El sector crítico



Cuando uno habla de un partido político cualquiera en España, es fácil que alguien acabe mencionando al llamado sector crítico. Lo de sector crítico siempre me ha llamado la atención. Se dice de tal manera que uno imagina un contubernio clandestino de militantes perversos y malintencionados, salpicado de personajes à la Trotsky, con gafitas redondas, pinta de intelectual y mucha mala leche.

Esto es así porque la idea que tenemos en España de un partido político es la de un caudillo o líder patrio, aupado por una camarilla de fidelísimos seguidores (que se apuñalan entre sí día sí y día también) y adorado por una masa informe de militantes. Se vota a la búlgara y se gobierna a golpe de ordeno y mando.

Pero esos militantes silenciosos que asienten y aplauden tienen, en principio, voz y voto. Ahora bien, si alguno de éstos tiene la ocurrencia de insinuar que el Gran Líder, Faro y Guía de Nuestro Partido se equivoca, aunque se equivoque en una menudencia así de chiquitita, ¡ya la hemos liado!

Así nace el llamado sector crítico. Suele acabar mal. Unas veces, el militante puñetero se ve privado del carné del partido y escarnecido por su herejía. No lo matan porque no pueden, aunque se han dado casos. Otras, sufre el ostracismo. Tal como está el patio, el sector crítico sólo puede hacer dos cosas: el ridículo o imponerse. 

Sólo algunos díscolos permanecen. Unos, porque tienen poder; han sido ministros, diputados, tienen muchos amigos importantes y consiguen muchas comisiones bajo mano. Éstos son muy jodidos y pueden hacer daño, porque tienen acceso a los dineros y a la televisión. Otros críticos son pintorescos, hasta necesarios. Son los bufones de la corte. Un escritor, un actor o una celebridad militante en el partido viste mucho; a éstos se les permite la crítica, no se concibe su militancia en caso contrario y ¡tranquilos! Rara vez tienen poder en el partido y ¿quién les hace caso? 

Según la RAE, la crítica es un examen o juicio acerca de alguien o algo, y será crítico quien ejerza la crítica. El sector crítico de un partido sería, pues, el conjunto de militantes que juzgan o examinan el discurso o las propuestas de sus delegados. En un mundo ideal, el sector crítico de un partido sería el conjunto de militantes de ese partido. Así tendría que ser. 

Pero en este país, el que se mueve no sale en la foto. Eso da en qué pensar cuando hablan de crisis política, de falta de democracia y tal. Se exigen medidas legislativas para una regeneración democrática (sic), como las listas abiertas, las primarias, el voto asambleario y otras zarandajas, que no digo que sean buenas o malas, mejores o peores que otras medidas, que podrían ser incluso necesarias, pero ¿y si no fuera eso? Solamente eso, quiero decir.

Quizá nos convendría actuar. Participar. Criticar. Sería bueno que los militantes de todos los partidos políticos, sindicatos y demás ejercieran de militantes críticos. Que alzaran su voz. Que hicieran propuestas y lucharan por ellas. Que organizaran debates y ponencias. Que escucharan. Pero si la gente no participa ni quiere participar, si la gente prefiere escoger entre algo que cocinan los demás, ¿de qué va a servir lo que podamos hacer para que participe, si no participará?

Es una asignatura pendiente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario