Sant Jordi 2018


Hoy he celebrado la fiesta del libro por todo lo alto. Fíjense que hasta me he permitido el lujo de tomarme una gaseosa con la comida, y es que lo de escribir no da para mucho más. 

Bueno, bueno... ¡No nos quejemos tanto! Proporciona muchas alegrías. Por ejemplo, me he tostado al sol esperando a que viniera alguien que me pidiera que le firmase el libro, y ahora tengo un color muy sanote, en plan gamba, en toda la cara, que es cosa de ver. 

La verdad es que Sant Jordi es la fiesta y no concibo mejor día. Me lo he pasado en grande.

Aquí, firmando ejemplares de la Historia torcida de la Filosofía.

Aquí, los dos torcidos, Javier Traité (derecha) y un servidor.
¿Cuándo caerá el próximo título torcido?


La ruina del plan de don Norberto



Hola, queridos lectores:

¡Otro artículo publicado en Metrópoli Abierta! Se titula La ruina del plan de don Norberto, y se inspiró en una visita al nuevo Museo de Ciencias Naturales y en la posterior visita a lo que fue el antiguo Museo de Zoología.

La fotografía del Hivernacle (Invernadero) que ilustra esta entrada es del autor, hecha in situ.

El Celeste Imperio


Atención, damas y caballeros. Un amigo de un servidor de ustedes se estrena abriendo blog. Se titula El Celeste Imperio y (cómo no) parece que va de China. De eso y de más cosas. Ya lo iremos viendo y ya nos irá contando.

Está en:

Reseña en el sitio de ACEC



Queridos lectores míos:

Aquí tenéis, en el sitio web de ACEC, la reseña que se publicó en el diario Avui, que versaba sobre mi Historia torcida de la Filosofía, traducida al castellano por su autor. 

Está en:

Escritor colegiado


Queridos lectores míos:

Mirad qué tarjeta tan chula me acaba de llegar a casa. Parece que, a todos los efectos, soy un escritor colegiado y, como me acaba de decir un amigo mío, al final te lo vas a creer.


Pues, sí, ahora soy socio de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña. Qué ilusión.

Firmas en Sant Jordi


Confirmado:

El día de Sant Jordi, 23 de abril, seré expuesto al público y firmaré ejemplares de la Historia torcida de la Filosofía en el puesto de Principal de los Libros, el sello editor. 

Será a la altura de Rambla de Catalunya, 69, entre las calles Aragón y Valencia. 

Horario, de 11 a 12 h. 

Se ruega no echarle cacahuetes al autor, ni que los pida.

Filosofía, reflexión, esgrima y humor


Aquí tienen, queridos lectores, la reseña firmada por Francesc Cornadó en El Punt - Avui sobre la Historia torcida de la Filosofía

Es:


El artículo está escrito en catalán, pero, a grandes rasgos, me deja la mar de bien, por lo que estoy más que contento y muy agradecido. Ahí lo dejo, para quien tenga interés en ello.

No pudo ser, pero casi (Gran Premio de China 2018)



Este fin de semana, Ferrari ha mostrado sus garras y en los entrenamientos obtenido los dos mejores tiempos. Si ha sido un espejismo o si ahora vamos en serio ya se verá, pero, por el momento, la cosa pintaba muy bien. Mercedes-Benz parecía desfallecida, lo que ha sido una novedad. Entre los demás equipos, también se afilaban los cuchillos, porque la competencia entre ellos está en su punto álgido.

En carrera las cosas se torcieron un poco para los dos primeros equipos. Fue, reconozcámoslo, una mezcla de mala suerte y errores de estrategia. Si en el desierto Ferrari arriesgó y ganó, en China el que ha arriesgado y ha aprovechado mejor que nadie la oportunidad de un safety car ha sido Red Bull. Ricciardo entró corriendo a cambiar neumáticos y a partir de ahí ha adelantado a todos, hasta llevarse la carrera. Ferrari lo hizo tarde. Peor todavía: el primer Ferrari (Vettel) fue alcanzado por detrás por el otro Red Bull y perdió varias posiciones. El coche, tocado, no pudo dar lo mejor de sí y terminó octavo. El segundo Ferrari (Raikkonen) terminó tercero, detrás del segundo Mercedes-Benz y el primer Red Bull. 

Como el primer Mercedes-Benz (Hamilton) sólo pudo quedar cuarto, Red Bull (1.º y 5.º) y Mercedes-Benz (2.º y 4.º) han batido a Ferrari (3.º y 8.º). En el Campeonato de Pilotos sigue por delante Vettel, pero en el de Constructores Mercedes-Benz supera ahora por un punto a Ferrari. Sea como sea, ha sido una carrera emocionante. 

Cada 14 de abril


Olé, que hoy celebramos la proclamación de la II República Española. 


Tengo a bien recordar que uno de mis tíos invitaba a champán a todos los mecánicos del taller en el que trabajaba tal día como hoy, aquí, en Barcelona, y el muy sinvergüenza (dicho con mucho cariño) esperaba a que pasara la pareja de la Guardia Civil para invitarlos a una copa. 

No se moleste, le decían, que estamos de servicio. Mi tío insistía: Sólo una copita. Los picoletos cedían, al fin, y se sumaban a la fiesta. Acababan todos hablando de su pueblo, que solía estar en la otra punta de España, un lugarejo pobre, del que habían huido para escapar de sus miserias, que aún así añoraban. Corrían los años cincuenta y asomaban en Barcelona gentes en busca de pan y trabajo, que a duras penas obtenían. 

¿Qué celebran?, preguntaban los guardias, una copa después. ¡La República!, respondía mi tío. ¡Qué bromista que es usted! Y así quedaban, tan amigos. Los picoletos proseguían con su ronda, después de una breve pausa. Un día te van a dar, susurraba entonces un mecánico. Y mi tío reía.

Mi viaje a Italia en Pentecostés de 1912



Los libros sobre el viaje a Italia de sus autores son, en sí mismos, un género literario al que se han apuntado grandes, incluso grandísimos autores. Stendahl es un caso arquetípico, pero también Goethe, y a partir de aquí la lista es un no acabar. Estos días he leído Mi viaje a Italia en Pentecostés de 1912 (podríamos llamarlo Mi viaje a Italia tranquilamente) de Walter Benjamin, el filósofo, que tenía una sensibilidad especial y un buen oficio de escritura. Es un librito curioso, uno de esos caprichos que algunos lectores apreciamos tanto, que publica Abada Editores, traducido por Alfredo Brotons.

El viaje de Walter Benjamin nos remite a otros tiempos y a un grupo de jóvenes que salen a ver mundo y prueban con el norte de Italia. Viven aventuras impresionantes, como estar a punto de perder el tren o dormir en una mala habitación de hotel, subir por un camino de montaña demasiado empinado o perderse buscando dónde exponen La Santa Cena de Leonardo da Vinci. Lo de cualquier turista, vamos, sólo que el turista es Walter Benjamin y su relato nos invita a añorar un tiempo y un lugar que consideramos idílico porque no lo vivimos, sino que lo imaginamos a través de las grandes plumas.

Unos comentarios sobre La cena de Emaús


Adjunto a continuación un enlace al (magnífico) blog Investigart, donde habla de un cuadro de Caravaggio, La cena de Emaús. Sus comentarios y anotaciones son muy interesantes y han de ser tenidas en consideración por alguien interesado. 

He aquí la savonarola de Caravaggio, parte del atrezzo de algunas de sus mejores obras.

Añadiría, por cuenta propia, que los barbudos discípulos a lado y lado del Cristo resucitado son viejos conocidos de los cuadros de Caravaggio, lo mismo que la silla, una savonarola. Ésta era parte del mobiliario del estudio del pintor. Aparece en un listado de bienes del artista que le hicieron una vez que no quiso pagar el alquiler y llevaba con ella ya varios años.

La savonarola, por cierto, es una silla de origen florentino y seguramente coincidió con ella en el palacio Madama, la residencia del cardenal del Monte, que representaba en Roma los intereses del Gran Duque de la Toscana, un Medici. Recordemos que Caravaggio pintó para el Gran Duque una cabeza de Medusa y alguna cosita más, por encargo del cardenal, su mecenas. Cuando abandonó el palacio, se llevó la silla consigo (¿con permiso del cardenal?).

