Pregones, sermones y monsergas


Queridos lectores:

Una vez más, les hago llegar un enlace al artículo firmado por un servidor que publica esta semana Metrópoli Abierta. Se titula Pregones, sermones y monsergas y espero que les guste. 

Comparando sables



Comparen ustedes mismos un sable deportivo contemporáneo con un sable modelo 1777 con guarda de estribo (à la hongaroise) como el que usaban los húsares franceses durante la primera parte del primer Imperio. 

Una de cal y otra de arena (Gran Premio de Inglaterra 2019)



Silverstone es uno de los circuitos con más tradición del calendario, del estilo de Mónaco o Monza, y tradicionalmente (que no últimamente) un circuito Ferrari, pues sabido es que el Commendatore quería coches rápidos, rápidos por encima de todo, y el circuito es de los más rápidos y siempre lo ha sido.

Pero desde hace unos años que Mercedes-Benz se lleva los premios y en Silverstone, esta vez, no iba a ser menos, aunque Ferrari tiene un coche veloz. Para acabar de liarlo todo, Vettel ha metido la pata hasta el fondo y las críticas le llegan de todas partes. Se ha puesto nervioso, no ha podido controlarse, ha embestido a un Red Bull que le ha adelantado... Errores de novato, incomodidad al volante, malos resultados... Un horror, vamos. En cambio, Lecrerc, el otro Ferrari, ha dado mucha guerra y nos ha obsequiado con momentos realmente emocionantes, que le han valido ser escogido piloto del día y una tercera posición.

Una de cal y una de arena.

La ristra del primer San Mateo y el ángel



Queridos lectores con Twitter:

Les dejo un enlace para seguir mi #RistraDeTuits sobre la suerte del primer San Mateo y el ángel de Caravaggio.

Aquí está:

Espero que les guste.

Tratado teológico-político



Es cierto que atreverse con los clásicos requiere cierto valor y se agradece una buena preparación para ponerse a ello con garantías de éxito, pero también les diré que la experiencia es muy de agradecer. Además, qué caray, no conviene exagerar. Muchos de esos autores se explican la mar de bien y plantean sus ideas de tal manera que se entienden. A veces, las expresan con notable claridad y limpieza, cosa de no poco mérito. Baruch Spinoza (al que, en mi Historia torcida de la Filosofía llamo Benito Espinosa, por su origen hispano) es uno de esos autores que se expresa con precisión y claridad. Con un poco de paciencia y reflexión, su obra nos dejará una profunda huella, y merece dejarla, porque es uno de los grandes filósofos de la historia.

Sin embargo, es un filósofo maldito. Es un racionalista que sigue (críticamente) a Descartes y que comparte opiniones políticas con Hobbes. Es judío, pero es expulsado de la comunidad, y no se integra en las comunidades cristianas, sean católicas o protestantes. En ese sentido, se permite estudiar la religión con una cierta distancia y equidistancia, y sin empacho alguno. Y aunque es persona respetuosa, las deja ir de gran calibre y conseguirá ser rechazado por todos, especialmente por su corpus teológico. 

Spinoza se ganaba la vida trabajando como óptico. Sus investigaciones filosóficas las publicó anónimamente al principio, e hizo bien, porque causaron un gran escándalo. Con el tiempo, sin embargo, la conmoción inicial dio paso a la admiración y muchas universidades europeas tentaron al filósofo para que fuera a enseñar a sus aulas. Spinoza siguió puliendo lentes y escribiendo, alejado de la vanidad de una cátedra.

Este libro en concreto, el Tratado teológico-político, causó mucho revuelo y en parte se escribió como respuesta al fanatismo que iba adueñándose de Holanda. Porque Holanda, aunque era una especie de paraíso en medio de una Europa religiosamente fanatizada, también conoció episodios de fundamentalismo, y Spinoza presenció algunos de ellos. La censura católica, Índice mediante, y las diversas censuras protestantes, que iban del feroz calvinismo a la permisividad (siempre relativa) de Holanda o Inglaterra, se pusieron muy nerviosas ante las tesis de Spinoza.

El filósofo dedica una obra extensa a analizar la Biblia y concluir que es un libro escrito por hombres para hombres, y que tiene que ser estudiado más por lingüistas e historiadores que por profetas, sacerdotes o predicadores. Mientras católicos, protestantes y judíos se recuperan de la impresión, Spinoza añade leña al fuego que alimenta el racionalismo. El mensaje de la Biblia es y debe ser simple e inteligible, muy alejado de tan sutiles discusiones teológicas y metafísicas. Es un mensaje acorde con la razón, puesto que, si no estuviera acorde con ella, no podría ser obra de Dios. El mensaje nos invita a ser justos y compasivos, y eso es todo (y no es poco). Un exhaustivo repaso a la Biblia sirve para subrayar sus tesis (repaso que, para un lector contemporáneo, quizá se haga pesado, eso hay que decirlo).

Spinoza va más allá de una crítica evidente a los teólogos y niega que existan los milagros. Un milagro, sería, en esencia, algo contrario a la naturaleza, pero esto querría decir contrario a Dios, pues la naturaleza es en Dios y no puede ser de otra manera. De existir los milagros, éstos serían la prueba de que la naturaleza no se rige por ley alguna, lo que negaría a Dios. El milagro es algo tan simple como un fenómeno natural que todavía no entendemos, porque no conocemos la ley que lo rige o su causa, y que interpretamos a nuestro albur para reforzar nuestra opinión sobre Dios.

Dejando a un lado la idea de Dios que tenía Spinoza (un tema apasionante en sí mismo), lo que sigue es un tesoro. Spinoza describe la raíz del contrato social de manera muy semejante a la de Hobbes, aunque por distinto camino, y defiende también que el Estado tiene que ser absoluto, pero ¡cuidado! Ningún Estado puede ir en contra de la libertad de sus súbditos, y ningún súbdito será libre si desobedece las leyes de ese Estado. La libertad que define Spinoza es la primera de todas, la libertad de pensamiento, de opinión, de expresión, la libertad religiosa. No tiene que juzgarse a nadie por sus ideas, sino por sus actos; no puede obligarse a nadie a pensar o sentir de una determinada manera, pero sí se le puede obligar a la piedad (es decir, se le puede obligar a actuar de acuerdo al bien común).

Etcétera. Esta reseña la interrumpo aquí y se me ha quedado corta e incompleta. Lo único que me interesa subrayar es que Spinoza bien merece una oportunidad de ser leído. Es uno de los grandes de la historia de la Filosofía, un brillante filósofo que aportó ideas brillantes que hoy todavía nos iluminan, o deberían hacerlo. 

Atrévanse a conocerlo. Lo agradecerán.

La jungla de asfalto


Hola, queridos lectores:

He aquí otro artículo para Metrópoli Abierta. Se titula La jungla de asfalto y va... Bueno, va, y viene. Sírvanse ustedes mismos.

La ristra de Descartes


Si alguno me sigue en Twitter, puede participar en un sorteo si lee esta ristra de tuits sobre la vida de Descartes.

Será:

Sortearé un ejemplar de la Historia torcida de la Filosofía. Tienen tiempo hasta el mediodía del miércoles 10 de julio. 

Ristras de tuits


¿Alguno de mis lectores tiene acceso a Twitter?

Si así fuera, a partir de ahora colgaré de vez en cuando enlaces a una de mis ristras de tuits. La gente habla de hilos, pero a mí me gusta más la palabra ristra, qué le vamos a hacer.

Aquí van las dos primeras ristras.



Electrodomésticos



Queridos lectores míos:

Como tiene a bien, Metrópoli Abierta ha publicado otro de mis artículos de opinión. Se titula Electrodomésticos y espero que les interese o les dé en qué pensar.

La batalla de los puentes



Antony Beevor se ha hecho famoso relatando algunas de las batallas de la Segunda Guerra Mundial con esmerado rigor, una amplia documentación y una manera de narrar que invita a seguir leyendo. Añade a estas habilidades otras, como no descuidar el sufrimiento de la población civil que vivió atrapada en estas batallas o incidir en los aspectos más humanos de los combatientes. Se narran escenas heroicas, como no, por supuesto, pero también algunas otras relacionadas con el miedo, la maldad, la desesperación... He leído su relato de las batallas de Stalingrado y de Berlín, que recomiendo vivamente, y ahora he leído su relato de la operación Market-Garden.

La batalla por los puentes es el título que Ed. Crítica ha escogido para un libro que, en su versión original, se titulaba Arnhem y se subtitulaba (claro) La batalla por los puentes. Es así porque gran parte de la narración se centra en la suerte de la 1.ª División Aerotransportada británica, los Red Devils, los paracaidistas que (parafraseando el título de la obra de Cornelius Ryan) fueron arrojados sobre un puente lejano. 

La operación Market-Garden sigue levantando grandes polémicas. En parte, porque fue una apuesta personal del mariscal Montgomery, lo más parecido a una caprichosa diva entre los generales aliados. Muchos defienden la apuesta de Monty con uñas y dientes, pero muchos otros señalan que acabó en un trágico fiasco.

Montgomery era un general con grandes dotes para la planificación y la preparación de una ofensiva, sistemático, metódico. Hay quien señala que estaba un poco falto de imaginación y señala la de veces que se le escapó Rommel de entre los dedos en el Norte de África. Pero también debe señalarse que la victoria de El Alamein es plenamente suya y que Rommel nunca se sintió cómodo peleando contra Montgomery. En la ofensiva para cruzar el alto Rin que planeó en diez días, poco más o menos, el mariscal Montgomery hizo todo lo que nunca había hecho: apostó por un plan muy audaz e imaginativo, podría decirse que improvisó su planificación y desarrollo, se lo jugó todo a una carta... y perdió.

Que perdió es la tesis de Beevor. El plan de Montgomery consistía en abrir una tremenda brecha en las líneas alemanas en Holanda cruzando varios ríos cuyos puentes habrían sido tomados previamente por tres divisiones aerotransportadas. Creyendo que las formaciones enemigas estaban muy debilitadas y en descomposición, se abriría paso como un cuchillo caliente en una barra de mantequilla un cuerpo de ejército blindado y motorizado. El último puente, el de Arnhem, cruzaba el Rin y podría abrir el paso hacia el norte de Alemania.

Lanzamiento de paracaidistas en una de las zonas de aterrizaje.
Abajo, a la izquierda, los restos de algunos planeadores.

Dice mucho de la capacidad aliada que fuera capaz de lanzar tres divisiones tras las líneas enemigas con tan poco tiempo para prepararse, en la mayor operación aerotransportada de la historia, hasta ahora. Pero dice mucho de la improvisación y la falta de cuidado que las zonas de aterrizaje estuvieran tan expuestas y alejadas de los puentes, que las radios no funcionaran correctamente, que se aterrizara justo encima de los restos de dos divisiones blindadas de las SS. Dice mucho de la capacidad de los alemanes que pudieran improvisar una defensa tan feroz y reunir los refuerzos necesarios en tan poco tiempo y en el lugar preciso, entre los que incluir batallones de carros pesados, por ejemplo.

El ataque fracasó y los paracaidistas británicos se cubrieron de gloria, que es tanto como decir que sufrieron lo indecible y un número de bajas desproporcionado. 

Beevor sostiene que la derrota estaba cantada de antemano, por la falta de realismo y previsión de Montgomery y sus oficiales de alto rango. Es una tesis que muchos firmarían con gusto.

Pero yendo al libro, es estupendo. Poco más puedo decir, excepto que lo lean.


