¿Por qué la República enseña el pecho?


La República, con todos sus atributos.

Hoy celebramos el aniversario de la proclamación de la
Segunda República Española.

¡Viva la República!

La República suele representarse de muchas maneras y mediante diversas alegorías, pero la más conocida es, sin duda, la de una señorita de gran belleza y apostura, de muy buen ver y armas tomar.

Observen que uno de los primeros símbolos de la República Francesa fueron la tricolor, el gorro frigio y además el hacha y las fasces, símbolo del poder del Estado en Roma. 

Como es de recibo y fácil de suponer, la imaginería republicana nace en los tiempos de la Revolución Francesa, cuando se necesitaron símbolos para que el pueblo se identificara con ellos y a traves de ellos, con la Revolución. Esos símbolos tenían que sustituir a los símbolos de la Corona, conocidos y populares. ¡No iba a ser fácil!

Fueron los jacobinos, por encima de los demás partidos, los que pusieron más empeño y más cuidado en la creación de este imaginario y la simbología republicana española bebe directamente de la tradición francesa (aunque la modificará un poco).

Los franceses bailan alrededor del Árbol de la Libertad mientras los prusianos huyen, al fondo de la imagen. El Árbol de la Libertad fue el símbolo que tuvo más éxito en el período revolucionario.

Nació entonces el Árbol de la Libertad (todavía puede verse en las monedas francesas de uno o dos euros), el gallo, el gorro frigio, la escarapela tricolor... Cualquiera de estos símbolos merecería un apunte propio y muy interesante, pero hablábamos de la señorita República, la de buen ver. Quede claro: no fue la primera opción y cuando nació, tardó en tener éxito. ¡Pero lo tuvo!

Posterior a la Revolución Francesa, la imagen de la República que pintó Delacroix es la que ha conseguido mayor fama. Una mujer guerrera, pardiez.

La República impuso la moda en el vestir. Los padres de la Revolución Francesa se referían continuamente a la República Romana y a sus grandísimas virtudes, de donde salió una señorita República vestida como las diosas griegas o las vírgenes vestales, con una túnica apenas, que mostraba sus curvas y virtudes sin amagar una. Esa moda en el vestir la copiaron las mujeres del Directorio, el Consulado y hasta del Imperio, como cualquiera puede comprobar examinando los retratos de la época. Antes de eso, las mujeres se dejaron torturar por corpiños, fajas y miriñaques. Cuando cayó Napoleón, regresaron poco a poco los tormentos del Antiguo Régimen en el vestir, que perdurarían un siglo hasta ser derrotados en la era del jazz.

En las primeras imágenes de la República, ésta ya aparece con un pecho desnudo. Pero viste todavía como una mujer del pueblo. Observen, además, la pica con el gorro frigio en la punta en una mano y el hacha con las fasces en la otra, símbolo del poder del Estado. Muchos años más tarde, Mussolini escogería ese símbolo para su partido nacionalista, y de ahí la palabra fascismo.

Pero las señoras del Directorio, el Consulado y hasta del Imperio no enseñaban la teta, y perdonen ustedes. Pero la República, sí. Una República como Dios manda lleva uno de los pechos al aire y no parece que sea por descuido. ¿Por qué?

Unos dicen que es un recuerdo de la república de las amazonas, pero mal recuerdo, porque las amazonas no desnudaban un pecho para luchar mejor, sino que se lo cortaban (sic), para poder disparar mejor con el arco. Así que no vale. De amazonas, nada.

Curiosamente, la imagen de la teta republicana proviene del imaginario católico. 

Pasaremos por alto que a María Magdalena penitente se la representa con los pechos al aire y despeinada, lo que explica por qué tantas imágenes de la santa fueron a parar a los gabinetes secretos de los grandes coleccionistas en tiempos de la Contrarreforma. Nos interesan otras dos imágenes.

Una Virgen de la Leche. Ésta, de Rubens.

Serán dos imágenes muy frecuentes. Una, la Virgen de la Leche, viva imagen de la madre amamantando a su hijo; otra, la imagen de una obra de misericordia, que es, según se mire, la de dar de beber al sediento o la de dar de comer al hambriento, representada por una mujer ofreciendo su pecho a un necesitado (sic). Vean, a modo de ejemplo, el cuadro de las Obras de la misericordia de Caravaggio, donde una mujer ofrece su pecho a un pobre viejo barbudo y sediento, o la veneración de (un poquito de) la Leche de la Virgen que se guarda en un relicario de la catedral de Oviedo, pero no son casos únicos, ni mucho menos.

San Bernardo a punto de beber del pecho de la Virgen, según Murillo.
Puede verse en el Museo del Prado, donde hay imágenes más explícitas del milagro.

¡No nos olvidemos de San Bernardo de Claraval! En uno de sus ayunos y penitencias, se le apareció la Virgen María con el Niño y... No se lo van a creer, pero le dió de beber de su pecho. Sacó la teta y le envió un chorrito a la boca y así se representa el milagro en docenas de óleos. La visión o milagro de San Bernardo toma de aquí y de allá, bebe (nunca mejor dicho) de la Santa Leche y de la obra de misericordia dicha. La Virgen del Chorrito, la llaman algunos. ¿No me creen? Dénse una vuelta por el Museo del Prado y busquen ustedes, que se llevarán más de una sorpresa.

El caso es que Bernardo de Claraval era, en francés, Bernard de Clairvaux, que está en Borgoña, y fue uno de los santos franceses más influyentes en el catolicismo. Expandió la orden del Císter por toda Europa y ayudó a crear la Orden del Temple. De su genio procede el asentamiento del canto gregoriano, la vida monástica y la arquitectura gótica. El Milagro de la Leche era, pues, conocido y comprendido en Francia y sólo había que darle la vuelta para la causa republicana.

La Primera República Española.
Muy francesa, todavía, con el gallo, las alas de la victoria, el gorro frigio, enseñando un pecho y la bandera rojigualda haciendo las veces de arco iris. 

El resultado es una mezcla de lo clásico y lo barroco, de lo católico y lo pagano. La República como madre y los ciudadanos, como sus hijos. La República bien provista de alimento. Una diosa Atenea o una virgen vestal someramente vestidas con un camisón (o una túnica) son casi lo mismo que una Virgen de la Leche que se ha despojado de sus mantos azules. Se cubre la mujer con un gorro frigio (de origen griego clásico, pero, como la barretina, de uso frecuente en el Mediterráneo), se añade la escarapela tricolor ¡y ya tenemos una República!

Los españoles en Cuba, más pícaros, no desnudaron el pecho de la República Española, pero a buen entendedor, pocas palabras. Aquí tienen a la señorita República despojándose de la corona y la capa de armiño, para aparecer (casi) como Dios la trajo al mundo, un ejercicio de striptease político digno de estudio.

Resulta curioso señalar que la República Española resultó ser más púdica que la República Francesa. Rara es la ocasión en que la República Española enseña su pecho. A diferencia de la francesa, no tiene necesidad de ello.

La República Española, más formal.

3 comentarios:

  1. Bien sabes que yo soy más de rey, sin embargo... ¡Viva!

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  2. Cierto lo de Mussolini, pero una precisión: este señor lo tomó de la antigua Roma, de las insignias que portaban los lictores que acompañaban a los magistrados (la grandeza romana era su referente, como es sabido). Y no siempre llevaban el hacha. En situación de guerra, la llevaban; en situación civil, la quitaban. Otro detalle: también lo he visto en la simbología de la guardia civil española.
    Muy bueno el artículo. Disfruto leyéndole, sr. Soravilla.

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