La Nueve


La Nueve esperando su lugar en la historia.
En Inglaterra, antes del desembarco de Normandía.

Muchos soldados de la antigua Segunda República Española malvivían en Francia cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Para muchos, después de una guerra civil, su vida fue de la derrota a los campos de internamiento y en cuestión de meses, de nuevo al campo de batalla. Algunos pudieron elegir entre regresar a España o alistarse en la Legión Extranjera. Cuando Francia fue estrepitosamente derrotada por Alemania, en 1940, la elección se amplió, pero no mejoró en absoluto. Pudieron escoger entre regresar a España, donde les esperaba Franco, alistarse en la Legión Extranjera en África (algo que sólo pudieron hacer unos pocos), convertirse en mano de obra esclava en Alemania (acabando incluso en un campo de concentración) o echarse al monte, a la vida clandestina y pendiente de un hilo.

Imaginen la colección de socialistas, anarquistas o comunistas condenados por los regímenes fascistas de España, Alemania y la Francia de Vichy. Condenados a muerte, si no a la peor prisión imaginable, se vieron forzados a enfrentarse a tan terrible elección. Pero hubo también españoles sin una marcada filiación política que compartieron esa angustia. Recordemos que más del 80% de la tropa que combatió en ambos bandos de la Guerra Civil Española no era voluntaria, sino que estaba formada por reclutas. Más de uno se encontró, de un día para otro, preso en Francia y enfrentado al terrible dilema de morir de una manera o morir de otra por el solo hecho de encontrarse en un pueblo y no en otro cuando le tocó la edad de hacer el servicio militar.

Sea como fuere, un buen número de españoles se sumó a las filas del ejército francés, con la esperanza de salvar su vida y con el propósito de combatir al fascismo (tenían sobradas razones para combatirlo). Muchos creían que una vez derrotada Alemania, iban a conseguir el apoyo de los Aliados para instaurar de nuevo una República Española.

Hubo españoles en la campaña de Noruega, en la de Francia y en el Norte de África, luchando en la Legión Extranjera por Francia primero y por la Francia Libre después. No tardaron en ganarse el respeto en el campo de batalla, por su valentía y tenacidad. 

Contraataque de los legionarios en Bir Hakeim.
Quizá aparezca algún español en la fotografía.

Uno de los hechos de armas más notables de los republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial fue la batalla de Bir Hakeim, de la que muchos ni habrán oído hablar. Entre el 26 de mayo y el 11 de junio de 1942, unos 3.700 hombres de la 1.ª Brigada francesa libre del general Koenig se atrincheraron alrededor de un pozo y un nudo de carreteras, en Bir Hakeim, barrando el paso a los ejércitos de Rommel, que perseguían a los británicos en retirada. 

Entre las tropas de Koenig había de todo, blancos y negros, europeos, africanos, de cualquier parte del mundo. Había voluntarios tahitianos, tropas nativas de las colonias africanas, belgas, alemanes y austríacos (legionarios), soldados del ejército regular refugiados en Marruecos... Entre tanta gente de tantas partes del mundo, vale la pena prestar atención dos batallones de la 13.ª Démi-brigade (en español, un regimiento) de la Legión Extranjera. En esos batallones combatían alrededor de mil españoles, todos ellos antiguos soldados republicanos. 

Una pieza francesa de 75 mm disparando contra los carros italianos en Bir Hakeim.
Algunos artilleros eran también españoles.

Los 3.700 hombres de Koenig se enfrentaron a unos 45.000 hombres del Afrika Korps y del Real Ejército italiano, y los detuvieron en Bir Hakeim no uno, sino quince días y luego, antes de rendirse, se abrieron paso de noche entre las líneas enemigas y la mayoría logró burlar el cerco. Ahí es nada.

Los héroes de Bir Hakeim regresan a las líneas británicas.
Es posible que algunos de estos soldados sean españoles.

Su resistencia contra todo pronóstico atascó el avance del Afrika Korps hacia Egipto y permitió que los Aliados rehicieran sus líneas en El Alamein. Quince días dan para mucho y cuando Rommel consiguió alcanzar a los británicos, no pudo romper la línea defensiva aliada (primera batalla de El Alamein). Entonces, se atrincheró. Después, Montgomery pasó al ataque, en la segunda batalla de El Alamein, que es la más conocida. Rompió las líneas germano-italianas y Rommel no pudo rehacerse y tuvo que retirarse hasta Túnez. Meses después, ya en 1943, el Eje había perdido África para siempre y rendido un ejército de más de 250.000 hombres.

Sobrevivieron unos 2.600 hombres a la batalla de Bir Hakeim, los que pudieron escapar del cerco. Muchos, españoles. Causaron más de 3.500 bajas a los alemanes e italianos. Hitler ordenó fusilar a todos los prisioneros (poco más de 800), irritadísimo por la resistencia de esa tropa, pero Rommel se negó en redondo. Al contrario, obsequió su valor con un trato preferente y la misma ración de agua y comida que servía a sus hombres. Se negó a considerarlos soldados de segunda fila.

El general Lecrerc el 25 de agosto de 1944.
Acaba de liberar París.

Gran parte de esos legionarios españoles acabaron después en las filas de la 2.ª División Acorazada, que en francés es Division Blindée y suele escribirse 2 DB, aunque sea más conocida como División Leclerc. Equipada y organizada como una división acorazada de los EE.UU. (según los organigramas de 1943, en tres grupos de combate autónomos, RCA, RCB y RCC), alcanzó gran fama en la Segunda Guerra Mundial. En parte, por su general, Leclerc, toda una leyenda. En parte, porque fue la división que liberó París en agosto de 1944.

El banderín de la Nueve, a principios de 1945.

Ahí surge la leyenda de la Nueve. Hasta los franceses decían la Nueve. Alguno decía la Novena y no pocos decían la Española y pronto verán por qué. 

El Guadalajara, uno de los semiorugas de la Nueve.

La División Leclerc se formó en África, en 1943, con unos 16.000 hombres. De éstos, unos 2.000 eran españoles. Algunos de ellos habían estado en Bir Hakeim y algunos otros con Leclerc en el Chad. Había españoles en casi todas las unidades de la división, pero la mayoría estaban en el Régiment de marche du Tchad, de origen legionario. La 9.º Compañía del 3er. Batallón de este regimiento, formada por unos 160 hombres al mando del capitán Dronne, era la Nueve. Había un mejicano, dos o tres apátridas, un italiano, varios eslavos... y 146 españoles (otros dicen 148). A decir de los franceses, en su mayoría eran socialistas, comunistas y anarquistas, aunque dentro del mismo saco había gentes del PCE y gentes del POUM, por ejemplo, que tenían sus diferencias políticas. Cariñosamente (o no) los españoles eran conocidos como espingouins, de español y pingüino, a saber por qué.

En la Nueve se hablaba español y los vehículos que formaban parte de ella fueron casi todos bautizados con nombres españoles. El jeep del capitán se había bautizado Mort aux cons (algo así como Muerte a los gilipollas, dicho en fino y para no ofender) y su semioruga, Les Cosaques. Y ahora viene lo bueno.

Sin entrar en detalles, la Nueve la formaban veinte semiorugas, tres cañones contracarro de 57 mm (que formaban, los tres juntos y los tres semiorugas que los remolcaban, una sección de artillería contracarro), tres jeeps (uno del capitán, uno de artillería y otro del taller de mantenimiento) y dos camiones. El núcleo de la compañía lo formaban tres secciones (o pelotones) de seis semiorugas y un cañón contracarro cada una.

El Amiral Buiza, de la Nueve, desfilando el 26 de agosto de 1944.

El Guernica, que arrastraba un cañón de 57 mm, en el mismo desfile.

El España Cañí, liberando París. 
Después de esta experiencia, lo rebautizaron Libération.

Los españoles del Brunete saludando a un miembro de la Resistencia.
París estaba siendo liberada ahí mismo.

