Noches sin dormir



He de reconocer que no había leído nada de Elvira Lindo, fuera de, ocasionalmente, algún artículo escrito por ella para El País. Hay tanta gente de la que no he leído una línea y que me convendría leer... El año pasado, una amiga mía con un gusto literario exquisito, que se gana la vida como editora de mesa (no diré ni dónde ni quién es), me regaló Noches sin dormir, de Elvira Lindo. La acabo de leer toda hace nada, como quien dice. Brave! Brava! para mi amiga, que acertó, y Brava! para Elvira Lindo, porque me ha gustado mucho lo que ha escrito.

Elvira Lindo se propuso escribir algo sobre Nueva York cada día de su último invierno en la ciudad, después de once años viviendo en ella. El libro es una pequeña joya que nos descubre la Gran Manzana vista desde dentro, que no es tan maravillosa como nos dicen. En palabras de la misma autora, es cutre, pero añado que es también fascinante. Lo es o lo parece, tal y como la describe. Adornada con fotografías de la autora, que no sé si serán buenas o malas, pero que ahí están, no defraudará a los curiosos y se descubrirá interesante para un aficionado a la buena lectura. Ha sido una sorpresa muy agradable. Recomiendo su lectura.

El regreso (Gran Premio de Australia 2017)


¡Ha vuelto el Circo! La Fórmula 1 ya está de nuevo aquí y ya se ha celebrado la primera carrera, en Melbourne, Australia. Ha habido (una relativa) sorpresa.

En Australia, la Fórmula 1 quizá haya dado un gran salto.
O quizá no. Pero puestos a saltar...

Estos meses se ha hablado mucho de los cambios en la Fórmula 1. Uno de los más importantes es que Ecclestone ya no está al frente, y esto sí que es un cambio. Pero los que quería señalar son los cambios técnicos. Hay más libertad para hacer evolucionar el motor, se emplean neumáticos más anchos, el coche es también más ancho, importa más la carga aerodinámica y la revolución de verdad viene por la velocidad en el paso de curva, que crece de modo significativo. Será más difícil adelantar por la anchura de los bólidos, pero la velocidad en curva pondrá en su sitio a los peores conductores. Otro factor a tener en cuenta es que los neumáticos durarán más, lo que importa, y mucho, en la estrategia de los equipos. 

Se ha dicho que Mercedes-Benz no lo tendrá tan fácil este año. Ferrari, se sigue diciendo, se ha acercado mucho y quizá se enfrente a las Flechas de Plata en igualdad de condiciones. Eso está por ver, pero sí que parece que ha mejorado mucho y como uno es de Ferrari de toda la vida, gane o pierda, celebra esta noticia. Además, hay que decirlo, que Mercedes-Benz no tenga por delante un camino de rosas es una buena noticia para todos los aficionados, porque las carreras tendrán más interés. Honda ha decepcionado, y mucho, y Red Bull está delante, intentando pillar a los alemanes e italianos. Se verá. Es pronto para asegurar nada.

Vettel, corriendo en la primera posición.

En esta primera carrera los Ferrari han demostrado que vienen fuerte. Ha ganado uno (Vettel) y el otro ha quedado cuarto. En medio, los dos Mercedes-Benz. Cuentan los cronistas que ha sido un error estratégico de los alemanes, que han entrado a cambiar sus neumáticos cuando había demasiado tráfico, y que entonces Ferrari ha aprovechado la ocasión. Aunque los ferraristas celebramos el resultado (cómo no), no hay que echar las campanas al vuelo. Pero si esto sigue así, gane quien gane al final, será más divertido. ¡Que siga, por favor! ¡Que siga!

Cosas del oficio de lector


El otro día pasé por la librería Malpaso (en el cruce entre las calles Girona y Diputació), donde trabaja una amiga, y me llevé dos alegrías a casa, o tres, si contamos el libro que compré. La primera, un regalo a mi vanidad: mi amiga me pidió que le firmara y dedicara un ejemplar de mi libro, cosa que hice con sumo placer, porque a nadie le amarga un dulce. La segunda, que me presentaron a Patricia Escalona, editora de Malpaso, que estaba por ahí de casualidad o algo parecido. A juzgar por los libros que publica, su trabajo es excelente. 

"Patricia, te presento a Luis", dijo mi amiga. "Es escritor", añadió. En un arranque de falsa modestia (hipócrita que es uno), dije que no había para tanto, que era escritor, lector, lo que fuera. Lector... "Ya sé lo que es eso", me dijo Patricia, muy simpática. "Todo el mundo me dice: ¡Qué guay! ¡Tu trabajo es leer! ¡Y no saben lo que es eso! ¡Ay, si lo supieran...!" Como se me escapó una sonrisa, añadió: "Ya sabes de qué hablo, ¿verdad?".


Sí, ya sabía de qué me estaba hablando. No es tarea fácil ni agradecida tener que leer cientos y cientos de páginas que, simplemente, no pueden publicarse. ¿Por qué? Porque son malas. De hecho, los manuscritos se dividen en tres grandes categorías: los malos, los muy malos y los peores. De vez en cuando surgen cosas excepcionales. Algunos son tan extraordinariamente malos o inverosímiles, extraños, que algunas editoriales (doy fe) los guardan como oro en paño, en una especie de museo de los horrores. La visión de esas monstruosidades es fuente tanto de risa como de espanto, y uno tiene que remontarse a los gabinetes de curiosidades del siglo XIX para encontrar algo semejante. 

También surge, es cierto, algún manuscrito publicable. Incluso alguno entretenido, interesante, hasta bueno. En esos casos, el lector, apabullado por semejante descubrimiento y novedad, celebra el evento exagerando las virtudes de lo que ha leído, porque sabe que ese manuscrito todavía tiene por delante una dura prueba, que sólo superan uno de cada diez candidatos. Así y todo, si conoce a un lector profesional quizá lo descubra un día sonriendo en una librería. Éste lo leí yo, susurrará, señalando a un libro, casi como si se tratara del mismísimo autor.


En mi caso, combino la escritura con la lectura. No me considero un buen autor, pero intento mejorar en cada frase y me gusta aprender y sufrir. Cada libro que leo (y cada manuscrito) me enseña nuevos caminos que merecen explorarse (o evitarse). Brunelleschi, el genial arquitecto, pasó muchos años en Roma estudiando edificios mal construidos, que habían colapsado bajo su propio peso, y extrajo de ellos valiosísimas lecciones que le valieron para levantar la cúpula de la catedral de Florencia. Algo parecido hago yo, aunque no creo que vaya a levantar algo tan grande, ni de lejos.

Decía que combinaba escritura con lectura porque conozco los dos extremos. Sé la de horas e ilusiones que ha invertido el infeliz que ha escrito el manuscrito que estoy leyendo ahora. Cuanto más malo, malísimo o peor es, peor me siento yo. Primero, por leerlo, claro, porque hay momentos en que te preguntas por qué el autor no se dedicaba a la papiroflexia en vez de a la escritura. ¿Quién le habrá metido en la cabeza que vale para escribir? Algunas páginas merecen palabrotas dichas en voz alta. Pero en segundo lugar, ahí quería ir, es imposible no pensar en tantas ilusiones y tantos trabajos como ha puesto el autor. ¿Cuántas horas habrá invertido en escribir algo... tan malo? ¿No ha leído lo que ha escrito o lo ha leído y cree que está la mar de bien? ¿Cree realmente que merece ser publicado, que tiene alguna oportunidad? ¿Lo cree sinceramente? 

Me irrito más de una vez y más de dos, y algún día me he puesto de un humor de perros enfrentándome a un manuscrito horrible que me veía forzado a leer. Pero (casi) siempre no me da por ahí. Será porque suelo ponerme en el lugar del autor. Entonces... Pobre... ¡Me da una pena...! Mientras escribo un demoledor informe de lectura, no dejo de pensar en esta íntima y particular tragedia, no lo puedo evitar.


Luego imagino lo que dirán de lo que yo he escrito. Imagino que nada bueno. Yo me pondría las botas en un informe de lectura contra mí mismo, estoy seguro. Imagino a otro lector acordándose de mí, con ganas de enviarme de cabeza al infierno de los escritores frustrados. Por eso, quizá por eso, se da esa suerte de complicidad que lamenta tener que redactar un informe de lectura honesto, que condene el manuscrito a la papelera. Pero uno es un profesional y a la que se pone ante el informe, la simpatía la deja en un aparte y se convierte en un verdugo implacable. Si un manuscrito es malo, es malo, y ahí van mis argumentos. A veces, después de haber enviado el informe, tengo un leve remordimiento... que se me pasa en seguida, no vayamos a exagerar.

Por eso sonreí cuando Patricia observó que yo ya sabía de qué estaba hablando. ¡Vaya si lo sé...! ¿Te pagan por leer? ¡Qué guay!, dicen.

El prisionero de Zenda (la novela... y las películas)


Un libro para disfrutar y dejarse llevar por la aventura.

No había leído El prisionero de Zenda, aunque había visto las películas. En plural. Al menos, las dos más famosas, la de John Cromwell, protagonizada por Ronald Colman, Douglas Fairbanks Jr. y Madeleine Carroll, de los años treinta, y la de Richard Thorpe, protagonizada por Stewart Granger, James Mason y Deborah Kerr. Ésta, la segunda, es probablemente la más famosa, y también la más kistch. También existe una versión en cine mudo, de 1922, muy interesante. 


Los carteles de las dos películas.
Cualquiera de las dos merece verse. 
La segunda es más kistch, quedan avisados.

En mi modesta opinión, en las películas la función se la lleva el malvado Rupert de Hentzau. James Mason es un Rupert de Hentzau magnífico, pero yo prefiero al descarado Douglas Fairbanks Jr., más alegre y semejante al Rupert de Hentzau de la novela. Pero no pienso sentar cátedra, porque esto va por gustos y cada uno elige al malo al que mejor se acomoda. Cualquiera de los dos es notable. 

Por supuesto, ambas películas se cierran con el enfrentamiento a vida o muerte de Rudolf Rassendyll y Rupert de Hentzau, sable en mano. La escena es tan famosa que ha sido imitada en numerosas películas y en una de ellas, La carrera del siglo (The Great Race, 1965), la esgrima entre Tony Curtiss y Ross Martin es tan buena que no tiene nada que envidiar a ninguna otra. ¡A lo que íbamos! Son cuatro o cinco minutos de sablazos arriba y abajo que Granger y Mason pasan con muy buena nota, superando a Colman y Fairbanks Jr., que no pelean tan bien (aunque crean escuela). En la novela, el enfrentamiento entre Rassendyll y Hentzau no es exactamente así como se ve en las películas, aunque no será menos emocionante, y no diré más. No pienso quejarme por ello.

El duelo, en 1937. La imagen de las sombras dándose sablazos, un clásico.

El duelo, en 1952. Una de las mejores escenas de esgrima de Hollywood.

El duelo, en 1965. Con florete y sable, y una magnífica esgrima.

La novela... No la había leído. No sé por qué. Quizá porque no se publicaba. La compré hace unos días, publicada al fin por DeBolsillo y Zenda (www.zendalibros.com), con un prólogo de Arturo Pérez-Reverte que, como no podía ser menos, reivindica el placer de una lectura divertida, entretenida... Y eso es lo que es El prisionero de Zenda, una novela para disfrutar. He de reconocer que me arrimé a la novela esperando tropezar con un texto mediocre, prescindible, pero ¡cuánto me equivoqué! ¡Me lo he pasado en grande leyéndola! Me he divertido mucho. Oh, vale, no es un Flaubert, ni un Joyce, pero tiene todo lo que ha de tener para pasar un buen rato y vivir aventuras, sable en mano. Ya no se escriben novelas así, hemos perdido la inocencia y la frescura, hasta el descaro, de El prisionero de Zenda. Qué lástima, ¿verdad?

Resumen del caso


--Está prohibido, no puedes hacerlo.
--Pues lo hago lo mismo. ¡Mirad lo que he hecho! ¡Qué listo que soy! ¡Voy a pasar a la historia por el gol que les acabo de meter!
--Mira que te hemos avisado. ¡A juicio!
--¿Por qué? ¡Si no he hecho nada! ¡Si yo no he sido! ¡Han sido los voluntarios, señoría! ¡Fueron ellos! Yo sólo pasaba por ahí. Además, no entendí cuando me dijeron que no podía hacerlo y de verdad, de verdad, que no lo he hecho.
--No nos vengas con cuentos, que lo hiciste, que lo vimos todos y lo sacaste por la tele, presumiendo de haberlo hecho, ¿o ya no te acuerdas? Pero, va... Seré bueno y sólo te inhabilitaré un poco.
--¿Me has inhabilitado? ¿No podré presentarme a las elecciones que están al caer?
--No, por desobediente. En las siguientes, quizá.
--Entonces ¡lo hice yo! ¡No me arrepiento de nada!
--Pero ¿no fueron los voluntarios?
--¡Quiero ser presidente! ¡Quiero ser presidente! ¡Quiero ser presidente...!


Dando sablazos en Gerona


Ayer participé en una exhibición de esgrima en Gerona, donde la Escola Hongaresa d'Esgrima plantó sus reales y enseñó los rudimentos de tan noble arte a docenas de niños que pasaron por ahí. Fue muy divertido. 

Soy el tipo de la izquierda.

En la fotografía pueden verme lanzando una hábil estocada a un compañero de la escuela, para que no se diga. Ayer cumplió el año y medio justo que practico este entretenimiento. ¡Bien!

Clase y señorío


Leído en la versión electrónica de El Periódico (10 de marzo de 2017) y copiado aquí:

La apertura de la caja fuerte de Rosell se llevó a cabo en octubre del 2015 en el juzgado de instrucción de El Vendrell. En su interior, aparte de los fajos de billetes envueltos en papel de diario, los investigadores encontraron un calcetín de color gris de la marka Nike en cuyo interior había escondido un reloj de la marca Rolex. También hallaron otro reloj de la marca Orient con el nombre y apellidos del investigado grabado en el dorso y varios CD-ROM, así como el disco 'The Rising' del cantante estadounidense Bruce Springteen.

Una de las fotografías que acompaña la noticia.
Puede apreciarse el Rolex y el calcetín.
En un recuadro a la derecha, el detalle de la marca del calcetín.

Un Rolex en un calcetín... ¡Por Dios!

Sólo música andaluza


No era el 3%, era Mas, era el 4%.

El juicio del año (de lo que llevamos de año) en Cataluña es la vista oral por el caso Palau, que nos está dejando algunas citas memorables. El señor Montull dejó ir una que era, en sí misma, un titular, y los periódicos se han lanzado a por ella, ¡no podían desperdiciarla! La cantidad era del tres por ciento, pero luego se pasó al cuatro porque Convergencia quería más dinero, dijo. ¡Es frase de portada! Aunque eso no es nuevo. Conocí y traté personalmente a un personaje que, en algunos círculos, era conocido como Míster Fivepercent, y no creo que haga falta añadir otra cosa. Quien no lo vea, es que no lo quiere ver.

Es escandalosa la psicopatía cleptómana del señor Millet, que rapiñaba con todo lo que se le ponía al alcance. Es un caso que me atrevería a considerar clínico. Pero es mucho más escandaloso su papel de comisionista de los convergentes, que sabían quién era. Apenas hemos visto una parte de una tupida red mafiosa y clientelar que hoy todavía subsiste y que, no nos engañemos, sirve para que unos pocos vivan muy bien a costa de todos los demás. No perder el momio es lo que está detrás de la lucha por mantenerse en el poder llamada, torticeramente, prusés.

Pero entre declaración y declaración de esta tropa de sinvergüenzas asoman las orejas del lobo. Me refiero a otra constante detrás de esta clase dirigente, y es muy fea. Hablo de su implícito (incluso explícito) desprecio por los otros. Puede llamarse racismo, pero también clasismo; a veces también hay sexismo; es un anhelo de partido único, de verdad absoluta, de estás conmigo o contra mí, de exclusivismo, elitismo mal entendido, plutocracia; hay miedo, quizá, pero sin duda hay también odio... ¿Podría llamarse fascismo? Puede que no, pero seguro que esta ideología (cerril, fanática) es un componente indispensable del fascismo. Dígase claro y en voz alta: surge en esta tropa lo peor del nacionalismo, en abstracto y en concreto. 

Un personaje con una ideología racista deleznable, el señor Barrera.

Son famosas las manifestaciones del señor y la señora Pujol (e hijos) sobre los inmigrantes: el padre habló de la debilidad mental (sic) de los andaluces; la madre, sobre el disgusto que tuvo cuando la echaron de casa (sic) para poner a un presidente (de la Generalidad) que no era catalán (sic, de nuevo); los hijos, por no querer jugar con unos niños porque hablaban en castellano... Ni les cuento el discurso abiertamente racista del señor don Heribert Barrera, que fuera presidente del Parlamento de Cataluña y de ERC, donde todavía lo tienen en los altares. El tipo está entre lo mejorcito de la ultraderecha europea y recoge la tradición de las camisas pardas de los hermanos Badía: En América, los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos, dijo una vez, para añadir, acto seguido, que se debería esterilizar a los débiles mentales de origen genético; que Haider (un líder de la ultraderecha republicana austríaca) cuando dice que en Austria hay demasiados extranjeros no está haciendo una proclama racista; que antes hay que salvar a Cataluña que a la democracia; que el bilingüismo implica la desaparición de Catalunya como nación... Etcétera. Un no acabar. Me alegra decir que murió cuidado por una inmigrante, sólo y triste.

Lamentablemente, esas cosas y algunas parecidas las piensa mucha gente, porque nunca faltan imbéciles. El último, volviendo al juicio del caso Palau, fue uno de los tesoreros de Convergència, Daniel Osàcar.

El señor Osàcar diciendo ante los micrófonos que él no ha sido, que es todo mentira.

El fiscal interrogó al señor Osàcar y éste, pillado en falta, decía que todo era mentira, pues ¿qué va a decir, si no? Pillado, como dicen en catalán, amb els pixats al ventre, se defendía (patéticamente) como podía. Veremos en qué acaba todo, pero, mientras tanto, recordemos que el fiscal le preguntó qué trabajos hacía la Fundació Trias Fargas (convergente, puesta ahí para recaudar dinero) para el Palau de la Música. La respuesta del señor Osàcar es una pequeña muestra de esta ideología que he descrito.

El señor Osàcar afirmó que el objetivo de los convenios suscritos entre la Fundación Trias Fargas y el Palau de la Música era (cito) difundir la música catalana. Vale. Bien. Nada que objetar. Añadió: En los pueblos gobernados por CDC. Vale... Es decir, cobrar 800.000 euros por llamar por teléfono a un alcalde de tu propio partido, que te debe obediencia, y decirle: Eh, chaval, monta un concierto de música catalana en tu pueblo, ¿vale? Pero lo pagas tú. Genial. Un trabajo así quisiera yo.

No quedó ahí la cosa. Luego añadió (y ahora viene lo bueno, lo que quiero señalar): El objetivo era que en una fiesta de un pueblo no pusieran sólo música andaluza y que no olvidaran la música catalana, la sardana...


Arriba, un concierto de música presuntamente andaluza. Abajo, sardanas.
Observen la afluencia y la tipología del público y saquen sus propias conclusiones.

Que no pusieran sólo música andaluza... Lo dijo dando muestras de fastidio. ¡Música andaluza...! ¡Estando la nostra!



Carteles de conciertos de Fiesta Mayor en pueblos y ciudades catalanas.
Obsérvese la preponderancia de la música andaluza en todos ellos.

¿Tengo que seguir? Ya somos mayorcitos y podemos sacar nuestras propias conclusiones sobre qué piensa el señor Osàcar de la gente que no baila sardanas. El objetivo convergente es, me temo, que la gente se aburra mucho en fiestas... o algo mucho peor.

Apocalipsis zombie


Más de un parlamentario está hasta los c... eh... está harto, perdón, de que el Gobierno de España largue unas respuestas parlamentarias que dan pena. Con cierta perspectiva, este es un defecto compartido por todos los gobiernos autonómicos españoles y muchas grandes ciudades del país, pero ésa es otra historia. Hablábamos de las relaciones del Ejecutivo con las Cortes Generales. 

Uno de los señores diputados y senadores ha optado por echarle guasa al asunto y llamar la atención sobre la poca calidad de las respuestas que recibe. Dice que son (y cito) inútiles e inconcretas, no aportan ningún tipo de información, etcétera, qué les voy a contar. Por mucho que las preguntas sean (vuelvo a citar) concretas, claras e inequívocas, el Gobierno se va por los cerros de Úbeda y contesta ni sí ni no, sino todo lo contrario. El caballero en cuestión, el señor Mulet, senador de Compromís, ha pensado que la mejor manera de llamar la atención sobre este problema (que es, además, un problema muy serio) es echarle humor y sacarlo a la calle.

¿Cómo? El señor Mulet va y pregunta lo siguiente: ¿Qué protocolos tiene adoptados el Gobierno ante la posibilidad de un apocalipsis zombie? Tal cual. Con un par. El Gobierno de España, obligado por la Constitución y el Reglamento del Senado, tiene treinta días para contestar por escrito (un plazo que, denuncia el senador, se cumple muy pocas veces).

Ahora está todo el país pendiente de los planes del Gobierno ante un apocalipsis zombie. ¿Qué responderá el Ejecutivo? ¿Existen dichos planes? 

En serio, estoy más que intrigado por conocer la respuesta. Hacía tiempo que no me interesaba tanto la política. Seguiremos informando.

Todos los hermosos caballos



Cuando Bob Dylan ganó hace poco el Premio Nobel de Literatura, se oyeron muchas voces que dijeron que, puestos a premiar a un norteamericano, ¿por qué no a Cormac McCarthy? Porque el señor McCarthy es, no me cabe la menor duda, todo un clásico y uno de los pocos escritores vivos que de verdad merecen un Nobel.

Confesaré (en voz baja) que el estilo que suele emplear McCarthy en sus novelas no me gusta demasiado, hasta me atrevería a decir que me aburre o hastía... especialmente cuando lo emplean otros escritores. Cuando lo emplea McCarthy... ¡Ah, entonces la cosa cambia! ¡Y cómo cambia! Cambia tanto que me basta con una página para quedar embelesado y admirar profundamente el oficio de este autor. ¡Qué bien escribe! 

Todos los hermosos caballos se publicó en 1992 y tuvo un éxito inmediato. Se consideró más romántica (permítanme la cursiva) que sus obras anteriores y hasta hicieron una película que no he visto, pero que no quisiera ver. Porque el libro merece la pena de leerse y existe una ley no escrita (que no siempre acierta, pero sí a menudo) que afirma que de un buen libro sólo puede salir una mala película. En verdad, no quisiera verla porque ya he construido un mundo a mi manera de lector y no quisiera verlo en manos ajenas. despanzurrado por necesidades del guión. Es la primera obra de la que han llamado La trilogía de la pradera. Las dos obras siguientes me esperan y ya las leeré. No hay prisa, pero sí que hay muchas ganas de leerlas. 

En el libro hay violencia y un ambiente seco, duro, agreste, como la misma prosa que emplea el autor. Sus personajes hablan con frases breves y cortantes, son como el mismo desierto en el que se mueven. Se muestran como son sin grandes explicaciones, profundamente. ¡Qué difícil es eso...! Pero, pese a todo, por encima de todo, asoma una poesía que nos regala con momentos de gran belleza. Nos sorprende dar con ella tanto como nos deslumbra. Es magnífico cómo consigue sacarla de debajo de las piedras. ¡Bravo!

En resumen, por no alargarme, léanla si les gusta leer. Es muy buena.


Comentario de texto


Me lo contaron hace muchos años y no sé si es cierto. Tampoco me he molestado en comprobarlo, la verdad. Me contaron entonces que no era lo mismo ser analfabeto en España que en Suecia. En España, uno dejaba de ser analfabeto en el mismo momento en que era capaz de escribir su nombre y apellidos. En Suecia, en cambio, uno dejaba de serlo cuando era capaz de responder por escrito varias preguntas sobre un texto que ocupaba más de media página, explicando de qué iba y por qué. La diferente evaluación del analfabetismo, me dijeron entonces, respondía a la necesidad del franquismo de mostrar ante el público el éxito de su sistema de educación pública. Ahí lo dejo, no sé si será verdad.

Esto viene al caso porque un periódico electrónico noruego de titularidad pública, el NRKbeta (https://nrkbeta.no/), propone un sistema para acabar con los comentarios imbéciles y esa clase de basura que cuelga al final de las noticias publicadas en internet. Como dijo una vez Umberto Eco, las redes sociales dan voz a legiones de idiotas, y eso no puede ser bueno. Para intentar evitar este peligro, Marius Arnesen, el director de NRKbeta, ha ingeniado un sistema que, eso dice, todavía no es definitivo y está en período de pruebas

Comentarista medio de noticias publicadas en internet.

El señor Arnesen explica que (cito) muchos lectores sólo leen el título y apenas unas líneas antes de lanzarse a escribir sus comentarios. Luego explica lo que ya sabemos, que escriben con la boca caliente, sin dar muestras de inteligencia, y así quedan los comentarios, llenos de porquería y de faltas de ortografía. El método que pretende evitarlo, el que ha implantado el periódico que dirige el señor Arnesen, consiste en hacer tres preguntas sobre el artículo que pretende comentarse. Como dice el señor Arnesen, se ve obligado a hacer una pausa, reflexionar un poco y leer el artículo. ¿Qué se gana con ello? Se asegura que la discusión se inicia en torno a una base de conocimiento común, añade el periodista noruego.

Aunque el NRKbeta no sea un periódico muy leído, su experimento ha provocado el interés de muchos medios. Está en período de pruebas y quién sabe si acabará implantándose o descartándose, pero el señor Arnesen afirma que por ahora va muy bien y que los lectores se muestran satisfechos por los resultados

¿Imaginan algo así en los periódicos españoles? Me gustaría verlo, para ver qué pasa. Pero también me gustaría verlo en las tertulias que nos invaden. Pillar en un aparte al señor Inda o a la señora Rahola y descubrir si sus conocimientos son suficientes o sólo gritan mucho... Pero me temo que eso nunca será posible, porque lo que ganen las tertulias en inteligencia lo perderían en audiencia. Lo cutre vende.

Juicios televisados, pero no todos


Hace unos días, me puse a cambiar de canales de televisión como un tonto y me salió un señor declarando ante un tribunal. Luego me enteré que la CCMA (la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales) retransmitía en directo el juicio por el Nueve Ene, en Barcelona y en Madrid. ¡En directo! ¡Íntegramente! 

El juicio del Nueve Ene es un rollo.

Sacaron al señor Homs diciendo que él no había sido, que habían sido los voluntarios, y que, en cualquier caso, la prohibición que le enviaron los del Tribunal Constitucional no decía exactamente qué estaba prohibido y qué no. Debió de ser el único en todo el país que no comprendió la prohibición.

En las mismas se instaló el señor Mas, cuyo juicio en Barcelona también recibió el mismo trato, lo mismo que el Via Crucis que se organizó para presionar al tribunal que tenía que juzgarlo. En total, fueron varias jornadas judiciales retransmitidas ya por TV-3, ya por el canal de noticias 3/24, ya por la radio... Como digo, en directo. Bla bla bla... Ninguna sorpresa. Lo de siempre. Un rollo. ¡Menudo aburrimiento! ¡Pudiendo dar una película...! 

Un rollo, sí, porque todos sabemos lo que pasó. Con independencia del bando al que usted pertenezca, sabe exactamente lo que pasó y cómo pasó. Si fue delito o no lo fue, o si puede probarse judicialmente que lo fue, eso lo decidirán los jueces, pero ¿qué me van a contar? ¿Algo nuevo? No parece. ¿No presumían de desobediencia y astucia los protagonistas? En público, además. A viva voz. Por la misma televisión que retransmitía el juicio... No hay nada que descubrir. No hay secretos. Ergo, no hay emoción alguna. No hay intríngulis. Mejor hubiera sido pasar una película, insisto. Ya puestos, Doce hombres sin piedad o Testigo de cargo, por ejemplo.

Pero ¿qué hay de la vista oral del juicio por el caso Palau? Ah, eso es otra cosa. ¡Otra cosa!

El caso Palau promete mucho. Luego, ya veremos.

Ahí tienen al señor Montull, que dice estar dispuesto a tirar de la manta a cambio de una rebaja de la condena de su hija. Ahí está el señor Millet enfrentándose al dilema del prisionero, preguntándose si cantar o no cantar. Ahí tienen tantos sobornos y comisiones que pasaron por el Palau de la Música y acabaron en manos de CDC... Tanto dinero que hay quien escribe que CDC no era en verdad Convergència Democràtica de Catalunya, sino Cobro De Comisiones. De eso va todo. Ésa es nuestra historia reciente. Ése es el sentido del pujolismo y la explicación de tantas cosas. Hay tantos implicados y nos afecta tanto que no podemos evitar interesarnos.

¡Aquí hay material e intriga para animar al personal! ¡Aquí sí! ¡Mucho! Además, polémico. Unos diciendo que meterían la mano en el fuego por el tesorero y otros encendiendo y avivando ese fuego, porque alguno se nos va a quemar, porque es más que evidente que las comisiones corrían arriba y abajo por el Palau de la Música, eso no se le escapa a nadie. Sobre el carácter probatorio de las evidencias presentadas... Bueno, eso forma parte de la intriga, ¿no? Que decidan los jueces.

Pero... ¡Ay! Este juicio no lo retransmiten ni íntegro ni en directo ni nada en los medios de la CCMA. Ay... Qué pena... ¿No lo retransmitirán? ¿Y por qué no? Contiene un millón de veces más emoción y dramatismo el caso Palau que la charada del Nueve Ene. Vamos, fuera yo guionista y ya verían con qué historia me quedaría. Pero no lo van a retransmitir. Ni hablar. Jamás de la vida. Será por cobardía o no sé por qué será, pero nos vamos a perder un buen entretenimiento. Luego los de la CCMA van diciendo por ahí que son neutrales y que no manipulan la información. Es cierto, no la manipulan. Simplemente, no la emiten.

Pues, ¿saben qué les digo? ¡Qué lástima! Vivo en un país muy triste.

La Grande Bellezza



No la había visto cuando la estrenaron, ni cuando le dieron el Oscar, ni después. Tenía el DVD, esperando la ocasión propicia y ésta no llegaba nunca, porque el día a día nos supera con sus tonterías. Hasta que, ayer mismo, descubrí que pasaban La Grande Bellezza por televisión y me dije que hasta ahí podíamos llegar. Ahora o nunca. Puse el DVD, seleccioné la versión original, me instalé para verla con todo detalle y no aparte la vista de la pantalla de principio a final. Quedé apabullado por las imágenes y me dejé llevar por la película, hasta el fundido en negro final, que sucede después de navegar bajo los puentes del Tíber mientras aparecen los títulos de crédito. Bravo! Bravissimo!

El fondo de la película es duro, un mensaje de melancolía y frustración, de anhelos imposibles y vidas perdidas detrás de ellos, y la forma no es convencional, pero sí que es bellísima y extremadamente cuidada. No entraré en detalles ni en argumentos, porque ahora no me importan demasiado. Sólo diré que me dejó impresionado, que es lo que a mí me importa, a fin de cuentas. Tengo muchísimas ganas de volver a Roma, ahora mismo, para ver una puesta de sol desde el Ponte Cavour, por ejemplo. Unas ganas de morirse.

Secretos y discretos



Estos días hemos asistido a un número de circo (uno más) de los payasos del prusés (de aquí y de allá). Todo comenzó cuando uno afirmó que el Gobierno de España negociaba en secreto (sic) con el Gobierno de la Generalidad de Cataluña. Lo dijo alguien que sabía lo que se decía, al menos en teoría, pues era el delegado del Gobierno (de España) en Cataluña. Inmediatamente, como disparados por un resorte, salieron los del Gobierno de la Generalidad de Cataluña (que también tienen un delegado en Barcelona, por si no lo sabían) negando la mayor: aquí nadie negocia con Madrid, y menos en secreto, dijeron. 

Esa negación tan rápida y encendida demuestra, absolutamente, que que se está negociando con el Gobierno de España. Seguro. ¡No falla! Es lo mismo que cuando un presidente del Gobierno (éste, ése o aquél) niega que exista una crisis de Gobierno antes de que nadie le pregunte; es señal inequívoca de que existe una crisis de Gobierno, y de las gordas. ¡Así funciona la política! 

Luego salieron los representantes en Cataluña del partido del Gobierno de España negando lo mismo; un punto más a favor de que en verdad se negoció y se sigue negociando. Hubo voces que seguían afirmando que sí, que había habido y siguen habiendo tales negociaciones... y eso me confundió un poco al principio. El líder del PSC en Cataluña, por ejemplo, afirmó que las ha habido. Secretas, además. Tan secretas que las conoce cualquiera, hasta él mismo, que no salía de su asombro. Además, salen en los periódicos. 

La mejor respuesta de todas fue con mucho la que dio el presidente del Gobierno (de España), don Mariano Rajoy, que afirmó que si las reuniones eran secretas, no podía decir si se habían reunido o no, porque entonces dejarían de serlo. ¡Ahí está la clave! Todos los que han negado esas negociaciones, han negado que fueran negociaciones secretas. ¡Ojo al dato! ¡Secretas! Como a estas alturas ya sabemos que todo el mundo sabe de esas negociaciones, es cierto que (ya) no son secretas. ¿Lo pillan? Nadie miente cuando dice que no ha habido negociaciones secretas, aunque es evidente que lo de guardar un secreto es una utopía.

El gran Maquiavelo dejó por escrito que si quieres hacer algo en secreto, hazlo rápido y hazlo con muy poca gente si no puedes hacerlo solo. Porque los secretos no existen y tarde o temprano, más pronto que tarde, salen a la luz. Cuanta más gente participa del secreto o cuanto más tiempo intente guardarse, menos secreto será. Pero, como es bien sabido, nuestros políticos no leen a los clásicos y se creen más listos que el hambre, cuando entre todos juntos no saben cambiar una bombilla. ¡Es lo que hay!

A todo eso, ¿de qué van las negociaciones? Quién sabe. Porque son secretas, ¿no?

Imagen de la cena (secreta) entre las partes. 
Reacción ante la noticia de su publicación.

El episodio de la pistola de James Bond


Advertencia: Éste es un artículo friqui. Quedan avisados.

Ian Fleming escribió doce novelas y algunos cuentos donde aparecía su personaje más famoso, James Bond. El señor Bond es un espía doble cero. Más concretamente, es el agente 007 y tiene licencia para matar (eso significa el doble cero). El señor Bond de las novelas nació en Zurich hacia 1920, de padre escocés y madre suiza, fuma sesenta cigarrillos al día, bebe como un cosaco, conduce un Bentley y es comandante de la Royal Navy, aunque trabaje en el Servicio Secreto. Las novelas de Fleming se vendieron como rosquillas, pero fue el salto al cine el que llevó a Bond, James Bond, a la fama. Y es entonces cuando se produce el episodio de la pistola de James Bond.

Sean Connery empuñando una Walter PP, cuando protagonizó Dr. No.

¿Cuál es la pistola de James Bond? Es tan famosa que mucha gente conoce la respuesta. Es la Walter PPK. Lo de PPK quiere decir Pistol Polizei Kurtz, o pistola de policía corta, porque la Walter fabricaba entonces (y creo que sigue fabricando) la PP, con el cañón más largo. En las últimas películas de James Bond, la Walter PPK que lleva encima es del calibre 9 mm corto (que los americanos llaman .380 ACP o Browning). Pero en la película Dr. No, la primera de la saga, protagonizada por Sean Connery, es una Walter PPK de calibre 7,65 mm (o .32 ACP o Browning), y se la entregan en una de las primeras escenas.

La primera película de la saga.

Aquí comienza el episodio de la pistola de James Bond, que no tiene desperdicio. Tanto en las novelas como en la película, el arma que llevaba encima James Bond hasta ese momento era una Beretta de calibre 6,35 mm (o .25 Browning) con silenciador. Según Fleming, un día la llevaba bajo la chaqueta con el silenciador puesto y al sacarla se le enredó en la ropa. La consecuencia es que no pudo sacarla a tiempo y casi nos matan a 007. De vuelta al trabajo, recuperado de sus heridas, le quieren cambiar la Beretta por la Walter PPK. En la película reproducen el diálogo de la novela, éste:

Elogiando las virtudes de la Walter PPK, pero empuñando una Walter PP.

Comandante Boothroyd (armero): Es bonita y ligera... para el bolso de una dama. No tiene potencia.
M: ¿Algún comentario, 007?
James Bond: No estoy de acuerdo, señor. He usado la Beretta durante diez años y todavía no ho fallado un tiro con ella.
M: Puede que no, pero se encasquilló en su último trabajo y por eso pasó seis meses en el hospital. Si lleva usted el doble cero, significa que tiene licencia para matar, ¡no para que le maten! De ahora en adelante, llevará otra arma. Enséñesela, comandante.
Comandante Boothroyd: Walter PPK, 7,65 mm, golpea tan fuerte como un ladrillo que atraviesa una ventana. Lleva un silenciador Brausch que apenas reduce la velocidad del proyectil. La CIA la prefiere.
(Nota: La traducción del diálogo es mía.)



Arriba, Bond entrega su Beretta a M.
En medio, la Beretta de 6,35 mm que empleaba James Bond en las novelas.
Abajo, la que sale en la película, la Beretta 34 de 9 mm corto.

Entonces, el comandante Boothroyd entrega a James Bond (en la película) una Walter PP de 9 mm corto, no una Walter PPK de 7,65 mm. Peor me lo ponen cuando James Bond entrega su Beretta a M, porque no entrega una Beretta de 6,35 mm, sino una Beretta 34 de 9 mm corto, que luego intenta llevarse a escondidas. Vamos, que no aciertan una.

Bond (Connery) llevará encima durante toda la película la Walter PP, no la PPK que le corresponde. De hecho, no sale una sola Walter PPK en toda la película. (Eso tiene una explicación, pues la Walter PP era la pistola de la Policía Metropolitana de Londres desde 1961 y era la Walter que los productores de la película tenían a mano. No se les ocurrió comprar una PPK.)

James Bond fumando un cigarrillo y empuñando una FN M1910 de 7,65 mm con un silenciador falso.

Luego la cosa se complica. Bond tenía que ejecutar al profesor Dent con un silenciador, pero la Walter que empleaban en la película no tenía el cañón roscado y no admitía ninguno. ¿Qué hicieron entonces? En la escena donde Bond recibe al profesor Dent y acaba matándolo, Sean Connery empuña una FN Browning M1910 (la misma pistola que provocó la Gran Guerra) de 7,65 mm, y no acaba ahí la cosa, porque el silenciador era de mentira.

A la izquierda, Bond dispara con una Walter PP.
A la derecha, se le ha convertido en un Colt M1911 A1.

Es curioso, pero en Dr. No, Bond (Sean Connery) nunca empleará la pistola que en verdad le toca emplear. Después del asunto del silenciador, en la escena de la playa, cuando desembarcan de noche y se les aparece un dragón (en verdad, un cacharro con un lanzallamas), Bond dispara contra eso con un Colt M1911 A1, del calibre .45. Un pistolón que nada tiene que ver con la Walter PPK, ni en tamaño ni en calibre.

Pero ¿qué importa? La película fue un éxito y Sean Connery se convirtió en el agente 007 por antonomasia. En las siguientes películas ya le dieron una Walter PPK, por si acaso. 

La Walter PP que empleó Sean Connery en Dr. No.

La Walter PP que se empleó en Dr. No se vendió en una subasta de Christie's el 5 de diciembre de 2006 por algo más de 100.000 dólares americanos. La pistola tenía el número de serie 19174A y había sido proporcionada por un armero de Londres, Bapty. Se vendió inutilizada (para evitar que disparase), cumpliendo las leyes británicas.