Barcelona, cuestión de marca

Hace muchos, muchos años, el president Pujol dijo que había llegado la hora de darse a conocer al mundo. Así que se gastó lo que hay y lo que no hay para publicitarse en los periódicos y las revistas de los Estados Unidos. En el Time Magazine, en el Fortune, en el Sports Illustrated, salía la fotografía de Jordi Pujol, President of the Generalitat of Catalonia, tal cual, con escudo oficial y todo a pie de página, la bandera catalana al fondo, mirándole a usted a la cara, en su despacho, y se copiaba un discurso del verborréico personaje donde decía que éramos un país moderno, con una cultura propia, una larga tradición de no sé qué y no sé cuántos, etcétera. Lo de siempre, eso que nos gusta tanto escuchar.

Los estudios de mercado sobre el impacto de la campaña de promoción del president Pujol fueron unánimes: el 95% de los lectores de esas revistas creyeron que la Generalidad de Cataluña era... ¡una compañía de seguros!

El hecho es verídico, pero se ha olvidado convenientemente, como si nunca hubiera pasado.

En la misma línea, el anterior alcalde de Barcelona, el señor Hereu, se gastó una pasta en un estudio que elaboró ESADE (¿quién, si no?) sobre la marca Barcelona. Vistos los resultados, podrían habérsela ahorrado.

Dice el profesor asociado de ESADE, el señor Oroval, que la marca Barcelona viene lastrada por la marca España. Es decir, que Barcelona quiere vender negocios, lujo y tecnología (¿?) y le sale que vende sol, España, fútbol y Gaudí (cultura, quería decir). Toros, también. Eso es porque la marca Barcelona se identifica con la marca España, se concluye, aunque no hacía falta ir tan lejos. Con echar un vistazo a una tienda de souvenirs...

No es que le vaya mejor a la marca Catalunya. A decir verdad, la marca Catalunya es una perfecta desconocida, no se asocia a nada bueno... ni a nada malo. No dice nada. Es, en términos de márketing, una no-marca. La marca Barcelona, con todas sus virtudes y defectos, supera amplísimamente el reconocimiento internacional de la marca Catalunya, que fuera de casa no se sabe muy bien qué es. España carga de tópicos la imagen de Barcelona y olé, pero Catalunya sólo estorba si se trata de dar a conocer Barcelona en el extranjero. Tal es el resumen del estudio.

El año pasado, los becarios de ESADE (no iban a ser los profesores, por favor) entrevistaron a 2.741 franceses, británicos, alemanes, estadounidenses, mejicanos, brasileños, japoneses y chinos. Además, se han entrevistado a veintisiete de ésos que llaman líderes de opinión, allá por su tierra, cantamañanas de renombre y sabios de opereta. Y se ha leído todo lo que se ha podido sobre Barcelona en internet, siempre que estuviera en inglés y escrito por un turista. De esos polvos, estos lodos. Los resultados del estudio ponen los pelos como escarpias a quien creía que el mundo nos veía como una ciudad superchachi tope guay en un país dabuten superdivino de la muerte.

Para una cuarta parte de los extranjeros, Barcelona es una ciudad española. Sólo un 4% de los turistas que nos han visitado dicen que Barcelona es una ciudad de Cataluña (aunque sigan considerándola igualmente española). Es curioso constatar que entre los turistas europeos este porcentaje supera un poco el 7%; entre los norteamericanos... ¡no llega al 0,5%! ¡Y eso que han estado aquí!

¿Qué ocurre con el 70% restante? Me parece a mí que no saben situar a Barcelona en el mapa.

Es más desconcertante (a mí me deja patidifuso) que sólo un 2% de los turistas que han estado en Barcelona dicen que en Barcelona se habla el catalán. De los que no han estado, mejor no hablar, porque no saben ni lo que es eso.

¿Qué imagen se llevan a casa de la ciudad? ¿Qué imagen asocian a Barcelona? Pues ¡qué imagen va a ser, caray! Sol, diversión (sexo, alcohol, etc.), fútbol y la Sagrada Familia. Porque el F.C. Barcelona tira mucho (especialmente, en Europa) y la Sagrada Familia sigue llamando la atención. Sexo, drogas y alcohol, también, más.

Si preguntan por los negocios en Barcelona, se produce un larguísimo silencio. Al final, el 17% de los entrevistados dice que Barcelona vive del turismo; un 8% menciona el fútbol como fuente de ingresos; un 6% imaginaron que el puerto tendría algo que ver con la economía de Barcelona... Sólo un 5% cree que Barcelona es un centro de negocios (¿de qué tipo?) y un 4% cree que la ciudad es uno de los centros económicos de España.

Tenemos un problema si queremos hacer publicidad de Barcelona como centro de negocios, concluye el estudio de ESADE. ¡Brillante conclusión! ¿Cuánto han cobrado por ella?

No hacía falta pagar lo que se ha pagado, y cualquier cifra me parecería exagerada, para concluir qué difícil lo tiene quien quiera vender una ciudad moderna, emprendedora, innovadora, puente de culturas y vivero de oportunidades, después de lustros de provincianismo y tonterías. Lo que había de eso hace tiempo que nos lo hemos cargado. Seguro que al final de la presentación del estudio, sus autores cosecharon los aplausos del personal.

¿La culpa es (siempre) de Madrid?

Si usted forma parte del Gobierno de la Generalidad de Cataluña o quiere quedar bien con él, si pertenece a la inteligentsia, si prentende parecer informado, si vive del cuento, si cree lo que le dicen, si hace ver que se lo cree, lo crea o no, si participa en una tertulia radiofónica o televisiva del Grupo Godó, por poner un ejemplo, etcétera, tiene que responder que sí, que la culpa la tiene Madrid, sea la que sea. La culpa es (siempre) de Madrid.

Está mal visto sostener lo contrario. Oficialmente, sostener lo contrario es mentir o, como dice un político muy famoso, sostener una posición incierta, por no cierta (sic). Otra respuesta oficialmente sostenida es que negarle las culpas a Madrid es presentarse en público como un tonto que no sabe de qué habla. Tal dijo ayer, con esas mismas palabras, el señor de la foto.

Pues ¿saben qué? Hoy mentiré interesadamente y pasaré por tonto.

