La situación


Nunca antes había escuchado un diagnóstico tan certero sobre la situación que vivimos como:

La situación es grave, pero no es seria.

La expresión tiene una ventaja. Puede aplicarse tanto a la política municipal, como a la regional, nacional o internacional.

Lamentablemente, añado.

Sacando consecuencias



Hace un tiempo, me invitaron a participar en un debate sobre filosofía en RNE (v. aquí) y uno de los participantes era Jesús Zamora Bonilla. El profesor Zamora estaba en los estudios de grabación de Madrid y yo, en los de Barcelona, así que no tuve el gusto de conocerle personalmente, pero sí el gusto de hablar con él. Semanas más tarde, paseando por una librería (rodeado de aventuras y paisajes), dí con su último ensayo, que publica Tecnos, Sacando consecuencias (Una filosofía para el siglo XXI). Alargué la mano, compulsivamente (mis compras de libros tienen algo de adicción), lo compré y me lo llevé a casa. Ahora ya puedo decir que me lo he leído.

Formalmente, el profesor Zamora divide su ensayo en cinco capítulos y cada uno de ellos viene precedido por una historieta a modo de introducción o presentación, alguna mejor que otra. Luego desenfunda la filosofía y ahí viene lo bueno. Comienza a repartir, tratando las grandes cuestiones de la filosofía desde un punto de vista que llama inferencialismo, porque consecuencialismo ya estaba pillado por una escuela de ética. 

Paréntesis. Entre nosotros, a los filósofos les encanta poner nombres a sus ideas, que suelen acabar en ismo. Es un vicio que se da con más frecuencia cuanto más moderno es el filósofo. Si es postmoderno, entonces ya ni les cuento el número de ismos, que parece que los regalan. Fin del paréntesis.

Pero no es éste ni el momento ni el lugar para ponerse a discutir de filosofía y dejar dicho si el inferencialismo es esto, lo otro o lo de más allá. Eso ya lo descubrirán ustedes si deciden leer lo que tiene que decirles el profesor Zamora, y yo les recomiendo que lo lean.

¿Por qué? Por varias razones. Una, porque es un trabajo muy riguroso, pero no está disfrazado del academicismo (otro ismo) que los filósofos suelen emplear para que nadie les entienda. Al contrario, se entiende todo lo que dice, se expresa con claridad meridiana, una segunda razón para leer el libro. Si algún párrafo ha de leerse despacio es porque te obliga a leer con cuidado, porque te obliga a reflexionar sobre lo que dice, no porque no se entienda lo que cuenta. 

El debate sobre la claridad de la exposición no es nuevo. Si no se entiende lo que dices, quizá será porque no lo entiendes tú o porque en verdad no estás diciendo nada. Esta hipótesis es muy útil cuando uno lee, por ejemplo, a Heidegger, a Lacan, a Derrida... En cambio, al profesor Zamora se le entiende todo. Quizá tenga algo que decir... En fin, yo lo dejo ahí, porque el asunto levanta chispas.

Hablábamos de las razones para leer Sacando consecuencias... Ah, sí... Es riguroso (sin ser academicista), se expresa claramente y dice cosas que merece la pena conocer. Filósofos en ciernes o simples aficionados agradecerán la exposición del profesor Zamora y se interesarán por lo que nos quiere decir. A mí me ha dejado muy satisfecho.

Otra cosa es que el lector vaya a estar de acuerdo con todo lo que dice el autor. Mal asunto, si uno comienza a darle la razón en todo a un filósofo. Yo mismo, sin ir más lejos, me atrevería a discutir algunos apuntes sobre ética o política del profesor Zamora. ¡Ah, qué atrevido que es uno! Para los no ilustrados, este atrevimiento podría ser un síntoma de ignorancia, pero también un sarpullido hegeliano. Ha sido mentar a Hegel en el último capítulo y comenzar los picores. Aunque en el asunto de la ética (que aparece en capítulos anteriores) también pondría yo algunas objeciones. No se lo tome a mal, profesor, que no es nada personal. Me gusta discutir, aunque sea por el simple placer de llevar la contraria.

Pero ¡ahí está la gracia de la filosofía! La filosofía no es una aceptación, es una crítica, un cuestionamiento, o no es. Ahí tienen a Sócrates, peripatético y dialéctico o, lo que es lo mismo, discutiendo con sus alumnos dando un paseo, pasándoselo en grande llevándoles la contraria, para que aprendieran a pensar, a cuestionar, a aprender. 

Por eso he agradecido tanto la lectura de Sacando consecuencias. Primero, porque me ha proporcionado munición para discutir con algunos amigos y conocidos. Segundo, porque me ha ilustrado. Tercero, porque me ha obligado a criticar y cuestionar algunas de mis ideas... y de las suyas (lo que viene a ser lo mismo). Cuarto, por qué no decirlo, porque leyendo Sacando consecuencias me lo he pasado en grande. No puedo pedir más.

El número de los necios



Cicerón dejó dicho (y por escrito) Qui latrones igitur siquidem vos consules qui praedones qui hostes qui proditores qui tyranni nominabuntur? (In L. Calpurnium Pisonem, X.) Como los latines se dan mal a la mayoría del respetable, traduzco un poco libremente: ¿Quién será llamado ladrón, quién pirata, quién enemigo, quién traidor, quién tirano, si vosotros sois llamados cónsules? Se aprecia que Cicerón, cuando quería cantar las cuarenta, tiraba con bala. 

También, con algo de sorna (imprescindible en un romano y necesaria en un orador) se cachondeó de los mismos diciendo O praeclarum custodem ovium lupum!, que traduciré así: ¡El lobo, un excelente defensor de las ovejas! 

Concluiremos con un latinajo bíblico, de la Vulgata sixtina (1550) que ha desaparecido (ha sido modificado, lástima) en la Vulgata revisada, la Nueva Vulgata de 1979, actualmente la Biblia oficial católica. Dice así: Perversi difficile corriguntur et stultorum infinitus est numerus. Es decir: Dificilmente corregirás a los malvados y el número de los necios es infinito.

Viendo lo que sucede estos días en la política catalana, podríamos emplear estos dichos como si fueran de hoy mismo (y lo mismo sucedería si los aplicáramos a la política española, no me olvido de ella). Esta constatación obliga a señalar que el número de los necios es, en efecto, infinito, pero es que, además ¡es constante en el tiempo! ¡Socorro!

Una tarantela


Tengo entendido que Javier Camarena la lio parda ayer en el Liceu con La Fille du Régiment, echando un do de pecho detrás de otro.

Como, vista la prensa, son días aciagos para el sentido común, he pensado que nada como una buena canción para animarnos un poco. Y ya que Camarena regaló al respetable con sus agudos, he pensado que podría alegrarnos el día con esta tarantela de Rossini. Bravo por él y ¡a bailar! 

Porque, como dijo Nietzsche, se filosofa con los pies.


La perla negra



Claudia Casanova, dicen las solapas del libro, es escritora y editora. Muy buena editora, por cierto. Bien. Pero resulta que también es mi editora, y eso lo complica todo un poco. Es el alma mater del grupo Ático de los Libros, junto con Joan Eloi Roca, que sería el alma pater. Principal de los Libros es el sello comercial del grupo y quien publica mi (magnífica, por otra parte) Historia torcida de la Filosofía, de la que hablo siempre y a la menor oportunidad. Pero, sin que sirva de precedente, ¡hoy no he venido a hablar de mi libro! He venido a hablar de La perla negra.

La autora tuvo a bien dedicarme un ejemplar el pasado Sant Jordi.

Si hablo demasiado bien de la novela, se apreciará mi interés en quedar bien con mis editores y quedaré como un pelota asqueroso; no es conveniente; si la arrastro por los suelos, no vuelvo a publicar en mi vida; esto sería muy inconveniente. ¡Menudo dilema! ¿Por qué me meto yo en estos líos? ¡Tranquilos! Seré honesto, cruzaré los dedos y confiaré en la benevolencia de la autora.

¿Les gusta la novela histórica? Si lo prefieren, la de aventuras de capa y espada. Aquí tienen una. ¿Les interesa la Edad Media? ¡Fantástico! La perla negra está ambientada en la Edad Media más media que pueda haber (y además, está muy bien documentada sin que se note, sin pedantería). ¿Quieren pasar un buen rato, entretenido, sin complicaciones? Pues, ya está, no hay que buscar más. La perla negra se lee bien, tiene su intríngulis, un final emocionante, un malo malísimo, una heroína comme il faut, uno que parecía malo y resulta que no lo es tanto... y todas esas cosas que hay que tener. 

A ver, a ver... No esperen una novela de Proust. Entre otras cosas, porque no sale una magdalena en toda la novela. Verán algún tópico típico y algún típico tópico, pero es lo que hay y es casi obligado que aparezca en estos casos. Si no apareciera, nos defraudaría. Algún punto mejorable también hay, pero sin que llegue a preocuparnos demasiado y compensado, además, por algún que otro fragmento notable. Entretiene, que ya es mucho, con un relato ameno, unos personajes bien dibujados, una escritura que se deja leer fácilmente y más cosas que hacen de La perla negra un libro apetecible, honesto en su planteamiento, sin más pretensión que la alegría de narrar y entretener, que se desarrolla sin engaños ni fuegos de artificio. En resumen, no está nada mal.

Un apunte final. La cubierta y la presentación del libro merece una nota aparte, y muy buena. Ediciones B ha hecho un buen trabajo. 

Persiste la emoción (Gran Premio de España 2017)


El Ferrari de Vettel, en Montmeló.

Podemos asegurar que las carreras de este año, si siguen así, serán más animadas y entretenidas que las del año pasado. Ferrari ha dado el salto y se mide con Mercedes-Benz. Quizá todavía no estén exactamente igualados, pero compiten por ganar y ahora gana uno, ahora gana el otro. El resto de los equipos siguen el duelo a una cierta distancia y sólo el toro de Red Bull asoma la patita de vez en cuando. Imagínense si McLaren o Williams también pudieran colarse en las primeras posiciones. ¡Guau!

Esta imagen dio la vuelta al mundo. 
El pequeño Val se puso así cuando el Ferrari de Raikkonen rompió el eje delantero.

El equipo Ferrari reaccionó rápido.
El chaval fue un invitado de honor al final de la carrera.

En Montmeló, Mercedes-Benz llegó apabullando con un coche cargado de novedades y supo imponerse en los entrenamientos. Pero fue empezar la carrera y ver como el Ferrari de Vettel y el de Raikkonen se colaban entre las Flechas de Plata. Lamentablemente, el Ferrari de Raikkonen chocó con otro coche en la primera curva y rompió el eje delantero, quedando fuera de la carrera. 

Montmeló es un circuito muy técnico, donde apenas se puede adelantar en dos o tres puntos. Es, digan lo que digan, un circuito aburrido... aunque los adelantamientos al final de su recta de tribunas son espectaculares. Ayer lo fueron. La estrategia de Ferrari era abrir distancias con dos cambios de neumáticos y sostener la diferencia con un tercero, pero el segundo Mercedes-Benz estorbó lo que pudo hasta que (oh, sorpresa) en la vuelta 43 o por ahí cerca, se averió, algo que el año pasado no sucedía jamás. Entre eso y un coche de seguridad (virtual, qué cosas) que salió a pista (ejem), no pudo abrirse la distancia y la apuesta falló, pero quedó muy igualada.

Ahora mismo, Vettel (Ferrari) suma 104 puntos y Hamilton (Mercedes-Benz), 98. En la clasificación de Constructores, Mercedes-Benz suma 161 puntos y Ferrari, 153. Bien, ¿no?

La dona del Cadillac



Seguro que conocen el argumento. Imagínense un pueblo en medio de los EE.UU., en lo que llaman América Profunda, lejos, bien lejos, tanto física como espiritualmente, de las grandes urbes. En éstas, llega un forastero y comienza a hacer preguntas. Recelo, desconfianza... Más pronto que tarde se adivina que todo el mundo tiene algo que esconder, que nadie va con la verdad por delante. El ambiente enclaustrado, agobiante, que huele a rancio, no disimula que el forastero dice una cosa, pero luego resulta que es otra, y lo mismo podría decirse de los paisanos del lugar. A medida que avanza la trama, vemos que debajo de las alfombras se esconde mucha porquería, que nada es lo que parece... El final mejor no descubrirlo, pero sucede como con la pólvora: la mecha quema lenta, lentamente, y de repente ¡pum! 

Ahora cambien el escenario. Ya no nos enfrentamos a los grandes espacios del Medio Oeste, sino a la Cataluña profunda (la que uno encuentra saliendo del área de influencia de Barcelona, lo que en catalán televisivo llaman territori). En este caso, el escenario se insinúa próximo a zonas de montaña, pero podría ser en cualquier parte. Mompuig, tal es el nombre del imaginario pueblo, recibe la visita de un forastero y muy pronto corre la voz de su presencia imprevista. Pretende, se dice, comprar un Cadillac que guarda una de las vecinas en un cobertizo. Pero, claro, hay más, porque en el fondo pretende otra cosa, y los vecinos, otra, cada uno la propia, y entre todas las cosas que todos pretenden se teje una trama que revienta al final, ¡pum!, como ya he dicho.

Joan Carreras ha escrito una novela de estructura clásica, que no puede ocultar la influencia de los escritores americanos de género, como J. M. Cain y El cartero siempre llama dos veces o 1.280 almas, de Jim Thompson. En las formas, el lector se enfrenta a un texto cargado de diálogos llenos de entredichos, sobrentendidos, indirectas... Es un relato que van tejiendo narradores protagonistas; cada uno de los personajes narra su parte del diálogo, y van turnándose los narradores y puntos de vista, como un diálogo de narradores superpuesto al diálogo de los personajes. El narrador omniscente de toda la vida, apabullado por estos intercambios de puntos de vista, tiene que limitarse a ser un narrador heterodiegético (perdón) y conformarse con la descripción de las acciones de los protagonistas entre tanto. Es un enfoque formal arriesgado y original.

Poquito a poco, el lector ha de ir reconstruyendo lo que no parece tener sentido, aunque lo tiene. ¡Vaya si lo tiene! El pastel se descubre hacia el final, donde... No diré más. Quédense con el ¡pum! Ésta es una estratagema narrativa propia de la novela negra clásica, como también ese aire maldito y pesimista, desesperanzado, de todos los personajes, que sazona el texto de arriba abajo.

El autor, compañero de estudios, tuvo a bien dedicarme su obra. Gracias.


Una singular Feria de Abril



El pasado viernes pasé por el recinto de la Feria de Abril del Fórum de Barcelona. Nunca había estado antes en una Feria de Abril, ni aquí ni en Sevilla ni en parte alguna, y por eso me pregunto por qué una Feria de Abril se celebra en mayo, porque mi ignorancia surge de un pozo inagotable de cosas que no sé. Como en el fondo y en la forma soy poco aficionado a la juerga y el bailoteo y el flamenco no es precisamente lo que más me gusta... En fin, que nunca me había llamado la atención, ésa es la pura verdad.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte trabajo dando soporte a una fundación que ejerce la tutela de personas que no pueden valerse por sí mismas. Mi trabajo consiste en apoyar a la fundación en la gestión patrimonial de estas personas, que viven castigadas por la vejez, la soledad, la locura o el desamparo. Cuántas veces miramos hacia otra parte y preferimos ignorar esta dura realidad.

Llevar las cuentas y rendir cuentas ante un tribunal, esgrimiendo un informe económico sobre la evolución patrimonial de tal o cual persona es un trabajo que te hace perder la perspectiva de lo que en verdad estás haciendo. Detrás de esos números se esconden personas de carne y hueso, y ésas personas (algunas de ellas) fueron las que nos arrastraron a la Feria de Abril. Una excursión matinal que acabó con banquete de fritanga, migas y paella, palmas y olés, en las que todos nos lo pasamos muy bien y esas encantadoras personitas, todavía más, reinas por un día.



Aparte, las tres chimeneas en el horizonte, el olor del aceite requemado, la música (siempre la misma) a todo volumen, la pareja de turistas japonesas que pidieron paella, la niña vestida de bailaora, las flores en el pelo, las palmas espontáneas, los reclamos de los camareros, el patriarca que pasea empuñando el bastón, las jovencitas que hacen girar la cabeza a los jovencitos, dejando risas a su paso, el cielo tan azul y un brisa fresquita del mar, el suelo de cemento, el óxido de los soportes de las placas solares del Fórum, los sombreros de paja, los lavabos de plástico, los embutidos y jamones tentando al personal, el kitsch de los quioscos que venden patatas fritas, chocolate o algodón de azúcar, los jamones colgando... incluso las calles vacías de una primera hora, esperando la afluencia de público de un inmediato y último fin de semana. Todo eso y más.

Una limosnita...


Creía que era broma, pero resulta que no, que van muy en serio. Ahora ya no es una broma, sino directamente un insulto.

Resulta que los antiguos convergentes han organizado una colecta para pagarle la multa al señor don Artur Mas (36.500 euros), el señor Francesc Homs (30.000), la señora Joana Ortega (también 30.000) e Irene Rigau (24.000), un coste al que se añadirán las costas del juicio. Me parece una obscenidad, por muchas razones.

San Artur Mas, líder y mártir.
Se admiten colectas a beneficio del santo.

El señor Mas cobraba en 2016 más de 136.000 euros brutos anuales y un consejero, casi 110.000, en números redondos. El señor Homs se llevaba a casa más de 7.000 euros al mes en su trabajo como diputado en Madrid. Al retirarse... Digo, al ser retirado, el señor Mas se lleva a casa un 80% de su sueldo durante un tiempo equivalente a la mitad de la duración de su mandato (en total, se habrá llevado a mediados de 2019 más de 274.000 euros) y cuando se jubile, percibirá, sin importar lo que haya cotizado durante su vida laboral, el 60% actualizado de ese sueldo presidencial. Súmese a ello secretaria, chófer, coche oficial, escoltas y un despacho pagado a tutiplén. Algo parecido ocurre con los consejeros. 

Por lo tanto, a ver, que pobrecitos no son, desamparados no quedan y la multa pueden pagarla perfectamente. Además, sabían la que les iba a caer. O eso o uno concluye que eran tan idiotas que creían poder salir de rositas, o tan tontos que cobrando eso no llegan a final de mes. En ese sentido, la colecta es inapropiada, habiendo tanta gente necesitada. 

Hablando de gente necesitada, recordemos con cuánta alegría, con qué ganas, tan insistente e indiscriminadamente, los afectados por las multas recortaron toda clase de gastos sociales y provocaron graves daños a la protección social, la sanidad y la educación públicas en Cataluña. Todavía nos duele y los más perjudicados por esa política han sido los más necesitados. Ellos y sus amiguitos, por supuesto, no. Podríamos hablar de la PIRMI, de las becas-comedor, de los recortes sanitarios... ¡De los recortes de sueldos y salarios de los funcionarios y empleados públicos! Yo mismo todavía no he cobrado la totalidad de una paga extra que se me debe desde 2012, y como yo, tantísimos otros. ¿Y me piden dinero para la colecta? ¡Anda y que les den!

Traducción del catalán: "Dame argo, dame argo..."
El número de cuenta ha sido convenientemente tachado.

Podríamos hablar de la corrupción, del 3%, de los negocios de la familia (ya nos entendemos)... y la colecta se aleja de lo inapropiado y se acerca cada vez más a una ofensa, a un cínico insulto a nuestra inteligencia. Pero yo me quedo con un caso escandaloso protagonizado por el beneficiario de la colecta, el de las prótesis que fabricaba Traiber, defectuosas, que perjudicaron gravemente la salud de casi seis mil personas (que se dice pronto).


Resulta que Traiber consiguió hacer negocios con un producto tan peligroso sobornando y conchabándose con las autoridades convergentes.


Así y todo, hubo resistencias en algunos hospitales a comprar las prótesis de Traiber. A través de la primera teniente de alcalde de Reus, convergente, el presidente de la empresa logró reunirse con varios consejeros y hasta con Artur Mas, el pretendido beneficiario de la colecta. Así que salió del despacho del señor Artur Mas, se vencieron fácilmente todas las resistencias.


¿En serio piensan que está bien organizar una colecta para que un personaje como éste no pague una multa que puede pagar él solito y sin ayuda? ¿En serio el partido del 3% organiza una colecta así para pagarle las costas al pobrecito presidente?

Pero ¿saben qué les digo? Que hay gente tan idiota que pondrá dinero. ¿Cuánta? Está por ver. No lo sé. Me pregunto qué comisión se llevará el banco. Por la otra no quiero ni preguntar.

Los sufridos becarios Michelin


Llega a mis oídos que en los restaurantes de super-lujo, ésos con estrellas Michelin, o tenedores, o no sé qué, abusan de los stagier. Pero ¿qué es un stagier? En cristiano, un aprendiz de cocina. En otros sectores, un stagier es un becario, pero en la alta cocina (y cito) un privilegiado, porque puede aprender de sus grandes majestades, genios y artistas, los jefes de cocina más molones del mundo mundial, los cocineros estrellados por Michelin.

