Que se mueran, y nos ahorramos una pasta

Que las cifras hablen por mí. El Departamento de Bienestar Social tuvo que publicarlas obligado por una pregunta parlamentaria del Partido Popular, pero hubiera podido ser otro partido cualquiera. La pregunta es la que es y alguien tenía que hacerla.

En 2007, se puso en marcha la Ley de Dependencia. Más exactamente, la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. Dígase alto y claro: desde el primer momento, CiU se opuso a esta ley. ¿La excusa? Que obliga al Gobierno de la Generalidad de Cataluña a proporcionar a los catalanes las mismas prestaciones sociales que disfrutan todos los demás españoles. Lo del café para todos, nunca; acaso, para nosotros solos. El resto de los partidos catalanes dijo que sí a la ley, pero la práctica parece señalar lo contrario, porque no se hizo nada efectivo para combatir una espeluznante lentitud administrativa.

De eso iba la pregunta parlamentaria. La ley dice que, una vez reconocida la dependencia, la persona dependiente (o sus allegados) tienen derecho a una determinada ayuda social en menos de seis meses. Pero los dependientes catalanes esperan mucho más, según las estadísticas.

Ahí va la cifra, espeluznante: Desde que se aplica esta ley, han muerto 50.446 personas en Cataluña esperando cobrar la ayuda. Todas ellas tenían aprobada la prestación; tendríamos que sumar las que mueren sin haber llegado a saber si eran dependientes o no. Como los catalanes somos más chulos que nadie, así que se muere el dependiente, el Gobierno no está obligado a pagar las ayudas que no ha pagado y a las que tenía derecho el finado. La familia se come el disgusto, el gasto y el favor de nuestro Departamento de Bienestar Social, que ya es cinismo llamarlo así. La Comunidad Autónoma que paga más tarde la ayuda a la dependencia es y ha sido siempre Cataluña.

Siguen las cifras espeluznantes:

En 2007 murieron 4.521 personas antes de recibir la ayuda, un 7,3% de los que solicitaron la ayuda ese año.
En 2008, 14.232 personas, un 14,1% de las personas que la solicitaron.
En 2009, 13.849 personas, un 15,2% del total de solicitantes.
En 2010, 10.982 personas, el 14,5% del total.
En 2011, 6.862 personas, el 10,9% del total.

En resumen, un 12,8% de las personas que solicitaron ayuda para la dependencia murieron antes de recibirla... y sus parientes y allegados no vieron un duro. El gobierno del señor Mas lo tiene fácil para recortar el gasto: mira hacia otra parte y tarda en resolver las solicitudes de los más necesitados, para que la diñen. ¡Qué muerte más patriótica, heroica! Si se mueren, se ahorra uno pagar el gasto de la dependencia y puede destinar 378 millones de euros a TV3 sin problemas de conciencia, lo que es mucho más interesante. Porque gastamos menos en la Ley de Dependencia en Cataluña que en TV3, ¿lo sabían?

A eso se le llama racionalización del gasto. Así les den y les duela.

Activismo republicano

Diferencias esenciales

Dicen las malas lenguas (porque hay que ser malo para decirlo) que si la política económica europea deja de fomentar la reducción del gasto y pasa a promocionar el gasto público para incentivar la economía (neokeynesianismo), a Rajoy (conservador) le hacen un favor y a Mas (neoliberal) le dan un disgusto. Yo lo dejo escrito y que cada uno piense lo que quiera, pero el chisme corre por ahí y tal como me lo cuentan, lo cuento.

Camino de la Zarzuela

Ducati in vendita

Así es como lo dicen los italianos, que tienen un disgusto en el cuerpo, pobres... Ducati es un símbolo de la ingeniería italiana, de su genialidad y su exceso, también de la belleza que son capaces de crear los ingenieros cuando se ponen a fabricar cosas bonitas. Son motocicletas deportivas con una larga historia, ensombrecida por las deudas, porque una cosa es construir las mejores motocicletas del mundo (o casi) y otra es ganar dinero vendiéndolas. Y eso que venden cuarenta mil al año, y se dice rápido.

