Con amplio apoyo popular


Les invito a leer otro de mis artículos en Metrópoli Abierta, con el que podrán o no estar de acuerdo. Sólo espero que les entretenga y les dé en qué pensar. Se titula Con amplio apoyo popular.

Vamos por mal camino



En Barcelona, un grafito en la persiana de un bar, no muy lejos de la Delegación del Gobierno. 

El grafito dice: Cap democrac[ia] ens farà lliures.

Traduzco: Ninguna democracia nos hará libres.

Vamos por mal camino.

Olvidado rey Gudú



Ana María Matute nació y murió en Barcelona y fue una escritora como la copa de un pino, dicho coloquialmente. Miembro de la RAE, galardonada con el Premio Cervantes y el Premio Nacional de las Letras Españolas, publicó en 1996 Olvidado rey Gudú, que ella misma consideraba su obra favorita. La novela fue depositada en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes en 2009, un honor extraordinario. Pero no es para menos, porque Olvidado rey Gudú es simplemente brillante, inmensa.

Tan pronto se publicó, tan pronto lectores como críticos vieron que tenían algo extraordinario entre manos. Y no voy a contradecirlos. Es un libro de muchas páginas, pero ninguna de ellas sobra. Se lee sin prisas, pero con muchas ganas de seguir leyendo, tal es la magia de una tensión dramática sabiamente administrada, de un ritmo que no decae (pausado, si quieren, pero constante, que acelera cuando toca), de una poesía (y una finísima ironía) presente en todo el texto, tan bellamente escrito.

El argumento es casi lo de menos. Se narra el nacimiento, crecimiento, auge y caída del reino de Olar, de cuya historia será protagonista el gran (y olvidado) rey Gudú. En la historia, como quien no quiere la cosa, se mezclan seres fantásticos con personajes de carne y hueso. Es un cuento mayúsculo y maravilloso, y digo cuento sin ánimo de faltar, sino como alabanza, pues transmite la fascinación (ésa es la palabra) que producían los cuentos que nos encandilaban cuando niños.

No puedo decir más que es una obra soberbia.

El grito de don Manuel


Como digo en este artículo:

Las tiranías de todo signo y condición se distinguen de los regímenes civilizados por dos lemas recurrentes, con sus variantes locales. Uno de ellos dice, poco más o menos, «El Pueblo soy yo» o «nosotros» y el otro, «La calle es mía».

Se publica en Metrópoli Abierta y se titula El grito de don Manuel

Espero que les guste. Si no les gusta, espero, al menos, que les dé en qué pensar.

Caravaggio - Una vida sagrada y profana



Publicado por Taunus hace ahora un año, traducida por Belén Urrutia, Caravaggio - Una vida sagrada y profana, de Graham-Dixon, pasa por ser la última biografía de Caravaggio. Última va en cursiva porque ni será la última ni mucho menos la definitiva, y no porque sea mejor o peor que otras, sino porque la biografía de Caravaggio da para muchas versiones y los estudios caravaggescos avanzan cada día un poco, proporcionando algunas novedades sobre las que discutir en las largas sobremesas caravaggistas. Estudios sobre Caravaggio los hay a porrillo, técnicos y detallados, y también ensayos más o menos rigurosos y divulgativos. Éste, el de Graham-Dixon, tiene sus méritos y algún defecto, como era de esperar. Pero, así, en resumen y en general, está bastante bien.

Si me quejo, no me hagan demasiado caso. Desde que leí los Estudios sobre Caravaggio de Friedlander (todo un clásico del caravaggismo) he leído de todo. Tengo en casa los catálogos de tres importantes exposiciones que he visto con éstos mis ojos, la de Barcelona en 2005, la de Roma en 2010 (no se verá nada igual en muchos años, ni se veía desde aquélla que organizó Longhi) y la más reciente de París. Aparte, tengo la obra de Friedlander, claro, y las de Lambert, König, Castellotti, Schütze, Robb y Langdon, más algunos ensayos de diversos autores, unos más técnicos que otros (entre los que destacaría las reflexiones de Luis Antonio de Villena, altamente recomendables para cualquiera) y alguna novela. Con todo esto en mi bagaje, puedo permitirme el lujo de disentir en algún punto de lo que piense Graham-Dixon, como también cederle la razón.

Leí, tan pronto como se publicó, los capítulos del libro que relatan la estancia de Caravaggio en Roma, antes del famoso duelo, pelea o desencuentro con Tomassoni, por razones que no vienen al caso. Ahora he vuelto a leer todo el libro, y por eso lo reseño ahora. 

