
Anteriores estudios demostraron que los espermatozoides tienen una proteína en su cabezón que reacciona con unos azúcares que desprende el óvulo. Simplificando, que no es el momento de dar lecciones de química, el espermatozoide se siente atraído por la dulzura del óvulo. Qué bonito, ¿verdad?
Lo que han descubierto ahora es que el óvulo está recubierto de una capa de cierto tipo de azúcar altamente pringoso y pegajoso. Cuando el espermatozoide, atraído por el dulce, da con el óvulo, queda literalmente enganchado a él. Atrapado. Y entonces ya es tarde, y se acabó lo de andar corriéndose la juerga con millones de amigos, arriba y abajo. ¡Fíate de quien te ofrece dulces!
La ciencia ha demostrado algo que ya sospechábamos, que el varón, incluso en su estadio más elemental, se deja engañar por cualquier hembra que le promete cariñitos.
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