Buenas y malas noticias



Dicen que Europa se encuentra perdida en un laberinto, pero recordemos que Europa, hija de Agenor, parió a Minos en Creta, y ése, Minos, algo tuvo que ver con el invento del laberinto. Así que nada nos pilla de nuevo, aunque ojalá nos pille confesados, porque el asunto se las trae. Fíjense: después de las elecciones al Parlamento griego, parece que gobernarán los mismos que han provocado la ruina del país y la corrupción de la nación helena, los que, queriendo o sin querer, malvados o estúpidos, han mentido, robado y engañado a todo el mundo, los mismos de siempre, los responsables del sarao, y eso, que ganen éstos, se considera una buena noticia. Pues ¿qué hubiera sido una mala noticia?

Gloria y hemorroides



El 18 de junio de 1815 se libró la batalla que puso el punto final a la transición entre lo moderno y lo contemporáneo. En contra de lo que se cree, no se libró en Waterloo, sino un poquito más al sur, en Mont-Saint-Jean, pero el duque de Wellington puso por escrito que había vencido a Bonaparte en Waterloo, y Waterloo se quedó.

Cuando uno examina la campaña de 1815, descubre en Bonaparte el genio que fue, pero también el que ya no era. Si tenemos que señalar una causa de la derrota, ésta podría ser la elección de los comandantes de los ejércitos. Me conformaré con un ejemplo: Davout. El mejor táctico del ejército francés (quizás de Europa entera) se quedó en París haciendo de ministro. Existen otras muchas causas posibles y probables, y es una afición buscarlas y encontrarlas una vez el mal está hecho.

Los bonapartistas de todo el mundo, como si les fuera en ello la vida, dedican mucho tiempo y muchos esfuerzos a demostrar que Napoleón tenía que haber ganado en Waterloo; si perdió, no fue culpa de él, sino de cualquier otro. El mismísimo Napoleón dictó en su Memorial de Santa Helena las razones, tantas, por las que tenía que haber ganado en Waterloo. Qué mal perder.

La búsqueda de culpables arrastra consigo a personas ilustres. El pobre Grouchy, uno de los mejores generales de caballería del Imperio, es el culpable favorito de los bonapartistas y es tanta la insistencia en acusarlo de la catástrofe que el resto de su biografía, repleta de hechos de armas notabilísimos, ni se conoce. El mariscal Ney, valiente entre los valientes, también queda como un idiota después de echarle las culpas del desarrollo de la batalla poco después del mediodía.

Sin embargo, existe un culpable menos glorioso, pero no menos polémico.

Copio, de un recopilador de anécdotas históricas: La tensión y los nervios provocaron que los músculos del esfínter de Napoleón se tensaran de tal manera que el emperador francés sintió intensos dolores hemorroidales que le obligaron a tomar baños para calmar las molestias.

Las hemorroides de Bonaparte, sí, damas y caballeros, fueron la causa última y final de la derrota de Waterloo. Al menos, eso es lo que dice la leyenda, una leyenda napoleónica que se cree a pies juntillas. Como tal leyenda, sin embargo, es discutida por algún iconoclasta. Algunoa bonapartistas acérrimos no creen posible que un genio tan genial quedara del todo anulado por un dolor en el culo, y perdonen ustedes. Otros, aficionados a negarlo todo, creen que las hemorroides son una excusa bastante ridícula.

Uno, después de haber leído tanto sobre este asunto, no se atreve a poner la mano en el fuego. Consta que Bonaparte se encontró indispuesto hacia el mediodía; su salud ya no era la que había sido y está documentado que las hemorroides le amargaron alguna batalla, que él solía atender a caballo. Sin embargo, que las almorranas fueran la causa de semejante indisposición el 18 de junio de 1815 no es algo que se dé por seguro. Echarle la culpa de la derrota a las hemorroides imperiales es tanto como echar tierra sobre los errores tácticos de la batalla, que no fueron pocos.

A fin de cuentas, que los campos de trigo se cubrieran de gloria (muerte y sangre) a primera hora de la tarde del 18 de junio de 1815 a causa de una inflamación del esfínter de Napoleón es grotesco. Tan grotesco que podría ser cierto.

¿Qué pintaban los neandertales?



La datación por radiocarbono es muy precisa, pero precisa carbono. Al enfrentarse a las pinturas rupestres, sirve de muy poco, porque muchos pigmentos de estas pinturas son minerales y no proceden de restos de plantas o animales. O no se pueden hacer las dataciones o hay que rascar media pintura para poder hacerlas como Dios manda. Pero ¡tranquilos! La ciencia avanza que es una barbaridad y se ha inventado el método de datación torio-uranio (no pregunten) que, en vez de datar el material, data la capa mineral que el tiempo ha ido depositando encima de él. Con muestras minúsculas, que no afectan a la pintura, pueden hacerse dataciones muy precisas.

