Lincoln



Lincoln es una gran película. Unos actores que se salen, una dirección impecable, una ambientación magnífica y un buen guión. Fue nominada a 12 Oscar y se llevó sólo dos, al mejor actor (Daniel Day-Lewis) y a la mejor dirección artística; también fue nominada a siete Globos de Oro, pero ganó solamente el de mejor actor. La crítica la dejó por las nubes y la recaudación fue magnífica. Spielberg, una vez más, cumplió de rey Midas.

Relata los últimos meses del mandato del presidente Lincoln y se centra en la aprobación en la Cámara de Representantes de la 13.ª Enmienda a la Constitución de los EE.UU., la que declara abolida la esclavitud.

Aunque la parte histórica es apasionante, y lo es, de verdad que lo es, el drama es otro. Se plantean temas de mucha enjundia: la ley, la democracia, los derechos del hombre, qué medios justifican qué fines... Nada hay más grande ni más honorable que la política, sabiendo qué es y qué significa. Por eso mismo es tan repugnante ver qué hacen con ella, en qué la han convertido. En ese sentido, Lincoln emociona, qué quieren que les diga, y uno siente una tremenda, tremenda, tremenda envidia de los americanos, que en esto nos pasan la mano por la cara, en hacer buenas películas y en tener muy claro qué es o debería ser la política y la democracia.

¿Que luego les va como les va? Bueno, pero eso no niega la premisa.

El problema de Lincoln, que no es menor, es ponerse a ver las noticias por televisión poco después. La talla de los enanos que tenemos de políticos deprime absolutamente.

Así que, señoras, caballeros, compren o alquilen el vídeo, vean la película, disfruten un rato del drama (que da para mucho) y luego no pongan la televisión. Al menos, hasta el día siguiente.

Me siento observado



¡En el blanco!



Tom Sharpe (1928-2013)



Nos ha dejado Tom Sharpe, que vivía en Llafranc, lo que dice mucho de su inteligencia y sensibilidad, pues, pudiendo vivir donde le hubiera dado la gana, escogió ese bello pueblecito mediterráneo.

La primera parte de su biografía es la de una vida complicada y difícil. La segunda, la de un escritor que nos ha hecho reír (y mucho). Tiene tanto mérito esto que he dicho que, aunque el señor Sharpe será difícil que pase a formar parte de la historia de la literatura universal, siempre lo llevaré en mi corazoncito y luciré sus títulos con orgullo en mi particular biblioteca.

La reunión entre el presidente de la Conferencia de las Regiones Periféricas Marítimas de Europa y don Artur Mas


Líder mundial en una conferencia global, i.e., en globo.

El señor don Artur Mas ha hecho un viaje a París de ésos que no sirven para nada más que para perder el tiempo y el dinero de los catalanes. Porque ¿cuánto nos ha costado la broma? ¿Cuánto dinero se han gastado en esta gilipollez?

Veamos la agenda del presidente (que es pública).

Una reunión con la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, para firmar un convenio con la UNESCO que no sirve para nada, o ya me dirán para qué sirve, que no he sabido verlo.

Lo más correcto sería decir que ha vuelto a firmar un convenio con la UNESCO, pues el mismo convenio (el mismo) ya lo habían firmado antes los del Tripartito, en 2006, y seguía vigente. Ah, que conste: ha sido el Ministerio de Asuntos Exteriores, no la Generalidad de Cataluña, el que ha hecho posible que se firme (otra vez) tal convenio, pues todos los convenios con las Naciones Unidas los negocia el Gobierno de España.

Líder mundial firmando un convenio. Observen la banderita.

Luego, participó (estuvo ahí, quiero decir) en la obertura de la octava conferencia global (será mundial, porque no había globos presentes) que llevaba por título La transition est-elle enclenchée? En español, La transición ¿está en marcha?

Pues, qué quieren que les diga, si ya cuentan ocho conferencias mundiales y todavía no saben si está en marcha o no arranca, pues quizá sí que sean conferencias globales, que parece que andan todos colgados de un globo en vez de con los pies en tierra firme.

También se reunió con el presidente de la SNCF, la compañía pública ferroviaria francesa, el señor don Guillaume Pepy. Dejó ir que podrían privatizar el servicio de Rodalia(es) de RENFE y los Ferrocarriles de la Generalidad en Cataluña y venderlo a los franceses. Eso sería, con prisas, en el 2018, para que se entienda y puedan verse las cosas en su justa perspectiva. La entrevista duró... ¡cinco minutos!

Luego vino la rueda de prensa en la Delegación de la Generalidad de Cataluña en Francia (varios millones de euros al año de presupuesto), con ágape incluído para los periodistas y políticos presentes. Pese al anuncio de comida gratis, sólo asistieron los periodistas que viajaron con Mas de Barcelona a París y los corresponsales de los periódicos catalanes (subvencionados) en Francia, y poco más. La visita de Mas a París no interesó para nada a los franceses, ni a nadie.

El señor Le Drian, ministro de Defensa francés, pobre.

Lo mejor vino al final. Se había previsto una cena con el ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian. En la rueda de prensa se anunció que se había suspendido la cena por problemas de agenda. Fue la única noticia fresca de la rueda de prensa y se anunció de sopetón, como queriendo decir que acabamos de enterarnos ahora, miren ustedes qué contrariedad.

Pronto se filtró (interesadamente) que el ministro de Defensa francés había suspendido la cena a última hora por culpa del Gobierno de España, que había dicho que a Mas, ni agua. El portavoz del Gobierno de la Generalidad, los portavoces de CiU y de ERC comenzaron a propagar el rumor de unas insoportables presiones del Gobierno de España que habían conseguido anular la reunión in extremis.

No hacía falta. Los franceses no necesitan ninguna ayuda de nadie para mantenerse alejados del señor Mas. Ni presiones de España ni cuentos chinos: el ministro de Defensa ya había anunciado hacía una semana que no cenaría con el señor Mas y éste estaba más que avisado antes de preparar las maletas.

El ministro había preguntado quién era el tal Mas, cuál era su perfil político y qué quería. Hay que notar que los franceses conocen a CDC, el partido de Mas, por su presencia en el Rosellón y su líder en esas tierras, que es un personaje... En fin, un personaje.

Para más INRI, el informe ése del CEEC (www.ceec.cat) que aconsejaba que la defensa de Cataluña corriera a cargo del ejército francés (pagando, naturalmente, el gusto y las ganas), hizo que se dispararan todas las alarmas en París y el ministro dijera que ni hablar del peluquín, que él no se reúne ni con la extrema derecha ni con friquis. Se esgrimieron los problemas de agenda, que permiten a los ministros librarse de visitas no deseadas dejando muy claro que no quieren saber nada de ellas.

Vaya con el chasco. Sin entrevista con el ministro, el viaje no se aguantaba por ninguna parte, por carecer de sustancia. Presidencia optó por callar y luego, mentir. Nos lo acaban de decir, dijeron a los periodistas en París, y quedó la cosa como que el ministro le había dado plantón.

De vuelta a Barcelona, como el cachondeo sobre el ejército francés defendiendo a Cataluña era ya público y notorio, y el chasco del ministro dejaba al señor Mas en evidencia, tuvo que enfrentarse a ser preguntado en el Parlamento de Cataluña sobre este asunto. Con un morro que se lo pisa, ha insistido varias veces que la entrevista que tenía prevista no iba a ser con el ministro de Defensa del gobierno francés, sino con el presidente de la Conferencia de las Regiones Periféricas Marítimas de Europa (sic), que es también, qué casualidad, mire usted por dónde, quién iba a imaginárselo, ministro de Defensa del gobierno francés.

Somos únicos haciendo el ridículo y me da mucha lástima que los periodistas catalanes anden todos subvencionados, porque esto daría para muchas risas.

Que aprendan Barcelona y Valencia


El Circuito de las Américas, de Austin, Texas, EE.UU.

