el experimento por dos razones. Porque tenía un sistema de salud pública ejemplar y porque se lo están cargando. Así, puede evaluarse en directo el impacto de las políticas del Gobierno de los Mejores en general y de don Baudilio, a. Bío Ruiz, en particular, uno de los campeones del Rey Artur. Sospechamos que los resultados del estudio no se publicarán en los medios oficiales ni se hará mucha publicidad de ellos en la prensa afín, porque serán protagonistas la Ley de Dependencia, que no se aplica, la Renta Mínima de Inserción, que se suprime, las listas de espera, que crecen muchísimo, y las desigualdades sociales que promueven los recortes de Artur Mas-Nostijeras. Mal asunto.

Un dato de partida nos muestra que la salud pública exige un esfuerzo colectivo, no una privatización masiva. Un niño que nazca en Sant Gervasi, barrio pijo barcelonés, tiene una esperanza de vida de 81 años. Un niño que nazca en el Raval, un barrio pobre, vivirá, de media, ocho años menos. Si la salud dejara de ser gratuita y universal, la diferencia crecería (a favor del rico).

Otro ejemplo. En Cataluña, el riesgo de sufrir una crisis de ansiedad es cuatro veces más alto en una persona sin cualificación profesional que en una persona con un puesto ejecutivo. Si es mujer, ni les cuento. Más cobra uno, más alto está en el escalafón político o empresarial y menos sufre del corazón, de los nervios o del estómago. Curioso.

En pocas palabras, el 90% de los diputados del Parlamento de Cataluña viven en barrios con una esperanza de vida años superior a la esperanza de vida media en Cataluña (pues el 90% tiene residencia en los barrios de Sarrià, Sant Gervasi y Eixample) y tienen una pachorra tremenda, cuatro veces mayor que la del ciudadano medio. Quizá por eso descuiden un poco la importante tarea de preservar la salud pública y un sistema sanitario universal y prefieran jugar con banderas. Las banderas, por cierto ¿afectan a nuestra salud? Respondan ustedes mismos.

El proyecto Sophie está financiado por el VII Programa Marco de la Unión Europea. En Cataluña, lo coordina la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) y cuenta con técnicos de la Universidad Pompeu Fabra y Cáritas Diocesana de Barcelona. En declaraciones a la prensa, los investigadores piensan analizar el impacto de la renovación urbana (Ley de Barrios de Cataluña, hoy aparcada por el Gobierno de los Mejores), el realojo de familias con problemas de vivienda por parte de Cáritas y la implantación de la Ley de la Dependencia (que en Cataluña está muy por detrás del resto de España). La coordinadora del proyecto afirma (cito) que las desigualdades en salud son diferencias evitables e injustas. Pero ¿creen que van a hacerle caso?

Reforma castellera imprescindible



Hoy celebran en Tarraco Arena, la vigésimo cuarta edición del concurso de castells de Tarragona (24é Concurs de Castells de Tarragona). Imagino el evento: cantarán un himno patriótico, agitarán banderas y dejarán a un lado la política cuando las chirimías inicien su concierto y comience la competición. Es como el fútbol, donde las chirimías serán el pito del árbitro, y no piensen mal.

Dicen que competirán 12 colles o agrupaciones de baile, que intentarán superar a las demás elevando las torres humanas más altas, más complicadas y más espectaculares. Los entendidos aseguran que esta reunión es algo así como el campeonato mundial de castellers y se frotan las manos por ver qué pasa y quién se lleva el premio. También hay voces disidentes: los Minyons de Terrassa no participan porque aseguran que la competición no es propia del espíritu de este baile.

El lugar es un símbolo de la Cataluña construida (a la vez de descuartizada) durante los años de estupidez y mal gobierno que han precedido a esta época de más estupidez y peor gobierno. Tarraco Arena es una plaza de toros que ha costado más dinero que pesa y se inauguró justo cuando quedaron prohibidos los toros (que nadie iba a ver, sea dicho). Allá quedaron enterrados centenares de millones de euros que hubiera servido mucho mejor a los tarraconenses gastados de otra manera más prudente. Fíjense: este concurso casteller es el único acontecimiento que se celebra regularmente en la plaza de toros, y es una vez cada dos años.

