Suicidio asistido


El fundador y el delfín, o el del fin, según se mire.

Será cosa de ver y maravilla de académicos el proceso de creación, crecimiento, apoteosis sostenida, decadencia y catastrófico fin de CiU, pero eso será de aquí a unos años, cuando pueda contemplarse fríamente. Lo de sostenida valga por su permanencia en el tiempo y por el sostén que recibió de fondos públicos. 

Fue creada por el responsable del mayor descalabro bancario de la historia de España (el de Banca Catalana). Su intención fue la de hacerse con el poder y su utilidad, evidente: crear un mecanismo de control que se iba a nutrir del cobro de comisiones aquí, allá y acullá. El partido fue, y sigue siendo, un entramado mafioso-familiar-clientelar de corrupción y trapicheos que pone los pelos de punta. Cuando por fin se enfrentó a una situación que reclamaba la mayor inteligencia y diligencia (la de una crisis económica como no se había visto otra en decenios), se inició un proceso de suicidio asistido, con un echar p'alante desbocado y oportunista que desvió la atención hacia otra parte y que ha llevado al partido a la insignificancia política y moral y al resto, a la mierda. 

En el último episodio de tan lamentable historia, dos tercios de la mitad de los afiliados votaron cerrar el partido (lo que permitirá evadir deudas millonarias) y volver a crear otro, con la intención de que no se note lo que están haciendo. Todo ello a instancias de la cúpula del partido, que ha optado por la autoeutanasia, o el suicidio asistido, para no prolongar su agonía.

La historia todavía no ha terminado y ya verán como nos proporcionará tardes de gloria, que dicen los toreros. En catalán dirían que hay para alquilar sillas, que equivale a decir que merecerá la pena pagar para verlo. Pero pagar, lo que se dice pagar, es lo que hemos estado haciendo todos estos años, lamentablemente.

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