La tierra que pisamos



Dicen que después de leer un libro hay que dejarlo reposar. Así, en frío, la opinión es más ecuánime y justa. Pues, qué quieren que les diga, no me da la real gana. Acabo de leer ahora mismo, como quien dice, La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco, y todavía estoy aplaudiendo. 

Admito lo que dicen algunos críticos: puede que no sea tan sorprendente o tan redonda como Intemperie, su primera novela. Dicen que los personajes son estáticos o que el final está cantado. Tonterías. Pero suponiendo que así sea, que no sea tan buena como su primera novela, sigue siendo fenomenal. En el peor de los casos, en el peor, es mucho mejor de lo que hay por ahí y pasa por bueno. 

También hay que señalar que, si uno escribe una primera novela como Intemperie y resulta ser bonísima, todos esperan la segunda para echarla por tierra y la presión del escritor es mucha. ¡Cómo disfrutan algunos críticos en esa segunda oportunidad...! Bah. La tierra que pisamos es una buena novela. Punto. No hay que darle tantas vueltas.

Lo que a mí me fascina de Jesús Carrasco no es la historia en sí que me está contando, que tendrá sus más o sus menos, sino cómo escribe. Su dominio del lenguaje es abrumador. Uno lee y parece que eso que ha leído ha sido fácil de escribir. ¡Mentira! Escribir como Jesús Carrasco no es nada, pero nada fácil. Su vocabulario es especialmente rico, al tiempo que su expresión es económica y precisa. Muy poca gente que esté viva entre los escritores que conozco puede escribir o escribe así. Da gusto leer a un escritor que domina el oficio, una vez cada tanto. ¡Qué envidia me da! 

En resumen, lean La tierra que pisamos. No tengo más que decir.

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