Desde mi punto de vista, los puntos más interesantes de esta nueva biografía de Caravaggio son: 

a) Su relación con la Chiesa dei Poveri surgida durante la Contrarreforma, promovida por Carlos Borromeo y de larga tradición en Italia (aunque el Oratorio de Neri apenas se menciona y es también muy importante para comprender el discurso de Caravaggio). En este punto, Graham-Dixon se mueve con precisión y certidumbre y dice cosas muy interesantes.

b) El homicidio que Caravaggio comete contra Ranuccio Tomassoni. ¿Una pelea ocasional? ¿Algo enquistado que un día estalla por una discusión cualquiera? ¿Algo premeditado? Graham-Dixon plantea y defiende la teoría de un duelo entre Caravaggio y Tomassoni que, cuando el segundo cayó herido de muerte, se fue de madre y acabó en una pelea más generalizada, en la que el pintor resultó también malherido. Es difícil, atendiendo a lo que sabemos, decir qué ocurrió en realidad. Algunas escenas de la biografía de Caravaggio (de ésta o de prácticamente cualquier otra) tendría que escribirlas más un novelista que un historiador, porque se basan en pocas pruebas y necesitan un relato. Aunque la idea de un duelo formal es atractiva y razonable, además de convincente, prefiero otras, como las de un encuentro entre bandas rivales que empezó mal y acabó peor. Pero, ya les digo, no me hagan mucho caso.

c) Su problema en Malta (¿por qué fue arrestado por los caballeros de la Orden de Malta? ¿por qué tuvo que huir de la isla? ¿quién le ayudó? etc.) está explicado con nuevos datos que echan por tierra algunas de las teorías más inverosímiles (pero tan atractivas como novelescas) de, por ejemplo, Robb. Parece ser que hubo ciertas discrepancias entre unos músicos y unos caballeros... y hasta aquí podemos leer. La novedad de esos datos que digo ha hecho que lea con sumo interés esta parte de su biografía.

d) Uno de los mejores puntos del libro es su interpretación y lectura de algunas de las obras de Caravaggio. En algún momento es simplemente espléndida y sutil. 

Si usted no ha leído nunca una biografía de Caravaggio, ésta está muy bien y le servirá de mucho para conocer tanto la importancia como las circunstancias de su obra. Si ya sabe alguna cosa, verá que algún capítulo se ve superado por la biografía de Helen Langdon y algún otro es deudor de la del clásico Friedlander, y que Robb, aunque en algunas ocasiones novela más que biografía, sabe darle al ensayo un tono más novelesco, y perdonen la redundancia. 

En el asunto de la sexualidad del pintor, Graham-Dixon se encuentra incómodo señalando la homosexualidad de Caravaggio y se saca de la manga un palabro nuevo, omnisexualidad. A grandes rasgos y sin entrar en detalles ni negar la mayor, coincide conmigo en constatar que el pintor seguramente trató con hombres, mujeres y niños a lo largo de su vida. Es un tema de debate muy abierto, el de la sexualidad de Caravaggio.

También agradecerá el lector, si ya conoce el asunto por otras lecturas, las nuevas noticias de los últimos estudios sobre el pintor, aparte de nuevos puntos de vista. Quizá encuentre a faltar dataciones o datos más técnicos, pero, qué quieren que les diga, en un ensayo como éste no son imprescindibles.

Me guardo para mí algunos puntos en los que no estoy del todo de acuerdo con Graham-Dixon y algunas omisiones que creo significativas, pero eso no importa para nada a la hora de recomendar a cualquiera que quiera saber quién era Caravaggio y por qué es tan importante este libro, porque consigue un buen equilibrio entre la divulgación y el rigor debido. 

Es una biografía de Caravaggio muy recomendable, especialmente para quien quiera introducirse en el mundo del caravaggismo.

El Día del Orgullo Barroco


Este año me he sumado a una curiosa iniciativa en las redes sociales, el Día del Orgullo Barroco (#OrgulloBarroco en Twitter). Para difundir la iniciativa (que no pretende más que reivindicar el arte y la belleza, y difundir tanta maravilla) he escrito este artículo para Metrópoli Abierta.

Se llama (cómo no) El Día del Orgullo Barroco.

Espero que les guste, como espero que la iniciativa tenga todo el éxito que merece.

Imaginería popular


Fotografiado in situ, en Sant Feliu de Llobregat. No sé si se trata de un chiste o de un diagnóstico, pero, en todo caso, certero. Molestará a más de uno, también.


Au revoir, Paris


Un Concorde decorando el aeropuerto Charles de Gaulle.
Anochecía y el vuelo iba con retraso.

Todo lo bueno se acaba y mientras celebraban los fastos del centenario del final de la Gran Guerra yo deshacía las maletas ya de vuelta en casa. 

