El primero de verdad (II)


Hablábamos del primer reloj de pulsera que viajó al espacio exterior. Casi todo el mundo cree que fue el que llevaba Yuri Gagarin en la muñeca, un Sturmanskye con un calibre especial (y, a partir de ese momento, espacial) de 17 rubíes. Pero ya anuncio ahora que no fue ése. 

También hablamos de la bomba atómica, del inicio de la Guerra Fría y de la fabricación de cohetes. Todo eso ¿qué tiene que ver con el reloj que digo? ¡Tranquilos! Poco a poco nos vamos acercando.

Tenemos a un lado la bomba atómica y al otro, un cohete balístico, capaz de transportar una carga considerable en una parábola con un alcance de 100, 200, 1.000 km... Si el cohete fuera más potente, podría llegar a situarse en la órbita terrestre. Desde una órbita ¡podría sobrevolar cualquier parte del planeta! Atención, que si, además, pudiera transportar una carga mayor, podría llevar consigo una bomba atómica y entonces el enemigo no tendría dónde esconderse. 

Dos y dos son cuatro. Los EE.UU. y la Unión Soviética se lanzaron de cabeza a construir bombas atómicas más pequeñas (y más potentes) y cohetes más grandes, capaz de cargar más peso a más distancia.

Son los cohetes los que ahora nos interesan.

Soviéticos y norteamericanos sabían que el espacio era la nueva frontera y todos querían conquistarla y dominarla. Un cohete capaz de poner en órbita una carga importante podría servir para situar en órbita un satelite de comunicaciones o uno que pudiera sobrevolar al enemigo y fotografiarlo a discreción. Además, comenzaron a sumarse muchas y diferentes aplicaciones científicas posibles y entre ellas estaba la de enviar un astronauta al espacio. Si uno era soviético, aviso, no enviaba astronautas al espacio, sino cosmonautas. 

Uno de los signos de la Guerra Fría fue la carrera nuclear, horrible y nefasta amenaza, una locura; pero, inseparable de ella (al menos, al principio), arrancó la carrera espacial, que ha sido y sigue siendo uno de los grandes hitos de la historia de la Humanidad. 

Koriolov, uno de los héroes de la carrera espacial.
Un gran ingeniero.

Los soviéticos, al principio, partían con ventaja. Tenían mejores cohetes que los americanos. El genio detrás de esta ventaja era Serguéi Pávlovich Koroliov, que algunos llaman el Von Braun soviético. Bah, no hay color.

Nació en Ucrania, sufrió las hambrunas, fue purgado por Stalin y pasó seis años en un gulag... Pero, a su muerte, en 1966, había sido mil veces condecorado y considerado héroe. 

En 1930 ya diseñaba cohetes; en 1932 ya había diseñados tres motores de cohete de combustible líquido y un año más tarde volaba el primero de ellos. En 1934, publicó un primer trabajo sobre vuelos estratosféricos. Sus trabajos pronto fueron subvencionados por los militares, naturalmente.

Preso por Stalin, ayudó a diseñar el legendario Ilyushin Il-2.

En 1938 sufrió una purga y fue internado en un gulag. Casi perdió la vida y su salud quedó maltrecha el resto de su vida, pero, todavía preso, participó en el diseño de dos aviones legendarios, el Túpolev Tu-2 y el Ilyushin Il-2. En 1944, se le retiraron todos los cargos y, a las órdenes de los serrvicios secretos, se puso a diseñar cohetes otra vez.

Un cohete R-1 en 1947, la versión rusa del A-4 alemán (V-2). 
El equipo para transportarlo, cargarlo de combustible y dispararlo era una mezcla de camiones y máquinas alemanas, norteamericanas y soviéticas, muy variopinta.

Le tocó estudiar los cohetes V-2 capturados a los alemanes en 1945 y diseñar la copia soviética de este cohete, el R-1. Luego diseñó el R-2, que doblaba en potencia y alcance al alemán. Siguieron el R-3, el R-4, el R-5... Todos con miras a ser empleados por los militares.

Un cohete R-7 iniciando el despegue, como el que puso en órbita al Sputnik o a la perrita Laika.

Pero se inició entonces el Programa Espacial Soviético. En 1953, propuso emplear el R-7 para lanzar un primer satélite artificial en la Academia Rusa de las Ciencias, cuatro años antes que los norteamericanos. Cuando éstos propusieron la idea en el Año Geofísico Internacional (1957), los soviéticos respondieron poniendo en órbita al Sputnik, ese mismo 4 de octubre. Los EE.UU. recibieron el primer gol de la carrera espacial, una inesperada bofetada en toda la cara, y en los meses que siguieron, los cohetes de Koroliov siguieron enviando satélites al espacio, mientras los cohetes de Von Braun se hacían añicos intentándolo.

Y nos vamos acercando a lo del reloj, calma.

Sablazos


Aquí va otro artículo escrito en Metrópoli Abierta. Se titula Sablazos y cuestiona la preparación de nuestros líderes patrios o, si prefieren mejor decirlo, su idoneidad para el cargo. Porque, simplemente, no saben muy bien qué hacer ni lo que están haciendo. Espero que les guste. Si no, espero que les haya hecho pensar, al menos.

El primero de verdad (I)


Los científicos soviéticos ya entrevieron la posibilidad de construir una bomba atómica en 1939 y en los años que siguieron (pese a la brutal guerra contra la Alemania nazi que se inició en 1941) los científicos soviéticos lograron importantes avances teóricos sobre la fisión nuclear con uranio-235. Casi al mismo tiempo en que los científicos soviéticos creyeron posible fabricar una bomba atómica, el presidente Rooselvet, de los EE.UU., recibió una carta que cambiaría la historia para siempre.

Einstein y su ayudante, Szilárd.

Esa carta fue la hoy conocida carta Einstein–Szilárd, escrita por Leó Szilárd, en colaboración con Edward Teller y Eugene Wigner, que firmó Albert Einstein y que advertía del peligro del programa nuclear alemán. No era una amenaza cualquiera: los científicos alemanes, bajo el paraguas del nacionalsocialismo, habían conseguido construir un reactor nuclear y estaban procediendo a enriquecer uranio. Cuando estas noticias llegaron a los oídos de los físicos que habían huido de los nazis, saltaron todas las alarmas. Tan pronto comprendieron lo que Hitler pretendía conseguir, corrieron a advertir al presidente Rooselvet. Eso fue el 2 de agosto de 1939.

Aquí unos amigos, posando ante la mascletà más gorda de la historia, hasta ese momento.

Ése fue el origen del ultrasecreto proyecto Manhattan. Seis años después, el 16 de julio de 1945, estallaba la primera bomba atómica en Alamo Gordo, Nuevo México, en los EE.UU. En agosto, Japón se rendía, después del bombardeo nuclear de Hiroshima (con una bomba de uranio-235) y Nagasaki (con otra de plutonio-239). Esas tres explosiones fueron la señal de partida de la Era Atómica... y de la Guerra Fría.

En los EE.UU. se felicitaban por haber adelantado a los nazis y a los soviéticos, que creían muy lejos de la bomba atómica.

El proyecto Uranio de los nazis, familiarmente el Uranverein (trad.: Club del Uranio) nunca fue capaz de llegar a parte alguna, y eso que partía con ventaja en el estudio de la fusión, en el enriquecimiento de uranio y en tener, en pleno funcionamiento, una Uranmaschine (trad.: un reactor nuclear); pero, contrariamente a lo que suele decirse, el ejército nunca confió demasiado en esta arma y los equipos creados para investigar sobre ella competían entre sí en vez de colaborar unos con otros.

Se pretendía que el proyecto Manhattan fuera un secreto secretísimo.

En cuanto a los soviéticos... En la batalla de Berlín, los mandos soviéticos sacrificaron regimientos enteros para conseguir acceder en el menor plazo posible a 250 kg de uranio-235 almacenados en la ciudad. Los consiguieron. Esta batalla dentro de la batalla pasó desapercibida en su momento.

Una reproducción de la RDS-1 soviética.
Muy (demasiado) parecida a la Fat Man de Hiroshima.

En 1949, estalló la primera bomba atómica soviética, la RDS-1. Era una copia casi calcada de la bomba atómica americana. El espionaje había conseguido superar los obstáculos técnicos y materiales a los que se habían enfrentado los científicos soviéticos. Fue una desagradable sorpresa para los aliados occidentales. Ahora sí que la Guerra Fría era un hecho incontestable.

Esta fotografía tomada en 1945 en Fort Bliss, Texas, muestra a los físicos, químicos e ingenieros alemanes que fueron captados (ejem) en la operación Paperclip y que trabajaban en la construcción y desarrollo de cohetes balísticos. El Alemania, habían estado a las órdenes de las SS.

Ahora vayamos a otra arma desarrollada por los alemanes, una de sus Wunderwaffen (trad.: armas maravillosas), el cohete balístico. Más concretamente, el A4 (más conocido como V-2), el pariente más destacado de una familia de cohetes que comenzó a construirse en 1934. Diseñado por Wernher von Braun, fue el objetivo prioritario de la operación Paperclip de los americanos, consistente en capturar al mayor grupo posible de científicos e ingenieros nazis, para que no cayeran en manos de los soviéticos.

Un esquema de un cohete A4 (V-2). 
El bombardeo de Londres y Amberes con estos cohetes produjo alrededor de 7.000 muertos entre la población civil. Pero más de 20.000 trabajadores esclavos murieron a consecuencia del maltrato de las SS construyendo estos cohetes.

Pero, claro, cayeron. Además, los ingenieros soviéticos también llevaban tiempo trabajando en cohetes y aunque reclutaron a menos ingenieros nazis y requisaron menos material que los americanos, tenían un excelente punto de partida para sus propios cohetes. Los motores soviéticos, por ejemplo, eran excelentes.

Y, ojo, los soviéticos, desde el primer día, trabajaron en una bomba atómica capaz de viajar en un cohete balístico, y en un cohete capaz de transportar una bomba atómica.

De ahí al primer reloj de pulsera en órbita falta menos. Paciencia.

El primero de verdad (introducción)


El 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin fue el primer hombre en orbitar nuestro planeta.
Pero ¿fue su reloj de pulsera el primer reloj de pulsera en orbitar la Tierra?

Hace un tiempo, publiqué cinco entradas seguidas en El cuaderno de Luis sobre los primeros relojes que los astronautas llevaron consigo. Pueden encontrar y leerlos todos accediendo a ellos a través del índice (en la parte derecha de su pantalla), buscando en julio de 2015, hace exactamente tres años.

El primero de estos apuntes es el siguiente:

De entonces hasta ahora, sé más cosas. Una de ellas, gracias a mi amigo Alberto (cuyo apellido mantendré anónimo), gran aficionado y coleccionista, que me ha puesto en la pista del que probablemente sea el primer reloj de pulsera que visitó el espacio exterior.

Un Sturmanskye como el de Yuri Gagarin, de 17 rubíes.
El modelo estándar era de 15 rubíes. 
Éste, de mejor calidad y mayor precisión, era un regalo especial.

El los apuntes que he mencionado y en prácticamente todas partes se habla del reloj de pulsera de Yuri Gagarin, el Sturmanskye (trad.: Navegador), un reloj de aviador de la marca Poljot (trad.: Piloto), regalo del Ejército del Aire de la Unión Soviética. Fue, suele decirse, el primer reloj de pulsera que orbitó la tierra. Ojo, es lo que suele decirse, pero ¿lo fue?

No, claro. Si no, no estaría yo escribiendo esto.

Tenemos que remontarnos a los orígenes de la carrera espacial, que coinciden con los orígenes de la Guerra Fría.

El procés y la ley de Poe


Yo les digo cuatro cosas y ustedes se hacen la composición y buscan los ejemplos. Es que me da pereza ir más allá. Calor, aburrimiento y hartazgo me acompañan cuando esto escribo.

La ley de Poe afirma que (cito) es difícil o imposible distinguir entre una postura ideológica extrema y la parodia de esa misma postura

Al principio, esta ley se aplicaba a los foros de internet, pero hoy se está demostrando válida en cualquier entorno donde haya posturas ideológicas cerradas y propensas al fanatismo. Se da naturalmente en religión y en política.

Cuando la ley de Poe se torna válida, ocurren cosas que tienen un punto ridículo, esperpéntico, cómico, estúpido, absurdo, hilarante, imbécil..., que es lo que se quiere notar con esta ley. Se me ocurren muchos adjetivos, todos ellos válidos, y pueden escoger, para cada episodio, uno o algunos de los posibles, porque hay adjetivos y episodios para dar y repartir. Aquí y en todas partes.

Si esto es una burla o va en serio, no puede saberse a primera vista.
(Nota: Agárrense, que va en serio).
Pura ley de Poe.

(Nota: No es Jonqueras, sino Junqueras.)

¡Presentes!
El paralelismo es obsceno, pero inevitable.
Cualquiera podría haber prevenido contra la semejanza, pero no.
Ley de Poe.

El procés es uno de esos entornos donde la ley de Poe se cumple a rajatabla gracias a la sacralización de su simbología, la aceptación incondicional de su discurso y la cohesión grupal y excluyente de sus seguidores, muy semejante a la de un fanatismo religioso, que se consagra en una ocupación y apropiación de lo público. Es un fenómeno sobre el que tendrán que meditar, y mucho, tanto psicólogos como antropólogos, porque la ley de Poe se manifiesta con tanta rotundidad y tantas veces que parece mentira. 

Como tienen ejemplos a porrillo, sírvanse ustedes mismos. Si no se les ocurre nada, les añado una de mis ristras de tuits favoritas, recopilada por Oriol Güell (@oriolguellipuig), y verán que, a poco que piensen, se verán desbordados de ejemplos:

El tour de Mikko


Érase que se era, en un país muy lejano (pongamos que se llame Finlandia), un señor diputado calvo y con diéresis, porque se llamaba Mikko Kärnä. No era propiamente diputado, sino diputado suplente. Les diré: el diputado de verdad era un tal Paavo Väyrysen, elegido para el puesto por el distrito electoral de Laponia. 

El tal Väyrysen era representante del Partido del Centro (Suomen Keskusta) elegido en Laponia. Su partido es un partido liberal (como Ciudadanos o lo que sea ahora Convergència) que se lleva aproximadamente el 20% del voto del país desde hace un siglo, poco más o menos. Como el tal Väyrysen prefirió seguir en el Parlamento Europeo, su puesto lo ocupó el señor Kärnä, el suplente. Como hoy ya hace meses que el señor Väyrysen ya ha regresado al parlamento finlandés, hace ya un tiempo que el señor Kärnä ya no es diputado. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

El señor Kärnä, paseando sus diéresis por Gerona.

Pues, no. Porque aquí, entre los procesistas catalanes, el señor Kärnä es y sigue siendo diputado en todos los comunicados de la Generalidad de Cataluña y ha sido recibido a cuerpo de rey como si fuera una gran eminencia, cuando sólo escribe tuits (eso sí, seguidos por más de treinta mil catalanes procesistas) cuando ha sido invitado a pasar unas vacaciones... digo, a visitarnos. 

Ha sido recibido por el presidente Torra, con quien ha compartido unos vasitos de ratafía, por el presidente del Parlamento, por varios consejeros y diputados... Se está pegando unas vacaciones que ni les cuento, con todos los gastos pagados. Está visitando Cataluña y le invitan a dar conferencias, a comilonas, a excursiones... Están tirando todos la casa por la ventana para agasajar al señor Kärnä, como antes hacían con el turista un millón.

El veraneante posando para una fotografía en Besalú.
Luego, la comilona.

¿Por qué? Porque, en los dos años que fue diputado (entre 2015 y 2017) propuso que Finlandia reconociera a Cataluña como Estado independiente. Maldito el caso que le hicieron en el parlamente finés, pero aquí se vendió su propuesta (escasamente seguida) como la gran cosa de la diplomacia procesista y ahora que el señor Kärnä no tiene con qué entretenerse le han propuesto un tour turístico-reivindicativo. El señor Kärnä, por no desperdiciar la ocasión de unas vacaciones pagadas, se ha apuntado al viaje.

En la Costa Brava, lo esperaban con todo esto, de entrante.
Comprobando in situ la situación de catástrofe humanitaria que vive el país.

Su tour merecería una enciclopedia. Se mete con las prisiones y con las autopistas de peaje que administra la Generalidad de Cataluña, por ejemplo, y dice que son una vergüenza y tal. Silencio administrativo, propagación del mensaje España, caca, porque lo dice un calvo venido de fuera, y siguen las vacaciones por la Cataluña pija y amarilla (es decir, oprimida por el Estado español): Costa Brava, Gerona, Sitges, mucha playa, muy pintoresco todo y pocos barrios periféricos; ninguna voz en desacuerdo con los amarillos en el programa, por supuesto, ni una, pero ¿qué más da? Se trata de un paseo por Disneylandia, no por la realidad.

Pero, ya les digo, si lo llego a saber, me afeito el poco pelo que me queda, lleno mi pasaporte de diéresis y me dejo la barba, porque luego me pego unas vacaciones que ya quisieran muchos para sí. A cargo del erario público, además. Gratis. ¿Qué más quieren?

Grande (Gran Premio de la Gran Bretaña 2018)


Silverstone es uno de los circuitos clásicos de la Fórmula 1, de los de toda la vida. Ha sido, tradicionalmente, uno de los más rápidos. También, uno de los primeros en ser cuidadosamente diseñados para evitar accidentes, lo que llevó a asegurar, en los años cincuenta y sesenta (cito) que era un circuito carente de emoción, puesto ¿quién puede hablar de emoción si no se pone en riesgo la vida del piloto? Así, tal cual.


En fin, que los tiempos cambian y Silverstone, pese a las quejas de los antiguos periodistas deportivos, ha visto este fin de semana una carrera muy emocionante. El safety-car ha tenido mucho que decir, porque ha salido dos veces a pista y las dos ha salvado la cara a Mercedes-Benz, que partía en primera posición y era la escudería favorita, pero seguida muy de cerca por Ferrari. Y digo que le ha salvado la cara por dos veces porque las ruedas de los Mercedes-Benz han sufrido demasiado y estas pausas en la carrera han permitido mantenerse algo más de tiempo en lo alto. 

Pero, al final, Ferrari se ha impuesto, quedando en primera y tercera posición. Por lo demás, hay que felicitar también al equipo Mercedes-Benz, porque sus dos pilotos han hecho una gran carrera.

El último animal


Ahí va mi último artículo para Metrópoli Abierta, titulado El último animal. Les copiaré una frase del texto, que dice así:

Les dejo que me llamen antipático, pero entre el panfilismo y la cursilería están acabando con la civilización.

A partir de esta máxima, sigue lo demás. 

Ojalá les guste.

Me levanto y me voy


Ya es de todos conocido el espectáculo, lamentable espectáculo, que dimos todos en el Folklife Festival que organiza el Smithsonian en Washington DC. Es éste un festival de las cosas esas del folklore que, cuentan los aficionados, es de los más importantes del mundo. Aunque a mí, qué quieren que les diga, el folklore me parece casi todo un coñazo, por mucho que mis amigos antropólogos disfruten como enanos viendo un baile tribal cualquiera. Yo no le veo la gracia. Soy de ciudad, qué quieren.

La organización pidió una y otra vez, encarecidamente, que los participantes no hablasen de política, porque el festival está pensado para unir a los pueblos y no para echarse los trastos a la cabeza. En esta ocasión, la petición tenía buenas razones para ser hecha: los invitados especiales de este año eran Armenia y Cataluña. Ambos tienen bailes tribales curiosos y pintorescos, por lo que cuentan; pero en Armenia tienen una historia trágica y terrible y en Cataluña hemos tenido el 3%.

La Generalidad de Cataluña se presentó en el festival con (dicen) unos trescientos cincuenta invitados. En la cena que sirvió de recepción al evento se presentaron más de cien, con el presidente Torra a la cabeza de la delegación. La organización quería que fuera un acto alejado de las cámaras y los periodistas, algo privado. Pero la Generalidad de Cataluña invitó a varias docenas de periodistas a la cena, todos de la prensa amarilla.

Habló el representante de Armenia. Breve. Que muy contento de estar ahí, que los bailes curiosos y pintorescos son muy chulos y que sirven para unir a los pueblos del mundo en un fraternal abrazo y esas cosas que suelen decirse en actos así. Comme il faut. 

El personaje pasándose la petición de sus anfitriones por el forro.

Siguió el presidente Torra. Le salió la vena de agitador que lleva dentro. Represión, franquismo, persecución política, exilio, falta de democracia y una exaltación joseantoniana (o de los Badia Bros.) típica del personaje. Acabar la diatriba y ponerse la delegación en pie y cantar el himno a grito pelado fue todo una. En medio de una cena de gala. ¡Menudo numerito!

Por cierto, qué manía tienen de cantar el himno a la primera de cambio. Resulta inquietante.

Todo eso delante de los armenios. Sólo les diré una cosa. Si suman ustedes todos (y digo todos, todos) los catalanes muertos por la represión policial, la persecución política, la Guerra Civil, el terrorismo y la violencia callejera en Cataluña a lo largo de todo el siglo XX (repito, de todo el siglo XX) y lo que llevamos de siglo XXI, y cuenten a las víctimas de cualquier bando o color político, rojos, azules, seguidores de cualquier bandera... Con todos esos muertos no sumamos ni una décima parte de los muertos del primer año del genocidio armenio. ¡Ni una décima parte! Otro tanto puede decirse de los exiliados. ¿Qué pensaría en frío, en privado, el representante de Armenia del discurso del presidente Torra?

Luego habló el embajador español. La Vanguardia publicó su discurso. Es éste:

Firmo ese discurso de la primera a la última palabra. Pero ustedes quizá no, porque no están de acuerdo con lo que dijo. Está bien, es una opción. Hay que ver en qué no están de acuerdo, por qué y razonarlo, por sopesar los argumentos de un lado y del otro, sabiendo que en cualquiera de los dos lados puede haber errores y aciertos. En eso consiste la política. Pero ¿qué otra cosa podría haber dicho el señor embajador? Díganmelo. Dijo lo que tenía que decir, hizo su trabajo. Quizá no guste, pero no podía decir otra cosa.

Se montó el pollo. A mitad del discurso, a grito pelado, el exaltado presidente Torra hizo un me levanto y me voy y se largó de la cena. Él y casi toda la delegación, que viajaba con los gastos pagados. Abuchearon, mientras tanto, al embajador y se mostraron como una tropa de energúmenos ante los selectos invitados del Smithsonian, que no sé qué pensarían. Afuera les esperaba la Agencia Catalana de Noticias (fundada, por cierto, por Puigdemont y hoy agencia oficial de noticias de la Generalidad de Cataluña) y el presidente Torra comenzó a decir que nos han insultado y que esto es intolerable y tal y cual.

(El lado cómico del asunto es que se perdieron la cena. Seguridad no quiso dejarlos volver a entrar, por, cito textualmente, provocar alborotos. Gran parte de la delegación se marchó de vuelta a sus hoteles, pero el presidente Torra pudo volver a entrar, mucho después, porque los del Smithsonian dijeron que bueno, que vale, que entre, pero que se quede calladito y sin postre.)

Estaba todo previsto, me parece a mí. Lo de montar el numerito lo tenían pensado, lo buscaron con ganas. Otra opción: son unos niños mimados que no quieren oír a alguien que no les da la razón. No lo soportan. La primera opción y la segunda son altamente compatibles.

Luego mentiras a porrillo por los medios oficiales. Por ejemplo, los insultos del embajador español (¿qué insultos?), o que el representante de Armenia no quiso saludar al embajador español por ser el representante de un Estado malo, malísimo, opresor y seguidor del lado oscuro, o algo parecido, extremo que tuvo que desmentir la Embajada de Armenia. ¡Claro que se saludaron los embajadores! Ahí están las fotografías.

Resultado. Los armenios tienen un cabreo en el cuerpo que ni te cuento. Los del Smithsonian se cagaron en todo y dudo que nos vuelvan a invitar a nada. De hecho, prohibieron los discursos para el día siguiente, que, esta vez sí, serían delante de la prensa. Se ha visto que los modales y la educación no entran en nuestra diplomacia y ya son muchos los que quieren evitar el numerito en su casa. Nadie publicó nada en la prensa de los EE.UU., si eso buscaban, aunque aquí se vendió como una heroica defensa de la libertad y tal y cual, para consumo de los lectores de la prensa amarilla. Mucho ruido para animar al personal, claro, que es de lo que va este asunto. No hay nada más que una exaltación alimentada una vez y otra y otra.

Un periodista, Guillem Martínez, sostiene que todo esto es el resultado de la selección negativa de líderes en Cataluña. Se pregunta también (y cito textualmente) ¿Qué se puede negociar con un tipo así? 

Es una buena pregunta.

Para más información:
Sobre el genocidio armenio:
Oda a la ratafía del presidente Torra, un discurso típico del ideal joseantoniano de autarquía:
Sobre el Folklife Festival.
El presidente Torra bailando ska en el Folklife Festival:
El presidente Torra bailando danzas aranesas (se le da mejor):
En ambos casos, computen la afluencia de público, la muchedumbre presente en el lugar, el gran éxito de afluencia.
Para comparar, Rajoy echándose un baile en una boda, que era privada, no pública:
Aprovecho la ocasión de esta post-data para preguntar también qué no hubiéramos dicho de Rajoy si en su día hubiera hecho una oda al orujo, como símbolo de nuestros valores patrios y tal y cual. Ecuanimidad. Lo que vale para uno, tendría que valer para el otro. No pido más que eso.

A ritmo de vals (Gran Premio de Austria 2018)



El Gran Premio de Austria de esta temporada ha sido movidito. Después de algunas carreras aburridas, en ésta ha pasado de todo. Ha habido un ganador imprevisto, pero que ha merecido ganar (el Red Bull de Verstappen), buenos adelantamientos, errores de bulto en pista y de estrategia, unos neumáticos que se degradaban rápido, obligando a cambiarlos o a jugársela en pista... En fin, de todo, como he dicho.


