
Pero, ay, el campamento base hace tiempo que no conoce personas, y uno abre la puerta del piso con aprensión. Teme por las goteras, los depósitos de agua vacíos, las cañerías que no funcionan, una casa llena de bichos, humedades, desgracias sin fin, capaces de amargar las vacaciones al más pintado. El autor manifestó un gran alivio cuando comprobó que los lares del hogar habían velado por esas cuatro paredes desde la última vez que las habitó, y sólo tuvo que pasar el plumero, la escoba y la fregona para poner un poco de orden y asegurar la salubridad imprescindible.
Con tan caseras ocupaciones, había empezado la aventura del método Malinowski.
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