El debate sobre la zoofilia



Vayan con cuidado los estómagos sensibles y no sigan leyendo. El asunto tiene mucho de grotesco, puede resultar desagradable y es un punto de fricción entre los que defienden la libertad y la libre identidad sexual, los que afirman que los animales tienen derechos, los que consideran el bestialismo una aberración y el resto de los mortales, que no nos lo acabamos de creer. El asunto es que los animalistas han declarado la guerra a los zoofílicos.

¡Mira a quién tenemos aquí! Qué cisne tan apuesto.

A poco que hayan leído, sabrán que cuando los dioses y los héroes compartían el lecho con el resto de los mortales se daban casos de bestialismo y zoofilia, a los que añadir preferencias por el mismo sexo o por el otro. Zeus se disfrazó de toro para seducir a Europa, de cisne para cepillarse a Leda y de águila para echarse una juerga con Ganímedes y ya no pregunto por faunos o centauros, que serían un caso interesante y digno de estudio. Pero una cosa es la leyenda, la metáfora, como quieran llamarla, y otra es esa escena de Padre, padrone donde un pastor se folla a una oveja, y perdonen ustedes. 

La primera cuestión es saber hasta qué punto es corriente algún tipo de relación sexual con animales, o como dicen los animalistas, con animales no humanos. La zoofilia es diagnosticada como una parafilia no especificada (sic) en el Manual diagnóstico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, pero hay quien recuerda que hace unos años también constaba la homosexualidad como enfermedad mental. Los zoos (así les gusta llamarse) defienden que lo suyo no es una enfermedad, sino una... ¿actitud? No sabría decirlo, algo así.

Ay, mi torito, mi torito bravo...

Antes de que pregunten, los animalistas no son perversos sexuales, ésos son los zoofílicos. Los animalistas son los defensores de los derechos de los animales, los más radicales. Para ser un animalista hace falta creer que a) los animales tienen derechos, como las personas, y b) los derechos de los animales son los mismos para los animales humanos y para los animales no humanos. Si se cree tal cosa, se defiende, naturalmente, y se vuelve uno vegetariano extremo (vegano). 

Mi argumento.

Mi posición en este sentido es clara y diáfana: los animales no tienen derechos, pero tampoco deberes, no son personas. Si me apuran, no son humanos y yo sí que lo soy. En el límite del sadismo, me preocupa más que un cerdo muera estresado por el mal sabor que dejará en las chuletas que por lo que pueda sufrir. Las cosas hay que decirlas claras y que se entiendan y ésta es mi postura. También es cruel arrancar a una lechuga del suelo que le ha visto nacer y crecer, digo yo (y lo dijo el emperador Adriano), y por reducción al absurdo tendremos que dejarnos morir de septicemia cada vez que sufrimos una infección, porque matar bacterias limpiando la herida con agua o alcohol es un genocidio microbiano. 

Ahora bien, no voy por ahí celebrando que se maltrate a los animales. El maltrato animal orilla el comportamiento obsceno del ser humano, ese comportamiento que descubre que bajo la humanidad vive un monstruo. La crueldad con los animales (si quieren, un determinado tipo de crueldad) es una manifestación de ese monstruo y una manera de darlo a conocer, de sacarlo de su guarida. No puede ser buena. Matices, muchos, pero no hoy ni ahora.

¿Es esto maltrato animal o sólo pornografía?

Llegados a este punto, la pregunta es cómo considerar las relaciones sexuales entre los animales humanos y los animales no humanos. ¿Son la zoofilia y el bestialismo prácticas de maltrato animal? Antes de que se lleven las manos a la cabeza, les diré que esta cuestión ha encendido agrios debates y largas polémicas primero en Alemania y ahora en Dinamarca. Es una cuestión legal y filosófica muy interesante.

Para los puntillosos, una nota. La zoofilia sería etimológicamente el amor por los animales. En la práctica, una relación entre persona y animal en la que se da un sentimiento de afecto, un deseo carnal, una pasión... por parte humana, principalmente. El bestialismo es sexo y basta. Es decir, pillar a una gallina y... No entremos en detalles, por favor, pero una vez despachada la gallina, adiós muy buenas y si te he visto, no me acuerdo. Entramos en esa discusión que pregunta por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo, y viceversa. 

Un clásico, el collar de perlas.

La cuestión es que los primeros animalistas radicales europeos fomentaron la zoofilia. A fuerza de sostener que los animales humanos y no humanos tenían los mismos derechos, se miraron a los ojitos, se enamoraron y mira qué bien. Ahora en serio, sostuvieron durante años que una relación de afecto e intimidad en una relación zoofílica no podía ser mala y animaban a los zoofílicos a salir del armario. Hola, soy Markus y éste es mi perrita Cuqui, mi pareja. Algo así. El movimiento prozoofílico tuvo mucho éxito en Alemania y Noruega, donde las noches son largas y oscuras, la gente es muy fría y abunda el alcohol.

PETA fomenta las relaciones paterno-filiales como medio para promover el veganismo.

Hoy, sin embargo, los animalistas ya hablan de tortura, prostitución (animal) y maltrato, ya consideran una perversión lo que antes era algo bonito. En pocas palabras, ahora los animales también son víctimas sexuales. PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) ha iniciado una campaña para criminalizar la zoofilia en la legislación europea. En otras palabras, si la relación de usted con su perro va más allá de la simple amistad y resulta que hay algo, ya me entiende, tiene muchos números de ir al infierno una vez muerto y de visitar la cárcel en vida, aunque la relación humano-perruna sea consentida por ambas partes. Por cierto, ¿cómo consiente un chucho? Ya me veo a Markus diciéndole a Cuqui que lo siente, que no podrá ser, que eso que había entre ellos tiene que terminar y Cuqui respondiéndole por qué me haces esto, qué te he hecho, ¿acaso no te he dado lo que me pedías?

Cuqui, desolado.

El debate ha saltado a los periódicos cuando PETA ha denunciado que Dinamarca es la meta de un turismo sexual que no busca niños, mulatas o bujarrones, sino animales dispuestos a dar y recibir. Como la zoofilia no es delito en la legislación danesa, algún granjero espabilado ha puesto a sus caballos (y yeguas) a disposición del público, para sus cosas. Quien dice caballos dice perros, ovejas, gallinas... ¡hasta delfines! Así, uno o una puede ser poseído por un perro, o poseerlo, pagando un tanto al propietario, pero ¿es eso prostitución o qué es? 

El logotipo de PETA. 
Seguramente lo conocerán porque no se pierden un solo San Fermín.

PETA defiende que es maltrato animal y Dinamarca no queda en muy buen lugar en su campaña mediática. En España matamos a los toros en un cara a cara entre torero y bravo, olé, pero en Dinamarca se follan a las vacas de un burdel una y otra vez; la humillación vacuna que provocan los daneses ¿no supera en muchos puntos la crueldad hispana con las reses bravas? 

¿Qué dicen las leyes? Pueden condenarse algunas prácticas de bestialismo donde exista una legislación contra el maltrato animal (en especial, las prácticas sádicas con animales y otras semejantes). Pero la práctica del coito con animales no siempre se considera abuso o maltrato animal, y esa consideración específica es reciente en los países occidentales.

Cuarenta estados de los Estados Unidos consideran que la sodomía (sic) o los crímenes contra la naturaleza (sic) son un crimen, pero en algunos estados la sodomía incluye la homosexualidad (humana). En algunos estados es un delito menor (sic) y en otros, un delito grave (sic), pero dieciséis estados toleran la zoofilia y el bestialismo. Toda esta legislación no tiene ni cinco años, ahí es nada y allá cada uno. 

Australia hace un par de años que ha ilegalizado la cópula con animales. La abundancia de ovejas y la falta de mujeres hacía posible que todavía en 2011 fuera legal en gran parte del territorio, pero se quejaron las mujeres, me parece a mí. En Sudamérica hay países permisivos y países que no. En Japón se tolera. En Canadá, no. En la India se condena cualquier relación con varón, mujer o animal contra el orden de la naturaleza (sic) y sale más barato penalmente violar a una mujer en contra de su voluntad que hacerlo con Cuqui, aunque se deje. 

En Europa, el panorama ha cambiado mucho en poco tiempo. En Alemania se prohibió, se volvió a tolerar, se ha vuelto a prohibir... Curiosamente, en la República Democrática Alemana era tolerado. En el Reino Unido sólo se prohíbe la penetración del pene humano en animales y viceversa. En Holanda pillaron a un ministro fornicando con el caballo de su vecino (sic), pero no pudo ser censurado porque no había violado ninguna ley (aunque ¿había violado al caballo?). En Francia no está prohibido, pero follarse a una oveja puede ser considerado maltrato animal, a decir de los tribunales, diga lo que diga la oveja. Es decir, mejor en casa y sin llamar la atención que en medio del prado. Los húngaros y los españoles toleran el bestialismo, mientras no haya maltrato animal.

Etcétera.

Pero el turismo sexual animal de Dinamarca está incendiando el debate. En Alemania, ha surgido una agrupación de zoofílicos (ZETA, para chinchar a PETA) que defiende el derecho a una relación zoofílica consentida (sic). Uno de sus adalides, Oliver Burdinski, tiene un compañero sexual (sic) llamado Joey. Joey es un perro husky macho (Siempre con perros machos, dice el señor Burdinski) y es él, el perro, quien interactúa activamente (sic) ya que el ser humano es (cito) el componente pasivo en esta relación. Añade que Joey es quien propone... Bueno, ya me entienden. El señor Burdinski se declara un firme defensor de los animales, sostiene ser vegetariano (aunque da de comer carne a su compañero sexual, supongo) y no ve por qué su relación ha de ser criminal.

El argumento de ZETA contra la criminalización de la zoofilia en Alemania es muy contundente. Si un animal no sufre daño alguno, la reciente prohibición de la zoofilia (2013) es, de hecho, una ley moral (sic). Por lo tanto, la prohibición no es constitucional. Porque las leyes no pueden legislar sobre la moral de cada uno. El gobierno no quiere saber nada de ZETA, pero el reto legislativo no es pequeño. No es fácil resolver si un tipo que se deja sodomizar por su perro es un criminal, no está bien de la cabeza o simplemente tiene unos gustos diferentes a los míos y tiene el perfecto derecho a disfrutarlos mientras no haga daño a nadie.

¿Granja danesa de vacas lecheras o burdel encubierto?

Dinamarca, señalada en el mapa como la Meca de la Zoofilia, se ha visto sorprendida por el fenómeno, del que ahora, por fin, se habla en voz alta. PETA y muchos periodistas que buscaban la noticia espectacular en un país donde nunca pasa nada denunciaron casos escalofriantes de sexo con animales. Muchos daneses piden al gobierno danés que haga como el alemán y prohíba al fin el sexo con animales. Tres de cada cuatro daneses dicen (en público) que habría que prohibirlo. Lo que hacen en su casa con sus animales no se sabe.

Pero, oh, sorpresa, el Departamento de Bioética de la Universidad de Copenhague hizo un estudio para el Ministerio de Agricultura (quien ha de legislar en este caso) en el que concluyó (agárrense) que algunos animales podían disfrutar del sexo con humanos. Los zoofílicos daneses y los turistas zoofílicos aplaudieron los resultados del estudio. Los animalistas daneses contraatacaron con denuncias de prácticas bestiales con animales: caballos violados y apaleados, ovejas destripadas por la introducción de objetos por el ano o la vagina, perros prostituidos hasta límites indecibles... Un horror.

Los animalistas se desesperaron cuando el nuevo ministro de Agricultura, de los Verdes, no creyó conveniente prohibir el bestialismo en Dinamarca. Por eso iniciaron esta campaña tan agresiva. Han llegado a acusar al señor ministro de ser él mismo zoofílico y de no prohibir el sexo con animales para no tener problemas en casa, con su pareja, algo que, la verdad sea dicha, me deja pasmado, tanto si es verdad como si es mentira. Qué nivel de debate, Dios mío, en Dinamarca.

La campaña ha tenido éxito y lo último que sabemos del ministro es que ahora quiere prohibir el sexo con animales. ¿Se resentirá la ganadería danesa? Mejor todavía, ¿qué piensan ahora de las galletas danesas de mantequilla?

Como ven, son preguntas todas ellas de mucha enjundia.

Con lo buenas que son...

3 comentarios:

  1. Tu blog esta chido pero tengo una pregunta que tan buenas son las galletas te juro que no las encuentro en cuanto al debate sobre la zoofilia se prohíba o no se seguirá practicando se debería permitir sólo bajo estrictas reglas y circunstancias pero claro como medida temporar

    Enserio quiero las galletas de mantequilla danesas

    Me gustaría que tratarás el tema de los dictadores

    No me llevo bien con las comas las detesto >:)

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  2. Madre mía vaya conglomerado de estupideces. Dejarse de teorías, de mitos, tradiciones y obscenidades. Se trata de ética y moral. Por supuesto con este artículo basura muchos van a pensar que estás a favor aunque eso no lo sé pero si es cierto y dejas entrever tu poca ética y falta grave de empatía. Típico humano que le puede más su gula y estomago que los valores de la vida. Triste muy triste

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  3. Increíble redacción, llena de sarcasmos e ironía! Felicidades por tan buena escritura, macho. ¡QUE VIVAN LOS ANIMALES!

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