Bankia Catalana


El alma mater de Banca Catalana saluda al alma mater de Bankia.
Los dos, en la cúspide de su poder.

Hace unos días se publicaron las cifras del rescate de la banca. En total, nos hemos gastado unos 66.000 millones de euros en procurar evitar la ruina del sistema financiero español. Casi todo a fondo perdido. Varias generaciones arrastrarán esta pérdida y verán lastrada su economía.

Bankia ha batido la marca y nos ha costado unos 22.000 millones; Caixa Catalunya, unos 12.000; a partir de ahí, vayan sumando hasta los 66.000 millones. Bankia centra la atención del gran público, ¡no es para menos! Dicen que ha sido el desastre financiero más grande de la historia de España. Un desastre provocado por intereses políticos (del PP, en este caso), corrupción, especulación y mala gestión. Lo peor de cada casa.

Hace más de treinta años, un banco catalán procuró la ruina de 40.000 accionistas y dejó una deuda inmensa tras de sí. En un solo día (repito, en un solo día) consiguió que los catalanes perdieran un 20% de todos sus activos financieros. El valor actualizado neto de los miles de millones de pesetas que se gastaron hacia 1980 para evitar el colapso financiero de Banca Catalana equivalen a unos 22.000 millones de euros de hoy mismo. 

Pero hay que señalar una diferencia esencial: España (o Cataluña, si prefieren) era entonces mucho más pobre que ahora. En términos absolutos, Bankia y Banca Catalana están a la par. En términos relativos, en tanto por ciento del presupuesto público o en tanto por ciento del PIB, como prefieran, la ruina de Banca Catalana supera con creces al desastre de Bankia. La dobla o triplica.

No les pido que me crean. Mejor, les pido que no me crean. Les ruego que busquen las tablas de inflación en los anales estadísticos y calculen el VAN de la deuda que dejó Banca Catalana y el coste del rescate público ustedes mismos. Es lo que yo hice. Se me pusieron los pelos de punta. Desde entonces que veo las cosas de otra manera.

¿Quién manda hoy en la banca española? El Santander y el BBVA. ¿Por qué no manda un banco catalán? En los años de la Transición, una tercera parte del sistema financiero español (quizá más) estaba en manos de accionistas catalanes. Teníamos, además y aparte, las más grandes cajas de ahorro. ¡Ahí es nada! La industria catalana necesitaba un sistema financiero acorde con su potencia y dinamismo. Banca Catalana nació de esa necesidad y creció como la espuma. Hasta demasiado. Artificialmente, con riesgo desmedido. Ocultando los balances.

La Cataluña pujolista.
Un empresario modelo (de la Rosa), los castellers y el nuevo modelo industrial basado en Port Aventura.

La ruina de Banca Catalana desbarató el modelo industrial catalán. Cuando Jordi Pujol abandonó la presidencia de la Generalidad de Cataluña, había conseguido reducir a la mitad el peso específico de la industria catalana en la economía española, y eso contando que las industrias catalanas más importantes ya no eran catalanas, sino fábricas de empresas multinacionales. En apenas veinte años, rapidito. El sistema financiero catalán se quedó apenas en las cajas de ahorro. Hoy, aunque La Caixa es muy fuerte, queda muy lejos del Santander o del BBVA. ¿Bancos catalanes? Se los comió Banca Catalana y ésta murió de indigestión.

La mala gestión de Pujol en Banca Catalana primero y en la Generalidad de Cataluña después no lo explica todo, pero explica una buena parte. Insisto en lo mucho que nos cuesta comprender el desastre que provocó Banca Catalana.

Un desastre político, además. El mismo ejercicio en que Banca Catalana estuvo a punto de quebrar (por enésima vez), hizo públicas unas pérdidas de miles de millones de pesetas (en verdad, había perdido muchos más) y había recibido miles de millones de pesetas del Estado y del Ayuntamiento de Barcelona para evitar su quiebra, el Consejo de Administración de Banca Catalana se llevó un premio de 500 millones de pesetas de la época, por su buen hacer. ¡Con un par! Resultó imposible quedarse impávido ante la rapiña del Consejo de Administración y el gobierno de Felipe González lo llevó a juicio, presionado por los fiscales catalanes.

Pujol se echó al monte. ¡Nos quieren echar! decía en los mitines. ¡Es un ataque contra Cataluña! clamaba. Regresaron las pintadas Pujol Catalunya y cuando lo proclamaron presidente de la Generalidad de Cataluña en 1984 una muchedumbre fanatizada quiso linchar a los diputados del PSC... ¡por haber denunciado a Jordi Pujol! Luego, en el balcón de la plaza de Sant Jaume, Pujol dedicó a las masas uno de los discursos más vergonzantes (y más vitoreados) de nuestra democracia. ¡No han podido con nosotros! dijo. Cada vez que lo veo siento vergüenza e ira. Cuánto cinismo, qué gran mentira.

No pudieron con él. ¡Todo lo contrario! Mario Conde fue a la cárcel. Bárcenas, ya ven. En cambio, el Consejo de Administración de Banca Catalana está casi todo honrado con la Creu de Sant Jordi y Jordi Pujol fue el president ad aeternum, hasta que no pudo más.

Fueron veintitantos años gestionando la Generalidad de Cataluña para asentar las bases del clientelismo y la corrupción (recuerden que diseñó su estructura con la inestimable ayuda del señor Prenafeta). Un populismo institucionalizado (TV3) y unos servicios públicos embrollados para el beneficio de unos cuántos (el caso de la sanidad pública es lacerante). Las culpas, del otro (Madrid) y los méritos, propios. Sus hijos han hecho toda clase de negocios raros (llamémoslos así) con la Generalidad de Cataluña (yo he sido testido de algunos de ellos) y el suma y sigue no acaba nunca. Lo de envolverse en la bandera para sacarse las pulgas de encima se ha enquistado y se ha convertido en un leit motiv social de difícil arreglo, además. España nos roba se ha convertido en un credo, pero es el grito del ladrón que señala hacia otro lado. El daño que ha hecho este hombre no se mesura fácilmente.

En suma, en mal día nació ese sujeto.

Y ahora pide perdón ¡el muy cínico! porque ha estado ocultando dinero (¿cuánto?) en el extranjero (¿dónde?) y no lo declaró hasta que, hace poco, se sumó a una amnistía fiscal del gobierno del PP... que CiU apoyó en las Cortes Españolas.

Es un canalla y un sinvergüenza, por no decir lo que pienso de verdad.

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