¿Por qué la República enseña el pecho?


La República, con todos sus atributos.

Hoy celebramos el aniversario de la proclamación de la
Segunda República Española.

¡Viva la República!

La República suele representarse de muchas maneras y mediante diversas alegorías, pero la más conocida es, sin duda, la de una señorita de gran belleza y apostura, de muy buen ver y armas tomar.

Observen que uno de los primeros símbolos de la República Francesa fueron la tricolor, el gorro frigio y además el hacha y las fasces, símbolo del poder del Estado en Roma. 

Como es de recibo y fácil de suponer, la imaginería republicana nace en los tiempos de la Revolución Francesa, cuando se necesitaron símbolos para que el pueblo se identificara con ellos y a traves de ellos, con la Revolución. Esos símbolos tenían que sustituir a los símbolos de la Corona, conocidos y populares. ¡No iba a ser fácil!

Fueron los jacobinos, por encima de los demás partidos, los que pusieron más empeño y más cuidado en la creación de este imaginario y la simbología republicana española bebe directamente de la tradición francesa (aunque la modificará un poco).

Los franceses bailan alrededor del Árbol de la Libertad mientras los prusianos huyen, al fondo de la imagen. El Árbol de la Libertad fue el símbolo que tuvo más éxito en el período revolucionario.

Nació entonces el Árbol de la Libertad (todavía puede verse en las monedas francesas de uno o dos euros), el gallo, el gorro frigio, la escarapela tricolor... Cualquiera de estos símbolos merecería un apunte propio y muy interesante, pero hablábamos de la señorita República, la de buen ver. Quede claro: no fue la primera opción y cuando nació, tardó en tener éxito. ¡Pero lo tuvo!

Posterior a la Revolución Francesa, la imagen de la República que pintó Delacroix es la que ha conseguido mayor fama. Una mujer guerrera, pardiez.

La República impuso la moda en el vestir. Los padres de la Revolución Francesa se referían continuamente a la República Romana y a sus grandísimas virtudes, de donde salió una señorita República vestida como las diosas griegas o las vírgenes vestales, con una túnica apenas, que mostraba sus curvas y virtudes sin amagar una. Esa moda en el vestir la copiaron las mujeres del Directorio, el Consulado y hasta del Imperio, como cualquiera puede comprobar examinando los retratos de la época. Antes de eso, las mujeres se dejaron torturar por corpiños, fajas y miriñaques. Cuando cayó Napoleón, regresaron poco a poco los tormentos del Antiguo Régimen en el vestir, que perdurarían un siglo hasta ser derrotados en la era del jazz.

En las primeras imágenes de la República, ésta ya aparece con un pecho desnudo. Pero viste todavía como una mujer del pueblo. Observen, además, la pica con el gorro frigio en la punta en una mano y el hacha con las fasces en la otra, símbolo del poder del Estado. Muchos años más tarde, Mussolini escogería ese símbolo para su partido nacionalista, y de ahí la palabra fascismo.

Pero las señoras del Directorio, el Consulado y hasta del Imperio no enseñaban la teta, y perdonen ustedes. Pero la República, sí. Una República como Dios manda lleva uno de los pechos al aire y no parece que sea por descuido. ¿Por qué?

Unos dicen que es un recuerdo de la república de las amazonas, pero mal recuerdo, porque las amazonas no desnudaban un pecho para luchar mejor, sino que se lo cortaban (sic), para poder disparar mejor con el arco. Así que no vale. De amazonas, nada.

Curiosamente, la imagen de la teta republicana proviene del imaginario católico. 

Pasaremos por alto que a María Magdalena penitente se la representa con los pechos al aire y despeinada, lo que explica por qué tantas imágenes de la santa fueron a parar a los gabinetes secretos de los grandes coleccionistas en tiempos de la Contrarreforma. Nos interesan otras dos imágenes.

Una Virgen de la Leche. Ésta, de Rubens.

Serán dos imágenes muy frecuentes. Una, la Virgen de la Leche, viva imagen de la madre amamantando a su hijo; otra, la imagen de una obra de misericordia, que es, según se mire, la de dar de beber al sediento o la de dar de comer al hambriento, representada por una mujer ofreciendo su pecho a un necesitado (sic). Vean, a modo de ejemplo, el cuadro de las Obras de la misericordia de Caravaggio, donde una mujer ofrece su pecho a un pobre viejo barbudo y sediento, o la veneración de (un poquito de) la Leche de la Virgen que se guarda en un relicario de la catedral de Oviedo, pero no son casos únicos, ni mucho menos.

San Bernardo a punto de beber del pecho de la Virgen, según Murillo.
Puede verse en el Museo del Prado, donde hay imágenes más explícitas del milagro.

¡No nos olvidemos de San Bernardo de Claraval! En uno de sus ayunos y penitencias, se le apareció la Virgen María con el Niño y... No se lo van a creer, pero le dió de beber de su pecho. Sacó la teta y le envió un chorrito a la boca y así se representa el milagro en docenas de óleos. La visión o milagro de San Bernardo toma de aquí y de allá, bebe (nunca mejor dicho) de la Santa Leche y de la obra de misericordia dicha. La Virgen del Chorrito, la llaman algunos. ¿No me creen? Dénse una vuelta por el Museo del Prado y busquen ustedes, que se llevarán más de una sorpresa.

El caso es que Bernardo de Claraval era, en francés, Bernard de Clairvaux, que está en Borgoña, y fue uno de los santos franceses más influyentes en el catolicismo. Expandió la orden del Císter por toda Europa y ayudó a crear la Orden del Temple. De su genio procede el asentamiento del canto gregoriano, la vida monástica y la arquitectura gótica. El Milagro de la Leche era, pues, conocido y comprendido en Francia y sólo había que darle la vuelta para la causa republicana.

La Primera República Española.
Muy francesa, todavía, con el gallo, las alas de la victoria, el gorro frigio, enseñando un pecho y la bandera rojigualda haciendo las veces de arco iris. 

El resultado es una mezcla de lo clásico y lo barroco, de lo católico y lo pagano. La República como madre y los ciudadanos, como sus hijos. La República bien provista de alimento. Una diosa Atenea o una virgen vestal someramente vestidas con un camisón (o una túnica) son casi lo mismo que una Virgen de la Leche que se ha despojado de sus mantos azules. Se cubre la mujer con un gorro frigio (de origen griego clásico, pero, como la barretina, de uso frecuente en el Mediterráneo), se añade la escarapela tricolor ¡y ya tenemos una República!

Los españoles en Cuba, más pícaros, no desnudaron el pecho de la República Española, pero a buen entendedor, pocas palabras. Aquí tienen a la señorita República despojándose de la corona y la capa de armiño, para aparecer (casi) como Dios la trajo al mundo, un ejercicio de striptease político digno de estudio.

Resulta curioso señalar que la República Española resultó ser más púdica que la República Francesa. Rara es la ocasión en que la República Española enseña su pecho. A diferencia de la francesa, no tiene necesidad de ello.

La República Española, más formal.

Mortadelo y Filemón: marca y censura


Yo era de Mortadelo y Filemón y no he dejado de serlo. Mi padre nos compraba el Mortadelo en el quiosco, los domingos, aunque la tradición de la familia materna era más de TBO. Los álbumes de Mortadelo y Filemón ocuparon mis primeros estantes de libros y adquirí un gusto de sibarita. Comencé a distinguir los originales, de Ibáñez, de las imitaciones de los dibujantes de Bruguera, y cuando caía en mis manos un tebeo antiguo y descubría a Mortadelo y Filemón con sombrero... Me reía mucho, me recreaba en los detalles del dibujo, disfrutaba como un enano.


Luego he perdido la pista de los tebeos de esta pareja de agentes de la TIA, pero siempre he tenido en muy alta consideración a su creador, Ibáñez. Le llaman el genial Ibáñez y realmente es genial. Vázquez y Coll (del TBO) también merecen el adjetivo, pero Ibáñez lo lleva todavía.

El protagonista del último tebeo de Mortadelo y Filemón, El tesorero.
Si se parece a alguien, no es por casualidad.

Estos días, ha publicado un nuevo tebeo con las aventuras de Mortadelo y Filemón: El tesorero. El personaje del tesorero es la caricatura de Bárcenas, el famoso tesorero del PP, ése que ha repartido sobres a diestro y siniestro. El genial Ibáñez ha afirmado que la realidad es tan surrealista que hace sombra a las aventuras de Mortadelo y Filemón. Cierto. Vista con cierta perspectiva, la corrupción de nuestros partidos políticos es un espectáculo cómico y ridículo, porque sus personajes son seres igualmente cómicos y ridículos. ¡Salta a la vista!

El Bárcenas de verdad, desafiante.

El tesorero pasará a la historia de la edición española por una razón: ha sido el libro más vendido en su primer día en las librerías. Ningún otro título de ningún otro autor ha vendido 10.000 ejemplares el día de su lanzamiento, que se sepa, y tuvieron que imprimir una segunda edición deprisa y corriendo a poco de enfrentarse con el fenómeno de ventas. 

¿Por qué este éxito? ¡Váyanse a saber! Ustedes mismos. Bárcenas en particular y la corrupción en general merecen que metamos el dedo en la llaga de los partidos que se niegan a combatir en serio contra esta enfermedad. Pérez Andújar, en un artículo en El País sobre la Comisión Pujol, los llama las brujas de Macbeth, CiU, PP y PSOE, porque son tres. Algo así, y falta gente.

En esa línea de estupidez y ridículo, el fenómeno de El tesorero ha sido censurado en TVE. La televisión pública (de todos) envió a un equipo a cubrir la presentación del libro. Tenía sus razones: el genial Ibáñez, un tema de actualidad y la marca absoluta de ventas en un primer día de un libro publicado en español. Cuando llegó el vídeo a la redacción, intervino la estupidez de los censores, valga la redundancia. 

Como no se puede hablar del libro sin hablar de Bárcenas (el protagonista del cuento), pues no se habla del libro y aquí no ha pasado nada. Mortadelo y Filemón se han pasado al bando de los enemigos del régimen y no han merecido aparecer en los telediarios, pese a movilizar cámaras y reporteros.

Qué pena. Que TVE haga como TV3 nos muestra lo lejos que todavía estamos de mejorar todo un poco.

Pero ahí va lo importante: ¡Felicidades, Ibáñez! Y gracias.

El genial Ibáñez y la caricatura de Bárcenas.


¿Regreso a la "normalidad"? (Gran Premio de China 2015)


Las Flechas de Plata, echando chispas.

Ha sido un gran premio soso. Ha acabado con todos detrás del coche de seguridad, las dos últimas vueltas, sin que mediara un incidente grave (¡menos mal!), sino una avería en la recta de tribunas (¡vaya sitio donde reventar el motor!). Como no cabía el coche por la puerta (sic), han tenido que interrumpir la carrera mientras los mecánicos le quitaban el morro para ver si así, acortándolo...

Además, ha sido previsible: Mercedes Benz ha vuelto a imponerse (han acabado en primera y segunda posición). Cuentan (en voz baja) que la FIA comienza a preocuparse. Bah, siempre que alguien gana demasiado se preocupan, hacen cosas, cambian el reglamento y es entonces cuando alguien comienza a ganar demasiado de verdad y ¡de vuelta a preocuparse!

Sin embargo, hay más. Ferrari ha mejorado, ahora sí que puede decirse. Quizá no llegue del todo adonde los Mercedes, pero sí que está (o parece estar) por encima de los demás. Han acabado en tercera y cuarta posición. ¡No está mal! Segundos en el Campeonato de Pilotos (Vettel) y de Constructores, por ahora. Toro Rosso está sacando los colores a su hermano mayor (en cuanto a patrocinio), Red Bull. Con la mitad de presupuesto, dobla los resultados. McLaren ha mejorado infinitamente: hoy ha terminado la carrera en duodécima posición (Alonso). El otro McLaren se las ha tenido con un Lotus en una curva y se han ido los dos a la cuneta.

Este último dato, que al fin un McLaren (el de Alonso) acabe la carrera, mueve mucha tinta en los periódicos españoles, que tan fácilmente endiosan a alguien como lo arrastran por el fango. Que Alonso tiene un carácter (muy) difícil no es ningún secreto; que es un gran piloto, tampoco. Quizá no sea tan bueno escogiendo cuándo ir a tal o cual escudería, pero ésa es otra historia.

Graves insultos


Panorámica de El Esparragal, Murcia, lugar de los hechos.

El pasado 15 de junio de 2014, en El Campillo, que es barrio de la pedanía de El Esparragal, en Murcia, dos parejas se enzarzaron en una discusión subida de tono provocada por un incidente (que no accidente) de tráfico. Como suele suceder, se encendieron los ánimos, se prendió la mecha de la furia y la ira hizo acto de aparición, dejando a todos bien servidos.

La discusión se convirtió en pelea y un caballero que pasaba por ahí, un tal A., quiso mediar entre ambos bandos y se llevó la peor parte. Al separar a las señoras, que se estiraban de los pelos, se le echó una encima y más desquiciada que cuerda, comenzó a gritarle y a decirle de todo. Entre otras cosas, pepero y sinvergüenza (sic). Este hecho se considera probado por la justicia.

Andaba por ahí la hija de A., que acudió en auxilio de la sangre. ¡En mal momento! R. (uno de los contendientes de la pelea original) la agarró por el brazo derecho y la zarandeó, dejándole (cito) una zona ligeramente inflamada al tacto, por lo que precisó una primera asistencia facultativa y tardó en curar dos días que no fueron de impedimento para sus ocupaciones habituales. Vamos, que casi la mata.

El follón acabó en juicio y hoy anda toda la prensa ventilando la noticia. Porque el Juzgado de Instrucción número 2 de Murcia ha condenado a R. como autor de una falta de lesiones, por las que deberá pagar una multa de 90 euros y una indemnización de 60 euros a la hija de A., además de pagar las costas del juicio. ¿Es esto noticia? No demasiado, ocurre casi todos los días. Pero lo que viene ahora sí que es noticia.


El juez de instrucción también ha condenado a la mujer que llamó pepero y sinvergüenza a A. por falta de injurias, lo que la condena a pagar una multa de 30 euros. Los periodistas, al saber de tan singular condena, se han lanzado al anuncio de la noticia con grandes titulares. Condenada a 30 euros de multa por llamar pepero a un hombre, por ejemplo.

Hay más miga en el juicio, pero no interesa demasiado, la verdad, y todos los periódicos copian la noticia de las agencias. Los dos condenados han presentado un recurso de apelación, están en su derecho y era previsible. 

La señora que profirió tan graves insultos sufrió un ataque de ansiedad esa misma noche y recordó que A. también la había insultado gravemente (¿qué le habría dicho? ¿socialista?) y que fue A. (¡caramba!) quien habría provocado el incidente que dió inicio a la pelea. 

Pero el dictado del juez recuerda que la ansiedad que sufrió la insultante (cito) ni se ha justificado que atienda a una sola causa ni se ha concretado como persona causante de ese estado emocional a una determinada, ni cabe entenderlo más allá de lo que resulta ser efecto de una previa situación de tensión vivida, por lo que carece de proyección penal alguna. En otras palabras, que la señora perdió los nervios y no puede acusar de ello a nadie en concreto, sino a toda la situación en general. También recuerda que se preguntó a la insultante si quería denunciar las injurias que había proferido A. contra su persona. Como manifestó que no, el juez señala en su auto que no puede entonces aplicarse condena alguna.

R., el agresor condenado por una falta de lesiones, alega que la lesión de la hija de A. se da por probada con la declaración de un testigo. R. alega que se trata de un falso testimonio y que no existe prueba objetiva que demuestre la lesión de la que se le acusa. Además, añade, R. había sufrido una lesión producida por A. (el insultado) y por eso atacó a la hija de A., o algo parecido. Un sarao en toda regla.

El juez señala, respondiendo a R., que es inadmisible (sic) que no se haya denunciado antes a A. como causante de todo el follón o como agresor y recuerda que ni la Guardia Civil tenía claro quién había empezado la pelea ni por qué, que muchos trabajos tuvo en poner paz.

¡Vaya tangana que tuvo que organizarse en El Campillo...! Imagino a la pareja de la Guardia Civil acudiendo al lugar de los hechos y enfrentándose al percal. Ese día se ganaron el sueldo.


Lo único que queda claro después de este desagradable intercambio de pareceres en El Campillo, Murcia, es que llamarle a uno pepero es injuriarle. A tal punto está el patio de la política española. 

P.S.: Pepero es una voz que aparece en la vigésimo tercera edición del Diccionario de la Real Academia Española. La entrada dice así (pueden verla en www.rae.es): pepero, ra. (Del deletreo de la sigla PP 'Partido Popular' y -ero). 1. adj. coloq. Esp. Perteneciente o relativo al Partido Popular español. 2. adj. coloq. Esp. Afiliado al Partido Popular. U. t. c. s. Desde un punto de vista semántico, a algunos pudiera parecer que llamarle a alguien pepero y sinvergüenza es una redundancia y como tal, censurable, pero no pienso navegar en esas aguas.



Con el cañón torcido


No es broma, ¡era así!
Soldado aliado examinando un fusil StG 44 con un Krammer Lauf de 90º.

