Yo, Tarzán. Tú, Hays.


Quizá hayan oído hablar del Motion Picture Production Code, más conocido por el gran público como Código Hays. Fue, vamos a llamar a las cosas por su nombre, un código de censura.

El señor Hays.

William Harrison Hays, padre, o William H. Hays, nació en 1879 y fue presidente del Comité Nacional Republicano y Director General de Correos de los EE.UU., cargo que se ganó a pulso después de haber organizado la campaña electoral que llevó a la presidencia al presidente Harding. Eso, en los años veinte del siglo XX. 

Bien pronto abandonó Correos para meterse de cabeza en el mundo del cine. El sueldo bien lo valía. Fue el primer director de la MPPDA, siglas que, traduzco, son de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine de América. Estuvo al cargo de la MPPDA entre 1922 y 1945, cuando se jubiló. Hoy, la MPPDA se llama MPAA, o Asociación Cinematográfica de América. Su paso por la MPPDA fue de los que pasaron a la historia.

Resulta paradójico que la MPPDA se creara para evitar que surgiera una ley de censura federal en los EE.UU. Ya había surgido la Ley Seca y ahora se temía que tampoco pudieran verse tetas y culos en el cine. Así que el trabajo de Hays fue, por un lado, prometer que se haría limpieza en el cine (sic) y por el otro evitar que el Estado echara manos de las tijeras. Cobraba por ello 100.000 dólares de la época al año, que ahora serían, a ojo, un par de millones de euros, tirando por lo bajo.

Tuvo curiosos aliados. Los obispos católicos no querían que hubiera censura, porque no se fiaban de unos protestantes con tijeras. Preferían, como Hays, que Hollywood se censurara a sí mismo. Tan curiosa alianza no soportó muchas más libertades y Hays se enfrentó a un boicot católico y financiero por enseñar demasiadas carnes en la pantalla. Porque la censura federal no era católica, pero el cine de Hollywood lo era menos. 

Con todo, el fervor protestante a favor de las tijeras superó con mucho el fervor católico. Ya habían conseguido la Ley Seca y ahora que la habían visto derogada, buscaban otra causa moral a la que hincar el diente.

Visto el percal, Hays estuvo dando la murga a todos los estudios una y otra vez y al final consiguió redactar un código que los estudios de Hollywood se comprometieron a obedecer todos a una. Se trata, por supuesto, del famoso Código Hays.

Esta imagen violará prácticamente todo el Código Hays.
Se ven piernas, alcohol, una vida desordenada...

Era un código muy estricto y como todos los códigos de censura, vago y arbitrario. 

De entrada, había unos Principios Generales. En resumen, no podía dirigirse la simpatía del público hacia los criminales, el pecado o el mal, en general, y los personajes de las películas llevarían vidas correctas y ejemplares. Lo de violar a ley en la pantalla sería mal visto, tanto da que fuera una ley del sistema jurídico o la ley de Dios, y ya la tenemos liada, porque ya me dirán ustedes. Prácticamente toda la obra de Shakespeare queda fuera del Código Hays.

En detalle, se prohibía lo siguiente (y seguro que me dejaré algo): Los desnudos, los bailes sugestivos (sic), el consumo de drogas, la ridiculización o el papel de malvado de un sacerdote o pastor cristiano (católico o protestante), el consumo de alcohol, el detalle de las actividades criminales (desde forzar una cerradura o traficar con güisqui), la homosexualidad u otras inclinaciones sexuales desviadas (sic), las enfermedades venéreas, las palabrotas, un asesinato que parezca fácil, un asesinato brutal, un asesinato divertido..., escenas de venganza, el adulterio, la prostitución y el sexo ilícito (sic), el amor entre personas de raza diferente o amor mestizo (es decir, con negros), las escenas apasionadas, los besos largos, los besos lascivos, los besos como Dios manda, los besos con lengua, cualquier cosa parecida que estimulara (cito) el elemento más bajo y básico, maltratar a la bandera de los EE.UU., maltratar a todo lo que represente los EE.UU., tratar injustamente (sic) a otras naciones, la pena de muerte, la tortura, la crueldad con los niños, la crueldad con los mayores, la crueldad con los animales, las operaciones quirúrgicas, la sangre, las heridas y esencialmente, al fin, cualquier cosa que atentara contra los dictados del buen gusto (sic).

Todo, vamos.

Doña Bárbara pasándose el Código Hays por el forro, gracias a Dios.

El Código Hays hizo que muchos cineastas forzaran la máquina e insinuaran más cosas de las que se mostraban, proporcionándonos escenas de altísimo voltaje erótico o dramático en las que no se veía nada y se insinuaba todo. Pero fueron una murga, ésa es la verdad. Imagínense: Blancanieves y los Siete Enanitos tuvo problemas con el maldito código.

Betty Boop, víctima del código. 
Véanla antes y después de su aplicación.

En los años sesenta, la MPAA enterró el código e inventó la clasificación de las películas por edades. Hoy es un mal recuerdo histórico.

Los protagonistas de las películas de Tarzán, antes del código.
A Maureen se le ve el culo, ¿se han fijado?

Será interesante estudiar su impacto sobre el cine con un ejemplo muy llamativo, el de las películas de Tarzán. 

El Código Hays se redactó y aprobó en 1930, pero no se aplicó o comenzó a aplicar hasta 1934. Antes, pues, en 1932, se filmó y se distribuyó Tarzán de los monos (Tarzan the Ape Man), dirigida por W.S. Van Dyke. Tarzán era Johnny Weissmüller y Jane, Maureen O'Sullivan, que contaba entonces con 21 añitos. Se le veía todo.

Cuando digo que se le veía todo, es que se le veía todo.

La segunda película fue Tarzán y su Compañera (Tarzan and His Mate) y es de 1934. Es lo que llaman una película pre-code (anterior a la aplicación del Código Hays) y cuenta con una escena legendaria, la del baño del río. Ya saben: Jane conoce a Tarzán, Tarzán invita a Jane a bañarse en el río, se bañan, se lo pasan en grande, vienen los cocodrilos, etcétera.

La escena del río, tal cual.

Los productores filmaron dos veces esa escena. En una, Jane, Maureen O'Sullivan, estaba desnuda, tal y como vino al mundo. En la otra, vestida como Dios manda, con taparrabos arriba y abajo. Dicen que hubo una tercera toma, donde se le veían las tetas, pero no el culo, porque sólo llevaba taparrabos abajo. No consta que se haya podido recuperar.

Josephine McKim, una mujer extraordinaria.

Sin embargo, Maureen O'Sullivan fue doblada en las escenas bajo el agua por la nadadora olímpica Josephine McKim, que conocía a Johnny Weissmuller de los Juegos Olímpicos de 1928. No queda muy claro por qué Maureen O'Sullivan no se lanzó al agua. Unos dicen porque no sabía nadar muy bien y otros, porque exhibirse en pelota picada no entraba dentro de sus planes. Lo segundo es lo menos probable.

En los años ochenta, alguien recuperó la versión en la que McKim nada en pelota picada y la restauró, cosa que agradecemos muchísimo. 

El taparrabos creció a lo largo y a lo ancho con la aplicación del Código Hays.
Curiosamente, sólo el taparrabos de Jane. El de Tarzán no se movió.

Pero hubo más películas de Tarzán, del de verdad, Weissmuller. En total, diez más. A Weissmuller no le afectó demasiado el Código Hays, pero ¿se han fijado en el taparrabos de Maureen O'Sullivan?

Sin embargo, hubo violaciones encubiertas del código.
En esta escena, Chita aparece completamente desnuda.

Maldita censura...

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