Lecturas obligatorias



En una conversación informal sobre libros con algunos amigos y conocidos que se mueven en el sector libresco (editores de mesa y cosas por el estilo) ha surgido el tema de las lecturas obligatorias en la escuela. Ha habido consenso al decir que el recuerdo de esas lecturas ha alejado de los libros a muchas personas que, de otra manera, quizá se hubieran acercado a una librería. ¿Por qué?

Se han apuntado muchas causas. Una de ellas, que los libros escogidos son malos libros. Malos porque son malos en sí mismos, novelas mediocres o adaptaciones nefandas de novelas sublimes. Otra apunta a los profesores, que no son capaces de transmitir interés por la lectura. Cuando preguntan por el libro, lo que se pregunta tiene más relación con la comprobación de que lo has leído que con la opinión (razonada) que te merece. Se han señalado casos escalofriantes, de profesores tan poco interesados en la lectura como sus alumnos, que escriben con horrendas faltas de ortografía y que son incapaces de saltarse la rutina. La literatura (como las matemáticas o la filosofía) se enseña muy mal en los colegios, y luego pasa lo que pasa. 

También cabe señalar algo que no queremos reconocer: la competencia es feroz y quien quiera distraerse hoy y tenga a mano un videojuego... 

Llegados a este punto, uno se pregunta si prohibir determinados libros entre los adolescentes no promovería su lectura. Con una excusa típica y tópica, como que no estáis preparados para leer algo así, no os gustará, no os conviene... Es una opción. Por probar, que no quede.

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