A poco que uno se informe sobre los intríngulis del nazismo, descubrirá que Alemania se convirtió en un Estado corrupto de arriba abajo, hasta la médula, tan completamente que cuesta de creer. Los miembros del NSDAP (el partido nazi) que alcanzaron alguna responsabilidad se enriquecieron exageradamente, y lo mismo puede decirse de los empresarios que trabajaron para ellos. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, esta corrupción generalizada obró en contra de Alemania (gracias a Dios). Puede verse a poco que analicemos la investigación y el desarrollo de nuevas armas.

El catálogo de inventos demenciales en los que se gastó mucho dinero y que no llevaron a nada útil son legión. Los intereses empresariales o políticos que arruinaron la producción de armas necesarias, también. Uno de los muchos ejemplos, y uno muy conocido, es el del fusil de asalto y el de su variante con el cañón torcido, que es la que nos interesa.

Soldado norteamericano sosteniendo un fusil Stg. 44 capturado al enemigo.

No es éste el lugar para hablar del desarrollo del fusil de asalto en Alemania. Baste decir que algunos oficiales del ejército desarrollaron una munición de fusil con el cartucho más corto, ideal para tirar con puntería a trescientos o cuatrocientos metros, y que de ahí nació el primer fusil de asalto de la historia, el Stg. 44. Pudo haberse desarrollado antes y fabricado en mayores cantidades, pero Hitler se había opuesto a su desarrollo por razones... La verdad, no se sabe muy bien por qué. Se emperró en prohibirlo. La cuestión es que una vez se vió lo bueno que era, Hitler cambió de opinión y el arma pudo fabricarse en grandes cantidades (que nunca fueron suficientes) hacia el final de la guerra. Demasiado tarde para Alemania.

Un soldado americano mostrando por qué un fusil con el cañón torcido.

Entonces, justo entonces, cuando la situación de Alemania era crítica, alguien salió con la idea de hacer un fusil que pudiera doblar una esquina (sic) y disparar contra el enemigo. Hablando claro, con el cañón doblado 90º, en ángulo recto. También podría servir para disparar desde una trinchera o el interior de un carro de combate o para tirar por una ventana sin tener que asomarse a ella. Uno pone el fusil en posición vertical y el cañón por donde sale la bala queda en horizontal. Se apunta con un periscopio y ¡pum! ¿Les parece una locura? Pues no es broma, a ello pusieron manos a la obra.

El padre de la idea del fusil con el cañón torcido fue un oficial del ejército alemán, Hans-Joachim Schaede, que trabajaba para el Ministerio de Armamento (o Municiones) y que se había destacado en la introducción de algunas mejoras técnicas en el diseño de carros de combate después de haber combatido en Polonia, Francia y el frente ruso. Fue premiado por ello en 1942. Entre ambas guerras, Schaede había heredado una fábrica de lavadoras en Saalfield y fabricando estos electrodomésticos había hecho su pequeña fortuna y dado trabajo a más de 500 personas. De ahí sus habilidades como técnico industrial.

Esta era la idea original de Schaede, la de disparar un fusil desde el interior de un carro de combate sin exponerse a las balas del enemigo, a través de una escotilla especial. Su experiencia en carros de combate le había convencido de la necesidad de un fusil con el cañón torcido.

En diciembre de 1943 cursó una petición para diseñar y fabricar un fusil con el cañón torcido, que permitiría a los tanquistas defenderse de la infantería enemiga sin tener que abandonar el carro de combate. Abrirían un poquito la escotilla, asomaría el cañón (torcido) del fusil y ¡pim, pam, pum! Usted o yo habríamos alzado una ceja, escépticos, pero Hitler se emocionó y apoyó el proyecto desde el principio con gran entusiasmo y la intención de fabricar a porrillo fusiles con el cañón torcido. Quería que todos los soldados alemanes puedan tener uno de estos fusiles (sic), aparte del reglamentario.

Detalle de la sujección del Krummer Lauf a la boca del fusil de asalto.
Se intentó aliviar la presión interior y el retroceso del arma sin demasiado éxito.

El invento de Schaede se vino a llamar Krummer Lauf (cañón torcido, en alemán), que también he visto escrito Krummlauf. Contó con el apoyo de poderosos empresarios alemanes. Por un lado, cooperó con Rheinmetall Borsig (RmB), fabricante de armas y cañones. Por el otro, Zeiss (el famoso fabricante de aparatos ópticos) se ofreció a trabajar en el periscopio que sería necesario para apuntar con el cañón torcido. Todo junto (el cañón torcido y el periscopio) se sujetaría mediante unas bridas al cañón de un fusil de asalto normal para convertirlo en una arma... singular, digámoslo así.

El proyecto llevaba un tiempo cociéndose. En otoño de 1943, Schaede ya realizaba experimentos con los cartuchos de 7,92x57 mm (la munición del fusil máuser) y de 7,92x33 mm (la munición corta para fusiles de asalto). Torció varios cañones y disparó una ingente cantidad de munición con todos ellos, con gran desperdicio de pólvora. 

Descubrió lo que ya podrían haberle dicho desde el primer momento. Para poder torcer el cañón en un ángulo de 90º, tenían que poder alargarlo. Más largo, más presión en la recámara después del disparo (porque los gases de la pólvora tardan más en poder escapar). Más presión, más velocidad del proyectil, que viaja por un cañón torcido. El retroceso...

Con la munición de un máuser, el cañón quedaba hecho cisco, inutilizado, a los cien disparos. El soldado que disparaba uno de estos fusiles se arriesgaba a que le estallara la recámara en las narices (literalmente). La bala salía rota en dos o tres pedazos después del viaje por el cañón y la puntería era casi imposible. Así que Schaede optó por el cartucho menos potente (el del fusil de asalto).

Aún así, el fusil de asalto resultante tenía un cañón medio metro más largo que el normal (además, torcido). Para que resistiera las fuertes presiones, era más grueso de lo normal (unos 25 mm de diámetro). Era pesado, incómodo. El primer prototipo no tenía periscopio y uno se pregunta cómo iban a saber dónde tiraban con él. 

