Los niños y las fiambreras



El Gobierno de la Generalidad de Cataluña, con una generosidad que nos abruma, abre la puerta a suprimir las becas-comedor y la dispensación de almuerzos en las escuelas permitiendo que los padres que lo deseen carguen a sus hijos con una fiambrera para el almuerzo. Así, dicen los responsables del Departamento de Educación, se ahorrarán los 6 euros con 20 céntimos que el departamento paga por menú infantil... aunque en la mayoría de centros concertados los padres paguen más por alimentar a sus hijos, ¿verdad?

Se anunció la buenanueva en una rueda de prensa, en la presentación de una guía para enseñar a los padres a dar de comer a sus hijos (el título, traducido al español, es Alimentación saludable en la etapa escolar). ¡Muy apropiado! Fue doña Meritxell Ruiz, directora general de Atención a la Familia y Comunidad Educativa del Departamento de Educación la responsable de anunciar que las familias podrían ahorrarse la mitad de lo que les cuesta el menú si sus hijos cargasen con las fiambreras camino de la escuela.

¿La mitad? ¿Por qué no todo? La mitad, porque la otra mitad sirve para sufragar el coste que tiene la infraestructura necesaria para los alumnos que acaben optando por la fiambrera (sic). La directora general mencionó vigilantes de comedor, neveras, servicios de limpieza y facturas de energía. Dijo que si las asociaciones de padres se ocupaban de cubrir estos servicios, podrían llegar a pagar menos de tres euros por niño al día.

En otras palabras, lo que dan de comer cada día a su hijo en la escuela no vale ni tres euros. El resto de lo que paga son gastos estructurales (sic). Por lo tanto, si no hay que darle de comer porque ya se trae la comida de casa, de los gastos estructurales no va a librarse ni queriendo. ¿Acaso creía que iba a irse de rositas?

Veamos de dónde salen estos tres euros que nos quiere cobrar la Generalidad de Cataluña.

Sea una nevera donde caben cien fiambreras para el almuerzo. Un frigorífico de clase A+ donde quepan todas ellas, sin congelador, no gasta más de 7 euros de electricidad al mes. Hay que sumarle un gasto de amortización de 4 euros al mes, contando que la nevera dure diez años. Eso hacen 12 euros al mes, hinchando las cuentas. Pero digamos que sólo funciona los días de escuela. Se incrementa el gasto por día de la nevera (electricidad más amortización), que no llega a los sesenta céntimos. A tanto por fiambrera, salen 12 céntimos al mes.

Podemos comprar un horno microondas por menos de 60 euros. Pongamos que cueste eso, 60 euros. Si dura cinco años, se amortiza con menos de 6 céntimos al día. Calentar cien fiambreras durante un minuto cuesta 16 céntimos de electricidad. Si necesitamos cuatro microondas, pongamos por caso, sale a 40 céntimos al día. Por fiambrera, 8 céntimos al mes.

Es decir, el coste de conservar una fiambrera en el frigorífico y calentarla luego en el microondas supone la friolera de 20 céntimos al mes.

Pero el Departamento de Educación de la Generalidad de Cataluña quiere cobrarle por el uso de nevera y microondas 60 euros al mes por hijo, y lo que caiga. Con lo que pagarían cien padres en un mes, se podrían comprar doce frigoríficos o cien hornos microondas. Hagan cuentas.

Ninguna otra Comunidad Autónoma cobra por el empleo de la nevera y el microondas, y ya van algunas que han autorizado las fiambreras.

Decididamente, no vamos por el buen camino.

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