Habrán oído hablar de los 759 millones de euros que Madrid no paga. Madrid, es decir, el Gobierno de España. ¿Qué millones son esos? ¿De dónde salen? Gran parte de los quejicas no lo sabe, pero allá voy, para ilustración del personal.

Esos 759 millones de euros salen del Estatuto de Autonomía de Cataluña, una Ley Orgánica del Estado, que en su Disposición Adicional Tercera dice, copio:

La inversión del Estado en Cataluña en infraestructuras, excluido el Fondo de Compensación Interterritorial, se equiparará a la participación relativa del producto interior bruto de Cataluña con relación al producto interior bruto del Estado para un periodo de siete años. Dichas inversiones podrán también utilizarse para la liberación de peajes o construcción de autovías alternativas.

Vale, bien, ahora lo explicaremos.

En primer lugar, una precisión: la Disposición Adicional Tercera no es de obligado cumplimiento. Así, tal cual. Su aplicación dependerá de los Presupuestos del Estado.

Si el Estado está apretándose el cinturón y no hay ningún acuerdo firmado con la Generalidad de Cataluña para financiar tal o cual proyecto de infraestructuras, nadie puede obligar a nadie a invertir, y éste es el caso, nos guste o no. Naturalmente, lo mejor es que invierta el Estado, ¡qué más quisiéramos!, pero no inverte en infraestructuras ni aquí ni en ninguna otra parte. No tenemos por qué ser más bonitos que los demás.

La Generalidad de Cataluña se ha mostrado negligente, confiando en que esos millones vendrían solos, sin necesidad de poner nada por escrito, confiando en que pagarían obras iniciadas en 2008, ya sea por su cara bonita o ya sea por la necesidad del Gobierno de España de pactar la aprobación de la Ley de Presupuestos del Estado, donde apretarían las tuercas. Fallo garrafal, ¡fallo enorme! ¡Se han dejado engañar de nuevo! ¡Han vuelto a picar, los muy tontos! Los presupuestos se dejaron para quien venga después de las elecciones y nos encontramos a final de año compuestos y sin novia. ¡Bravo por nuestros preclaros líderes!

El Gobierno de España, asediado por los tipos de interés y las elecciones generales, no otorgó ninguna prioridad a este asunto, ni ganas. Es más, que no hubiera prisas en llegar al acuerdo formal le vino de perlas para ahorrar 759 millones y reducir el déficit del Estado. Estaba en su derecho. Si los de Barcelona no tienen prisas, yo, menos. Allá se apañen los que vengan con los catalanes y adiós, muy buenas.

Lo grave de este asunto es la mentira que lo rodea. Argumentar que Madrid no paga, que Madrid nos engaña, que Madrid nos roba, etcétera, es una excusa lamentable, burda, para justificar la suspensión de pagos de la Generalidad de Cataluña a final de año.

Observen el detalle: la Disposición Adicional Tercera de marras no se refiere a la financiación de la Generalidad de Cataluña, sino a las inversiones del Gobierno de España en Cataluña, cosa muy diferente. Estas inversiones no repercuten en el déficit de caja de la Generalidad de Cataluña, no suman ni restan. Asociar esta cantidad de millones al impago de facturas o salarios es una trampa, una mentira consciente de la que se ha hecho mucha publicidad, una mentira repetida una y otra vez por ver si, a fuerza de repetirla, pasa por hecho cierto. No importa que sea verdad, sino que la gente crea que lo es. La culpa es (siempre) de Madrid.

Pero ¿cuál es el problema? ¿Saben por qué la Generalidad de Cataluña se declara en suspensión de pagos? Porque hay una mala gestión de la Tesorería de la Generalidad de Cataluña. Punto. Una pura, dura y simple mala gestión del Departamento de Economía y Finanzas, que no sabe lo que tiene entre manos, o parece que no lo sabe. Ha calculado mal lo que entra y lo que sale y... Ay, no nos llega. ¿Qué hacemos?

Ya verán, no dimitirá ni su madre.

Si todo fuera esto... La magnitud de la tragedia es mucho mayor, provocada por unos gestores tripartitos nefastos y ahora mismo, por unos gestores neoliberales de pacotilla que, en gestión nefanda, hacen números para igualar o superar a sus antecesores.

En los próximos cuatro años, la Generalidad de Cataluña tiene que retornar cada año 623 millones de euros por los anticipos cobrados en 2008 y 2009, su parte del IRPF, IVA y demás impuestos. Como Madrid regalaba el dinero a espuertas, venga, que sobra, y la Generalidad de Cataluña obró sin precaución alguna, sin prestar atención a las consecuencias de la crisis económica, nos gastamos más de lo que nos podíamos gastar... y hay que devolver lo que nos gastamos de más. En 2008, recibimos 552 millones de euros de más; en 2009, 1.940 millones. El Gobierno de España nos facilita el pago en cuatro anualidades de 623 millones de euros.

Cataluña es la Comunidad Autónoma que más deuda acumulada tiene, más de 33.000 millones de euros, y la segunda Comunidad Autónoma en deuda por habitante, detrás de Valencia. Esta deuda no tiene nada que ver con el déficit fiscal (sea lo que sea eso), pues las comunidades que tienen mayor déficit fiscal que Cataluña tienen todas una deuda por habitante muchísimo menor. La mitad o menos de la mitad, pongamos por caso. Es, repito, una mala gestión que lleva arrastrándose lustros. Véase, por ejemplo, la Agencia Catalana del Agua o TV3. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

La deuda, como siempre, afecta a los que menos tienen. La Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) denuncia que la Generalidad de Cataluña debe a los autónomos 2.708 millones de euros, y que, de media, tardan más de seis meses en cobrar los trabajos que realizan para ella... cuando cobran.

De los funcionarios, mejor no hablar. Madrid queda lejos y los funcionarios, que están más a mano, también son unos culpables ideales. ¡A por ellos, que son pocos y cobardes!

Sergio Scaglietti (1920-2011)

El actor William Holden dejó, a su muerte, una colección de automóviles. Como suele ocurrir, la colección acabó en una casa de subastas. Uno de los compradores se hizo con un Ferrari de competición de 1950 y decidió restaurarlo a fondo. Cuál no sería la sorpresa de todos cuando, al pulir la carrocería para desprender la pintura, apareció la marca de Cinzano.

