Caso Masià: Siguen las sospechas de la prensa


El caso Masià es un caso menor. Su protagonista es mediocre; su historial, también; otros casos mueven millones de euros y éste, las migajas. Ahora bien, es un caso paradigmático, uno de tantos que se han dado a la sombra de la mafia convergente, un síntoma de la enfermedad que tanto daño ha hecho a los catalanes. Además, la señora Masià aparece en los papeles de algunos casos de renombre, como el caso Palau o el caso ITV. Como actriz de reparto, eso sí, casi de relleno, como sinvergüenza útil y necesaria para echar tierra encima de las aventuras del señor Millet o para sentar las bases de un caso que no llegó a ser, el de las inspecciones energéticas. 

Lástima que una filtración precipitó el caso ITV y hubo que correr a poner bajo arresto a sus principales actores. Creo, y lo creo sinceramente, que si el secreto de la investigación se hubiera mantenido más tiempo, si se hubieran podido escuchar más llamadas telefónicas, si hubieran podido reunir más pruebas, la señora Masià también estaría hoy imputada. Y los demás personajes de la trama estarían mucho más apurados que ahora mismo.

He dicho que lo creo, y repito: lo creo sinceramente. Pero ¿quién soy yo para decir nada? Ustedes son libres de creer otra cosa y sostener que es la persona idónea, el ejemplo de honestidad, honradez y transparencia, la profesional mejor preparada para hacerse cargo de la dirección adjunta de la Oficina Antifraude de Cataluña. También hay gente que cree en las hadas.

En cualquier caso, aquí tienen un artículo publicado en El Confidencial sobre la fulana en cuestión. Sírvanse ustedes mismos. Se titula La Oficina Antifraude catalana, bajo sospecha: su segunda dará cuentas en el Parlamento por la trama ITV. Léanlo. Insisto: no crean lo que yo diga, pero escuchen a ver qué dicen los demás.

De bólidos y hombres


Leyendo en el tren, porque no se puede leer conduciendo.

Macadán Libros (www.macadan.es) es una editorial que me cae muy bien. No es ésta la manera correcta de comenzar una reseña, pero me da lo mismo. Digo que me cae muy bien porque yo, como sus editores, siento un especial interés por las cosas del motor. Por eso, cuando descubrí De bólidos y hombres (en original, Cars at Speed), de Robert Daley, me faltó tiempo para echarme encima y pasar por caja con el libro bajo el brazo.

Daley todavía vive (que yo sepa) y durante una buena temporada fue periodista y reportero del New York Times en París. Corrían los años cincuenta y Daley corría detrás de las carreras de automóviles, las de Gran Premio y las de gran turismo (GT). En boca de muchos, la Edad de Oro. Conoció y trató personalmente a algunos de esos grandes pilotos: Moss, Ascari, Portago, Hill, Brabham... Vió morir a muchos de ellos.

Ascari, en 1953, en el Gran Premio de Argentina.
Observen el público, pisando el asfalto (!?).

Daley escribe Cars at Speed pensando en un público que no conoce el mundo de los Grandes Premios ni la emoción de las carreras como la Targa Florio, las Mille Miglia o las 24 horas de Le Mans. Escribe como un periodista y desordenadamente, sumando anécdotas y picando un poco aquí, un poco allá, para formar una suma que nos muestra cómo es (cómo era) este mundo del motor. Algunas escenas son descritas brillantemente y se guardan en la memoria, después de habernos impresionado. El resultado es un libro apasionante y muy divertido. Si le gustan los automóviles, aún más apasionante y divertido.

Alfonso (Fon) de Portago, inseparable de su pitillo.
Le están comprobando el nivel de combustible y él, fumando.

Eso sí, habla de la muerte. Porque ya lo he dicho: los pilotos caían como moscas y los accidentes de esa época fueron terribles. En Nurburgring, por poner un ejemplo, si uno se salía de la carretera... ¡adiós! Si uno volcaba el coche... ¡adiós! Había árboles, buzones, muros, farolas, postes de telégrafo, vallas, bordillos, arcenes... mil y un obstáculos contra los que estrellarse y perder la vida. El firme era el de una carretera de la Europa de la postguerra, bacheado, agrietado, a veces empedrado. El Gran Premio de Portugal pasaba por encima ¡de las vías del tranvía! Los coches no tenían ni barra antivuelco, ni jaula de seguridad. Nada. El casco de uno de esos pilotos se rompía si a uno se le caía al suelo (sic).

El Ferrari de Portago, después de matar a nueve espectadores (cinco de ellos, niños), a su copiloto y a él mismo (quedó partido en dos). El motor fue reutilizado para impulsar a otro Ferrari, semanas después.

También recibía el público. El relato que hace Daley del Gran Premio de Argentina de 1953 (treinta muertos), que desconocía, me ha puesto los pelos de punta. Pero no nos dejemos los 83 muertos de Le Mans o el público que se llevó por delante el Ferrari de Portago en las Mille Miglia. 

El BRM de Behra, contra un muro. No se hizo apenas daño, pero moriría en Monza, poco después. Al no tener cinturón de seguridad, salió volando y se mató en los peraltes del circuito.

Pero era ese desafío constante a la muerte lo que proporcionaba interés a las carreras de automóviles, sostiene Daley. Les copiaré un párrafo (entre varios parecidos), y juzguen ustedes mismos.

[...] Un buen circuito debe estar formado siempre por carreteras normales y corrientes, conocidas, que permitan a un hombre de a pie imaginarse afrontando esas curvas a enormes velocidades. Debe haber objetos sólidos contra los que el piloto pueda estrellarse si comete algún error; de lo contrario, lo que hará no se diferenciará en mucho de lo que ustedes y yo hacemos tantas veces al año en las autopistas: correr con el coche de un lugar al otro. Entonces ya no contaría ni la sensibilidad, ni el coraje, ni el dominio sobre la máquina; todo sería velocidad pura, ninguna habilidad sería admirable, y entonces mejor para todos ponernos a contemplar aviones, que desde luego son bastante más rápidos que los coches.

