Casas, viajes y comilonas


Dos noticias me han llamado la atención esta semana en esas páginas que los diarios suelen llamar Política, pero que bien podría llamarse Sucesos, incluso, a veces, Esperpento. Una tiene que ver con los viajes y otra, con las comilonas. 

Tanto viajar de arriba abajo provoca sueño y cansancio.

La de los viajes (y las casas) la protagoniza el inefable Puchi, Puigdemont en su tarjeta de visita, alias Mocho en los mentideros convergentes. Puchi, tan pronto ha dejado de ser alcalde de Gerona, ha abandonado su piso en la ciudad con unas prisas que llaman la atención. Tanto es así que decir que tenía domicilio en la ciudad sólo para justificar su alcaldía es algo más que una hipótesis. Se ha instalado donde vivía antes y ha querido vivir siempre, en una urbanización con campo de golf (es un hombre sencillo) y ahora están todos los vecinos intrigados porque la policía autonómica está buscando dónde aterrizar con el helicóptero para buscar a Puchi si un día llega tarde a una reunión. Más de uno se pregunta si el aparato les arruinará el césped del green, o como se llame.

El caso es que el complejo del palacio de la Generalidad de Cataluña incluye una residencia oficial que está ahí, muriéndose de asco. Es una vivienda que ya la quisiera para mí. Lujosa, confortable, al lado de la oficina, con todos los gastos pagados. Pero lo de los gastos no es un problema para Puchi. Se ha subido el sueldo base de presidente un 6,5% sólo acceder al cargo (y sale por algo más de 145.000 euros brutos al año), al que sumar las dietas de desplazamiento del campo de golf a su oficina, y eso que lo llevan. En fin... Privilegios del cargo y aquí uno, mirándoselos con envidia.

Será por tanto privilegio que ahora anuncia que le ha pillado gusto a la silla y quiere repetir (¡coño! ¡yo también repetiría!), dándole un disgusto al señor Mas, que también quiere repetir (¡no te digo!), aunque los disgustos se reparten a partes iguales cuando las últimas encuestas dicen que CDC, o como quieran llamarla, podría ser la tercera fuerza política en unas elecciones, detrás de ERC (que la doblaría en votos y parlamentarios autonómicos) y C's (con los mismos parlamentarios, pero más votos). Ya se verá, que las encuestas las carga el diablo.

El viaje, el viaje... Se nos va Puchi a Bélgica en viaje oficial un fin de semana. Es decir, que el viaje se justifica por su condición de presidente de la Generalidad de Cataluña. Y se paga con fondos públicos. Por eso mismo, tiene que justificarse el porqué y el gasto que ha supuesto. Es su primer viaje oficial al extranjero (si no se cuenta Madrid). Con él viajaba un séquito numeroso, que incluye a un consejero (Romeva), algún que otro diputado y una numerosa comitiva de periodistas de TV3 y compañía. Toda una tropa. Un pastón en billetes de avión.

La recepción oficial en la Delegación del Gobierno (catalán) en Bruselas. La fotografía es de www.gencat.cat y muestra que los únicos presentes en la recepción fueron, comitiva aparte, los que trabajan en la delegación, que no se pierden una comida gratis (especialmente, los becarios).

Pero, maldita la gracia, el viaje sólo sirve para entrevistarse con los jefes de un partido nacionalista flamenco y dar una charla inaugural en la fiesta de la flores de un pueblecito de los alrededores de Bruselas, la XXXV Floralien Gent, en Gante. Fuera de verse con los flamencos (olé), con los que se firmó hace años un convenio de colaboración (es decir, bla bla bla, pero poca o ninguna chicha), nada de nada. El viaje podrían habérselo ahorrado (¿cuánto costó?). El ridículo, también. 

El partido nacionalista flamenco del que hablo es el más votado de Bélgica (consiguió un 19% de los votos en las últimas elecciones) y es un contrincante directo de otro partido nacionalista flamenco de extrema derecha, de donde procede, escisión mediante, al que disputa el mismo espacio electoral. Es un partido que, como es típico de los Países Bajos y alrededores, combina una política económica neo (y ultra) liberal, muy de derechas, con algunas medidas progres de hacer bonito: ecología, sexo y tal. Debajo de esta superficie chachi, se amaga un discurso que me atrevo a llamar racista contra lo que no sea flamenco, contra los francófonos belgas, los inmigrantes y los refugiados, especialmente. Algo muy feo. 

