Sitges, de catástrofe en catástrofe


No lo supe hasta hace pocos días, pero Sitges es la población de Cataluña donde más catástrofes ocurren. Simuladas, he de añadir. 

Es un dato prácticamente desconocido, pero Protección Civil, la Policía, la Guardia Civil, los Mossos d'Esquadra, los Bomberos, Rescate Marítimo, la Cruz Roja y ya puestos, las Hermanitas de la Caridad simulan catástrofes continuamente en la Blanca Subur. Ahora, un incendio; ahora, un crucero cargado de turistas que se va a pique; ahora, un atentado terroristas; ahora, una epidemia mortífera... De hecatombe en hecatombe, Sitges se ha hecho un nombre entre los expertos en catástrofes de todo tipo.

¿Por qué? La respuesta no me tranquiliza. Dicen los expertos en catástrofes que Sitges es un escenario ideal. Tiene un buen clima, con la autopista y la RENFE es además, accesible, tiene puerto, playas, el macizo del Garraf... Lo tiene todo para simular cómodamente cualquier catástrofe que uno pretenda simular. Hasta un mal gobierno, añade con guasa un caballero opuesto al actual gobierno, que prefiere permanecer en el anonimato. ¡No sea malo, hombre! 

Después de la simulación, con disimulo, unas copas, la playita, lo que se tercie. Qué bien que se está aquí, chicos. La próxima vez, repetimos. ¿Qué será? ¿Un accidente de aviación? Mejor una fuga radioactiva, que mola mucho, con esos trajes como de astronauta y las cajitas que hacen bip, bip, bip. Vale.

Pero, la verdad, si simulan catástrofes en Sitges porque es todo tan cómodo y tan bonito, ¿qué pasará el día que, Dios nos libre, suceda una catástrofe de verdad en un lugar feo, inaccesible, un día de lluvia? Los señores encargados de apechugar con el suceso, tan mal acostumbrados, ¿darán la talla? Ojalá, pero si los criterios para escoger Sitges han sido los mencionados, que Dios nos pille confesados.

Hace muchos años que Sitges soporta toda clase de catástrofes.

En fin, cosas de la prevención. Pero además de las catástrofes simuladas por las autoridades, también constan catástrofes cinematográficas. El Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges (me gusta llamarlo así) se anuncia con un gorila gigante desembarcando en la playa de la Fragata, a los pies de la iglesia de San Bartolome y Santa Tecla. Desde hace poco, además, la población sufre una invasión de zombis que coincide con el festival. Además, los anuncios del evento han reproducido Sitges postapocalípticos y en las pantallas de cine han sobrado desgracias para dar y repartir. Lo de las catástrofes en Sitges hace tiempo que ya es el pan de cada día así que llega otoño.

Sitges cocacolero, con chiringuitos con letreros en inglés que venden salchichas.

Los últimos en simular una catástrofe en Sitges han sido los publicistas de Coca-Cola. Con el follón de los cierres de plantas embotelladoras y los ERE tumbados por los tribunales, a los que sumar un maltrato y un desprecio por los trabajadores bastante indecente, Coca-Cola se ha ganado a pulso una mala fama entre el personal. No es la primera vez y los directivos saben que ya se nos pasará, porque tenemos poca memoria. Pero, por si acaso, se ha exigido un esfuerzo publicitario para superar el mal trago. Han cambiado el envase, los colores, se han lanzado a por todas para intentar que la marca vuelva a ser la sonrisa de la vida. ¿Y dónde mejor que Sitges para transmitir ese mensaje optimista?

Un caballero tratando de olvidar sus penas donde las salchichas.
En vez de darle al güisqui, opta por una coca-cola.

Después de varios anuncios en los últimos meses en los que Sitges aparecía como plató cinematográfico, Coca-Cola se decidió a llenar el Paseo Marítimo de tenderetes con nombres ingleses (el anuncio se podría emitir en todo el mundo, mejor internacionalizarlo). Acto seguido, se puso a simular un encadenamiento de desgracias, cada una mayor que la anterior, que sólo un botellín de Coca-Cola es capaz de remediar. Acaba con un meteorito espachurrándose en la playa y con algo más gordo (que no sabemos qué es) echándose encima de la Blanca Subur. Aunque, leído de otro modo, parece la historia de un botellín maldito y de mal fario. La verdad, cada vez que ahora veo una de esas botellas pienso en la que me va a caer encima.

Yo solía tomar el sol aquí mismo mismamente y mira tú qué desgracia.

En fin, Sitges ha hecho de la catástrofe un negocio y una señal de identidad. ¡Quién lo iba a decir!


Luchando contra la Bestia


El arte popular amaga verdaderos tesoros. No me refiero al folclore (que también), sino a la cultura pensada para las masas, especialmente la que ya forma parte de la historia. La propaganda, si quieren. Las caricaturas que adornaban los panfletos y los diarios británicos a finales del siglo XVIII y principios del siglo XX son uno de los mejores ejemplos que me vienen a la cabeza. Además, uno de mis favoritos. Hay quien las conoce como los grabados georgianos (por el rey Jorge, que ahí es George).

Son especialmente interesantes las caricaturas que advertían del peligro de la ginebra, recién llegada a la Gran Bretaña. El daño que hizo la ginebra entre las clases populares fue tal que las autoridades iniciaron la primera campaña antidroga de la historia contemporánea, apoyándose, precisamente, en estas caricaturas. Y luego están mis favoritas, las que atacan a la Revolución Francesa primero y a Napoleón Bonaparte después. ¡No tienen desperdicio! Son dignas de sesudos doctorados sobre arte, política, sociología o eso que llaman marketing

Una lectora muy amable me ha hecho llegar una de estas caricaturas, que proviene del Bodleian Museum de Oxford, y que seleccionó The Guardian entre otras muchas. Es la que copio a continuación. 

Pueden ampliar la imagen aquí.

Está firmada por uno de los mejores, G. S. Farnham, y publicada el 22 de julio de 1808 por R. Achermann. Se titula La Bestia, y se añade como está descrita en el Apocalipsis (Cap. 13), asemejándose a Napoleón Buonaparte (sic).

¡Empezamos bien! De entrada, los británicos dicen Buonaparte y no Bonaparte, para irritar a Napoleón, y para subrayar el origen corso de la Bestia, Napoleón. Que ahí es adonde quería ir a parar, a identificar a la Bestia con Napoleón. 

Fíjense que es una hidra con cuerpo felino y varias cabezas (mejor dicho, testas coronadas). Su piel parece manchada, como la de un leopardo, y lleva en un costado el número maldito, el 666. La Bestia se asienta en sus patas traseras en Córcega y lucha contra un tipo armado con un sable, que ya lleva dándole algunos tajos a la Bestia y al menos uno de ellos se ha cobrado un daño. A los pies del guerrero, yace un trozo de la Bestia. El gesto recuerda al de la Virgen pisando a la Serpiente, una iconografía más conocida en el Continente que en la Gran Bretaña. Quizá sea casual, pero llama la atención de los lectores del lado católico de Europa.

Sigamos con la Bestia. El caballero del sable ya le ha soltado un tajo que casi decapita a una de sus cabezas. Si se fijan, esa cabeza que ha perdido la corona, que mira hacia arriba medio colgando, echando fuego y espumarajos por la boca es, en efecto, ¡Bony! Es decir, Napoleón Bonaparte. 

Es interesante notar que los caricaturistas británicos todavía dibujen a Napoleón con el aspecto que tenía como Primer Cónsul. Fíjense en el corte de pelo, y en un rostro todavía delgado. Rota la paz de Amiens, dejaron de tener a su disposición retratos de Bonaparte. No conocieron la nueva imagen de Napoleón I, Emperador de los Franceses, Rey de Italia, etc., al que sus soldados llamaban le Petit Tondú (el Peladito) por su manía de cortarse el cabello muy cortito. 

A Bony se le han caído algunas coronas, que la señora Hope (Esperanza) recoge con su delantal. La señora Hope tiene como atributo un ancla, símbolo de la Royal Navy, la Real Armada Británica, que aparece de lejos, al fondo a la derecha, con una leyenda que menta al almirante Purvis (Nelson ya ha muerto). Caen de la cabeza de Bony cuatro coronas. Dos, de Francia (¿por qué dos?), una de Portugal y otra, la más grande, la corona de España. La señora Hope está muy contenta y ríe abiertamente.

Las otras cabezas coronadas son feas y monstruosas, con apariencia de felino algunas de ellas. Sus bocas amagan colmillos, sus narices son anchas y chatas, son peludas, deformes, son las coronas de Rusia, Prusia, Dinamarca, Austria, Holanda y Nápoles (ésta, más que furiosa, parece triste).

El tipo que va dándole tajos a la Bestia y que parece que le hace daño es España. Luego le prestaremos más atención. En agosto de 1808, los británicos desembarcaron en Portugal a las órdenes de sir John Moore, que meses después moriría en medio de una abrumadora derrota en La Coruña. En julio de 1808, se estaba preparando esa expedición en auxilio de Portugal, aliada de la Gran Bretaña, si es que no había partido ya, y la situación en Europa era la que era, no muy buena para los británicos.

En Holanda, Nápoles y España, reinaban monarcas puestos a dedo por Napoleón (de su propia familia, además). Rusia, Prusia y Austria habían sido derrotadas y ahora eran incluso aliadas. Lo mismo, Suecia (Dinamarca en el grabado). Portugal iba a ser la siguiente. El Reino Unido luchaba solo y aislado contra la Bestia. 

Y en éstas, ¡zas! España se alza en armas contra Bonaparte. El 2 de mayo de 1808, en Madrid, la sublevación del pueblo es aplastada por las tropas de Murat. Una matanza. Cinco mil madrileños (tirando por lo bajo) mueren a cambio de algunas docenas de franceses, pero la sublevación se extiende. 

En junio, los milicianos catalanes y tropas del ejército español derrotan a una columna de 3.800 hombres al mando del general Schwartz en dos enfrentamientos que suman la llamada batalla del Bruch. La mayoría de la columna francesa la formaban tropas napolitanas, gente de muy mala fama, por ser saqueadores, violadores y malos soldados. Los franceses pierden unos 300 hombres y se retiran, mientras las juntas catalanas proclaman la defensa de la corona española en la cabeza de Fernando VII. En los primeros meses de la Guerra de Independencia, Cataluña fue el escudo de España, como en la caricatura, pues barró el paso de los refuerzos y aisló prácticamente a las tropas francesas en la península.

Cádiz fue sitiada, pero no tomada por los franceses. Andalucía se subleva toda. Asturias, Galicia, Valencia... El 19 de julio, 21.000 soldados franceses a las órdenes del general Dupont se rinden ante los 28.000 del general Castaños. Esa derrota fue celebrada en Europa como una señal. ¡Los franceses no son invencibles! 

Pero no nos emocionemos. Cuando Farnham dibujó este grabado, quizá supiera del Bruch, de las Juntas, de la sublevación en toda España, pero no tendría todavía ninguna noticia de la batalla de Bailén.

Napoleón llegaría a España en otoño de 1808. Allá por donde pasó derrotó a todo el mundo y le dió una soberana paliza a los ingleses. Se volvió a Francia poco después, pero España siguió sublevada, en guerra, y así seguiría hasta 1814, desangrando a los ejércitos franceses todos y cada uno de los días que siguieron aquí. El Emperador tuvo 200.000 hombres permanentemente acuartelados en España, desangrándose y muriendo en una guerra larga y sucia que ayudó mucho a precipitar la hecatombe del Imperio Francés.

Eso nos lleva a prestar atención a la figura que representa a España. Viste de modo un tanto estrafalario, con calzas acuchilladas, coleto y capa (capote, mejor dicho). También gasta un bigotillo ridículo y lleva pendientes. Los británicos nos veían así, como caballeros salidos de un cuadro de Velázquez. Hoy nos hubieran dibujado disfrazados de toreros. En eso, los británicos siguen siendo los de siempre, como puede apreciarse en las similitudes entre Badajoz (1812) y Salou, hoy en día.

Vayamos a las alegorías.

El tajo (premonitorio) que casi decapita a Napoleón hace caer la corona de España, porque la llevaba José I, Joseph, el hermano mayor de Napoleón (un buenazo, en el fondo). El sable que esgrime España es (eso dice) genuino toledano, que el acero de las espadas de Toledo seguía siendo de los mejor considerados de Europa. El tahalí lleva la leyenda Madrid, por la rebelión del 2 de mayo. El brazo que esgrime el sable lleva dos leyendas. Una, Asturias, donde el bíceps. La otra, en el antebrazo, Patriotismo español. Porque el público se lanzó a la guerra contra el francés alentado por ese patriotismo, la miseria, la Iglesia y qué sé yo. 

Como hablamos de la Iglesia, hay que prestar atención a la mitra que lleva España en la cabeza. Parecen las torres de la Sagrada Familia, pero es una mitra en la que se lee San Pedro y Roma. En un dibujante protestante, es todo un mensaje subliminal. El fanatismo católico calienta los sesos de España y despierta su violencia, quizá. También podría servir para recordarnos que Roma, pese al concordato con Bonaparte, no veía al Corso con buenos ojos. Ahí lo dejo, que tiene mucha miga.

Una pierna lleva la leyenda Córdoba y el pie que aplasta un trozo de Bestia, Cádiz. Pero es el escudo de España el que llama la atención a los británicos, y ese escudo es Cataluña, según reza la leyenda, porque en el momento en el que se dibujó esta caricatura alegórica, Cataluña era la región donde había triunfado el apoyo popular a favor de Fernando VII y donde Francia había sufrido sus primeras derrotas.

Así nos veían los británicos, valientes, alocados, dándole tajos a la Bestia, vestidos con ropas antiguas, desafiantes y al mismo tiempo sometidos a Roma, católicos fanáticos. La violencia de la Guerra de Independencia y lo que sucedió entonces fue un trauma que nos marcó durante muchos años, si es que no continúa marcándonos. Sentó las bases de las guerras carlistas y de la oposición entre progreso y conservadurismo en nuestra sociedad, que siempre se ha interpretado de manera un tanto peculiar, con Dios de por medio y la patria (cualquiera) en la punta de la lengua, sin saber distinguir una cosa de otra.

Siempre me he preguntado qué habría sido de nosotros de habernos sumado a Bony contra los ingleses. Pero eso es ficción y no se puede saber.

Caravaggiomanía, en La Venus del Espejo


En el blog de Ana de Blas, La Venus del Espejo, dedica un artículo a los caravaggiomaníacos... ¡entre los que me cuenta! Dejando aparte ese desliz, que un mal día lo tiene cualquiera, el artículo es muy interesante si usted está interesado en Caravaggio en particular o en el arte, en general. Léanlo.

Pueden encontrarlo en:

Por cierto, éste, el de Ana de Blas, es un gran blog.

Profanación y censura


Tengo que decir que soy muy despistado y que se me escapan las cosas más interesantes que ocurren en la ciudad. Así ocurrió hace casi un año, el pasado 8 de septiembre. 

Ese día, dos artistas hicieron una performance que molestó a la ideología predominante. Tal fue la molestia que la acción se censuró casi de inmediato. La profanación fue considerada sangrante e inadmisible y la reacción del poder, fulminante. 

Les pido que recuerden el follón que se organizó cuando el MACBA quiso cancelar la exposición colectiva La bestia y el soberano. Todo por una obra de Ines Doujak, Haute Couture 4. Transport, que había sido expuesta meses antes en la Bienal de Sao Paulo. La escultura de papel maché de la austríaca costó dimisiones y polémicas el pasado mes de marzo, busquen en las hemerotecas. El asunto se arrastró durante días en los periódicos, dejó huella.

Pero la performance de Álex Giménez y Jorge Rodríguez-Gerada duró menos que un pastel a la puerta de un colegio y apenas se habló de ella. Para ser exactos, se silenció. De la performance hablaron pocos y de la censura que sufrió, casi nadie.

La historia es que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) organizó una exposición temporal llamada Nonument. Se trataba de algo así (copio):

Nonument es un proyecto con el que el MACBA invita a 28 artistas de su entorno para que reflexionen sobre cómo se puede incidir hoy, desde las prácticas del arte, en los problemáticos vínculos entre acontecimiento, conmemoración, estética y ciudad. El resultado es un conjunto de propuestas inéditas (específicamente concebidas para esta exposición), donde se observa de qué modo reinterpretan los lenguajes artísticos la tradición del monumento.

En pocas palabras y que se entienda, los artistas invitados iban a cuestionar la función de los monumentos. Según todos ellos, son instrumentos de propaganda política del poder que invaden el espacio público, poco más o menos. La tesis es conocida, pero siempre es interesante darle vueltas a la versión oficial de la historia para descubrir que muchas veces es interesada. La crítica es siempre bienvenida.

Hay que señalar que el acto se organizó a la sombra y bajo el amparo de los actos del Tricentenario del 11 de septiembre de 1714, contando con el beneplácito de las autoridades que se llenaron la boca de epopeyas patrióticas... y que fueron víctimas de la crítica de los artistas invitados a la exposición. Eso tuvo consecuencias, porque hubo quien se molestó.

De entrada, Miquel Calzada (Calçada, perdón), comisario de los actos del Tricentenario, no acudió a la inauguración. Por el simple hecho de descubrir que muchos artistas eran críticos con el prusés (incluso estando a favor de él). Así que surgieron problemas de agenda y se escaqueó. No puedo, lo siento, adiós.

Se presentaron veintiocho artistas. Daniela Ortiz cuestionó algunos de los monumentos de Barcelona con Contestació, donde mostraba la documentación que los ciudadanos habían reunido para solicitar la retirada de esos monumentos (la estatua de Colón entre ellos). Otros, Elvira Pujol y Joan Vila-Puig, presentaron Resolució d’inadmissió (Resolución de inadmisión), que no era más que la resolución del Departamento de Presidencia de la Generalidad de Cataluña que no consideraba admisible su propuesta de monumento para la celebración del Tricentenario. Tal cual. 

Victor Pimstein proponía rehacer (o simplemente destruir) las actuales sedes de la Generalidad de Cataluña y del Parlamento de Cataluña para adaptarlas a una Cataluña independiente, ciertamente chocantes y originales, pero que provocarían urticaria a cualquiera en el poder (y a cualquiera, en general). Antoni Arola proponía una escalera para entrar al Palacio de la Generalidad por una de sus ventanas, para poner énfasis en la relación entre el poder y la gente (dando por sentado que ahora no existe, a lo que se ve). Etc.

Pero todas estas locuras se guardan dentro de la exposición, no se habla de ellas y ya está, que la gente que acude a los museos de arte contemporáneo son cuatro friquis mal contados. El aparato del régimen optó por un silencio opresor y aquí paz y después gloria. 

Pero, ay, ay, la que organizaron Álex Giménez y Jorge Rodríguez-Gerada. Se acercaron al Mercat del Born, donde el Born Centre Cultural, la Zona Cero del nacionalcatalanismo, el monumento per excellence de la ideología que tiene las riendas del poder político en Cataluña, donde se enterraron noventa millones de euros para mayor gloria y propaganda de lo chachiguays que somos. 

La performance, fotografiada por El País.

Frente a tal centro, se alza el mástil de una bandera que mide 17,14 metros de altura y que costó (sólo el mástil) la friolera de 60.000 euros. Pues van Álex Giménez y Jorge Rodríguez-Gerada alzan al lado del mástil un grandísimo preservativo transparente que también mide 17,14 metros. Para alzarlo enhiesto y desafiante, lo llenan de globos de helio y allá van, con su condón patriótico, hasta plantarlo donde la bandera, ocultándola. Acto seguido, comenzaron a repartir 1.714 condones entre el público asistente. Asistieron al acto Josep Bohigas, famoso arquitecto y comisario de la exposición, y Bartomeu Marí, director del MACBA (el que luego tuvo que dimitir por La bestia y el soberano). Era un acto programado y anunciado.

Se me ocurre aquello de ¡A ver quién la tiene más grande!, pero los artistas sostuvieron otras motivaciones. Copio:

Es una invitación a reflexionar sobre la ocupación del espacio público. La mayor aportación del urbanismo a la democracia fue crear esos vacíos, el espacio que era de todos y que después se ha llenado. [...] Claro que también se puede tomar como una gamberrada, ganas de hacer sonreír a la gente que pasaba por allí.

La Vanguardia publicó la fotografía de la maqueta de la performance.
La ofensa no fue bien digerida.

Me parece muy bien reírse de todo. Si alguien censura la risa, mal asunto. Pero los fanáticos de la fe no tienen permitido reírse de sus símbolos más sagrados y tan pronto se alzó la goma al lado de la bandera, ¡zas!, salió hecho un basilisco el mismísimo director y alma mater del Centre de Propaganda... perdón, del Centre Cultural del Born. 

A gritos, o poco menos, se indignó ante semejante afrenta y profanación y tan burro se puso que la performance se suspendió. Bien poco tiempo aguantó el preservativo gigante ante la bandera y la acción cultural dejó de tener lugar en el Centre Cultural del Born. Porque una cosa es la cultura contemporánea y otra la Cultura del Régimen (la que levanta monumentos, precisamente).

Sólo nos queda recordar que el acontecimiento pasó despercibido. Yo no me enteré porque soy un despistado, pero ni la radio ni la televisión públicas, ni los medios subvencionados (casi todos) mencionaron el caso. Como si no hubiera existido. Aquí nadie alza condones al lado de la bandera, ni en broma. Ni soñarlo.

Ese director del Centre Cultural del Born que salió echando espumarajos por la boca gritando sacrilegio y profanación es Quim Torra. 

El Guardián de la Fe, que no quiere preservativos en el Templo.

Trabajó veinte años en cosas de seguros; luego montó una editorial y el 30 de abril de 2011 fue elegido consejero permanente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y poco antes, o poco después, vicepresidente de Òmnium Cultural. Al año siguiente, en 2012, fue nombrado director del Born Centre Cultural. Él en persona dirigió la musealización de las ruinas (tremenda). Cuando Muriel Casals, la presidenta de Òmnium Cultural, dejó el cargo para presentarse en la lista de ERCDC (la lista de Mas), el tipo ocupó el cargo de presidente de la sociedad patriótica. También es famoso por sus tuits, que no hacen más que subrayar lo que pensábamos después de haberlo visto ante el preservativo. Es un tipo de fanático que confunde la crítica con la herejía, la profanación y la ofensa. Un imbécil, vamos. Y así nos va, cediendo libertades ante esta gente.

Más información en:

Pipí en Barcelona


No sé qué tiene el pipí que vuelve locos a los munícipes de Barcelona. No conozco a ningún alcalde de mi ciudad que no haya hecho una campaña contra la micción en la calle, que no se haya obsesionado con la manía de hacer pis en los árboles o las esquinas, que no haya convertido la cuestión en el casus belli de alguna cruzada contra los meones. 

A ver, no me malinterpreten. Mear por ahí, a la buena de Dios, es feo, está mal visto y es una guarrería. En verano, huele muy mal a poco que te descuides. Luego están los microbios y esas cosas. Que un caballero pueda aliviarse con facilidad, sacando la chorra y regando las plantas sin pedir permiso, no quiere decir que tenga que hacerlo. Si fuera tal caballero, no desenfundaría la culebra con tanta alegría para marcar el territorio, que somos civilizados. O lo éramos.

Le echamos la culpa al turismo, que de un tiempo a esta parte nos ha invadido. Son ellos los que hacen pipí por las calles, no nosotros. Lo hacen porque son unos bárbaros del norte, unos borrachos carentes de sensibilidad y con una vejiga minúscula. Son turismo de pandereta, de turoperador barato, chusma meona, decimos. Prueba de ello es que no se mean en el paseo de Gràcia, dicen. Eso habría que verlo.

En fin, que la señora Colau no iba a ser menos y se ha lanzado al problema urinario con ansia y celos dignos de las cruzadas antimeones de Clos, Hereu o Trias. Y ha faltado tiempo para que se le echen encima con los colmillos afilados.

A ver, que no defiendo a la señora Colau, que está metiendo la pata cada dos por tres y está cometiendo una torpeza política tras otra. Pero no mete más la pata ni comete más torpezas que los anteriores alcaldes, que no es que hayan sido para tirar cohetes. La ecuanimidad no existe, no se juzga igual a unos que a otros. ¡Un poco de calma, por favor! Si es tan mala, pero resulta que hace lo mismo que hiciste tú... Pues, eso. Vigila, no salgan a relucir las hemerotecas.

El nuevo emplazamiento de los urinarios públicos, cerca de la Zona Cero.

El plan antimeones de la señora Colau ha sido contundente. Oficialmente, parte de un plan de choque para la gestión del turismo que llega a la ciudad (sic). Ha repartido seis urinarios, seis, como seis toros de lidia, por la ciudad. Los tendrá instalados hasta que pasen las fiestas de la Mercè y luego, en vista de su efectividad, ya se verá. Seis urinarios, repito, seis, y ha liado una de seis pares de c... calcetines, por decir algo. Que es verano y la gente se aburre y seis puntos públicos de micción dan para mucho.

Urinarios públicos en Ámsterdam, del mismo modelo que ahora se prueba en Barcelona.

Se han instalado los seis en la parte vieja de la ciudad, dicen. En el Born, la plaza Terenci Moix, Sant Pau del Camp, la plaza Jean Genet, en la playa del Somorrostro (Barceloneta) y en la plaza Salvador Seguí. Dicen que funcionan las veinticuatro horas del día (si ven las fotografías, comprenderán que eso no tiene mucho secreto) y que disponen de un servicio de limpieza y mantenimiento (automático, que ya no funciona). El Ayuntamiento dice que se han colocado por parejas; uno está abierto al público (masculino) y al público en general, porque puede ver al meón mientras orina; el otro parece una caja de plástico y está pensado, en origen, para que hagan pipí los impedidos, que son de peor ver meando que los que pueden aguantarse de pie (y son los que sufrirán más la falta de higiene y de papel higiénico, que en estos lugares vuela). 

Hay que reconocer que en Estocolmo hacen pipí con clase y elegancia.

Aquí surge la primera polémica. Las mujeres, a través de los diarios progresistas, piden urinarios para ambos sexos, porque ellas ¿adónde van a mear? Que los varones sean unos cochinos incontinentes, eso ya lo sabemos, pero las mujeres también tienen pis y quieren lugares públicos para sus micciones. El orinar no es un privilegio masculino, concluyen, y acusan al Ayuntamiento de los vicios machistas de siempre. Eso duele, siendo el actual gobierno tan chachiprogre.

Los vecinos también se quejan, pero eso es lo normal. A nadie le hace gracia que le pongan un urinario público al lado de casa. Si el público, además, es cochino y guarro, como es la costumbre (recuerden, son turistas borrachos, del norte de Europa, bestias carentes de educación), con más razón. En fin, esta queja es inevitable.

Pero la queja más llamativa es la que se ha extendido en todos los periódicos del régimen, ésos que subvenciona la Generalidad de Cataluña. Como la lista unida-unitaria es de la derecha extrema y como el prusés está en horas decisivas (dicen), ahora mismo la bestia parda es la izquierda (Podemos et Co.), que resta votos, y la reacción contra la decisión de Colau era inevitable. ¡A por ella!, son las instrucciones. 

Emplazamiento original del urinario en una de las esquinas del Mercat del Born.
Sacrilegio en la Zona Cero.

El resquicio para hacerse popó encima de la política del pipí de Colau es el urinario que los técnicos municipales instalaron en el Born. Porque lo instalaron, qué cosas, en la esquina del Centre Cultural del Born, que algunos, cachondeándose, llaman la Zona Cero. 

Ahí se montó, en la Zona Cero, por un monto total de casi noventa millones de euros, una museización de unos restos de la ciudad de Barcelona del siglo XVII que se encontraron restaurando el mercado del Born para convertirlo en biblioteca pública. Seguimos sin biblioteca y sin mercado, pero el lugar se ha convertido en un centro de culto nacional(ista) para celebrar, reivindicar o lo que quieran, la derrota de los partidarios de un rey español Haubsburgo a manos de los partidarios de un rey español Borbón en 1714. 

Al grano. Al fervor nacionalista le ha dolido que uno pueda echarse una meadita en el sancta sanctórum patriótico. El grupo municipal de CiU, a través de las páginas de su clarín, La Vanguardia, y de las páginas de otros panfletos adictos al fervor nacional, ha dicho (copio) que éste no es el mejor emplazamiento para un habitáculo donde evacuar aguas menores. También, que es inapropiada, innecesaria y puede herir los sentimientos de muchos ciudadanos (sic). No nos olvidemos del menosprecio por el patrimonio y la historia (sic), de una falta de respeto al patrimonio y la memoria, así como a la estética y al paisaje urbano (sic), de algo desafortunado, etc.

¡Qué piel más fina! Han cambiado el urinario de sitio. Antes no molestaba a los vecinos, pero ofendía al sentir patriótico. Quizá no fuera bonito, pero... Ahora molesta a los vecinos, pero la Zona Cero está libre de urinarios. Se comprueba que cambiar de sitio un urinario es fácil, pero qué difícil es lo otro.


El ministro Soria, honesto


¿Qué países...?

En una entrevista en un medio digital, el ministro Soria es preguntado por la política del Gobierno de España en relación con las energías renovables. Sin entrar a valorarla, es nefasta; si entramos a valorarla, es mucho peor. 

Pero el ministro Soria no es de nuestra misma opinión y corre a defenderla con mucha palabrería. Después de ponerla por las nubes, afirma rotundamente que la política de energías renovables de su gobierno es tan buena que otros muchos países están corriendo a imitarla.

¿Qué países?, pregunta el periodista.

Pues, aún no lo sé, responde el ministro Soria, textualmente.

Sin comentarios.

Juego de palabras


El Cap de l'Oposició, principal soci del Govern.

Si entrevistes al Cap de l'Oposició, no entrevistes a cap de l'oposició.

Anónimo, corre por las redes.

Que me tomen el pelo



Uno de los pequeños placeres de esta vida es la visita al barbero. La insultante alopecia, cada día más crecida, reduce la periodicidad de estas visitas, pero menor la cantidad, mayor el placer. Es un lugar conocido, refugio varonil repleto de revistas de automóviles, de señoras y tebeos, a la antigua, donde te toman el pelo con gracia, sin esperar instrucciones, porque te conocen desde niño y ya saben qué hay que hacer. Cortito y andando, que es gerundio, mientras ojeo revistas de meses atrás en las que salen automóviles pasados de vueltas.

Esto es la ruina y nos vamos a la calle


Según el Tribunal de Cuentas, auditadas las cuentas de 2013 de los partidos políticos españoles con representación parlamentaria, hay seis formaciones políticas con patrimonio neto negativo (es decir, que deben más de lo que tienen). Antes se decía en bancarrota.

El señor Duran i Lleida comprobando la magnitud de la deuda de Unió desde su suite del Hotel Palace, en Madrid.

El partido peor parado es UDC, Unió para los amigos, el partido del ínclito Duran i Lleida, que en 2013 tenía un patrimonio neto negativo de más de 13 millones de euros. En aquel entonces, todavía existía CiU y UDC hacía las funciones del que consigue dinero para las campañas y las suites del Palace. La coalición CiU se ha mantenido tantos años unida por razón de esta capacidad de Unió de sacar dinero de hasta debajo de las piedras. La deuda de Unió con los bancos sumaba en 2013 poco más de 17 millones de euros.

Le sigue Izquierda Unida, que va de mal en peor y ahora que está Podemos, ni les cuento. Su agujero estaba en 2013 entre los 11 y los 12 millones de euros. Hay que sumar la sucursal catalana de IU, IC-V, que tenía un agujero próximo a los dos millones. El BNG gallego tenía un agujero de 2,6 millones y el BNV de Valencia, de menos de 500.000 euros.

El señor Mas anunciando el patrimonio neto negativo de CiU, más de 8 millones.

CiU, que tenía entidad propia como coalición aparte de ser CDC por aquí y UDC por allá, tenía un agujero de más de 8,5 millones de euros y estaba en bancarrota. CiU, como tal coalición, debía a los bancos en 2013 más de 9 millones de euros. Al dejar de ser CiU y convertirse en CDC y UDC, queda pendiente el reparto de esta deuda entre ambas formaciones, que será un campo de batalla cruel y despiadado. Para sentarse y mirar, con palomitas al alcance de la mano.

El señor Mas anunciando la deuda de CDC con los bancos, más de 4 millones.

Aparte, CDC (sin contar con la que les puede caer encima por el caso Millet, quizá más de 8 millones de euros), debía casi 4,5 millones de euros a los bancos en 2013.

Lo que más impresiona de estas cifras, aparte del mareo de millones y millones, es que el patrimonio neto negativo de CiU llevaba arrastrándose cinco años. Cinco. Cinco, que se dice pronto. La deuda de CiU es equivalente a un euro y veinticinco céntimos por catalán. A la que sumar algo más de dos euros por la de Unió y algo más de cincuenta céntimos por la de CDC. En total, en números redondos, cuatro euros por catalán. No está mal.

Sin contar las comisiones, ya me entienden. Que la corrupción en Cataluña mueve... ¿cuántos cientos de millones al año? ¿Y cuántas pérdidas y sobrecostes provoca? Privatizaciones, desregulaciones, recortes... Dejémoslo. No nos amarguemos el verano.

Resumen: La gestión de CiU ha sido fenomenal desde que manda Mas. Dejando a un lado que ha sido llegar él y meterse de cabeza en la bancarrota, el partido ha pasado de tener 62 diputados en 2010 a 50 en 2012, buscando una Mayoría Excepcional, y se estima que podría quedar entre 30 y 40 en las elecciones de este septiembre, lista único unitaria mediante, sumando independientes y gracias. (Porque sólo seis de cada diez candidatos los escoge CDC y el resto los escoge ERC.)

Además, CiU ya no es CiU: se ha roto en CDC y UDC. Por eso, quizá ocho de cada diez diputados de CiU que hoy ejercen ya no repetirán y no menos de 1.000 altos cargos y asesores tendrán que ceder sus asientos a los socios de ERC y buscar trabajo en otra parte. Entre estos, al menos cien cargos públicos que cobran más de 90.000 euros brutos al año (el total de estos cargos, en Cataluña, se sitúa alrededor de los 250, hoy todos convergentes). Eso, si gana la lista ésa. Si alcanza para formar gobierno. Si no... ¡más de tres mil altos cargos de designación política a la calle! CiU rota, CDC rota, Unió rota, ERC no sé, y la deuda... En fin, un pollo.

Parque de la Ciudadela, Barcelona, poco después de la constitución del nuevo Parlamento de Cataluña. 
Los señores diputados de CDC que se han quedado sin asiento, regresan a sus hogares.

Si al señor Mas le sale mal la aventura de la lista única unitaria chachi guay del Paraguay, tendrá problemas para salir de casa. Podría echársele encima una turbamulta de exdirectores generales enfurecidos y la cosa acabaría muy mal. Al grito de ¡Con Pujol vivíamos mejor! ¡Devuélvenos lo que es nuestro! lloverían los palos. Física o metafóricamente, eso ya no lo sé, pero la política tiene sótanos y subterráneos que emiten fétidos olores y cuando esas pestes se inflaman, sabe Dios qué puede salir de ahí.

Éxodo y una de zombis


Este fin de semana ha ocurrido lo que me temía. Lo llevaba esperando hace ya tiempo y ya lo decían en televisión, que vendrá una especie de apocalipsis y la ciudad será abandonada por sus habitantes, que huirán y la dejarán abandonada a merced de los zombis. ¡Y así ha ocurrido! Pardiez, que así ha sido.

Barcelona, arrasada y poseída por criaturas del inframundo.
¿Es ése el futuro que nos espera?

Despertarse y sentirse más solo que la una. Caramba, ¿adónde ha ido todo el mundo? Sales a la calle, nadie. En el súper, nadie (menos la cajera, que te mira de arriba abajo con cara de susto, con evidentes ganas de marcharse de ahí). En el metro, nadie, prácticamente, porque supongo que alguien conducirá los trenes. Como si hubiera caído una bomba de neutrones, no, pero cerca.

De repente, a la que pongo el pie en la plaza de la Sagrada Familia o visito el paseo de Gràcia, se me ponen los pelos de punta. Cuento por cientos los personajes que forman una muchedumbre apelotonada, los seres que, apretujados los unos contra los otros, se mueven torpemente, oscilan como un campo de trigo, emiten voces que parecen salidas de un diccionario triturado y murmuran insistentemente Godí, Godí, fotofoto, Godí... 

Un amigo me había hablado de Cthulthu y de su gran misterio (¿cómo se pronuncia Cthulhu?), pero nunca me imaginé enfrentado a las huestes de ese arcano dios... o quizá sean zombis, ahora que pienso. Porque había dicho zombis, ¿no? Pues, eso, zombis. O lo que sean, que de eso no entiendo.

Tienen todos la piel enrojecida y emiten un olor dulzón, a medio camino entre la sangría y la crema de bronceado, no sé si me explico. Otros, en cambio, que forman un grupo numeroso, tienen los ojos rasgados y el cabello negro como ala de cuervo. Ay, qué cosa de ver... Caminan todos como hipnotizados, haciéndose fotos a sí mismos y gruñendo sin parar Godí, Godí, fotofoto, Godí... serán zombis, digo yo.

He escapado de sus manos de milagro y he llamado a mi amigo experto en Lovecraft. Está en la playa, me cuenta, buscando dioses calamar y no sé qué de los Antiguos. Le digo de los seres de piel achicharrada y me dice que no, que no tienen nada que ver con Cthulthu. ¿Tienen tentáculos? ¿No? Pues, ya está. Nada de Cthulthu. Tampoco tienen que ver con los zombis. Los zombis no dicen nada, sólo gruñen o se lamentan. Aaah... una cosa así. Y éstos, por lo que me cuentas, dicen cosas. Godí, Godí, ¿verdad? Yo diría que no son zombis, que son guiris, me explica, que vienen de la arcana Thule y adoran al gigante Godí.

Zombis, guiris, Cthulthu o Thule, qué más da. ¿Alguno sabe si muerden? Mejor ir prevenido.


Caravaggio, por Villena



Leo todo lo que cae en mis manos sobre Caravaggio. Hace poco, conseguí Caravaggio (en verdad, Caravaggio, exquisito y violento) que ha publicado Cabaret Voltaire. Es una reedición, revisada y un tanto ampliada por el autor, del Caravaggio que publicó Planeta en 2000. 

He leído las biografías de Robb, Langdon, Graham-Dixon y Friedlaender, y una buena colección de ensayos, alguna novela... En ningún caso he tropezado con la profundidad y el certero análisis de Villena, que (lo digo sin ánimo de ofender) no es más que un caravaggista aficionado. Por eso mismo, prescinde del ensayo convencional y se lanza a una reflexión personal sobre el pintor. Muy personal. Pero también documentadísima, que conste. Dándole vueltas al personaje desde una reflexión íntima y con la libertad de la que se ven privados los historiadores, Villena llega adonde no llega ninguno de sus biógrafos.

El resultado no es un libro de referencia, pero sí un libro que hay que leer, que no es lo mismo. Porque sabiendo que no podrá contribuir a la ciencia o la historiografía, intenta comprender al pintor y busca describir una personalidad tan compleja y tan oscura como la de Caravaggio. Siendo poeta, Villena alcanza una profundidad en su análisis, y una clarividencia, que no ha dejado de sorprenderme y admirarme.

Caravaggio, además, tiene otra virtud. Puede leerse (y disfrutarse) sin conocer a Caravaggio, dejándose llevar por la literatura. Está muy bien escrito, es emocionante, da en qué pensar, nos descubre muchas facetas del arte y la vida sobre las que habíamos pasado sin prestar atención... Es, en suma, un libro muy bueno, que recomiendo leer. 

Ítaca, errores comunes


Qué podemos esperar de nuestros políticos, si son como son. 

Fíjense en el caso de Ítaca, la que fuera isla y hogar de Odiseo (Ulises, para los amigos). 

En Cataluña, gracias a la combinación de Cavafis (o Kavafis), Riba, Llach y los conciertos del tardofranquismo, la gente habla de Ítaca como de la sublimación nacional de Cataluña. Si cambian Ítaca por Jauja, El Dorado, Uthopos, Jerusalén o Disneylandia será lo mismo y podrán hacerse a la idea de su profundo significado. 

La portada del LP de Lluís Llach Viatge a Ítaca.

La canción El Viatge a Ítaca, durante la Transición, reclamó libertad, amnistía para los presos políticos y Estatuto de Autonomía. Cuando llegó la Constitución se quedó en lo que era, una bella canción. Ahora se canta como si nuestra Ítaca fuera la independencia de Cataluña y Llach quisiera hacer llover.

En suma, cuando un político catalán habla del viaje a Ítaca, habla de una canción de cuando los grises, sin haberse leído el poema de Cavafis y sin haberlo comprendido en la mayor parte de las veces (lástima, porque es un poema notable). No le pregunten por Homero, que luego pasa lo que pasa. Por ejemplo, esto:

Unió Democràtica de Catalunya (UDC) se presenta a las elecciones marcando distancias con la lista única-unitaria del presidente Mas. Escogen como número dos de la lista al señor Rodríguez, y el señor Rodríguez va y habla ante la prensa. ¡Lo que dice!

El señor Rodríguez, disertando sobre Homero.

Lo que es peor, luego lo ponen por escrito en las noticias de www.udc.cat. Nadie se molesta en corregirlo... o quizá nadie apreció el fallo (lo más seguro). Traduzco las palabras del señor Rodríguez:

Dije en ese momento que los billetes para ir a Ítaca se vendían en Madrid. Y todavía es así. [...] Puede que alguno no se haya leído todavía la Ilíada, porque en el viaje de Ulises, cuando llega a Ítaca, llega solo. Todos sus compañeros murieron por el camino. Esperemos que otros tengan más suerte. Ésta es la historia.

Brillante. Brillante, digo, porque no sé qué Ilíada leyó el señor Rodríguez: El viaje a Ítaca se describe en La Odisea


Dos de cada tres


Hay veces en las que el interés de los ciudadanos parece estar muy lejos de saber quién va a ganar y quién va a perder en las próximas elecciones al Parlamento de Cataluña. 

Las recientes encuestas publicadas en varios periódicos nos indican que dos de cada tres catalanes creen que la independencia de Cataluña no es posible. Si no es posible, quizá pudieran entenderse mejor los gobiernos de España y de la Generalidad de Cataluña, me dirán, pues qué remedio les queda. 

¡Quiá! Dos de cada tres catalanes también piensan que esas relaciones ya no hay quien las arregle, que se han puesto los dos gobiernos a cara de perro y que de ésa no salen. A la hora de poner nombres y apellidos, dos de cada tres catalanes creen que Mas es culpable de esta situación y cuatro de cada cinco que Rajoy también lo es.

Dicho que se entienda, la mayoría de los catalanes piensan que nos han dejado el país que da pena y que no se adivina quién podrá arreglarlo.

Ahora ya sabemos por qué razón la escultura que se encuentra frente al Parlamento de Cataluña se llama Desconsol (Desconsuelo), obra de Josep Llimona, 1907.

Il Ritorno del Jedi (Gran Premio de Hungría 2015)


Vettel, tuiteado por la Scuderia Ferrari.

Después de una breve pausa, ha vuelto la Fórmula 1 con el Gran Premio de Hungría, en Hungaroring, un circuito muy bonito, pero muy estrecho, donde adelantar es un poema y donde siempre aprieta el calor. No es el circuito preferido de nadie, pero es de ésos que marcan estilo. 

En este intermedio, Jules Bianchi ha muerto, después de meses de hospitalización en coma. Hacía muchos años que no moría un piloto en una carrera y la noticia ha causado la natural conmoción.

Todo señalaba a otro fin de semana de color plata Mercedes-Benz. Conformes con lo inevitable, hemos visto una salida que parecía un sueño. Los dos Ferrari se han colado y de qué manera. Durante gran parte de la carrera, han sido primero y segundo. Lástima que Raikkonen haya tenido que abandonar por culpa de un fallo del motor. Lástima. 

La carrera se ha visto salpicada de incidentes. El alerón del bólido de Hulkenberg se ha desintegrado solo en la recta de tribunas y ha dejado la pista llena de cositas. Ha tenido que salir el coche de seguridad y se han sucedido los incidentes, pinchazos, topetazos, adelantamientos, sanciones... Un festival del que el primer Ferrari (Vettel) se ha librado por los pelos. 

Sólo cruzar la meta, Vettel ha dedicado la victoria a Bianchi, todavía con el casco puesto y dando la vuelta de honor.

En resumen, ha ganado un Ferrari (Vettel), los dos Red Bull han acabado de llenar el podio y los Mercedes-Benz han acabado sexto y octavo. El notición ha sido que los dos McLaren, después de este circo de incidentes, han acabado en zona de puntos: Alonso, delante de un Mercedes-Benz (quinto) y Button (noveno) justo detrás. Sólo que hubieran acabado hubiera sido noticia, pero acabar así, por mucha casualidad que digan, tiene mérito.

Ahora sólo resta esperar a que la victoria de Ferrari sea el retorno, no un asomo. Eso es esperar mucho.

Como en Londres



El otro día me sentí extraño. Ni bien ni mal, más bien que mal, pero extraño. Hice un viaje en metro, nada extraordinario ni fuera de lo común. Iba distraído, en mis cosas (leyendo, cómo no) y fue alzar la vista y sentirme extraño. Forastero. Todo el vagón lleno de chanclas, pantalones cortos, piel rubicunda color gamba y voces en inglés pronunciadas como si mascaran chicle. Guirilandia. El imperio de los guiris. 

Un vistazo alrededor me bastó para descubrirme único entre vikingos, normandos, francos, britones, yanquis, nipones, germánicos, eslavos y bálticos. El único mediterráneo a bordo, a bote pronto. Ya me sentía raro en anteriores viajes, sosteniendo libros mientras el público guasapeaba o mataba marcianitos con el teléfono móvil, pero esta vez, además, me creí perdido en el metro de Londres. Y no, no era Londres, era Barcelona.

Eso lo descubrí al salir a la superficie. Seguía siendo mi ciudad. Qué susto me llevé.