La proeza del I-19


El protagonista de esta historia, el submarino I-19.

Hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, los torpedos navegaban en línea (aproximadamente) recta contra los buques enemigos. Existían máquinas que calculaban ángulos y velocidades y podía ajustarse la velocidad del torpedo, pero acertar era las más de las veces pura chiripa. Los torpedos magnéticos, filoguiados, o equipados con detectores de sonido vendrían después. He aquí, también, por qué los submarinos de la Segunda Guerra Mundial tienen cuatro o seis tubos lanzatorpedos en la proa. Si había que disparar sumergido y a distancia del enemigo, lanzaban todos los torpedos, se sumergían y salían pitando mientras cruzaban los dedos, no fueran a ser descubiertos. A veces, fallaban el tiro y podríamos narrar docenas de ataques incruentos.

A veces, sin embargo, tenían suerte.

El I-19 era un submarino japonés que quizá conozcan por haberlo visto en el cine. Spielberg filmó una comedia en 1979 titulada 1941. En esa película, un submarino japonés tiene la misión de bombardear Hollywood para minar la moral de los EE.UU. El submarino que protagoniza la película es el I-19, pero no tiene nada que ver con el verdadero I-19, les aviso.

 

El I-19 de veras era un submarino del tipo B, más concretamente, del tipo B1, derivado del tipo KD6. Que se entienda: era un submarino de alta mar diseñado para preceder al resto de la flota y realizar reconocimientos a larga distancia. Por eso tenía una catapulta desde la que podía lanzar un hidroavión de reconocimiento ligero (un Yokosuka E14Y) y una autonomía de 14.000 millas náuticas, ahí es nada. En superficie, podía superar los veinte nudos; en inmersión, ocho y gracias. No era pequeño: 2.584 tm de desplazamiento, 108,7 metros de eslora, etc. Su principal armamento eran seis tubos lanzatorpederos en la proa.

Un submarino tipo B1 preparándose para lanzar un vuelo de reconocimiento.

Situémosnos en el 15 de septiembre de 1942, al sur de las islas Salomón. En agosto, los marines habían desembarcado en Guadalcanal y alrededor de esta avanzada se desataron todos los infiernos y se sucedieron las batallas navales de día y de noche.

Marines en Guadalcanal.

Aunque los japoneses habían sufrido una severa derrota en julio, en Midway, todavía tenían más portaaviones y acorazados que los norteamericanos y fueron capaces de hacer mucho daño a la flota americana en la batalla de Savo, por ejemplo. Los japoneses perdieron un portaaviones el 24 de agosto (el Ryujo); el 31 de agosto, un portaaviones americano, el Saratoga (CV-3), fue torpedeado y averiado. Se sucedían las incursiones aéreas y las dos flotas se buscaban para darse un golpe mortífero, sin encontrarse.

De repente, el I-19 tropezó con la TF-61 (Task Force 61), el convoy militar organizado alrededor del portaaviones Wasp (CV-7). El comandante del I-19 ordenó disparar los seis torpedos de proa a mil doscientos metros del portaaviones y salir pies para qué os quiero y si te he visto, no me acuerdo. Eran las 1444 h., las tres menos cuarto.

Un minuto más tarde, el Wasp (CV-7) fue alcanzado por dos, quizá tres, torpedos, mientras repostaba sus aeroplanos y tenía los circuitos de repostaje llenos de gasolina de aviación. La catástrofe fue inevitable. A las 1600 h. (las cuatro de la tarde) el capitán abandonó el barco dejando tras de sí 193 muertos. El buque se hundió a las 2100 h. (ya de noche), torpedeado por un destructor de la escolta.

El Wasp (CV-7), herido de muerte.

Los otros tres o cuatro torpedos no acertaron el blanco, pero siguieron navegando en línea recta, a cuarenta nudos. Atravesaron la formación de la TF-61 y tropezaron con la TF-17 (Task Force 17) siete millas al noreste. ¡Siete millas!

El núcleo de la TF-17 eran el portaaviones Hornet (CV-8) y el acorazado North Carolina (BB-55). El O'Brien (DD-415) era uno de los destructores de escolta de la formación. Uno de sus vigías descubrió que se les echaba encima un torpedo. El destructor hizo un violento viraje y pudo esquivarlo. Mientras tanto, otro torpedo pasó rozando la quilla del crucero Helena (CL-50) y siguió hacia el O'Brien (DD-415), que habiendo esquivado al primero, no pudo esquivar al segundo. Fue tocado a las 1451 h.

Un torpedo alcanza al O'Brien (DD-415). Al fondo, arde el Wasp (CV-7).

El O'Brien (DD-415) sobrevivió a la explosión sin bajas propias. Con un severo daño estructural, hizo una travesía de 3.000 millas náuticas con dos escalas para reparaciones de urgencia, con la idea de ser reparado en la Bahía de San Francisco, pero no pudo ser. El 19 de octubre, la quilla cedió y el destructor se fue a pique. Se salvaron todos los miembros de la tripulación.

Queda un torpedo, uno que pasó por debajo del Wasp (CV-7) y siguió adelante. Éste pasó rozando al destructor Lansdowne (DD-486) y fue visto abriéndose camino hacia el acorazado North Carolina (BB-55).

A las 1452 h., el torpedo abrió un agujero seis metros por debajo de la línea de flotación del acorazado, a la altura de la torre de proa, matando a cinco tripulantes y abriendo un agujero de sesenta metros cuadrados (sic). El buque sobrevivió al impacto y pudo llegar a Pearl Harbour por sus propios medios, donde fue reparado.

El North Carolina (BB-55) en el dique seco de Pearl Harbour.

Mientras todo eso sucedía, el I-19 era perseguido y bombardeado. Se arrojaron ochenta cargas de profundidad contra el submarino, que logró escapar. Un año más tarde, el 25 de noviembre de 1943, no tendría tanta suerte.

El I-19 navegando en superficie.

Esta ha sido, hasta la fecha de hoy, la salva de torpedos más devastadora disparada por un submarino. Cuatro, quizá cinco blancos, con el resultado de un portaaviones hundido, un destructor severamente averiado (luego hundido) y un acorazado fuera de combate. Ningún otro submarino antes ni después ha logrado superar esta marca.

Pero hay más. El I-19 estuvo a punto de dar la vuelta a la guerra en el Pacífico porque al hundir al Wasp (CV-7) dejó a los americanos con un solo portaaviones en activo contra cinco japoneses. Gracias al I-19, los japoneses tuvieron al alcance de la mano el dominio del Océano Pacífico durante los primeros días de otoño de 1942, pero no supieron o no pudieron aprovechar la oportunidad y perdieron la guerra.

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