La familia Bonomi, una de esas familias italianas que se dedican a ganar dinero desde hace muchísimo tiempo, compró Ducati por unos trescientos millones de euros a un norteamericano que había querido invertir en algo grande y le salió el tiro por la culata. Una ganga, cuatro perras por Ducati, que estuvo a punto de cerrar.

La empresa ha sido de Investindustrial Holding, es decir, de los Bonomi, mientras se buscaba quién podría comprarla. Sonaron los nombres de Mahindra y BMW, incluso el de Daimler-Benz, pero al final han sido los alemanes de Audi (que es casi lo mismo que decir Audi-Volkswagen-Porsche) los que se han quedado con la marca, pagando algo más de ochocientos sesenta millones de euros por la empresa.

Cuentan que es una maniobra de Audi (y compañía) para hacerle la puñeta a BMW. En BMW miran hacia Audi con mala idea, porque eso es meterse en un terreno hasta ahora exclusivo de los bávaros.

No interesa que Ducati pierda su filosofía de diseño y fabricación, pero sí que la gestione un alemán. Pobre alemán... ¿Ya podrá con los italianos? ¿Por qué no va a poder? Audi hizo lo mismo con Lamborghini y no le ha ido nada mal a los Lambo desde entonces. Ma un Lambo col motore tedesco fa schifo, que dicen los más puristas. Amén.

330.000 euros ¿es poco dinero?

No entraré en detalles, que para eso está la prensa. El señor Millet está implicado en un caso de corrupción urbanística, ése del Hotel del Palau. Entre los acusados, cargos del Ayuntamiento de Barcelona. Los vecinos piden siete años de cárcel para el egregio patriota, que se llevó a casa una comisión de casi, casi, un millón de euros. La Generalidad de Cataluña retiró la acusación particular contra las trapacerías del señor Millet hace pocos días, porque el actual equipo de gobierno siente picores cuando acusa de latrocinio y sinvergonzonería a un señor que les facilitaba el cobro de comisiones a empresas de diversa índole. Favor por favor...

Con todo, la jueza que instruye el caso se comunicó hace pocos días con el Gobierno de la Generalidad de Cataluña. Según explican los periódicos, la jueza informó que la comisión que cobró el señor Millet podían repartírsela las partes perjudicadas por sus tejemanejes, y la Generalidad de Cataluña (es decir, todos nosotros), fue parte perjudicada por los chanchullos del hotelito de marras. Según la instrucción del caso, el Palau de la Música podría reclamar seiscientos y pico mil euros y la Generalidad de Cataluña, trescientos treinta mil (330.000).

Pues, agárrense, nuestros líderes patrios han dicho que no, gracias, que renuncian a su parte del pastel, que la jueza puede hacer con esos 330.000 euros lo que le venga en gana. Así, la Generalidad de Cataluña, que ya se retiró como acusación particular contra los señores Millet y Montull, ahora ni siquiera reclama reparación por los daños ni lo que es, legalmente, su parte de una comisión.

Es que vamos sobraos, habrá declarado la portavocía.

En medio de tantos recortes, menos da una piedra. Rechazar este dinero es una insensatez. Aunque sea poco dinero, que no lo es, es un símbolo. Rechazarlo es dar alas a la corrupción. Pero... ¿es poco dinero? ¿Poco?

330.000 euros es lo que cuesta mantener un año una cama de hospital para pacientes con graves enfermedades o que han pasado por severas intervenciones quirúrgicas, coste que incluye las intervenciones, los medicamentos, etc. Con 330.000 euros más en un hospital como el de Bellvitge o Vall d’Hebron, salvaríamos unas cuantas vidas.

¿No les convence la idea? Quizá podría destinarse el dinero a otra cosa. Un año de Jordi Pujol vivo nos cuesta un pastón. Cobra más de ochenta y seis mil euros al año, porque sí, más 85.000 euros (aproximadamente) por el personal a su servicio (secretarias y ayudantes), más el coste de una oficina de alquiler enfrente de la Pedrera, en el paseo de Gràcia (que no bajará de 40.000 euros al año), más coche oficial, más un mosso d’esquadra en funciones de escolta, más los servicios de seguridad, formados por una sección de cuatro o cinco mossos d’esquadra que van de aquí para allá y no se están quietos un minuto, más el coche patrulla... Con 330.000 euros no tenemos ni para empezar. Montilla, más o menos.

