¡Torna la bèstia!







Los indígenas andaban excitados y revueltos. Este año, ni pregones ni banderas ni santos ni nada. Este año, la Fiesta Mayor se iniciaba con la presentación en público del nuevo (quizá viejo) Drac.

El domingo 21 de agosto, se organizó un acto solemne al que tuve la suerte y la fortuna de participar en este evento. A la sombra de la estatua del Dr. Robert se levantó una tarima de color azul y se instaló un micrófono. Desde allí hablaría un representante de la Colla del Drac, un responsable del Consorcio del Patrimonio de Sitges y don Pep Pascual, el único al que de verdad me interesaba oír, porque, hubiera hecho lo que hubiera hecho, sería el blanco de todas las críticas después de haberlo hecho.

El señor Pascual se mostró modesto en su intervención y avisó que su obra (su restauración, perdón) no gustaría a todo el mundo. Serán muchas las críticas, dijo. Confesó que su propia hija le había dicho que el nou Drac és una merda (trad.: Papá, no me gusta cómo ha quedado), pero que él se sentía responsable de devolver a la Villa de Sitges una parte estimadísima de su patrimonio, y de devolverlo lo más parecido posible a su estado original, el de 1922.

Comentó un tanto las dificultades con las que tropezó durante su trabajo y recomendó que no se usaran petardos de mucho calibre para alimentar el fuego de la bestia, pero, mucho me temo, maldito el caso que le van a hacer al pobre hombre en eso de las pólvoras.

Entonces resonaron los tambores y los timbales del Drac, y se corrió el telón. En medio de los aplausos, el nuevo (quizá viejo) Drac salió a la luz y recibió los primeros vítores y aplausos de los indígenas. Mayores y niños aplaudieron lo mismo y las voces, en general, parecían satisfechas con el resultado de tan atrevida restauración, esperando a criticarla después.

El nuevo (quizá viejo) Drac reunió una multitud de indígenas. Si uno aplica la matemática de la Guardia Urbana de Barcelona, se reunieron en la Plaza del Ayuntamiento, no sé, del orden de medio millón de indígenas, si no más, sin contar con los forasteros, como un servidor de ustedes. Desde un balcón estratégicamente situado, se contaban dos o tres centenares de personas, pero esa cifra, que es muy alta, podría provocar la ira de los suburenses, que nunca admitirán haber reunido menos de unos miles para presenciar el acontecimiento del año. Por lo tanto, a las fotografías me remito y juzguen ustedes mismos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario