¡Ya tengo el título!



Aquí lo tienen. Es un título despampanante. Dice que he superado con éxito un curso on-line sobre los principios básicos de la homeopatía, expedido por una multinacional (iba a decir farmacéutica, pero no) que se forra vendiendo bolitas de azúcar a precio de oro, literalmente, que se llama Boiron. 

Detrás de este negocio también aparecen médicos y farmacéuticos que o bien son unos ignorantes o bien unos canallas, sin descartarse que puedan ser a la vez una cosa y la otra. Si creen que la homeopatía cura, malo; si no se lo creen, pero engañan al público para sacarse unas perras, malo también, si no peor. Algo parecido podríamos decir de las autoridades que no molestan ni impiden el engaño o de los tipos que, sin preparación científica ni técnica de ninguna clase, se meten a recetar bolitas de azúcar a personas que quizá necesitarían atención médica. Las bolitas de azúcar son inofensivas en sí mismas, pero si uno reparte bolitas de azúcar en vez de un medicamento necesario, pueden ser muy peligrosas.

Ya les adelanto que este diploma que ven ahí arriba, tan impresionante, es falso, tan falso como sostener que la homeopatía es una medicina científica. No. La homeopatía no se asienta sobre hechos comprobados y sometidos a refutación, sino sobre afirmaciones que no han podido comprobarse y que han sido sobrada, constante y repetidamente refutadas. Uno me dijo que es una medicina basada en creencias, no en hechos, como tantas otras. También podríamos hablar de la medicina estampitalógica, ya puestos: si te duele el riñón, estampita a San Dimas; si el duodeno, estampita a Santa Úrsula,; etcétera. Depende de cómo se defina medicina, vale, aunque me da repelús decir que la homeopatía es medicina.

Este diploma viene a sustituir uno que perdí, también expedido por Boiron, prácticamente idéntico a éste, que me autorizaba a recetar bolitas de azúcar... quiero decir, perdón, remedios homeopáticos. Se obtenía después de pasar un curso on-line, que entonces comenzaba a ponerse de moda. Uno entraba en un web de Boiron, pasaba unas cuantas páginas leyendo tonterías sobre lo similar que cura lo semejante y pasaba a un examen tipo test de diez preguntas. Todo gratuito. Pasé de leer los apuntes de Boiron y fuí directo al examen final. En un cuarto de hora había impreso mi diploma, muy parecido a éste. Saqué un diez sobre diez en el examen. Fue genial. Todavía me estoy riendo.

Un diez sobre diez... No me apunto méritos. Una persona cualquiera habría sido capaz de superar mi nota.

En la oficina donde trabajaba entonces había una compañera que estaba estudiando (sic) Reiki. Llevaba un año con el asunto de la imposición de manos y pronto le iban a dar el diploma de reikióloga, o como se diga. Por supuesto, no tenía ni idea de medicina en particular ni de ciencia en general. Ni la más remota idea. Confundía la artritis con la artrosis y proponía curar la artritis meneando los huesos con osteopatía, lo que evidenciaba una soberana ignorancia sobre la enfermedad. No distinguía un virus de una bacteria y no tenía muy claro para qué servía un antibiótico o qué era la diabetes. Pero ella quería curar a la gente imponiendo manos gracias a las enseñanzas del maestro Taneng Gañao, o así. Sus apuntes eran un compendio de sandeces y frases sin sentido, y no hacía falta ser médico para verlo. Con tener la cabeza sobre los hombros había más que suficiente para oler la tontería. Tremendo.

Yo no me privé nunca de decirle que eso del Reiki eran cuentos de vieja y una tomadura de pelo. ¿Cuánto había pagado por el curso de marras? Ella respondía: ¿Y tú qué sabes? No hacía falta saber mucho para ver que eso era una tontería, pero, en fin... Un día volvió a echarme en cara mi ignorancia y yo le respondí con mi diplomatura en homeopatía. ¡Caramba! La dejé impresionada. No volvió a discutir conmigo nunca más de holística o imposición de manos.

En fin, que si usted no se siente con ánimos, compre gominolas y chuches y no vaya a la farmacia. Azúcar por azúcar, le saldrá más rico y muchísimo más barato (mientras no abuse de los caramelos, que lo llevarán de cabeza al dentista). Y si le duele, carajo, vaya al médico, pero a uno de verdad.

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