Para sorpresa de todos, el profesor Wenninger, que trabajaba en el desarrollo de nuevas armas en RmB, hizo una demostración de ese artefacto ante varios oficiales del ejército el 6 de julio de 1944. A poco que miren en los libros de historia, uno se sorprende de que en esa fecha las empresas de armamento alemanas estuvieran perdiendo el tiempo en semejantes cachivaches, caros, difíciles de fabricar e inútiles. El profesor Wenninger lo pasó mal en la prueba, porque el retroceso del arma parecía una coz de mula. Se decía que un soldado podría dar la media vuelta disparando tres veces con él.

¿El resultado de la demostración? En agosto, el ejército solicitó 10.000 ejemplares del Krummer Lauf para sus fusiles de asalto. Pensaban especialmente en los soldados que viajaban en los carros de combate, que los emplearían para defenderse sin tener que asomar la cabeza al exterior. En septiembre, se encargó la fabricación de ¡20.000 Krummer Lauf al mes! En noviembre, Schaede fue ascendido a coronel y condecorado con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro... ¡por la invención y el desarrollo del fusil de cañón torcido!

Un soldado norteamericano disparando con el cañón torcido 30º.
Esta versión estaba pensada para infantería y contaba con un visor prismático Zeiss.

La infantería no podía emplear este fusil, porque no podía llevarlo encima sin que estorbara (imagínenselo). Seguían sin poder disparar desde las esquinas sin ser vistos. Así que Schaede mandó diseñar otro fusil de asalto con el cañón menos torcido. Esta vez el proyectil saldría desviado 30º. El cañón se alargaba unos 25 cm y su diámetro quedaba en una duodécima parte de eso. Además, podría adaptársele un lanzagranadas en la boca. Y le instaló (al fin) el visor prismático y punto de mira de Zeiss.

Éste era otro invento. Un juego de espejos se alineaban con el visor (metálico) del fusil y así podía uno tirar al otro lado de la esquina sin tener que asomarse. Pueden imaginar que no sería barato ni fácil de construir, pero empezó a fabricarse en serie a principios de 1945.

El equipo con el cañón torcido 30º y el visor prismático de Zeiss.
Sólo llegaron a fabricarse alrededor de 2.000.

Así es. En enero de 1945, el ejército encargó 30.000 fusiles con el visor Zeiss y el cañón torcido 30º para la infantería. ¡Y los que vendrían! Con Alemania patas arriba, invadida por todas partes, derrotada, proseguía el entusiasmo de Hitler por el Krummer Lauf y el desperdicio de recursos.

Se cree que llegaron a fabricarse unos 10.000 fusiles con el cañón torcido. La mitad con el cañón de 90º y la otra mitad con el cañón de 30º y el visor de Zeiss. Pero no más de 4.000 llegarían a las tropas en el frente, y uno imagina su cara al ver esos artefactos en vez de los fusiles de verdad que tanto necesitaban.

El arma es famosa entre coleccionistas y aficionados por su estrambótica originalidad. Los aliados probaron algunos de estos fusiles, capturados al enemigo. Dos de cada tres balas salían rotas por el cañón, habitualmente partidas en dos o tres trozos, y el retroceso era brutal. Pero la idea parecía funcionar y se podía acertar a un blanco a cien metros de distancia (al otro lado de la esquina). También descubrieron planos para otro fusil con un cañón torcido 40º en las oficinas de RmB, que no llegó a fabricarse en serie.

Hay opiniones para todos los gustos. Unas dicen que la producción en masa del Krummer Lauf podría haber tenido un gran impacto en el campo de batalla y costado miles de bajas. Otras, simplemente, se divierten viendo las fotografías del excéntrico fusil y lo tildan de inútil. 

Schaede fue apresado por los soviéticos y liberado después de diez años de cautiverio. Había sido acusado y condenado por el desarrollo de mejoras en los carros de combate alemanes... ¡y por la invención del fusil con el cañón torcido! Murió de viejo en 1967.

¿Creen que la idea ha pasado de moda? Éste es el Corner Shot, fabricado en Israel.
En vez de un visor prismático Zeiss emplea una cámara y una pantalla de video para apuntar. Con él se puede tirar al otro lado de la esquina con una pistola (como en esta fotografía), con un lanzagranadas (o lanzapelotas de goma), incluso con un fusil. Sin embargo, el cañón del arma no está torcido; sólo se tuerce la empuñadura.


El prisionero


Es una de las pintadas más originales que he visto nunca. Está en algún lugar del barrio de Pueblo Nuevo, en Barcelona, esculpida con hormigón en la pared de una vieja fábrica. Sus mutilaciones no han hecho más que acrecentar su expresividad. La verdad, impresiona.



Si es usted catalán, su ficha médica está en venta


En 2010, el gasto sanitario público en España era de unos 1.500 euros por habitante y año. En Cataluña, orillaba los 1.300 euros. El gobierno de CiU ha dejado ese gasto en poco más o menos 1.000 euros por habitante y año en Cataluña. ¡Es que no hay dinero!, me dirán, porque no nos lo dan, porque nos lo quitan... Veámoslo de otra manera. 

Si el ingreso de cada Comunidad Autónoma por habitante es 100, Cataluña ingresa entre 98 y 105, según el año. Está en la media. Hay comunidades que ingresan más por habitante (todas ellas más pobres que Cataluña) y otras que ingresan menos (entre ellas, Andalucía). 

Si el ingreso por habitante de la Generalidad de Cataluña está en la media española, sería lógico esperar que el gasto o la inversión por habitante en los servicios públicos esenciales también estuviera en la media. Estos servicios, recuerdo, los decide y gestiona la Generalidad de Cataluña a traves de sus presupuestos anuales. 

En tanto por ciento del presupuesto autonómico dedicado a sanidad pública, Cataluña es la 15.ª de 17 Comunidades Autónomas. Otro tanto ocurre en educación, servicios sociales y políticas de empleo. No es que gaste menos dinero por habitante, es que también gasta un menor porcentaje del dinero que tiene. Gasta menos y se esfuerza menos por gastar en sanidad, educación o servicios sociales. Bastante menos.

En pocas palabras, está muy por debajo de la media. Si no se gasta más dinero en la sanidad pública catalana (o en la educación, los servicios sociales, etc.) es, pura y simplemente, porque el gobierno de CiU prefiere gastárselo en otras cosas y el gobierno de ERC apoya activamente esta política. 

Las cifras son las que son y están a la vista de todo el mundo. También, el recuento de votos en el Parlamento de Cataluña. ERCiU está cargándose sistemáticamente el Estado del Bienestar... y no le importa a nadie.

ERCiU también está privatizando los servicios esenciales. Vende edificios públicos. Privatiza el abastecimiento de agua potable de cinco millones y medio de catalanes. Privatiza el servicio de ambulancias. Privatiza pruebas médicas, hospitales, servicios de asistencia, guarderías, asilos... ¡Carreteras! Pregunten por los peajes a la sombra y verán. Inspecciones técnicas o sanitarias. La gestión de los edificios públicos (mediante contratos de servicios energéticos, por ejemplo). Registros y reclamaciones. ¡Qué les voy a contar!

Pero el público permanece en silencio y sólo se alborota una parte del personal si enarbolamos banderas y le echamos las culpas a Madrid. La prensa catalana provoca pena y vergüenza, incapaz de denunciar el abuso y la corrupción que se esconde tras esta práctica de gobierno. ¡Si no supieron señalar a los Pujol en treinta años, qué podemos esperar de ella!

Está más que demostrado que la sanidad pública es más barata y eficiente que la sanidad privada. En España, en Europa, en todo el mundo. Pero ERCiU no lo cree así. Durante años, un sistema fundado por el señor Trias (hoy alcalde de Barcelona) posibilita que consorcios semipúblicos sean propietarios de hospitales, centros de asistencia, etc., y participen en la gestión sanitaria pública. En esos consorcios participan ayuntamientos y diputaciones, pero también se cuentan entre sus consejeros directivos de empresas privadas y lo más importante: el sistema escapa al control del gasto público. 

El juez del caso Innova (el ejemplo más lacerante de estos consorcios) dice en sus actas que el sistema está diseñado para facilitar la opacidad de las cuentas y la corrupción (sic) y la comisión Vilardell afirmó en su día que la racionalización de este sistema de gestión (i.e., su conversión en un sistema público convencional, para entendernos) comportaría un ahorro del 30% del gasto sanitario. Tal cual. 

Pero también es cierto que las familias próximas a CiU (Bagó, Sumarroca y compañía) tienen muchos intereses en el sector y están haciendo negocios de millones de euros con este sistema ineficiente y opaco. También hay que señalar que las consultorías que contrató don Baudilio Ruiz para privatizar el sistema sanitario catalán cuentan con antiguos altos cargos de CiU entre sus directivos (por ejemplo, Deloitte). Los Pujol hicieron su fortuna en la industria farmacéutica antes de dedicarse a la banca, no diré más.

Desde 2010, don Baudilio Ruiz, con el beneplácito del presidente Mas y el visto bueno de ERC, ha cometido destrozo tras destrozo en la sanidad pública catalana y sus recortes han sido mortales. Digo mortales porque es posible que nos hayan costado más de diez mil vidas. El incremento de la mortalidad desde que los recortes de ERCiU en sanidad se han llevado a cabo sale en unos cinco mil muertos al año. No hay razones médicas más allá del hambre o la miseria (que el consejero niega) o la falta de atención sanitaria que justifiquen este incremento de la mortalidad.

De vez en cuando, se abre un poquito de luz en un panorama tan oscuro y deprimente. El Parlamento de Cataluña dijo que no a la creación de un consorcio sanitario en Lérida, que permitiría privatizar la gestión sanitaria en la provincia. El Parlamento contaba con el apoyo de miles de leridanos, escandalizados por el plan, que se opusieron por escrito a él. Pero ¿qué ha hecho el gobierno de Mas? ¡Tira p'alante! Ha hecho caso omiso a la prohibición del Parlamento de Cataluña y por decreto y con desprecio por lo decidido en sede parlamentaria, inicia la creación de ese consorcio.

La prensa calla. Las suciedad civil (sociedad, perdón) calla. El pueblo mira hacia otro lado.

Lo que me ha sacado de mis casillas es el último proyecto de don Baudilio Ruiz y el gobierno de ERCiU. De nuevo se ha opuesto el Parlamento de Cataluña, pero de nuevo han acudido al decreto y han desobedecido a la mayoría parlamentaria. Sobre la mesa, privatizar los datos sanitarios de los catalanes. Para entendernos, su ficha médica.

Vamos a explicarlo mejor, para que usted lo entienda. El gobierno pondrá en venta su ficha médica. Qué enfermedades sufre o ha sufrido, qué problemas médicos tiene, con qué frecuencia está de baja o acude al médico... Venderá esos datos a quien pague por ellos, sin pedirle permiso a usted. En principio, serían datos anónimos, pero ya se ha demostrado que será fácil identificarlo a usted cruzando una o dos bases de datos accesibles a estas empresas. 

Se dice que esos datos servirán para la investigación médica, pero también por una empresa de seguros, por ejemplo. Lo que provoca más alarma entre los expertos es que podrán ser gestionados (sic) por una empresa privada.

Les pondré un ejemplo y verán. 

Durante años, los datos de la revisión médica anual que se lleva a cabo en muchos entes públicos de la Generalidad de Cataluña los está guardando una empresa dedicada... ¡a la selección de personal! Peor todavía, nadie informa a los trabajadores que han de solicitar explícitamente y por escrito que su ficha médica no sea empleada con otros fines que los propios de la revisión médica o que sea borrada justo después de efectuada ésta. El compromiso de confidencialidad ¿lo ha visto alguien? La Ley de Protección de Datos se la pasan todos por el forro, la Generalidad, las empresas, hasta los sindicatos.

La cuestión es que si usted busca trabajo, es fácil que aparezca su ficha médica en el proceso de selección. ¿Está de acuerdo? Eso sería ilegal, me dicen. Bueno, ¿y qué? ¡Ya nos conocemos! Si quiere usted contratar una hipoteca, donde hay que firmar un seguro de vida, podría encontrarse con un contratiempo imprevisto. Etcétera. Se han dado casos y más que se darán, y los afectados rara vez saben por qué les niegan un contrato de trabajo, una mutua sanitaria o un seguro de vida. 

Ahora imagínese que el Gobierno de la Generalidad de Cataluña venda los datos médicos de los catalanes y que la gestión de esos datos pase a manos privadas. Que no le pidan permiso, en ningún momento. Que no pueda oponerse a ello. Que no pueda decir a éste, sí, a éste, no. ¿Sabe usted como acceder a su propia ficha médica? ¿Por qué una empresa podría acceder más fácilmente que usted a sus propios datos? Yo creía haberlo visto todo, pero éstos me superan. No existe en toda Europa nada parecido.

La prensa calla. Las suciedad civil (sociedad, perdón) calla. El pueblo mira hacia otro lado. La constitución del juez Vidal niega el derecho a la salud de los ciudadanos y deja la sanidad pública en manos de empresas privadas, pero nadie es capaz de decirlo en voz alta. Don Baudilio Ruiz ha conseguido cerrar centenares de camas de hospitales públicos y echar a la calle a miles de médicos y empleados sanitarios, doblar la lista de espera para una intervención quirúrgica (180.000 personas en 2014) y amagar casos de corrupción que suman muchos, muchos millones de euros. ¡Aquí no pasa nada! Ni una manifestación, ni una portada en los diarios, ni una protesta formal... Nada.

Yo me hago cruces de tanta estulticia, de tanta maldad.

El primer Ferrari, un Packard (y III)


Un Packard 299 OHC Twelve restaurado.

Los primeros motores de doce cilindros en uve (V12) de Packard fueron diseñados por el ingeniero jefe de Packard, Jesse Vincent, en 1914. Pasó un año hasta que pudieron fabricarse los primeros.

En aquel entonces, el motor se conocía como Twin Six (o Seis Gemelos), porque había nacido de unir dos motores de seis cilindros en línea. Por razones que sería largo enumerar, los motores de seis cilindros son los mejor y más fácilmente equilibrados y la idea de unir dos motores de seis cilindros para hacer uno de doce cilindros resultó genial. El motor se había diseñado para mover grandes y lujosos automóviles, no automóviles de competición. Pero ¡ay! ¡Eso es que no conocían a Vincent!

El Packard de Ralph de Palma diseñado por Vincent, en 1917.
El mejor piloto y el mejor automóvil de su época.

Jesse Vincent llevaba las carreras y la gasolina en la sangre. Que coincidieran de Palma y Vincent fue sólo cuestión de tiempo, y eso sucedió cuando Ralph de Palma ganó en Indianápolis, en 1915.

De Palma corría con un Mercedes-Benz de carreras fabricado en 1914, un automóvil muy potente para los estándares de la época. Pero en 1915 Alemania estaba en guerra y los talleres de Packard fueron los que se encargaron de poner a punto el automóvil. En esos talleres, Vincent. El ingeniero metió mano en el automóvil alemán todo lo que pudo y más. ¡Salió a competir con una carrocería de Packard! Y ganó. De Palma saltó a la fama y Vincent aprendió a fabricar automóviles de competición.

El primer Packard de carreras de doce cilindros.
Vincent fabricó este bólido con piezas de segunda mano.

Jesse Vincent tenía un motor de doce cilindros sobre la mesa de dibujo y pensó en emplearlo en un automóvil de carreras. En teoría, era un motor para grandes berlinas y limusinas, pero ¡quiá! ¡Vas a ver tú ahora! Se hizo con un motor de pruebas, un chasis del almacén de Packard, tocó la compresión y el avance del encendido, cambió los pistones y las válvulas y c'est voilà! Un Packard de carreras con un motor Twin Six de 299 pulgadas cúbicas (alrededor de 4.900 cc), el 299 OHC Twelve. Un monstruo de Frankenstein que corría como el demonio. 

El Packard 905 de dos plazas en una sala de exposición de Packard en California.

Justo después de la Gran Guerra, Vincent preparó dos motores de 905 pulgadas cúbicas (unos 14.800 cc). Con uno de estos motores, Ralph de Palma batió la marca de la milla, todo un éxito. Vincent lo vendió, en 1921, por unos 10.000 dólares. Del otro 905 nunca se volvió a saber.

El equipo Alfa-Romeo en la Targa Florio de 1920.
Ferrari es el piloto del centro.

Ferrari, en la Targa Florio de 1920.
En aquella época, pilotar estas máquinas era muy difícil y peligroso.

Su adversario, el Packard 299 de doce cilindros.
En este caso, el de Ralph de Palma.

Eso nos recuerda que Packard vendió varios 299 en Europa, donde la Gran Guerra había desprovisto a los europeos (al menos, durante un tiempo) de fábricas de automóviles de carreras. Ferrari no tardaría en vérselas con un Packard.

Ferrari, después de una carrera. Agotado, sucio, y derrotado por un Packard.

Un Packard 299 de 1916, restaurado. El adversario invencible.

En noviembre de 1920, en Gallarato, no muy lejos de Milán, Ferrari, al volante de un Alfa Romeo, se enfrentó a un Packard 299 conducido por Silvani. Se afirma que el motor del 299 era el más ruidoso de todos los motores de competición de aquel entonces, y eso es mucho ruido. Así que llamó la atención de todos con sólo ponerlo en marcha. Luego, en carrera, voló muy por delante de los demás. 

Ferrari, en 1922, pilotando su Alfa-Romeo en Sicilia.
¿Se han fijado en la cara de susto del mecánico?

El Packard 299 de 1916, restaurado.
¿Se imaginan a más de 150 km/h en una carretera de tierra apisonada y bacheada con este coche?

En Gallarato, la velocidad media de Silvani fue de 158 km/h. Ganó. El piloto que quedó en segunda posición apenas hizo una media de 130 km/h. Ferrari se quedó de una pieza y fue entonces cuando afirmó ¡Yo quiero coches como éste!

El primer Ferrari, un Packard (II)


Ferrari y su Alfa Romeo, en 1920.

1920. En aquellos tiempos, Ferrari tenía que conformarse con un Alfa Romeo de segunda mano. Cuatro años después, se convirtió en el responsable de competición de la marca. Pasó el tiempo y montó su propia escudería. Después de la Segunda Guerra Mundial, construyó sus propios automóviles y consiguió al fin lo que siempre quiso: los movía un motor de doce cilindros diseñado por el ingeniero Colombo, como los doce cilindros de ese viejo Packard que seguía fresco en su memoria.

Ese Packard que tanto influyó en los primeros pasos de Ferrari merece que también nosotros le echemos un vistazo.

Ralph de Palma, su mecánico y su Packard 299 blanco en 1917.
La Gran Guerra había puesto fin a la competición en Europa, pero ésta proseguía en los EE.UU.

Hablar del Packard de 1919 también es hablar de Ralph de Palma. Nació en Italia y lo bautizaron Raffaello, pero a los diez años emigró a los EE.UU. y ahí le llamaron Ralph, y Ralph se quedó. En 1920, ya adulto, obtuvo al fin la ciudadanía nortearmericana. 

Nació con la velocidad en la sangre. Comenzó como ciclista, se pasó a las motocicletas y en 1908, a las competiciones automovilísticas. Era un piloto valiente y atrevido. Pronto se convirtió en un héroe en Italia (donde se le consideraba italiano a todos los efectos) y en los EE.UU. (donde era el ídolo de los inmigrantes italianos).

Ralph de Palma y su Packard Twin Six en Nueva York, 1916.
Con este coche ganó en Indianápolis un año antes.

Las cifras de su carrera son impresionantes. Participó en 2.889 competiciones automovilísticas y ganó en 2.557. Corrió con FIAT, Mercedes-Benz, Miller, Ballot y Packard hasta los años treinta. Se clasificó en las 500 Millas de Indanápolis en 1912 empujando el coche hasta la meta, porque se le había averiado a dos vueltas del final, cuando iba primero. Aunque ya era un piloto famoso, ese gesto lo convirtió directamente en héroe. En 1915, ganó esa carrera (la única vez en la que ha ganado un italiano, por cierto). Este año se cumplirán los cien años de ese triunfo y en Biccari, su pueblecito natal, están organizando un fiestorro de padre y señor mío.

Ralph de Palma y su Packard 905 batiendo la marca de la milla.

Pero ¡vamos al Packard! El 12 de febrero de 1919, en Daytona Beach, Ralph de Palma se sube a su Packard 905 especial con motor V12. Lo habían preparado para batir la marca de velocidad. Habían cubierto los radios de las ruedas con un tapacubos (por razones aerodinámicas) y sólo habían dejado un asiento, el del piloto. Esta vez, el mecánico se lo miraría de lejos, en tierra. Como era su costumbre, de Palma había pintado el Packard de color blanco, para verse mejor. 

Lo pusieron en marcha, se apartaron y de Palma partió a todo gas. No tardó en batir la marca de la milla. Atención: ¡en pista de tierra! Que entonces no había circuitos asfaltados. Esa marca de velocidad en 149,87 millas por hora, unos 241 km/h, fue todo un acontecimiento en los EE.UU. y en Europa. El Packard de Ralph de Palma ¡corría más rápido que los aviones de su época!

El primer Ferrari, un Packard (I)


Ferrari, una leyenda del automóvil.

En los años setenta, un periodista italiano hizo las veces de nuestro Joaquín Soler Serrano en RTVE. Artistas, políticos, escritores, fueron entrevistados por Biagi para la televisión y entre tantos personajes, Enzo Ferrari. Atención, porque Ferrari no solía dejarse entrevistar y la entrevista es una pieza de culto entre los ferraristas, que acuden a ella con frecuencia.

Ferrari como piloto. Aquí, en la Targa Florio de 1920.

El entrevistado recibe a Biagi en su despacho en Maranello, sentado en un butacón, una librería al fondo llena de revistas y catálogos de automóviles, luciendo esas gafas de sol que parecían inseparables del rostro de Ferrari. Habla lenta, parca y brevemente, sentando cátedra. Parece cansado. Tiene 77 años, habla de su vida, de sus automóviles, de los pilotos. 

Ferrari, a la izquierda, con chaqueta y corbata, en 1929.
Posa con un Alfa Romeo y los pilotos de su escudería.

La afición por los automóviles provenía de su infancia. En 1908, su padre le llevó a ver una carrera de automóviles y quedó fascinado para siempre. Pero el paso de la infancia a la madurez fue trágico y gris. Su padre y su hermano murieron durante la Gran Guerra. Él sobrevivió de puro milagro. Solo y desconcertado, probó suerte como técnico en la FIAT, pero no tuvo el éxito. que esperaba 

Ferrari y Conti, segundos en la Targa Florio de 1922.

En 1920, compró un Alfa Romeo y empezó a competir por cuenta propia, pero él mismo reconoció que nunca fue un gran piloto. Eso sí, pronto se descubrió que era bueno preparando los automóviles para la competición. Entonces y mucho después, prácticamente toda su vida, el Packard de 1919 le sirvió como inspiración. Eso confiesa ante las cámaras, muy serio.

La afición de Ferrari por los motores de doce cilindros se remonta a entonces, y en palabras del propio Ferrari, Cuando lo vi, supe que quería hacer coches como ése