Hawthorn dándole al Ferrari. 
Pueden imaginar el daño si volcaba o chocaba, y el riesgo que corría el público.

Así las cosas, ¿qué pensará el señor Daley de los aburridos y segurísimos grandes premios de hoy? Quizá nos esté dando la receta que tanto buscan los jefazos de la Fórmula 1, la de abrir la veda de la matanza de pilotos. ¡Qué horror! Pero ¡qué audiencia! ¡Ay, ay, ay! ¡No les demos ideas!

Es un libro recomendable y ameno. Si además uno es aficionado al motor, ni les cuento. Anímense a leerlo, que vale la pena.

Gran Premio de Australia 2015


Prosigue el apabullante dominio de las Flechas de Plata.

¡Ha vuelto! La Fórmula 1, quiero decir. Y como si no se hubiera ido. Porque la primera carrera ha sido más de lo mismo. Hamilton ha ganado esta vez, seguido de Rosberg. Es decir, las dos flechas de plata por delante y el resto, detrás.

Lo mismo, lo mismo, exactamente lo mismo, no. Porque Ferrari ha hecho los deberes y ha conseguido un podio (Vettel, tercero) y no ha ido mejor porque le han atornillado mal una rueda al segundo coche (Raikkonen) y ha quedado duodécimo. Williams será su oponente por ver quién sigue a Mercedes. Un español, Sainz, ha debutado en los puntos (¡felicidades!) con un Toro Rosso y quedan por delante ¡diecinueve grandes premios!

En la pretemporada también han pasado cosas. Alonso fichó por McLaren (eso no es nuevo), pero probando el coche en Barcelona tuvo un accidente. Se le fue en una curva sencilla (es un decir) y chocó de lado contra un muro. Lo que tendría que haber sido un accidente más, sin importancia, se convirtió en algo más serio. La conmoción lo dejó en el hospital muchos días y todavía está de baja. ¿Por qué chocó? ¿Fue un error del piloto? ¿Una pieza defectuosa? ¿Ambas cosas? No se sabe, no se dice, y las especulaciones son muchas. En cualquier caso, ha salido de ésta (¡gracias a Dios!) y nadie habla de otra cosa (cómo nos gusta especular).

Erri de Luca y "La palabra contraria"


Una polémica judicial y un éxito editorial.
De fondo, derechos fundamentales y dilemas morales.
¡No está mal!

Para que puedan hacerse a la idea del caso, vamos a relatarlo. Simplificaremos. Los detalles siempre podrán encontrarlos en alguna parte. 

Imagínense un valle en un país de alta montaña, bello, agreste, prácticamente intacto. De repente, anuncian que un tren de alta velocidad atravesará el valle. El interior de las montañas está lleno de amianto y el polvo de amianto es cancerígeno. Temiendo el destrozo sobre el medio y el paisaje y el peligro para la salud de las personas, los habitantes del valle protestan, acuden a los tribunales. Pero la clase política es corrupta y no les cuento si hay por en medio obra pública. Los tribunales son lentos, están politizados. La causa contra la empresa que pretende agujerear la montaña se eterniza y pierde. 

Las protestas contra la línea de alta velocidad se suceden.
De fondo, una gran desconfianza por una clase política corrupta y cínica.

Entonces, un escritor de mucho prestigio, que había militado en las filas de la extrema izquierda (incluso en grupos violentos) siendo joven, alza la voz y afirma que en estos casos lo único que le queda al pueblo para defender lo que es justo es el sabotaje. Alaba las cizallas, que, dice, van la mar de bien para cortar los alambres que protegen las instalaciones de la obra. La frase exacta es: La Tav va sabotata. Le cesoie sono utili perché servono a tagliare le reti, en italiano, en versión original.

La entrevista dará la vuelta al mundo. La dará porque la empresa que excava la montaña, francesa, le planta una denuncia por incitación a la violencia. Envía al escritor a los tribunales y pide para él ¡cinco años de prisión! Se monta la de Dios es Cristo y por eso la entrevista dará la vuelta al mundo. El escritor es Erri de Luca y la empresa francesa, Lyon Torino Ferrovie (una unión de empresas que construye la línea de alta velocidad entre Lión y Turín).

Comienza el lío. La mayoría de los intelectuales italianos hablan callandito o no dicen nada. Berlusconi anda detrás del mundo editorial y está trapicheando con las acciones de varias empresas. Si tiene éxito, el 40% de la producción editorial italiana caerá en sus manos y no es ahora el momento de jugar con quien te dará de comer. El proyecto ferroviario mueve mucho dinero. Erri de Luca, en fin, es incómodo. Pero también surgen voces a favor del escritor, dentro y (especialmente) fuera de Italia. 



La edición italiana (Feltrinelli) y la española (Seix Barral).
La italiana, con una gran portada.
La española, con ganas de llamar la atención (lo consigue).

Si mi opinión es un delito, no voy a dejar de cometerlo, dirá Erri de Luca. Escribe un alegato a favor de su derecho a la libertad de expresión, que publicará Feltrinelli en Italia (La parola contraria) y Seix Barral en España (La palabra contraria). Su discurso de la defensa es un éxito editorial, pero él, como el juicio es a puerta cerrada, no se presenta en los tribunales (está en su derecho). 

Copio la opinión de un prestigioso jurista italiano, y traduzco. Gaetano Azzariti afirma lo siguiente: Según la jurisprudencia, tanto la ordinaria (como, por ejemplo, la Casación n. 40552 de 2009) como la constitucional (véase la sentencia n. 65 de 1970), no basta con que la instigación sea formulada, porque en este caso sería una legítima manifestación del pensamiento, sino que será determinante que ésa, en su manifestación, resulte haber sido concretamente idónea para provocar la violación de las normas penales y la comisión del delito. Esto quiere decir que tiene que ser demostrada la conexión directa entre las palabras pronunciadas y las acciones criminales consecuentes.