Digo esto porque un grupo de científicos han datado las pinturas rupestres de varias cuevas de la Cornisa Cantábrica, la de Altamira entre ellas, y nos hemos llevado todos una sorpresa. Resulta que la mayoría eran más antiguas de lo que pensábamos. Una de ellas, la más vieja de todas, fue pintada hace cuarenta mil años, y muchas más, hace treinta o treinta y cinco mil. ¡No está mal!

La noticia ha provocado una pequeña revolución entre los paleontólogos. Los restos del ser humano más antiguo en Europa datan de hace cuarenta y un mil años y ahora nos salen con pinturas que tienen cuarenta mil años a la espalda. ¿Ya pintaban los humanos mil años después de haber pisado Europa por primera vez? ¿Habían cruzado toda Europa y los Pirineos en apenas mil años? ¡Caramba, qué prisas!

¿Y si los primeros pintores no hubieran sido los humanos, sino los neandertales?

Los neandertales son los primos del ser humano. Más altos, más fuertes y desde el punto de vista humano, más feos que nosotros, mucho más feos, ya vivían en Europa cuando llegamos y no nos vieron venir. Conocían el fuego, fabricaban herramientas, pero los paleontólogos discuten hasta qué punto eran tan humanos como los humanos. No se conoce ninguna afición artística del neandertal. Su tecnología apenas evoluciona. En comparación con la nuestra, es tosca y elemental. Parece que eran un poco brutos y poco dados a lo abstracto, aunque eran padres solícitos (pues tenían pocos hijos) y algo pánfilos (creían que los humanos los dejaríamos en paz).

Nos avergüenza decirlo, pero todo parece indicar que el ser humano aniquiló al neandertal, lo exterminó. Los matamos a todos. Parece ser (no es seguro) que antes de acabar con ellos violamos a sus hijas y de esa unión salieron seres humano-neandertales; también es posible que fueran nuestras hijas las que acudieron a solicitar los favores de esos tipos tan altos, fuertes y peludos. Quién sabe. Los genetistas insinúan que podríamos tener un poco, un poquito, casi nada, de neandertal, y de esos polvos, estos lodos. Eso explicaría el caso de la suegra que gasta bigotes o la capacidad de raciocinio de nuestro jefe. Pero hablamos de cifras inferiores al uno por ciento, en el mejor, o peor, de los casos.

Dicho esto, a la vista de la datación de las pinturas rupestres del Cantábrico, alguien ha insinuado que los primeros pintores podrían haber sido neandertales. La hipótesis no está mal, todo el mundo la considera interesante, es golosa, pero no se sostiene demasiado. En primer lugar, porque hasta ahora nada parecía indicar que los neandertales tuvieran aficiones artísticas. En segundo lugar, porque se sostiene mejor que el ser humano llegó a Santander con un pincel debajo del brazo, que traía de antes. En tercer lugar, y eso lo digo yo, ¿qué problema hay con que el ser humano llegara a Europa sólo mil años antes que las pinturas de Altamira? ¡Lo que puede aprender y caminar uno en mil años...!

Dicho esto, la idea del neandertal pintor es tan atractiva que algún paleontólogo ya busca un punto intermedio. Éste insinúa que los rastros de pintura más elementales podrían ser neandertales y los bisontes, humanos. Eso es tanto como insinuar que los neandertales se han apoderado del arte contemporáneo. ¡Siempre echando las culpas a los demás!

Los peces no cierran los ojos


Los peces no cierran los ojos (I pesci non chiudono gli occhi) fue publicada por Feltrinelli el año pasado, y este año en España, por Seix Barral, (muy bien) traducida por Carlos Gumpert. El autor se llama Erri (de Enrico) De Luca, napolitano. Es un texto magnífico, emocionante y brillante, un ejercicio de la mejor literatura condensado en pocas palabras.

Erri De Luca es, él mismo, un acontecimiento, un personaje poco convencional. Una vez dijo que escribía siempre de rodillas, de madrugada, a mano, en un cuaderno pautado. Porque esa manera de hacer me recuerda la vida de los reclusos, añadió. Escriba como escriba, se le considera uno de los mejores escritores de la lengua italiana de los últimos tiempos.

Los peces no cierran los ojos refleja un tanto la vida agitada y poco convencional de Erri De Luca, y no sólo por su carácter autobiográfico. De Luca, autodidacta, muestra que su escritura y la estructura que la sostiene no es convencional, pero sí excelente. Cada página es una pequeña obra maestra, amante de la prosa simple y bien construida, que se obtiene con el extremo cuidado de quien emplea lo justo y nada más. En cuanto a la estructura, que sigue el recuerdo de una infancia de diez años, una infancia que muere antes de inaugurar la adolescencia, es sólida y elegante, y soporta la mar de bien la perspectiva de un narrador que contempla ese mundo que ya no existe y se pregunta el porqué de lo que vino después.

No les explicaré el argumento, porque es lo de menos y allá ustedes con él.

Éste es un libro simplemente bello. Erri De Luca me ha sorprendido tan gratamente que no dudo en recomendarles Los peces no cierran los ojos... con los ojos cerrados. ¡Léanla!

Los corruptos se querellan (el caso cafeambllet.com)




La revista cafeambllet.com, una revista on-line, fue una de las primeras (si no la primera) en ligar la multitud de chanchullos, favores, corruptelas, mangoneos, robos y trampas que se han sucedido en el sistema sanitario público catalán, que tiene una estructura complejísima, basada en multitud de consorcios, fundaciones y demás, que favorece una práctica corrupta. Así, enriquece a pocos y perjudica a la mayoría.

Como dijo un periodista hace poco, eso que llamamos sociovergència existe desde hace mucho tiempo en nuestra sanidad pública, y es repugnante.

Un video de cafeambllet.com desató una dura polémica, el que adjunto. Pronto, los periódicos convencionales, temiendo quedarse atrás, tuvieron que seguir la noticia. Al estirar del hilo, descubrieron una ingente cantidad de corrupción, una gangrena pútrida que cuesta muchos millones de euros a los catalanes y que, además, los mata, porque afecta a nuestra salud. Así que, cuidado, que no es un asunto menor, y si no ponemos remedio a este mal, no hay pacto fiscal que valga y nos vamos todos a la mierda en vivo y en directo.

Los periodistas de cafeambllet.com fueron los primeros en informar sobre las adjudicaciones que beneficiaron a Ramon Bagó en varios hospitales catalanes gestionados por el Consorcio de Salud y Social de Cataluña (CSC). Qué curioso: Bagó es directivo de tal consorcio.

Ahora, un tal señor Via, asesor personal de don Artur Mas, que ha compartido con Bagó silla en los consejos de administración de varias empresas del CSC, se ha querellado contra la revista porque ésta ha atentado contra su honor y prestigio profesional y pide veinte mil euros para compensar tanto daño. Los periodistas afirman que el señor Via pretende intimidarlos. A última hora, los abogados del señor Via prometen retirar la denuncia si cafeambllet.com publica una rectificación. El juez ha amonestado a los abogados por presentar esta propuesta justo en el último momento, pero los editores de cafeambllet.com dijeron que no, que ni hablar del peluquín, que ellos no pactan ninguna rectificación. En el vídeo exponemos hechos verídicos, no entendemos qué clase de rectificación pretenden que hagamos, manifestaron.

Otro sinvergüenza, don Xavier Crespo, que ha protagonizado estos días otro apestoso episodio de corrupción, también quiere querellarse contra la revista. Porque ésta fue la que descubrió que la Sindicatura de Cuentas de Cataluña había ocultado un informe donde quedaba al descubierto que el señor Crespo y señora, y otros canallas de su ralea, se habían beneficiado de más de dos millones de euros del sistema sanitario público catalán. Y luego recortan, ¿saben?

Yo estoy con cafeambllet.com, no sé ustedes.

Pongamos las cosas fáciles a la corrupción



El Gobierno de la Generalidad de Cataluña ha presentado ante el Parlamento de Cataluña cambios en la regulación de las fundaciones, sobre la que tiene competencias según la Ley del Libro Tercero del Código Civil. Ha solicitado una tramitación urgente.

Convergència i Unió, el grupo parlamentario que apoya al gobierno, y el Partido Popular, el grupo que permite que gobierne el gobierno, han hecho posible que este trámite se haga deprisa y corriendo y a la chita callando. Ambos grupos parlamentarios a una han echado por tierra la regulación que hizo de las fundaciones el Trist-partit, digo, el Tripartit. En efecto: en 2008, PSC, ERC e IC-V impusieron mecanismos de control sobre las fundaciones, que se estaban yendo de madre.

Ahora, gracias al impulso de la derecha (PP) y la extrema derecha (CiU), es posible crear una fundación con un menor desembolso inicial. Además, uno podrá ser patrón de la fundación, tener una empresa y conseguir que la fundación contrate a esa empresa para lo que sea. Bastará con que el patrón diga que el contrato es necesario firmando una declaración responsable. El patrón también podrá cobrar dinero de la fundación, por su trabajo en ella. La figura de la declaración responsable aleja del control de la Generalidad de Cataluña el funcionamiento de las fundaciones.

En pocas palabras, cuando sale a la luz el nauseabundo mundo del cobro de comisiones a través de las fundaciones (Trias Fargas, CatDem, Carulla, Bagó, Palau de la Música, Hospital de Sant Pau...) y es evidente que existe la figura de la fundación con ánimo de lucro, sea éste lícito o ilícito, en vez de poner remedio a la gangrena, echan mierda en la herida.

Está claro que algunos no quieren morder la mano que les da de comer.

¡M’han encontrao el peluco!

La historia del carísimo reloj de Rafael Nadal, el misterio del tourbillon perdido, ha llegado a su (aparente) fin. Gracias a la tarjeta magnética que hace de llave en las habitaciones del hotel, la policía ha podido pillar a un camarero que, finalmente, ha confesado haberse llevado el reloj consigo en mala hora. No podemos dar más detalles del suceso, ni recrearnos en él, porque el crimen es algo triste cuando abandona la ficción y se presenta real ante nosotros.

En todo caso, persiste la fealdad del peluco.

¡Se m’han llevao el peluco!



Uno de los patrocinadores del tenis de Rafael Nadal, el campeón de Roland Garrós, no gana para disgustos. Se trata de la empresa relojera Richard Mille, que sacó a la venta en 2010 una serie limitada de cincuenta relojes, el RM 027 Nadal Tourbillon. Cada uno de estos relojes cuesta más de medio millón de dólares, que en euros sale un pastón. Nadal luce el peluco en las fiestas de postín, y como es grande y feo, se ve de lejos y se da a conocer.

Resulta que el tenista lleva dos victorias en el Roland Garrós. Las dos veces le han robado el reloj, que había quedado esperando al campeón en la habitación del hotel. En Richard Mille no dicen nada: el robo añade publicidad a la marca, pero la broma cuesta cara.

El RM 027 Nadal Tourbillon ha ganado varios premios de las autoridades suizas y en concursos internacionales. No por bonito, sino porque emplea una tecnología que tira para atrás y se considera que su contribución a la relojería suiza es digna de mérito.

¿Pero qué tecnología ni qué niño muerto, si va a cuerda? ¿Que no se han inventado las pilas?

Sí, es verdad, hay que darle cuerda, pero eso ahora vende, por ecológico y tal. Mejor darle cuerda que gastar pilas, que son malas, malísimas, y están en manos de multinacionales desalmadas que sabotean constantemente la fabricación de relojes de cuerda.

Los relojeros apreciarán que el reloj tiene una complicación...

¡Qué complicación ni qué niño muerto! Lo único complicado es poder pagarlo. Por lo demás, tiene dos manecillas; una señala las horas y la otra, los minutos. ¿Complicado? ¡Quiá!

Eh, sí, los aficionados son muy raros. Pudiendo apreciar la simplicidad, prefieren la complicación, y por eso aprecian que el reloj lleve un tourbillon, que es un mecanismo que gira y se mueve y no sé qué más hace ni para qué sirve, pero es complicado de cojones (perdón) y queda la mar de bien entre tantos engranajes. Además, tiene una espiral de inercia variable, una cuerda de carga rápida, que sale a seis horas por giro de la corona, tornillos de titanio de grado 5 de máxima precisión... La repera. Tiene un depósito... digo, una reserva de marcha de 48 horas.

De su diseño hablaremos otro día. Baste decir que no es pequeño, porque si uno paga más de medio millón de dólares, IVA aparte, por un peluco, querrá que se le note. La caja mide 48 x 39,7 x 11,85 mm. Y, ahí reside toda la gracia del RM 027 Tourbillon Nadal, no pesa casi nada. El calibre (el motor) pesa apenas 3,83 gramos; con caja, unos 13 gramos; con correa y todo, apenas 20 gramos. Es el tourbillon más ligero de la historia. Considerando que un reloj normalito (y más barato) pesa más de 80 gramos y si además funciona puede llegar a los 120 gramos (el tiempo es oro, y el oro pesa lo suyo), el RM 027 Tourbillon Nadal no pesa casi nada.

