La versión soviética de Sherlock Holmes


Arthur Conan Doyle escribió A Study in Scarlet (Estudio en escarlata) en 1887, no sabía la que le iba a caer encima. En 1890 publicó The Sign of the Four, la segunda novela con el protagonismo de Sherlock Holmes. En 1891 comenzó a publicar sus aventuras en el Strand Magazine. En total, Doyle escribió cuatro novelas y 56 relatos breves, que se recogen en cinco libros, narrando las aventuras de Sherlock Holmes y su amigo el doctor Watson. La fama del personaje superó cualquier previsión y sigue siendo apabullante y universal. 

Basil Rathbone, el gran Sherlock Holmes de Hollywood.

Se dice que Sherlock Holmes es el personaje más interpretado en la historia del cine. Se han contado 70 actores interpretándolo en más de 200 películas, pero no hemos contado su aparición en los tebeos, el teatro, la radio o la televisión. La película más corta, la primera, tenía un brevísimo metraje de 30 segundos y era muda. A partir de ahí, lo que quieran. 

Jeremy Brett, uno de los mejores Sherlock Holmes.

¿Los actores? Algunos resultan inseparables del personaje, como Basil Rathbone, Peter Cushing o Jeremy Brett (the definitive Holmes, a decir de algunos). Pero también encontramos a Roger Moore, Charlton Heston, Christopher Lee, Christopher Plummer, Michael Caine... Un larguísimo etcétera en comedias, tragedias, thrillers y películas de miedo protagonizadas por Holmes.

En medio de esta avalancha de interpretaciones destaca una, a través de once episodios para la televisión. Son las Priklyucheniya Sherloka Kholmsa i doktora Vatsona, que quiere decir Las aventuras de Sherlock Holmes y el doctor Watson, en ruso.

Livanov a la izquierda y Solomin a la derecha.
Sherlock Holmes y el doctor Watson, en versión soviética.

¿En ruso? Ah, sí, efectivamente. Entre 1979 y 1986, Igor Maslennikov preparó el guión y dirigió uno de los mejores Holmes para televisión; con los últimos capítulos, saltaron a la gran pantalla. El actor que hacía las veces del detective consultor era Vasili Livanov y Vitali Solomin hacía de Watson (un Watson magnífico, uno de los mejores). 

El guión sigue con bastante fidelidad las historias originales, aunque a veces mezcla algunas. Por ejemplo, en Inscripción Sangrienta, que es Estudio en escarlata, comienza con una escena de El Signo de los Cuatro y los dos episodios de 1986 mezclan cuatro de las aventuras holmesianas. Lejos de llevarnos las manos a la cabeza, hay que valorar el esfuerzo por mantenerse fiel al original, algo que no todos consiguen.

Solomin y Livanov en la campiña inglesa, que es en verdad la estepa rusa.

Se filmaron dos episodios en 1979, tres en 1980, dos en 1981 (El perro de los Baskerville, en dos partes), dos en 1983 y dos más en 1986 para la televisión soviética. ¿Y qué sucedió? ¡Que tuvieron un grandísimo éxito! 

Un éxito que es difícil de comprender desde este otro lado del Telón de Acero. De la noche a la mañana, Livanov, que era considerado un buen actor, pero que no contaba con el beneplácito del Partido porque era un tanto bohemio y hacía lo que quería, se convirtió en una estrella. De doblar películas de dibujos animados (tenía un registro de voz muy versátil) a interpretar a Sherlock Holmes... en ruso.

Sherlock Holmes también usa gafas.

Su interpretación de Sherlock Holmes es amable y humana y quizá nos sorprenda, tan acostumbrados a subrayar la vertiente maniática, excéntrica y antipática del héroe. A modo de ejemplo, el Holmes de Livanov usa gafas cuando lee y sonríe bonachón a la primera oportunidad. Quien haya leído los originales de Doyle, sabrá que este Holmes es también un Holmes canónico. En palabras del doctor Watson, Holmes podía ser el más amable y encantador de los hombres o sepultarse en el más antipático silencio.

Ahora piensen por un momento en Priklyucheniya Sherloka Kholmsa i doktora Vatsona, filmado en la antigua Unión Soviética, en lo más duro de la Guerra Fría con Reagan y Thatcher campando por sus anchas en territorio enemigo. ¿Filmar en Londres? ¡Imposible! Tuvieron que buscar una calle en un barrio antiguo de Riga que pasara por inglesa y colgar el 221 b después de bautizarla como Baker Street. Los carruajes, la campiña... Todo tuvo que improvisarse. ¡Y no se hizo mal! Hasta la música se inspiró (atención) en la sintonía de las emisoras internacionales de la BBC, que muchos rusos conocían... ¡pero que estaba prohibido sintonizar!

Hubo que hacer modificaciones en el guión. El doctor Watson era un médico militar, pero no venía de Afganistán, sino de algún lugar de Oriente, sin especificar. Porque en esos tiempos andaban los rusos matando afganos y no era cuestión de meter el dedo en la llaga. La censura también eliminó la afición de Sherlock Holmes por las drogas. El Holmes de Livanov no tomaba de vez en cuando una dosis de cocaína disuelta al 7% porque en la Unión Soviética nadie se drogaba y no había drogas y la sola mención de las drogas en un programa de televisión estaba prohibida. Así que tenía que conformarse con el tabaco y el té.

Escultura frente a la embajada británica en Moscú.
Los modelos del escultor fueron, ¡cómo no!, Livanov y Solomin.

El Holmes soviético no pasó desapercibido en Occidente. Los ingleses, supongo, se reirían mucho al saber que la televisión soviética filmaba las aventuras de Sherlock Holmes, pero les cambió la cara cuando pudieron verlas. Livanov y Solomin eran Holmes y Watson, sin duda alguna. La interpretación de ambos personajes fue aplaudida a rabiar y fíjense qué bien considerada fue que en 2006 Vasili Livanov se convirtió en Honorary MBE, es decir, en un Honorable Miembro de la Orden del Imperio Británico ¡por su interpretación de Sherlock Holmes!

¿Quién es? ¡Elemental!
Livanov, condecorado.

2 comentarios:

  1. Esta versión de las andanzas de Sherlock Holmes es magnífica. En mi modesta opinión, Una de las mejores que se han hecho (junto con la de Brett). Las interpretaciones son estupendas --desde el propio Holmes de Livanov, o el Watson de Solomin, al Mycroft de Kluyev, o al siniestro Moriarty --casi Nosferatu-- de Viktor Yevgrafov.

    Lo menos sólido, en mi opinión, las localizaciones urbanas exteriores, que no llegan a resultar suficientemente creíbles, ni consiguen transmitirnos la sensación de que nos hallamos en Gran Bretaña. Pero, por lo demás, no cabe duda de que Maslennikov y su equipo hicieron un trabajo extraordinario.

    Muy aconsejable, en todos los sentidos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, señor. Es magnífica y altamente recomendable.

      Gracias por leerme.

      Eliminar