En Austin, Texas, EE.UU., se organiza un Gran Premio de Fórmula 1. El circuito se llama (modestamente) Circuit of the Americas. Para que la Fórmula 1 pase por Austin, Texas, tiene que pagar un fee, una tasa, a la organización de Ecclestone. Mónaco es el único circuito que no paga fee; Monza paga un fee de 5 millones de dólares; Abbu Dabi, o como se escriba, tiene el fee más alto y apoquina 50 millones de dólares. Los circuitos de Barcelona y Valencia no sé qué pagarán, pero será más de 20 millones de dólares, a ojo. No doy con la cifra exacta.

En Austin, Texas, EE.UU., como en Barcelona o Valencia, las autoridades locales subvencionan los gastos del circuito y pagan parte del fee. La razón es egoísta: una carrera del Campeonato del Mundo de Fórmula 1 atrae turistas, anima los negocios, procura riqueza al territorio. La teoría dice que la subvención vale la pena porque, aunque se pierda dinero en el circuito, se incrementa la actividad económica del territorio que lo rodea.

En Barcelona y Valencia, las subvenciones son multimillonarias y van y vienen sin tasa ni control y se asocian a nombres bajo sospecha. Se paga una burrada de millones que se justifican diciendo que una carrera de Fórmula 1 genera 150 millones de euros de beneficios al país.

¿Quién lo dice? Los responsables del circuito. ¿Cómo calculan ese impacto económico sobre el país? No se sabe. ¿Es ése el beneficio real de una carrera de Fórmula 1? Lo más posible es que no. Es una estimación.

En Austin, Texas, EE.UU., los responsables públicos calculan la recaudación de impuestos de un fin de semana cualquiera, impuestos que proceden de la actividad económica de la ciudad y su entorno. Las cuentas son claras, públicas y publicadas. Luego viene el fin de semana de la carrera y las autoridades vuelven a contar lo recaudado. La subvención será un tanto por ciento de lo recaudado de más el fin de semana de la carrera. Se publica el cálculo y se justifica la subvención, que el año pasado fue de 12 millones de dólares.

En Barcelona y Valencia podrían aprender de Austin, Texas, EE.UU., pero a más de uno se le acabaría el chollo, y perdonen la grosería.

El asedio



He leído El asedio en edición de bolsillo (Ed. Punto de Lectura, 1ª edición). Es una vieja costumbre: si me interesa un best-seller, pero no me va la vida en ello, espero a que se publique en su edición más barata, que suele ser la de bolsillo. Eso explica por qué he tardado dos años, tirando hacia tres, en leer esta novela.

Arturo Pérez-Reverte (don Arturo, si me permiten) es autor de grandes novelas y de otras que también podríamos llamar best-sellers. Digo best-seller sin ánimo de ofender, pero haciendo mía una frase de Félix de Azúa que insinúa que los escritores modernos no hacen literatura, sino que escriben novelas. Don Arturo escribe novelas. Unas, mejores que otras y de vez en cuando, alguna excepcional; todas, con un oficio que ya quisiera para mí.

El asedio tiene todos los ingredientes de una novela bien hecha que se venderá como rosquillas: un escritor con mucho oficio, muchas páginas (los libros con más páginas venden más), varias historias que se entecruzan, un poco de sexo (no demasiado), otro poco de violencia (algo más, ¡bien!) y un intríngulis con asesino en serie, policías, fenómenos casi paranormales, mujeres de carácter, corsarios, una buena guerra, héroes perezrrevertianos (cuarenta y tantos años y mal afeitados, tirando a delgados, de apariencia canalla y corazón noble, etc.) y un fondo histórico muy documentado donde ocurre todo y algo más. A El asedio no le falta nada... excepto un poco de chispa.

Es que me ha dejado un tanto frío. Tenía muchas ganas de leerlo, pero se me ha hecho larga cuando la he tenido entre las manos. A mí me sobra la historia entre el chico y la chica, qué quieren que les diga, aunque el final de esta relación es, me parece a mí, lo mejor de toda la novela. Eh, no porque se acabe, sino porque es redondo, perfecto, desde un punto de vista literario, no imagino final mejor y resume maravillosamente una visión del mundo que... Mejor no digo más, porque les puedo chafar la historia.