La 1.ª Sección tenía los semiorugas Don Quichotte, Cap Serrat, Les Pingouins... Éste tenía que llamarse Buenaventura Durruti, porque todos a bordo eran anarquistas de la vieja escuela, pero el capitán dijo que no, que a Durruti ni mentarlo, que podrían mosquearse en la división, y en vez de Buenaventura Durruti se quedó en Les Pingouins por eso de los espingouins que he dicho antes. Seguían el Madrid y el Guernica. La 2.ª Sección tenía los semiorugas Résistance, Teruel, España Cañí (qué pena que luego fuera rebautizado como Libération, aunque se entiende), Nous Voilà y Ebro. La 3.ª Sección, con Tunisie, Brunete, Amiral Buiza, Guadalajara, El Canguro y Santander. El semioruga que hacía las veces de taller de la compañía también fue bautizado como Belchite

Los soldados de la Nueve fueron autorizados a llevar una bandera republicana española cosida en la manga de su uniforme, un raro honor. También la llevaban en los semiorugas, con permiso... o sin él, que eran españoles, coño. Más de uno luchó con algún distintivo de la CNT o con un pañuelo rojo al cuello, aunque no formaran parte del uniforme y pusieran de los nervios a los oficiales franceses.

La Nueve llegó a Normandía y luchó a las órdenes del Tercer Ejército del general Patton. Después de la batalla de Falaise, se rompió el frente y se inició la carrera para liberar París. De Gaulle quería que fueran los franceses los que liberasen la ciudad y Lecrerc lanzó sus carros hacia delante, sin esperar ni pedir permiso.

El periódico Libération sostiene que los primeros fueron los franceses a las órdenes de Bronne (sic).
Según el titular, los americanos llegaron después.

Un jeep americano ante la torre Eiffel.
La fotografía se cree que se tomó el 29 de agosto.

Atención. Ante ustedes Capa (a la izquierda) y Hemingway (a la derecha).
En medio, el chófer de ambos, poco antes de echarse a la carretera y llegarse a París por propia iniciativa y sin pedir permiso, para darse el gusto en el bar del Ritz.

Durante años se discutió quién llegó primero a París, que fue oficialmente liberado el 25 de agosto de 1944. Los norteamericanos dicen que fueron unos jeeps de reconocimiento yanquis de un regimiento de caballería motorizada los que, de noche y sin saber dónde se habían metido, se encontraron en París. Los alcohólicos sostienen que el primero fue Hemingway, entonces corresponsal de guerra. Cuando el escritor supo que el camino hacia París parecía abierto, no se lo pensó dos veces: se subió con unos amigotes a un jeep, se echó a la carretera y se presentó en el bar del Ritz poco después, para pillar una curda como un piano, de ésas que hacen historia, mientras los alemanes se rendían a su alrededor. 

Hoy se admite que los jeeps americanos llegaron los primeros a la periferia de París, pero que no llegaron mucho más allá y que la borrachera de Hemingway no contribuyó decisivamente a la liberación de la capital de Francia, aunque sí al vaciado de la bodega del Ritz. En cualquier caso, su ejemplo incentivó a muchos después de él. Se da por bueno que los primeros aliados que entraron en París fueron soldados de la División Leclerc. Más concretamente, tres carros de combate Sherman del 501.º RCC de la división (los carros Montmirail, Champaubert y Romilly), algunos zapadores y ¡la Nueve! A esa formación improvisada se le llamó columna Dronne, porque el capitán de la Nueve era su comandante.

En el desfile del 26 de agosto, el teniente Amado Granell (de la Nueve) se presentó con un Tatra 57K capturado al enemigo. Aquí lo pueden ver, al volante de su nuevo automóvil.

La noche del 24 al 25 de agosto, los republicanos españoles se presentaron en el Ayuntamiento de París. A la mañana siguiente, soldados de la Nueve rindieron al comandante en jefe de la ciudad, que entregó su pistola a un español y sus respetos al capitán Dronne. ¡La liberación! La Nueve recibió el grandísimo honor de escoltar al general de Gaulle cuando desfiló por los Campos Elíseos celebrando la victoria, aclamada por la población. En las fotografías del desfile leemos los nombres de los semiorugas y nos llevamos más de una sorpresa. ¡Guadalajara! ¡Madrid! ¡Guernica...!

No me extenderé sobre los hechos de armas de la Nueve, antes y después de la liberación de París, que fueron muchos y notables. Lamentablemente, pronto cayeron en el olvido. La Guerra Fría enfrió el apoyo de los aliados a una hipotética Tercera República. El exilio se convirtió en perpetuo para la mayoría y muchos murieron lejos de casa. 