Se supo, después de mucho investigar, que el aluminio de la carrocería procedía de una valla publicitaria de la carretera entre Módena y Maranello, cerca de la empresa de Sergio Scaglietti, el carrocero de los automóviles de carreras de Ferrari. Eran tiempos de restricciones, y los carroceros de Scaglietti salían de caza por las noches, buscando planchas de aluminio que llevarse a la fábrica, y las vallas publicitarias... En fin, que se hacía lo que se podía.

Con el follón de las elecciones y la indiferencia de los periódicos, no me he enterado hasta hace muy poco de la muerte de Sergio Scaglietti el pasado 20 de noviembre. Comenzó a trabajar para la Scuderia Ferrari en los años treinta, cuando Ferrari era el patrón de la scuderia de Alfa Romeo. Carrozzeria Scaglietti reparaba los guardabarros y los capós de los autos de carreras, hasta que un día Scaglietti tomó una plancha de aluminio y se puso a batirla a golpes de martillo. Fabricó una carrocería futurista, bellísima, que se ganó la inmediata admiración de Ferrari. A partir de ese día, todos los bólidos de Ferrari pasaron por Carrozzeria Scaglietti.

Cuando Ferrari creó su propia marca de automóviles, Scaglietti trabajó para él. Suya es la carrocería superleggera, superligera, hecha de una fina plancha de aluminio sobre una estructura (que también hacía de chásis) tubular. Así carrozados y con el motor de doce cilindros marca de la casa, Ferrari fue imbatible en gran parte de las competiciones deportivas de los años cincuenta.

Scaglietti diseñó algunos de los automóviles de carreras más bellos de la historia, como el 250 TR (Testa Rossa) o el 250 GTO (gran turismo omologato). También carrozó Ferraris siguiendo los diseños de Pinin Farina (luego Pininfarina). En los años setenta, Carrozeria Scaglietti, afincada muy cerca de la fábrica de Ferrari, pasó a depender de ésta.

Scaglietti y Ferrari, Sergio y Enzo, fueron grandes amigos y formaron un equipo magnífico. Ferrari admiraba la forma de trabajar de Scaglietti, que comenzaba a darle golpes con el martillo a una plancha de aluminio sin pasar por el tablero de dibujo, en el mismo taller, como un operario más, y lo rápido que era capaz de comprender lo que quería el Commendatore. Scaglietti, por su parte, hizo lo que quiso con los Ferrari que cayeron en sus manos, gozó de plena libertad y confianza de Enzo... y nunca le defraudó.

No sólo ha muerto un mecánico, sino también un escultor. Un artista.

Feliz cumpleaños, biblioteca

A finales de 1711, Felipe V fundó la Real Biblioteca Pública. Esa institución cumple ahora trescientos años, con el nombre de Biblioteca Nacional. Los primeros libros procedían de las bibliotecas particulares de los nobles que se habían inclinado por su enemigo, el archiduque Carlos de Austria, el Haubsburgo. El depósito del saqueo perseguía, al menos, un fin altruista: en vez de quemarlo todo, como hubiera sido la costumbre en la católica España austracista, el rey creó la Biblioteca Real para fomentar el estudio de sus súbditos (qué gran escándalo entre la carcundia, por Dios). Cinco años después, se instaura el Depósito Legal. Es decir, un ejemplar de cualquier libro que se publicase tenía que ir a parar a los fondos de la Biblioteca Real. Con alguna variación, el Depósito Legal es todavía vigente.

En 1836, se le cambia el nombre y alguna cosa más. Pasa a llamarse Biblioteca Nacional y ahora depende del Gobierno y no de la Corona. Con el tiempo, se suma el Archivo Nacional, la Hemeroteca Nacional y muchas cosas nacionales.

Que una biblioteca cumpla trescientos años es una bonísima noticia; que sea una Biblioteca Nacional es motivo de orgullo, porque no todo el mundo puede presumir de una Biblioteca Nacional de trescientos añitos funcionando ininterrumpidamente, tan llena de libros y obras de arte como ésta. Dicen que es la institución pública más antigua de España. Qué bonito el órgano del Estado con más solera e historia sea una biblioteca.

Así, pues, feliz cumpleaños, biblioteca. Que sean muchos más.

Cuidado con ponerse enfermo (instrucciones de uso)

Hablando de medicina, ya sabemos cuál es la receta de don Baudilio. Consiste en tumbar el sistema de sanidad pública de Cataluña en una mesa de recortes, echar mano de las tijeras y extirpar pública. Así, queda sistema de sanidad, pero no pública, y la patronal de la sanidad privada se frota las manos con los amiguitos del bisnes, tal como definió el señor Mas su programa de gobierno.

El paciente venía anémico y sólo nos faltaba una pérdida de fondos. La Generalidad de Cataluña invierte en usted unos 1.300 euros al año en sanidad pública, 1.300 euros por catalán y año. La media española es superior a los 1.600 euros por habitante, que es todavía baja si se compara con la europea. Digan lo que digan, esos trescientos euros de diferencia no tienen que ver nada con Madrid, sino con el reparto del capital en los Presupuestos de la Generalidad de Cataluña, con lo que se decide en Barcelona. Nuestros líderes patrios prefieren invertir en otras cosas... ¿tan necesarias como la sanidad pública?

Don Baudilio quiere dejar al paciente con una media de 1.150 euros por catalán y año. Casi lo ha conseguido, ahora mismo.

Además, ha iniciado una segunda fase del tratamiento: privatizar.

El Institut Català de la Salut se descuartiza y se vende a cachos. Comenzamos por los centros de asistencia primaria (CAP) y por los grandes hospitales de provincias. El modelo se ha probado en Madrid, con resultados sorprendentes. Si lo que pretenden es ahorrar, van por mal camino. Se ha demostrado que los hospitales públicos de gestión privada gastan mucho más por cama y paciente que los hospitales públicos puros; además, ofrecen menos servicios, realizan menos transplantes, menos operaciones de envergadura, etc. Es lógico que sea así, porque ¡de alguna parte tenían que salir los beneficios de la empresa concesionaria!

