Mal humor y buen humor


Queridos lectores:

A medias cabreado por las recientes actuaciones de Torra et Co., que causarían vergüenza ajena si no causaran muertes, comencé a escribir este artículo para Metrópoli Abierta. A medio artículo, sin embargo, he intentado mirar hacia otra parte, porque el mal humor es malo para el cuerpo. Por eso el artículo se titula Mal humor y buen humor. Espero que les guste o les dé en qué pensar.

A lo lejos / A l'horitzó




En inglés se titula In the Distance y es la primera novela de un escritor y editor nacido en Argentina, criado en Suecia, que ha estudiado en el Reino Unido y que ahora trabaja en los EE.UU. He leído la obra en catalán, por recomendación de mi librería de guardia (La Caixa d'Eines), traducida por Josefina Caball, titulada A l'horitzó (En el horizonte) y publicada por Edicions del Periscopi. En castellano la publica Editorial Impedimenta, traducida por Jon Bilbao, titulada como A lo lejos.

Es un western. Magnífico, eso sí, y en cierto modo atípico. Håkan y su hermano mayor, Linus, dos campesinos suecos, deciden probar fortuna viajando a los EE.UU. a mediados del siglo XIX. Pero, en una escala del viaje, Håkan se equivoca de barco y navega hasta San Francisco. Cuando se da cuenta del error, decide iniciar un viaje hacia el este (que no hacia el oeste) para reunirse con su hermano, que supone en Nueva York. Y así se inicia la aventura, el eterno vagar de Håkan por los desiertos, las inacabables llanuras, los bosques y las montañas de ese territorio indómito. No diré ni por qué ni cómo, pero Håkan se convertirá en una leyenda y acarreará a sus espaldas la fama que lo señala entre los hombres. 

Podría decirse que es un western crepuscular, pero es una expresión tan sobada que no vale. Yo más bien diría que es un western de verdad, y como tal, trágico y profundamente ligado con el paisaje. En éste no hay sitio para el humor, pero sí para la introspección y para darle vueltas a la condición humana. Está magníficamente escrito, aunque no es un libro de aventuras al uso. No es para todos los públicos, pero los buenos lectores apreciarán una novela muy buena. Muy recomendable.

La ristra del cirujano Larrey



Las guerras de la Revolución y las napoleónicas son el escaparate de una generación de hombres excepcionales en circunstancias excepcionales. Entre éstos encontramos verdaderos héroes y uno de mis favoritos fue el barón de Larrey, cirujano.

Le he dedicado una #RistraDeTuits en Twitter, que, a su vez, he dedicado a todas esas personas que, en estos tiempos tan complicados de epidemias y confinamientos, hacen tanto por nosotros. Comenzando, claro está, por los empleados de los hospitales, pero siguiendo con la gente que trabaja en los supermercados, los servicios públicos, la policía, etcétera. A todos ellos, gracias.

El enlace será:

Tirando a solas



Uno hace lo que puede. Por ejemplo, algún ejercicio de esgrima en casa, gracias a los vídeos del maestro Imi. Eso sí, no me apuren mucho porque todavía no domino eso del Instagram. 

La verdad es que tirar solo es algo que uno hace por no perder la costumbre, pero también con preocupación, porque cuánta habilidad hemos perdido encerrados durante dos semanas entre cuatro paredes... En fin, que tengo ganas de tirar con alguien, de nuevo, y considerar la distancia segura aquélla en la que puedes dejar corto un sablazo, y no la que debes mantener con el prójimo para no pillar un microbio.

Cerdos y jabalíes


Una vez más, Metrópoli Abierta ha tenido a bien publicar uno de mis artículos, que va de una cosa y de otra, porque quería decir mucho y tenía poco sitio para ello. Va del confinamiento, claro, pero carga contra contra los vendedores de crecepelo, los que hacen del odio su bandera y la condición miserable de algunos que consideramos ídolos. No sé si les gustará, pero ahí lo dejo. Se titula Cerdos y jabalíes

Albert Uderzo (1927-2020)



Me he enterado hace muy poco que ha muerto Albert Uderzo. Su nombre es inseparable del genial René Goscinny, padres ambos de las aventuras de Astérix, el galo, su gran amigo Obélix y una larga colección de personajes que se volvieron todos muy pronto entrañables. 

Esta noticia me ha entristecido porque yo, como tantos niños, crecí leyendo las aventuras que había dibujado. Mi afición por la lectura, por la escritura y por el dibujo deben mucho a los tebeos que dibujó y no he disfrutado poco ni nada con ellos.

En fin, la vida sigue y sus personajes nos dejan el mejor recuerdo que nadie podría desear.

Las brujas de la noche



Pasado & Presente publica Las brujas de la noche - En defensa de la Madre Rusia, de Lyuba Vinogradova, traducida por David León Gómez.

Se trata de una obra construida alrededor de un grupo de aviadoras soviéticas que se creó en el momento de mayor crisis de la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes estaban a un tiro de piedra de Moscú y parecía que nada iba a detenerlos, en noviembre de 1941. Ahí arranca la narración y prosigue hasta la decisiva batalla de Kursk, en verano de 1943, sin dejarnos la brutal batalla que tuvo lugar en Stalingrado.