A juicio de ese jurista, pues, Erri de Luca pudo haber dicho una barbaridad (o no, va por gustos), pero no habría cometido ningún delito. LTF piensa de manera muy diferente y habla de terrorismo. ¡C...! Ésas son palabras mayores. Erri de Luca afirma que de terrorismo, nada. Sólo (¡sólo!) propone el sabotaje como el único y último recurso de los ciudadanos indefensos ante el abuso del poder. Esto ¿puede decirse? Si se dice, ¿hasta qué punto es condenable? Si se condena, ¿con cinco años de cárcel?

El debate está servido. Porque está en juego la libertad de expresión, que es la suprema libertad en una sociedad abierta, fundamento de la democracia. Porque el asunto es polémico y se mezclan negocios, política y derechos fundamentales. 

Erri de Luca ha desatado una gran polémica.
Ha quedado la frase de la libertad culpable para definir su postura.

Algunos de ustedes defenderán que Erri de Luca no puede emplear su voz para alentar a cometer delitos. Es una postura razonable. Algunos otros, en cambio, sostendrán que en este caso puede y está en su derecho de decir lo que piensa. Es cierto, es así. 

Unos dirán que Erri de Luca es un personaje descerebrado que sólo busca llamar la atención y otros, un ciudadano que defiende una causa que cree justa contra viento y marea. Quizá un poco de todo, dirá un tercero. Habrá quien diga que la libertad de expresión tiene que limitarse, pero ¿quién la limitará? ¿Cuáles serán sus límites? Habrá quien diga que no puede limitarse, pero ¿nunca? Este derecho ¿no tiene límites?

Cuando se defendían los Derechos Civiles en los EE.UU. ¿no se incitaba continuamente a cometer faltas y delitos? ¿No era justo entonces incitar a desobedecer una ley injusta? ¿Puede compararse éste caso con aquél? ¿Hasta qué punto se puede o no se puede incitar a cometer un delito? ¡No es fácil responder!

Lo que yo piense no importa, porque quiero que piensen ustedes y lleguen a sus propias conclusiones. Si me preguntan, les diré que la prisión para Erri de Luca me parece una barbaridad. También les diré que la libertad de expresión mejor cuanto más libre, aunque hay veces... Pero pueden pensar lo que quieran, mientras lo hagan crítica y razonablemente. Hay argumentos para todos los gustos.

En cualquier caso, busquen La palabra contraria que publica Seix Barral y échenle un vistazo. Prescindan de la portada, disfruten del verbo de Erri de Luca (que escribe muy bien). El panfleto se lee en un pispás. Les dará en qué pensar y pensar, digan lo que digan, es un ejercicio muy sano. Pero, por favor, que no piensen otros por ustedes, que entonces no vale.

La homeopatía es un timo (al menos, en Australia)


Hay quien dice que los australianos hacen todo al revés porque están boca abajo, pero esa opinión admite ser discutida. Ciertamente, los australianos hacen cosas bien, cosas mal y la mayor parte de las cosas, como pueden. 

La homeópata Francine Scrayen, yendo a juicio.
Dejó morir a su paciente, si no es que la mató, con agua y azucarillos.

La señora Penelope Dingle no se quedaba embarazada y tuvo la mala idea de ponerse en manos de una homeópata, Francine Scrayen. En octubre de 2001 descubrió sangre en sus heces. Hemorroides, dijo la homeópata, y le recetó agua y azucarillos. Un año más tarde, en diciembre de 2002, la homeópata la mandó a preguntar a un médico de verdad. Hasta el momento, sólo la había tratado (homeopáticamente) contra la hemorroides.

Era un cáncer de colon. Clarísimo, además. Francine Scrayen y su marido, Peter Dingle (el doctor Dingle), la convencieron para que se pusiera en manos de la homeopatía.

El doctor Dingle y su nueva mujer, Martine, yendo a juicio.
Se ha hinchado a declarar que está siendo perseguido por una conjura de médicos e industrias farmacéuticas y que la operación quirúrgica a la que sometieron a su mujer fue lo que la mató. Sus cuñadas no piensan lo mismo.

Qué casualidad. Peter Dingle está diplomado en Magisterio de la Ciencia y Magisterio de la Ciencia Ambiental y se sacó el doctorado. Era profesor asociado en la Universidad de Murdoch, Perth, Australia, en la Escuela de Ciencias Ambientales, y daba conferencias sobre salud sostenible (sic). Otro más de ésos que confunden al personal con lo natural y lo ecológico, atacan a la industria farmacéutica y acusan a la ciencia de todos los males, como la monja Forcades. Carne de cañón de homeópatas y cantamañanas.

La señora Scrayen exigió a la señora Dingle que abandonara la alopatía (es decir, la medicina) porque su única esperanza era homeopática. Su marido y la señora Scrayen le propusieron un tratamiento homeopático y espiritual (sic). Es decir, para los entendidos, su esperanza estaba tan diluida que podemos asegurar que, en manos de la señora Scrayen, pasó a ser ninguna.

Así fue y murió de forma horrible, después de una larga y angustiosa agonía. Quizá hubiera muerto lo mismo, o quizá no, porque el cáncer de la señora Dingle fue detectado en una etapa en la que podría haber sido eliminado. Pero murió, de mala manera, sin calmantes ni analgésicos. Quizá no hubiera sufrido tanto, ni gritado tanto de dolor como gritó sus últimas semanas de vida. ¡Mala muerte, ésa! Y no es que me ponga melodramático, sólo menciono las palabras de la hermana de la desgraciada señora Dingle, la señorita Brown (Dingle, de soltera, era Brown). Leer la denuncia de la señorita Brown contra Francine Scrayen pone los pelos de punta.

El caso desató una gran polémica en Australia y leyendo el informe forense uno sabe muy pronto por qué. El forense se despacha a gusto contra la señora Scrayen, diciendo que es, como poco, incompetente, que carece de los más mínimos conocimientos de medicina, es incapaz de comprenderla y es la responsable directa de la muerte de la señora Dingle. Porque, afirmó, si se hubiera actuado a tiempo, habría habido muchas posibilidades de salvarla. En su informe, no se anda con chiquitas, la verdad. 