Esa misma savonarola de La cena de Emaús aparece, por cierto, en el primer San Mateo y el ángel (seguramente destruido en mayo de 1945) y en La conversión de San Mateo, que sigue en la capilla Contarelli de San Luis de los Franceses, en Roma.

El enlace es éste (y vale la pena):

Una palabra rusa y un verbo romano


Hola, queridos lectores:

¡Otro artículo en Metrópoli Abierta! Esta vez será Una palabra rusa y un verbo romano, sobre la diferencia entre dimitir y cesar, dos verbos que no se practican demasiado en los tiempos que corren... ¡y así nos va!

Ahí lo dejo.

Preparando el día de Sant Jordi


Atención, queridos lectores:

Mis editores, los de Principal de los Libros, me han pedido que me pase por su puesto de libros el día de Sant Jordi (23 de abril), para firmar ejemplares de mi Historia torcida de la Filosofía, ya sea del volumen I como del volumen II.


Desconozco los detalles, que me serán revelados en breve (supongo). Tan pronto sepa algo más concreto y firme, anunciaré  bombo y platillo la hora y el lugar, pero ¡están ustedes avisados!

Nota: Como en las anteriores apariciones en público, estará prohibido echarle cacahuetes al autor.

Entre camellos (Gran Premio de Bahréin 2018)



La de ayer fue una carrera emocionante, marcada por la estrategia. Ferrari había conseguido las dos primeras posiciones en la parrilla de salida y Mercedes-Benz le iba detrás. Los Ferrari (¡caramba!) corrían más y Mercedes-Benz optó por la estrategia del cambio de neumáticos para pasarles por delante. Engañó a Ferrari y Vettel cambió sus neumáticos antes de tiempo. Confiaban en pillarlo, ya fuera por el desgaste de las gomas en pista, ya fuera porque, al final, tendría que cambiarlas de nuevo. Pero... Pero el Ferrari de Vettel aguantó el tipo en pista ¡y no entró a cambiar neumáticos!

La apuesta fue muy fuerte, por ambas partes. A punto estuvo el Ferrari de ceder la primera posición, con unas ruedas desgastadísimas; a punto estuvieron de adelantarlo en pista los de Mercedes-Benz. Pero no pudo ser y la trampa estratégica de Mercedes-Benz, muy bien pensada, no acabó de funcionar. Por muy poquito.

El segundo Ferrari tuvo peor suerte. En verdad, quien tuvo mala suerte fue Francesco, uno de los mecánicos. Raikkonen (que hizo unos entrenamientos estupendos y estaba haciendo muy buena carrera) entró a cambiar los neumáticos y algo salió mal. Al salir a pista, atropelló a Francesco, uno de los mecánicos, rompiéndole la pierna; la rueda de Francesco había quedado sin cambiar (hubo problemas con el tornillo) y entre una cosa y la otra Raikkonen tuvo que abandonar.

Así las cosas, Ferrari ocupa la primera posición en el Campeonato de Pilotos y en el de Constructores, pero ¡queda tanto por delante...!

La selección negativa



En un reciente artículo, el periodista Guillem Martínez se refería a los políticos que nos han tocado en suerte tanto en Cataluña como en el conjunto de España y empleaba la expresión selección negativa. Viene a decir, más o menos, que la selección natural de los gobernantes no permite sobrevivir al mejor, sino al más inepto, al más nefasto, al más fanático, al más servil, al más cínico, al personaje con menos escrúpulos, al más mentiroso... o a aquél que reúna en sí todas estas características, en diversa proporción y bien mezcladas. Si se da un proceso de selección negativa, lo mejor de cada casa asume el mando, y así nos va.

