Qué está pasando en Cataluña



Eduardo Mendoza es una persona sensata y culta. Estos dos adjetivos no son frecuentes, hoy en día, y tenemos que agradecer que, además, escriba muy bien. Catalán de toda la vida, barcelonés por más señas, se siente incómodo con el nacionalismo y lo ha manifestado en numerosas ocasiones. A la vista del prusés y sus excesos, con el ánimo encogido por cierto pesimismo (porque, como es sabido, los buenos humoristas son todos pesimistas), se propuso escribir un pequeño panfleto con sus reflexiones personales que tituló Qué está pasando en Cataluña y que publica Seix Barral. 

Me lo dejaron en el plato en una comida familiar, durante estas fiestas. Ayer pasé de la cubierta. Se lee en un abrir y cerrar de ojos, en un pispás, casi sin que uno se dé cuenta. Como su autor es persona sensata y culta, ya lo he dicho, da gusto leerlo. Uno no tiene que estar de acuerdo con todo lo que dice, pero entonces se obliga a razonar con la misma cordura que su autor, y éste es un ejercicio tan saludable como raro en los tiempos que nos ha tocado vivir.

Yo, por ejemplo, no creo en el carácter de los pueblos (sí en el de las personas). Si acaso, los pueblos tienen una cultura y es fácil comprobar como esa cultura es manipulada constantemente por el poder, sabe Dios para qué, aunque nos lo imaginamos. Mendoza, en cambio, habla del carácter catalán y llegados a este punto entiendo lo que dice y sueño con sentarme en un café a discutir amablemente sobre este aspecto, dispuesto a aprender y comprender, que es como hay que discutir entre personas civilizadas. No sé si Mendoza me convencería, creo que no, pero seguro que saldría de esa conversación mejor que entré.

Breve, claro, conciso, Mendoza expone con un estilo soberbio lo que él piensa, y me da igual lo que usted piense, porque, sea lo que sea, se aprende mucho observando cómo escribe, cómo expone, con qué cuidado traza su argumento este gran escritor. La aparente simplicidad del texto amaga un profundo dominio del lenguaje y el discurso, y un trabajo que no habrá sido fácil. ¡Prueben de escribir así! Verán por qué, acto seguido, aplaudo al maestro.

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