Foc a la bèstia!


Foc a la bèstia!, reclaman los mozos, pues no irán a guardar las bèsties fogueres en el Ayuntamiento sin quemar antes las carretillas que han sobrado, que no son pocas. Lo que comenzó como un bis improvisado, se ha convertido en tradición, y hoy no guardan ni gigantes ni grifos ni dragones que antes no hayan bailado con los mozos, que antes no hayan quemado toda la pólvora sobrante, aunque den las tantas de la noche y ninguno pueda con su alma.


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