Tao Te Ching



Lao Tsé se escribe Lao Tsé, Lao Tzu, Lao Zi, Laozi y más de uno ha españolizado el nombre y le llama Laocio, para evitarse líos. En verdad se escribe en chino, con unos ideogramas que no sabría poner aquí y una pronunciación a la que no llego, y lo correcto sería Viejo Maestro en vez de Laocio, que es la traducción comme il faut del nombre del caballero.

En las mismas estamos cuando escribimos Tao Te Ching, que también escriben Tao Te King, Dao De Jing, etcétera, con tildes aquí y allá, torcidas a un lado o al otro, según corresponda, que podría también traducirse (muy libremente) como El camino de la virtud, por llamarlo de alguna manera. Cómo somos que, si digo que me he leído El camino de la virtud, quedo como un cursi, pero si digo que he leído el Tao Te Ching, en cambio, mis contertulios ponen cara de interesantes y se inclinan ante mi sabiduría. Tontos, si se la creen.

Todo este lío porque una de las lecturas que más me ha cautivado estos últimos meses ha sido, precisamente, el Tao Te Ching. Es uno de los libros fundamentales de la filosofía, pero también de la poesía y de la religión, chinas. Es breve, es bellísimo, es a ratos críptico o esotérico, es en todos y cada uno de sus versos, fascinante. 

Es endemoniadamente difícil de traducir, y ya no les cuento lo difícil que es traducirlo bien. Por eso, aunque he leído la versión de Stephen Mitchell (traducida del chino al inglés), luego traducida al español por Jorge Viñes, a mi juicio estupendamente, no me atrevo a decir que sea la mejor, la peor, la más buena, la menos buena o qué, porque a tanto no alcanzo.

Un amigo mío, sinólogo aficionado, me ha aconsejado una versión publicada en inglés en no sé qué universidad norteamericana, dificilísima de encontrar, asegurándome que es la mejor. La he tenido en mis manos y el tocho es considerable, porque el sinólogo yanqui era amigo de anotar todos y cada uno de los versos con tremendas reflexiones sobre el significado de tal o cual ideograma. Seguro que le valió para sacar un cum laude en su tesis doctoral, pero tampoco creo que haga falta para leer el Tao Te Ching y pillar de qué va.

No caigan en esos excesos. Lean, simplemente. Les recomiendo encarecidamente leer el Tao Te Ching. Porque es bello, porque da mucho en qué pensar, porque es breve, también, y porque es una de las obras filosóficas más importantes de todos los tiempos. No diré más, y allá cada uno con sus lecturas y conclusiones.

Pero no puedo menos que explicar por qué el Tao Te Ching es tan difícil de comprender para algunos (chinos incluídos). La leyenda del porqué es china y me la contó ese amigo mío aficionado a la sinología. Posteriores investigaciones han dado por bueno el relato. 

Ahí va mi versión:

El maestro Laocio supo que estaba llegando el final de sus días y dijo a sus discípulos que marchaba hacia Occidente para bien morir. (Como imaginarán, hay un simbolismo detrás de esto, pues marcha hacia Occidente como el sol marcha hacia su ocaso, para morir ambos y dejar paso a la negra noche.) Lloran todos, etcétera, y parte Laocio en su largo viaje. 

Pero China es muy grande y Occidente queda muy lejos, así que el viaje del viejo Laocio fue largo, largo, larguísimo, hasta llegar a la frontera occidental de China. Después de dejar a tanta gente atrás y cuando ya daba por terminado su viaje, se encuentra con el aduanero que guardaba la frontera occidental. ¿Algo que declarar, maestro? Nada, nada, contesta Laocio.

Nada, una mierda. Toda esa sabiduría que llevaba consigo no podía salir de China así como así, para no volver. Así que el aduanero le dijo de ponerla por escrito antes de cruzar la frontera. Laocio, a regañadientes, accedió a dictar el Tao Te Ching

Aquí comienzan los problemas. Laocio era viejecito y ya no tenía dientes. Pronunciaba muy mal y casi no se entendía lo que decía. Para empeorar las cosas, el aduanero era sordo, y Laocio decía tal y el aduanero entendía cual, y así, gritando uno que no se le entendía y escribiendo al dictado el que apenas oía, de mal decir a peor copiar, salió el Tao Te Ching como salió, que no lo entiende nadie. 

Ésa es la leyenda, y tal es el cuento. No tiene nada que ver con la realidad, pero es una humorada muy divertida. Lo menos los chinos se ríen mucho explicándola.

El Tao del que puede hablarse no es el Tao, empieza el libro. Y sigue. Léelo.

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