Según la tarifa vigente, con 330.000 euros tenemos para reventar los sesos con una escopeta a unos ocho elefantes de Botsuana. Pero, atención, hay que contar con el billete de ida y vuelta en un jet privado, más la amante, el güisqui, los ocho escoltas, los diez o quince días a todo trapo en los exóticos bungalós de una reserva de caza, más los porteadores negros (qué sería del safari sin porteadores), más... En fin, que si luego sumamos el viaje de vuelta con el servicio médico y los costes de recomponer una cadera en una clínica privada, sin lista de espera, nos vamos mucho más allá de esos 330.000 euros y apenas nos da para un elefante.

Puede que sí, que 330.000 euros sean poco dinero y no valga la pena pelearse por ellos. Cómo está la vida de cara.

Casualidad



Gran Premio de China 2012

Hay que felicitar al señor Rosberg (hijo) por su primera victoria en la Fórmula 1. Además, lo hizo muy bien, qué caramba, y las Flechas de Plata vuelven a estar ahí delante, provocando el regocijo de nostálgicos y aficionados. La carrera fue muy emocionante, porque ocho coches, ocho, que se dice pronto, lucharon por el podio, y la segunda posición, y la tercera, estuvieron pendientes de un hilo hasta el final.

¿Qué hizo Ferrari? Véase la botella medio llena: se llevó dos puntos a casa. Si se quiere ver medio vacía, el coche no corre. Tiene un motor bonísimo, un KERS de aúpa, un equipo de mecánicos que ya quisieran todos para sí, pero, ay, el coche no da más de sí. ¿Un problema de aerodinámica? Posiblemente. Casi seguro. Pero ¡bien! ¿Verdad que nos lo pasamos bien? Pues ¿qué más se puede pedir?

El trompazo real

Su Majestad va y se pega un trompazo. Qué menos, estaba cazando elefantes.

Esto pasa por poner de presidente a un rey

Debido a un desgraciado accidente, se ha sabido que el presidente de honor de la organización española WWF-Adena, rama de la organización internacional World Wildlife Fund, estaba cazando elefantes en Botsuana. Hay que recordar que WWF-Adena promueve la campaña Adopta a un elefante, que no mátalo.

Cabría la confusión como excusa si no fuera que el mencionado presidente de honor de WWF-Adena es un conocido cazador que tira contra todo lo que se mueve. Así, figuran en su haber osos, leopardos, búfalos cafres, elefantes, toda clase de cérvidos y antílopes, un montón de pájaros y pajaritos, conejos... y según cuentan, así que se ponen a tiro, señoras. Aunque no se condenan tales aficiones, hay quien las considera incompatibles con una presidencia de honor de una sociedad protectora de la fauna salvaje que el personaje insiste en tirotear y surgen iniciativas como ésta.

WWF-Adena opta por la callada como respuesta, pues ¿qué decir?

Alegoría de la República

Hoy celebramos el 81.º aniversario de la proclamación de la Segunda República Española. Así, pues, ¡Viva la República! Que viva.

Dicho esto, escribo silbando el himno de Riego y haciendo la digestión de unos magníficos garbanzos con bacalao que he cocinado para celebrar el evento. Es decir, que me tomo en serio la celebración, no piensen ustedes. Y ya puestos, anuncio mi regocijo en este sitio, para que no se diga.

Para ilustrar esta viñeta, he escogido una alegoría de la República que, como sabrán todos ustedes, es una señora, más bien señorita (pues no se casa con nadie, sino con la nación entera), de buen ver. En este caso es una República como Dios manda, de las que posa con un seno descubierto (es decir, que se le ve una de las tetas, dicho sea así para lectores poco dados al republicanismo).

