De confinamiento a confinamiento


La ISS, hogar de astronautas y cosmonautas.

El pasado 17 de abril, Andrew Morgan, Jessica Meir, ambos de la NASA, y Oleg Skriposhka , ruso, aterrizaron a bordo de una cápsula Soyuz MS-15 en las estepas de Kazajistán, poco más o menos que a las once y cuarto de la mañana, hora local. Como suele ser habitual, se transmitieron los aplausos y los mensajes de bienvenida desde el centro de control: ¡Buen aterrizaje! ¡Bienvenidos a casa!

Los dos astronautas y el cosmonauta (recuerden: los rusos son cosmonautas) se habían pasado nueve meses, nueve, en la ISS o Espación Espacial Internacional. Allí habían hecho lo que suelen hacer los astronautas y los cosmonautas en el espacio: experimentos, trabajos de mantenimiento, ejercicio (para intentar paliar los efectos de la falta de gravedad) y aguantar con paciencia y resignación el tener que pasarse días, días y más días en una lata de sardinas orbitando el planeta Tierra. 

Los goces de un astronauta (como los de un cosmonauta) son muchos, pero no son pocos los inconvenientes y el día del regreso se vive con gozo y nerviosismo. Más cuando uno se ha pasado nueve meses y pico flotando en el espacio. ¡Qué ganas de respirar aire fresco! De abrazar a la gente, de mirar a lo lejos (no desde arriba). También qué experiencia el volver a pesar, el sentirse débil, incluso el miedo escénico. Pero, por lo general, el regreso es bienvenido.

Pero ¡cuánto ha cambiado el mundo en estos nueve meses! 

La astronauta Meir a punto de regresar a casa. (NASA).

El procedimiento estandarizado de recoger a los astronautas (y cosmonautas) y llevarlos de vuelta a casa se ha visto gravemente alterado por la epidemia de covid-19. Los miembros del centro de mando y todos los que tenían que vérselas con los viajeros del espacio fueron sometidos a toda clase de pruebas y controles. El regreso a casa de cada uno no se hizo por el conducto habitual, sino dando muchos rodeos. Los astronautas (y el cosmonauta) estoy seguro que pondrían un poco cara de pasmo.

De regreso del espacio, se someten a una cuarentena, por si acaso. En esta ocasión, la cuarentena se ha alargado dos semanas más y, además, los astronautas (y el cosmonauta) se someterán a un confinamiento un poco más estricto. Pinta de tal manera todo el procedimiento que la astronauta Meir ha declarado que se siente más aislada ahora que cuando estaba ahí arriba, en una entrevista que le hicieron hace un par de días.

Todos quieren abrazar a sus familias, no van a querer, pero contemplan la situación con extrañeza. Más o menos como todos, ¿no?

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