Solaris (y un documento de la NASA)



He leído estos días un clásico de la ciencia-ficción, Solaris, de Stanislaw Lem (traducido por Joanna Orzechowska y editado por Impedimenta).

Solaris se publicó por primera vez en 1961, en Polonia. Ha sido llevada lo menos tres veces al cine, por cineastas soviéticos (dos veces) y norteamericanos. Es una novela intensa, abierta a la especulación del lector, de ésas que dan en qué pensar y que a poco de publicarse ya podía considerarse un clásico de la ciencia-ficción.

Cartel soviético de Solaris, de Tarkovsky (1972).
Se vendió como la respuésta soviética a 2001, an Space Odissey, de Kubrik.

He de reconocer que no leo demasiada ciencia-ficción. Hace años leí bastante, pero hacía mucho que no abría las páginas de una obra de este género. Solaris ha sido una buena elección. Plantea el asunto del Contacto, dicho así, con mayúsculas, y se pregunta si sería posible, y cómo sería, comunicarse con otra inteligencia. No es tan importante que sea extraterrestre, sino que sea extrahumana (si puede decirse así); es decir, ajena a nuestra manera de pensar, sentir y conocer.

Esbozo el argumento un poco por encima. Solaris es un planeta que gira alrededor de dos soles. Su órbita es anómala y los científicos creen que el océano (protoplasmático) que cubre el planeta algo tendrá que ver. Más que eso. Pronto descubrirán que el océano, todo él, es un ser vivo. No es que permita formas de vida en su interior, no. Él (ello), el océano, es el ser vivo. Pues allá va, a Solaris, Kris Kelvin, a sumarse a una estación de observación, y sólo llegar comprende que algo no funciona como Dios manda. Uno de los tripulantes se ha suicidado; otro, se niega a salir del laboratorio; un tercero se comporta de manera extraña; reina el desorden. Cuando despierta al día siguiente, descubre a alguien que no debería estar ahí... y hasta aquí puedo leer.

Es una obra abierta a muchas interpretaciones, de ésas que llaman psicológicas, con algunos fragmentos abiertamente filosóficos, pues la novela incide sobre la naturaleza humana y los límites de nuestro conocimiento. Como dice algún crítico, algunas interpretaciones de Solaris, aunque falsas o disparatadas, son per se interesantes (y lo mismo podría decirse de la solarística, la ciencia en la que trabajan los científicos de la novela). Quizá no sea apta para todos los públicos, pero es una novela muy recomendable y se adivina por qué es un clásico del género.

En mi caso, su interés se ha visto acrecentado por una razón extraliteraria. Ha caído en mis manos (en mi ordenador, mejor dicho) un libro editado por la NASA que habla, precisamente, del Contacto. Es un documento de descarga gratuita, un Official NASA eBook, accesible en www.nasa.gov/ebooks. Se titula Archaeology, Anthropology, and Interstellar Communication, está editado por Douglas A. Vakoch y pertenece a The NASA History Series, núm. NASA SP-2013-4413.

Trata temas apasionantes, como el de la vida en otros planetas, la antropología extraterrestre (etimológicamente, un oxímoron), las comunicaciones interestelares, la exobiología o la arqueoastronomía (i.e., la arqueología relativa a civilizaciones extraterrestres). Varios autores, todos ellos dignos de consideración, se enfrentan al mismo problema que planteó Lem en su novela. A saber: ¿es posible el Contacto? Incluso ¿cómo sería?

¿Hay alguien ahí? Que se ponga.

Una cosa es percibir o descubrir señales de inteligencia... Por cierto, ¿qué es inteligencia? Sigamos. Una cosa es percibir señales que no son de origen natural, pero otra es saber interpretarlas. Si hay algo o alguien ahí afuera, ¿podremos comprenderlo? Si nosotros mismos somos incapaces de comprender los textos de algunas culturas humanas hoy desaparecidas, que pensaban como nosotros (desde el punto de vista neurológico) y eran biológicamente indistinguibles de nosotros mismos, que vivieron separadas de nosotros apenas unos siglos, o unos cuantos kilómetros, ¿seríamos capaces de comunicarnos con una inteligencia (o lo que sea) no humana? ¡El tema tiene mucha enjundia!

En la película de Tarkovsky, un personaje se pregunta para qué necesitamos una inteligencia extraterrestre, si lo que necesitaríamos es un espejo para comprendernos a nosotros mismos. No está mal, ¿verdad?

A poco que sepa inglés y le interese este asunto, échele un vistazo al libro de la NASA. No se trata de un libro de ciencia-ficción ni de una tropa de sonados que creen que los platillos volantes vienen cargados de hombrecitos verdes. Se trata de una exposición seria de los problemas, las dificultades, las hipótesis... de científicos (y también de antropólogos y arqueólogos) alrededor de la cuestión del Contacto. Su lectura es fascinante y la casualidad de tener a Solaris en una mano y el libro de la NASA en la otra ha sido, en verdad, una casualidad muy afortunada. ¿Por qué hay quien sostiene todavía que la ciencia y las humanidades han de vivir enfrentadas?

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