
Por no estar seguros, no están siquiera seguros de que el satélite haya llegado hasta el suelo (o el mar). Las probabilidades de que se haya incinerado en su entrada orbital, y más si ha cambiado de posición, son muy elevadas. Con todo, el Gobierno de los Estados Unidos ha emitido un comunicado que recuerda que el satélite UARS es de su propiedad. Si alguien lo encuentra, que no lo toque y avise a las autoridades. Que no se lo lleve a casa como recuerdo. Si no, vendrán los hombres de negro y se lo comerán crudo.
Nadie ha desmentido todavía las declaraciones de Ebenezer Augusto Serenghetti, un argentino afincado en Riudellots de la Selva, que sostiene que el UARS le ha caído encima (no exactamente encima) y le ha chafado la tomatera. Sostiene, don Ebenezer Augusto, que oyó unos ruidos extraños en el huerto, salió a ver y se encontró con un montón de chatarra en el patio. Los mossos, después de interrogar a don Ebenezer Augusto en comisaría, serán indultados en fecha próxima.
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