Poco importa. En Tarragona y alrededores, los castellers son una religión. Por eso, con este apunte corro el riesgo de tragarme los dientes, y enseguida verán por qué.

Nunca me quitaré de la cabeza la imagen de un niño al que llevaron en brazos a una ambulancia después de caer de un castell. Lágrimas, gritos y lamentos. Se había partido la columna, dijeron en la plaza. Yo era un niño pequeñito, muy pequeñito, al que llevaron a ver castellers para que pasara un buen rato y ya ven ustedes cómo acabó todo. Ya no me gustaban entonces (tanta gente, tanto calor, el chirrido de las chirimías, un agobio tremendo y total, para qué) y menos me gustaron después.

Desde entonces, no los soporto. Me dan grima. Me escandaliza, además, que permitan que un niño se juegue el tipo de manera tan evidente, y que nadie se queje. Pero, ah, ahora llevan casco... y la mayor parte de las lesiones por traumatismo de los niños no son en la cabeza, sino en la columna vertebral o las extremidades.

Yo, de gobernar, no prohibiría los castells, pero sí que prohibiría la participación de menores de edad. Es una cuestión de principios. Si alguien quiere partirse la crisma, que se la parta, pero que no meta a los niños por medio. El resultado serían construcciones humanas de mucho más mérito y moralmente aceptables.

Las últimas carreras



Por una cosa o por la otra, no he podido escribir sobre las últimas carreras, en las que un piloto de Ferrari (Alonso) ha sacado muchos puntos de ventaja y luego los ha perdido. En Suzuka, Japón, donde han corrido esta madrugada, las cosas se han torcido un poco más para Alonso, que ha tenido que retirarse en la primera curva; sin embargo, el otro Ferrari, el de Massa, ¡ha acabado segundo! Milagro.

Cuentan que pintan bastos para Ferrari si quiere que Alonso gane el Mundial de Pilotos. Red Bull y McLaren tienen mejores coches y circuitos donde los bólidos italianos corren menos. Sólo cuatro puntos separan a Alonso de los demás. Ay, ay, ay... Pero, ¡calma! ¡Seamos irracionales! Si Massa ha quedado segundo hoy, puede pasar cualquier cosa, hasta llevarnos por delante el Mundial de Pilotos. Forza, pues, y una novena para Santa Rita.

El rebaño y el pasto de lobos



Don Salvador Cardús, sociólogo, que hasta hace poco era decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona, declaró en una entrevista (traduzco) que los políticos tendrán que hacer un esfuerzo para acomodarse a las exigencias del país.

¿Las exigencias del país? En cristiano, en suma y en resumen, quiere decir las ideas del señor Cardús.

El caballero en cuestión no es el único en sostener que tal o cual partido político, o la clase política en general, tendría que adaptarse a la opinión de los demás (i.e., la de uno mismo). Esa opinión será la de lo que unos llaman pueblo y otros, país. Ya me dirán quién es tal pueblo o país, primero, y cómo saben qué opina, después. Yo siempre he creído en la opinión de las personas tomadas una a una, pero no parece el caso.

Estos días de mal vivir abundan en sesudos tertulianos, de todo signo y condicion, que exigen a los políticos no que propongan soluciones concretas a problemas concretos, que podrán discutirse razonablemente después, no que expongan claramente sus preferencias y prioridades sociales, sino que ejerzan de veleta de la voluntad popular y alcen la voz en su nombre. Que el pueblo quiere ir para allí, para allí; que para allá, para allá; que no quiere ir a ninguna parte, quietos.

Porque si uno piensa otra cosa que no es lo que pienso yo, es que no piensa como tendría que pensar todo el mundo, sostienen. Ergo, no piensan como el pueblo. Mal asunto, si comenzamos así el debate.

Si tuviera que ser que uno sólo puede proponer lo que (me) gusta y no lo que cree que sería mejor, ¿qué diferencia podría haber entre izquierdas o derechas, entre lo social y lo nacional, entre el progresismo y el conservadurismo...? Con el tiempo, ninguna.

Como dijo Nietzsche, no sabrás si el rebaño te sigue o formas parte de él. Pero seguro que no serás el pastor, sino pasto de lobos, me permito añadir.

Malos tiempos para la lírica (al menos, en Cataluña)



Una canción decía que eran malos tiempos para la lírica, y cuánta razón tenía. Con la que está cayendo, eso que llaman la cultura (permítanme la cursiva) está pasando por un mal momento. En el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado, los gastos del Gobierno de España en cultura se reducirán drásticamente, pasarán de 897,52 millones de euros a 721,7 millones. Sumen al recorte la medida de subir el IVA de los productos culturales y supongan el resto. Poco invertíamos en cultura, bastante estultos éramos y sólo nos faltaba esto.

Ahora bien, soto voce, cuando las circunstancias aprietan y uno tiene que escoger entre una escuela, un hospital, un servicio de ayuda a la dependencia, un grupo de teatro experimental y una película que no verá nadie, ustedes mismos. Añado que es una lástima lo ocurrido: si España hubiera invertido grandes cantidades en cultura en los años pasados, hoy sería mucho más rica, tanto moral como económicamente. Pero aquí manda el corto plazo y el qué hay de lo mío, qué le vamos a hacer. Burros éramos y burros seremos.

El teatro no sale mal parado, sólo le recortan un 16,2% del presupuesto; al cine, algo más del 19%. A los museos, les recortan el 22,9%; la música, la danza, las bibliotecas, los archivos... el compendio de las Musas en general, entre el 22 y el 24%. El recorte se ceba en el fomento de las industrias culturales, que recibía casi 30 millones de euros y ahora tendrá que conformarse con 14,6; también sufre la promoción del libro (ah, ¿se promocionaban los libros?), con un presupuesto que pasa de once a siete millones y pico; se reducirá una cuarta parte el presupuesto para la protección del patrimonio y la conservación y restauración de bienes culturales caerá un 27%. ¡Qué bonito...!

Faltó tiempo para que en Cataluña saliera don Ferran Mascarell anunciando ataques contra la patria mediante la asfixia de la cultura. Para quien no esté al caso, don Ferran es el conseller del ramo, un personaje que pasó del PSC a CiU cuando descubrió que el PSC no pensaba en él para la alcaldía de Barcelona y el Grupo RBA decidió prescindir de sus servicios. Fue entonces cuando el señor Mas le ofreció una consellería y el personaje aceptó encantado, adaptándose de maravilla al Gobierno de los Mejores y dando la talla del mismo. Durante muchos años se ha forjado la fama de entender mucho de política cultural y nadie osa decir que no es así, porque él es, al fin y al cabo, quien ha repartido y continúa repartiendo las subvenciones.

Pues va don Ferran y se pone como un basilisco. Las grandes instituciones culturales catalanas sufrirán un recorte pavoroso, y Cataluña sólo recibirá la mitad de lo que recibió el año pasado. O tempora o mores...

De hecho, aunque el recorte da grima y pena, no ha sido tanto como se decía. En porcentaje, el Liceo (Barcelona) y el Teatro Real (Madrid) reducen ambos alrededor de un 30% la subvención del Estado; otro tanto sufrirán el Museo del Prado, el Princesa Sofía (los dos de Madrid), el MNAC y el MACBA (de Barcelona); algunas instituciones, como el Palau de la Música, perderán la mitad de las ayudas; otras, todas las ayudas; algunas, apenas una cuarta parte. El señor Mascarell había anunciado recortes mucho más salvajes. Las ganas que tenía y porque no le dejaban a él.