Los procesos de selección negativa se dan en la empresa como se dan en la política, y no faltan ejemplos. En la empresa pública, más todavía, especialmente cuando la política que nos gobierna entra en una espiral semejante. Hoy, me remito a la apabullante evidencia, vivimos en una espiral alocada e imparable de selección negativa en el mundo de la política catalana y española; quienes ayer eran lerdos, torpes y bastante inútiles hoy nos parecen grandes estadistas, y no porque el tiempo pasado nos ofrezca una nueva perspectiva de los acontecimientos, sino porque el presente nos golpea en la cara con personajes que superan, con creces, la tontería, torpeza e inutilidad de sus antecesores. ¡Qué locura!

El autor de La sociedad abierta y sus enemigos.

La selección negativa no es ninguna novedad. Popper, en La sociedad abierta y sus enemigos, después de descartar cualquier otro sistema político y optar por la democracia liberal, ya nos advertía de sus peligros. El principal de ellos, y no es baladí, es que no gobernarán los mejores, sino personajes mediocres. Una mediocridad que ha de entenderse como normalidad; es decir, personajes que no son ni demasiado buenos ni demasiado malos, sino del montón. Es verdad que podemos tener puntería y escoger a un buen gobernante, pero también que nos salga malo. 

Es por eso que una democracia liberal cuenta con poderes separados y leyes que, al menos en teoría, limitan el daño que pueda hacer un tonto al mando de la nave. En última instancia, afirma Popper, la democracia, el voto, no servirá para escoger a un gobernante bueno, sino para echar a uno malo sin tener que recurrir a la violencia. Más o menos dice esto, pero queda claro el peligro: a la que la sociedad se torna menos abierta, más fácil es que buscando el Gobierno de los Mejores entren a formar parte de él personajes fruto de una selección negativa. Sin embargo, si se cumplen las reglas del juego y todo el mundo hace lo que hay que hacer, la selección negativa no lo tendrá fácil.

El remedio está en el pueblo, palabro que queda feo según cómo se use. En los ciudadanos, mejor. Porque son ellos los que han de decir ¡basta! al mal gobierno. Pero ya hemos visto y seguimos viendo que, en Cataluña, y también en el resto de España, el discurso público deriva con enorme facilidad hacia el despropósito, el fanatismo y el desprecio por las reglas del juego o la simple pérdida del sentido del ridículo y la vergüenza. Lo vivido estos últimos años es fácilmente calificable de esperpento y locura colectiva y nos da mucho en qué pensar, porque a uno le asalta la idea de la virtù maquiavélica hecha cisco.

El autor de los Comentarios a la primera década de Tito Livio.

Sí, Maquiavelo hablaba de la virtù del pueblo. No es exactamente virtud, sino algo más que eso, pero se resumía en un pueblo vigilante y comprometido con la república, capaz de asumir responsabilidades y defender sus derechos. También nos advirtió de la corrupción de un pueblo. Ésa, la corrupción, venía tanto de una mortal diferencia entre ricos y pobres, que reventaba cualquier oportunidad de igualdad de derechos y deberes, como de una corrupción moral, que provocaba una dejación de los deberes, un olvido de la responsabilidad, una distancia con el Estado (república), pero, sobre todo, un desprecio por las reglas del juego en el gobierno de todos, que eran la puerta de entrada de fanatismos, divisiones... Esa corrupción maquiavélica es, ni más ni menos, que una espiral de selección negativa.

Por lo tanto, ya ven, el problema viene de lejos y se da con relativa frecuencia. ¿Cómo se supera? Malas noticias: a veces no se supera y se va todo al carajo. Buenas noticias: también puede superarse. La clave está en la gente. Si el PP hace lo que hace y le votan... Si los catalanes, en vez de preguntar por las listas de espera en los hospitales o los recortes sociales que llevamos sufriendo desde hace ocho años, seguimos pensando en los colores de un trapo llamado bandera... Si dejamos que unos y otros nos arrastren hacia posiciones cerradas, fanáticas, basadas en la fe y no en la razón... En fin, qué les voy a contar. Si nos plantamos y pedimos que se ocupen del gobierno o si nos dejamos arrastrar por la locura es la clave.

Sartre ya nos recordó que la libertad es muy jodida, duele, implica un sacrificio constante, y que por eso es tan fácil dejar que los demás piensen por ti. Y, claro, luego pasa lo que pasa.

Finalmente, no he podido resistir la tentación de citar a Nietzsche.