Es curioso, pero mientras las alegorías de la Primera República Española era todas unas descocadas y mostraban lo que tenían que mostrar y más, si podían, las alegorías de la Segunda República Española eran bastante modositas. Me ha costado dar con una alegoría republicana de los años treinta que no se cubriera las mandingas y no visitiera no ya con decencia, sino con excesivo pudor. Es un asunto que merecería algunas líneas de reflexión seria y profunda, basada en eventos y documentos históricos, pero la digestión de los garbanzos me impide darles a ustedes la tabarra. Así que felicítense por ello.

Observen la bandera. Es la tricolor. La Primera República Española hacía ondear la rojigualda, que no es más que un rediseño, mejorado y simplificado en tiempos de Carlos III, de la bandera cuatribarrada que comparten catalanes, aragoneses, valencianos y mallorquines. Cuentan que la Segunda República Española añadió el morado porque era el color de los comuneros de Castilla, y bien estaba que todos los antiguos reinos de España aparecieran todos en el mismo trapo. Otros, sin embargo, niegan la responsabilidad de los comuneros y el asunto, en fin, también merecería una investigación que la digestión de los garbanzos dificulta seriamente.

El escudo de la bandera de la Segunda República Española es el mismo que el de la Primera República Española. En vez de la Corona Real, aparece una coroma almenada (que recuerda las almenas de un castillo), que simboliza la defensa de la ciudadanía (de la nación) ante los peligros de la tiranía. Qué bonito.

Cualquier República que se precie aparece tocada con un gorro frigio, comenzando por la República Francesa, que fue la que instauró el uniforme de las demás Repúblicas que la siguieron. El gorro frigio es, para entendernos, una barretina, y es un gorro típico del Mediterráneo. Simboliza la herencia de la Razón, que proviene de Grecia, y de ahí el gorro de Frigia. Por lo mismo, no es una camisa de dormir, sino una túnica, la que cubre a la bella República.

Esta República en concreto, vista camisa o túnica, se acaba de levantar de la cama y descubre la mitad de su pecho y un jamón de considerable belleza. Su piel, tersa, blanca y pura, y este dejarse ver, pero no tocar, no sé exactamente qué significa, y lo dejo a gusto del lector. Y ya puestos, aquí no hay garbanzo que valga, porque si he de escoger entre quedarme con un retrato de Carlos II el Iluminado y la señorita República, pues ¿qué quieren que les diga?

La Primera República Española aparecía con frecuencia acompañada de un gallo, lo que provocó el comentario de los monárquicos, que aseguraban que la República era más puta que las gallinas. Pero tal acusación ofende a la República, al gallo y a las gallinas y, de paso, a los franceses, que siguen mostrando el gallo en sus alegorías. El gallo simbolizaba el inicio de una nueva era, el quiquiriquí de un nuevo día, el estado de alerta ante la gran empresa que nos depara el futuro. Nada de gallinas, qué se han creído.

Para evitar el chiste, los republicanos de los años treinta cambiaron el gallo por un león y la mayor parte de las alegorías de la Segunda República Española aparecen acariciando la melena de un león que es capaz de merendarse de un bocado al primer imbécil que insinúe nada contra la moral de la señorita que sonríe a su lado. Representa la fuerza, el poder de la Ley, así, con mayúsculas. Eso me han dicho.

En casi todas las alegorías de la República Española, sea la primera o la segunda, se ven símbolos del progreso aquí o allá. En las alegorías de la Primera República Española pueden descubrirse máquinas de daguerrotipos, locomotoras, navíos propulsados por vapor, una montgolfiera, un telescopio (que simbolizaría la ciencia), etc. En las de la Segunda República Española no faltan locomotoras o navíos, pero también aparecen aeroplanos, automóviles, el telégrafo... Ambas Repúblicas tienen pasión por las chimeneas, que aparecen casi siempre en el paisaje de fondo, simbolizando el progreso industrial, la buena marcha de la economía (futura), la esperanza en el futuro. Supongo que una alegoría de la Tercera República Española incluiría líneas de alta tensión, aerogeneradores y placas solares fotovoltaicas, un satélite artificial y un computador... o un televisor, lo que comenzaría a preocuparme.

Hoy ya no se dan alegorías de casi nada y echando la vista atrás cómo echamos en falta tanto políticos que sepan leer y escribir como esa ilusión y esperanza en el futuro. Mientras contemplamos el retrato de la bella señorita descocada, nos preguntamos dónde se habrá escondido. Necesitaríamos creernos todo aquello que simboliza para echar p'alante, que diría don Manuel (Azaña).

A lo que íbamos, damas y caballeros y demás lectores: ¡Viva la República y la madre que la parió! Que viva. Y qué buena que está, ya puestos.

El baile de la cafrería... perdón, de la cofradía

Para que vean ustedes. Me lo ha enviado una amabilísima lectora y comparto el hallazgo. Luego dicen de la Legión.


¡A mí, la Legión! (I)

Un amigo mío, católico de misa, se pone enfermo a la que se le echa encima la Semana Santa. Entonces, más que católico, parece puritano o iconoclasta, o un seguidor de Savonarola. Según él, esa tradición de sacar a pasear el Cristo de Tal o Cual, o la Madre de Dios de Esto o lo Otro, es, en pocas palabras, una costumbre pagana. Llega a tal el punto de cabreo de mi católico amigo que dice cafrería por no decir cofradía. Se pone de los nervios.

Si fuera usted un antropólogo (Dios le libre), contemplaría las procesiones como el que ve un arrebato público de sadomasoquismo. Así como Caravaggio inventó el claroscuro y los contrarreformistas españoles lo convirtieron en tenebrismo, así las procesiones del santo en cuestión se convirtieron en una sucesión de disparates macabros.

Los miembros de las cafrerías y hermandades se disfrazan con en sambenito y hacen las veces de socios del Ku-Klux-Klan. La primera cafrería se disfraza con el pirulo; la segunda, suma a la perinola ir descalzos; la tercera, por ser más, van embozados con el capirote, descalzos y encadenados; la cuarta suma a lo dicho la flagelación de las carnes; la quinta pasea con el sambenito, descalza, encadenada y carga con una cruz mientras los cofrades se flagelan los unos a los otros... Sobre cómo se llaman tales agrupaciones de masoquistas podría escribirse un libro: Cofradía del Sufrimiento en la Cruz, Hermandad de los Siete Puñales del Corazón de María, Cofradía de la Virgen de los Dolores y la Santa Agonía, Hermandad de la Corona de Espinas... Todo muy alegre.

¡Qué manía ésa de celebrar la Muerte y la Pasión!, se queja mi católico amigo. Lo que hay que celebrar es la alegría de la Resurrección, sostiene. Pero lucha en una batalla perdida.

Prueba de ello es que en un estado laico, donde los católicos van a menos de manera casi exponencial y los que quedan son más pecadores que nunca, los poderes públicos y la sociedad civil se alían para convertir en tradición semejantes esperpentos, con un tesón inopinado en gentes de tan poca fe cristiana. El caso de Mataró nos servirá de ejemplo y nos dará para unas risas.

¡A mí la Legión! (II)

Lo que decía, que nunca han tenido tanto éxito las procesiones sadomasoquistas de Semana Santa. Desde que las promueve un estado laico... ¿No me creen? Fíjense en la tradición centenaria de las procesiones de Semana Santa de Mataró.

En 1984 se crea la Comisión de la Semana Santa de Mataró. Es decir, en el siglo pasado, porque, dicho así, parece que la tradición tiene su historia y viste más. La comisión no pudo organizar una procesión hasta 1986, cuando sacaron a pasear la imagen de la Oración en el Huerto de los Olivos (que guardaba un particular en su casa, y qué hacía ahí un paso es cosa de misterio) y un Santo Cristo que cedió la parroquia de San Martín de Teià, porque al cura le pareció una buena idea. Además, se sumó una pareja de la Guardia Civil en uniforme de gala, lo que hizo las delicias del público asistente. Lo de la pareja de la Guardia Civil no es cuento: léanlo en Setmana Santa de Mataró.

Curiosamente, la postura oficial de la Iglesia (católica) fue de franca oposición. Les dio por acusar de paganismo a los cofrades y hermanos. Requisaron el Santo Cristo que se atrevió a salir de paseo en la procesión laica. Allá está, en otra iglesia, en un exilio del que no se ha movido desde entonces, como si ese madero tuviera la culpa de todo. Los curas de Llavaneres prohibieron el desfile de los señores del capirote de Mataró, por laicos y comecuras, y uno por el otro el enfrentamiento fue a mayores y se enardecieron ambos bandos.