En inglés, entre otras muchas cosas, decía:

The unhealthy reliance placed on Mrs Scrayen’s homeopathic “cures” by the deceased and her husband, Dr Dingle, who appears to have been very much involved in the decision-making process, resulted in a tragic series of events and the deceased suffering extreme uncontrolled pain over an extended period of time at a level not normally experienced in societies where there is access to modern medical treatment.

La señora Dingle pasó por el quirófano en 2003, pero ya era demasiado tarde para hacer nada. Pasó por el quirófano porque las hermanas de la señora Dingle actuaron por su cuenta y riesgo, desobedeciendo a la homeópata y al marido, enviando al cuerno la espiritualidad y lo demás. El testimonio del cirujano que intentó salvarle la vida (ya inútilmente), Cameron Platell, también pone los pelos de punta. Su intervención nada pudo hacer por ella. Si hubiera actuado antes... Quién sabe. En cualquier caso, volvió a caer en manos homeopáticas, en las que la piedad se había disuelto como los principios activos de sus patrañas, y así murió, horriblemente.

El caso Dingle azuzó a las autoridades australianas y se impuso poner orden en este asunto. Lo primero y obligado era saber qué fiabilidad y efectividad podía tener la homeopatía, porque el caso de la homeópata Scrayen podía ser uno más de negligencia médica, pues ¿no hay médicos que cometen barbaridades con sus pacientes? Sí, pero la medicina es lo mejor que hay para curar enfermedades, ahora mismo. Por lo tanto, la pregunta era: ¿es efectiva la homeopatía en el tratamiento de las enfermedades de los seres humanos?


Así que pusieron a trabajar al Consejo de Investigación Biomédica de Australia (en verdad, el Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica, o NHMRC). 

Se examinaron cientos y cientos de estudios y cientos y cientos de estudios fueron rechazados porque no cumplían los estándares de calidad exigidos. Básicamente, porque había pocos datos, poco fiables o se apreciaban fallos metodológicos serios. Sus conclusiones eran cuestionables, fueran cuales fueran. 

El problema al que se enfrentan los homeópatas no es tanto que no haya estudios, sino que están muy mal hechos. A la que se impongan las condiciones de doble ciego (el médico no sabe si proporciona homeopatía o no, y el paciente no sabe si recibe o no recibe tratamiento homeopático) o una muestra que permita una razonable fiabilidad estadística, las hipotéticas ventajas de la homeopatía quedan en nada (homeopáticamente disueltas). Ni les cuento la fiabilidad de los experimentos que no pueden ser reproducidos.

Tratarse con agua del grifo tiene los mismos efectos que tratarse con remedios homeopáticos.
Además, alivia la sed y es mucho más barato.

Hace dos años se publicaron los primeros avances del estudio y las partes podían hacer alegaciones. Básicamente, se esperaba que los homeópatas pudieran presentar trabajos de investigación por fin capaces de demostrar que los resultados de un tratamiento homeopático se pueden distinguir de los resultados del efecto placebo (la sugestión, para entendernos) o de lo que ocurre si no tomamos nada. Pruebas hospitalarias, de laboratorio, médicas, etc. Lo que fuera. Si no suficientes para demostrar que la homeopatía funciona, suficientes al menos para sembrar la duda y admitir que podría funcionar en algunos casos y que merece la pena seguir investigando.

¿El resultado? Las evidencias a favor de la homeopatía quedaron tan disueltas como sus principios activos. Hoy, la conclusión del NHMRC es contundente. Copio (y traduzco):

Basándose en el análisis de las evidencias de la efectividad de la homeopatía, la NHMRC concluye que no hay ninguna evidencia fiable de que existan enfermedades en las que pueda decirse que la homeopatía es eficaz. 

La homeopatía no debería utilizarse para tratar enfermedades crónicas, graves o potencialmente graves. Los pacientes que escojan la homeopatía tendrían que saber que ponen su salud en peligro si rechazan o dejan para más adelante tratamientos que son evidentemente efectivos y seguros. Los pacientes que considerasen utilizar la homeopatía deberían recibir primero el asesoramiento de personal sanitario legalmente reconocido. Aquéllos que recibieran un tratamiento homeopático deberían explicárselo a su médico y seguir los tratamientos prescritos por éste. 

El Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica espera que sean ofrecidos al pueblo australiano los tratamientos y las terapias con la mejor evidencia disponible.

Resumen: la homeopatía no sirve para nada y habría que prohibir que se trataran enfermedades con ella.

Pueden leer la declaración del NHMRC, conseguida a través del blog Magonia (www.magonia.com, gracias), en la siguiente dirección:

Los papeles sobre homeopatía del NHMRC pueden verse todos aquí, en detalle, en su sitio web:

Poco más puede decirse, y ya se ha dicho muchas veces (las conclusiones de un comité español semejante al NHMRC fueron las mismas, por ejemplo, y las de los ingleses). En pocas palabras, la homeopatía es un timo, una patraña, un engañabobos. Quien la vende, sólo puede justificarse admitiendo que es un sinvergüenza que se aprovecha de los demás o quedando en evidencia por su falta de criterio científico. O por ambas cosas. Es lo que hay y no hay más.

Caso Masià: Comparecencia


La Comisión de Asuntos Institucionales del Parlamento de Cataluña se ha reunido esta mañana y pasadas las once ha aprobado por unanimidad que comparezca la señora Masià a explicar qué hace o piensa hacer como directora adjunta de la Oficina Antifraude de Cataluña, qué planes tiene, qué opina de su nuevo trabajo, etcétera. 

Los portavoces de los diferentes grupos parlamentarios han aprovechado para recordar que les irá muy bien que explicara todo eso en público, porque todavía no ha comparecido ante los señores diputados (ni ante nadie) para explicar tales planes. Además, insisten en sostener que no es la persona idónea para el cargo (aunque el gobierno sea de otra opinión), y parece que le tienen ganas. 

La misma comisión, con los votos del gobierno y sus socios, ha rechazado su comparecencia para explicar qué hizo como directora del Instituto Catalán de Energía, pero los diputados de la oposición han intervenido para decir ¡Tranquilos! ¡Sobre eso también le preguntaremos! Porque ¿acaso no forma parte de su trabajo perseguir el fraude que pudo producirse durante su etapa como directora del Instituto Catalán de Energía? Bonita paradoja. ¡Nadie podrá impedir que le pregunten sobre eso!

¿Estarán los diputados a la altura de las circunstancias y del personaje?

Lío


Imagen y resumen del prusés.

Después de varias reuniones en la cúpula de CiU, algunas declaraciones nos ponen al día de sus intenciones políticas. Venga una muestra. La primera, la declaración altisonante que afirme que Cataluña, en menos de un año, será libre. Ah, libre. Libre ¿de qué? O de quién. No, no, quiere decir independiente. Ah... Pero, prosiguen los portavoces, esa independencia sólo será provisional. Repito, ¡provisional! ¡Caramba!

¿Es esto, provisionalmente, un caballo?
Cada día me inclino más hacia las tesis marxistas, la verdad.

A decir de los correveidiles, se declararía una independencia de baratillo para ver qué pasa en (el resto de) España y cómo queda su gobierno mientras tanto. Así, provisionalmente independientes, en un aparte, por así decir, podrán negociar con el gobierno de (el resto de) España eso que se llama el encaje de Cataluña en el Estado. Que será como un encaje de bolillos, lo menos, por el lío que llevan. Porque, por ejemplo, los ciudadanos provisionalmente (no) españoles ¿podrán votar a sus representantes en las Cortes Españolas y en el Senado? Al menos provisionalmente, sí, ¿no? ¿O no? ¿O qué?

Para aclarar todo el lío, ésta es buena, se declaran ahora nacionalistas, pero no independentistas. Entonces ¿a qué tanta murga? Ni sí ni no, sino todo lo contrario. Se excusan (se explican) añadiendo que ellos sólo contemplan la independencia como un instrumento para la mejora de las ayudas sociales. ¡Por Dios! ¡Mira quién fue a hablar! ¿Para mejorarlas como hasta ahora? 

Me cago en la mejora, y perdonen ustedes. Quizá por eso hoy ponen todo su empeño en empeorar la sanidad y la educación públicas, en suprimir toda clase de ayudas sociales, en privatizar, suprimir, recortar, liberalizar o reducir servicios públicos, con la ayuda de ERC (y del PP), para poder exigir la independencia... de los que privatizan, suprimen, recortan, liberalizan, etcétera, digo yo. Viendo quién habla, lo que dice y lo que hace (especialmente, lo que hace) no imagino otra.

Este fin de semana, Jordi Pujol Jr. se ha paseado por la Cerdaña con un Lamborghini Diablo.
Lo ha hecho para mostrar las ventajas que proporciona CDC.

Para pasmo de los seguidores del prusés, antaño Proceso, con mayúscula y soberbia, también dice la presidenta del Parlamento de Cataluña que si los demás partidos políticos catalanes no quieren o no interpretan que las elecciones del 27 de septiembre sean plebiscitarias (o pebliscitarias, como dijo exactamente), pues igual no vale la pena convocarlas

De vez en cuando conviene mirar más allá del prusés.
Hay mundo ahí afuera.

Ahí queda eso, que supongo será broma. Quizá haya querido tantear al resto del público, por ver qué pasa. En la calle, nada. En las tertulias, más de uno le da vueltas y vueltas y más vueltas, en plan hámster. Porque eso es el prusés, una rueda muy grande que da vueltas y vueltas y vueltas mientras todos los tertulianos hámsters corren y corren y corren de ningún sitio a ninguna parte. El país, mientras tanto, a dos velas, viendo girar la rueda llena de hámsters gordos y bien alimentados y pasando hambre.

En medio del lío, el ínclito calvo Duran ya tiene un partido nuevo (Construimos) y dice que hasta que no pasen las municipales, él no mueve un dedo ni dice nada. Es un gato viejo, que por viejo pasa por listo. ¡Hay tanto tonto suelto que hasta pasa por brillante! Esa maniobra duraniana asegura sillones en los ayuntamientos y luego ya se verá. El interés por encima de la honestidad, la historia de siempre.

Los socios de esta tropa esquizofrénica son los republicanos catalanes de ERC, que parecen tontos dejándose engañar por semejante tropa una vez y otra y la siguiente. Su respuesta ha estado a la altura de las circunstancias y demuestra que la esquizofrenia no es exclusiva, sino compartida. Si en CDC dicen que no son independentistas, sino nacionalistas, en ERC afirman (solemnemente, además) que no son nacionalistas, sino independentistas, y aquí decido dejar de preguntar y pensar sobre tanta tontería. 

Hegel hizo mucho daño al hablar claro y bien, al razonar con modestia y discreción y miren qué sale de todo ello, que lo imitan sin querer y ahí nos duele.

Peligro, voto


Dice Pericles, hijo de Jantipo. Es un óstracon, un voto.
Los antiguos griegos votaban sobre los restos de la vajilla.

Se nos echan encima elecciones por aquí y por allá. Nos espera una buena. Ahora todos intentarán convencernos de la bondad de sus acciones y nosotros, qué tontos, volveremos a votarles. Pero también surgen actores nuevos en el drama y el voto, ay, se torna peligroso. Mira que si se lo llevan ésos en vez de nosotros... Lo de ¡Peligro, voto! puede convertirse en voz frecuente en el votante que busca una revancha o en el votado, que la teme.

Nos va a tocar votar y habrá que hacerlo. Pero no les voy a decir eso tan manido de ¡Voten! Que si no votan, luego no podrán quejarse. Eso es, simplemente, mentira. Una gilipollez. En una democracia, uno vota porque quiere; en una tiranía, uno no vota porque no le dejan. 

Si usted no vota, tiene todo el derecho del mundo a quejarse. Ese derecho es uno de los fundamentos de la libertad de expresión y como tal es anterior y más importante que el derecho a voto. Si usted puede quejarse libremente, vive en un régimen que respeta su libertad de expresión. Pero si no puede quejarse libremente, aunque vote, ¡ya me dirá usted dónde vive!

Privadamente, recomiendo el voto. Si es necesario, con las narices tapadas, con cierto asco. Pero no persigo la abstención: yo mismo soy abstemio. (Sé que no es lo mismo, pero el chiste era irresistible.) 

Si no quiere votar a los suyos, pero tampoco a los otros, no vote. Si usted permanece fiel a sus ideas, cuando los suyos hayan hecho limpieza en casa ya les volverá a votar. Si quiere darles un escarmiento, hágales daño con el voto y pruebe con otros. La maravilla de la democracia es que, mande quien mande, tendrá que quedar sujeto a la ley y de aquí a cuatro años (o menos, en Cataluña) podrá ponerlo de patitas en la calle.

En pocas palabras, este año tendrá la oportunidad de ajustar las cuentas. Pero si va quejándose por ahí de Fulano o Mengano, ¡no les vote! Por favor.

Librerías, casi tres por una


¿Adónde iremos a parar?
Comienza leyendo y acabará siendo capaz de tener criterio propio.

A ojo, en España hay 3.500 librerías. En Ávila, ninguna, me dicen. En muchos otros pueblos de mayor o menor tamaño, tampoco. Muchos españoles sólo pueden comprar libros cuando acuden a las grandes superficies (básicamente, supermercados) o cuando visitan la capital. Algunas regiones están horrorosamente desprovistas de librerías y los valientes libreros que aguantan merecerían la Gran Cruz del Mérito Civil, lo menos. 

Pero no todos aguantan. Cada día cierran entre dos y tres librerías en España. Cada día, que se dice rápido y fácil. Cada uno de estos cierres es el drama de un fracaso, el peligro de las deudas, la suma de muchos problemas. Además, una derrota más de la maltratada cultura y una pérdida de oportunidades para el público, que verá limitada su capacidad de juicio, raciocinio y crítica ante el mundo que nos rodea. Porque para eso inventaron el leer.

Se opone a la derrota general del libro alguna pequeña victoria, que nos hace conservar todavía alguna esperanza. Cada día cierran entre dos y tres librerías, es cierto, pero también abre una nueva. ¡Bravo! Aquí no nos rendimos, aunque en candicrás, internés y los piratas vayan por ahí arrasándolo todo por donde pasan. Pues ¡no pasarán! Puestos a morir, dando guerra. 

Caso Masià: Petición de comparecencias


Una comisión parlamentaria es algo así. 
¿Se atreverán con la señora Masià?

Como anunció El cuaderno de Luis hace unos días, los diputados del Parlamento de Cataluña han preguntado por escrito al Gobierno de la Generalidad de Cataluña qué hizo la señora Masià justo antes de ser nombrada directora adjunta de la Oficina Antifraude de Cataluña. Alguna de las preguntas ya tiene respuesta (véase aquí).

Pero faltan preguntas por responder y los señores diputados prefieren sacarle los colores a la señora Masià en vivo y en directo, o eso se supone, porque el miércoles que viene se votarán tres solicitudes de comparecencia. Tres, que no son pocas, a la que añadir otra, como ya veremos. 

La información aparece en este enlace:

Es el orden del día del miércoles que viene. Vean los puntos 114, 115, 116 y 121. No es la primera vez que se solicitan estas comparecencias, pero en sesiones anteriores no dió tiempo a votarlas. Por eso mismo, hace tres semanas (cuando la última reunión de la comisión) las retiraron del orden del día. Lentos, un rato.

El punto 114 del orden del día solicita la comparecencia de la señora Masià, directora adjunta de la Oficina Antifraude de Cataluña, ante la Comisión de Asuntos Institucionales (la misma comisión que dió el visto bueno a su nombramiento con los votos de CiU y PSC y la oposición de todos los demás). Quieren preguntarle (cito) para que explique los objetivos de su trabajo en la Oficina Antifraude de Cataluña. ¿Que no los tiene, un director adjunto de la OAC? ¿Los escoge así, a discreción? ¡De lo que se entera uno! Se debatirá la propuesta de IC-V y se votará, si Dios quiere y el presidente de la comisión no lo impide.

El siguiente punto del día, el 115, es una solicitud de comparecencia del PP (cito) para que informe sobre los contratos que suscribió como responsable del Instituto Catalán de Energía con la empresa Dribbling. Lo mismo, debate y votación.

El punto 116 también pide que vaya a explicarse, esta vez (cito) para que informe sobre su etapa como directora del Instituto Catalán de Energía, y la solicita C's. 

Unos puntos del orden del día más allá está el 121. En éste se pide la comparecencia ante la misma Comisión de Asuntos Institucionales de Victor Sagi, de la empresa Dribbling, (cito) para que informe sobre los contratos que suscribió con el Instituto Catalán de Energía

Ahora mismo (pero quién sabe mañana), ERC ha dicho que votará a favor de todas estas comparecencias y CiU (cómo no) en contra. El PSC ¿volverá a tapar las vergüenzas de CiU? Quizá el miércoles tengamos una respuesta.

La salud del matrimonio y los límites de la ciencia

En un programa de televisión, entrevistan a un doctor en no sé qué que ha participado en un amplísimo estudio, de ésos que hacen historia, sobre la salud y el matrimonio.

Según el doctor, las personas que viven con una pareja estable (vulgarmente, casadas) gozan de mejor salud que las personas que viven solas o no tienen pareja estable o inestable (vulgarmente, solteras). Especialmente, si esa persona tiene más de cuarenta años. Si tiene menos, da igual.

Entonces, pregunta el periodista, ¿el matrimonio es bueno para la salud?

El doctor se lo piensa antes de responder. La verdad, dice, todavía no sabemos si las personas que se casan gozan por ello de mejor salud o si se casan preferentemente las personas más sanas y las menos sanas, pobres, se quedan para vestir santos.

¿Está sano porque se ha casado o se ha casado porque está sano? Chi lo sà! 

Más en:


Caso Masià: los contratos de Dribbling


Como ya expliqué hace unos días, aquí mismo, varios parlamentarios preguntaron al Gobierno de la Generalidad de Cataluña cosas relativas a la actuación de la señora Masià al frente del Instituto Catalán de Energía (ICAEN). 

El porqué de estas preguntas se remite a dos hechos. El primero, la señora Masià tiene un cargo muy importante en la lucha contra la corrupción política en Cataluña, pues ha sido recientemente nombrada (con los votos a favor de CiU y PSC) directora adjunta de la Oficina Antifraude de Cataluña (OAC). El segundo, hay suficientes indicios como para sospechar que la señora Masià no es la persona más adecuada para el cargo. 

Lean sobre las preguntas que le hicieron y el por qué se las hicieron aquí mismo:


Una de las razones que motivó esta avalancha de preguntas fue la aparición de noticias en prensa. Por ejemplo:


Esa información ya había sido publicada anteriormente en El cuaderno de Luis y me cuentan que también sirvió para orientar a los señores periodistas en su trabajo. 

Los contratos con esta empresa llamaron la atención de los señores diputados.

Al grano. El gobierno ha respondido a dos preguntas parlamentarias, las que preguntaban por los contratos de Dribbling con el ICAEN, cuando era dirigido por la señora Masià. 

Se enumeran en las páginas 25 y 26 de este documento:

Todos los contratos son llamados menores, por la poca cuantía del total. Las cifras que se dan, sin IVA (18 o 21%). Todos se adjudican directamente, a dedo, excepto unos pocos, que se adjudican después de haber escogido la mejor de tres ofertas. 

Pero, atención, el ICAEN (su directora, en este caso) escogía los tres candidatos a llevarse el contrato. Es práctica habitual en la administración pública organizar estos concursos para darle el contrato a quien tú querías desde el primer momento. Tú escoges quién participa y tú valores quién crees que lo va a hacer mejor, no hace falta que diga más.

A veces, es la empresa que quieres que gane la que te proporciona los nombres de las otras dos empresas. Entre ellas se ponen de acuerdo y hoy para ti, mañana para mí. No digo que haya sido el caso, sólo señalo que esta práctica es harto frecuente y muy rara vez se organizan estos concursos sin saber quién ganará. Podríamos hablar de concursos a dedo.

Los concursos de verdad (y aún así...) se reservan para contratos de 18.000 euros en adelante.

En 2012, hubo cinco contratos para Dribbling (uno, de concurso). En total, 21.535 euros, más IVA. 

Maquetar esto costó 16.800 euros, IVA aparte.

El grueso de estos contratos se los lleva la maquetación del Plan de la Energía de Cataluña, una publicación de 764 páginas. Maquetarla cuesta 16.800 euros

Ejemplo del trabajo de maquetación del Plan de la Energía.
Observen los sangrados de este índice.

Les pondré en antecedentes, pero maquetar una novela de 600 páginas cuesta alrededor de 1.000 euros, (cubiertas incluídas) empleando un programa profesional especializado (el InDesign, por ejemplo). 

¿Cuánto cuesta un libro? Si está escrita en otro idioma, hay que sumar los costes de traducción a los costes de diseño de la cubierta, contracubierta y lomo, ilustraciones y fotografías, los derechos de autor y prologuista, corrección de estilo y ortotipográfica (tres veces), maquetació, impresión, transporte, almacenamiento y distribución, hay que sumar el coste de la publicidad del libro, etc. En total, poner 1.500 ejemplares de un libro de 600 páginas traducido al español o al catalán en las librerías, a disposición del público, bien encuadernado y presentado, cuesta alrededor de 13.000 euros. Son datos reales y pueden contrastarlos con cualquier editor de un gran grupo o de una editorial independiente. Las cifra puede reducirse a 8.000 euros si el texto no tiene que ser traducido.

Ejemplo del trabajo de maquetación del Plan de la Energía.
Ustedes mismos. ¿Qué les parece?
A 22 euros la página maquetada, ¿creen que lo vale?

Ahora bien, sólo la maquetación (sic) consistente en convertir un documento de word ya existente en pdf cuesta... 16.800 euros. Casi 22 euros por página. La maquetación de una novela está entre el euro y el euro con veinte céntimos por página. Sube el precio en una obra ilustrada, hasta en un tebeo. Puede ¿doblarse? Quizá. Pero ¿22 euros por página?

Al resultado de esta inversión me remito. Juzguen ustedes si la maquetación es buena. Aquí tienen el documento:


Ejemplo del trabajo de maquetación del Plan de la Energía.
Un texto de word puro y duro, en pdf.
Atención al control de viudas y huérfanas, notable.

Si esto es una maquetación, me apunto al negocio. Porque los gráficos, el texto, el índice, el tipo de letra, etc., ¡hasta la corrección de estilo!, ya lo prepararon los técnicos del ICAEN. ¡Yo fuí uno de ellos! Sólo había que darle un repaso, poner la portada y darle al botón del pdf. C'est voilà! 

Esto no ha pasado por un maquetador profesional ni en broma. Si no me creen a mí, pregunten a un editor o a un impresor. Es más, les pido que no me crean y pregunten su opinión profesional.

Ejemplo del trabajo de maquetación del Plan de la Energía.
La inserción de imágenes... brillante.
El control de viudas y huérfanas, tres cuartos de lo mismo.

Otro gasto singular es el de 1.045 euros más IVA por imprimir y encuadernar seis ejemplares del texto ¡antes de la revisión! La impresión-encuadernación de Dribbling (hagan cuentas) sale a más de 27 céntimos por página. ¡Cuánto dinero habría ahorrado el ICAEN encargando el trabajo a una copistería!

Ejemplo del trabajo de maquetación del Plan de la Energía.
El detalle de los márgenes en la tabla y el control de viudas y huérfanas.
Recuerden, una maquetación de 22 euros por página.

En 2013, la señora Masià sólo contrató a Dribbling para la maquetación de un folleto dedicado a la certificación energética de municipios. En total, 2.000 euros más IVA. 

Lo dicho: maquetar una novela de 600 páginas, cubiertas incluidas, no pasa de 1.000 euros. Pero en Dribbling cobraron el doble para maquetar esto:


En el contrato también se dice que cobraron para crear la línea gráfica de la colección, pero el ICAEN ya la tenía creada y de todos modos recuerdo que el coste del diseño gráfico de la cubierta de un libro, incluyendo los derechos por material fotográfico, etcétera, rara, muy rara vez pasa de 500 euros.

