Sin grúas ni andamios



Me gustan mucho los museos que son ellos mismos piezas de museo. El antiguo Cau Ferrat era uno de éstos, pero estuvo tanto tiempo abandonado a su suerte que un día las reformas pasaron de necesarias a urgentes, porque si no, se caía la casa. Tal cual.

De esas urgencias surgió un proyecto que prometía mucho, pero que ofrecía acabar con todo y dejar el complejo del Cau Ferrat, la casa Rocamora y el Maricel convertido en una pecera mirando al mar. Hablamos mucho de eso en su día y hubo mucha gente que se dejó el pellejo luchando para salvar el patrimonio de Sitges y luchar contra el mal gusto. 


Hice publicidad de esta empresa y me manifesté contrario a la fachada acristalada, pero apenas aporté un granito de arena. ¡Otras personas se dejaron la piel y reúnen muchos, muchísimos más meritos que yo! Por ejemplo, la autora de este magnífico blog, Beli Artigas (véase en http://criticartt.blogspot.com.es/). A partir de este sitio, irán descubriendo muchas más personas y asociaciones que consiguieron frenar lo imparable y reducir el daño. Les recomiendo la visita.

Las consecuencias de esta batalla contra el derribo y contra el mal gusto han sido años de andamios y grúas. Finalmente, el Racó de la Calma está al descubierto, de punta en blanco, por la Fiesta Mayor. Asomando las narices por la ventana, se nos cae el alma a los pies: el museo sigue vacío. Pero ¡todo se andará! ¡Ojalá que para bien! Y ojalá que se mantenga ese espíritu de museo caótico, de colección maniática y enfermiza de herrajes, chucherías, Grecos y dibujos de los amigotes de Rusiñol.


Sólo quería dejar constancia de la satisfacción serena y tranquila que me produjo enfrentarme de nuevo con las paredes pintadas de blanco, como recién estrenadas. Por un momento, regresé a mis mocedades.

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