En 1987, nacieron varias cafrerías (cofradías, perdón) y hermandades más, que compraron pasos por su cuenta para sacarlos de paseo el Jueves y el Viernes Santo, dijera lo que dijera el Santo Padre y la madre que lo parió y con el permiso o sin el permiso del Ayuntamiento. En su mayoría, eran catalanes que tenían padres o abuelos andaluces, y era una cuestión de principios.

La procesión, ya bastante numerosa entonces, partía de una nave industrial en vez de partir de una iglesia, como corresponde a una procesión proletaria, laica y popular. Año tras año se sumaban pasos y más pasos, y los del capirote eran ya legión.

Como la cosa tenía tanto éxito, de ser un pique entre curas y cofradías de ateos paso a ser un asunto de la mayor transcendencia política. A tal punto llegó el frenesí procesional que la Santa Madre Iglesia cedió, y para que ceda la Iglesia... En 1990, el Consejo Arciprestal de Mataró (con el beneplácito del Arzobispado de Barcelona) tuvo que reconocer que las procesiones de Mataró eran, cito, actos de devoción cristiana. Toma ya, devoción cristiana... Ese año, las procesiones partieron el Viernes Santo de la plaza de Santa María con autorización eclesiástica, de la que hasta entonces no habían gozado. El evento fue celebrado como una victoria de la sociedad civil y el estado laico sobre el parecer de la Iglesia Católica, aunque en algún punto del relato creo yo que nos hemos confundido todos.

Pero ¡qué curioso! Fue justo a partir de entonces, a partir de 1990, que el número de cofradías y hermandades se estancó y no ha vuelto a aumentar. Mejor dicho, no han dejado que aumente. Ahora que las procesiones de Semana Santa de Mataró son cosa oficial, patrocinadas por los poderes públicos, bendecidas por la Iglesia y aplaudidas por los habitantes de la ciudad, enardecidos por semejante tradición centenaria (del siglo pasado, recuerden), un reducido grupo de hermanos y cofrades controla con mano de hierro quién desfila y quién no con qué santo y cuándo. Cómo corrompe el poder, cómo se pierde la memoria.

La relación de los nombres de las hermandades y cofradías de la Comisión de la Semana Santa de Mataró es la que sigue, y agárrense: los Armats de Mataró, la Cofradía de la Oración de Nuestro Señor en el Huerto [de los Olivos, aclaro], la Hermandad de Jesús Cautivo y Nuestra Señora de los Dolores, la Cofradía de la Coronación de Espinas, la Hermandad Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Esperanza, la Cofradía del Santo Cristo de la Agonía, la Cofradía del Santo Cristo de la Buena Muerte, la Cofradía del Santo Sepulcro, la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad y la Cofradía de la Verónica. Además, estas agrupaciones invitan a representantes de otras cofradías o hermandades de cualquier parte del mundo mundial para que exhiban sus peculiares bailes populares con cirios y capirotes. El programa oficial recoge todas estas intervenciones públicas y las suma con regocijo y placer a lo que es, cito, una fiesta multicultural... digo... un acto de devoción cristiana.

Cuando se anunció que desfilaría la Hermandad de Antiguos Legionarios, y así aparece en el programa de fiestas, nadie prestó atención. Fíjense que podrían ser cualquiera, éstos. De manaies a Legionarios de Cristo, cualquiera.

Pues, resulta que cualquiera, cualquiera, no. Agárrense, que vienen risas.

¡A mí la Legión! (III)

Decía que el nombre de la Hermandad de Antiguos Legionarios no llamó demasiado la atención al gobierno municipal o a la comisión de marras. De hecho, digan lo que digan, apareció en el programa y alguien le dio el visto bueno. ¿Legionarios? Serán los de Cristo... o los de la guardia de Pilatos, porque es tradicional en muchas localidades catalanas que desfilen manípulos o centurias de legionarios (romanos) de pacotilla.