Uno de los platos del mejor restaurante del mundo.
Cuanto menos hay en el plato, más stagiers hay y más se abusa de ellos.

Esos personajes, los supercocineros estrellados, no tienen abuela, son unos divos de mucho cuidado y no les toques un pelo, que se ponen muy faltones. Por eso, cuando alguien ha puesto sobre la mesa que los stagiers que tienen en sus restaurantes suman más de la mitad de su personal y que en algunos casos muy sonados llegan a ser cuatro de cada cinco de sus trabajadores, arrugan las narices. Que un 80% de la plantilla de tu restaurante trabaje 16 horas al día, a toda presión, sin cobrar un duro, soportando tus gritos y tus caprichos de chef de cuisine reconvertido en genio indiscutible es, como poco, una canallada.

Este restaurante sirve esto y tiene al 70% de su plantilla sin cobrar un duro.
Es para no ir (o no volver, si se ha ido).

Pero los cocineros superestrellados insisten en eso del privilegio. Uno dice (cito textualmente): ¿De qué se quejan? ¡Si es un privilegio trabajar para mí! Otro añade que si tuviera que pagar a los stagiers, lo pasaría muy mal e incluso llegaría a perder dinero.

Es notorio y sintomático que cuantas más estrellas tiene un restaurante, cuanto más caro es lo que sirve, más stagiers tiene en su plantilla sin cobrar un duro. Con el cuento infumable de que están aprendiendo a cocinar, hacen de camareros, lavaplatos, pelapatatas y cocineros a destajo, soportan las órdenes de un cretino que se cree Leonardo da Vinci y encima tienen que estar agradecidos.

El selecto club de abusones.
Más de la mitad de los trabajadores de esta gente trabaja gratis.

Un tipo que cobra 700 euros por menú (sic) dice que no podría sobrellevar el coste de tener que pagar a mis veinte stagiers, que bastante hace ya pagando a sus otros ocho trabajadores (un salario de mierda, añado). Si tuvieran que pagar a todos los stagiers, añade otra diva de la cocina, muchos restaurantes con estrellas Michelin tendrían problemas para ser rentables. O tendrían que subir el precio del menú. En vez de pagar 300 euros por un menú-degustación (vino y postre aparte), el público tendría que pagar... ¿400? ¿500? ¡y esto no puede ser! ¡A dónde iremos a parar!, argumentan. Pero ¡bien ganan dinero los restaurantes normales, que pagan (poco o mucho) a todos sus trabajadores! ¿No será que los restaurantes estrellados hacen trampa y compiten deslealmente con los demás? Será.

Dime qué comes y te diré qué eres.
Dime cómo es tu cocina y también te lo diré.

Lo que dice la ley es clarísimo: Un contrato nunca puede superar las ocho horas por jornada, y cuando se supera, hay que compensar por otro lado. Los aprendices (aunque se llamen stagiers) han de estar asociados a convenios con centros de formación y estar asegurados y dados de alta en la Seguridad Social. Qué más quisieran los stagiers. Y qué fácil es abusar del débil cuando se está cerca del poder, ¿verdad? Cuando uno es un intocable.

¡Esto se anima! (Gran Premio de Rusia 2017)



En efecto, esto se anima. En los entrenamientos libres, Ferrari se impuso a Mercedes-Benz. En la parrilla de salida, ocupó las dos primeras posiciones. A decir de los entendidos, el Ferrari es, ahora mismo, el coche más equilibrado y durante esos entrenamientos, el que mejor rendimiento supo sacar de los neumáticos con un ambiente fresquito. Pero el día de la carrera sucedieron algunas cosas: a) se elevó la temperatura; b) el segundo Mercedes-Benz se adelantó en la salida; c) en la primera curva hubo un trompazo y tuvo que salir el coche de seguridad; d) la carrera duró una vuelta menos porque el McLaren-Honda de Fernando Alonso se averió en la vuelta de reconocimiento. Por cierto, lo de Honda es de traca. No dan una.

Total, que Bottas lo hizo muy bien y se escapó, aprovechando la ocasión. Los Ferrari apostaron a pillarlo con el último juego de neumáticos y casi lo consiguen. En la última vuelta, el Mercedes-Benz entró justo justito delante del Ferrari, que acabó marcando varias veces la vuelta más rápida del circuito. Una vuelta más y ¿quién sabe?

Ahora mismo, en el Campeonato del Mundo de Pilotos va por delante Vettel, de Ferrari, seguido por Hamilton, de Mercedes-Benz, 86 a 73. El Campeonato del Mundo de Constructores también está animándose; Mercedes-Benz suma 136 puntos y Ferrari ¡135! Ojalá se mantenga esta emoción lo que queda de temporada. 

Yeruldelgger (Muertos en la estepa)



¿Qué sabemos de la Mongolia? Que está lejos y que tiene algo que ver con Gengis Khan. Poco más. Algún friqui sabrá del desierto del Gobi, de los huesos de dinosaurio... pero poco más. Pues, que lo sepan, Yeruldelgger (subtitulado en español Muertos en la estepa) es una novela negra que transcurre en Mongolia y sus protagonistas todos son mongoles de Mongolia (excepto algún chino y algún coreano que pasaba por ahí). De entrada y sin leer más, tenemos los tópicos del género en un escenario exótico (muy exótico).

El autor, Ian Manook (pseudónimo de Patrick Manoukian, francés), se dedica, entre otras cosas, a escribir libros de viajes y tuvo la ocurrencia de escribir uno protagonizado por un policía mongol, Yeruldelgger, el protagonista de esta historia. Es, como tantos otros protagonistas de novelas policíacas, un hombre rudo, violento, brutal, pero también provisto de un corazón de oro o algo parecido detrás de toda su apariencia hostil. Arrastra consigo (cómo no) un trágico pasado y se enfrentará a él en el transcurso de una investigación criminal que comienza cuando encuentran el cadaver de una niña enterrada viva en medio de la estepa hace cosa de cinco años. Mientras tanto, algo parecido a un crimen ritual, salvajísimo, sucede en la capital, y Yeruldelgger tendrá que enfrentarse a los fantasmas de su pasado y a dos crímenes terribles. También repartirá bofetadas a diestro y siniestro. Etcétera.

El etcétera tiene de todo: mafias, policías corruptos, matones, crímenes (muy) sangrientos, venganzas, traiciones, algo de amor, que no falte, toques de misticismo y magia oriental, para dar contraste y sabor a la mezcla y... voilà op! Aquí lo tienen, traducido por José Manuel Fajardo y publicado por la colección Black de Salamandra. 

Es puro entretenimiento, no pidan Shakespeare ahora. Pero tiene sus momentos y sus típicos tópicos se perdonan, hasta me atrevería a decir que no podríamos pasar sin ellos. ¿Cómo la llaman? Literatura de evasión, comercial, de género... por no decir que está pensada para pasar un rato entretenido y no más, ¡ni menos! Parece fácil, me dirán, pero lo cierto es que no lo es. Yeruldelgger no está, pues, exenta de méritos y es lo que es, una honesta propuesta de entretenimiento.

Qué gran novedad


Uno lee los periódicos (especialmente, algunos periódicos) y arquea las cejas con cierta sorpresa. ¡Caramba! Llanto y crujir de dientes, lamentos y decepciones, y todo porque ahora se enteran que el antiguo presidente de Banca Catalana (que lo fuera también de la Generalidad de Cataluña) era, a juicio del juez instructor, el cabecilla de una organización de delincuentes formada por su propia familia. También señala el juez que la señora de Pujol, Ferrusola, era la que metía mano a las cuentas andorranas de la banda y que su media docena larga de hijos estaba en el ajo, sin duda. ¡Y lo que no sabemos! Papá y mamá gestionaban una organización criminal, con todas las letras, en la que los hijos se movían como pez en el agua, y todos sacaban pingües beneficios de ello.

Sea cual sea el resultado del juicio, estas afirmaciones las ha hecho un juez instructor. Puede que los sucesos consignados por este juez luego no se consideren constitutivos de delito, puede que las pruebas presentadas no sean al final suficientes para alejar cualquier asomo de duda sobre el delito o el delincuente, pero sí que puede decirse que lo descrito por el juez se considera probado. Y lo descrito, añado, no sorprende a nadie.

Pero un grupo de personajes intentaba salvar la figura del patriarca echando las culpas encima de uno o dos hijos descarriados. Esa estrategia ya no cuela. Definitivamente, no. A la luz de los hechos, y a ellos me remito, la trayectoria política del padre es inseparable de su trayectoria financiera y mafiosa, que se inició con el asunto de Banca Catalana. Ese asunto acabó como el fiasco bancario más grande de la historia de España (todavía), y enriqueció fraudulentamente a los Pujol. 

Para entonces, el jefe de la banda había conseguido alcanzar el poder político en Cataluña y lo empleó como coartada, como tapadera y como instrumento de extorsión. Recuerden la que organizó cuando lo llevaron a juicio por el descalabro de Banca Catalana. ¡A partir de ahora, de moral hablaremos nosotros!, dijo, después de provocar el linchamiento (por suerte, incruento) de los diputados socialistas. Tuvo el cinismo de montar una fundación para defender la ética en política, porque él se autoensalzó como referente ético catalán... y todos le dijimos que sí. Idiotas que éramos.

Quizá sus orígenes políticos fueran sinceros o meritorios, pero salió de ellos convertido en un canalla. Más pronto que tarde su ambición de poder (y dinero) se confundió con su ideología y con más cosas. Recuerden las palabras de la señora Ferrusola, cuando CiU perdió las elecciones. Indignada, exclamó: ¡Nos han echado de casa! La confusión entre la administración, el partido y el país, y su personalización en el jefe de la banca, de la banda, pudo ser casual en su origen, aunque no lo creo, pero su persistencia y explotación no fue, ni es, inocente.

De esos polvos, estos lodos. ¿Por qué estamos como estamos? Sólo hay que tirar del hilo. Que alguien no acabe de creerse todavía que hemos vivido tantos años bajo la sombra de un canalla y que tantos se han dejado engañar por él, ciegamente, y que de ese engaño nos dolemos todavía en la vida pública... Que todavía haya gente que lo niegue no es más que un síntoma de nuestra enfermedad.

Santjordiendo


Finalmente, llegó el día de Sant Jordi. El primer Sant Jordi en el que iba a enfrentarme a uno de los efectos secundarios de escribir: firmar dedicatorias para mis queridos lectores.


Supongo que no es lo mismo tener que firmar cientos de ejemplares y correr de librería en librería, ahora aquí y ahora allá, con el cronómetro puesto, que firmar unas docenas de libros sin prisa, pero sin pausa, con tiempo para saludar y charlar con los lectores. Este último ha sido mi caso y, créanme, la experiencia ha sido agradabilísima. 

Gente... Había mucha gente. Casi me atrevería a decir que toda la gente. Tanta que me he quedado con las ganas de saludar a unas cuantas amistades que estaban por ahí vendiendo sus libros. A todos, un fuerte abrazo, y siento no haberos visto. También había gente que no tenía nada que ver ni con el mundo editorial ni con la horticultura y, la verdad, podrían dedicarse a sus labores un día en que el libro (y la rosa) tendría que ser el gran protagonista. ¡Para una vez que la gente compra libros...!

Pero ¡no me quejo! Porque ha ido estupendamente y me lo he pasado en grande. Tenía que estar firmando durante una hora y, al final, he estado firmando dos. He recibido muestras de cariño de mis lectores y editores y he sido, en líneas generales y en detalle, muy feliz.

Quiero agradecer, desde estas líneas, esta oportunidad y este día a Principal de los Libros, que me publica. También, naturalmente, dar las gracias a tantos lectores conocidos y por conocer, a los que he conocido y a los que no he podido conocer. Etcétera.











Y ya puestos, ¿no he venido yo aquí a hablar de mi libro? Pues, ahí va: mi libro

¡Leed, leed y disfrutad!

Sant Jordi 2017


Este Sant Jordi será especial. Lo será para mí, al menos, porque será el primero en el que me sentaré en una mesa a firmar los ejemplares que me pongan a tiro mis queridos lectores. 


Así es. Gracias a Principal de los Libros, que ha publicado el primer volumen de mi Historia torcida de la Filosofía, este domingo pasaré por su puesto, de 12 a 13 h. para firmar algunos ejemplares. Será en Barcelona, en la Rambla de Catalunya, a la altura del número 33.

Ahí estaré. Os espero.

Nota: Por error, dije que sería en Rambla de Catalunya, 69, pero no, será en el número 33. ¡Recordad! ¡El 33! Ay, Señor... Tanta filosofía me está afectando... Los nervios, la edad... ¿En qué estaría yo pensando?