Dicho esto, vayamos a lo práctico. Es posible que su centro de asistencia primaria (CAP) sea de gestión privada, y lo sea desde hace tiempo. Le convendría prestar atención a lo siguiente:

No se ponga enfermo. Es un consejo útil en cualquier circunstancia. Piense que el objetivo de un CAP público es procurar que usted sane, mientras el objetivo de un CAP privado es el beneficio. Procurar que usted sane, también, pero no se fíe, porque un enfermo no hace más que generar gastos. Muera o sane, el resultado será el mismo, pero una opción cuesta menos que otra. El juramento hipocrático se enfrenta al ratio beneficio/paciente, y no siempre ganan los buenos.

No se ponga enfermo a final de mes, y menos a final de año. El CAP ingresa un tanto anual, según las personas que tiene a su cargo. Si los gastos que genera el CAP no llegan a este tanto anual, la diferencia es un beneficio que se reparten la empresa y los trabajadores, éstos en forma de incentivo. Si el CAP gasta más que ese tanto, baja su cuenta de resultados. Por lo tanto, a final de año se produce una batalla cruel y dolorosa para no generar gasto sanitario. Intentarán que usted no necesite pruebas diagnósticas, procurarán que su tratamiento sea mínimo, dejarán su cura para el año que viene, si no hay más remedio. Gastarán lo menos posible en su salud. Si no tiene más remedio que enfermar, enferme a principios de año.

Fíjese en el automóvil de su médico, en su reloj o en otros detalles similares. Sepa usted que un cirujano de primera en un gran hospital catalán cobra alrededor de dos mil euros al mes. Si es jefe de servicio o realiza guardias a destajo, se lleva más dinero, pero no crea usted que se lleva un sueldazo a casa. Al revés, es el cirujano peor pagado de España. Por eso, si ve que su médico de cabecera conduce un todo-terreno enorme, lleva un reloj de pulsera que echa para atrás o viste marcas de lujo, huya. Porque será el que más pacientes visite del CAP y el que menos gastos genera por paciente, lo que supone incentivos por un lado y por el otro. Por el contrario, el médico que le dedique toda la atención del mundo y realice todas las pruebas diagnósticas posibles para asegurar su buen estado de salud será un lastre en el negocio y no gozará ni del sueldazo ni del prestigio de su compañero.

Cuidado con los medicamentos. Algunos médicos o la empresa podrían cobrar comisiones de empresas farmacéuticas, destinadas a que usted compre un medicamento (un potingue) que no contemple el sistema de Seguridad Social. ¡Mucho cuidado con los médicos que recetan homeopatía! O son médicos malísimos, que no se enteran de qué es la medicina, o son médicos desalmados que sólo buscan su parte del pastel y ganar un poco más de pasta.

Cuidado con las actividades complementarias del CAP. Si su CAP es público, bastante problemas tendrán para atenderle a usted, sobrecargados de trabajo, escasos de fondos y medios materiales. Si el CAP es privado, será todo más bonito, pero recuerde que no necesariamente mejor. Es posible que el CAP le ofrezca servicios complementarios, algunos de pago. En algún caso, puede ser un podólogo, por ejemplo, o un dentista, lo que no está mal. Pero se dan casos de CAPs que ofrecen conferencias sobre (falsas) medicinas alternativas: homeopatía, reiki, imposición de manos, flores de Bach, etc. Una de dos, o los médicos del centro llevan una doble vida con consultorio propio y privado ideado para tomarle a usted el pelo con brujerías o han descubierto que las paraciencias son un negocio y querrán convencerle para poder estafarle a discreción en un futuro próximo. Rodearse de batas blancas da una pátina de respetabilidad a unas prácticas éticamente repulsivas y científicamente absurdas, pero económicamente rentables.

Recibirá menos atención. Haga cuentas usted mismo. Si la sanidad pública catalana gasta mil y pico euros por catalán y año, la sanidad privada que realice un servicio público no gastará más, sino menos, porque buscará el beneficio. Si no, es que son idiotas, porque uno monta un negocio para ganar dinero, no para perderlo. En catalán dicen que son fabes comptades. Si gasta menos... ¿garantizará igualmente su salud?

No pague una mutua privada. En primer lugar, porque no tendrá dinero para pagarla. Entre la crisis y el paro, pocos catalanes tendrán dinero para pagársela, diga lo que diga don Baudilio. En segundo lugar, porque, si todo va bien, no tendrá ningún problema, pero si las cosas se ponen chungas, acabará en un hospital público... o muerto. En tercer lugar, si sobrevive, pero pilla una enfermedad crónica, o tan pronto se aproxime la edad de jubilación, le subirán la cuota escandalosamente y le darán de baja de la mutua a la primera oportunidad y entonces se arrepentirá de haber tirado tanto dinero durante tanto tiempo y acabará en la pública lo mismo.

Luego no me digan que no les he avisado.

Toma el dinero y corre

Kurt Tank fue un piloto de pruebas y un diseñador de aeroplanos alemán que culminó su obra en los años treinta y durante la Segunda Guerra Mundial como ingeniero jefe de Focke-Wulf. Diseñó el elegante Focke-Wulf FW 200 Condor para la Lufthansa (que luego sería convertido en un aparato de combate para la Luftwaffe) y el famoso caza FW 190, en todas sus variantes. La última se llamó Ta 152 en honor a su apellido, pero casi no tuvo oportunidad de volar. También comenzó el diseño de cazas a reacción, realmente revolucionarios... aunque sólo volaron como planeadores de juguete.

Aquí comienza la anécdota. Tank acabó la guerra en zona aliada, pero los soviéticos habían quedado muy impresionados por los últimos aviones del ingeniero. De hecho, habían capturado una fábrica de la Focke-Wulf y la estaban trasladando pieza a pieza a los Urales. También habían formado una escuadrilla con algunos FW 190 D-9 capturados (que volaron para el Ejército Rojo hasta el final de los años 50). Pero querían a Tank, para poder aprovecharse de sus diseños de cazas a reacción.

Se organizó una cita en Berlín. SMERSH, la agencia más terrible y secreta del espionaje soviético bajo Stalin, se encargó del asunto. Ofrecieron a Tank un puesto directivo, todas las facilidades y comodidades y un gran sueldo si trabajaba para ellos. Tank se dejó tentar, pero señaló que le gustaría llevar consigo a algunos de sus colaboradores (pues los aviones no se diseñan solos). Necesitaría dinero para convencerles, dijo.

Hubo una segunda reunión. SMERSH puso diez mil marcos sobre la mesa (una pequeña fortuna) para que convenciera a sus ingenieros. Tank se marchó prometiendo regresar con ellos... pero nunca más volvió.