Casi (Gran Premio de Austria 2019)



En los entrenamientos y la clasificación en la parrilla de salida, el Ferrari de Lecrerc se mostró imbatible. Quedó primero sin discusión posible. Su compañero, Vettel, en cambio, quedó bastante por detrás, por no se sabe qué problemas mecánicos. Mercedes-Benz no paecía en forma.

Pero Ferrari tenía, y tiene, un punto flaco: el desgaste de los neumáticos. Eso es lo que pasó cuando, en los últimos metros, el Red Bull de Max Verstappen (que hizo una gran carrera, de verdad) lo adelantó con una maniobra arriesgada, de ésas que quitan el hipo. Por lo visto, Lecrerc no pudo exprimir todo el potencial del Ferrari en las últimas vueltas porque tenía las gomas del revés y una vez más casi ganamos. Casi. Quedamos segundos y cuartos.

Vacaciones de verano


Queridos lectores:

He aquí que publican otro de mis artículos en Metrópoli Abierta. Se titula Vacaciones de verano y espero que les interese.

¿Un Caravaggio? ¡Vendido!


Hola, soy 450 millones de dólares.

Quienes siguen un poco por encima las noticias relacionadas con el arte, habrán oído hablar del Salvador Mundi, una obra encontrada como por casualidad, comprada por cuatro perras, vendida por una cantidad importante y luego revendida con tanto bombo y platillo que se considera el cuadro más caro de la historia. No es para menos: ¡450 millones de dólares! 

El precio venía dado por su condición de Leonardo. Con ella se expuso en la National Gallery, pero sin ella iba a ser expuesta en el Louvre, donde finalmente no se expondrá, porque las dudas de su atribución son muchas y parecen cada día más fundadas. ¿Por qué antes sí y ahora no? ¿Qué ha pasado? Que había demasiado dinero en juego, demasiada presión sobre los expertos, sea por anunciar un nuevo Leonardo y la fama que eso lleva consigo, sea por la especulación financiera que despertó la subasta... Nada bueno podía esperarse de una situación así. 

Tanto los expertos y académicos como museos muy prestigiosos y subasteros de toda clase y condición se han visto afectados por el fiasco. El árabe que compró el Salvador Mundi dicen que lo tiene colgado en una de las paredes de su yate y lo imagino maldiciendo el día que se dejó engatusar por un Leonardo.

Digo todo esto porque en 2014 unos vecinos de los alrededores de Toulouse fueron a reparar un escape de agua, tiraron abajo un tabique y ¿qué se encuentran ahí? Un cuadro, protegido por un colchón. Oscuro. Sucio. Del siglo XVII, sí, y pintado al estilo caravaggesco. Como tantos otros. Pero cuando empezaron a limpiarlo, comenzaron a darse cuenta de que tenían algo grande entre las manos.

Comparación de la copia de Finson (izquierda) con la encontrada en Toulouse (derecha). 
Imagen del blog Pinacoteca Brera.

Se trata de una segunda versión del tema Judith y Holofernes. La primera la pintó Caravaggio en Roma, en 1599. Sabemos que pintó la segunda hacia 1607, en Nápoles. Sabemos cómo era, porque un pintor flamenco, Louis Finson, la copió y parece ser que llegó a tener el original entre sus propiedades, como dijo, en ese mismo 1607, Frans Pourbus, otro pintor flamenco, en una carta desde Nápoles. ¡Pagaría entonces mucho por ella! También existe diversa correspondencia de compra-venta de esta obra, posterior a la muerte de Finson. Es decir, es una obra documentada... que se perdió. Como tantas otras, insisto.

La cuestión es si ésta que encontraron en un desván es obra de Caravaggio o no lo es.

El lienzo en cuestión.
La espada es una bastarda (mano y media), y parece de bastante calidad.