Estamos hablando de un grupo de muchachitas, entre diecisiete y veintiún años, que habían aprendido a volar en los clubs del Komsomol y que se prestaron voluntarias para ser pilotos de guerra. Hablamos de la Unión Soviética de Stalin, lo que suma al horror de una guerra el miedo a las delaciones y a los comisarios políticos. De hecho, los tres regimientos femeninos que se formaron fueron objeto de una campaña publicitaria del régimen y las mujeres que lucharon en ellos tuvieron que empeñarse a fondo para poder ser consideradas pilotos de combate y reconocidas como tales.

Una de las ases de caza femeninas, Lydia Litvyak.

Se crearon tres regimientos aéreos. Uno, de cazas, el 586.º, que pasaron a pilotar el Yak-1. Algunas de sus pilotos, como Katya Budánova o Lydia Litvyak, se convirtieron en ases y encontraron la gloria (y la muerte) combatiendo contra los nazis. Algo parecido ocurrió con el regimiento de bombarderos, el 587.º, que pilotaban el Túpolev Tu-2, que efectuaba ataques frecuentemente en picado, con no poco riesgo. 

Un U-2 y algunas de las mujeres que lo tripulaban.

El tercer regimiento femenino, el 588.º, fue pronto bautizado por el enemigo como el de las brujas de la noche, apodo que dieron a las valerosas mujeres que pilotaban una especie de cafetera con alas, el U-2, un biplano de madera y tela que apenas sobrepasaba los 150 km/h. La misión de estos aviones era hostigar al enemigo con ataques nocturnos a baja cota. Esos aeroplanos casi de juguete se convirtieron en una pesadilla y de ahí el nombre que los alemanes pusieron a esas pilotos. Fue una de las unidades soviéticas más condecoradas y se hizo muy pronto tan famosa como temida.

Vinogradova no se centra exclusivamente en las hazañas bélicas, sino en la relación de las pilotos entre sí, con sus superiores, con sus familias, con sus compañeros de vuelo... También presta atención a las mujeres que realizaban el mantenimiento de los aeroplanos, las mecánicas, tan frecuentemente olvidadas. 

Es un libro muy interesante y que nos cuenta una historia muchas veces desconocida o tergiversada, muy bien documentada y fruto de un trabajo de investigación que también intenta desmitificar la realidad de estas unidades. Recomendable para cualquiera que tenga interés en este asunto. 

La ristra de la máquina de afeitar


Mis seguidores de Twitter podrán haber ya leído mi última #RistraDeTuits sobre una anécdota de la Segunda Guerra Mundial que nos lleva a la desconocida guerra electrónica entre amigos y enemigos en esa contienda. La historia de la máquina de afeitar se instaló en la marina aliada en el Mediterráneo, casi como una superstición, pero no les diré nada más. 

El enlace será:

Espero que les guste.

¡Que te pongas los guantes!


Las declaraciones de las cabezas visibles de una parte del independentismo catalán estos días son una clarísima muestra de su miseria moral. Por eso escribí ¡Que te pongas los guantes! para Metrópoli Abierta. Naturalmente, la educación me impide decir lo que pienso.

Una #RistraDeTuits en la radio


Estos días también deparan sorpresas agradables. Onda Nassau ha tenido a bien retransmitir una lectura de una #RistraDeTuits, aquella que hablaba de Rose Valland, la espía del Louvre que salvó tantas obras de arte.

La #RistraDeTuits está aquí:

Esta emisión es una iniciativa del Instituto de Educación Secundaria Juana I de Castilla, de Tordesillas, Valladolid.

Muchas gracias.

La retransmisión es ésta:

Como desees



Cary Elwes, con la ayuda de Joe Layden, es el autor de un libro titulado Como desees -- Historias inconcebibles del rodaje de La Princesa Prometida, que publica Ático de los Libros.

Esta brillante editorial había vuelto a publicar La Princesa Prometida y la leímos y la disfrutamos mucho. Como muchos de ustedes sabrán, el libro se convirtió en una película que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una película de culto, y una de esas películas tan maravillosas que pueden alegrar el día tanto a los nietos como a los abuelos. 

Cary Elwes es el actor que en aquel entonces encarnó a Westley, uno de los protagonistas del libro y de la película. Era un actor casi desconocido y cuenta, en este libro, las peripecias del rodaje por las que tuvo que pasar. Entre ellas, las necesarias para poder combatir espada en mano en uno de los mejores duelos coreografiados por Bob Anderson.

(Pueden ver este duelo aquí, en; https://youtu.be/lC6dgtBU6Gs).

Si a ustedes les gusta la película o sienten interés por conocer el punto de vista de un actor, lean Como desees. Algunas de sus anécdotas no tienen precio.

Con humor




Cuando esto pase


Cuando esto pase, la epidemia, quiero decir, espero que nos acordemos de quienes recortaron los presupuestos de la sanidad pública con tanta afición y de quienes, en vez de sumar fuerzas e ir todos a una, aprovecharon para sembrar la inquina, que resultan ser los mismos, mira tú qué casualidad. 

Llegarán tiempos de preguntar y exigir, pero ahora, si lo que vas a decir no ayuda, calla. 

La ristra del coronavirus



Queridos lectores:

Alguien me pidió hacer una #RistraDeTuits sobre la epidemia que se nos ha echado encima. Al principio no quise hacerla, pero luego pensé que, si ayudaba a alguien, aunque fuera muy poquito, era mi deber hacerla.

Aquí la tienen:

Aprovecho para insistir en dos cosas más:

La primera, ánimos. Lo superaremos.

La segunda, gracias. Especialmente a esas personas que cuidan de nuestra salud, los servicios públicos, las tiendas de comestibles... A todas ellas, sin dejarme ni una.