Pero cada uno tiene los amigos que busca. Convergència se entiende a las mil maravillas con este partido flamenco, aunque no ha sido admitido en ALDE, el grupo parlamentario liberal europeo (donde están ellos, los convergentes, UPyD y C's) y está con los demás grupos de extrema derecha o difícil clasificación del Parlamento Europeo, en una especie de grupo mixto que reúne a lo mejor de cada casa. 

Un periodista de buena fe (o con mala leche, todo hay que decirlo) le preguntó a Puchi por qué no se reunía con el presidente de la Comisión Europea. Puchi, con todo el morro, respondió (casi literalmente) que no se había reunido con él porque no le había dado la gana, porque a él le recibe el presidente de la Comisión Europea sólo con pedirlo, que para chulos, yo.

Poco después, el portavoz de la Comisión Europea dijo que Puchi había pedido (porfa, porfa) una reunión con el presidente, pero se le dijo que no, que no iba a poder ser. Ni por la mañana, ni por la tarde... No y no. ¿Por qué no? Problemas de agenda, fue la respuesta oficial. ¿Problemas de agenda? ¡Qué va! ¡Fin de semana! ¿A santo de qué me pierdo yo el sábado o el domingo por atender a ése, que sólo me meterá en líos? Dile que estoy reunido.

Puchi negó la mayor. Él no había pedido reunirse con nadie, dijo. Pero sí que se lo había pedido. De hecho, había pedido reunirse con cinco cargos. ¡Cinco! A saber: con el presidente de la Comisión Europea, con el presidente del Parlamento Europeo, con dos vicepresidentes del Parlamente Europeo y con un comisario de la Comisión Europea, y todos ellos han confirmado la petición y sus problemas de agenda. Ninguno de ellos quiso echar a perder su fin de semana por tan poca cosa y todos se hicieron el sueco. 

Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, pero Puchi sigue insistiendo, cuando le preguntan. Él no había pedido reunirse con nadie (si acaso, fue su secretario, añade, en serio que lo añade). Y si se pone chulo, a él le recibe el presidente de la Comisión Europea y el Sha de Persia con sólo chasquear los dedos, que bueno es uno. Vale, sí, pero menos lobos, Caperucita.

Don Gerardo Camps, señalando.
¿Quién paga mis comilonas? ¡Tú!

Con todo, la noticia que merece una especial mención y un marco de oro es el apetito de Gerardo Camps, consejero de Hacienda de la Generalidad Valenciana y vicepresidente segundo de su Consejo Ejecutivo (gobierno) cuando mandaba el PP.

El caballero se gastó en comidas a cargo del erario público, atención, 553.000 euros entre 2007 y 2011. Salía de la oficina, se metía en un restaurante de lujo, se ponía las botas y cargaba la factura a las cuentas de la consejería, la Sociedad de Proyectos Temáticos (que nadie sabe qué es o qué hace) o la Ciudad de las Artes, según el día. Ni dietas ni nada. Y valga lo de las dietas por el dinero y por las comilonas, que no se ahorró dineros en buscar la mejor pitanza para alimentarse bien a gusto.

Lo de comer a cargo del erario público, un arte.

Según denuncian ahora, se gastaba una media de 400 euros por comida (sic). Hagan ustedes la cuenta, porque son algo más de 100.000 euros al año en restaurantes. Solía pedir vinos de 40 euros la botella (por no abusar) y lo mejor de la carta. No se cortaba un pelo y le daba igual llamar la atención. Comió 125 veces en un mismo restaurante a lo largo de un año, dicen. Supongo que cuando entraba por la puerta el maître ya le besaba los pies. Un habitual de la casa. ¡Menudo cliente!

Cuentan los que ahora denuncian el caso que don Gerardo era un caradura y un vividor (sic). Lo menos.

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