Caravaggio en las calles


En su época, fue el artista mejor pagado de Italia. A tanto el palmo cuadrado, Michelangelo Merisi (o Merighi, Amerighi, etc.) da Caravaggio (donde posiblemente nació) era el pintor de moda en Roma, en los últimos años del siglo XVI. Los coleccionistas y los nobles romanos y florentinos pagaban lo que fuera por uno de sus cuadros. Los Aldobrandini pagaron doscientos escudos por la Magdalena Penitente, un óleo de tamaño mediano tirando a pequeño que costó lo mismo que decorar toda una capilla al fresco por un pintor de la Academia de San Lucas (el gremio de pintores de Roma). Pero... Ah, siempre hay un pero: Caravaggio sólo era conocido por la élite. El gran público no tenía noticia de sus cuadros.

Sus principales mecenas, el cardenal del Monte y Vincenzo Giustiniani, marqués de Bassano, intrigaron para que Caravaggio pintara el ciclo de San Mateo para la capilla Contarelli, en la iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma, para poder exponer en público su obra por primera vez. Era una operación arriesgada. En primer lugar, porque Caravaggio podría ser censurado por la Iglesia (de hecho, su primer San Mateo y el ángel fue rechazado por los hermanos del cabildo francés). En segundo lugar, porque las críticas de la Academia y el pueblo podrían ser adversas y el prestigio de Caravaggio podría arruinarse.

Pero Caravaggio triunfó. La Academia recibió sus cuadros con recelos y envidia, pero tuvo que tragar ante el gran éxito que tuvo entre los romanos y los peregrinos que acudían de toda Europa. Había nacido un gran maestro. Corría el año 1600. 

Caravaggio no tardó en independizarse. Desgraciadamente, la fama le sentó mal. Comenzó a tener problemas con sus clientes y con los esbirros de Roma. En 1605 mató a un hombre y se convirtió en un fugitivo de la justicia. Murió cinco años después, enfermo y atormentado, en un viaje de regreso con una docena de lienzos con los que pretendía comprar su perdón.

Una de las características de Caravaggio que más se valoró entonces y ahora (aunque por razones diferentes las de entonces que las de ahora) es su carácter popular. Fiel devoto a la chiesa povera (la Iglesia de los pobres) de (San) Filipo Neri, Caravaggio pintó al pueblo y para el pueblo. Sus modelos eran prostitutas, borrachos, gente vulgar, que hacían las veces de venerables santos y vírgenes. Los ricos mecenas consideraron esa excentricidad como algo moderno y revolucionario (también, peligroso a ojos de la censura eclesiástica y del orden de las cosas). El pueblo, simplemente, se veía retratado en los altares y el arte religioso nunca más pudo volver a ser el mismo de antes. 

Su popularidad en Roma, y en toda Italia, es difícil de comprender hoy en día, faltos de un referente parecido. Creó escuela y seguían imitándole incluso cuando su nombre había comenzado a ser olvidado. Se dice de él que fue el primer pintor verdaderamente barroco. Rubens, Ribera, Velázquez... conocieron su obra y la asimilaron.

Andrea Ravo reproduciendo un Caravaggio.

El carácter popular de Caravaggio ha estado siempre ahí y así lo ha entendido un pintor de grafitos, Andrea Ravo Mattoni, que es noticia en Italia por pintar las obras de Caravaggio en los muros de las ciudades. Ahí donde las pintadas exponen eso que han dado en llamar arte urbano, este grafitero reproduce (muy correctamente) algunas de las obras de Caravaggio.

Andrea Ravo ante un grafito del Descanso durante la huida a Egipto.

Sus razones son un tanto complicadas, porque el arte contemporáneo se distingue precisamente por complicar y retorcer su discurso, pero valga decir que responde a un proyecto llamado Urban Canvas (Lienzos Urbanos) de la Associazione WgArt, un grupo de grafiteros que se consideran (y son considerados como) artistas. Firman en ese grupo Sea Creative, Luigi Vin Semeraro, Etnik, Kraser, Urbansolid y compañía. Cuando acaba la perorata metafísica, habla claro y entonces se le entiende.

El prendimiento del Cristo en un viaducto, en Varese.
Su primer caravaggio.

El arte es un bien público y debe ser accesible y gratuito para todos, explica Ravo, que añade: Esto es lo más importante. Hemos combatido (sic) durante años para disponer de las paredes sobre las que pintar y nunca han sido suficientes. Espero que las instituciones públicas y privadas presten ahora mayor atención, y respeto, a esta expresión artística. ¿Cómo? ¡Reproduciendo lienzos de Caravaggio! ¡Toma!

Andrea Ravo Mattoni es natural de Varese, donde nació en 1981. Su padre era artista conceptual y comportamental (algo del comportamiento, supongo), además de ilustrador, aunque se ganaba la vida pintando figuritas, y su tío y su abuelo también habían sido ilustradores famosos en Italia. Lo lleva en la sangre, suele decirse. En 1995 se introduce en el mundo de los grafitos, pero también en la Academia de Bellas Artes de Brera y en el mundo de los galeristas y conservadores de museos. Será joven, pero su experiencia en arte contemporáneo es bastante notable, habiendo trabajado para galerías de Milán o Turín. Es, en fin, una joven promesa que ahora aboga por (cito) el retorno al clasicismo contemporáneo de la mano de Caravaggio.

Caravaggio con latas. Modernidad y clasicismo.

Su primer trabajo en esta línea fue El prendimiento del Cristo en el viaducto de una salida de la autopista, en Varese. Fue un encargo municipal y le han llovido muchos más desde entonces. Ha pintado en Milán, en Cerdeña, también en Sicilia... Ahí, por cierto, reprodujo en un muro el cuadro robado (y seguramente destruido) por la mafia, La Natividad con San Lorenzo, expuesta en Palermo hasta 1969, cuando desapareció. Toda una provocación, aunque Ravo dice de ella que la ha pintado para animar a la gente a conocer su cultura. En Sicilia, esto es pura dinamita.

No se lo creerán ustedes, pero pintar esto en Palermo es de lo más revolucionario y reivindicativo.

Lo cierto es que su apuesta por el arte clásico ha sido toda una revolución en el arte contemporáneo y ha tenido mucho éxito entre el público. La reproducción de obras de arte de toda la vida en muros de cemento de las barriadas y periferias de las grandes ciudades ha sido recibida con aplausos y como una reivindicación de la cultura popular, entendiendo popular como próxima al pueblo (accesible, podría decirse), no como cultura de chichanabo. Porque la gente se confunde muchas veces y cree que con regar de porquería a los pobres hay más que suficiente.

No sólo ha pintado a Caravaggio y respondió a un periodista de El Español (de donde proceden algunas de las fotografías que he reproducido aquí) que quizá pase por España y que reproducir un lienzo de Velázquez es algo que se le ha pasado por la cabeza. Sería interesante ver si aquí llama tanto la atención como en Italia, si pintar a uno de los bufones de Felipe IV en el extrarradio de Madrid o Barcelona sería tan revolucionario como en Sicilia o pasaría sin pena ni gloria.

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