La santa, la cabra y el naturalista



-I-


En caso de peste o terremoto, Santa Rosalía de Palermo es mano de santo... de santa, perdón. Además, es patrona de Palermo, de Sicilia, de Italia y de lo que le echen, que está muy puesta a hacer favores e intercerder por las gentes apuradas. Aparece en el santoral el 4 de septiembre como Santa Rosalía Sinibaldi, o de Palermo, virgen. En Sicilia, sin embargo, y no podía ser de otro modo, celebran la fiesta de Santa Rosalía cuando les viene en gana, que es el 15 de julio (el día de la translación de sus restos, pronto hablaremos de ello).

-II-

¿Qué sabemos de Santa Rosalía? ¿Quién era? ¿Qué hizo?

Aunque corren abundantes cuentos y leyendas sobre Santa Rosalía, su registro histórico es mínimo. Nació en Palermo; unos afirman que en 1128; otros apuntan a 1130. A partir de aquí, se construye una historia rica en suposiciones. La tradición afirma que era una Sinibaldi, hija del conde Sinibaldo, un caballero de la corte del rey Guillermo de Sicilia, señor de la Quisquina y del monte de la Rosa, en Agrigento. El conde, modesto él, sostenía ser descendiente de Carlomagno, aunque váyanse a saber.

Se dice que un noble se enamoró de ella, solicitó su mano al rey, éste se la concedió y Rosalía, al tener noticia de ello, corrió a entregarse a Cristo, encerrándose en un convento de las hermanas basilianas. Como su pretendiente era un pertinaz enamorado y sus padres querían conocer a sus nietos, se vio acosada un día tras otro y huyó al monte (un monte propiedad de su padre, por cierto), donde se acomodó para vivir y orar en una gruta.

Aunque buscaba la soledad, desprendía olor de santidad y pronto atrajo a docenas de peregrinos, que acudían a verla. Cambió de cueva. El 4 de septiembre de 1165 (o 1166), la encontraron muerta. Fin.

-III-

Santa Rosalía cayó simpática en Palermo desde el primer día. La tradición cuenta que era pequeñita, poquita cosa, y los sicilianos la llamaban la Santuzza, algo así como la Santita, en plan cariñoso. Con todo, en el siglo XVII todavía no había sido canonizada, aunque eso les importaba un pimiento a los palermitanos.

En 1624, cayó una peste sobre Palermo. Llegó a bordo de un barco tunecino y se asentó en la ciudad, causando estragos. No había médico que pudiera con ella y los palermitanos acudieron al santoral. Con cuatro patronas en su haber, tenían artillería de sobras. Pero las procesiones con Santa Cristina, Santa Oliva, Santa Ninfa o Santa Ágata no sirvieron para nada y la peste seguía haciendo de las suyas.

En éstas, una apestada soñó con Santa Rosalía. No sé qué de alzar una iglesia y rezar y tal, y la tomaron por loca, aunque sanó. Entonces, un cazador también soñó con la Santuzza. En el sueño, la santa le indicó un lugar en el monte al que debía acudir el montaraz palermitano. Despertó, se maravilló, corrió adonde le habían dicho y encontró una cueva y dentro de la cueva, unos huesos. Sin duda, los de Santa Rosalía.

El asunto había despertado mucha expectación en Palermo. Cuando supieron que habían dado con los huesos de la Santuzza no se lo pensaron dos veces: montaron una procesión para llevar sus restos de vuelta a casa, donde encontrarían un merecido reposo. Es la famosa translación de los huesos de Santa Rosalía, el 15 de julio.

Se obró el prodigio. Así avanzaba la procesión, así retrocedía la peste, y Palermo se libró de la epidemia, con gran regocijo del personal.

-IV-

La Iglesia tomó cartas en el asunto.

La investigación corrió a cargo del arzobispo de Palermo, Giannettino Doria, que se lo tomó muy en serio. Nombró una comisión de expertos, médicos y teólogos y los puso a trabajar ipso facto.

Como ya he dicho, era poquísimo lo que se sabía de Rosalía Sinibaldi. La primera pregunta que tenía que hacerse la comisión era: ¿había existido realmente esa tal Rosalía Sinibaldi? En el Códice de Costanza d'Altavilla (Biblioteca Regionale di Palermo), aparecía la Santuzza con hábito de hermana basiliana. Una colección de documentos que se remontan a 1196 hablan de ella y de los peregrinos que acudían a la cueva. En el siglo XIII le habían dedicado un altar en la vieja catedral. El mismo señor arzobispo había copiado algunas letanías populares que mentaban a Rosalía. Aunque casi olvidada por la Iglesia, su memoria había perdurado en la tradición popular.

Mientras deliberaban los sabios, el 25 de agosto 1624, cuarenta días después del hallazgo de los huesos, sucedió algo increíble. Se estaban haciendo obras en el convento dominico de San Esteban de Quisquina y dos albañiles dieron con una cueva donde descubrieron una inscripción que decía: Ego Rosalia Sinibaldi Quisquinae et Rosarum Domini filia amore Domini mei Jesu Christi in hoc antro habitari decreui, que quiere decir, en latín: Yo, Rosalia Sinibaldi, hija de las rosas del Señor (otra traducción es hija del señor de las Rosas, i.e., de su padre), por amor a mi Señor Jesucristo he decidido vivir en esta cueva de Quisquina.

¿Qué más podía pedirse?

La comisión Doria falló, el 11 de febrero de 1625, que las reliquias eran auténticas. La devoción popular alcanzó tal punto que el papa Urbano VIII (Aldobrandini) la hizo santa con todas las de la ley, apuntándola en el Martirologio Romano.

-V-

Santa Rosalía destronó del patronazgo de la ciudad no a una, sino a cuatro santas. Santa Cristina, Santa Oliva, Santa Ninfa y Santa Ágata se quedaron para vestir santos (nunca mejor dicho) y las fiestas de Santa Rosalía se han convertido en la Fiesta Mayor (U Fistinu) de Palermo. La procesión del 15 de julio es todo un ritual. Se queman fuegos de artificio, se hacen procesiones a las grutas y ermitas, se cantan poemas por la calle...

El protagonista de la procesión es un carro enorme (favoloso, dicen en Palermo), tirado por animales, generalmente bueyes, aunque hubo algún año en que se emplearon ¡elefantes! Encima de ese carro, la Santuzza, que desfila en triunfo por el recorrido de la antigua translación de sus restos, pasando por la Catedral de Palermo, el Foro Itálico, el Corso Vittorio Emanuele (que antes se llamaba Cassaro), precedida por el señor alcalde y el señor arzobispo, que para eso están. Vean la foto y juzguen ustedes mismos.

-VI-

La Santuzza sigue siendo santa a la que acudir en caso de enfermedades epidémicas, pero a punto estuvo también de ser patrona de la biología (y de los estudios evolutivos). ¿La santa patrona católica de la evolución darwiniana? Pues... casi.

G.E. Hutchinson, el celebérrimo fundador de la Limnología (estudio de la ecología de los sistemas acuáticos continentales), visitó Sicilia y pasó por la Cueva de Santa Rosalía en el Monte Pellegrino. Allá observó unos bichos que vivían en un pozo al lado de la iglesia, y descubrió que pertenecían a dos especies diferentes. Tuvo una inspiración (casi milagrosa) y escribió su Homenaje a Santa Rosalía (Hutchinson, G.E. (1959). Homage to Santa Rosalia or Why Are There So Many Kinds of Animals? The American Naturalist, 93 (870) DOI: 10.1086/282070).

Gracias a los escarabajos que hallaban cobijo en la iglesia de la Santuzza, nació la idea del nicho ecológico hutchinsoniano, que se oponía al entonces considerado intocable concepto de nicho eltoniano o fundamental. El naturalista fue el primero en considerar el papel de la energía en la cadena trófica, por ejemplo. Los trabajos de Hutchinson inician el estudio científico de la biodiversidad, aunque fueron muy discutidos en su época por muchos otros biólogos.

Su Homenaje a Santa Rosalía es, por otro lado, un texto bellísimo, que merece un lugar no sólo en la ciencia, sino también en la literatura.

Hutchinson propuso que Santa Rosalía fuera la patrona de los estudios ecologistas y evolutivos... pero no tuvo éxito. ¿Por qué?

-VII-

William Buckland fue un naturalista de mucho renombre en la primera mitad del siglo XIX. Suya es la primera descripción completa de un dinosaurio y muchos estudios geológicos con enjundia, aunque tenía la manía de intentar justificar con la ciencia la literalidad de la Biblia. No en vano, pues era también un pastor protestante.

Dio la casualidad que Buckland también pasó por Palermo en su viaje de bodas, en 1826, y pasó por el santuario de Santa Rosalía, que exponía los restos óseos de la santa. Pero ¿qué...?, exclamó Buckland. Aquellos eran... ¡huesos de cabra!

Se montó la de Dios es Cristo, o mejor dicho, la de Santa Rosalía es una cabra cuando, en 1894, se publicaron las cartas de William Buckland.

-Epílogo-

La Iglesia dijo que no podía uno fiarse de un pastor protestante, pero a partir de entonces los huesos de Santa Rosalía (o de la cabra) se guardaron dentro de un cofrecito, para que el público no les echara el ojo encima.

En 1974, se pudo corroborar que, en efecto, los huesos eran de una cabra.

El 7 de mayo de 2004, Science publicó un artículo titulado Rosalia was a Goat, que iba sobre el enfrentamiento entre dos maneras de entender la ecología y empleaba el caso de la cabra con mucha y muy británica ironía.

Pues, sí, son huesos de cabra. ¿Y qué?

1 comentario:

  1. E leído todo el texto, no conocía esta santa pero ahora me doy cuenta que es digna de devoción.

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