Puigdemont con Ballesta no es Guillermo Tell


El Gobierno de la Generalidad de Cataluña delibera en una mesa redonda. Redonda. Lo sé, porque la he visto en los telediarios. Pero, sin Mas, la leyenda se ha ido a tomar viento y el procesionismo se ha quedado huérfano de leyendas artúricas, que ahora suenan a cosa rancia y de un pasado remoto. Era precisa otra leyenda, más chachi, más moderna. ¿Qué tal la historia de Guillermo Tell?

Así, aparece Puchi, a. Puigdemont, en plan ballestero que no se inclina ante el gorro de nadie, por muy Haubsburgo que sea. Busquen la leyenda y sabrán de qué gorro les hablo.

No hay Guillermo Tell sin Ballesta.

Lo que viene ahora no es broma: ¿cuál es la primera, la primerísima decisión política de Puchi? Intentar acertar en la diana del Ayuntamiento de Gerona con Ballesta, que jugosa manzana es ésa. Porque, no sé si lo sabían, Gerona tiene fama de ser la capital espiritual del procesionismo. Venga Ballesta, pues, y ¡allá va! Y pardiez, que le ha salido el tiro por la culata.

Todos bailan la música que toca Puchi.
En este caso, la obertura de Guillermo Tell, versión bufa.

Como en la ópera, lo mejor de este Guillermo Tell ha sido la obertura. Lo demás pinta un drama y no esperen, con estos cantantes, nada digno de ser oído. En la obertura tenemos el finale, que les sonará de las películas de indios y vaqueros, porque es un galop dinámico y vigoroso. En este caso concreto, la obertura interpretada por Puchi, a. Puigdemont, haciendo las veces de ballestero es un esperpento que de Mas va a más, a más, a más, hasta que revienta a carcajadas. 

Me limitaré a narrar los hechos. Tal cual.

Lo primero, lo primero que hace Puchi una vez presidente es escoger a un sucesor a la alcaldía de Gerona que ha dejado atrás. Porque no lo escogerán los gerundenses, sino él. ¿A quién escoge? A un histriónico personaje, el señor Ballesta (sic), el 19.º candidato en la lista de CiU. ¿Por qué Ballesta? Eso se preguntan muchos.

El señor Ballesta, prometiéndoselas muy felices.
En su mano, el bastón de alcalde.
A su vera, el micrófono que arruinaría la oportunidad de cobrar un sueldo.

Más razones hay para preguntar el por qué cuando se constata que CiU sólo sacó diez regidores y, les recuerdo, Ballesta era el 19.º candidato. Fue preciso que ocho candidatos (ocho) renunciaran a ser regidores (y que renunciaran también a sueldo y dietas). Además, otros nueve, que ya eran regidores, tendrían que renunciar a su derecho a la alcaldía, de la que estaban más cerca, para que el señor Ballesta pudiera ser escogido como alcalde sustituto de Puchi. Puchi dicit, CDC Gerundae facit

Cuentan en Gerona que la candidata número 17 (Roser Urra) se negaba a dimitir y que recibió una llamada del mismísimo Puchi en la que éste, después de soplarse el flequillo, le dijo aquello de que si me haces un favor, quizá te lo devuelva, pero si me lo niegas, verás la que te va a caer encima. Dimitió, como habían dimitido los demás. Ni uno solo de los dieciocho cargos electos tuvo las narices de defender lo que habían escogido sus votantes; si lo prefieren, ninguno tuvo las narices de defender lo que le correspondía en derecho. Al contrario: si el jefe se pone así, amén, y la vaselina va de mi cuenta.

La oposición protestó por el pucherazo. ¿Cómo? En vez de votar en contra (lo que hubiera sido natural), votó nulo, pidiendo más democracia, en vez de ejercerla. El resultado: la elección de Ballesta, con los votos a favor de CDC (calzonazos), nulos de prácticamente todo el mundo (ERC-MES, CUP, PSC, C's) y en contra del PP (que votaron en contra, por joder). Es que en Gerona, que me perdonen, son un poco raros y hacen cosas así. (También lo somos en Barcelona, no crean. Si les contara...)

En un vergonzoso acto de sometimiento y humillación, estas dieciocho personas que habían permitido la elección del Elegido no sólo renunciaron a sus derechos, sino que asistieron a la toma de posesión del señor Ballesta, nuevo alcalde de la ciudad por la gracia de Puchi y su ordeno y mando. Allá estaban todos, a sus órdenes, comiendose el orgullo y la vergüenza. Qué tragaderas.

Pero el acto de toma de posesión tuvo que repetirse otro día (sic) porque ¡el señor Ballesta se había olvidado de prometer o jurar el cargo! No es que prometiera ser alcalde con una fórmula extraña que luego alguien pudo impugnar, no. Es que se le olvidó prometer, y eso que leyó la fórmula de juramento que le habían preparado los procesionistas para dar la nota. Pero, claro, no la leyó toda, la nota... ¡y vaya si dio la nota! ¡No prometió nada! Tal cual. 

Así que ¡dos actos de toma de posesión! ¿No quieres caldo? ¡Dos tazas! Risas y más risas. La segunda vez, aprendida la lección, Ballesta prometió sin florituras, el 26 de enero. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, dijo el señor Ballesta, mientras tanto. 

La chirigota gerundense fue de órdago, y eso fue sólo el principio.

Porque hay que decir ahora que Puchi no cobraba el sueldo de alcalde. Ya cobraba el de diputado en Barcelona y le salía más a cuenta. Como alcalde hubiera cobrado un sueldo de unos 4.700 euros al mes y como diputado pasaba de los 5.500 al mes, sin pegar sello (prueba de ello es que podía seguir siendo alcalde de Gerona). Además, cobraba más de 28.000 euros al año por asistir a los plenos municipales. Es una práctica habitual, pero que nunca entenderé, la de pagarle a uno de más por hacer un trabajo por el que se supone que ya cobra un sueldo para hacerlo. Ay. 

Como Puchi no cobraba un salario del Ayuntamiento de Gerona (dietas aparte, que sí las cobraba), Ballesta tuvo que pedirlo. En vez de los aproximadamente 66.000 euros al año que hubiera cobrado Puchi (más dietas), solicitó cobrar 75.000 (más esos 28.000 de dietas, no se nos olviden). Para eso, tenían que aprobar el cartapacio de su programa de gobierno. 

Gerona, capital espiritual del procesionismo, es también el escenario de una batalla a cara de perro entre CiU, ERC, los socialistas reconvertidos en procesionistas (MES) y los muchachos de la CUP. De hecho, Puchi gobernaba Gerona con el apoyo ocasional del PP y Ballesta no se lo pensó dos veces a la hora de solicitar apoyo a los mismos y a C's (Ciutadans), que cuenta con un solo regidor. 

Se llegó a un acuerdo con PP y C's (pero con un sueldo de sólo 73.000 euros, más dietas) que Ballesta dinamitó la primera vez que pilló un micrófono, asegurando por su madre, que esté en los cielos, que él no se había vendido al unionismo y que el Ayuntamiento de Gerona continuaría con las labores de apoyo al procesionismo, dijeran lo que dijeran sus nuevos socios de gobierno. ¡Otra diana!

Ni que decir tiene que un día después de haber firmado el acuerdo, PP y C's habían dado por roto el pacto y abandonado a Ballesta. Si quería hacer proselitismo del procesionismo, que lo hiciera con sus amigos, pero no con ellos. ¡No podía decir otra cosa! Eso hay que reconocérselo. Si alguien abrió su boquita de piñón para cagarla en una frase, ¿quién fue?

Literalmente: a Ballesta no le llegaba el sueldo a final de mes.

Pero ERC-MES no quería ni oír hablar de pactar con CiU en Gerona y con Ballesta, menos. ¿No había preferido Ballesta pactar con el PP y C's? Pues allá se lo coma. De los muchachos de la CUP, mejor no hablar. Tenían razones más que suficientes para pedir la cabeza de los regidores de CiU, vista su interpretación de las palabras política social. El PSC se hizo el despistado y Ballesta, entre una cosa y la otra, se quedo compuesto y sin novia. Ni rebajándose el posible sueldo a los 66.000 euros que hubiera cobrado Puchi lo quiso nadie. Pidió ayuda a Puchi, ahora en Barcelona, pero Puchi se hizo el sueco y también hizo ver que no estaba en casa cuando le llamaban por teléfono.

Yo, como nuestro presidente, también me he sacrificado por el Proceso, llegó a decir, cuando vio que no cobraba un duro de sueldo. Cuando era funcionario de la Generalidad (en realidad, un cargo a dedo) cobraba más dinero del que les pido ahora, dijo también. Más de un gerundense le preguntó entonces por qué quería ser alcalde y alguno que otro más se preguntó qué cargo sería ése y qué peligros habían vivido todos con un responsable tan torpe como Ballesta al mando. Vayan y pregunten.

Al final, visto que a nadie le importaba el salario del señor alcalde, Ballesta se quejó. Me han acusado de pesetero, y no es verdad, dijo. Me han despedazado en la plaza pública, afirmó. El histrión y la pataleta adquirieron visos tan ridículos que la imagen del recién presidente de la Generalidad de Cataluña quedó en entredicho.

Ve con cuidado con una ballesta.
Si no sabes manejarla, es fácil que te pilles los dedos.

Puchi volvió a telefonear a diestro y siniestro, pero en Gerona nadie quería a Ballesta. Los socios de Puchi en Barcelona (ERC y la CUP) son sus enemigos declarados en Gerona, vuelvo a decir. Lo eran de Puchi y no lo iban a ser menos de Ballesta, puesto a dedo de manera tan asquerosamente descarada. Al final, Ballesta se ha rendido, ha dimitido y se ha largado, enviando a la mierda a todo el mundo (con algo de razón, no lo dudo), mientras el alcalde de Gerona lo decidían en Barcelona Puchi (CDC) e Iceta (PSC).

La nueva alcaldesa será, eso dicen los periódicos, doña Marta Madrenas, que no era la 19.ª de la lista, sinó la tercera. Algo es algo, pero está por ver cómo resulta este pacto tan raro. ¿Y cuánto cobrará? ¿Sólo los 28.000 euros de dietas o algo más? No lo sé. Veremos hasta dónde llega el pacto entre CDC y PSC en Gerona, capital y referente del procesionismo y escenario de la frenética y esperpéntica obertura de tan particular ópera en la que Guillermo Tell se ha quedado sin Ballesta. 

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