Richard Mille lo ha conseguido empleando una aleación de titanio y un aluminio aleado con litio, cobre, magnesio y zirconio que llaman lital (marca registrada), que se emplea en raras ocasiones y siempre en el ámbito aeroespacial. Ningún reloj de la competencia puede presumir de pesar tan poco...

...excepto los de plástico a pilas, que se venden a veinte euros y son tanto o más precisos que el RM 027 Tourbillon Nadal. ¡Vaya con el capricho ése!

Pero ¡qué aberración ha dicho, hombre! Como le oiga un aficionado a los relojes... La cuestión es que el RM 027 Tourbillon Nadal es tan ligero, tan ligero, que basta un ladrón para que salga volando.

Lo que hay que ver.

Sí, en efecto, lo que hay que ver.

Il cannolo siciliano



Ay... El curso de la Operación Bikini sufrió ayer un serio revés cuando, al pasar por delante de una tienda especializada en comestibles importados de Italia, descubrí que vendían cannoli siciliani recién llegados. Un impulso arcano, un instinto depredador, una ansia desconocida, me precipitó al interior de tan insigne comercio, donde adquirí e inmediatamente devoré, uno de esos cannoli.

¿Me arrepiento? ¿Cómo voy a arrepentirme? ¡Jamás! Porque la vida es para vivirla o morir en el intento.

El cannolo es un dulce carnavalesco, llamado así en Italia porque es típico del Carnaval. Un cannolo es un pequeño tubo (la canna) de una pasta frita (que recuerda al barquillo) que se rellena con requesón azucarado y aromatizado (en propiedad, ricota). Es frecuente que los cannolieri (los que preparan los cannoli) utilicen también chocolate, pistacho o algún que otro licor para añadirle un gustito singular, y cada cual tiene su propia receta. Dicen que el cannolo siciliano tiene origen árabe, yo qué sé. Pero sé que del cannuliccho (un cannolo no más grueso que un dedo) a los cannoli della Piana degli Albanesi (Palermo), que suman cada uno un palmo del mejor cannolo, hay un mundo entero por descubrir y saborear. Recuerdo con especial emoción (se me saltan las lágrimas ahora, cuando escribo) los cannoli de una pastelería de la Via Solferino en Roma, que traían de Sicilia y se agotaban en un pispás.

Cuando, en la tercera entrega de El Padrino, veo morir a don Altobello, cannolo en mano, escuchando la Cavalleria Rusticana, siento una profunda envidia.

Meter la cabeza dentro de un calcetín alivia el estrés (IV)


Pero... ¿qué?

Respondamos a una pregunta: ¿cómo pincharon a las ratas durante el experimento?

Dejemos que la profesora Eshkevari responda. Explica que indujo a las ratas de su laboratorio a construir su nido en la punta de un calcetín. A las ratas les gusta la penumbra. En el calcetín se sentían seguras. Cuando metían las jaulas en el hielo picado, las ratas corrían a meterse dentro del calcetín y, dice la profesora, las patas traseras de las ratas quedaban al descubierto.

El zusanli (el punto ST36) quedaba al descubierto. La cola, también.

El calcetín acabó hecho polvo, ya que fue compartido por todas las ratas sometidas a la prueba, atraídas por el olor de sus congéneres, un aroma que también les generaba seguridad. Al final del experimento, el pobre calcetín tenía un aspecto desastroso, cuenta la profesora Eshkevari.

A la vista de esta revelación, el resultado del experimento toma un cariz bastante diferente.
  1. Las ratas no estresadas viven contentas y felices y tienen un bajo nivel de NPY.
  2. Las ratas estresadas que no disponen de calcetín acaban con el NPY por las nubes.
  3. Las ratas estresadas que disponen de calcetín, corren a refugiarse en él. Eso las tranquiliza. Entonces, un grupo recibe un pinchazo en la cola, y ese pinchazo eleva su nivel de NPY; otro, recibe un pinchazo en el supuesto punto ST36, y su NPY crece moderadamente.
Conclusiones:
  1. A las ratas les duele que las pinchen en la cola, y el dolor provoca estrés.
  2. La cola es más sensible que el punto ST36.
  3. En todo caso, queda fuera de toda duda que meter la cabeza dentro de un calcetín alivia el estrés de las ratas.
Como en todo caso la muestra es pequeña y el experimento tiene que ser replicado y criticado, y sometido a pruebas de falsabilidad, como ahora mismo no es significativo, sino indicativo, tenemos que tomar algunas precauciones antes de asegurar nada. Pero nos atrevemos a afirmar que la terapia del calcetín funciona. Al menos, en las ratas.