En cambio, a juzgar por los comentarios en las redes sociales, el final de Pepe Lobo (el héroe perezrrevertiano que decía) ha cabreado a más de uno y que vaya un servidor de ustedes y diga que es lo mejor de El asedio, con notable diferencia, me pone a tiro de muchos comentarios.

Con o sin permiso, les diré que el personaje del comisario Tizón roba el protagonismo a cuantos se le ponen cerca. El espía no está nada mal, pero que nada mal. El ejército francés, soberbio. La sociedad gaditana del 1811 y 1812 se describe brillantemente y con mucho oficio. Doña Lolita Palma es un personaje muy bien descrito y dibujado y no tiene la culpa de que a mí me interese más la parte criminal del asunto, ninguna culpa. Hago como esos chavales que iban al cine a pitar al cow-boy así que se acercaba a la chica con intención de besarla, que lo que querían era verlo coser a balazos al malo de la película, no ligar con una tontorrona.

Metidos en la cuestión criminal que despierta mi interés, la resolución (o no) del caso es brillante, buena de veras, no diré más. Ahora bien, cuando en las últimas páginas aparecen las explicaciones sobre el por qué tal y cual cosa que hace el asesino... Qué quieren que les diga. Se me han ido abajo.

El asedio está muy bien para distraerse, gustará a la mayoría, entretiene y suma méritos uno detrás de otro, pero yo la veo floja. No es lo mejor de Pérez-Reverte, pero tampoco lo peor, ni mucho menos. En la parte media, sin más. Será que me ha pillado en mal día, don Arturo. Lo siento.

Eso lo explica (casi) todo


Si bebes, no legisles.

Se ha liado parda y con razón. Los señores diputados acuden a la Cafetería del Congreso y pagan menos que cualquier hijo de vecino por un café, un refresco o un menú. Porque resulta, damas y caballeros, que la Cafetería del Congreso está subvencionada. La empresa que gane el concurso público recibirá dos millones de euros (ahí es nada) a cambio de servir un café a 85 céntimos o un gin-tonic por 3,45 euros.

Un momento: ¿qué ha dicho usted? ¿Un gin-tonic? Pues, sí. Porque la Cafetería del Congreso sirve bebidas alcohólicas de alta graduación. Hasta 85 marcas de anís, vodka, ginebra, güisqui, coñac, matarratas o lo que le echen a uno. A precios de saldo, ya ven. Que vengan unas copillas, que hoy larga el ministro y mejor echarse una siesta, con lo pesao que es el hombre, por Dios.

La polémica ley Beer dará que hablar entre los señores diputados.

El escándalo ha sido de tal calibre que ha movido a IU y ERC, que pintan poco en la cámara, a presentar un escrito en la Mesa del Congreso para retirar la subvención al bebercio de alta graduación de diputados, funcionarios de la cámara, periodistas políticos y visitantes del Congreso. Como el público no está para bromas, la Mesa del Congreso ha tenido que ceder e IU y ERC se han marcado un tanto a favor (que se han apresurado a celebrar con unas copas, antes de que la orden sea vigente).

Sus señorías celebrando que la subvención siga vigente para vinos y cervezas.

Media batalla ganada o media batalla perdida, porque el resto del comercio y del bebercio sigue subvencionado y sus señorías se marcan unos vinos a precio de risa.

Soy de los que piensa que la Cafetería del Congreso tendrían que dejar de subvencionarla, punto, sin más, pero comprendo que alguien no piense lo que yo y atenderé a razones, si son buenas.

Pero mi batalla es otra.

¡Rápido, que esto se acaba!
Diputados y analistas políticos aprovechando las últimas subvenciones al bebercio.

Lo que uno se pregunta es quién deja servir alcohol en el Congreso de los Diputados. Que luego nos va como nos va. No digo que sus señorías anden todo el día con el pim piririm pimpim y la bota empinar, pararam pam pam, pero poco les falta o les ha faltado. Me dirán que no, que no, que nunca se han permitido semejantes alegrías, palabrita del Niño Jesús. Pero yo les responderé con algunas intervenciones parlamentarias de tal calibre que malo si andaba borracho, peor si sereno.