Para los ferraristas, bando al que pertenezco, ha sido también una pequeña alegría. El segundo y el tercer puesto han sido para Ferrari, que vuelve a ser el primero en el Campeonato de Constructores; Vettel también vuelve a serlo en el de Pilotos. Todo por muy poco, ajustado, emocionante. 

La clave ha sido un batacazo serio de Mercedes-Benz en esta carrera. Primero, porque sus neumáticos se degradaban a gran velocidad, todo un problema. Segundo, porque las modificaciones que se le han hecho a su motor se han cobrado un precio muy alto. Los dos Mercedes-Benz han tenido que abandonar por avería. Los dos.

Con el verde del ferrocarril


Entre los aficionados a la historia militar más friquis, los colores con los que se pintan los vehículos militares son el núcleo de discusiones encendidas e inacabables. Por poner un ejemplo, pregunten de qué color era el color arena (vamos a llamarlo así) de los vehículos alemanes de la segunda mitad de la Segunda Guerra Mundial en una reunión de friquis de esta clase y presenciarán a no más tardar una acaloradísima discusión sobre diversos tonos de amarillo, caqui, ocre o no sé yo.

Pero hoy hablaremos de los vehículos militares americanos de la Segunda Guerra Mundial. Estaban pintados en su mayor parte de un color al que llamamos verde oliva (olive drab, en versión original). Pero ¿cuál es la historia de ese color?

La primera autoametralladora a vapor de Davidson.
De color gris.

Los primeros vehículos blindados de los EE.UU. no eran de color verde, sino gris. Debemos su existencia a un visionario coronel de la Guardia Nacional de Wisconsin, Royal P. Davidson. El coronel era director de la Academia Militar y Naval del Noroeste, en el lago Geneva de Wisconsin, y tuvo la idea de juntar una ametralladora, un carro y un motor de vapor (repito, de vapor). Con la ayuda de sus cadetes, en 1899 construyó el primer vehículo de una batería de autoametralladoras (sic).

La batería de autoametralladoras Davidson hacia 1900.
Seguían siendo grises. 

En el verano de 1900, Davidson y algunos de sus cadetes condujeron una batería de estas autoametralladoras a vapor desde su escuela hasta Washington DC, para demostrar que la idea del coronel era válida tanto en la teoría como en la práctica. Ése y otras hazañas similares del coronel Davidson consiguieron que el ejército de los EE.UU. comenzara a considerar seriamente la motorización. El coronel pudo comprar algunos chasis Cadillac con motores de gasolina y carrozarlos con chapa blindada en 1913, que se quedaron en la Guardia Nacional de Nueva York durante muchos años. 

¿De qué color eran todos esos vehículos? De color gris. De un color gris mate, medio, llamado battleship grey, o gris acorazado, empleado por la Marina para (en efecto) pintar a sus grandes acorazados. ¿Por qué ese gris? Porque, recuerden, el coronel Davidson era el director de una academia naval... Bueno, sí, a las orillas de un lago, naval de chichinabo, pero naval a fin de cuentas.

El gris acorazado siguió siendo empleado durante casi toda la Gran Guerra por los automóviles, camiones y vehículos blindados del ejército de los EE.UU. y de la Guardia Nacional, y también por los automóviles de los Marines. El color, con alguna variante, persistió entre los Marines hasta después de la Segunda Guerra Mundial, por razones prácticas, pues obtenían la pintura de la Marina. 

Sin embargo, poco antes de entrar en la guerra, en 1913, los EE.UU. cambiaron el color de sus nuevos vehículos. Ahora serían de verde oliva. Ese verde se obtenía mezclando un color sombra natural (sic), una especie de gris oscuro, con blanco de plomo. Era el color con el que se pintaban los carromatos del ejército y las cureñas de artillería; así todo lo que fuera del ejército sería verde oliva. La mezcla se hacía in situ y eso quiere decir que no había un solo color verde oliva, sino un verde oliva con toda una colección de matices de verde claro a verde oscuro. Así se pintaron todos los vehículos del ejército entre 1913 y 1919.

Eso era un problema, pero la solución vino de mano de la llamada Especificación 3.1. (de 1919), que describió exactamente los 24 colores estándar que emplearía a partir de entonces el ejército de los EE.UU. Entre ellos, el verde oliva (olive drab).