Meter la cabeza dentro de un calcetín alivia el estrés (III)



El experimento de la profesora Eshkevari despierta nuestra curiosidad. Provoca varias preguntas muy interesantes. En primer lugar, ¿cómo se provoca el estrés en una rata?

La profesora Eshkevari preparaba unas bañeras con hielo picado y depositaba las jaulas de las ratas que quería estresar en esas bañeras una hora al día. Eso provoca estrés en las ratas y en cualquiera. Pregunten, si no me creen, al técnico de mantenimiento del aire acondicionado de la oficina. La profesora lo llama estrés por enfriamiento.

El punto débil del experimento de la profesora Eshkevari es que no se sabe nada con certeza del Chi de las ratas y que los meridianos ésos donde uno tiene que pinchar no se sabe muy bien por dónde caen. La superficie de un roedor es un misterio acupunturista.

Así que la profesora supone que el punto ST36 de la rata está más o menos donde está el ST36 del ser humano, justo debajo de la rodilla, en el zusanli (a tres distancias del pie, según el chino mandarín). No es la primera vez que en los experimentos de acupuntura con ratas se pincha en la rodilla trasera, cuando no se pincha directamente en el estómago. Simplemente, es lo más fácil de pinchar. Pero el tamaño de la rata y su resistencia a ser pinchada (las ratas no son tontas) hace sospechar que, de ser cierto que las ratas tienen un ST36, y de ser cierto que ese ST36 está donde dicen que está, la mayoría de los pinchazos no habrán ido a parar al ST36 ratonil, sino por ahí cerquita, más arriba, más abajo, en cualquier parte. La profesora no puede asegurar que pincha en el ST36 siempre o casi siempre.

¿Y la falsa acupuntura?

Como los mapas de los meridianos de los acupuntores no incluyen la colita, porque el ser humano prescindió de ella hace millones de años, la profesora Eshkevari supone que endiñarle a la rata una aguja en el rabo será practicar falsa acupuntura. No se lo piensa dos veces y ése es su proceder.

¿Cuáles son los resultados del experimento?
  1. Las ratas que hacen una vida normal tienen un nivel de NPY normal.
  2. Las ratas estresadas que no son tratadas con electroacupuntura tienen un nivel de NPY elevado.
  3. Las ratas estresadas que reciben (falsa) electroacupuntura en la cola tienen un nivel de NPY elevado. Siguen teniéndolo cuatro días después, sin ser pinchadas en la cola.
  4. Las ratas estresadas que reciben electroacupuntura en el (supuesto) punto ST36 no muestran niveles de NPY tan elevados como el resto de ratas estresadas, y puede afirmarse que existe una correlación del 95% entre el tratamiento y una disminución del nivel de NPY.
Ergo, dice la profesora Eshkevari, la (electro)acupuntura reduce los niveles de una proteína asociada al estrés. C’est voilà!

Pero...

Meter la cabeza dentro de un calcetín alivia el estrés (II)



Ladan Eshkevari es profesora auxiliar del Programa de Anestesia para Enfermeros de la Escuela de Estudios de Enfermería y Salud, e instructora clínica de enfermería, en Georgetown. Es enfermera anestesista titulada... y acupuntora titulada, tras estudiar medicina tradicional china durante seis años (no se especifica dónde estudió ni quién la tituló en su currículum oficial). Es una de las profesoras del programa del Máster de Medicina Alternativa y Complementaria de la Universidad de Georgetown, donde antes había obtenido el título de fisióloga en el Departamento de Fisiología y Biofísica de la Facultad de Medicina.

Su área de investigación, a decir de la Universidad de Georgetown, es la identificación de marcadores fisiológicos del estrés que sean alterados por la acupuntura. Sus alumnos valoran sus clases en un 2,4 sobre 5.

En diciembre del año pasado, la profesora Eshkevari publicó un estudio on-line en la revista Experimental Biology and Medicine. Según sus propias palabras, es el primer estudio que muestra una prueba molecular (sic) de que la acupuntura reduce el estrés.

El artículo se titula Acupuncture at ST36 prevents chronic stress-induced increases in neuropeptide Y in rat; sus autores son Ladan Eshkevari, Rupert Egan, Dylan Phillips, Jason Tilan, Elissa Carney, Nabil Azzam, Hakima Amri y Susan E. Mulroney. El experimento fue subvencionado con una beca del Centro de Salud Nacional de Medicinas Complementarias y Alternativas de los Estados Unidos, que ha hecho y sigue haciendo mucha publicidad del experimento, como si no hubiera otro.

