La murga de los momentos históricos


¿Qué es un momento histórico? Un momento que merece ser anotado en los libros de historia. Se emplea para señalar algo que está pasando ahora que se supone tan importante que los historiadores futuros no podrán dejar de notarlo o anotarlo. La pregunta no es lo que es, sino qué puede ser un momento histórico. 

Un momento histórico en ciernes, y lo sabían.

En ocasiones, algo muy gordo se adivina que será un momento histórico. Por ejemplo, cuando el hombre pisó la Luna o cuando se dejó caer la bomba atómica desde la panza del Enola Gay sobre el Japón. Pero la mayor parte de los momentos históricos pasan desapercibidos para los contemporáneos. Un descubrimiento científico, una obra de arte, un manifiesto político, la creación de una empresa, una decisión económica... que dejarán una huella clara en la historia pasan por nuestro lado que no nos damos ni cuenta. Suelen ser, ahora mismo, insignificantes.

Los contemporáneos somos así, no nos enteramos de nada de lo que nos está pasando y no distinguimos lo esencial e importante del ruido de fondo. En parte, porque carecemos de perspectiva (y no podemos tenerla) y en parte, porque nos deslumbramos con acontecimientos que nos parecen el no da más y que serán la chirigota de nuestros descendientes, si alguna vez se fijan en ellos. Somos carne de anecdotario e inanidad. Pero hay un vicio mucho peor, que es insistir en que tal cosa que hacemos o decimos es (no podría ser, es) un momento histórico. ¿Por qué? ¡Porque lo digo yo!

En Cataluña nos han apabullado con un montón de momentos históricos en los últimos años. Eran tantos los momentos que se proclamaban como históricos que, a decir verdad, uno se preguntaba (y sigue preguntándose) si no serán momentos histéricos. Tanta historia junta no suele darse, la verdad. Ni en los mejores tiempos de Roma se sucedían los momentos históricos a semejante ritmo. Quien haya sufrido esta murga, ya sabe de qué va y tiene dos opciones: sumarse a la histeria (con frustración final) o sumarse al escepticismo (frustrado, de entrada).

El otro día entrevistaron en televisión a uno de los máximos promotores de tantos momentos histórico-histéricos, el señor Mas. Fíjense qué poco hace que ya no manda. Pues fue verlo en televisión y exclamar ¡Qué antiguo todo! Qué pasado de moda. Qué viejo. Qué rancio. Ni historia ni momento histórico ni nada. Bastan pocos meses para que el olvido sepulte tantos pretendidos momentos históricos. Ya me dirán de aquí a unos años si no tengo razón. Si la tengo, ni se acordarán de habérmela discutido y se amagarán tras el olvido, su tabla de salvación. Si no la tengo, ya me daré cuenta solito, no se preocupen, porque la historia se me habrá echado encima.

Por eso, curado de momentos históricos, atiendo a una entrevista que le hacen a un político de izquierdas. Ya saben que la situación política en España está chunga. No ha podido cimentarse el gobierno Picapiedra (de Pedro y Pablo, como gustan llamarse) y de Mariano, mejor no hablar, que sentado en la puerta sin hacer nada, contempla los cadáveres de sus enemigos. Todos barrían para casa y ninguno ha sido capaz de ceder o llegar a un acuerdo para sacar el país adelante. Ésta será una legislatura breve, que habrá sido incapaz de escoger gobierno (cuando acabe, que oficialmente todavía no ha acabado). En junio, regresamos a los colegios electorales, para ver qué sale, y todo parece señalar que saldrá muy parecido. Lo que salga luego en verdad ya lo veremos, porque las encuestas las carga el diablo.

El tipo entrevistado estaba a favor de una cosa que llaman confluencia, me parece, que suena a gripe. Mire, que me ha dado una confluencia... Lo que digo siempre: ¿tanto cuesta hablar claro? La cuestión es que Podemos, Izquierda Unida y una legión de confluencias (si no lo digo mal) podrían unirse y sumando votos o diputados sacar más que el PSOE y quizá, quizá, tener suficiente fuerza como para formar un gobierno de izquierdas. ¡Suerte! Pero ¡ay! Salió a relucir el momento histórico, el momento en que eso ocurrirá (el entrevistado lo da por seguro). ¡Un momento histórico! ¡Otro! Éramos pocos y parió la abuela. Aquí nadie aprende la lección, por lo que se ve.

Éste es un momento histórico, ha dicho el personaje, como cuando juega la Selección Española [de fútbol, de qué, si no], que reúne jugadores de varios equipos, ¿no? Pues nosotros haremos lo mismo con las confluencias. Chachi. Se ha retratado. Nos ha retratado a todos.

De esta respuesta (que podría haber salido de la boca de Mariano, por cierto, cambiando confluencias por otra cosa cualquiera) se extraen varias conclusiones:

1) Un momento histórico es cuando juega la Selección Española (de fútbol).
2) Los jugadores de la Selección Española (de fútbol) son de más de un equipo (de fútbol).
3) Las confluencias son, para entendernos, los jugadores de esos equipos de fútbol llamados por el seleccionador (¿y quién es el seleccionador y quién lo escoge?).
4) El objetivo de la alianza electoral de Podemos, Izquierda Unida y compañía es meter goles a los equipos que no han podido formar parte de la Selección Española (de fútbol).
5) Política es fútbol.
6) El objetivo de la política es meter goles y entretener al público. Ya lo decía Mariano, gran aficionado al balompié y lector de Marca.

Uno se pregunta, finalmente, a quién meterán los goles.

Confeccionando las listas electorales.

Mi hastío por el fútbol y mi escepticismo ante los momentos históricos no contribuye, precisamente, a la serenidad con que he de afrontar los días que faltan hasta que me llamen a las urnas. Nos esperan días muy duros, y tanto da que mis lectores sean de izquierdas, de derechas o incluso futbolistas, que el aviso vale para todos.

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