Anda allá con los vinos, que fíjate cómo está el patio.

Tenga, su caca


¡No se lo pierdan!



Huelga a la murciana


Sanidad pública en manos de consejeros autonómicos y ministros de CiU y del PP.

La crisis obliga a suprimir gastos. Quizá demasiados. Pero lo más sangrante es que las administraciones públicas supriman los gastos que permiten la igualdad de oportunidades y aseguran un mínimo de bienestar entre los que menos tienen y más necesitan. Los recortes (palabra funesta) cargan sus tintas contra la sanidad pública, el sistema de seguridad social, las ayudas a la dependencia, la educación... y se llevan por delante la administración de justicia o la ciencia y la investigación, sin las cuáles no creceremos más adelante, si se presenta la oportunidad uno de estos días.

A poco que uno piense, a poco que eche un vistazo alrededor, verá que las personas que más sufren los llamados recortes son las que no pueden defenderse, las que menos tienen y más necesitan. Los de siempre, en cambio, viven cada vez mejor.

Dicho esto, nos interesa el curso de algunas reivindicaciones laborales. La de médicos, enfermeras y personal sanitario, por ejemplo. A usted no le gustaría que le atendiera en el quirófano un cirujano mileurista al que le acaban de recortar el sueldo un 30% y le han dicho que en verano (ya mismo) se quedará sin plaza en el hospital. Pero las reivindicaciones de estos colectivos no son sólo salariales o laborales: piden más medios para atender a los pacientes y que no sean los criterios económicos los que decidan uno u otro tratamiento.

Abriré un paréntesis, breve. Verán por qué.

En Murcia, el gobierno apostó muy fuerte por un aeropuerto privado (es un decir), el de Corvera, situado a 40 km del aeropuerto de San Javier, que ya está amortizado hace años. El aeropuerto de Corvera le cuesta al gobierno murciano 200 millones de euros al año... y no ha conseguido ni un vuelo, ni uno sólo.

Son 200 millones, precisamente, los que quería recortar el consejero de Hacienda murciano. De esos 200 millones, 150 serían el recorte sobre el Servicio Murciano de Salud. Como siempre, que paguen los pobres.

El recorte tenía toda la pinta de ser muy bestia. Lo peor del caso es que los sindicatos de siempre, CC.OO. y UGT, ya no despertaban la confianza del personal sanitario. Sus huelgas nos cuestan dinero, dijo un médico, y no consiguen nada. Además, las huelgas afectan a los pacientes y eso da mucha grima al personal sanitario. El caso es que las manifestaciones de protesta convocadas por CC.OO. y UGT apenas sumaban un puñado de batas blancas.

Pero el sindicato de médicos de Murcia, CESM (http://www.medicosdemurcia.com/), aportó una idea original y publicó un Decálogo de la buena práxis médica. El punto central de este decálogo es: Anteponer siempre el estricto criterio médico y sin tener en cuenta variables económicas.

Es de sentido común y así tiene que ser, pero el gobierno murciano se encontró con serios imprevistos cuando los médicos murcianos comenzaron a atender a sus pacientes con mucha amabilidad y cortesía y los tenían en la consulta una buena media hora o el tiempo que hiciera falta. Recetaban no los medicamentos genéricos o más baratos, sino los que necesitaba el paciente, aunque fueran los más caros. A la menor duda, se encargaban pruebas diagnósticas, sin mirar gastos, y se prolongaban varios días las estancias en un hospital. Etc.

Comenzaron a colapsarse los hospitales murcianos y los ahorros prometidos se fueron a tomar viento en un pispás. Hasta tal punto ha sido así que la consejería de Sanidad murciana ha tenido que ceder. Aunque no volverán las pagas extras, sí que (copio) contempla la posibilidad de colaborar con los profesionales a la hora de gestionar [la sanidad pública]. Es más, los médicos serían corresponsables de esa buena gestión y tendrían su recompensa en forma de incentivos. Se trata, en resumen, de conseguir un ahorro razonable, basado en criterios médicos, que no puramente económicos. En este terreno hay mucho que hacer, y poco hecho.

Paciente en lista de espera, rogando que le atiendan pronto.

Esperamos que vaya bien, pero cuánto nos gustaría que en casa, en Cataluña, los responsables de la sanidad pública escucharan de verdad a los médicos, enfermeras y demás personal sanitario. Aquí se recorta matando gente, sin consideración alguna, destrozando sistemáticamente lo poco que queda de la sanidad pública y favoreciendo las empresas de algunos, favoreciendo un modelo de gestión (Innova, por ejemplo) que provoca pérdidas económicas monstruosas, una mala calidad espeluznante y una corrupción asquerosa.

Ah, me dirán, que aquí no tenemos aeropuerto de Corvera. No, pero poco les costará descubrir muchos gastos inútiles en el morral del Gobierno de los Mejores. Muchos. Empezando, estos días, por París. 

Arqueología acústica en el Bruch


Schwarz, cuando era todavía coronel del 5.º de Húsares (en 1806).

El 4 de junio de 1808, el general de brigada Schwarz (a veces escrito Schwartz) parte de Barcelona al frente de una brigada de infantería y algunas piezas de artillería.

El general ha combatido al frente de la mejor caballería de Europa en las campañas de Austerlitz, Prusia y Polonia, tiene fama de gruñón, gasta grandes bigotes y patillas y viste las galas de general con exageración (ha sido húsar y se le nota). Pero ahora se ve al frente de una canalla bien poco seria. Los batallones suizos son de fiar, pero están lejos de ser los mejores de la Grande Armée; los napolitanos, en fin, no son más que chusma, de los que roban y saquean cuando no corren peligro y salen corriendo cuando pintan bastos. En total, la columna del general Schwarz suma unos 3.800 hombres.

En mayo se habían sublevado los españoles contra el rey José I. Pedían el regreso del rey Fernando VII y la muerte de esa peste jacobina, enciclopédica e ilustrada que eran los franchutes. Los catalanes se sumaron a la fiesta sin pensárselo dos veces. En Manresa, el común ha quemado el papel sellado de los franceses y hay que pasarse por ahí para poner orden. También convendría asegurar Igualada, por su posición estratégica en la red de caminos. Luego, con el resto de la tropa, Schwarz marcharía hacia Lérida y luego, hacia Zaragoza. ¡Qué optimismo!

Las tropas francesas tenían fama de invencibles, pero la morralla de la columna de Schwarz demostró que no lo eran. De entrada, los napolitanos son ingobernables. El 6 de junio, dos días después de haber partido de Barcelona, los napolitanos ya han dejado tras de sí un rastro de saqueos que produce espanto. La columna avanza despacio, sin destacamentos en descubierta, imprudentemente. Penetra en el macizo de Montserrat.

Los españoles sumaban alrededor de 2.000 hombres, entre los que había soldados del Regimiento Suizo núm. 1 (profesionales), soldados valones que habían desertado de la guarnición de Barcelona y somatenes catalanes de Manresa, Igualada y Tárrega. Un igualadino, Antonio (en los registros) o Antoni (hoy) Franch Estalella se puso al mando de tan variopinta tropa.

Uniformes de soldados suizos, que lucharon en ambos bandos y a veces entre sí. Los tres de la izquierda, con el uniforme que llevaban al servicio de la Grande Armée; los dos de la derecha, con el uniforme de los regimientos suizos del ejército español.

Esperaron a enfilar la columna francesa y abrieron fuego. En la emboscada murieron 300 hombres de Schwarz (no se hacían prisioneros) y en el camino de vuelta, acosados por partidas de tiradores y guerrilla, Schwarz pierde un cañón al caérsele de un puente abajo.

Ésa fue la primera batalla del Bruch (Bruc, en catalán).

La segunda, que es la que nos importa, fue el 14 de junio. Ahora iba en serio.

Se trataba de abrir paso y llegar hasta Manresa, con fuerza suficiente. Después del primer descalabro del Bruch, ninguno de los dos bandos contaba con el factor sorpresa, pero los españoles contaban con cuatro piezas de a ocho, de buena artillería, y habían tenido tiempo de atrincherarse.

Los españoles sumaban 1.500 soldados del ejército regular, de los tercios (regimientos) de Lérida y Tárrega y los regimientos suizos. Además, somatenes catalanes, como en la primera batalla, entre los que se encontraba un joven llamado Isidro (Isidre, en catalán).

El chaval, porque era un chaval, no portaba fusil, pero sí un tambor, y cuenta la leyenda que viendo llegar a los franceses, tocó la señal de alarma, alertó a cuanto somatén catalán había por ahí y les metió a los franceses un susto en el cuerpo de ésos que no se olvidan, porque el eco hizo que un tambor pareciera ciento y los franceses creyeron vérselas con el ejército español en pleno (pero los manolos ¿no estaba en Lérida?). El contraataque de los catalanes puso en fuga a los franceses, añade la leyenda.

Visión idealizada de Isidre, el del tambor.

La historia es más prosaica. Los franceses se habían dividido en dos columnas al llegar al Bruch. Una, por la carretera, seguía la ruta que había seguido Schwarz; la otra seguía por Collbató, en paralelo a la primera. Los somatenes entretuvieron a esta segunda columna con tiradores, hostigando de lejos y retrocediendo, sin dar batalla, pero entorpeciendo el avance. Los franceses fueron detrás de ellos y entonces hablaron los cañones. Cuatro piezas de a ocho cargadas con botes de metralla hacen mucho daño y los franceses decidieron ser prudentes, dar media vuelta y volverse por donde habían venido, pues un asalto frontal a las líneas españolas no podría traer nada bueno. Quedaron alrededor de cien hombres de cada bando en el campo de batalla.

De vuelta a Barcelona, los franceses saquearon las poblaciones que encontraron por el camino con mucha saña y mala leche.

Somatenes catalanes acudiendo al campo de batalla, en plan heróico y romántico.

Los historiadores consideran que hubo un timbaler del Bruc, pero no le dan la importancia que le da la leyenda. Cuatro Gribeauval de a ocho valen lo que cien timbales y no es otro el porqué del curso de la batalla, dicen, y no les falta razón.

Ahora bien, la leyenda tiene sus razones y éstas mueven montañas. Tanto es así que unos investigadores de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona han investigado mucho, mucho, mucho y creen haber dado con el justo lugar desde el que se tocó el tambor que provocó la (legendaria) estampida de los gabachos el 14 de junio de 1808, la de ¡Pies, para qué os quiero!

La gracia de esta investigación es que se han tomado en serio el asunto de la sonoridad. Marc Sellarès, el director de esta investigación, cuenta con la inestimable ayuda de Vicent Matamoros (doctorando en Arqueología Sonora Experimental) y Josep Cerdà (catedrático de Arte Sonoro).

Este fin de semana, aprovechando una conmemoración lúdica de la batalla, han subido un tambor al collado de las Torres de Can Maçana, tocando a las montañas de Montserrat, lugar desde donde, ellos creen, tocó Isidre el tambor y provocó la espantá. Uno de los objetivos de los sabios mencionados es cuantificar, con micrófonos, audífonos y tal, la influencia real de los redobles del tambor catalán de los somatenes.

No sé si el experimento ha tenido éxito. Los periódicos de hoy no dicen nada.

Pero, en todo caso, no sólo se ha tenido que suponer dónde se tocó el timbal, sino también dónde se mataron unos y otros, porque el lugar exacto de la batalla no se conoce, aunque puede afirmarse que fue por aquí cerca. Se sabe que los somatenes venían corriendo de Sallent y Santpedor por sumarse a las trincheras del ejército español, pero poco más.

No es la primera vez que los investigadores se van de excursión con un tambor a cuestas, pues ya probaron varias localizaciones el pasado 17 de mayo. Cargados también de artefactos electrónicos para medir el ruido, se pasan los fines de semana recorriendo los posibles lugares de la batalla y las escaramuzas que la precedieron y siguieron. Surge una duda sobre la sonoridad del eco, si es tanta como dicen, pero también sobre las condiciones atmosféricas de la batalla, que habrían tenido una importancia decisiva desde un punto de vista acústico.

Un último apunte: la ciencia ya no es lo que era. Lejos del altruismo, la investigación del señor Sellarès acabará pariendo un libro sobre la batalla, una recreación virtual (sic), un videojuego y una película. Pero, con los recortes en perspectiva, nada que censurar.

Síntomas de mejora



¿Recuerdan la que se organizó cuando Rodríguez (Zapatero) anunció que se veían brotes verdes? ¡La que nos cayó encima! Pues ahora va Rajoy y anuncia que aprecia síntomas de mejora...

¡Dios mío!

¡Socorro! ¡Auxilio!


¡Que vienen los turistas!



A mi edad no voy a cambiar


Fotografía de la carta de S.S. Francisco al padre Enrique (ACI).

La Agencia Católica de Informaciones (ACI) ha entrevistado hace muy poco a don Enrique Martínez, presbítero de la diócesis argentina de La Rioja. Entre otras razones, porque don Enrique ha mantenido una breve correspondencia con el Santo Padre que es, hasta cierto punto, inédita.

Digo que es inédita porque ya lo fue que el papa Francisco se negara a irse a vivir al Palacio Apostólico, residencia oficial de los papas en el Vaticano desde principios del siglo XX; también lo digo porque el Santo Padre le explica el porqué a don Enrique por escrito de su propia mano y eso es extraordinario en sí mismo.

Las razones del papa Francisco son conocidas, pero se han puesto negro sobre blanco de manera franca y sencilla.

Escribe a don Enrique: Lo primero que pensé cuando vi las estancias papales fue que allí había sitio suficiente para alojar al menos a 300 personas. Más adelante, añade: Yo no quería venir aquí para vivir en el Palacio Apostólico, sino para trabajar y estar al lado de la gente.

Otra fotografía famosa (ACI). El papa Francisco tiene que aguantar pacientemente el sermón, como los demás, qué le vamos a hacer.

Todos sabemos que escogió para vivir la Casa de Santa Marta, una residencia que se emplea para alojar a las personas que pasan unos días en el Vaticano. El papa Francisco dice, de este alojamiento: Estoy a la vista de la gente y hago vida normal: misa pública a la mañana, como en el comedor con todos, etc. Esto me hace bien y evita que quede aislado. Tiene miedo de perder el contacto con la gente, insiste mucho en ello. Cuántos que no diré hacen todo lo contrario.

Quiero ser yo mismo y actuar igual que lo hacía en mi casa de Buenos Aires. Dice que no quiere cambiar de costumbres y hábitos. Emplea una cierta ironía para justificarse. A su edad, dice, sería ridículo querer cambiar sus hábitos y costumbres, y tan contento.

Es fácil que los periódicos se queden con la anécdota: ya soy mayor para cambiar. Es tan humano... Se habla mucho de la anécdota, de dónde vive o deja de vivir el papa Francisco, pero tanto da dónde porque, a fin de cuentas, qué importa, si viva donde viva el mundo girará lo mismo. Que viva aquí o allá no cambiará ni a mejor ni a peor lo que hace o deja de hacer la Iglesia. Pero ¡qué gesto!

Sin embargo, hay que notar algo, que quede constancia de ello. El núcleo de la carta que don Enrique leyó a sus feligreses de La Rioja, Argentina, no era la cuestión doméstica del Vaticano, sino las reflexiones alrededor de la justicia social.

Los periódicos pasan por encima de ello, como si no existiera o no tuviera más importancia. Pero el papa jesuita metía el dedo en la llaga de la pobreza en su breve carta. Y cómo está el patio que la preocupación del Santo Padre por los pobres dicha en voz alta sobresalta a más de uno, por la falta de costumbre. Tan mal está el patio, insisto, que decir que la pobreza es ahora mismo el principal problema al que nos enfrentamos y pedir más justicia social es también inédito y pone al personal de los nervios. A esto hemos llegado.

Los feligreses de La Rioja, Argentina, leída la carta por don Enrique, aplaudieron a rabiar. Por algo sería, digo yo.