Corrió el rumor en SMERSH que los ingleses se habían enterado y le habían ofrecido más dinero a Tank para que trabajara para ellos. Pero... no. Tank, sencillamente, había cogido el dinero y se había largado bien lejos y deprisa. Algún espía de SMERSH acabó picando piedra en Siberia por culpa del ingeniero, seguro. No se volvió a hablar más del asunto.

Kurt Tank había comprado un pasaje para Argentina. Lo que hizo allí también merece unas líneas, pero ésa es otra historia.

Pongamos las cifras sobre la mesa



Hace tiempo que el Gobierno de la Generalidad de Cataluña ha iniciado una campaña contra los privilegios del empleo público, que es tan malo, casi tan malo como la inmigración o Madrid. Dicen que quiere recortar un 10% su gasto en esa tropa de parásitos y vividores. Es decir, pongamos las cifras sobre la mesa, quiere ahorrar tener que pagarles entre 600 y 825 millones de euros al año.

¿Cómo? Prescindiendo de miles de interinos (tres mil, cinco mil, no se sabe exactamente, serían puestos de patitas en la calle) y rebajando sueldos y salarios, básicamente.

Ahora bien, si se limitara el sueldo de los cargos de la Generalidad de Cataluña a 5.000 euros al mes, y no hablo de los cargos electos, el Gobierno ahorraría 800 millones de euros, según cálculos de UGT.

Si no se pagaran las indemnizaciones (sic) que estos mismos altos cargos cobran por asistir a órganos colegiados (consejos de administración et altri), a los que están obligados a asistir por el cargo, por cierto, se ahorrarían 15 millones de euros. Una reducción en sus dietas también ahorraría otro tanto.

Si no se externalizaran (dieran a los amigos sería lo correcto) muchos trabajos que podrían realizar los mismos empleados públicos, sin ningún problema, el ahorro sería de 300 millones de euros. Ya saben: los famosos informes y demás contrataciones digitales (a dedo). Creo que la cifra se queda corta.

Etcétera.

Naturalmente, estas medidas no se contemplan. ¡Qué se van a contemplar! Faltaría más, adónde iríamos a parar si así fuera...

P.S.: Más información aquí. La tabla que acompaña este artículo se refiere a las retribuciones vigentes todavía en junio de 2010, pero no incluyen ni dietas ni complementos. Mientras la retribución de don Artur Mas queda ahora en poco más de 144.000 euros al año después de la rebaja, no han disminuido nada sus dietas por transporte (más de 25.000 euros al año, y eso que tiene coche oficial) ni otros complementos que superan los 35.000 euros. Los consellers catalanes cobran en dietas más de 35.000 euros netos al año. Los directores generales cobran más de 80.000 euros al año; los secretarios generales más de 100.000 y algunos de ellos más de 120.000... Y no entramos en las empresas públicas. Cataluña es una de las Comunidades Autónomas con menos funcionarios por habitante, pero la que más dinero gasta en altos cargos y la que más altos cargos tiene sobre el total del número de empleados públicos.

Detectives psíquicos y otros sinvergüenzas (segunda parte)

El otro día expliqué el caso de una vidente que había colaborado (es un decir) en un caso de asesinato. Recordarán que un inocente fue acusado en falso, pero no sabemos qué fue de la vidente. Toma el dinero y corre, será su lema. De hecho, es el lema de la mayoría de videntes, clarividentes y otros sinvergüenzas evidentes que se aprovechan del dolor de las víctimas para hacer negocio con el crimen. Estos caraduras se llaman a sí mismos detectives psíquicos.

Seguro que han oído hablar de algún vidente que ayudó a la policía a resolver un crimen. Pero no podrán decir exactamente qué crimen y qué vidente. Les ayudaré.

Veamos el caso de Peter Hurkos, que se hacía llamar el gran detective psíquico del siglo XX, modestia aparte. Decía, el tal Hurkos, que tenía poderes extrasensoriales desde una vez que cayó en coma por un traumatismo, cuando tenía treinta años.

Lo cierto es que se dedicaba al mundo del espectáculo y su fama nació cuando presumió de sus poderes en televisión, en directo. Era lo que llaman un mentalista, un mago que parece adivinar el pensamiento del público. Pero eso tiene truco.

Fue capaz de engañar incluso a médicos, y lanzó un desafío por televisión, en 1960: participaría en el experimento científico que fuera y bajo cualquier condición para poder demostrar sus poderes a quien quisiera. Acto seguido, Hurkos se negó una y otra vez a ser examinado, excepto en una ocasión por el doctor Tart, de la Universidad de California (Davis). Hurkos no pudo demostrar ningún poder psíquico delante del doctor Tart. Nadie más volvió a ponerlo a prueba... porque Hurkos aprendió la lección y no se dejó examinar más.

James Randi, un mago profesional que se dedica a investigar impostores, explicó cómo se las apañaba Hurkos, con pelos y señales. Su técnica se basaba en la llamada lectura en frío, que consiste en observar al sujeto y adivinar por sus gestos, sus ropas, etcétera, muchas cosas que, con un poco de práctica, resultan obvias. Además, aplicaba técnicas que producían sesgos cognitivos, como el efecto Forer (llamado también falacia de validación personal) o el efecto Clever Hans. La literatura sobre la lectura en frío es amplísima, no tiene nada de paranormal. ¿Han leído algún cuento de Sherlock Holmes? Pues, por ahí van los tiros.

Bueno, sí, algo paranormal sí que había en Hurkos. En 1970 cobraba doscientos dólares por una consulta, una burrada, y fue asesor personal del presidente Reagan. Pese a todas las pruebas en contra, la gente le creía, porque quería creer, y pagaba por ello.

Naturalmente, esa fuente de ingresos necesitaba una buena publicidad, y Hurkos la encontró anunciando que él era un gran detective psíquico. En 1969, aseguraba que él había predicho la solución de veintisiete casos de asesinato en diecisiete países, ahí es nada. A poco que uno investigaba, la policía que había trabajado en la resolución de esos crímenes señalaba que Hurkos no había dicho nada que no pudiera haber leído en los periódicos. Es más, en muchos casos nadie había consultado a Hurkos, ni había tenido noticias de él. Un policía dijo de Hurkos que nadie lo invitó, nadie le pagó, pero tampoco obtuvo ningún resultado.