Una plaquita en la orilla del Sena, plantada en los años sesenta, rendía homenaje a los republicanos españoles que habían caído luchando por la República Francesa, a todos ellos, a los soldados y a los que se sumaron a la Resistencia. Pero es tan poca cosa que pasa desapercibida incluso cuando uno la busca sabiendo dónde está. No fue hasta 2004 que se reconoció oficial y públicamente el papel que habían tenido los soldados republicanos españoles en la liberación de París. Homenajes, placas conmemorativas en las calles de París (Por aquí pasó la Nueve), condecoraciones, que llegaron quizá demasiado tarde, pues sólo tres antiguos soldados de la Nueve pudieron verlo. Hoy sólo quedan dos.

Felipe VI descubriendo la placa de los Jardines de los Combatientes de la Nueve en el Ayuntamiento de París, ante su señora y la señora Hidalgo, de origen español, alcaldesa.

En marzo de 2015, el jardín del  Hôtel de Ville (Ayuntamiento) de París recibió un nuevo nombre: Jardin des Combattants de la Nueve. Este 3 de junio, el rey de España, Felipe VI, corrió a inaugurar los jardines y rindió homenaje a los soldados de la Nueve. Tenía que haber sido antes, pero el accidente del avión de Germanwings en los Alpes retrasó la visita del rey y la ceremonia de inauguración. Tiene miga, un rey alabando a los héroes de la Segunda República... ¡No me digan que no!

Cuando era niño, conocí a un español que había combatido en la División Leclerc, que había estado en Normandía, en Falaise, en París, en Alsacia, en Berchtesgaden... Que contaba cosas terribles de la guerra. Ay, si ahora pudiera hablar con él, ¡la de cosas que le preguntaría...! En sus ojos se leía el orgullo de haber liberado Francia, la nostalgia de una juventud perdida y la tristeza de un país que vivió sometido tantos años a la estupidez de una tiranía. No sé qué hubiera dicho al ver al rey de España rindiendo homenaje a la Nueve. Conociéndole, hubiera apreciado el chiste, porque tenía un fondo guasón.

Este homenaje ha generado polémica. En España, la Nueve no recibe homenaje público. Ni la Nueve ni nadie. Se señala que quedan todavía las fosas con los republicanos ejecutados que el gobierno no quiere conocer, que sumarán miles de cadáveres. Así las cosas y el rey (¡el rey!) haciendo el paripé en Francia... Los republicanos españoles (los de verdad) sienten urticaria (y les comprendo) cuando ven al bisnieto del rey que echaron, al hijo del rey que impuso Franco, ejerciendo el cargo de monarca y diciendo qué buenos españoles que fueron los de la Nueve, pero diciéndolo en Francia, claro, no aquí, en casa. ¡Vamos, hombre!

Pero también hay que notar lo que dicen los franceses, que España tendrá rey, vale, y no será república, vale, pero ya es una democracia de verdad (aunque hay días en que no lo parezca), un Estado social y de derecho, con su Constitución, la separación de poderes y todo lo demás, comparable a Francia, Alemania o cualquier otro, igual de bueno... e igual de malo. Que España tenga un mal gobierno... Que seamos tan patanes y tan idiotas... Bueno, eso pasa en las mejores familias. Se echa al gobierno y se pone otro, y en ésas estamos. La idiotez tarda más en curarse, pero también es ponerse a ello y aquí cada uno puede aportar su granito de arena.

Yo me quedo con el consuelo de ver a los franceses rindiendo homenaje a la Nueve. Mejor eso que nada y ¡caramba! ¡Se lo merecen! 

¡Salud, camaradas! Salud.

P.S.: A modo de experimento, consulten La Nueve en Wikipedia, en español, catalán y francés, y verán cuánto nos queda todavía para reconocer los méritos de nuestros compatriotas en la liberación de Francia y qué poca importancia le damos.

P.S. bis. En su crónica del 26 de agosto de 1944, Charles C. Wertenbaker, enviado especial de The New York Times, escribió: Sus tanques y autoblindados llevan pintados en la parte delantera y en sus lados nombres tan sugestivos como Ebro, Guadalajara, Belchite… y enarbolan la bandera republicana. Proseguimos la marcha y antes del mediodía alcanzábamos los arrabales de la capital, siempre precedidos por los republicanos españoles, que eran aclamados con un indescriptible delirio por la población civil. Eran los muchachos de la Nueve.

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