La profesora Eshkevari empleó, propiamente, electroacupuntura. En este caso, el acupuntor hace pasar una pequeña corriente eléctrica por la agujita (lo que teóricamente estimula el Chi). Es la orientalización del galvanismo, dígase así.

La tesis del estudio es la siguiente: Una proteina, la NPY (neuropéptido Y), se asocia al sistema simpático. Cuando el nivel de estrés es elevado, el nivel de NPY en la sangre, también. Se supone (hipótesis) que el NPY contribuye a la respuesta fisiológica en situación de estrés. Si la electroacupuntura ayuda a reducir el nivel de estrés, reducirá los niveles de NPY (hipótesis). Las ratas serían punzadas y estimuladas en el punto Estómago 36 (ST36) para comprobarlo.

Las ratas participantes en el experimento se dividen en cuatro grupos: un grupo de ratas harán vida normal, como de costumbre; otro grupo de ratas serán convenientemente estresadas, pero no recibirán tratamiento alguno; el tercer grupo de ratas será estresado y recibirá un tratamiento de falsa acupuntura, que consistirá en pincharles en la cola; finalmente, el cuarto grupo de ratas será estresado y luego pinchado y estimulado en el punto ST36. Las ratas serán estresadas durante catorce días (con pinchazos) y cuatro días más (sin pinchazos). Se medirá el NPY después de los catorce primeros días y cuatro días después.

Pero ¿cómo se provoca el estrés en una rata? ¿Cómo es la (electro)acupuntura ratonil? ¿Cuáles fueron los resultados del experimento? ¿Cómo se analizan críticamente y qué conclusiones pueden extraerse del mismo?

Véase en la próxima entrada sobre el caso.

Meter la cabeza dentro de un calcetín alivia el estrés (I)



Antes de hablar del asunto del calcetín, hablaremos de la acupuntura natural (o tradicional) china.

Esta práctica se basa en la existencia de unos meridianos o líneas que dibujan el cuerpo humano por las que corre el Chi (o Qi), la fuerza vital, un flujo de energía. La palabra Chi, en chino, es la que se emplea para nombrar el vapor que desprende la sopa caliente, lo que muestra muy gráficamente la naturaleza de esa energía indefinible, etérea... El objetivo del acupuntor es pinchar en puntos clave de estos meridianos para equilibrar el Chi, porque es el desequilibrio del Chi lo que le pone enfermo a uno.

El fundamento del equilibrio del Chi es la visión filosófica de un mundo dual, donde dos fuerzas contrarias tienen que mantenerse en equilibrio para que exista paz y harmonía. Si gana una de las dos, la cosa se tuerce. Esta visión del mundo la comparte la cultura china con la egipcia, por citar otra entre muchas.

El problema al que se enfrenta la acupuntura es que no se conoce ninguna estructura o relación funcional del cuerpo humano que coincida con esos meridianos, aunque éstos se dibujen a tal o cual distancia de tal característica anatómica. El Chi también tiene miga. Todo hace suponer que el Chi sólo existe en la imaginación, porque no existe ninguna evidencia empírica (ninguna) que soporte la existencia del Chi o su flujo a traves de esos meridianos o de otros cualesquiera. Cuando se habla de energía, ¿de qué energía se habla? El misterioso Chi elude cualquier medición: no es químico ni eléctrico ni mecánico... Sea lo que sea, si es, no produce ningún efecto físico. El Chi es como la Fuerza de los caballeros jedi, tiene el mismo fundamento. De hecho, el Chi es lo que hace fuerte a Son Goku y sus amigos.

A la vista de los conocimientos médicos y la experiencia clínica, la teoría de la acupuntura tradicional china no se aguanta en pie.

La teoría no funciona, de acuerdo. Pero ¿qué hay de la práctica? Porque cabe la posibilidad de que la práctica funcione, aunque no sepamos por qué. Por eso conviene ahora ir con más cuidado, porque no hay que confundir la acupuntura con otras cosas que se le parecen, pero que no son acupuntura.

Si un paciente acude a un especialista con un tirón muscular o la musculatura muy tensa, es posible fascicular el músculo con un pinchazo en una conexión neuromuscular, allá donde el nervio se conecta con el músculo. Cuando la aguja toca el nervio, éste reacciona provocando una convulsión. Duele muchísimo; el músculo reacciona con una hiper-contracción; enseguida se relaja; entonces llega un gran alivio. Es una práctica que conocen los masajistas (en vez de pinchar, aprietan con el dedo) y que cuenta con una larguísima tradición que se cuenta por siglos. Puede provocarse en una rata, pinchándole cerca de la rodilla (recuerden esto).

Pero nada del fascicular tiene que ver con el Chi ni con los flujos de esa energía misteriosa que van de aquí para allá ni con los meridianos ni con nada parecido. Los mismos acupuntores no consideran esto como acupuntura, aunque algunos practicantes de la acupuntura utilizan esta técnica en algunos de sus pacientes, para poder arrogarse con un efecto inmediato y visible de su saber milenario. Porque, me remito a la Sociedad China de Acupuntura de ahora en adelante, pinchar un nervio sería (es) un efecto secundario no deseado en la práctica de la acupuntura. Más exactamente, es uno de los riesgos de esta terapia.

Porque andar pinchándole a uno con agujitas tiene sus riesgos. Uno de cada seis tratamientos de acupuntura provoca efectos secundarios; los más comunes son, por orden, daño en la zona del pinchazo, picor e hinchazones, tocar un nervio (lo que decíamos), infección de la zona pinchada, etc. Algunos acupuntores desalmados insinúan que los frecuentes escozores producto de sus tratamientos son causados por el Chi, que se (re)activa con los pinchazos; en realidad, son efectos traumáticos de una lesión.

Llegados a este punto, algunos estudios señalan que la acupuntura es efectiva en algunas dolencias, pero prácticamente todos ellos se basan en experimentos mal diseñados, poco significativos estadísticamente o de mala calidad. Resulta difícil reproducirlos o cotejarlos con otros estudios similares, y sus datos son poco fiables o significativos, apenas son indicativos. Una lástima.

Otros estudios bien fundamentados señalan que los posibles beneficios de la acupuntura son los mismos pinche uno por donde pasa el Chi o pinchando en cualquier otra parte. En estos casos, se asocia la liberación de adenosina (que se libera al romper células en un proceso traumático) con el efecto analgésico local que se produce (cuando se produce).

Los meta-análisis de la práctica clínica concluyen que los efectos de la acupuntura no se distinguen del efecto placebo. En otras palabras, que uno se cura lo mismo le pinchen o no le pinchen, o le pinchen aquí o allá. En prácticamente todos los estudios se añade que el ritual de pincharle a uno, teatral y elaborado, lleva consigo un fuerte efecto psicológico que dificulta el aislamiento del efecto placebo e influye en el experimento.

En resumen: la teoría no tiene fundamento y la práctica produce beneficios que no pueden disociarse del efecto psicológico del ritual sobre el paciente, pero que no son en absoluto concluyentes.

Por eso, la profesora Eshkevari quiso romper una lanza en favor de la acupuntura, demostrando que ésta ayuda a reducir el estrés. Pronto veremos cómo.

Los prusianos, al rescate



Un amigo mío, sobre el asunto del rescate financiero.

«Esto es como Waterloo, chico. Los ingleses aguantando al pie del cañón, quemando todas sus reservas, una tras otra, aguantando, que es gerundio. Los franceses, por su cuenta, echando una detrás de otra todas las formaciones contra los ingleses. Cuando los ingleses ya no tienen fuerzas para resistir y los franceses echan el resto, porque ya no tienen otra cosa, llegan los prusianos, los alemanes de aquel entonces, al rescate. Napoleón tiene que salir por piernas y Wellington gana la batalla.»

«Entonces, el rescate es bueno, ¿verdad? ¡Ganamos la batalla!»

«Pero a ti ¿quién te ha dicho que somos los ingleses?»

Añado que mi amigo lo ve todo muy negro. Negro, como el uniforme prusiano.

Gran Premio del Canadá 2012 (de primeros a quintos en un pispás)



¡Cómo está el Campeonato del Mundo! Siete carreras y siete campeones, sin repetir uno. Esto no se daba desde hacía mucho tiempo. De verdad que es un campeonato divertido.

Más divertido sería si ganase Ferrari, pero ¡qué le vamos a hacer! Ayer corría el Ferrari de Fernando Alonso en primera posición y el equipo decidió arriesgarse y ahorrarse un cambio de neumáticos. Todo iba muy bien hasta que, a poquitas vueltas del final... En fin, que los neumáticos perdieron agarre y el bólido comenzó a perder tiempo en cada curva. Al final, no le adelantó la camioneta del tío Braulio porque se acabó la carrera. Alonso acabó quinto; Massa, décimo. Al menos, me consuelo, puntuaron los dos.

Ganó Hamilton, y fue un carrerón.