Curiosamente, nadie responde recordando la vieja reivindicación de CiU, la supresión del Ministerio de Cultura para dejar toda la cultura catalana en manos del señor Mascarell de turno. También resulta curioso que nadie hable de los presupuestos del Departamento de Cultura del señor Mascarell y de la Generalidad de Cataluña. En 2011, pasó de invertir casi 700 millones de euros en cultura a invertir 300 millones (¡una reducción del 57%!), aunque en 2012 sólo redujo el presupuesto un 15,6%, para no tocar demasiado la televisión catalana.

Considérese, además, la calidad de la inversión cultural del señor Mascarell. En 2010, más de la mitad del presupuesto del Departamento de Cultura se destinaba a sostener la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (i.e., TV-3 et Co.). ¡La mitad...! Esa partida, en números absolutos, ha disminuido relativamente poco en 2011 y en 2012; más ha disminuido la partida en sanidad, educación o la destinada a servicios sociales, por ejemplo. Tal es así que ahora la televisión se come gran parte del presupuesto mascarelliano para el fomento de la cultura catalana. Lo que luego queda son las sobras y son para los amigos.

Lo diré de otra manera, para que se entienda: el señor Mascarell regala más dinero al F.C. Barcelona que el que destina al Liceo, al Palau de la Música, el MNAC, el MACBA, el Teatre Lliure, el Teatre Nacional de Catalunya, el Archivo de la Corona de Aragón... y qué sé yo juntos. El fútbol no sufre recortes, mire usted por dónde, y es la principal inversión cultural, con mucha diferencia, del Gobierno de los Mejores. La principal.

¿Y nadie dice nada? Todos esos actores y esos intelectuales de pacotilla ¿no dicen nada?

Sí, sí, alguien dice algo. En el No-Do... perdón, en el Telenotícies de TV-3 apareció la señora Carulla, presidenta del Palau de la Música, echándole las culpas a Madrid, que no hace más que fastidiarnos la cultura con gusto y con ganas. Prueba de ello es que el Palau de la Música recibirá 1,9 millones de euros menos el año que viene. Grandísima indignación bajo una permanente de diseño. La señora, hija del fundador de Òmnium Cultural y de Agrolimen, miembro destacado de la dinastía Carulla y de la sociedad civil catalana, se queja de que Madrid le roba... perdón, nos roba.

Pero ¡qué morro tiene la señora! Qué morro...

Sólo con lo que ha defraudado esta señora a Hacienda (ya no hablo de la familia Carulla al completo, me conformo con ella) podrían cubrirse los recortes del ministerio en el Liceo, el MNAC, el MACBA, el Palau de la Música, el Festival de Perelada y el Teatre Lliure, y sobraría dinero para invertir en danza experimental y becas de videoartistas las que quieran. No hablemos del latrocinio ocurrido en el Palau de la Música. Con lo que se llevó CiU en concepto de comisiones, el Palau de la Música no habría notado los recortes del ministerio ni un poquito así. Esas declaraciones de la señora Carulla son, definitivamente, un ejercicio de cinismo que ofende.

En resumen, es cierto que la política del Ministerio de Cultura nos duele, pero ésta no es decisiva en Cataluña (ni en el resto de las Comunidades Autónomas) desde hace muchos, muchos años, porque el grueso del gasto no lo gestiona el Gobierno de España, sino cada cual... y así nos va.

Si la cultura está mal en Cataluña, está mal porque por cada euro que gestiona el Estado en este ámbito, la Generalidad de Cataluña gestiona(ba) más de seis (más de tres, para TV-3, en verso). Ahora, por cada euro que se gasta el Estado en cultura en Cataluña, el Gobierno de los Mejores no llega a gastarse cuatro (y siguen siendo tres los euros que gastará en TV-3). Es lo que hay y a las cifras me remito.

¿A quién piensa votar?



En España, si a usted le preguntan a quién piensa votar, mentirá. Dígase de otra manera: no dirá la verdad. Tal es la conclusión a la que llegan los profesionales de los sondeos de opinión, que se enfrentan a un problema que da mucho que pensar.

En algún momento, esa mentira se explica por el miedo. El miedo en democracia es malo, no hay más que decir. Hay que expulsar el miedo de la política. Unos tenían miedo de la mala gente que empleaba el crimen y la violencia para impedir el libre ejercicio de la política; otros tienen miedo de ser mal vistos, de ser condenados al ostracismo, de ser mal considerados por el común. En el primer caso, el remedio es dejar que actúe la Ley con toda la fuerza del Estado; en el segundo, no sé, porque la cosa se complica.

Se trata, en todo caso, de una deficiencia grave en nuestra formación y práctica como ciudadanos. Es una verdadera enfermedad social.

Pero está muy extendido el sentir vergüenza de decir en público a quién vota uno, especialmente cuando el discurso político abandona la razón y lo razonable para argumentar con sentimientos, y cuando tira de lo patriótico, lo ideal o lo sublime en vez de ocuparse de los hechos, sus causas, sus consecuencias y las medidas que se proponen para cambiarlos. Porque la política, la administración de lo público, lo que es de todos, debería ceñirse a los hechos y echar banderas y dioses por la ventana en el momento del debate. Cada uno es muy libre de sentir lo que guste, pero cuando nos jugamos lo de todos, mejor dejar los sentimientos a un lado.

Añado que tan malo es sentir miedo como andar airado por ahí y rebatir el discurso del vecino no con argumentos, sino echándole encima toda la caballería, banderas al viento, soplando las trompetas de Jericó y haciendo patria. Así cualquiera se lo piensa dos veces antes de sostener una opinión. Se falta al respeto. Se combaten las ideas atacando a quienes las sostienen. Si uno piensa tal, entonces es cual; si piensa (siente) como yo, bien; si no piensa (siente) lo que yo, será una mala persona. ¡Qué mal asunto! Todos nos podemos equivocar, alguna vez otro tendrá más razón que yo.

Así que nada de echar a la caballería por encima del vecino. En estos tiempos que corren, sobran las caballerías. Porque no se trata de briosos corceles, ojalá, sino de aquéllos que arrebatan el sueño a los cervantinos. A saber, ¿serán asnos o pollinos?

El chisme en línea

No lo he podido evitar. He visto el chiste de Forges (el gran Forges) en El País de hoy mismo y me ha dado la risa. Así que lo he copiado y aquí lo tienen, para uso y disfrute del personal. Que lo pasen bien.


Sé lo que estás pensando



El título original es Think of a number, piensa en un número, que yo lo acertaré. Así comienza una serie de crímenes tremebundos y despiadados cometidos por un inteligentísimo y feroz asesino en serie, que no diré quién es para no chafarles a ustedes el final. John Verdon lo ha escrito con la manifiesta intención de provocarnos intriga y dolores de barriga, y lo ha traducido Javier Guerrero para Roca Editorial.

El bueno de la función es un policía jubilado, David Gurney, que también arrastra una crisis matrimonial y un suceso pasado triste y doloso, que echa de menos el reto intelectual de atrapar asesinos malvados, hasta que da con éste, que casi le puede. Porque el malo parecía que no era tan malo, y luego resulta malísimo, malísimo... En esta clase de historias, el tópico se supone, hasta se pide, y la gracia está en mantener las ganas de llegar al final. Verdon lo consigue, pero no esperen mucho más, porque tampoco se pretende.

Gilipollas (letradas, eso sí)



En una librería, dos estudiantes universitarias, de letras, añado, hablan entre sí.

---Pues, fíjate, está escrito en griego.
---Qué me dices.
---Sí, sí, en griego en esta página y traducido en la otra.
---Chica, qué tontería. ¿Para qué querrá nadie leer La Odisea en griego?
---Ya te digo, gilipollas.

¡Cómo está el patio...!