
Dicen que Paseos con mi madre es una novela, pero lo dicen por decir porque es difícil afirmar que sea tal o cual cosa, excepto un libro que merece la pena leer, que no puede dejarse de leer, que está escrito por un autor que escribe como quiere, y entiéndase esto como un piropo.
Puede leerse Paseos con mi madre como una colección de retazos biográficos, como una denuncia de la Cataluña invisible e inmigrante, como una poesia de barrio y suburbio, como un puro y duro ejercicio de narrar por narrar y dejarlas ir, como algo sencillamente fascinante, que nos da igual, de verdad que nos da igual, que sea novela, colección de artículos, pensamientos, biografías o ejercicios de estilo, porque encandila lo mismo sea una cosa o la otra.
Sí, Javier Pérez Andújar ha dejado el listón muy alto para cualquiera que quiera hacerse pasar por literato en Cataluña. Eso sí, su discurso levantará ampollas en más de uno. Allá él. Si te pica, es que ajos comes.
Si se fían de mí, lean a Pérez Andújar. Si no se fían de mí, léanlo para llevarme la contraria, pero léanlo, que lo merece.
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