Fue una semana muy intensa, ya lo han visto. Corrí de aquí para allá tan excitado como un niño ante una avalancha de regalos la mañana de Reyes. La exposición de Caravaggio, el Arco de Triunfo, el Louvre, los Inválidos... ¡Qué sé yo! Era mi primera vez en París y quedé deslumbrado.

Todavía estoy haciendo la digestión.

Soy turista y cedo ante la tentación.
Como todos.

Comer en París


Tuve la suerte de tener, en los alrededores de mi hotel, un gran y enorme surtido de restaurantes, cafés, bistrós y tabernas de toda clase y especie. Desde una brasserie de postín que exhibía una carta que quitaba el hipo (¡qué precios, Dios mío!), pasando por varias marisquerías, restaurantes vegetarianos, un par de chinos, otro par de comida tradicional francesa, uno italiano... hasta el inevitable McDonald's, que evité a cualquier precio.

No, en París no se come mal, todo lo contrario. El problema es el precio, claro. Pero si uno se conforma con el menú o con el plato del día, pagará más o menos lo mismo que pagaría aquí. Eso sí, admiro el cuidado que ponen en el comer en los locales que visité. Incluso un mediodía que me conformé con un bocadillo y un plato de sopa calentita por cuatro perras, salí encantado del lugar. Y el día que me regalé con una buena cena ni les cuento. 

Si no pides una bebida en concreto, es costumbre servirte una jarra con agua del grifo, sin sobrecoste. El pan suele ser excelente y si tiene la suerte de tropezar con un buen croissant llorará de pena y añoranza una vez de vuelta a casa, preguntándose, por favor, cómo pueden llamar croissant a eso que nos sirven aquí. (Algo parecido sucede cuando pides un café después de haber visitado Italia).

A modo de ejemplo, fotografié mi última comida en París, en un café cerca del Panteón. No suelo fotografiar lo que como (lo encuentro de mal gusto), pero esta vez hice una excepción. Aquí les muestro.

Primero, una crema de verduras calentita, que se agradece.
Tampoco diría que no a su simple, sencilla y riquísima sopa de cebolla.

Un pescado con verduritas y una salsa que...

No hace falta que diga nada más, ¿no?

Una créme brûlée, que aquí llamamos crema catalana porque los franceses son chauvinistas y nosotros, no, ¿verdad? En todo caso, suprema.

París, parques y jardines


Cerca de la explanada de los Inválidos.

París es una gran ciudad. Su área metropolitana (la llamada Île-de-France) tiene más habitantes que el área metropolitana de Barcelona y Madrid juntas. Abundan los extrarradios llenos de edificios à la Corbusier y una población prácticamente marginada y también barrios residenciales de cierto postín. El centro, el París de postales y turistas, es una ciudad diseñada por y para la burguesía desde los tiempos de Haussmann. 

Justo detrás de Notre-Dame.

Eso explica la abundancia de parques y jardines. Algunos son pequeños, surgen en una plaza, en un cruce, casi sin querer. Otros son heredados de los antiguos palacios, como el jardín de las Tullerías o el de Luxemburgo, convertidos en parques públicos y museos al aire libre. 

Jardines de Luxemburgo.

París, en otoño, se viste de colores ocres, amarillos, naranjas y rojos feroces, como si quisiera desafiar a los cielos plomizos que anuncian el próximo invierno.

Son frecuentes (y muy bien recibidos por el turista) los lavabos públicos en parques y jardines.

Jardines de Luxemburgo.

Jardines de Luxemburgo.
De la colección de estatuas de mujeres ilustres.

La Femme aux Pommes (1937), de Terzieff.
Jardines de Luxemburgo.

Jardines de Luxemburgo.
Llueve sobre uno de los estanques.

El Panteón de París


La imponente fachada neoclásica del Panteón.

La iglesia de Santa Genoveva, patrona de París, mandó construirla Luis XV, el de madam Pompadour y la Enciclopedia. Tardaron 26 años en levantarla y la acabaron en 1790. En ésas, ya había estallado la Revolución Francesa y la Asamblea Nacional Francesa decidió convertirla en un mausoleo en honor a los grandes hombres de la patria. Aux grands hommes la patrie reconnaissante, reza la inscripción en lo alto.

Una maqueta de la cúpula modificada del Panteón, bajo la pequeña cúpula de una capilla lateral.

La cúpula, allá en lo alto.

El péndulo de Foucault, que pende de la linterna de la cúpula.
Este experimento demuestra la rotación de la Tierra y la existencia de la fuerza de Coriolis; además, funciona como un reloj de precisión extraordinaria. La Ciencia, protagonista en el Templo Laico.

La cúpula original (semiesférica) fue sustituida por esta cúpula con un gran tambor con columnata y una cúpula más alta que la original. Es más imponente, reconozcámoslo, y ha sido imitada, por ejemplo, por el Capitolio de Washington, D.C. Este mausoleo nacional todavía no había sido consagrado como iglesia cuando se terminó su remodelación (1793) y se convirtió, poco más o menos, en un templo laico. 

En el altar, un homenaje a la Convención Nacional, primer gobierno republicano francés.
No muy lejos, un relicario contiene una copia de la actual Constitución Francesa.

Que no falte la tricolor.
En este caso, preparando el centenario del final de la Gran Guerra.

A lo largo de los años, a medida que iban alternándose los regímenes, el Panteón fue iglesia y dejó de serlo. Se consagró por primera vez como iglesia en 1806, bajo el Primer Imperio. La monarquía de julio (1830) volverá a echar a la Iglesia del templo, que sería Templo de la Gloria hasta ser luego Templo de la Humanidad en 1848. Pero cuando en 1851 el sobrino de Bonaparte se convierte en Napoleón III e inaugura el Segundo Imperio, el Panteón se convierte una vez más (y exclusivamente) en iglesia católica, porque Napoleón III inauguró un régimen muy conservador. Llegó la Comuna (1871) y el lugar fue desacralizado de nuevo y en él se luchó a muerte durante días. No volvió a ser iglesia, pero en sus paredes se aprecian los períodos en los que gobernaron los partidos del Orden Moral (una derecha carca y ultracatólica, que llenó las paredes de frescos con historias de santos franceses) y su final hacia 1881, cuando, de nuevo, una vez más y parece que definitivamente, el Panteón regresó a su función original y primigenia, la de ser tumba y monumento de los ciudadanos más ilustres de Francia.

El templo, hay que reconocerlo, es espectacular.

Me da envidia el sentido de Estado que tienen los franceses y una envidia que me sobrepasa contemplar un templo laico dedicado a aquellas personas que han hecho grandes cosas por Francia. No imagino nada parecido en España. 


Las galerías de la cripta del Panteón, cementerio nacional.

Los héroes militares tienen su lugar en los Inválidos, aunque aquí también se rinden honores a los caídos por Francia. Pero el Panteón está dedicado a los artistas, escritores, filósofos, poetas, políticos, hombres de negocios, científicos o ingenieros que tanto han hecho por Francia (y por el mundo, si nos ponemos). El matrimonio Curie yace a pocos pasos de Victor Hugo, Alejandro Dumas y Émile Zola; ahí yace Condorcet; ahí Voltaire, y Rousseau; ahí al lado Simone Weil, Louis Braille... El mariscal Lannes, quien dicen que fuera el único (o mejor) amigo de Napoleón Bonaparte fue enterrado en el Panteón en 1809 por orden del Emperador. Un día relataré su trágica muerte, pero hoy me limitaré a señalar que su tumba sigue llena de flores (como las del matrimonio Curie o las tumbas de Hugo y Dumas).

La tumba de Voltaire, enfrente de la de Rousseau.
Ambas son prácticamente idénticas.


La tumba del mariscal Lannes destaca sobre muchas otras.
Sólo hay que verla.

Un viejo amigo y conocido.

El sarcófago que contiene los restos de Dumas.

Condorcet, víctima del Terror.

Otro gran escritor.

Zola comparte habitación con estos dos inquilinos.
¡Qué tertulias deben de darse ahí...!

Fue (al menos para mí) una visita muy emocionante. ¡Tantos conocidos ilustres...! Al salir, compré las Cartas Filosóficas de Voltaire en francés, en una edición de bolsillo a precio ridículo. También me vinieron ganas de cantar la Marsellesa y tomar la Bastilla, pero pude contenerme.

La Sorbona y la zona universitaria


La famosa Sorbona.

Telescopios en la Facultad de Física.

Uno de los patios de la Sorbona.



La primera Escuela de Arquitectura de Francia.

Grafito muy propio en la calle de la Escuela de Medicina.

Pasillos del aulario de la Escuela de Medicina.

El Museo de la Edad Media, en la zona universitaria. 
Una maravilla que no tuve tiempo de visitar. Qué pena.

Algunas calles de París



Lo que apetece al visitante, las más de las veces, es pasear y entretenerse mirando el devenir de una gran ciudad. Si esa ciudad es París, tropezará con tantos nombres que hacen o han hecho historia, o forman parte de ella, y con vistas que parecen sacadas de una película o una novela de las de antes. El turista deja volar la imaginación, que para algo la tiene escondida entre las dos orejas.