La pregunta es pertinente para los aficionados a Caravaggio y ha desatado mucha polémica. Pero también ha levantado la liebre del negocio. Pretendían subastar este Caravaggio en unos días y creían que podrían venderlo por más de cien millones de euros, quizá por ciento cincuenta millones. Pero ¡ah, amigos! La subasta se ha suspendido porque un coleccionista ha hecho una oferta que los vendedores no han podido rechazar. ¿Cuánto habrá pagado por el presunto Caravaggio? ¿Habrá sido otro multimillonario árabe? Son muchos los rumores y la verdad saldrá a la luz tarde o temprano.


La sirvienta, arrugada y con bocio. 
Judith, que nos recuerda tanto a Filis Melandroni.
(Caravaggio tenía una gran memoria visual).

Pero ¿es un Caravaggio o no lo es? Hay quien sostiene que es un Finson, directamente, pero no lo parece, o no del todo, y quien afirma que podría ser una copia del original de otro diestro discípulo, anónimo. Ésa es la opinión, por ejemplo, de Mina Gregori. Porque, hay que decirlo, el cuadro tiene calidad y algunos detalles excelentes. Los vendedores, naturalmente, aseguran que es un Caravaggio auténtico, de pe a pa, todo él, y algunos expertos de renombre están de acuerdo con ellos. No lo ven tan claro otros expertos, unos terceros, que aprecian la mano de Caravaggio aquí sí, pero allá no. Éstos, en minoría, proponen que Caravaggio comenzó a pintar y que acabó algún otro, o que una parte la pintó el maestro y otra, el discípulo.

No entraré en el detalle de la polémica, porque creo que me faltan datos y quisiera informarme mejor, pero me intriga y fascina esa posible autoría doble de la segunda Judith y Holofernes. Les diré, a título personal, por mera intuición y azuzado por el atrevimiento de mi ignorancia, que no creo que éste sea un Caravaggio auténtico. No todo él. Dudo tanto al contemplar ciertos detalles que estoy inclinado a pensar que la mano del maestro pasó por ahí, pero otros me parecen de menor calidad, y además va por días: tendo días crédulos y días escépticos. O bien fue un cuadro pintado con apresuramiento (Caravaggio pintaba rápido, pero con cuidado) o bien tenía un taller y algún discípulo puso su mano en la obra.

He subrayado lo del taller porque, de ser cierto, obligaría a replantear parte de la biografía de Caravaggio. ¿Llegó realmente a tener un taller en Nápoles? La posibilidad es tan interesante que sonrío mientras escribo. No sería descabellado, pero iría contra la imagen tópica del pintor solitario que nos hemos hecho de él, y nos obligaría a examinar algunas obras de esa época con nuevas luces.

No diré más. De corazón espero que el nuevo Caravaggio no acabe como el Salvador Mundi, como un mero objeto de especulación financiera y colgado en un yate. Sea o no sea un Caravaggio, merece mejor suerte. Pero, ay, mis deseos van por aquí y la vida, por allá.

Si esto no es una crisis... (Gran Premio de Francia 2019)



Que en Ferrari van mal dadas es un hecho. En la prensa italiana, tan amiga de fusilar al primero que pasa un poco cerca, Vettel está pagando todos los fallos de la Scudería. Cierto que en Francia no ha hecho un buen papel y que Lecrerc, en principio el novato, le ha pasado la mano por la cara y quedó tercero por detrás de los dos Mercedes-Benz (inalcanzables). Vettel marcó la vuelta rápida de milagro (ganando un punto con ello) y quedó quinto. Aunque los resultados no están mal, no están nada bien para lo que uno esperaba de Ferrari este año y cuentan que se oyen gruñidos en el panteón de Ferrari en Maranello. Si esto no es una crisis...

Esperanzas


Queridos lectores míos, pacientes amigos todos:

He aquí un nuevo artículo para Metrópoli Abierta, titulado Esperanzas. Espero que les guste, que les dé en qué pensar, etcétera. Sírvanse ustedes mismos.