Cuando acabó la Gran Guerra, los EE.UU. se replegaron sobre sí mismos y se impuso la política de no intervención. El presupuesto del ejército cayó en picado. Diez años después, el Crack del 29 acabó con cualquier intención de invertir dinero en el ejército. Muchos no se creerán que, durante los años treinta, el ejército portugués contaba con más hombres y mejor armados que el ejército de los EE.UU., pero es bien cierto.

A tal punto llegaron las restricciones que éstas afectaron a la pintura de los vehículos del ejército. No les llegaba para encargar la pintura necesaria, que tenía que ser fabricada a medida y costaba poco menos que un riñón. Entonces alguien se dio cuenta que el color de los vagones del ferrocarril que cruzaban el país de punta a rabo era justo el color verde que estaban buscando. Más concretamente, el conocido como Panama Pullman Green.

Otro tren de la Illinois Central, el Green Diamond, pintado en dos tonos de verde.
El más oscuro es el llamado Pullman Green.

El verde oliva (pullman) era el tono predominante en el Panama Limited.

Panama viene de la ciudad de Panamá, en Florida, y el Panama Pullman Green era el color de la línea del ferrocarril que unía Atlanta y la bahía de San Andrés, la Bay Line. También era el color estándar de la Panama Limited, un tren de pasajeros de la Illinois Central que unía Chicago, San Luis y Nueva Orleans, cruzando el país de norte a sur. El logotipo de la Illinois Central es, por cierto, de color verde oliva. De hecho, el Pullman Green es universalmente conocido entre los aficionados a los trenes eléctricos por ser el color con el que se pintaban los vagones de pasajeros de los trenes de largo recorrido.

Fue darse cuenta y aprovechar la oportunidad. El ejército de los EE.UU. pintó sus vehículos durante todos los años 30 con excedentes de pintura de los talleres del ferrocarril. Tal cual. Con las sobras, compradas a precio de saldo. Tanto es así que en la mayor parte de los casos la pintura no era mate y los vehículos del ejército estaban pintados de color verde oliva... brillante. No era ésa su intención, la de brillar, pero al menos iban pintados de verde.

Vehículos militares de los EE.UU. recién restaurados.
Como el color verde oliva del ejército se volvió a cambiar durante la Guerra de Corea, los restauradores han tenido que regresar a pinturas hechas a medida... a partir de las pinturas del ferrocarril.

Cuando las cosas se pusieron serias y se les echó encima la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos pusieron toda la carne en el asador y no faltó dinero para pinturas. Ahora sí, en tono mate, estandarizada y fabricada a medida, para seguir con las especificaciones del ejército. Pero el color siguió siendo el mismo, el verde pullman. Pocos profanos (y no tan profanos) habrían imaginado que la mayoría de motocicletas, automóviles, camiones, tractores, carros de combate, piezas de artillería... del ejército de los EE.UU. estaban pintados del color de un tren de pasajeros. Literalmente.

L'amour


¡Otro artículo! Sigue la colección de artículos en Metrópoli Abierta. Esta vez, se titula L'amour y ya están adivinando de qué va.

Espero que les guste.

Oh, la la (Gran Premio de Francia 2018)


Aunque los alemanes inventaron el vehículo automóvil con motor de combustión interna, fueron los franceses los que inventaron las carreras de automóviles. Hoy, tantos años después, la Fórmula 1 ha pisado suelo francés, en el circuito de Paul Ricard, y los alemanes, quizá para reivindicarse, han vencido una vez más.


En efecto, el Mercedes-Benz de Hamilton ha dominado la carrera de principio a fin. Lo ha tenido fácil porque en la misma salida su compañero de escudería y el Ferrari de Vettel han chocado uno contra el otro. Vettel luego sumaría cinco segundos de sanción, pero es no es nada comparado con el tiempo que han perdido en la primera vuelta y luego cambiando ruedas y alerones. 

Con todo, ha habido un Ferrari en el podio, en tercera posición, el de Raikkonen, detrás de un Red Bull, mientras el otro, Vettel, quedaba quinto, dos posiciones por delante del Mercedes-Benz de Bottas. En el Campeonato de Pilotos, Hamilton lleva catorce puntos de ventaja a Vettel; en el de Constructores, Ferrari está veintitrés puntos por detrás de Mercedes-Benz. Parece mucho, pero no es tanto, y queda mucho por delante. ¡Está emocionante!