
El nieto, Ferdinand Alexander, que ha muerto hace pocos días, tuvo un inicio más gris. Estudió ingeniería, cómo no, e hizo las prácticas en la casa Bosch, de electrónica del automóvil. Luego pasó a trabajar para el departamento de diseño de la empresa de papá, donde trabajó en lo que sería el sucesor del Porsche 356, el Porsche 901, que quiso presentar en París, en 1963.
Pero el 901 estaba registrado como un modelo de Peugeot. Así que le cambiaron el nombre. Sería el Porsche 911. Causó impresión en París. Comenzó a venderse en 1964 y sigue fabricándose y vendiéndose tal día como hoy.
Mientras tanto, Ferdinand Alexander fundó Porsche Design Studio en 1972. No sólo diseñó automóviles, sino también gafas, relojes, bicicletas, paraguas... Pero lo más importante es que Ferdinand Alexander, al principio con el beneplácito de papá, pero luego por méritos propios, sentó las bases del diseño de Porsche los últimos cuarenta años. A la vista de los resultados, lo hizo muy bien.
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