Cómo me alimento



Es lo último que esperaba de mi banco. Me envía un mensaje por correo electrónico que se titula: ¿Te alimentas de forma ecológica? ¡La madre! ¿Qué les importa?

El texto del mensaje sigue preguntando. ¿Eres de los que siguen una dieta ecológica?, insiste. ¿Disfrutas (sic) de una dieta vegetariana, vegana o kosher? Pregunto yo qué tiene que ver la comida kosher con todo esto, pero sigo leyendo. ¿Buscas los mejores productos aptos para celíacos y para los que sufren intolerancias? Entonces va y anuncia un 5% de descuento en una cadena de supermercados ecochachis si voy y compro comida en ellos con mi tarjeta de crédito, para concluir diciendo que es (cito) un espacio dedicado a todas aquellas personas sensibilizadas con la alimentación saludable. Todo ello adornado con numerosas faltas de ortografía, vale decir.

No entraré en el trapo, pero la gente confunde muchas cosas en relación con la alimentación. En primer lugar, que sea ecológica no quiere decir que sea saludable, ni lo contrario. Puedo comer ecológicamente y arruinar mi salud con ello, o puedo comer de manera sana y equilibrada zampando alimentos transgénicos, de granjas industriales y cultivos hidropónicos, pongamos por caso. Al revés, también. Se confunden muchas cosas cuando hablamos del comer. Hasta la misma palabra ecológica da para muchas interpretaciones. Lo de persona sensibilizada con la alimentación saludable también tiene miga, no diré más y lo dejo a la imaginación de cada uno.

Muchas cosas se confunden y hay quien se aprovecha de la confusión. A modo de ejemplo, un ecocultivo gasta más energía y ocupa más superficie por kg de alimento que un cultivo industrial y produce muchas veces más problemas de orden sanitario, porque muchos confunden lo ecológico con lo cochino y la tenemos liada. No tendría por qué ser así, pero las estadísticas cantan ópera. 

Además, el eco delante de cualquier palabra es algo que tiene que cogerse con pinzas y escepticismo, porque engaña las más de las veces. ¿Cuántos productos ecológicos no son sino los productos de siempre con otro envase? Y los que son ecológicos de verdad, sea lo que sea ecológico, ¿son realmente mejores productos? No quiero decir que un producto ecológico sea malo, pero no es más bueno que lo demás, en el mejor de los casos. 

No era ésta la cuestión. La cuestión era preguntarme qué narices le importa a mi banco qué como y cómo como. Y preguntármelo, además, con faltas de ortografía, que eso ya no hay quien se lo coma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada