La polémica sexualidad de Bob Esponja



Poco sé de Ucrania, lo admito. Pero he sabido que existe una Comisión Nacional sobre Asuntos para la Defensa de la Moral Ucraniana, la llamada coloquialmente policía moral. He investigado un poco y he descubierto que es un organismo público del gobierno de Ucrania que analiza lo que se emite en radio y televisión para comprobar si cumple con las leyes sobre moralidad del país, preguntándose si incitan al odio religioso, si producen o difunden pornografía, si hacen propaganda del alcohol o del tabaco, etcétera.


Para que se hagan ustedes a la idea, la Comisión Nacional sobre Asuntos para la Defensa de la Moral Ucraniana es el equivalente a nuestro CAC, Consejo Audiovisual de Cataluña, pues cumple estrictamente las mismas funciones. Las mismas, repito.


Si no me creen, lean los estatutos de ambas instituciones.

La cuestión que ha llamado la atención estos días es el informe que esta comisión ha encargado a un grupo de expertos. ¡Qué expertos, por Dios! ¡Qué informe!

El informe trata sobre los programas infantiles que se emiten por televisión. La policía moral los ha examinado con suma atención y se ha puesto las botas. La comisión todavía tiene que leer el informe, discutirlo y aprobar su contenido en una reunión plenaria, quizás hoy mismo, aunque no es seguro. Gracias a una organización católica ucraniana, la Familia bajo la Protección de la Santísima Virgen, podemos leer la opinión de los agentes de la policía moral y les aseguro, damas y caballeros, que el texto no tiene desperdicio.


A decir de los expertos, la pornografía es el núcleo de las películas que produce la Disney. Estas películas y otras emisiones infantiles forman parte, y citaré textualmente, de un experimento a gran escala sobre los niños ucranianos para crear una generación de criminales y pervertidos. Por lo tanto, las autoridades públicas deberían de tomar cartas en el asunto y sencillamente, prohibirlas. Representan una amenaza real para los niños, dicen.

Entre las series analizadas, algunas no son exactamente infantiles, porque no todos los dibujos animados son para niños. A la hora de hablar sobre Los Simpson, Padre de Familia o Futurama, los censores ucranianos aseguran que son, cito, proyectos especialmente dirigidos a la destrucción de la familia, la propaganda del vicio y las drogas. Los dibujos de South Park son considerados abominables porque, tal dicen, tal cuento, hacen propaganda de la reencarnación.


Los Teletubbies también reciben. Se asegura que estos personajes, cito, persiguen la creación intencionada del hombre subnormal, que se pasa todo el día delante de la televisión con la boca abierta y tragándose cualquier información. En otras palabras, Los Teletubbies están diseñados para instaurar la psicología de los perdedores entre los niños. ¿Se atreve a dudarlo? Los policías morales acuden a una psicóloga, la señora Medvédeva, que asegura que los niños entre los tres y los cinco años que han visto un capítulo de Los Teletubbies, ay, hacen muecas y burlas delante de adultos que no conocen, ríen a carcajadas y repiten sinsentidos de manera ostentosa. ¡Gravísimo!

Con esto ya tenemos material más que suficiente para formarnos una opinión de la necesidad y utilidad del CAC de Ucrania.

Pero la noticia que ha llevado a la fama semejante informe la ha provocado un párrafo que ha despertado una polémica que lleva ya diez años a cuestas. La policía moral ucraniana también se ha fijado en un curioso personaje de dibujos animados llamado SpongeBob SquarePants, Bob Esponja para los amigos. Su estilo de vida no es apropiado, dicen. Su relación con otros personajes...



Lo será menos, porque resulta que Bon Esponja es maricón, bujarrón, sodomita o como quieran llamarlo. Comienza diciendo que esta serie promueve la homosexualidad y acaba largando contra Bon Esponja como no pueden llegar a imaginar. Y ésa es la noticia que han publicado los periódicos: ¡Bob Esponja es gay!

Caramba, qué novedad. Bob Esponja nació en un tebeo californiano en 1989. En 2002, hace diez años, no se sabe cómo ni por qué, ya se había convertido en un icono gay y Hillenburg, su creador, tuvo que negar la homosexualidad de su criatura en público. En verdad, nego simplemente su sexualidad. Hillenburg dijo que nunca se había planteado su orientación sexual ni sus preferencias sexuales. ¡C...! ¡Que es una esponja! Igualmente sorprendido por el rumor se manifestó Tom Kenny, productor de la serie de televisión. La sexualidad de Bob Esponja era... Mejor dicho, no era.

Tes años después, una organización llamada We are Family quiso promocionar la diversidad y la tolerancia; es decir, que no se maldijera y persiguiera a nadie por ser madre soltera o convivir con alguien de su mismo sexo. Lo hizo con un video donde aparecían personajes de dibujos animados, y Bob Esponja se prestó a ello. Según los productores del video, éste no contenía ninguna referencia al sexo, al estilo de vida sexual o a la identidad sexual de Bob Esponja.

Pero ¡qué más da! Les faltó tiempo a los evangélicos americanos para levantar la liebre y presentar a Bob Esponja como abogado de la homosexualidad. El reverendo James Dobson, de la organización poco tolerante y contraria a la diversidad Focus on the Family acusó directamente a Bob Esponja de maricón porque un grupo a favor de los derechos de los homosexuales había patrocinado el video.

Se montó tal follón que el señor Dobson tuvo que (casi) disculparse, asegurando que sus palabras se habían citado fuera de contexto. Poco después, el ministro y presidente de la Iglesia Unida de Cristo (United Church of Christ), el reverendo John H. Thomas, dijo que daba la bienvenida a Bob Esponja en su comunidad (sic). Jesús no expulsó a nadie; nosotros tampoco lo haremos, dijo.

Mientras tanto, en 2003, un tal Jeffrey P. Dennis tuvo la ocurrencia de escribir un artículo que se tituló The Same Thing We Do Every Night: Signifying Same-Sex Desire in Television Cartoons (que puede encontrar fácilmente en internet) en el Journal of Popular Film and Television. El señor Dennis sostiene que muchas parejas famosas de la historia de los dibujos animados son algo más que amigos. El oso Yogui y Bubú, por ejemplo... En fin, no descubro nada nuevo. En el caso de Bob Esponja, su relación con Patricio (Patrick) está adornada con una intensidad erótica evidente.

Lo que nos interesa: el Consejo Audiovisual de Cataluña todavía no se ha manifestado sobre este asunto de tan vital importancia. Cuando lo haga, comprenderán ustedes para lo que sirve el CAC. Si no lo hace, ¿para qué sirve?

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