El cénit de la fama de Hurkos llegó cuando el público creyó que él había identificado al Estrangulador de Boston, un terrible asesino en serie. Es cierto, Hurkos se plantó en Boston y se presentó varias veces en comisaría, anunciando sus visiones. Pero no ayudó en nada. Si quieren saber la verdad, fue arrestado (y luego condenado) por hacerse pasar por policía. Pillaron a Hurkos interrogando a algunos testigos para obtener información sobre el caso. Luego salía por ahí diciendo que había adivinado tal o cual cosa gracias a sus poderes psíquicos. Ya ven.

No acertó con su descripción del criminal... Bueno, sí, acertó, a fuerza de describirlo ahora alto, ahora bajo; ahora rubio, ahora moreno...

No escarmentó. También aseguró haber descubierto a Charles Manson, el sangriento asesino. Pero lo que había dicho y lo que había sucedido realmente se parecían como un huevo a una castaña. Hurkos empleaba el truco, frecuentísimo, de decir Eso ya lo dije yo, cuando no lo había dicho. Pero, si cuela, cuela.

Murió en 1988, equivocándose veintisiete años en la fecha de su muerte.

Detalles de una negociación polémica

¿Cuál tendría que ser la máxima prioridad del gobierno? Hoy, quiero decir. Ayudar a crear empleo, ¿verdad?

Otra pregunta. ¿Quién tiene la culpa? ¿De qué? ¿Cómo que de qué? ¡De lo que sea! Ya conocen las respuestas posibles. La culpa siempre es de Madrid, que sirve tanto para un roto como para un descosido, de los inmigrantes, siempre demasiados, y sin duda alguna, de los funcionarios, aunque en verdad quiera decirse empleados públicos, porque el personal no distingue una cosa de otra.

La suma de una y otra prioridad en un gobierno de extrema derecha económica, como el de Artur Mas, exige tomar medidas. Hay que tirar p'alante y echarle la culpa a alguien por el previsible fracaso. Por lo tanto, se tendría que escoger con sumo cuidado al director general de Relaciones Laborales y Calidad en el Trabajo. En primer lugar, porque ese director general sería el responsable de mediar en las negociaciones entre sindicatos y empresas. Tendría que ser un gran negociador, una persona preparada y experta, competente, capaz de vencer y convencer. En segundo lugar, porque sería él quien negociaría el recorte de la función pública, esgrimiendo la máxima del ya veréis cómo las gastamos con los funcionarios, que se van a enterar de lo que vale un peine. Para eso se necesita mano dura y mano izquierda.

¿Quién es ese director general? ¿Qué méritos esgrime? ¿A quién han escogido? Veámoslo.

El currículum que publica en el sitio web de la Generalidad de Cataluña dice que el caballero es licenciado en derecho y que ha cursado estudios superiores de prevención de riesgos laborales y de prevención y seguridad integral (seguramente, dos cursos de post-grado). Desde mediados de los años noventa, ha sido profesor asociado de la Universidad Autónoma de Barcelona. En 2009, fue vicegerente de recursos humanos y organización de esa universidad. El personaje ha pasado por la Generalidad de Cataluña. El currículum nos recuerda que ha sido jefe de área de Políticas Sindicales del Departamento de Innovación, Universidades y Empresa (2004 a 2009), director general de Seguridad Civil (2003 a 2004) y subdirector general de Recursos Humanos en la dirección general de Emergencias y Seguridad Industrial en 2002.

Pero ¿qué no dice su currículum? Cosas muy interesantes.

Sonó en las quinielas del nuevo gobierno como director general de Policía, algo que al final no ha sido. Nació en Montblanc, pero ahora vive en Sant Cugat del Vallès, donde ha sido presidente de la sectorial de Trabajo y Relaciones Laborales de Convergència Democràtica de Catalunya. Abandonó los cargos en la Generalidad y la ejecutiva local del partido (que mandaba el ahora conseller Recoder) en 2009, por razones estrictamente profesionales, huyendo hacia la universidad. Parece que no se llevaba bien con Recoder. De hecho, está a las órdenes de un conseller con el que el señor Recoder se lleva fatal, el señor Mena. ¿Esto era interesante? Bah, intrigas de palacio.

Nos remontamos en el tiempo. Trabajó en Dragados y Construcciones, en los años ochenta, pero acabó en la Administración Pública.

Prueba de ello es que el personaje en cuestión fue condenado a un año de prisión e inhabilitación absoluta para un cargo público de seis años y un día por un delito continuado de malversación de caudales públicos. Fue en 1991, y la sentencia fue firme e inapelable. ¡Ahora comienzo a interesarme!

El tipo había sido secretario interventor habilitado del Ayuntamiento de Ascó. El juez se puso las botas juzgando la gestión del ayuntamiento, nefasta. De hecho, el alcalde de aquel entonces, el señor don Juan Carranza, fue condenado a la misma pena que nuestro protagonista. La acusación particular (el Ayuntamiento de Ascó, precisamente) pedía ocho años y un día de prisión, pero se quedó con las ganas porque el fiscal no quiso llegar tan lejos.

Las perlas de la sentencia son notables: [...] la contabilidad del Ayuntamiento se llevara de forma anárquica, rayando en lo caótico, pues no existía concordancia entre los ingresos liquidados y los padrones correspondientes, quedando al final del beneficio restos por cobrar y pagar, sin los debidos soportes documentales [...] tanto el secretario interventor como el Dipositario dieron viabilidad con sus firmas, necesarias para realizar las transferencias, a sabiendas de que los fondos públicos iban a una cuenta que ellos no podían intervenir ni vigilar, desentendiéndose por completo del destino que dichos fondos pudieran tener ni quiénes han sido sus receptores [...]. Etcétera. ¡Qué bonito!

Por tales méritos, diez años más tarde, bajo el reinado de Jordi Pujol, el personaje fue nombrado subdirector general y un año más tarde, director general de la Generalidad de Cataluña. Fueron dos años muy intensos. Experto en seguridad laboral, compró unos camiones de bomberos con un centro de gravedad muy alto, pensados para circular por el desierto (formaban parte de una partida de camiones de bomberos destinada a Egipto). La cuestión es que los camiones egipcios circulaban por la carretera, no por el desierto, y volcaban con facilidad. Hubo muchos accidentes. En uno de ellos, murieron dos bomberos. El cuerpo de bomberos todavía recuerda con desagrado la gestión de nuestro protagonista, y eso que duró poco.

Es notable que conservara un cargo como jefe de área durante el Tripartito, a las órdenes del conseller Huguet (ERC). Pero más notable es que don Artur Mas lo escogiera como uno de los mejores en su gobierno. Así entró a formar parte de la Mesa Redonda del rey Artur.

Porque, a decir de los sindicatos (así lo han declarado varias veces a los periódicos), el caballero hace gala de una pésima competencia profesional. Así se evidenció, por ejemplo, cuando se discutió el futuro de la fábrica Derbi. Ahora es este personaje el inepto que llevará adelante las negociaciones con los representantes de los trabajadores de la Generalidad de Cataluña. ¡Ay, Señor!

El caballero en cuestión, de quien hemos estado largando, es el señor Bonastre.

Suerte, suerte, que las negociaciones entre el Gobierno y los sindicatos de la función pública las preside la señora Ortega, consellera de Gobernación, que, siendo licenciada en psicología, sabrá aplacar el mal humor que surgirá en la mesa de negociaciones... Pero, ahora que pienso... ¡la señora Ortega no acabó la carrera! ¡No es psicóloga! Sólo lo intentó... y no pudo.

Ay, ay, ay, Señor... Que nos pillen confesados. Si éstos son los mejores, agárrense, que vienen curvas.

Manual de instrucciones



El manual de instrucciones para los pilotos del Focke-Wulf FW 190 (un caza alemán de la Segunda Guerra Mundial) decía, y copio:

Si se para el motor en pleno vuelo, abandone rápidamente el aparato. En estos casos, el morro tiende a dirigirse hacia tierra y el resto del aeroplano, en perfecta formación, le va detrás.

Gracias por avisar.

Detectives psíquicos y otros sinvergüenzas (primera parte)

Iniciaré el sermón con un caso real. Lo ha publicado El País esta semana, con nombres y apellidos, pero, por respeto, me ahorraré nombrar a los protagonistas.

J.M., un vecino de un pueblo próximo a Manresa, ha vivido una pesadilla durante años. Comenzó el 27 de marzo de 2000, cuando su mujer apareció degollada en casa. La habían asesinado en el piso de abajo mientras su hija, de año y medio, jugaba en el piso de arriba. La investigación fue un desastre. Antes de que llegara la comisión judicial, más de diez personas pasaron y pasearon por la escena del crimen, destruyendo toda clase de pistas. No pudo precisarse con exactitud cuándo mataron a la mujer. No existía un móvil aparente. No se encontró el arma. Se perdieron pruebas de vital importancia durante el proceso...

Dos años después del crimen, imagínense la escena, se reunían unos familiares de la mujer asesinada, una pareja de la Guardia Civil, encargada del caso en aquel entonces, y una vidente. Sí, sí, han leído bien, una vidente. La vidente entró en trance y jugó al veo, veo, qué ves, una cosita, qué cosita es... Según la tipa, el asesino era un varón entre treinta y treinta y cinco años, que llevaba el pelo corto, que vivía en el pueblo, pero trabajaba en otro pueblo. La familia de la difunta comenzó a gritar: ¡Ha sido J.M.! ¡Ha sido J.M.!...

En resumen, corrió la voz y comenzó la pesadilla de J.M. Por si no hubiera tenido bastante con la muerte violenta de su señora, ahora se encontraba pintadas en la puerta de casa, lo amenazaban por la calle, le señalaban con el dedo al grito de ¡asesino! Hasta se repartieron pasquines por el pueblo con su retrato, acusándole del crimen. La familia de su señora... En fin, no diré nada. Tuvo que abandonar el pueblo, llevándose a su hija con él. La Guardia Civil lo arrestó, lo enviaron a prisión y lo llevaron a juicio. Abandonó la prisión bajo fianza, en pocos meses, pero la resolución judicial se ha hecho esperar... ¡once años!

Examinadas las pruebas e interrogados los testigos, el juez ha fallado que J.M. es completamente inocente. Además, su inocencia queda sobradamente probada. No entraré en detalles, pero las evidencias hablan por sí mismas. El juez, eso sí, las ha largado contra la ineptitud de los investigadores. Todavía no sabemos quién mató a la mujer de J.M., pero sabemos con certeza que J.M. no fue.

Lo que lamento es que no aparezca en El País el nombre de la vidente que acusó (sin nombrarlo) a J.M. Porque el nombre de esa tipa lo publico yo en letras de molde, en negrita y subrayado. Hay que ser una verdadera hija de puta, y perdonen ustedes, para aprovecharse así del dolor de una familia y acusar a nadie porque sí. Si alguien merece prisión en este caso, asesino aparte, es la vidente en cuestión.

Desgraciadamente, éste no ha sido ni será un caso aislado. Pronto contaré más cosas sobre los detectives psíquicos y otros sinvergüenzas. En El cuaderno de Luis. No se lo pierdan.

Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin (Y un cuarto: Prusia)

Emil Ludwig fue un escritor que nació alemán y murió suizo, porque en 1932, viéndolas venir, abandonó la ciudadanía alemana y evitó la persecución del nacionalsocialismo. Goebbels lo declaró escritor peligroso y en 1933, recién nombrado Adolf Hitler Canciller de Alemania, ya quemaron sus libros en la plaza pública. Así se cumplió una máxima filosófica: quien comienza quemando libros, acaba quemando personas. Ludwig, con fina ironía, se siente muy honrado por la distinción, pues considera la salvajada un honor. No todos los escritores pueden presumir de crear una profunda desazón en un régimen tiránico.

Ludwig fue lo que ahora llamaríamos un autor de best-sellers, aunque era un escritor agudo, elegante y muy ducho en literatura. Su éxito se debe principalmente a las biografías. Dejó a un lado la historiografía convencional para adentrarse en una exploración psicológica del protagonista. Desde Ludwig, las biografías pertenecen a la literatura y no son las mismas de antes. Contemporáneo de Zweig, otro gran biógrafo, comparte con éste la capacidad de poner al hombre en su circunstancia, para adentrarse en su psicología.

Personalmente, prefiero el estilo de Zweig, pero no me hagan mucho caso, que va por gustos. La biografía de Napoleón de Emil Ludwig (1906) se considera una de las mejores biografías del Emperador, pese a todos sus defectos, y doy fe de ello, pues la leí hace mucho, mucho tiempo, y todavía recuerdo el episodio del duque de Enghien con todo detalle.

Ludwig, además, entrevistó a grandes personajes de la historia del siglo XX. Por ejemplo, a Kemal Ataturk. Pero también a Mussolini y Stalin. El segundo, Stalin, se permitió copiar parte de su entrevista en una biografía soviética (oficial, por tanto) de Lenin. No pudo entrevistar a Hitler porque tuvo que largarse pies para qué os quiero, pero hubiera resultado interesante que lo hubiera hecho.

En 1939, mientras Alemania aplastaba a Polonia, aliada con la Unión Soviética, mientras Italia (todavía) se mantenía al margen de la guerra, Emil Ludwig publicó un panfleto (no tomen ustedes la palabra en sentido peyorativo) sobre Hitler, Mussolini y Stalin, que completó con un capítulo dedicado al peligro del nacionalismo y el militarismo de Prusia, verdadera culpable de los males de Europa, según su autor.

Acantilado publica la obra traducida por Francisco Ayala, cuando éste había huído de otro tirano, Franco, y vivía como podía en Argentina. Cuentan que Ayala recibía los manuscritos de Ludwig e iba traduciendo mientras éste iba escribiendo. Es, pues, una traducción de lujo. Lamentamos algún error tipográfico en la edición, pero el acierto de Acantilado es notable al publicar este panfleto, porque proporciona a los lectores un documento muy interesante.

Ludwig todavía no sabe el monstruo que se esconde tras Hitler y el hitlerismo, limitándose a considerarlo como un brutal tirano, pues todavía no adivina (o no concibe) el genocidio y el exterminio en masa de judíos, gitanos y enemigos políticos en general. También pasa por alto los crímenes de Stalin, otro que cuenta los muertos por millones. Ludwig era un socialista sui generis y trata mejor a Stalin de lo que debiera, pero adivina en el tirano la frialdad del asesino y la fiebre del poder. Sin saber lo que nosotros sabemos ahora, Ludwig retrata a los tres personajes con sorprendente acierto, aunque se equivoque en muchas de sus predicciones. Pero ¿quién acierta? En mi modesta opinión, lo mejor del libro es, precisamente, leerlo sabiendo más de lo que Ludwig sabía cuando lo escribió, y dejarse sorprender.

Menos caca, que no llega

Existen pruebas documentales sobre el uso de papel higiénico en China, en el siglo VI aC. En la Edad Media, la lechuga cumplía la función higiénica del papel, hasta que algún tipo con mucha hambre descubrió que era comestible (la lechuga, quiero decir). Pasaron siglos de ensaladas y extrema porquería hasta que alguien descubrió el papel higiénico moderno.

Sea como sea, no es broma: los directores de los colegios de Barcelona recibieron, a finales de septiembre, una carta titulada, copiaré, establecimiento de ratios máximas de consumo de papel secamanos, higiénico y otros, que remitía el Jefe del Servicio de Limpieza de la Dirección de Construcciones y Mantenimiento Escolar del Consorcio de Educación de Barcelona (su tarjeta de visita debe de ser en cinemascope). En el Consorcio de Educación de Barcelona mandan la Generalidad de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona, y responde de los colegios de la ciudad.

El jefe de tan largo título explicaba en esa carta que, por respeto al medio ambiente, por inscribirse en la Agenda 21, se veían obligados a ahorrar papel higiénico. El personaje explicaba que muchos centros consumían un nivel asumible (sic) de papel, pero señalaba que el consumo de papel variaba mucho de un centro al otro, y esto, señores, no puede ser. Así que, sin pensárselo dos veces, el personaje anunció normas igualitarias de consumo. Eso quiere decir que se limita el consumo de la siguiente manera:

-- 25 metros de papel higiénico doméstico por mes y alumno.
-- 22 metros de papel higiénico industrial por mes y alumno.
-- 11 metros bobinas secamanos por mes y alumno.
-- 15 metros de toallitas zigzag por mes y alumno, que serían 20 en las escuelas especiales.

Esto da para hacer caca una vez al día, y no mucha, y limpiarse las manos una vez sí y otra no después de hacerla.

Sea como sea, el jefe de tan largo título amenaza (es un decir) a los directores de los colegios, pues tiene en sus manos las estadísticas y sabe quién consume más o menos. Así que cuidadito, que sé quién eres y donde vives. Eso sí, el jefe de tan largo título reconoce que existe un consumo de papel debido a otras variables (sic). Los maestros también hacen pipí y caca, el personal de limpieza tira de los papeles, etcétera. Hay que poner freno a tales desmanes.

Una segunda carta, con el mismo remitente, contenía una tabla que ponía los pelos de punta. En una columna, el consumo de metros de papel por alumno y mes del centro. En la otra, el que tenía que obtenerse. Para que no haya confusión, negro sobre blanco.

En algunos casos, el problema es serio. El País menciona un centro de educación especial que gastaba mucho papel higiénico doméstico (199 metros por alumno y mes) y demasiado papel de bobina (casi 43 metros por alumno y mes). El problema del centro es que no recibe papel higiénico en bobina industrial, ni ningún otro tipo de papel al por mayor; sólo pueden tirar del papel higiénico doméstico, porque no tienen nada más. Considérese ahora que sus alumnos especiales realizan actividades (eso que antes se llamaban clases) de cocina, de artes plásticas y demás, donde se ponen perdidos de harina, pinturas, huevo, arcilla... Si un niño normal se pone como se pone, un alumno especial se pone al cubo. El gasto de papel es considerable, si uno quiere devolver un niño reconocible a su familia.

Lo mejor del caso es el cinismo. La excusa del Consorcio de Educación de Barcelona es, ya lo hemos dicho, ambiental. En ningún caso, aseguran, se trata de una medida restrictiva y no puede incluirse entre los famosos recortes, sino en, cito, la normalización del consumo y su correcto control. Asegura el consorcio que las cantidades fijadas son más que suficientes para el uso habitual. Sea como sea, la partida para comprar papel higiénico se ha reducido en algunos casos en más de un 40%.