
Si fuera usted un antropólogo (Dios le libre), contemplaría las procesiones como el que ve un arrebato público de sadomasoquismo. Así como Caravaggio inventó el claroscuro y los contrarreformistas españoles lo convirtieron en tenebrismo, así las procesiones del santo en cuestión se convirtieron en una sucesión de disparates macabros.
Los miembros de las cafrerías y hermandades se disfrazan con en sambenito y hacen las veces de socios del Ku-Klux-Klan. La primera cafrería se disfraza con el pirulo; la segunda, suma a la perinola ir descalzos; la tercera, por ser más, van embozados con el capirote, descalzos y encadenados; la cuarta suma a lo dicho la flagelación de las carnes; la quinta pasea con el sambenito, descalza, encadenada y carga con una cruz mientras los cofrades se flagelan los unos a los otros... Sobre cómo se llaman tales agrupaciones de masoquistas podría escribirse un libro: Cofradía del Sufrimiento en la Cruz, Hermandad de los Siete Puñales del Corazón de María, Cofradía de la Virgen de los Dolores y la Santa Agonía, Hermandad de la Corona de Espinas... Todo muy alegre.
¡Qué manía ésa de celebrar la Muerte y la Pasión!, se queja mi católico amigo. Lo que hay que celebrar es la alegría de la Resurrección, sostiene. Pero lucha en una batalla perdida.
Prueba de ello es que en un estado laico, donde los católicos van a menos de manera casi exponencial y los que quedan son más pecadores que nunca, los poderes públicos y la sociedad civil se alían para convertir en tradición semejantes esperpentos, con un tesón inopinado en gentes de tan poca fe cristiana. El caso de Mataró nos servirá de ejemplo y nos dará para unas risas.
Luigi, no ho he pogut evitar.
ResponderEliminarAixò és alegria de la cafreria...
http://www.youtube.com/watch?v=Gmin3gdLvMo
;) laura
Impresionante.
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