Así es. Con el cuento de que Pilatos envió una guardia de honor a la tumba del Cristo (lo que supone una interpretación del texto bíblico más que sesgada y un tanto creativa), se organizan desde hace muchos años desfiles de penitentes disfrazados de legionarios romanos que hacen las veces de tal guardia. En vez de desfilar con el capirote y el cirio, se pasean con falditas, escudo, lanza y un casco con plumas. En Girona y Banyoles, los manaies (que así los llaman ahí) son una institución y suman en cada ciudad prácticamente un manípulo, con banda de percusión, cornetines y estandartes. En Mataró se llaman armats (armados, con armadura).

Cómo mola disfrazarse de romano y pasear con la lanza en ristre... El centenario espectáculo ya forma parte de la tradición secular de muchas ciudades catalanas. Así, en Mataró, se dan los armats desde el siglo pasado. Más concretamente, desfiló por primera vez un grupo de legionarios (romanos) en 1990. A ojo, los legionarios (romanos) catalanes suman para un par de cohortes. Pero resulta que la Hermandad de los Antiguos Legionarios no se mide ni en decurias, ni en centurias, ni en manípulos, ni en cohortes, sino en tercios, pues se trata de una hermandad de caballeros legionarios (retirados del servicio activo), de los de la cabra y ¡A mí, la Legión!

Existen hermandades o asociaciones de antiguos caballeros legionarios en Barcelona, Girona, Alicante, Benidorm, Elche, Valencia y Mallorca. Como se ve, todas en el Mediterráneo, en regiones de habla catalana. Será casualidad. Contrariamente a lo que dicen algunos periódicos, la Hermandad de los Antiguos Legionarios es una asociación civil, no militar. Civil porque ninguno de los socios es militar. Ya no lo es, pero lo fue. Legionario, además. Y es aquello que dicen, que uno es legionario de una vez y para siempre.

Varias poblaciones catalanas han disfrutado del espectáculo de los antiguos caballeros legionarios, que se da tanto en otras partes del Reino (por ejemplo, en Andalucía). Así que se juntan, los antiguos caballeros legionarios se visten con el uniforme de antaño, se cuelgan las medallas, llevan consigo un banderín de la hermandad (que no de la Legión, porque está prohibido), cornetas, unos cuantos fusiles CETME cromados para hacer bonito (que la Guardia Civil tiene registrados como armas inutilizadas) y desfilan con el Santo Cristo de la Buena Muerte allá donde les inviten.

Los hay que se ponen el capirote, los hay que pasean de legionario (romano) y los hay que prefieren vestirse de militar. Más que devoción cristiana, la Semana Santa recuerda un Carnaval.

El desfile de los antiguos legionarios imita al de los legionarios en activo acuartelados en Málaga, que sacan el Santo Cristo con una ceremonia militar que pone los pelos de punta, porque hay que ver qué brutos que son y qué bien desfilan. Se canta el himno de la Legión (El novio de la Muerte) y luego se echan los vivas de rigor. ¡Vivaspaña!, grita el comandante. ¡Viva!, gritan los legionarios (y el público); ¡Vivalrrey!, vuelve a gritar el jefe, y ¡Viva! responde la tropa; para acabar, el oficial al mando grita ¡Viva la Legión! y manda la tradición que sea este tercer ¡Viva! el más sentido de todos.

La Hermandad de los Antiguos Legionarios desfiló en Mataró invitada por la Cofradía del Santo Sepulcro y la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, que (repito) anunciaron el evento. No era un tercio, como en Málaga, sino que apenas sumarían un pelotón de bigotudos y barrigones antiguos caballeros legionarios, pero desfilaron con el rigor de costumbre y procedieron a mantener bien alta tanto la Cruz como el estandarte de la hermandad.

El público de Mataró aplaudió a rabiar todos los ¡Viva! que entonaron los veteranos y entonó algún ¡Viva! por su cuenta. Se lo pasó en grande viendo desfilar a los antiguos caballeros legionarios entre los grupos de capirotes y los otros legionarios, los de Roma. Si buscan en el yutú (se pronuncia YouTube), podrán comprobarlo ustedes mismos.

Pero, más tarde que inmediatamente, se montó una buena en Mataró.