El vértigo de Babel



Hace ya unos años, un amigo me recomendó que no perdiera de vista a un filósofo francés, Pascal Bruckner, porque, dejando a un lado lo que pueda hacer o haber hecho en el terreno de la filosofía más obtusa y técnica (me temo que sea aficionado a Hegel, Dios mío), escribe unos ensayos llenos de sentido común y que aciertan en el clavo, criticando algunos aspectos de nuestra sociedad que merecen ser criticados, y haciéndolo de tal modo que se entienden y, además, tienen enjundia.

Como siempre en estos casos, lo importante no es estar o no estar de acuerdo con el filósofo, sino discutir con él el problema, razonar con él, obligarse a tomar una postura u otra. Bruckner propone puntos de partida muy interesantes, se carga de razones, señala realidades, se explica claramente y no deja indiferente; por eso es un autor que vale la pena leer. 

Acantilado ha publicado un ensayo breve de Bruckner escrito en 1994, cuando Europa se enfrentaba a su inutilidad, como ahora mismo. Yugoslavia había reventado por todas partes y vivía una guerra civil. En los países del Este se vivía el inmediato post-comunismo. En Europa se preguntaba todo el mundo qué era ser europeo y qué tendría que ser. Bruckner, en medio de este berenjenal, se pregunta qué es el cosmopolitismo de verdad, qué implica, qué significa, qué lo distingue de una globalización que arrasa por donde pasa, y concluye que el verdadero cosmopolitismo no es eso que llena la boca de algunos, sino algo difícil, conseguido apenas por una minoría, pero no por ello menos necesario. 

Como dice él mismo, por encima del derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos, están los derechos del hombre. Sigue: Sí a todas las diferencias, a condición de que se sometan a la universalidad de los principios y las normas y no aleguen su legitimidad para sabotear la idea misma de género humano; sí al romanticismo de las pequeñas sociedades, pero bajo la jurisdicción de la Razón; sí a todas las naciones, pero bajo la égida de una Europa potencialmente supranacional como espacio de razón, de paz y de seguridad.

Uno estará o no estará de acuerdo con lo que dice, pero ahí está la gracia. Un ensayo muy recomendable, en su tiempo y en los tiempos que corren. 

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