En 2014, Dribbling ganó dos concursos a dedo y se llevó 14.764,46 euros más IVA.

En uno, de nuevo la línea gráfica y la maquetación de un folleto del ICAEN, que sumó 6.500 euros más IVA. Pero ¡recuerden! ¡Dribbling ya había cobrado antes por crear la línea gráfica de la colección! En suma, maquetar un folleto del ICAEN costó como maquetar todos los cuentos de Chéjov y las dos partes del Quijote ilustradas, y nos sobraría dinero para una novela estándar o un ensayo.

El resto, más de ocho mil euros, para filmar un vídeo de cinco minutos sobre la certificación energética de edificios. Como no sé cuánto puede costar una cosa así, ahí dejo el dato y ya lo buscarán ustedes en www.icaen.net, que yo no lo he encontrado.

En fin, qué les puedo añadir. Si querían maquetar libros y folletos, haber acudido a una editorial, a un impresor o a un profesional de la maquetación. Se habrían ahorrado del orden de 20.000 euros en todos estos trabajos... con mejores resultados (especialmente, en el Plan de la Energía). Eso es tanto dinero como el salario de un auxiliar administrativo como los que la señora Masià echó a la calle para ahorrar costes.

P.S.: Si quieren saber más sobre el personaje de la señora Masià:

http://luissoravilla.blogspot.com.es/2014/12/la-caradura-de-la-directora-adjunta-de.html, sobre las dietas que cobraba por asistir a reuniones en su propia oficina,
http://luissoravilla.blogspot.com.es/2014/12/respuestas-pendientes-y-preguntas.html, sobre lo que dijeron de ella los diputados catalanes en comisión parlamentaria,
http://luissoravilla.blogspot.com.es/2015/01/la-conferencia-de-la-cecot-y-su-ponente.html, sobre el ridículo que hace la OAC con directoras adjuntas como ésta,
Etc.

El arte del mercado del arte

Performance

Gombrich dice que es arte lo que hace un artista. Algo tiene que valer la palabra de Gombrich, uno de los historiadores del arte más prestigiosos de los últimos tiempos, pero lo que dice no nos saca del apuro, la verdad sea dicha. Démosla por buena y preguntemos qué es un artista. Pues ¡quien hace (obras de) arte! ¡Mecachis!

En nuestra ayuda surgen algunas personas que añaden que tal cosa o evento es arte si:

a) lo dice un artista,
b) la gente se lo cree
y c) además, lo compra.

Para que uno sea artista, basta con:

a) afirmarlo,
b) que los demás se lo crean
y c) que le compren a uno lo que uno dice que es arte.

¡Vaya! A poco que reflexionemos, veremos que el arte ya no depende de la filosofía, la estética, la historia, el gusto, ni siquiera de los sentidos o las emociones. Dependerá del dinero y el arte será... ¡conseguirlo! ¿Se vende? Arte. ¿No se vende? Pues, no. Como dicen en Japón, ¡yatá!

Nota: 

Todo porque se ha publicado la siguiente noticia. En España, el dinero que movió el mercado del arte en 2013 (aproximadamente, 300 millones de euros) se distribuyó como sigue: arte contemporáneo (72% del total), moderno (12%), grandes maestros (6%), y el resto. 

En todo el mundo, el año pasado (2014), el mercado subió a unos 10.000 millones de dólares. La proporción entre arte contemporáneo y el resto quita el hipo. En una semana, se vendió tanto arte contemporáneo como el valor de las ventas de todo el año de cualquier otro tipo de arte. Además, el precio de las obras de arte contemporáneas se ha incrementado casi un 80% desde 2014, de media. 



De arriba abajo, obras de Basquiat, Koons y Wool.

En 61 subastas internacionales se han vendido piezas de más de un millón de euros. Basquiat, Koons y Wool son los autores hoy más cotizados. En 2014 se vendieron 192 de sus piezas por 340 millones de euros, con precios máximos de 22,5, 38,9 y 17,6 millones de euros por pieza, respectivamente.

Da para un mareo, a poco que piense uno.

Concierto para violín



Ayer a la tarde fuí obsequiado con un improvisado concierto de violín. Unas horas después, hubo una segunda sesión y me regalaron con un dúo de violín y clarinete.

El concierto provocó el placer de lo bello e inesperado, despertando en medio de la tarde del domingo y alzando el vuelo sin previo aviso. Iba a decir ante mis ojos, pero no pude verlo, sólo escucharlo, calladito y en silencio.

Tengo nuevos vecinos en el piso de abajo. Jóvenes, me parece. No los tengo vistos, apenas fugazmente. Desde hace unos días, a determinada hora de la tarde, llega a mis oídos el agudo lamento de las cuerdas de un violín, porque las paredes de mi casa son de papel, como suele decirse. No le he prestado demasiada atención. No me molesta, suena bajito y muy poco tiempo. Unos ejercicios de digitación, una escala, algún arpegio, una breve pieza como mucho y ya está. Lo suficiente como para no perder la costumbre. 

Pero ayer, ¡caramba!, el músico anónimo arrancó con dos o tres ejercicios, para calentarse, y luego atacó una pieza de Bach. Así, con un par, que no es poco el riesgo. Cometió algunas imperfecciones, repitió algunos pasajes, se atascó en alguna frase, pero me regaló con una maravillosa sonata. Ejecutó la pieza y luego otra. Tocó varias piezas del virtuosismo barroco y luego me regaló un fragmento del Concierto para Violín de Tchaikovski (sin orquesta, lástima). Beethoven, otra floritura barroca y fin. Oh... ¿No hay más?

Unas dos horas después, volvió a sonar música. Un clarinete, me pareció. Tocaba una partitura con relativa facilidad y de repente, sin avisar, se le sumó el violín. Aquello ¿era Mozart? Me da que sí, pero es posible que no. No lo sé, pero me lo pasé muy bien. Apagué el televisor y disfruté como un enano.

A veces, las tardes del domingo se tornan maravillosas sin querer y sin avisar.